CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 141 / SEPTIEMBRE / 2011

Sr. Director: hace poco colgué en mi página de Facebook un enlace a vuestro video La farsa del SIDA en el que explicáis que nadie ha demostrado siquiera la existencia del VIH. Pues bien, una conocida mía diagnosticada como portadora de VIH y en tratamiento desde hace muchos años -era adicta a la heroína cuando supuestamente se contagió- decidió suspender la medicación que estaba tomando de forma radical tras conocer lo que habéis publicado así como algunas otras informaciones que encontró por su cuenta. Y yo estoy inquieto preguntándome si eso no podrá perjudicarla. A fin de cuentas me siento un poco responsable de su decisión al haberle facilitado vuestra información. Actualmente no consume heroína, la única droga que toma habitualmente es tabaco y lleva una vida aceptablemente saludable. Me preocupa sin embargo que suspender la medicación de forma tan radical pueda traerle problemas. ¿Qué pueden decirme? Gracias.

Julián García Camacho

Dejar de consumir de forma radical una sustancia que se está ingiriendo puede tener consecuencias a corto plazo si el organismo reacciona de forma exagerada al necesitar un tiempo de adaptación. Pasa hasta cuando uno deja el tabaco siendo éste puro veneno. Es lo que se conoce popularmente como “sufrir el mono”. Agregaremos que hay muchos médicos a los que ese hecho les “asusta” porque las reacciones son a veces imprevisibles pero no es más que una reacción natural y normalmente no peligrosa. En realidad el principal problema de quienes dejan una medicación no sólo inútil sino peligrosa es… psicológico, mental. No pueden dejar de preguntarse si han hecho lo correcto, si no se habrán equivocado. Y entonces cualquier problema mínimo de salud lo achacan a un empeoramiento de su patología: un simple resfriado, un dolor de cabeza, no dormir bien, sentir dolor muscular, un mareo…. Todo les hace preguntarse si la causa de ello no estará en haber abandonado el tratamiento farmacológico. Y ése sí es un problema que sólo puede afrontar la persona a nivel individual. Es un problema de convicción. Algunos médicos que dudan de la existencia del SIDA y saben que los antirretrovirales no funcionan se plantean qué hacer con los pacientes que les llegan porque la inmensa mayoría acude a ellos en estado deplorable. Y no pueden dejar de preguntarse si no tendrán realmente SIDA dado su estado y que las defensas las tienen por los suelos. Sin embargo todos esos pacientes no acuden a ellos “enfermos”, acuden envenenados. Con su organismo destrozado por la ingesta de unos fármacos tan iatrogénicos como inútiles. Y lo que tienen que hacer pues esos médicos es tratarles de ese envenenamiento. Explicándoles por qué están así y diciéndoles que si siguen tomando tales venenos sencillamente pueden llagar a morir. Pero no de SIDA sino a causa de los fármacos que ingieren. Lo que hay que hacer pues, ante todo, es conseguir que pierdan el miedo. Y luego desintoxicarles a fondo, desacidificar sus organismos, oxigenarles, nutrirles ortomolecularmente, reequilibrarles a nivel energético, seguir una alimentación sana, hacer algo de ejercicio, dormir bien y suficientemente, beber agua de calidad, respirar aire puro e intentar disfrutar de la vida y de los seres queridos. Es así de “simple”. Eso hará que suban las defensas de su amiga, se armonice el organismo y recupere la salud.


Sr. Director: sé que están desbordados con consultas así que entenderé que no me contesten porque seguro que hay casos más urgentes que el mío pero de todas formas les cuento mi problema por si pueden ayudarme. Según las dos últimas analíticas que me han hecho tengo unos niveles muy bajos de insulina en sangre (1,68 y 2) cuando los valores de referencia están entre 3 y 25. Lo extraño es que el nivel de glucosa es de 82, muy bajo (en realidad he tenido hipoglucemia toda la vida). Y el caso es que ni el médico de familia ni el endocrino saben explicarme la causa de estos resultados así que le agradecería enormemente que me orientara porque realmente estoy preocupado. No sé si estoy desarrollando diabetes o qué. Muchas gracias por adelantado.

Francisco Moreno
(Badajoz)

¿Está usted enfermo? ¿Se siente mal? ¿Le duele algo? ¿Se marea? ¿Está siempre cansado? ¿Tiene insomnio? No lo dice usted. Mire, podríamos hacerle muchas más preguntas similares pero la idea es que entienda –usted y los demás lectores- que uno no está “enfermo” porque al hacerse una analítica los niveles detectados de una sustancia no se hallen entre los valores de “referencia”. Son de ”re-fe-ren-cia”. No son valores absolutos. Y por sí mismos no indican nada. Si usted se siente bien y no tiene problemas de salud, ¿a qué viene su preocupación? Lleve una vida sana y feliz y ¡despreocúpese! Dicho esto añadiremos que la insulina es una hormona formada por 51 aminoácidos que se produce y segrega en los islotes de Langerhans –en el páncreas- y es vital para aprovechar los nutrientes -especialmente los carbohidratos y las proteínas- a fin de obtener energía en forma de moléculas de ATP (adenosín trifosfato). Provocando su déficit la diabetes mellitus y su exceso hiperinsulinismo con hipoglucemia. Mire, vamos a explicarlo de forma sencilla y muy resumida: cuando ingerimos comida demasiado rica en azúcares -y eso incluye el azúcar blanco y moreno, la miel, la jalea, los hidratos de carbono refinados, las chuches, los pasteles, los dulces, los helados, las galletas y todo alimento preparado o envasado al que se añade estúpidamente azúcar para hacerlo más “apetecible”- el nivel de glucosa en sangre se eleva rápidamente y entonces para controlar ese exceso el páncreas segrega insulina. Y, por el contrario, cuando el nivel de glucosa es demasiado bajo el organismo libera glucagón merced a la acción de otra hormona llamada somatostatina. Debe saberse que también puede estimularse la liberación de insulina con la ingesta de suplementos o alimentos ricos en tres aminoácidos: la alanina, la glicina y la arginina. Y, sobre todo, que la llamada “hormona del estrés”, la noradrenalina, inhibe la liberación de insulina. Luego ante todo ¡relájese! Vamos a ser claros: si no hay una disfunción orgánica clara que impida al organismo regular el nivel de glucosa en sangre –y ya le adelantamos que en la mayor parte de los casos esas disfunciones las provocan fármacos de consumo habitual- basta siempre con seguir una alimentación libre de alimentos y bebidas azucaradas, hidratos de carbono refinados, cafeína y alcohol para no tener ningún problema. En pocas palabras, no hay dieta más eficaz para que un diabético se sienta bien –y para quienes quieran evitar sufrir ese problema el día de mañana- que alimentarse siguiendo las normas de La Dieta Definitiva y aprender a relajarse. Sépalo.


Saludos y gracias a todo el equipo de la revista por educar en temas de salud. Me gustaría que me orientaran: tengo un eccema desde los 14 años. Salió en el centro del pecho y, al tiempo, en las aletas de la nariz. Me dieron corticoides tópicos y durante unos años estuvo estable aunque no los usaba demasiado pues no me hacían gracia (y eso que no conocía sus efectos secundarios). El problema es que hace unos seis años me brotó realmente fuerte en toda la cara y el pecho y ya ni los corticoides hacían nada porque mi cuerpo se acostumbró a ellos. Fui de un dermatólogo a otro y lo único que sabían hacer era cambiarme el corticoide anterior por otro más fuerte y encogerse de hombros. Hasta que empecé a ver cómo mi piel perdía grosor y antes de dañar mi hígado y piel decidí dejarlos. Desde entonces y hasta hace un año fue una etapa realmente terrible, usando gorras, evitando a la gente y los lugares públicos, la playa, caminando por el lado de la calle donde menos gente hay, no mirando a la cara al hablar… La autoestima desaparece tan rápido como la gente se fija en ti y te señalan llegando al borde de la depresión o, cuando menos, al borde de la desilusión. Antes practicaba mucho deporte pero ahora en cuanto pierdo un poco el aliento por el esfuerzo o sudo me brota más el eccema. Éste ha pasado en estos años por muchas fases. Al principio fue húmedo con supuración, luego seco con descamación y después sólo se ponía roja la piel sin descamación, lo que me hacía pensar que interactuaba y por tanto no era algo crónico como decían los médicos. Fue entonces, hace ahora 2 o 3 años, cuando decidí cambiar mis hábitos alimenticios. Hoy no como pescado ni marisco y carne sólo una vez por semana (pollo o cordero). Como mucha fruta, verduras, pasta, arroz, legumbres y soja -integrales y ecológicas-, bebo y cocino con agua de una fuente de la montaña que yo mismo recojo de excelente calidad, no como bollería, enlatados, bebidas gaseosas o azúcar de forma directa, hago mi propio pan y no tomo lácteos. He vivido en varias ciudades con climas distintos, uso poco el teléfono móvil y hace años que no tomo ningún tipo de pastilla ni medicina. No tengo patologías respiratorias asociadas al eccema como -según dicen- el asma. Actualmente sigo la dieta de un médico hindú ayurvédico porque en mi desesperación me fui a China, a uno de los mejores hospitales, a ver un especialista en Medicina Tradicional China y Dermatología que me prescribió fitoterapia. Al volver a España estuve más de 8 meses con su tratamiento pero no funcionó. También me pusieron agujas de acupuntura que sí funcionaron; y rápidamente. Pero me dijeron que no era la mejor solución y sólo era momentáneo. No fumo ni bebo. Y sólo uso productos de limpieza y corporales totalmente naturales. He practicado ayunos, limpiezas hepáticas y demás… En suma, he llamado a todas las puertas que conocía. Bueno, pues hace como un año el eccema desapareció casi totalmente y estuvo así muchos meses (aún recuerdo al primer médico cuando le decía a mi madre que se aguantase, que lo mío era para toda la vida). Sin embargo ahora ha vuelto con fuerza. Me gustaría por ello que me aconsejaran sobre mi problema pues si bien no supone un riesgo físico sí lo supone a nivel psicológico ya que te aísla del resto del mundo y de una vida normal. También me gustaría que me aconsejaran a alguien a quien consultar, esté donde esté. Un dato curioso: yo practico meditación y Tai-Chi pues después de las prácticas el eccema mejora. Y al pasear por el bosque, fuera de la ciudad. En fin, aunque tengo una teoría –relacionada con las microondas- supongo que ustedes podrán interpretar mejor mi caso. Asimismo me permito sugerirles hacer un reportaje sobre esta patología -cada vez más extendida- ya que no he visto ningún artículo dedicado a ella. Por favor, contéstenme. Gracias y un abrazo.

Sergi
(Palma de Mallorca)

Los eczemas suelen deberse a problemas de intolerancia o alergia. Así que debe usted valorar este punto ante todo. Empiece averiguando si es intolerante o alérgico a algunos tejidos u objetos. El problema se lo puede estar causando tanto una camisa o un jersey como un simple colgante. Use pues solo productos textiles naturales –seda, algodón, lana…- sin mezcla. Y no lleve encima nada metálico (existe asimismo la posibilidad de que el problema lo cause algún objeto que se quedara en su interior si se ha sometido a alguna operación pero al no mencionar nada al respecto cabe descartarlo). El segundo aspecto a valorar es el de los productos de higiene, tanto de hogar –detergentes, suavizantes, limpiadores, ambientadores, etc- como personales –champús, geles, cremas, jabones, etc., lo que usted ya parece haber hecho. El tercero es el de los alimentos; debe usted someterse a sendos test de intolerancia y alergia para saber exactamente a qué alimentos es sensible y eliminarlos de su dieta. En la revista se anuncian laboratorios que los efectúan. El cuarto parámetro a valorar es si el problema se lo causa algún fármaco que haya estado -o esté- ingiriendo. Y el quinto es saber si la causa puede ser un problema de contaminación medioambiental. Tanto porque sea usted alérgico a los hidrocarburos del ambiente que transportan de un lado a otro los pólenes -e incluso porque provoquen éstos el problema- o se trate de sensibilidad a los tóxicos químicos que nos invaden o a posibles radiaciones telúricas o electromagnéticas. Le sugerimos que le hagan un test diagnóstico por biorresonancia para saberlo. Obviamente lo mejor sería consultar su caso personalmente con alguien que sepa hacer todo esto; por ejemplo, con el Dr. Santiago de la Rosa (91 431 35 16).


Estimado Sr. Campoy: tras la lectura de la revista nº 138 me animé a comprar el libro La Biblia contra el cáncer del Dr. David Khayat porque en principio tanto el reportaje como ese doctor me llamaron la atención pues reconocer que aproximadamente el 20% de los canceres pueden estar relacionados con nuestros comportamientos alimenticios es una contundente afirmación en el mundo de la Oncología en el que ese médico es muy conocido en este momento. Sin embargo debo decir que aunque el título me generó mucha expectación al concluir la lectura sentí una gran decepción. Está claro que la decepción es mayor cuando uno pone excesiva esperanza en un tema y eso es lo que a mí me ocurrió. En fin, no voy a entrar a valorar muchas de las cuestiones que ese doctor afirma porque ello me llevaría a extenderme en demasía pero quisiera puntualizar alguna afirmación que me ha resultado altamente “chirriante”. En sus conclusiones finales afirma que él “no es de ésos que cree que los teléfonos móviles sean cancerígenos” porque ningún estudio lo demuestra. Añadiendo que más bien pasa lo contrario, que “todos demuestran que no son cancerígenos” (pág. 265 del libro). Usted conoce mejor que yo el tema pero a mí me surge la duda: ¿cómo puede un oncólogo desconocer los estudios y recomendaciones que a nivel europeo se están llevando a cabo sobre los campos electromagnéticos? A lo largo de las páginas de su libro ese señor despliega todo un arsenal de estudios europeos y desconoce que haya alguno que dé como resultado efectos contra la salud de las ondas electromagnéticas. Desinformado o interesado. Poco más adelante también afirma que uno de los mejores descubrimientos del progreso del hombre es la radioactividad –la considera ”benigna”- y su aplicación en cáncer. Es decir, desconoce también los estudios que demuestran la prácticamente nula efectividad de esos tratamientos y sus efectos secundarios. En suma, publicar un libro sobre esa patología con un título tan contundente como La biblia contra el cáncer llama a engaño porque al final lo único que aporta en él es el reconocimiento de que la alimentación es vital en los procesos cancerígenos. El resto son afirmaciones contradictorias y probablemente falsas. Yo, por si acaso, seguiré creyendo que el azúcar blanco no es bueno y buscaré endulzantes lo mas naturales posibles. Preferiré el resveratrol de las uvas que el de dos/tres vasos de vino diarios. Preferiré dejar de lado la leche porque las aportaciones de calcio las puedo conseguir de otros productos naturales con mejor absorción y calidad. Tomaré infusiones porque sigo sin creerme que el café sea bueno. No tomaré soja y buscaré otras leches más saludables. Dudaré de que los embutidos europeos sean de mejor calidad que los americanos que, aunque pudiera ser, sólo lo es en parte pues los de este continente también están plagados de sustancias que nadie sabe cómo interactúan en nuestro cuerpo. La globalización también ha llegado a Europa ¡y cómo! Además no vacunaré a mis hijas contra el virus del papiloma humano, ni contra la gripe A, ni contra otra invención de la industria farmacéutica en su afán económico. Pero, sobre todo, intentaré ser honesto no olvidando estudios que dicen cosas contrarias a las que afirmo y calificando de “vendedores de sueños” a los que no comparten “mi” medicina. Tal es la conclusión final a la que llego tras la lectura de ese libro. No me fio. No me fio de un oncólogo que cree que su ciencia oficial es la que vale, la adecuada y la que cura, pero que al publicar un libro no se documenta del valor de los estudios que dan resultados contrarios y no tiene en cuenta otras corrientes de investigación; como la implicación en los procesos cancerígenos de la falta de resolución de conflictos emocionales. En ese libro nada se menciona al respecto. Y si lo ha hecho y no lo ha expresado todavía me fio menos. He querido ser crítico, como en una parte del libro se recomienda. No me conformo con lo primero que me dicen o aseguran y a ello me han ayudado mucho publicaciones como Discovery DSALUD que hace ya muchos años sembraron en mí la semilla de la investigación y el afán por conocer otras expresiones de entender la salud y la enfermedad, y a las que agradezco enormemente su existencia que espero y deseo sea por mucho tiempo. No quisiera que esta opinión desanimara a nadie en la lectura del libro; solo prevengo a los posibles lectores que no esperen de él mucho más que otros cientos de libros sobre el tema ya publicados. Y, sobre todo, sean críticos e investiguen. Muchas gracias

Peio Perurena
Burlada (Navarra)

David Khayat, exdirector del Instituto Nacional del Cáncer de Francia y jefe del servicio de Oncología del Hospital la Pitié-Salpêtrière, ha sido uno de los primeros oncólogos en reconocer que la alimentación juega un papel fundamental tanto en la prevención como en el tratamiento del cáncer. Y de ahí que le entrevistáramos ya que sus colegas ni siquiera son conscientes de algo tan evidente. Pero hasta ahí llega su aportación. Porque él sigue creyendo que la quimioterapia y la radioterapia son eficaces y que las radiaciones electromagnéticas no son peligrosas lo que, como nuestros lectores habituales saben bien, no compartimos en absoluto. En suma, salvo en eso no compartimos su pensamiento en nada. ¿Y por qué entonces le hemos dado cabida en nuestras páginas? Porque al menos ha dado un paso que sus colegas ni se han molestado en dar: el reconocimiento del papel que juega la alimentación en las “enfermedades”, cáncer incluido. Pero tenga la seguridad de que no se nos ocurriría ponernos en sus manos si se nos diagnosticara esa enfermedad.


Estimado Director: ante todo quiero darle la enhorabuena -a usted y a todo su equipo- por la labor de divulgación que realizan y la formidable información que contiene cada número. Sé del gran número de cartas que recibe y de la imposibilidad de publicar y contestar todas pero aún sabiendo esto me permito enviársela en la confianza -aunque no sea contestada- de que sea posible aclarar algunos puntos que me causan mucha extrañeza. Me refiero a la entrevista que hicieron en el nº 138 al oncólogo francés David Khayat, autor del libro La biblia contra el cáncer, que parece haber sido un éxito de ventas. Es cierto que está redactado de forma didáctica y, cuando menos, es satisfactorio que ya exista más de un oncólogo que empiece a dar importancia a la alimentación respecto a la incidencia de esta enfermedad pero me han causado perplejidad algunas de sus opiniones. Me ha extrañado por ejemplo su defensa de la ingesta de soja -no hace mención a la necesidad de que sea fermentada- y leche por las mujeres postmenopáusicas -cuando hay otros medios de conseguir calcio- pero sobre todo me ha llenado de estupor su opinión sobre la vitamina E a la que parece hacer responsable de la contracción de la enfermedad en un buen número de casos. «Una verdadera bomba de relojería con respecto al riesgo de cáncer es la vitamina E o alfa tocoferol» (páginas 205 – 206 del libro). Afirmación que parece basarse –ya que es el único que menciona- en el Estudio Select que dice tuvo que suspenderse a causa de la elevada incidencia de cánceres de próstata entre los individuos que recibieron el aporte de vitamina E. Sin embargo, por lo que yo sé el Estudio Select se realizó con vitamina E en forma de dl-alfa-tocoferol; es decir, con la forma sintética que parece ser menos activa. El estudio no se llevó a cabo pues con la vitamina E que tiene todos los isómeros, los cuatro de los tocoferoles y los cuatro de los tocotrienoles (alfa, beta, gamma y delta). Además parece que los resultados del citado estudio no reflejaban diferencias estadísticamente significativas, ni a favor ni en contra. De ahí mi extrañeza ante tantas advertencias a lo largo del libro contra la vitamina E. Porque ésta se ha mostrado eficaz -sobre todo la natural- como preventiva de distintas dolencias cardiovasculares y neurodegenerativas (véanse de hecho los consejos de la Sociedad Española de Neurología al respecto). Creo que sería bueno aclarar pues -en la medida de lo posible- hasta qué punto hay que tener en cuenta las afirmaciones del Dr. Khayat pues pueden causar ansiedad a muchas personas que toman suplementos de vitamina E. Gracias por su atención y saludos cordiales.

Carlos Gómez Carrera
(Málaga)

El llamado Estudio SELECT fue una investigación financiada por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) y otros organismos dependientes de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos efectuada con 35.533 hombres de 427 centros -de más de 50 años si eran afroamericanos y de más 55 si no lo eran, todos ellos estadounidenses, canadienses y portorriqueños- cuyo fin era comprobar si la ingesta de selenio y vitamina E, tomadas juntas o por separado, prevenía el cáncer de próstata. Y los resultados -publicados en diciembre de 2008 en JAMA- indicaron que ni ayudaba ni perjudicaba. Y es verdad que decidió suspenderse en un momento dado la administración de los suplementos pero no porque estuvieran siendo dañinos; luego la afirmación de David Khayat de que tuvo que suspenderse por eso no se ajusta a la verdad. Por otra parte hemos explicado ya varias veces dos cosas que son importantes entender. La primera es que las vitaminas sintéticas no sólo no tienen los mismos efectos beneficiosos que las naturales sino que pueden ser incluso perjudiciales. La segunda es que es fundamental la dosis. Y resulta ridículo alegar que algo no funciona si desde el principio la dosis terapéutica que va a darse es ridícula. Y en el caso del Estudio Select se dieron dosis diarias de 200 microgramos de selenio (concretamente L-selenometionina) y 400 IU de vitamina E (concretamente Acetato rac-α-tocoferol sintético.) Mire, la vitamina E natural en su forma biológicamente activa de D-alfa-tocoferol -presente en los aceites vegetales, pipas de girasol, cereales completos, alubias de soja, tomates, germen de trigo, espinacas, brécol, coles de bruselas y huevos- es uno de los antioxidantes más potentes y retarda el envejecimiento celular, protege de la oxidación a otras vitaminas como la C o el complejo B, alivia la fatiga, mejora la respuesta inmune, incrementa los niveles del llamado colesterol bueno (HDL) en sangre, facilita la acción de la insulina, es ligeramente diurética -por lo que se puede utilizar como coadyuvante para tratar la hipertensión- y protege a los glóbulos rojos frente a elementos tóxicos. Es más, está demostrado que facilita la acción anticancerígena del selenio cuando se encuentra presente durante las fases de promoción o proliferación. ¡Hasta Luc Montagnier recomienda suplementos de vitamina E a quienes se diagnostica de SIDA! Y pacientes sometidos a quimioterapia que han recibido suplementos de vitamina E antes de recibir el tratamiento no sufren la pérdida de cabello. Además son muchos los trabajos que implican a esta vitamina en la prevención y tratamiento de numerosas enfermedades de carácter degenerativo. Es más, se ha probado que dosis elevadas de vitamina E disminuyen la progresión del alzheimer (New England Journal of Medicine, 1997) y por ello la Sociedad Americana de Psiquiatría (AAP) recomienda su uso para tratar ésa y otras patologías mentales. Y lo más “chocante”: en el propio Journal of National Cancer Institute de marzo 1998 se publica un trabajo según el cual la vitamina E parece disminuir el cáncer de próstata en un 32%. Pero donde la vitamina E juega su papel más importante es frente a la patología coronaria ya que mejora la capacidad de resistencia cardiaca y la permeabilidad capilar dañada, ayuda a la recuperación del infarto minimizando la muerte del tejido como consecuencia de la falta de oxígeno reduciendo así la amplitud de la zona cicatrizada y reduce el grado de ateroesclerosis en las arterias coronarias. ¿Sin efectos secundarios? Pues algunos sí tiene. Se sabe que su ingesta por personas con hipertensión puede aumentarla inicialmente aunque después se convierte en elemento regulador. Quienes no deben ingerir suplementos de vitamina E son las personas con enfermedades reumáticas crónicas del corazón; dosis altas en esos casos pueden acarrear graves consecuencias. Cabe agregar que en algunas personas dosis muy elevadas -como las utilizadas terapéuticamente en Nutrición Ortomolecular- pueden provocar molestias como náuseas, ligeras diarreas y debilidad muscular. Eso es todo. Lo que afirma pues el Dr. Khayat no está justificado.


Querido director: en mi primer lugar quiero agradecerle su esfuerzo por la difusión de la revista y las respuestas a las preguntas planteadas. El motivo de ponerme en contacto con usted es el siguiente: tengo 56 años y llevo desde los 25 procurando ser responsable del cuidado de mi salud física y mental con dieta, ejercicios, yoga, psicoterapia, etc. De pequeña sufrí bronquitis asmática -por lo que estuve con vacunas hasta que tomé consciencia de lo que estaba haciendo- y en 1992 un desprendimiento de retina. Posteriormente, a los 48 años, comencé a sufrir un proceso de artrosis generalizada con contracturas frecuentes, migrañas y estreñimiento; de hecho tengo hemorroides y me operaron de una fisura anal. No estaba claro si podía ser fibromialgia. El caso es que leí en la revista un artículo en el que se hablaba del Dr. Elorza y el HANA, me puse en contacto con él y llevo ya año y medio haciéndome análisis y estando a dieta. Pero en el 2º análisis que me hice un médico internista decidió pedirme también la prueba del Helicobacter pylori y salió positiva. En esos momentos llevaba 2 meses con una hernia lumbar que me impedía andar; es decir, que había afectación radicular importante. Hasta ese momento yo estaba tratando la hernia con Homeopatía. En fin, me aconsejaron que tomara antibióticos y un protector gástrico para el Helicobacter pylori a fin de minimizar el riesgo de cáncer de estomago aunque no tenía síntomas evidentes -sobre todo por la dieta y vida saludable que llevo- pero como me cogió en un momento vulnerable seguí el tratamiento. Y unos días después tuve que ponerme corticoides por el problema de la hernia que no remitía y había riesgo de quedarme con secuelas para siempre. En fin, que ahora, 15 meses después, al volver a hacerme unos análisis sobre histaminosis ha vuelto a salirme positivo para el Helicobacter pylori y me gustaría tener más información al respecto pues esta vez no quiero ponerme el tratamiento con antibióticos. He mejorado un poco pero no mucho; de hecho el Dr. Elorza opina lo mismo. A pesar de seguir a dieta. He estado revisando las revistas y no he visto artículos que hablen del Helicobacter pylori. Le agradecería mucho que me diera información al respecto. Y muchas gracias por su labor. Un saludo afectuoso,

Ana
Coin (Marbella)

Hemos explicado en esta misma sección -varias veces ya- que lo mejor para eliminar la Helicobacter pylori, bacteria considerada la causa de la mayor parte de las úlceras de estómago y gastritis crónicas, es el uso del Par Biomagnético por alguien preparado; puede acudir por ejemplo a Juan Carlos Albendea (91 704 57 81) o al Dr. Santiago de la Rosa (91 431 35 16). Dicho esto añadiremos que son útiles varios productos más: el ajo, la cebolla y el aceite de oliva virgen. Al menos así ocurre «in vitro». En el caso del aceite de oliva lo demostró no hace mucho un equipo del Instituto de la Grasa de Sevilla y se debe a su contenido en dos polifenoles amargos, dos conocidos glucósidos secoiridoides: el ácido elenólico y el tirosol. También la miel parece proteger la mucosa gastrointestinal de ella. Es asimismo útil el consumo de arándano rojo gracias a su riqueza en proantocianidinas como constató un equipo del Centro Marucci de Investigación perteneciente a la Universidad de Nueva Jersey (EEUU). También se ha comprobado que el extracto acuoso de tomillo inhibe de forma significativa su crecimiento -de nuevo in vitro- por su potente inducción de la actividad de la ureasa frente a la mucosa gástrica. Incluso un poco de alcohol -especialmente el vino tinto- permite detener su progresión según un trabajo de la Universidad de Ulm (Alemania). Terminaremos agregando que el brécol contiene una sustancia que mata la bacteria según un trabajo elaborado por la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Maryland) y el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia debido a que contiene gran cantidad de sulforafano. Por lo que a la afirmación de que esa bacteria puede producir cáncer se refiere nos va a perdonar pero no se justifica. Lo que podría es provocarle una úlcera. Si es que realmente es causa de ellas. Porque su presencia cuando hay úlceras se ha constatado pero que provoque éstas no; esa posibilidad es una mera suposición. En cuanto a la histaminosis le sugerimos que además de eliminar de su dieta todos los alimentos y fármacos a los que sea intolerante o alérgica ingiera durante una temporada quercitina en cápsulas; es un excelente antihistamínico natural.


Estimado Sr. Campoy: gracias por dirigir y editar tan extraordinaria revista, para mí la número uno en su especialidad. Y ahora permítame que le pida ayuda. Verá, tengo 68 años y hace 10 me detectaron cáncer de próstata por lo que hace ya nueve fui tratado con Radioterapia en la Clínica La Luz mediante un Acelerador Lineal de Intensidad Modulada de última generación. El tratamiento finalizó sin ningún efecto secundario posterior. Debo decir que también me hicieron una vasectomía hace 23 años sin que me ocasionara contratiempo sexual alguno. El PSA ha oscilado en estos nueve años entre 0,84 y 3,66 (actualmente tengo 2,88). El caso es que hace ocho años me quedé viudo y hace cinco me volví a casar. Y debo decir que si bien hasta los 62 mi vida sexual fue normal posteriormente comencé a utilizar Cialis de vez en cuando. El problema es que desde hace un año no me hace efecto. Y lo mismo sucede con Viagra y Caverjet (inyecciones). A pesar de ello la convivencia con mi mujer –mucho más joven que yo- es cordial y feliz. No discutimos y nos amamos psicológica y espiritualmente. La convivencia es agradable. Nos gusta hacer el amor y lo hacemos de muy diversas maneras… pero no tengo erecciones lo cual es un gran impedimento porque para completar satisfactoriamente el acto de hacer el amor es necesaria la erección; al menos en la mayoría de las ocasiones. A pesar de mi edad tengo un cuerpo de apariencia joven y musculado pues a lo largo de mi vida he practicado diversos deportes como amateur y profesional. Actualmente realizo ejercicios de mantenimiento con pesas y me encuentro físicamente bastante bien. No fumo, no bebo alcohol y me alimento según los principios de la medicina ortomolecular. Consumo legumbres, hortalizas, frutas, frutos secos, pescado, unos pocos lácteos (quesos y yogures), huevos y carnes (aves y jamón de york). Además tomo levadura de cerveza, polen, miel, germen de trigo, genjibre, cúrcuma y otros complementos vitamínicos y minerales. El urólogo de la Seguridad Social me controla el PSA cada 6 meses y hace poco me he hecho un análisis de testosterona; el resultado ha sido de 3,8 (lo normal es entre 2,7 y 8,3) y 1,0 de testosterona libre (sobre 4,9 a 21,6). Me dice que es poca cantidad pero que no puede recetarme la hormona ya que podría estimularme de nuevo el cáncer de próstata. Así que me recomienda que me implante una prótesis en el pene ya que la falta de erecciones se debe a la poca testosterona que produzco. El caso es que aunque noto que me falta un poco de energía gozo de excelente salud. No tengo problemas circulatorios, ni nerviosos, ni otras patologías. Los análisis de sangre y orina son normales. Mido 1,71 m y peso 80 kg. No tengo exceso de grasa corporal. Económicamente necesito trabajar y estoy al servicio de un familiar que me insulta y humilla constantemente lo cual me produce un fuerte estrés y desasosiego por lo que padezco depresión y ansiedad. ¿Podría decirme qué problemas físicos o psicológicos puede acarrearme el hecho de no producir la testosterona necesaria aparte del ridículo en la cama? Le ruego encarecidamente que me conteste. Atentamente,

F. C. N.
(Madrid)

La disfunción eréctil puede deberse a muchas causas pero las más comunes son el deterioro natural del organismo por la edad, la existencia de una obstrucción del flujo sanguíneo, una sangre demasiado espesa, la ansiedad, la depresión, diversas afecciones -desde la diabetes pasando por un colesterol LDL demasiado alto hasta el endurecimiento de las arterias- y los efectos secundarios de algunos fármacos, especialmente de los antihipertensivos, los cardiacos, los recetados para los problemas de próstata (como Propecia) y los ingeridos para aumentar el tono muscular-. Así que puede usted estar sufriendo los efectos de los fármacos que ha estado ingiriendo. Pero lo que es evidente es que hay ante todo dos problemas que debe afrontar: el posible miedo de no “estar a la altura” ante una mujer mucho más joven –y entonces requiere tratamiento psicológico (no psiquiátrico)- y la ansiedad y depresión que le genera su situación laboral. Y obviamente en eso no podemos ayudarle. Sí puede en cualquier caso ayudarle la ingesta de Aceite de Krill –por su riqueza en ácidos grasos omega 3-, de chocolate negro (dos cucharaditas al día), de semillas o pipas de calabaza y de ¡zumo de sandía! La ingesta de ésta última mejora la función arterial al reducir la presión aórtica como constató un equipo de investigadores integrado por los profesores Arturo Figueroa y Bahram H. Arjmandi en la Universidad Estatal de Florida (EEUU) en un trabajo que se publicó en American Journal of Hypertension. Trabajo que siguió a otro anterior efectuado en el 2007 por un grupo conjunto de investigadores de la Universidad A&M de Texas, la Universidad de Nevada y la Universidad de Oklahoma dirigido por Julie Collins que se publicó en Nutrition demostrando que el zumo de sandía es vasodilatador por su contenido en L-citrulina, aminoácido que se convierte en el organismo en otro aminoácido, la L-arginina –mediante la utilización del amoníaco presente en el organismo- cuya presencia da lugar a la formación de óxido nítrico, vasodilatador esencial en la función del endotelio vascular. Es decir, que la ingesta de zumo de sandía beneficia también a aquellos pacientes con trastornos metabólicos que producen demasiado amoníaco ya que ayuda a eliminarlo. Según Collins un vaso de zumo de sandía en cada comida durante tres semanas logra un aumento del 18% en la síntesis de óxido nítrico con la consiguiente disminución de la presión sanguínea. ¿Y por qué no utilizar entonces directamente arginina para obtener óxido nítrico? Pues porque quienes lo ingirieron oralmente sufrieron náuseas, diarreas y malestar gastrointestinal (cabe preguntarse si eso sucede también con la L-arginina). No pasa así en cambio cuando lo que se ingiere es la L-citrulina. Cabe agregar que otro equipo de científicos de la misma universidad texana –esa vez dirigido por el doctor Bhimu Patil- descubrió que también es útil para tratar la disfunción eréctil –al mejorar la circulación sanguínea- sin efecto secundario alguno. Ahora bien, sepa que la mayor cantidad de L-citrulina no está en la pulpa sino ¡en la corteza! que, bien lavada, puede consumirse sin problema o usarse conjuntamente con la pulpa para hacer el zumo.


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Septiembre 2011
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