CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 139 / JUNIO / 2011

Estimado director: permítame felicitarle tanto a usted como a Antonio Muro por la entrevista a Alfonso Balmori aparecida en el artículo Las radiaciones electromagnéticas afectan también a las plantas y animales. En las últimas semanas he tratado de mostrársela a casi todos mis pacientes adictos al teléfono móvil, iPOD e iPAD así como a los responsables de los kioscos por los que suelo pasar y sé que tienen WiFi gratuito. A todos les ha parecido muy interesante pero dudo mucho que vayan a cambiar sus costumbres a pesar de la importancia de lo que en la entrevista se dice. Aunque lo fuerte no es leerlo o escucharlo… sino vivirlo diariamente en consulta con los pacientes, cuando ves a personas con sensibilidad química múltiple, fibromialgia, fatiga crónica, migrañas, cefaleas, insomnio, irritabilidad, estrés, ansiedad, catarros crónicos, degeneraciones y cáncer de todo tipo en magnitudes impensables hace unos años. Porque tengo el convencimiento de que en muchos casos esas patologías están provocadas –o reforzadas- por el aumento de las radiaciones electromagnéticas que atraviesan los muros de nuestras casas. Recuerdo que hace tiempo fui a ver a un paciente a su casa y detectamos en su ordenador que estaba atravesada por 52 señales de WiFi diferentes. De hecho yo también las he sufrido en carne propia. Hace un par de años fui a dar una conferencia a un hotel de Barcelona con la empresa Quantum Salud -precisamente mi ponencia se titulaba Cómo afectan las ondas electromagnéticas a nuestro organismo– y pasé un fin de semana espantoso porque en el hotel saltaba de la cama y no podía dormir. Tuve que hacerlo en el sillón y de mala manera. Las camareras me contarían luego que muchas de ellas estaban enfermas, con diferentes patologías. Sin embargo, cuando comenté todo esto a los responsables del hotel me miraron como a un bicho raro e impertinente. Finalmente averigüé que el edificio tenía WiFi y dos torres de telefonía móvil cerca. Envié una carta a la directora del hotel sobre el asunto pero nunca me contestó. Sólo me resta añadir que la contaminación sufrida durante mi estancia en el hotel nos afectó –a mí y a mi mujer- hasta que nos alejamos lo bastante del mismo. Le aseguro que la ansiedad y excitación fueron mermando a medida que nos alejamos. Es más, mi mujer no consiguió deshincharse hasta tiempo después. Esto que le cuento es para resaltar que la “cultura de la información y el conocimiento” que nos dicen vivimos no es tal. Escuchamos la radio, leemos los periódicos, vemos la televisión y navegamos por internet y se supone que estamos mejor informados y tenemos un mayor conocimiento del mundo… pero no es verdad. Lo que nos ofrecen es información sesgada, muy especialmente en el ámbito de la salud. Afortunadamente el esfuerzo que ustedes están realizando permite a muchos conocer la experiencia diaria, la realidad de las nuevas tecnologías y fármacos, sus límites y sus beneficios. Con esta carta quiero mostrarle a usted y a todo su equipo -una vez más- mi agradecimiento por ofrecernos un medio de comunicación libre y diferente –algunos envidiosos dicen que “amarillista”- que merced a un periodismo de investigación serio y riguroso ofrece verdades que hasta ahora nadie ha podido rebatir. Incluso a los médicos nos hace aprender cosas nuevas cada mes y, sobre todo, nos da claves para aliviar y curar mejor a nuestros pacientes. Y quiero agradecérselo a ustedes públicamente.

Dr. Santiago de la Rosa
Presidente de la Comisión de Médicos Naturistas del Colegio Oficial de Médicos de Madrid

Le agradecemos sinceramente sus palabras y, sobre todo, su valentía por manifestar lo que piensa en público. Tenga por seguro que el día en que sus colegas también “despierten” la salud de la ciudadanía mejorará (de manera inconcebible para muchos). Lo malo es que los médicos que -como usted- se forman en disciplinas no farmacológicas son aún una minoría.


Hola. Ante todo, gracias por la revista; es magnífica y vuestros consejos me son muy útiles. En fin, sé que tenéis muchísimas cartas pero con la llegada de la menopausia el ginecólogo me ha recetado Colpotrofin para el trastorno atrófico y unas cápsulas de isoflavonas: Cumlaude Gineseda. El caso es que son las dos únicas cosas que compro en la farmacia porque no estoy informada del posible tratamiento natural que debería seguir. ¿Podéis informarme? Un abrazo.

Rosa María Cebollero

El Cumlaude Gineseda es un producto natural elaborado con isoflavonas de soja, aceite de onagra y vitaminas B6, D3 y E. Y Colpotrofin una simple crema tópica que alivia pero no resuelve el problema. Mire, lo único seguro que no debe hacer una mujer cuando le llega la menopausia es seguir la llamada Terapia Hormonal Sustitutoria. Ya en el nº 69 de la revista explicamos que según un informe del Instituto Catalán de Farmacología -que dirige Joan Ramon Laporte- la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS) provoca en España más de 16.000 casos de cáncer de mama al año mientras otras 6.000 mujeres sufrieron un ictus y 8.000 tromboembolismo pulmonar por idéntico motivo. Los autores del trabajo añadirían que nunca se ha demostrado que esa terapia sea útil o beneficiosa y, en cambio, sí están demostrados sus graves efectos negativos. Laporte ha denunciado asimismo que desde los años 60 se sabe que los estrógenos aumentan el riesgo de cáncer de útero y desde los años 70 el de mama a pesar de lo cual su uso resurgió con fuerza con el desarrollo de nuevas formas de administración a través de parches -patentados por una empresa farmacéutica- y plantear ésta la hipótesis jamás demostrada de que también ayudan a reducir el colesterol. En cuanto a su alternativa, los fitoestrógenos -compuestos derivados de plantas que han demostrado comportarse como estrógenos débiles-, se afirma que actúan beneficiosamente sobre el esqueleto, el sistema cardiovascular y el sistema nervioso central además de aliviar los sofocos y la sequedad vaginal; especialmente las isoflavonas presentes en una gran variedad de plantas -cereales, legumbres y hortalizas- si bien la soja parece ser su fuente más abundante (lea al respecto en nuestra web –www.dsalud.com– el texto que con el título El consumo de soja reduce los riesgos de infarto, osteoporosis, colesterol y cáncer así como los trastornos de la menopausia publicamos en el nº 13 de la revista y, sobre todo, el texto titulado Cómo afrontar la menopausia que apareció en la sección de Medicina Ortomolecular del nº 42). En éste último ya explicamos que aunque la menopausia no es más que el cese en la mujer de la producción de estrógenos ello conlleva cambios en la estructura o función de distintos tejidos de su cuerpo. Como los huesos o el hígado, por citar sólo dos ejemplos. De hecho a causa del cambio de los niveles hormonales éstos pierden calcio en mayor cantidad por lo que si no se ingieren las necesidades mínimas de ese mineral a través de la dieta aumentan exponencialmente las posibilidades de padecer osteoporosis. En cuanto al hígado se ha contrastado que con el descenso de los niveles de estrógeno en sangre se modifica su capacidad de transformar las grasas y ello puede provocar obesidad, celulitis y problemas cardiovasculares. Por tanto debe cuidar ante todo… la alimentación. Llevando una dieta equilibrada lo más variada posible a fin de incluir los oligoelementos y sustancias básicas necesarias para el correcto funcionamiento del organismo. Dicho esto agregaremos que las isoflavonas de soja pueden ayudar -pero si no se abusa de ellas- así como los alimentos ricos en calcio -semillas de sésamo, frutos secos, nabos, brécol, col seca, repollo, berzas, grelos, acelgas, espinacas y legumbres- al igual que las espinas de los pescados pequeños (boquerones, anchoas, sardinas, etc.). La alternativa –nada de lácteos, que acidifican el organismo- es ingerir conjuntamente Coral-Care con vitamina K2 –también denominada Menaquinona-7 o, de forma abreviada, MK-7. Obviamente las verduras y frutas frescas son imprescindibles por su contenido en vitaminas, minerales y fibra siendo especialmente recomendables las acerolas, los cítricos, las fresas, los kiwis, la grosella negra, el escaramujo, la papaya y la guayaba por su aporte de vitamina C. E igualmente se recomienda consumir frutas y verduras amarillas –calabaza, zanahoria y melocotón especialmente- porque son ricas en vitamina A que ayuda a mantener las mucosas en buen estado y previenen el cáncer. Y algas ya que no dejan de ser sino verduras acuáticas. Asimismo es imprescindible ingerir alimentos ricos en ácidos grasos omega 3 -con la llegada del climaterio la mujer deja de producir los cardioprotectores estrógenos y las posibilidades de padecer alguna dolencia cardiovascular aumentan hasta igualarse a las de los hombres-, hierro -es importante controlar su nivel durante la menopausia-, magnesio -aproximadamente el 70% del magnesio corporal está localizado en los huesos en combinación con fosfato y bicarbonato y el cuerpo lo necesita tanto que si por cualquier motivo se ve disminuido el organismo lo conserva reduciendo su excreción (abunda en legumbres, limones, pomelos, higos, manzanas, maíz amarillo, almendras, nueces, avellanas, semillas y vegetales de color verde oscuro). Eso sí, es importante asegurarse de ingerir la cantidad adecuada durante la menopausia porque se sabe que mantiene normalizadas las tasas de colesterol, regula el ritmo cardiaco –el déficit de magnesio aumenta el riesgo de padecer accidentes cardiovasculares- y los niveles de azúcar en sangre, participa como cofactor en muchos procesos enzimáticos, favorece la absorción de minerales como el calcio y es esencial para el buen funcionamiento del sistema nervioso y de los músculos. Además se le conoce por algo como el “mineral anti-estrés”. Y finalmente consuma cereales integrales ya que son ricos en fibra. Evite en cambio los alimentos grasos y los carbohidratos refinados -aumentan los niveles de colesterol y triglicéridos-, la sal, el azúcar, las carnes rojas, las grasas saturadas –y por tanto los embutidos-, el café, el alcohol y los alimentos fritos. Y de vez en cuando haga una dieta a base de arroz –sin sal- durante todo el día para eliminar líquidos y evitar la sudoración excesiva. Luego asegúrese de no tener déficit de las vitaminas B6, B9, B12, C y E, de silicio -necesario para mantener la producción de colágeno y el tejido conjuntivo en buen estado-, de boro -mineral que aumenta la actividad del estradiol, hormona sexual femenina que ayuda a minimizar los sofocos, la sudoración, los trastornos urogenitales y la pérdida de masa ósea provocados por el déficit de estrógenos en la menopausia- y de ácido gamma-linolénico -precursor de las prostaglandinas que participan en la producción de estrógenos-. En definitiva, siga una alimentación lo más variada posible en la que primen los vegetales. Obviamente es necesario que complemente la dieta con ejercicio y beba a diario suficiente agua de calidad.


Sr. Director: he leído el último número de su revista y estoy muy interesada en el tema de la Terapia Fotodinámica. Mi padre tiene cáncer de páncreas y estamos a la espera de ver si le pueden hacer cirugía. Sin embargo ahora, al leer el artículo, nos gustaría saber si hay algún médico que utilice está terapia en Madrid o alrededores para el tratamiento del cáncer de páncreas. Creemos que puede ser una buena opción antes de someterle a una intervención quirúrgica complicada ya que tiene dos stent en el corazón. Confío mucho en su revista porque yo misma me curé el año pasado de una poliartritis -supuestamente crónica- con alimentación, limpieza de hígado, hidroterapia de colón y el Par Biomagnético gracias al Dr. Santiago de la Rosa. Muchas gracias y un saludo.

Teresa Rosillo Aramburu
(Madrid)

La Terapia Fotodinámica -como ya explicamos en los números 103 y 137 de la revista y que los lectores pueden leer en nuestra web: www.dsalud.com– permite eliminar tumores con éxito mediante agentes fotosensibilizadores –fármacos inactivos que pueden administrarse por vía tópica o sistémica y sólo se activan cuando se exponen a la luz de un láser produciendo entonces una reacción beneficiosa- de forma rápida, eficaz y carente de efectos secundarios en todo tipo de tumores. La propia American Cancer Society reconoce en su web que “no tiene efectos secundarios ni siquiera a largo plazo cuando se usa adecuadamente, es menos invasiva que la cirugía, puede ser dirigida con precisión y, a diferencia de la radiación, se puede aplicar varias veces en el mismo sitio si es necesario. No dejando apenas cicatriz tras la curación”. Sin embargo en España, como ya hemos contado otras veces, sólo se está utilizando en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer de piel como el carcinoma basocelular y la enfermedad de Bowen o carcinoma escamoso in situ así como en lesiones con potencial de malignización como las queratosis actínicas y la poroqueratosis; e igualmente se emplea en el acné inflamatorio o acné rosácea y en problemas oftalmológicos. Pero no en tumores localizados en órganos internos a pesar de que hay amplia experiencia de su eficacia como ya explicamos en los dos textos mencionados. ¿Por qué? Sencillamente, porque la mafia que controla el negocio del cáncer en España lo impide. Así de simple. Lamentamos pues no poder ayudarla. La alternativa para recurrir a ella sigue siendo dirigirse a algún centro en el extranjero.


Estimado Sr. Campoy: con motivo del accidente acaecido en la central japonesa de Fukushima y la radioactividad emitida por ésta he oído decir –y leído- que es conveniente ingerir yodo natural cuando hay peligro de la presencia de yodo radioactivo a fin de saturar la glándula tiroides y ésta no “absorba” el yodo dañino. ¿Es eso así? Y en tal caso, ¿qué es mejor ingerir? ¿Sal yodada, sal marina o sal del Himalaya? ¿Cuál es más rica en yodo? Porque a mí me han dicho que lo mejor es la llamada flor de sal de origen marino que se recolecta mediante evaporación controlada de agua de mar que además de ser rica en yodo contiene muchos otros minerales. Y que lo mismo ocurre con la sal marina corriente y la sal del Himalaya, ésta procedente de las minas de sal de origen primigeniamente marino porque ambas contienen los 84 elementos de los que se compone el cuerpo humano en su proporción exacta cuando la sal yodada sólo contiene cloruro sódico y yodo. ¿Puede aclararme mis dudas?

Carlos Menéndez
(Madrid)

En este mismo número de la revista publicamos dos artículos que le ilustrarán pero como algunas de las cuestiones que plantea usted no se tocan en ellos vamos a responderle. Según nos ha explicado el propio Juan Carlos Mirre -experto y autor precisamente de uno de los textos a los que acabamos de referirnos- la sal que se usaba -y usa- en las regiones con bocio endémico es sal natural obtenida tanto de evaporación solar de agua de mar como de evaporación solar de salmueras naturales o de evaporación artesanal usando fuego. Pues bien, en esa sal la cantidad de yodo es tan ínfima que habría que ingerir 5 kilos diarios para alcanzar la cifra diaria recomendada para evitar simplemente el bocio. En cuanto al agua de mar tiene apenas -de media- unos 0,06 mg de yodo por litro. Y encima al evaporarse en las salinas se pierde casi la mitad. Respecto a la llamada “sal del Himalaya” Juan Carlos Mirre asegura que se trata simplemente de sal gema –o, lo que es lo mismo, sal de roca- y en realidad procede de las minas de sal de Khewra en Paquistán, situadas a menos de 300 metros de altura en un amplio valle que hay al oeste de Lahore y, por tanto, a centenares de kilómetros del Himalaya. En resumen, la sal natural -se haya obtenido del mar o de minas- apenas contiene yodo. Por eso se vende hoy en supermercados “sal yodada” y “sal marina yodada”. Solo que la cantidad de yodo que se añade a esa sal –normalmente yoduro de potasio- exige ingerir 5 gramos diarios sólo para obtener la cantidad diaria recomendada (0,15 miligramos diarios). En cuanto al agua de mar –por si alguien se plantea la opción de bebérsela o ingerir el llamado Plasma de Quinton- sépase que habría que beber casi 3 litros al día para obtener esos 0,15 miligramos. De ahí que para tratamientos preventivos y terapéuticos de urgencia la mejor opción sea probablemente la llamada Solución de Lugol, bebida hidroalcohólica que contiene un 5% de diyodo y un 10% de yoduro de potasio. En España se puede encontrar en farmacias pero nadie debería consumirla si no se la prescribe un profesional de la salud y en ningún caso ingerir más de una gota diluida en un vaso de agua al día. Agregaremos por último que la Oficina Estatal de Salud Pública y Seguridad Alimentaria del estado alemán de Baviera analizó no hace mucho 15 muestras diferentes de lo que se vende como “sal del Himalaya” encontrando que la única diferencia con las demás sales de gema o roca es que al no haber sido procesados los cristales pueden contener una gama un poco más amplia de trazas de otros minerales pero no detectaron los 84 elementos que afirman contienen quienes la comercializan sino ocho y en cantidades inapreciables. En cuanto a la afirmación de que tiene una geometría y una composición orgánica perfecta gracias la presión que permitió consolidar su estructura cristalina y que en ella se hallan “las frecuencias” que nuestro cuerpo necesita cuando está enfermo la citada entidad afirma que no hay base científica alguna para sostener tales aseveraciones agregando que además la sal que se extrae en Europa central se formó por idénticos procesos geológicos y en tal caso tendrían las mismas supuestas propiedades. Dicho esto le invitamos a leer con detenimiento los artículos La gran importancia del yodo en la salud y ¿Es necesario ingerir yodo fuera de Japón para prevenir la contaminación radiactiva? que publicamos en este mismo número.


Hola. En primer lugar, gracias por vuestra labor. Veréis, tengo un hijo con 11 años que nació sano y se desarrolló con normalidad hasta los 2 años y medio en que le diagnosticaron Síndrome de Sotos y autismo. Antes, a los 10 meses, cogió un virus y le hicieron las pruebas de la meningitis dando negativo. Se las volvieron a repetir -según los médicos el niño se había movido y le pincharon mal en la médula- pero al final, según su diagnóstico, se trataba de un virus febril y las convulsiones que tenía se debían simplemente a la fiebre alta. Estuvo allí diez días y luego le dieron el alta teniendo un desarrollo normal pero a los dos años dejó de hablar y de relacionarse. Le medicaron entonces con Lorazepam y Risperdal pero el niño fue yendo cada vez peor. No dormía y tenía hiperactividad. Aún así siguió con la misma medicación, adaptándole las dosis. Hasta que a los 7 años empezó con ataques epilépticos y le pusieron Lamotrigina pero como le fue mal -se ponía agresivo- se lo cambiaron por Topiramato que parece que va mejor. Con 10 años le volvieron a cambiar el tratamiento y le pusieron Sinogan 25 mg tres veces al día, Akineton Retard de 4 mg dos veces al día y Haloperidol (90 gotas en tres tomas al día). Bueno, pues en este momento, con 11 años, quieren volverle a cambiar los fármacos por otros más “actuales”. Mi hijo es hiperactivo y entiende todo lo que se le dice pero no habla. Eso sí, es «autónomo» -dentro de su enfermedad- pues sabe valerse por sí mismo: va a la nevera y coge lo que quiere, ordena sus cosas -es perfeccionista y selectivo-, si tiene frío se abriga… En cambio tiene ansiedad por la comida, bebe mucha agua, no sabe vestirse y no detecta el peligro (el fuego, las alturas, etc). Me han dicho que los niños con esta enfermedad tienen corta vida. ¿Es así? ¿En qué consiste el Síndrome de Sotos? ¿Tiene relación con el autismo? Me siento impotente ya que según los médicos no tiene solución ninguna de esas enfermedades y yo me niego a seguir drogando a mi hijo ya que no noto ninguna mejoría. Me gustaría hacer algo para que al menos tenga mejor calidad de vida. Si pudiera pronunciar algunas palabras al menos… ¿Qué opináis? Gracias y saludos.

Ana
(Granada)

El llamado Síndrome de Sotos es el nombre que en 1964 se dio al crecimiento anormal de la cabeza -sea intrauterinamente o tras el nacimiento (normalmente en los 3 primeros años de vida)- que cursa con un tono muscular bajo, retrasos en el desarrollo psicomotor y cognitivo, y problemas en el habla con babeo prolongado y respiración a menudo por la boca. Quienes lo sufren suelen tener excesivamente grandes la cabeza, las orejas–éstas despegadas de la cara-, las manos y los pies –éstos a menudo planos o colapsados hacia dentro- siendo su frente y barbillas prominentes, la bóveda del paladar demasiado alta y teniendo los ojos muy separados (hipertelorismo ocular) además de sufrir habitualmente estrabismo, prognatismo y escoliosis. Tratándose de niños muy inquietos, hiperactivos y a veces agresivos. También pueden presentarse fobias, obsesiones y conductas de tipo autista así como retrasos en el control de los esfínteres, anomalías urogenitales, anomalías congénitas del corazón, hipertiroidismo o hipotiroidismo y tumores. En pocas palabras, síntomas presentes en otros muchos síndromes (conjuntos de síntomas) por lo que el hecho de que se catalogue a un niño como enfermo de uno u otro depende a menudo del médico que le atienda. Porque ni en este caso –ni en los demás- hay “pruebas específicas para el diagnóstico” y cada caso se “adjudica” a uno u otro síndrome en función de los rasgos físicos que presente en el momento del diagnóstico y del criterio del que lo valora. ¿Para qué? Para pautarle unos u otros fármacos que ya se sabe que la gran industria farmacéutica tiene medicinas para todo aunque ninguna sirva para curar nada. En este caso, de hecho, lo que los “expertos” proponen –medicamentos aparte- es simplemente “facilitar el correcto desarrollo de las capacidades del niño con el objetivo de llegar a un desarrollo final dentro de la normalidad”. ¿Cómo? Mediante “estimulación precoz, terapia ocupacional, terapia física, logopedia y educación física adaptativa” procurando que “esté en un ambiente estructurado en el que sea capaz de practicar habilidades necesarias sin distracciones excesivas” así como “mejorar su autoestima”. En otras palabras, el “tratamiento” es el mismo en éste que en todos los demás “síndromes” similares. Y, por supuesto, ninguno de los fármacos que ha tomado le habrán servido para nada como usted misma debe saber muy bien. Dicho esto debemos agregar que ya se ha planteado -en éste y en otros síndromes similares- que la causa puede ser “genética”. ¡Como si diciendo eso ya se hubiera resuelto el origen del problema! Porque lo que a continuación cabe –y debe- plantearse a quienes tal argumento dan es qué ha provocado que sus padres transmitan uno o varios genes defectuosos a su hijo –si realmente ha nacido con genes alterados -o qué ha provocado ese cambio genético mientras era pequeño. Porque ahí está la clave del asunto. Y es evidente que si el problema lo han transmitido los padres es porque sus genes también están alterados. Y en tal caso, ¿por qué? ¿Qué hace que tantos padres tengan alteraciones genéticas que están transmitiendo a sus hijos? Porque este problema es muy reciente. De hecho puede afirmarse que los casos se acumulan desde hace sólo unas décadas. Hace apenas 40 o 50 años –tiempo insignificante en la evolución de la humanidad- tales casos eran rarísimos, casi inexistentes. La inmensa mayoría de los médicos se jubilaba sin haber tratado ninguno. Hoy son sin embargo cada vez más numerosos. Luego, ¿qué ha cambiado? ¿Qué está provocando todo esto? ¿Por qué hay cada vez más enfermos de este tipo… y de todas las demás patologías, especialmente cáncer? La respuesta es simple: la toxicidad medioambiental. A fin de cuentas ha sido en los últimos cien años cuando la sociedad ha sido invadida por productos tóxicos. Lo hemos denunciado hasta la saciedad: está ya intoxicando todo. El agua que bebemos, el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos, la ropa que vestimos… Hasta los alimentos y los productos de higiene personal y de limpieza. Sin olvidar los fármacos, las radiaciones electromagnéticas y la radioactividad nuclear porque, Chernóbil, Fukushima y otros accidentes aparte, la gente parece olvidar que durante décadas las grandes potencias hicieron innumerables ensayos nucleares que han contaminado el aire, la tierra y el agua. Y ésa es pues muy probablemente la causa de los errores genéticos que están dando lugar a las miles de “enfermedades” actualmente catalogadas que hace apenas unas décadas ni existían. Y que han afectado genéticamente a muchos padres -que luego transmiten esos u otros defectos genéticos a sus hijos- o a éstos directamente mientras estaban siendo gestados o atendidos en los primeros años. Y en ese sentido recordamos una vez más que muchos de estos casos lo han provocado probablemente ¡las vacunas! Tanto por los “trozos” de ADN de los microbios con los que se fabrican como por los conservantes o coadyuvantes venenosos que se les añaden. Sin olvidar la posibilidad, obviamente, de que se hayan producido a causa de una hipoxia –falta de oxígeno- durante el parto, del uso de fórceps, de una parasitación o de una infección microbiana, sea ésta priónica, vírica, bacteriana o fúngica. Las posibilidades, como usted puede ver, son muchas. Lo que no es de recibo pues es que los médicos propongan simplemente tratamientos farmacológicos paliativos. Busque pues usted un médico que pueda hacer una valoración del caso de su hijo lo más completa posible para ver si aún se le puede ayudar, cómo y en qué medida. Puede consultar al Dr. Diego Jacques (91 799 14 79) o entrar en contacto con Carlos Gardeta en Institutos Fay (www.institutosfay.com).


Sr. Director: ¿George Carlin -comediante de los años 70 y 80- escribió en su día algo tan elocuente que no me resisto a pedirle que lo comparta con sus lectores. Le solicito pues que si no tiene inconveniente lo reproduzca en la revista para que llegue al mayor número posible de personas. Su texto es éste: “La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos. Carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos. Compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas. Mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común. Mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio. Somos más expertos pero tenemos más problemas. Tenemos mejor medicina pero menor bienestar. Bebemos y fumamos demasiado. Despilfarramos mucho y reímos muy poco. Nos enojamos y desvelamos demasiado. Amanecemos cansados. Leemos muy poco, vemos demasiada televisión y oramos muy rara vez. Hemos multiplicado nuestras posesiones a la vez que reducido nuestros valores. Hablamos mucho, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente. Hemos aprendido a ganarnos la vida pero nos hemos olvidado de vivirla. Añadimos años a nuestras vidas y no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y regresar de la luna pero nos resulta difícil cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas pero no por ello mejores. Hemos limpiado el aire pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla pero nos comunicamos cada vez menos. Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos económicos en cada casa pero más divorcios. Tenemos casas más lujosas pero más hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos y píldoras que hacen todo: alegran, apaciguan y hasta matan. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta y tú puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas. Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aquí siempre. Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira porque esa personita crecerá muy pronto y se alejara de ti. Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ése es el único tesoro que puedes dar con el corazón sin que te cueste ni un centavo. Acuérdate de decir “Te amo” a tu pareja y a tus seres queridos y dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma. Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento porque un día esa persona ya no estará contigo. Date tiempo para amar y para conversar y comparte tus más preciadas ideas. Y recuerda siempre: la vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan”. Es todo. Creo sinceramente que merecía la pena darlo a conocer.

Jorge Méndez
(León)

Hemos aceptado gustosos su petición que, curiosamente, nos habían hecho también otros lectores. Probablemente porque el texto está circulando de forma amplia por la Red. Le agradecemos su iniciativa.


Sr. Director: he leído el artículo ¿Es la Psiquiatría una disciplina científica o una estafa? y estoy absolutamente de acuerdo con él. Soy madre de un niño de 15 años –Carles– diagnosticado de TDHA y conducta negativa y desafiante al que decidimos hace un tiempo dejar de medicar. Mi intuición -avalada por el psiquiatra- me dice que la medicación sólo tapa el problema y no deja ver el fondo. Desde el año 2005 -en el que la neuróloga infantil le diagnosticó ese “trastorno”- ha sido un ir y venir de especialistas, terapias, etc. Así que os escribo para pediros información de posibles centros, campus o lugares donde estos niños puedan desarrollar sus capacidades porque está claro que el sistema educativo no les aporta nada; todo lo contrario, les hunde más. Sé que no es fácil pero os agradecería toda la información que me podáis aportar.

Margarita Nieto
(Palma de Mallorca)

Ya hemos explicado en algunas respuestas anteriores que si bien el llamado Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es una enfermedad inventada cuyo tratamiento con fármacos es inútil no es menos cierto que a quienes se les ha puesto esa “etiqueta” son niños o jóvenes que presentan algún problema y hay que buscar la causa y cómo ayudarles. No siendo oportuno llevarles a lugares distintos a los habituales porque eso va a hacer que se sientan mal y “especiales”. Lo que debe hacerse es afrontar el problema y para ello debe llevar a su hijo a que le hagan una desintoxicación profunda, eliminar de su dieta todos los alimentos a los que sea intolerante o alérgico, no consumir productos que lleven aditivos (conservantes, colorantes, espesantes, aromatizantes, acidificantes, potenciadores del sabor o edulcorantes), evitar los alimentos ricos en fosfatos -como las bebidas carbonatadas-, no consumir azúcares, pasteles, dulces, helados, bollería o cualquier otro producto con harina blanca refinada, evitar la leche y sus derivados, no consumir “comida basura” y grasas saturadas, no consumir platos preparados o precocinados, no freír los alimentos, seguir una dieta equilibrada y rica en frutas, verduras y legumbres así como proteínas de alto valor biológico, evitar las hipoglucemias haciendo cinco comidas diarias en horarios regulares, hacer algo de ejercicio a diario y dormir suficientemente. En cuanto a los suplementos que pueden serle útiles destacan los ácidos grasos omega 3 y 6 (debería tomar a diario algún producto como el Aceite de Krill NKO), un complejo multivitamínico y mineral, un complejo de aminoácidos (le sugerimos los de LKN), un complejo enzimático y algún adaptógeno como el ginseng, el eleuterococo, la uña de gato, el pau de arco o la maca. Es asimismo muy útil la fosfatidilserina –es uno de los nutrientes cerebrales más efectivos-, el fósforo, el selenio, el NADH y la S-Adenosil-L-Metionina (SAM). Sepa además que el zinc es un mineral importante para la eliminación del plomo, factor de riesgo en los niños y jóvenes diagnosticados con Déficit de Atención. Además la suplementación con zinc hace disminuir los niveles altos de cobre que son perjudiciales para el metabolismo del triptófano; por otra parte el cobre forma parte de la enzima dopamina monooxigenasa, asociada con alteraciones de la conducta cuando está elevada. Obviamente lo suyo sería que el tratamiento fuera supervisado por un especialista en Medicina Ortomolecular así que le sugerimos que contacte con D. José Ramón Llorente en el 96 392 41 66. En todo caso no estaría de más que valore si el problema lo causó alguna vacuna para intentar “desactivarla” –lea en nuestra web –www.dsalud.com– el texto que con el título ¿Es posible desactivar los efectos negativos de una vacuna? publicamos en el nº 102- o si hay algún parásito o microbio patógeno que pueda estar interfiriendo su funcionamiento a nivel mental o físico ya que puede detectarse con el Par Biomagnético. Asimismo no estaría de más que se asegure de que está reequilibrado energéticamente -acudiendo a un experto en Acupuntura- y de que no hay metales pesados intoxicándole porque en tal caso sería necesario hacer una quelación intravenosa. Dicho esto asegúrese de que su hijo no está sometido a radiaciones electromagnéticas y evite que juegue con consolas como la Wii, la DS, la PlayStation o la Xbox.


Sr. Director: ante todo mil gracias por su trabajo. Desafortunadamente les he descubierto demasiado tarde. El motivo de mi carta es solamente una reflexión que espero hagan extensiva. Mi madre -una mujer de 83 años llena de vida y proyectos (viajes, escritos, trabajos…)- murió hace unos meses. El motivo de su fallecimiento no fue su linfoma -que había remitido- sino algo con lo que ni ella ni nosotros habíamos contado. Es decir, su médico nunca nos dijo que la quimioterapia que le estaban aplicando –entre otros componentes, adriamicinas- podía ser causa de estragos fatales. A los dos días de su ciclo número 10 -y cuando el médico ya le había dicho que uno más y se podía ir tranquilamente a sus viajes- tuvo que ingresar de urgencias. Allí nos enteramos de que sufría una toxicidad cardiaca irreversible a causa de las adriamicinas. Quiero con estas líneas llamar la atención no sólo de los pacientes de cáncer sino también de sus familiares más directos para que reclamen siempre una amplia explicación de los efectos secundarios -a veces letales- de los tratamientos de quimioterapia. Tal vez mi madre hubiera fallecido a causa de su linfoma… o tal vez no. Hubiésemos preferido que ella hubiera podido escoger y sopesar entre quimio sí, quimio no. Así hubiera sido todo más fácil y comprensible. Al no recibir explicaciones ella confió plenamente en el tratamiento. Mil gracias por leer y prestar atención a esta carta. Continúen su labor que es muy importante. Un saludo cordial.

Mª Angeles Vacchiano
(Madrid)

Lamentamos de corazón lo que pasó con su madre… y con los otros 100.000 españoles que, tratados con cirugía, quimioterapia y radioterapia, murieron mientras eran tratados por sus oncólogos el año pasado. Y con los 100.000 que murieron el año anterior. Y con los 100.000 que morirán este año del 2011. Y con los que en el futuro, cada año, seguirán muriendo en manos de los oncólogos mientras éstos exigen que nadie trate a los enfermos de cáncer y denuncian las escasísimas muertes de quienes ellos no trataron. Mire, llevamos más de una década denunciando lo que está pasando y nadie escucha. Y estamos hartos porque la cifra de 100.000 muertos al año por cáncer –aproximada ya que en estos momentos es superior- es oficial. Basta entrar en el web del Instituto Nacional de Estadística (INE) –www.ine.es- para comprobarlo.


Sr. Director: me gustaría que me orientaran. Tengo 63 años y sufro principios de alzheimer. Sé que no tiene cura pero me gustaría encontrar la forma de retrasar los síntomas. Tengo mucho cansancio; de hecho siempre estoy agotada y me duele todo el cuerpo, sobre todo las piernas. Necesito pues algo que me dé energía. Además tengo mucha hambre y siento siempre ganas de ingerir cosas dulces. Agregaré que padezco hipotiroidismo desde hace 20 años y estoy tomando Levothroid 100 mcg. Espero que me puedan orientar. Sólo aspiro a que lo que me queda de vida tenga la mayor calidad posible. Le quedo muy agradecida.

Pilar Rodríguez
Vic (Barcelona)

Para empezar vamos a explicarle que el Levothroid que ingiere puede provocarle leucopenia (disminución del número de glóbulos blancos), dolor de cabeza, temblores, palpitaciones, taquicardia, arritmias cardiacas, dolor en el pecho, dificultades respiratorias pérdida de peso, diarrea, disminución de la densidad mineral ósea, hipercalcemia, excitabilidad, insomnio, inflamación en pies y tobillos, intolerancia al calor, trastornos mentales, embolia cerebral, debilidad muscular y fatiga. Así que replantéese en serio dejarlo. Como alternativa para regular su tiroides lo primero que debe hacer es no ingerir alcohol, café, grasas saturadas, harinas refinadas, azúcares, crucíferas (col, repollo, coles de bruselas…) y productos de soja; y reducir al máximo la ingesta de proteínas animales. En cambio son beneficiosos los cereales integrales, las frutas y verduras (en especial el ajo, la cebolla, los rábanos, las acelgas, las espinacas, los berros, las remolachas y las algas marinas) así como las avellanas, los pescados azules, el germen de trigo y la levadura de cerveza. Siendo muy útil la ingesta de un complejo de vitaminas (que contenga al menos las A, B2, B3, B6 , B12, C y E, el 5-hidroxil-triptófano (L-5HTP), el ácido gamma-amino-butírico (GABA), los compuestos azufrados, la D-fenilalanina, la L-Tiroxina, la S-adenosil-L-metionina (SAM) y los minerales yodo, zinc, potasio, magnesio, hierro, sílice, manganeso y cromo. Es decir, son muchas las opciones así que lo más aconsejable es ponerse en manos de un profesional en nutrición ortomolecular. En todo caso si quiere probar qué tal le va tome una temporada –tras dejar el fármaco- un buen complejo vitamínico, una gota diaria de Solución de Lugol, gugulón y levadura de cerveza además de infusiones de maca. En cuanto al alzheimer ya hemos explicado en cartas anteriores qué hacer para prevenirlo: tener una adecuada alimentación –siga simplemente La Dieta Defintiva-, someterse a una desintoxicación profunda que incluya una quelación intravenosa a fin de eliminar posibles metales pesados –sobre todo aluminio y mercurio-, no fumar ni beber e ingerir a diario omega 3 (le sugerimos el Aceite de Krill NKO). Cabe agregar que además de los alimentos que con motivo del hipotiroidismo le dijimos que no debe tomar debe suprimir también la carne roja y el queso (el muy curado es rico en aluminio) evitando las comidas rápidas y precocinadas así como la llamada “comida basura.”. Y beba agua de calidad –incluso destilada- en lugar de agua de grifo porque ésta suele contener aluminio además de cloro. En cambio le vendrá bien tomar polen, frutas -especialmente uvas, cerezas, limón y pomelo-, verduras –ajos, cebollas, espárragos, zanahorias, nabos, perejil, frutos secos y huevos. Cabe añadir que entre los suplementos útiles en casos de alzheimer está el mismo complejo vitamínico que antes le sugerimos así como la fosfatidilserina, la Acetil-L-carnitina, la L-Fenilalanina, la L-Glutamina, la SAM, el NADH, el GABA, la L-5 HTP y el Cellfood. Estando orientada siempre –insistimos- por un especialista en Medicina Ortomolecular que es quien debe fijar las dosis y el tiempo de tratamiento. Dicho lo cual volvemos a recordar algo que ya contamos en su momento: en el Centro Médico Cornell Weill y en el Hospital Presbiteriano de Nueva York se constató no hace muchos años que el alzheimer puede prevenirse -e incluso detenerse su progreso- inyectando simplemente inmunoglobulinas. Busque pues un médico que se anime a hacerlo.


Estimados Sres.: ante todo felicitarles por su revista. Es clarificador y de gran ayuda contar con otras visiones de la salud y la enfermedad diferentes de la «oficial». Les escribo para rogarles que traten un tema que me afecta directamente: la nefropatía por IgA o Enfermedad de Berger. Es una dolencia que no está estudiada ni investigada por la medicina oficial. Mi hijo de 20 años fue diagnosticado el año pasado aunque no tiene ningún síntoma. Fue por una analítica rutinaria por lo que lo supimos. En la Seguridad Social le han dado pastillas contra la tensión alta –aunque él la tiene normal- y un aceite rico en omega-3. No recibe pautas preventivas de ningún tipo en el sentido de que la enfermedad no progrese a una insuficiencia ni nos han dado pautas alimenticias, ni nada de nada. Tampoco saben si la IgA que produce su cuerpo es porque éste reacciona contra «algo» -ya sea alimento u otra cosa- o bien la produce su cuerpo sin más. No saben nada de nada lo cual me crea mucha impotencia. Yo he investigado un poco por mi cuenta y he leído casos que han sido tratados por la Medicina Tradicional China mediante extractos de plantas y hierbas que por lo visto logran mejorías espectaculares reduciéndose los niveles de proteinuria en orina de forma muy significativa o desapareciendo. Así que yo me pregunto: si de verdad eso funciona, ¿por qué no se usan en nuestra medicina occidental? ¿No se trata de curar a la gente, de tener ciudadanos sanos y evitar gastos farmacéuticos y hospitalarios? Yo creo que el organismo de mi hijo reacciona ante determinado tipo de alimentos que de forma progresiva y sutil le están dañando los riñones, como a un celíaco le daña el gluten o a un diabético el azúcar, solo que en estos dos casos el daño es más evidente. En el caso de la nefropatía por IgA es más silencioso, lento, de forma que el interesado no percibe qué es lo que le daña. Yo, por mi cuenta, le he suprimido la leche de vaca y reducido bastante la carne, con gran protesta del resto de la familia. También parece que el trigo es bastante problemático. Pero, entonces, ¿qué come? Estoy muy desorientada y por eso les pido que en un próximo número hablen de esta enfermedad considerada «rara»; aunque ya no tanto pues parece que cada vez hay más casos lo cual me reafirma en mi idea de que tiene que ver con nuestro estilo de vida y alimentación que a determinadas personas más sensibles les perjudica. Si pudieran orientarme sobre algún laboratorio que analice de forma exhaustiva las alergias e intolerancias alimentarias o de algún centro que profundice más en las causas de esta enfermedad, que investigue al paciente en vez de limitarse a dar medicación, se lo agradecería infinito. Muchísimas gracias por su atención.

M. José Aguirre

Se dice que alguien sufre Nefropatía por IgA, Glomerulonefritis sinfaringítica o Enfermedad de Berger cuando hay depositadas excesivas inmunoglobulinas A (IgA) –a las que popularmente se conoce como anticuerpos– en el glomérulo del riñón -que es donde se filtra el plasma sanguíneo- acumulándose en las regiones mesangiales -zona central del glomérulo- pudiendo llegar a fibrosar la zona. Y suele detectarse porque aparece sangre en la orina y dolor abdominal, problema que si se prolonga puede dar a una insuficiencia renal crónica. ¿Y por qué se acumulan? Se ignora aunque hay varias teorías. Lo evidente es que el problema no está en el riñón porque cuando se ha sustituido mediante un trasplante vuelve a aparecer el problema en el nuevo riñón. Lo que sí sabe es que suele dar lugar a proteinuria –es decir, que se detectan en la orina cantidades de proteína superiores a 150 mg- y que el problema se agrava si se fuma o se sufre hipertensión arterial, hiperlipidemia o un nivel elevado de creatinina (compuesto orgánico generado a partir de la degradación de la creatina, nutriente fundamental de los músculos). Dicho esto asegúrese antes de nada de que el problema persiste y no ha desaparecido con una nueva analítica. Por lo que a las inmunoglobulinas se refiere –que son por cierto proteínas plasmáticas- hay cinco tipos que se conocen por cinco letras que de forma abreviada se denominan IgG, IgA, IgM, IgE e IgD. Pues bien, las igA aparecen cuando hay una invasión de microorganismos patógenos, normalmente a través de la nariz, los pulmones o los intestinos. No es probable pues que se trate de un problema de intolerancia ni de alergia sino de infección por lo que vamos a sugerirle que lleve a su hijo a que le hagan pruebas de detección convencionales y le pauten un antimicrobiano específico -una vez detectado el patógeno- u opte por un test con el Par Biomagnético. Otra posibilidad es que su hijo haya estado tomando sustancias para muscularse pero ignoramos si es el caso. Y otra que ingiera demasiada proteína animal o lácteos (ahí sí ha estado usted acertada). Si finalmente no encuentra la causa y no mejora le sugerimos que consulte el caso con el Dr. Alberto Martí Bosch (91 435 56 13) o con el Dr. Santiago de la Rosa (91 431 35 16).


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139
Junio 2011
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