CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 134 / ENERO / 2011

Estimado Sr. Campoy: leí en el nº 132 de la revista el artículo dedicado a la Terapia de Simbiosis Celular y me gustó mucho. Quisiera por ello saber si existen en España profesionales cualificados que trabajen con esa terapia y, en caso afirmativo, si podrían facilitarnos algún contacto. De hecho en el mismo ejemplar pero en otro artículo hay una entrevista con la doctora Juliane Sacher en la que asegura que ella la utiliza. ¿Dónde ejerce? ¿Se puede contactar con ella? Gracias.

Julio García
(Alicante)

Sabemos que el Dr. Kremer ha impartido una serie de cursos sobre esa terapia dirigidos a médicos pero no conocemos a nadie en España que la utilice. Lo que sí podemos es darle los datos para contactar con la Dra. Sacher. Su correo electrónico personal –escríbale en inglés- es sacherju@web.de y el de la consulta info@praxis-sacher.de. Y la web de su clínica en Francfurt (Alemania) es www.praxis-sacher.de


Apreciado Sr. Campoy: soy médico, asidua lectora de la revista desde hace años y quiero decirle que su valentía y la de su equipo no han hecho más que potenciar mi carácter «peleón» de base. El motivo de mi correo es adjuntarle la carta que he enviado a nueve europarlamentarios con motivo de la Directiva Europea de Productos Medicinales Herbarios Tradicionales. Creo que es hora de gritar ¡basta de tanta farsa! Quizás no sirva de mucho pero pienso que todos debemos aportar nuestro granito de arena. Reciba un fuerte abrazo. La carta que envié es la siguiente: “Estimado Sr.: mi nombre es Isabel Castro y soy Licenciada en Medicina por la Universidad de Barcelona. Ejerzo la medicina natural desde hace muchos años en mi práctica diaria. Entre las diversas terapias que realizo uno de los pilares es la fitoterapia, con resultados excelentes, cosa que no puedo decir de la farmacopea alopática (química). Mi indignación es extrema con la próxima aplicación de la directiva que prohíbe la libre utilización de las plantas medicinales a partir del 1 de abril de 2011. ¡Basta ya de manipulación y dictadura por parte de la industria farmacéutica! Supuestamente la democracia nos da derecho a elegir cómo, cuándo y con quién cuidar nuestra salud. Les agradecemos a los ‘señores’ de dicha industria que se preocupen tanto por nuestro bienestar. Cuando los necesitemos ya acudiremos a ellos pero mientras tanto que nos dejen elegir libremente. Cada día vemos las barrabasadas que se cometen con los fármacos alopáticos. ¿Cuántas muertes se producen al año por utilizar remedios herbarios? ¿Y cuántas por los efectos secundarios de los fármacos? ¡Sin comentarios! Expuesto lo anterior me dirijo a usted para rogarle que haga lo que esté en sus manos para que esa directiva no se apruebe en los términos actuales ya que supondría una pérdida irremediable cultural pero, sobre todo, para la salud (nuestro único tesoro). Agradecida por su atención”.

Isabel Castro

Su preocupación está plenamente justificada. Especialmente porque nuestros representantes políticos, los medios de comunicación y las organizaciones de consumidores están dejando hacer a la gran industria farmacéutica lo que le da la gana. Y si la directiva europea se aprueba tal como está redactada hoy supondrá un atentado flagrante a los más elementales principios de la libertad y de los derechos fundamentales de los ciudadanos. Por otra parte no es menos cierto que cuanto más presione la industria más y mayores reacciones van a provocar entre los ciudadanos. Y si todo sigue así quizás terminemos viendo cómo se pasa a destruir o quemar farmacias y laboratorios. Es tanta su codicia y falta de escrúpulos que están jugando con fuego. Ésa es nuestra impresión.


Sr. Campoy: llevo suscrita a su magnífica revista desde hace años y desde el 2005 queriendo escribirle para compartir mi historia por si mi experiencia pudiese servirle a alguien. A dar este paso me ha empujado la carta de Inma Iturriría -de Zalla, Bizkaia- por su testimonio impresionante y cargado de esperanza. Verá, en marzo de 2003, con 48 años, fui diagnosticada de un cáncer de colon (a 35 cm del ano). Afortunadamente en el 1994 conocí la Nueva Medicina del Dr. Hamer -gracias a Itziar Orube y al Dr. Fermín Moriano- y comprendí muchas cosas respecto a la salud y la enfermedad y cómo el modo en el que vivimos los conflictos nos puede complicar la vida. En suma, gracias a la información que tenía desde el 94 decidí hacerme un escáner craneal para ver realmente en qué situación física me encontraba. Y fui informada -gracias a ese escáner- no sólo del tumor sino de los distintos tropiezos que había sufrido mi salud a lo largo de la vida y de que, gracias a Dios y a la naturaleza, se habían curado sin grandes problemas. Sin embargo me encontré con la dificultad de asimilar la dureza del diagnóstico. El cirujano que me atendió me dijo que me estaba suicidando al rechazar la operación y el posterior tratamiento. Me dijo textualmente que si no me operaba en un año estaba muerta. Yo le aposté un reloj de pared a que pasado ese tiempo seguiría viva. Pero la crudeza de sus palabras todavía la recuerdo. ¡Parece mentira que quienes están para ayudarte a sanar -en teoría- sean capaces de hacerte tanto daño! ¡Es como si te pegaran físicamente un tiro! Y si un tiro real se puede denunciar, ¿por qué no un diagnóstico que nos ha causado similar daño físico y psíquico? Pasados cinco años acompañé a una amiga a la que este mismo cirujano había operado de colon y le pregunté si se acordaba de mí, si recordaba mi caso (no debe ser demasiado frecuente que la gente le diga a sus propuestas ¡No!). Le recordé que estaba viva –era evidente-, que habían pasado cinco años -no uno-, seguía sin operarme y que cinco años atrás nos habíamos apostado un reloj de pared. Por supuesto, de pagar su apuesta perdida… nada de nada. En cuanto a que reconociera -imposible para su mentalidad y creencia- que estuviera viva y con tan buen aspecto teniendo cáncer… tampoco. De hecho me contestó: “Así que no era…”. O sea, que alegaba como excusa que lo mío “no era cáncer”… cuando me propuso operarme de inmediato y tenía hasta la habitación preparada para ingresarme. También me “retó” luego a que escribiera un libro contando mi caso o que escribiera a alguna revista, cosa que estoy haciendo ahora por si a alguien le puede ayudar mi experiencia. Por supuesto desde el 2003 puse mucho esfuerzo para salir de la situación lo antes posible aunque el destino se confabuló para complicarme la vida en tantas parcelas que ni yo misma daba crédito. Pero a pesar de las circunstancias adversas salí adelante. He contado con el apoyo de aquellas personas que saben leer los escáneres y me indicaron en cada momento cómo estaba a nivel físico y psíquico. También me ayudaron a no sufrir excesivamente con los conflictos que complicaban mi vida. Me enseñaron a minimizar los problemas, entre ellos, por ejemplo, a que no me afectara el miedo a la muerte a causa del diagnóstico que me habían realizado y que me podía haber afectado a los pulmones. Hubo terapeutas que me ayudaron a nivel físico y emocional a través de distintas terapias. Debo confesar en todo caso que a pesar de mi total confianza en la Nueva Medicina tuve miedo. Durante los 2 o 3 primeros meses dejé de dormir y la única palabra que había en mi mente era cáncer. Por eso me cuesta creer a aquellas personas que cuando han sido diagnosticadas de algo serio dicen que no tienen miedo ya que o son unos inconscientes o quieren convencer a los demás para luego convencerse ellos; algo que en ese sentido puede ser también positivo. Desde que conocí la Nueva Medicina cuando alguien cercano era diagnosticado de cáncer siempre intenté ayudarle dándole esperanzas. Pero desde que fui diagnosticada mis palabras llegan mucho mejor a los pacientes pues a pesar de los inconvenientes físicos -como la diarrea, el sangrado intestinal diario durante 4 años, los gases, etc.- siempre hice vida normal con algún pequeño intervalo de baja laboral. En suma, lo que quiero compartir con los lectores es que el cáncer no es mortal. Ni mucho menos. Lo he comprobado incluso con personas que han seguido tratamientos tremendos. Sí puede ser mortal sin embargo entre quienes sufren los efectos negativos de las terapias convencionales y el pesimismo de los médicos que creen siempre tener razón. Es decir, si el paciente sobrevive ¡ellos han hecho el milagro!; y si se muere ¡ellos ya habían dicho lo mal que estaba la situación! Con lo cual… ¡siempre tienen razón! Aunque he de reconocer que a veces médicos muy serios se sienten atados de pies y manos y aplican el protocolo establecido por miedo a posibles denuncias de personas con pocos o ningún escrúpulo. Quiero por último manifestar la responsabilidad de cada persona en relación a su salud y el deber que tiene de tomar sus propias decisiones y no abandonarse al criterio del médico por muy bueno que éste sea. Cuando afrontamos un diagnóstico “grave” deberíamos ante todo escuchar a nuestro corazón y dejarnos guiar por su sabiduría; aunque no coincida con la opinión de la gente que nos rodea y nos quiere. Reitero mi agradecimiento por la valiosísima información que nos ofrecen cada mes aunque no siempre sea capaz de entenderla en su totalidad. Un cordialísimo saludo,

Mª Antonia Salazar
(Bilbao)

Nos congratula comprobar que hay personas que, como usted, superan diagnósticos de muerte porque piensan por sí mismas y no dejan su salud y su vida en manos de los médicos. Especialmente en el caso de quienes se limitan a aplicar los protocolos farmacológicos impuestos a los profesionales de la salud por la gran industria farmacéutica sin ejercer el libre albedrío. Pero es que hoy a los médicos se les amenaza con retirarles la licencia si no hacen lo que se les ordena. ¡Como si hubiera tratamientos oficiales que obligatoriamente los médicos han de seguir! Tal creencia es absolutamente falsa. Y el miedo que los médicos tienen a sugerir a sus enfermos lo que consideran mejor para ellos según su leal saber y entender completamente absurdo. Ningún juez –salvo que se trate de un ignorante o de alguien corrupto- va a condenarles nunca por eso. Aunque en algunos colegios médicos haya infiltrados de la industria intentando conseguirlo. En suma, le agradecemos muy sinceramente su carta y le felicitamos por su valentía y sentido común. En cuanto a la Nueva Medicina instamos a los lectores a leer en nuestra web –www.dsalud.com– lo que hemos publicado sobre ella en distintos números. Cabe asimismo recordar que el Dr. Ryke Geerd Hamer es miembro de nuestro Consejo Asesor –al igual que el Dr. Fermín Moriano, durante años íntimo colaborador suyo- desde su creación.


Sr. Director: aún siendo consciente de la cantidad de cartas que recibe no puedo dejar de preguntarle sobre la forma de cocinar los alimentos sin alterar sus cualidades nutricionales pues soy desde hace años entusiasta lector de la revista y no he visto alusión alguna a ello. Considero nocivos los hornos microondas y también veo efectos no saludables para nuestra salud en la cocción de los alimentos. Ahora están además apareciendo en el mercado hornos que cocinan a través de luz o rayos infrarrojos. Sin necesidad de añadir agua ni grasa –afirman- los alimentos son cocinados mediante rayos infrarrojos que los atraviesan sin que se vean mermadas las propiedades nutritivas de los mismos. Estoy muy interesado en esta forma de cocinar pero como no tengo ni los conocimientos ni la seguridad de que lo que me dicen en cuanto a su inocuidad y salubridad sea verdad he considerado oportuno apelar a su consejo. Además también desearía una aclaración acerca de la influencia inocua o nociva de determinados aparatos como las trituradoras o licuadoras debido a las altísimas velocidades de corte que alcanzan. Cumplen sin duda alguna un papel muy importante en personas mayores y niños pero, ¿son saludables? ¿No degradan los nutrientes de los alimentos? Espero en un tiempo no muy lejano ver aclaradas mis dudas. Reciba mientras tanto un cordial saludo.

José de Agustín Sanz
(Madrid)

Sobre la preparación de los alimentos –un tema absolutamente fundamental- hemos hablado ya en varias ocasiones aunque la información más extensa la tiene en el libro La Dieta Definitiva que como hemos dicho en numerosas ocasiones es un auténtico tratado de Nutrición más que una obra que sirva para adelgazar (que también). Y en él se explica que las frutas, verduras y hortalizas deberían comerse crudas porque es la única manera de asegurarse de que el calor no les hace perder buena parte de sus nutrientes. Obviamente no puede hacerse en todos los casos pero no tiene las mismas propiedades una manzana cruda que una al vapor, cocida, asada o frita. Ni un plátano crudo que un plátano asado o frito. En todo caso las verduras y algunas frutas -por ejemplo, las manzanas, las peras o los plátanos- ligeramente asadas o a la plancha no plantean problemas. En cuanto a la carne, el pescado y el marisco deberían prepararse–según los casos– al vapor, al horno, a la plancha, cocidos, estofados o asados -durante el tiempo justo, a fuego lento y procurando que la temperatura no pase de los 80º- pero nunca fritos. Porque cuando uno fríe un alimento –no importa qué aceite use– buena parte de la grasa es absorbida agregándose a la propia. Y otro tanto puede decirse de los huevos. No contiene la misma grasa un huevo duro o pasado por agua que uno frito. Debe saberse por otra parte que freír los alimentos produce radicales libres que además de destruir las grasas esenciales del alimento pueden dañar las células, aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y el cáncer, acelerar el proceso de envejecimiento y destruir muchos micronutrientes. El grado de daño potencial depende ya del tipo de aceite, de la temperatura a la que friamos y del tiempo que utilicemos para ello. El aceite menos dañino a la hora de freír es el de oliva; en su defecto, use mantequilla. Los demás aceites y las margarinas vegetales se oxidan mucho más rápidamente y se convierten en las indeseables “grasas trans”. Entiéndase que las moléculas de muchos alimentos se desnaturalizan por encima de los 100-120 grados y entonces el organismo no es capaz de metabolizarlos. Por otra parte conviene saber que la agencia sueca de seguridad alimentaria –NFA– alertó a primeros de mayo del 2002 al resto de la Unión Europea de que había detectado dosis muy altas –desaconsejables para el consumo humano– de acrilamida, una sustancia considerada internacionalmente cancerígena, en todos los almidones fritos u horneados a altas temperaturas analizados. El nivel máximo aconsejado de esa sustancia es de 0,1 microgramos por litro o kilo y se hallaron 1.200 en las patatas fritas de bolsa (450 en las “caseras”), 410 en las galletas y en los crackers, 160 en los cereales de desayuno, 150 en los aperitivos de maíz y 140 en el pan. Cuando esa sustancia no aparecía en ninguno de esos alimentos cuando estaban crudos ni después de haber hervido algunos. En cuanto a la tortilla debe procurarse hacer con poquito aceite por la misma razón. Basta un pequeño chorrito para que no se pegue a la sartén… aunque hoy hay sartenes que permiten freír huevos sin aceite. Añadiremos que cuando se va a hervir o cocer un alimento es mejor introducirlo cuando el agua esté ya caliente porque así se perderán menos vitaminas y minerales. Por lo que se refiere a los hornos microondas debe saber que emiten ondas a 2.500 megahercios que agitan las moléculas de agua de los alimentos a mucha velocidad haciendo que rocen unas con otras produciendo un frotamiento que produce un intenso calor que se propaga por todo él. De ahí que cuanta más agua tenga un alimento antes se caliente. Como esas ondas no son absorbidas por el vidrio, la cerámica y algunos tipos de plásticos pueden usarse como recipientes (en modo alguno los de policarbonato o los que se sabe que contienen bisfenol A); el metal refleja las microondas y por eso los utensilios metálicos no son adecuados. En un horno convencional el calor se transmite desde el exterior del alimento hacia el interior y por eso se dora la parte externa. En el microondas el calor se produce uniformemente en todo el alimento… si éste es uniforme. De lo contrario pueden penetrar irregularmente y quedar partes menos hechas. Además, a diferencia del horno convencional donde el aire del interior está caliente, en el microondas el aire está a temperatura ambiente. La cocción en el microondas tiene pues la ventaja de que es mucho más rápido y permite ahorrar tiempo, dinero y energía no siendo preciso descongelar previamente los alimentos lo que evita la acción de las bacterias que se activan durante la fase de descongelado. Pero también tiene sus inconvenientes y peligros: los líquidos calentados en un microondas no se transforman en vapor aunque se calienten por encima del punto de ebullición. Por eso si usted calienta demasiado un recipiente con agua sola u otro líquido el simple movimiento al sacarlo –un vaso, una taza, etc.- puede crear una “burbuja de vapor” y el líquido caliente “saltar” hacia arriba –al entrar en contacto con el aire el agua libera la energía contenida– y causarle quemaduras en manos, cara y ojos. También hay que tener cuidado con otros alimentos. Los huevos, por ejemplo, no deben cocinarse nunca en un microondas con la cáscara intacta porque pueden explotar. Al igual que la yema de huevo salvo que se perfore la membrana que la rodea permitiendo que se libere la presión. Y lo mismo puede suceder cuando se cocinan alimentos con piel como las patatas o el hígado de pollo. Antes de introducirlos debe cortarse la piel o membrana que lo rodea, abrirse o pincharse varias veces con un tenedor. Tenga también mucha precaución con las palomitas de maíz para microondas y otros paquetes cerrados con comidas preparadas. Sepa además que la comida continúa “cocinándose” aunque haya apagado el microondas, tanto si la deja dentro como si la saca. Tiene pues que dejarla “enfriar” siempre entre uno y dos minutos. Incluso un simple café. Por tanto no permita a sus hijos que lo usen sin advertirles de los riesgos. A todo ello debe sumarse el hecho de que según algunos estudiosos las microondas “desvitalizan” los alimentos. Y que, por tanto, no deberían usarlo las personas débiles –con poca energía– o con enfermedades degenerativas. Asimismo está por demostrar que los hornos microondas no generan radicales libres en los alimentos. Añádase que el sabor no tiene nada que ver con el que puede conseguirse con una cocción lenta que permite a los aditamentos ir mezclándose poco a poco con el alimento principal y luego valore usted sus ventajas e inconvenientes. Es más, que los microondas cambian la polaridad de las moléculas de los líquidos y alimentos millones de veces por segundo se sabe, luego, ¿no afecta eso negativamente al alimento? La verdad es que el debate continúa abierto; especialmente porque hay estudios recientes según los cuales la ingesta habitual de líquidos –agua incluida- y alimentos cocinados en microondas provocan cambios en la sangre; concretamente hace que los niveles de hemoglobina y linfocitos desciendan y los de células blancas y colesterol aumenten. Por tanto nuestra sugerencia en estos momentos es que no se usen o se usen lo menos posible. En cuanto a los hornos que funcionan con infrarrojos tienen un comportamiento similar y los posibles efectos negativos pueden ser los mismos; la diferencia es que además podrían dañar la retina por lo que no debe mirarse hacia el interior cuando están funcionando. Nosotros tampoco los aconsejamos. Por lo que se refiere a los ahumados debe saberse que el humo con el que se que ahuman los alimentos contiene hidrocarburos policíciclos parecidos a los que se queman con los cigarrillos y por tanto son potencialmente cancerígenos. No abuse pues de ellos si decide consumirlos. En cuanto a las barbacoas sepa que a las sustancias antes mencionadas se añade la generación de otras también cancerígenas: las que provoca la degradación a altas temperaturas de las grasas. Grasas que muchas veces caen de la parrilla al fuego donde se queman impregnando de nuevo la carne con el humo resultante de su combustión. De ahí que sea también un tremendo error comer tanto la carne hecha a la barbacoa como la carne chamuscada; por muy sabrosas que estén. El factor de riesgo a la hora de contraer cáncer de estómago cuando se toman estos alimentos es alto. En cuanto a las licuadoras y batidoras –como las máquinas de cuchilla para cortar embutidos, jamón o queso en lonchas- es verdad que producen fricción y pueden elevar la temperatura en la zona de corte pero no está constatado que ello sea suficiente para desnaturalizar sus proteínas.


Estimado Sr. Campoy: en primer lugar, aunque suene a repetido, gracias por su revista y por los artículos que nos aportan otra visión de la Medicina. Quería hacerle una pregunta respecto a mi madre. Es una mujer de 80 años, sana y sin demasiados problemas para su edad. Vive sola y es autosuficiente. Todos los días camina una hora y, además, durante el curso va tres días a la semana a gimnasia de mantenimiento. Pero desde hace unos años –cada vez con mayor intensidad- tiene grandes problemas para tragar la comida sólida. Cuando come le entran ataques de tos. Una situación que le lleva a eliminar aquellos alimentos que considera “molestos”. Le hemos hecho todo tipo de pruebas: ecografías, medición de los movimientos del esófago, etc. Nos han dicho que es una degeneración de la edad. Ella dice que tiene una “bolita” que le impide tragar; lo cierto es que poco a poco va perdiendo peso. Le pedimos que se pese una vez al mes y observamos que está perdiendo una media de 500 grs. Le agradecería que me dijera qué podemos hacer. ¿Le vendría bien algún suplemento vitamínico? Quedo a la espera de sus gratas noticias. Muchas gracias y reciban un saludo,

Mª Carmen Álvarez Escribano
(Guadalajara)

Los médicos llaman al problema que padece su madre Disfagia -si va acompañada de dolor Odinofagia– caracterizándose por molestias o dolor al tragar, necesidad de tragar repetidas veces, carraspeo continuo o frecuente, tos durante o después de la ingesta, necesidad de fragmentar el bolo y tragarlo en varios intentos, regurgitación del alimento hacia la nariz, voz “húmeda”, bronquitis y babeo. Y normalmente indica algún problema en la garganta o el esófago causado por una distrofia muscular, amigdalitis, reflujo gastroesofágico, un malfuncionamiento de la tiroides, un quiste, un tumor, un divertículo, un fibroma, una estenosis de la garganta por inflamación, úlcera, irradiación o un fármaco, acalasia, una infección, polimiositis, esclerodermia, un ictus leve, un pequeño derrame cerebral, esclerosis múltiple, cáncer, alzheimer, miastenia grave, ataxia de Friedreich o los síndromes de Kearns Sayre y de Guillain Barré. Como ve las posibilidades son muchas pero como quiera que los médicos han descartado que su madre tenga una patología conocida –según nos dice usted aunque nos tememos que no deben haber valorado todas las posibilidades- habrá que tomar otras medidas. Para empezar que evite los ambientes secos, el tabaco –incluido el humo del ajeno-, la ingesta de picantes y excitantes, el alcohol y cualquier otro factor que pueda interferir en el proceso de deglución o que le reseque la garganta. Asegúrese además de que ensaliva y mastica -bien y suficientemente- los alimentos. Y, sobre todo, hay que potenciar la musculatura e inervación de la garganta y el esófago además de asegurarse de que la flora intestinal está en buenas condiciones. Para lo cual lo mejor es un tratamiento ortomolecular solo que al ser una persona de cierta edad conviene que sea personalizado porque hay que valorar bien las dosis. Y mientras se resuelve el problema que evite los alimentos con doble textura como el caldo con fideos o tropezones, la carne picada con caldo, la fruta en conserva con jugo o los copos de cereales con leche. Es mejor que ingiera solo alimentos que formen un bolo consistente en la boca y no se deshagan; como el puré de patatas espeso, los flanes, el plátano… Obviamente tener en casa un buen humificador y dormir con la ventana ligeramente abierta sería asimismo conveniente.


Sr. Director: soy asidua lectora de su revista y le escribo por primera vez confiando en que pueda ayudarme. Hace ya tiempo a mi marido le diagnosticaron como bebedor compulsivo. Cuando prueba alguna bebida la borrachera es tal que pierde totalmente el control con los problemas que ello conlleva. En su día le recetaron un fármaco llamado Ántabrus. Lo tomó durante algún tiempo pero cuando deja de hacerlo vuelve a beber y el problema es el mismo. Él dice que las pastillas no sirven para nada y ya no quiere tomarlas porque considera que si sigue con ellas le van a perjudicar. Yo en parte estoy de acuerdo pero, ¿qué otra opción hay? ¿Qué tratamiento habría para este problema? Esperando su respuesta le saluda cordialmente,

Ana García Segarra
Amposta (Tarragona)

Tiene dos posibilidades: ir a un terapeuta especializado en Tapping (93 300 47 00) o a uno de Anatheóresis (en este caso el profesional más cercano a su ciudad que conocemos trabaja en Barcelona, se llama Mª Luz Peñas y su número es el 933 147 635). Hemos hablado de la eficacia de ambas terapias en casos como éste -y de otros- hace tiempo por lo que puede consultar esos textos en nuestra web: www.dsalud.com.


Estimado Director: me gustaría que los lectores de su gran revista pudieran beneficiarse del tratamiento alternativo que siguió mi madre de 95 años para curar una úlcera en la rodilla que sufrió tras una caída. Resulta que al poco tiempo se formó una especie de postilla negra muy brillante en ella y como no mejoraba acudimos a un consultorio de la Sanidad Pública donde al quitar la postilla quedó al descubierto una úlcera de unos 5 cm de diámetro. Le dieron entonces una pomada que tenía la particularidad de eliminar la parte mala pero también la buena cuando se deja de aplicar durante unos días, como así sucedió, produciendo un enorme agujero. Además le recetaron 2.000 mg diarios de un antibiótico a pesar de su edad y nos dijeron que tardaría en curar al menos un año. También nos comentaron que podría sufrir infecciones y, en el peor de los casos, ¡quedarse sin la pierna! Como no me convencía el tratamiento contacté en Madrid con una naturista llamada Mónica a través de su página www.dietametabolica.es que nos aconsejó lavar la herida varias veces al día con suero fisiológico, aplicar sobre ella una compresa bien empapada en aceite de oliva tratado con ozono y sujetarla con una cinta para que hiciera efecto. Nada más. Ni antibióticos, ni pomadas, ni más historias. Día a día pude comprobar cómo iba creciendo y recuperando el tejido y en menos de dos meses la rodilla estaba completamente curada. La forma de preparar el aceite con ozono es muy sencilla pues sólo hace falta tener un pequeño aparato generador de ozono que dura toda la vida y cuesta unos doscientos euros. El ozono es simplemente oxígeno (O2) con una molécula más (O3). Pues bien, basta introducir un tubito flexible en un vaso o frasco, poner en él un poco de aceite de oliva -mejor de buena calidad y ecológico- y ozonizarlo durante media hora. Luego hay que guardarlo en un frasquito cerrado en el frigorífico porque el calor elimina el ozono y prepararlo de nuevo cada 4 días. Y aunque es un tema tabú el del cáncer también me comentó que hay personas que utilizan directamente el ozono para tratar el cáncer de piel; simplemente aislando la zona a tratar con una bolsa de plástico e introduciendo el tubo en ella cerrándola con cinta para que no se escape el ozono. Y luego dejar el aparato algunos minutos en marcha. Termino; como dijo alguien, “que el resto de tu vida sea lo mejor de tu vida”. Saludos muy cordiales.

Miguel Nebreda
(Valencia)

Nos alegra que nuestros lectores constaten por sí mismos cómo realmente hay terapias eficaces, sencillas y económicas que obtienen casi siempre resultados mucho mejores que los farmacológicos. De ahí que aprovechemos su carta para recordar a nuestros lectores las propiedades del ozono -lea en www.dsalud.com lo publicado al respecto- y que en efecto es posible adquirir aparatos que sirven para ozonizar tanto el aire como el agua y otros líquidos. Es el caso del que comercializa Nature & Clark (www.drclark.es) cuyo número es el 91 594 29 40.


Estimado Sr. Campoy: enhorabuena y gracias por la gran labor de divulgación que su equipo realiza cada mes. Gracias por hacer que los seguidores de la revista seamos más conscientes y responsables de nuestra salud. Le cuento mi caso: soy una madre -desesperada y preocupada- de un niño de doce meses que cuando tenía cinco comenzó a sufrir una dermatitis atópica severa. El primer médico que le trató fue su pediatra y nos recetó Peitel (corticoides en pomada) y Bactroban (antibiótico en pomada); sólo empleamos Bactroban porque nos negamos a administrarle corticoides. Paralelamente visitamos a un médico homeópata que nos puso otro: ampollas de sales minerales, extracto de bardana y blastoestimulina. Pero el niño cada vez iba a peor. Sus mejillas estaban en carne viva y le supuraban. He de decirle que por aquel entonces estábamos con lactancia materna y que a día de hoy continuamos con ella. El segundo tratamiento tampoco funcionó. Era tanta la desesperación que sufríamos (no podía dormir ni de noche ni de día, continuamente rascándose hasta hacerse sangre y llorando) que comenzamos una peregrinación por diferentes médicos. ¡Y cada uno nos decía una cosa! Hasta llegaron a recetarle el antihistamínico Polaramine ¡cuando tenía sólo 7 meses! Obviamente no se lo dimos porque nos daban miedo los efectos secundarios del producto. La situación era de locos. Y, mientras, nuestro hijo cada vez peor. Dos veces tuvimos que acudir al servicio de Urgencias del Hospital 12 de Octubre de Madrid porque las heridas se le infectaban. El tratamiento que le daban era a base de antibióticos y corticoides vía oral durante tres días y, posteriormente, corticoides tópicos hasta que las lesiones le remitieran. De ahí nos pasaron a Dermatología del hospital y el tratamiento consistía en corticoides (Peitel). Después le recetaron Protopic pero me negué a dárselo por sus dramáticas consecuencias (entre otras, cáncer de piel). El dermatólogo, con chulería y prepotencia, me chilló entonces en mitad de un pasillo diciéndome que si yo sabía más que ellos no volviera por allí. Y eso hice: no volvimos. Les había pedido reiteradamente que le hicieran pruebas de alergia pero no quisieron. Me dijeron que la dermatitis atópica es una enfermedad genética y no se debe a una alergia. En medio de esa situación una amiga me recomendó a un médico que trabaja con medicina biológica, oriental y energética. Es quien está llevando a mi hijo actualmente. El tratamiento hasta ahora ha consistido en reforzarle su sistema digestivo puesto que lo primero que nos dijo fue que el problema estaba allí. Paralelamente decidimos hacerle análisis de sangre para descartar posibles alergias alimentarias y cuál fue nuestra sorpresa cuando los resultados nos desvelaron un sinfín de alimentos a los que tiene unos niveles de alergia altísimos: el pollo, el huevo, las lentejas, la merluza, el gallo, el atún, la leche de vaca, la caseína, la lactosa, el trigo, la soja, los cacahuetes, la carne de vaca… En fin, es un niño que aún se alimenta de leche materna -con lo cual yo he tenido que dejar de consumir todos esos alimentos y alguno más que sospechamos que también le dan reacción como los cereales, el arroz integral, la espelta, el kamut, el maíz, los frutos secos y algunas frutas y verduras. Estoy muy triste y no sé hasta cuándo puede durar esto. ¿De qué se va a alimentar mi hijo? ¿Un niño tan pequeño puede llevar una alimentación vegana sin consecuencias en su desarrollo? No toma ni pescado, ni carne, ni legumbres. Sé que la lactancia materna le está ayudando pero cuando se destete, ¿qué ocurrirá? El médico que nos lleva me dice que no hay por qué preocuparse porque la gran mayoría de las alergias irán remitiendo pero yo tengo la moral por los suelos. Me informo y leo libros de medicina pero me estoy volviendo loca. ¿A qué pueden deberse tantas alergias? Es un niño al que le dieron biberón con leche artificial en sus primeras horas tras nacer y nos separaron durante muchas horas. ¿Puede estar ahí el origen? También he leído que la glándula timo –encargada de regular la activación de las células T- es el primer órgano afectado por el estrés. Mi hijo sufrió muchísimo estrés durante esas horas. ¿Puede ser que ese factor haya mermado la activación de estas células inmunológicas y le hayan dejado sin defensas? A mi hijo le han vuelto a hacer análisis de sangre en el Hospital del Niño Jesús y estamos a la espera de resultados. Por cierto, la consulta de alergias estaba hasta arriba de niños. Es una pena que cada vez nuestros hijos sufran más y más alergias. Me han informado de que en ese hospital llevan a cabo un programa de desensibilización alimentaria donde van introduciendo los alimentos poco a poco hasta que el cuerpo no reacciona. ¿Ese tratamiento es fiable? Yo desconfío de ello ya que el cuerpo es sabio y no se le puede obligar a “callar”. Sabemos que fumar, beber y comer demasiado es tóxico pero el cuerpo puede acostumbrarse a ello hasta que ya no puede afrontarlo y es cuando empiezan los problemas. ¿Podría ser que el problema original estuviera en el hígado? He leído que el hígado puede verter proteínas en el sistema linfático y provocar con ello millares de reacciones del sistema inmune, desde alergias hasta enfermedades autoinmunes, desde resfriados hasta tumores cancerosos. En cuanto a posibles tratamientos, ¿usted cree que el Par Biomagnético le ayudaría? También había pensado en el MMS o en el Germanio Orgánico. ¿Alguno de esos tres serían de ayuda? Le doy mis más sinceras gracias por atender esta carta. Quedo a la espera de una respuesta esperanzadora. Un cordial saludo,

Ana de Ana
(Madrid)

El problema de su hijo podría efectivamente ser genético –habría que constatarlo con una analítica como la que realizan en la Clínica Euroespes de La Coruña (981 78 05 05)- pero también deberse a otras causas. Usted ya ha detectado –con más sentido común que el de muchos de los médicos con los que se ha topado- el problema de las alergias alimentarias pero debe valorar también en un caso tan grave como éste posibles alergias a los textiles (puede estar afectándole la ropa de la cuna o cama, la que usa el niño o ustedes, la de la casa…), a los productos de higiene (colonias, jabones, champús, etc.) y a los de limpieza (detergentes, limpiacristales, lavavajillas, etc.). Asimismo conviene descartar la existencia de posibles parásitos, hongos, bacterias o virus patógenos por lo que le sugerimos que vaya con él a que le diagnostiquen con el Par Biomagnético; acuda a Juan Carlos Albendea (91 704 57 81) -es quien en España tiene más experiencia en este método- o al Dr. Santiago de la Rosa (91 431 35 16). Dicho esto no parece que la leche que le dieron fuera la causa de sus problemas porque transcurrió demasiado tiempo hasta que empezó a encontrarse mal. En cambio todo lo que le sucede a su hijo podría deberse a algo que no ha valorado: una vacuna. En la actualidad se ponen demasiadas vacunas a los niños antes del año de forma injustificada… por no decir irracional. Hay pues que valorarlo. Y si fuera el caso intentar desactivar los efectos en la medida en que aún sea posible. Lea al respecto en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título ¿Es posible desactivar los efectos negativos de una vacuna? publicamos en el nº 102. Puede ayudarle en ese sentido el Dr. Diego Jacques, miembro de nuestro Consejo Asesor (91 799 14 79).


Hola, soy una antigua y actual lectora de su revista. El otro día he empezado a hacer el tratamiento desintoxicante MMS, que pedí a Rumanía a través de la dirección aportada en su artículo. Hasta ahora todo va bien, la verdad es que parece que es efectivo. La duda que me ha surgido, ha sido a la hora de comprar el producto que junto con la vitamina C aconsejan tomar después de hacer el barrido con el producto, el L-acetil cisteína. En los artículos que he encontrado en internet sobre el MMS, hablan de la N-acetil cisteína, no L-acetil cisteína, por lo que me ha entrado la duda sobre cúal de los dos nombres pueda ser el correcto. Además no me está resultando fácil comprarlo, ya que se lo pido a la tienda de dietética que generalmente pido los productos que necesito, y le está costando encontrar una casa que trabaje con ese producto. Esto aparte de la duda de saber si es N o L acetil cisteína. Les estaría agradecida me aclarasen esta duda y me dijeran qué casa trabaja con este producto para pedirlo, ya que con Oikos, que es la empresa a la que suelo pedir algunas cosas, me ha dicho que no tienen ese producto. Gracias por todo lo que escriben, estudian, analizan, critican, trabajan y nos aportan a todos. Un gran saludo.

Rosa P.

En realidad lo correcto es N-Acetil-L-Cisteína aunque sea más conocido como “Acetilcisteína” –sin más- o “NAC”. Se trata de un derivado del aminoácido L-Cisteína y es el que normalmente se comercializa para consumo. Lo fabrican varios laboratorios entre los que se encuentra LKN (sus anuncios aparecen habitualmente en la revista).


Un grupo de prestigiosos oncólogos médicos e investigadores en el campo de la Oncología -básica y clínica- ha decidido enviar a través de Discovery DSALUD una “carta abierta” al Dr. Mariano Barbacid -Director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)- en la que le solicitan responda públicamente a una serie de cuestiones de vital importancia en el momento actual de la investigación del cáncer y diga si está de acuerdo en que ha llegado la hora de hacerse un replanteamiento global sobre esta patología, muy especialmente en lo que a la manera de afrontarla se refiere dado el fracaso de los actuales tratamientos médicos en la mayoría de los tumores malignos. Los firmantes son miembros de la International Society for Proton Dynamics of Cancer (ISPDC)Sociedad Internacional de la Dinámica de Protones en el Tratamiento del Cáncer (www.ispdc.eu)- y entre ellos se encuentran el presidente y vicepresidente de la organización.

CARTA ABIERTA AL DR. MARIANO BARBACID

de los oncólogos e investigadores Salvador Harguindey, Stephan J. Reshkin, Miriam L. Wahl y Stefano Fais

El pasado 24 de octubre La 2 de Televisión Española emitió una larga entrevista con el Dr. Mariano Barbacid –director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)– en la que éste ofreció una visión del cáncer ortodoxa que aún comparten muchos investigadores y oncólogos tanto en España como en el extranjero. En dicha entrevista Barbacid -doctor en Ciencias Químicas- afirmó que en realidad cáncer se trata de una palabra que engloba de forma genérica “a más de 200 enfermedades distintas” sugiriendo que por esa razón se necesitarán descubrir muchos más medicamentos nuevos ya que cada una de tales enfermedades deberá tratarse de forma diferente e individualizada.
Pues bien, los firmantes de esta carta, oncólogos e investigadores, entendemos que esta aseveración corresponde a una visión obsoleta del cáncer que se opone frontalmente al moderno paradigma surgido en la Oncología hace escasos años. La nueva perspectiva, por el contrario, interpreta y ha podido demostrar que en todos los “tipos” de cáncer y leucemias existen más características comunes que diferencias. Una cosmovisión ésta capaz de ver “lo general en las particularidades” -algo que desde Claude Bernard ha constituido la principal misión de la ciencia médica en orden a incorporar lo más avanzado así como todos los hechos y datos desperdigados dentro del nuevo paradigma. Esta nueva cosmovisión ya fue considerada el año 2000 por Douglas Hanahan y Robert A. Weinberg en su conocidísima revisión The Hallmarks of Cancer publicada en Cell, vol. 100, 57–70, 2000. Texto en el que, literalmente, se afirmaba lo siguiente: “Esta enfermedad continuará tratándose de la misma manera el próximo cuarto de siglo y en la misma línea que lo ha sido en el pasado reciente añadiendo más capas de dificultad a una literatura científica que ha alcanzado ya unos límites de complejidad casi imposibles de medir. Pero nosotros anticipamos algo diferente: esas personas, investigando el problema del cáncer, practicarán un tipo de ciencia completamente diferente del que hemos experimentado en los últimos 25 años. Y seguro que ese cambio será aparente a nivel técnico pero, en último término, los cambios fundamentales serán de naturaleza conceptual (los subrayados son nuestros). Prevemos que la investigación del cáncer evolucionará hacia una ciencia donde impere la lógica y las complejidades de la enfermedad -descritas en el laboratorio y la clínica- se harán comprensibles en términos de unos pocos principios subyacentes, algunos de los cuales se hallan en este momento cerca de ser decodificados. En nuestra revisión discutimos un conjunto de ellos, especialmente las reglas que explican la transformación de células humanas normales en malignas. Nuestra sugerencia es que la investigación de las últimas décadas ha revelado que hay un pequeño número de características celulares moleculares y bioquímicas -capacidades adquiridas- que comparten la mayoría –si no todos- de los cánceres humanos. Nuestra fe en dicha simplificación se deriva directamente de las enseñanzas de la biología celular que dice que virtualmente todas las células animales tienen una maquinaria molecular similar que regula su proliferación, diferenciación, y muerte”.
Sabiendo lo cual cabe preguntar tanto al Dr. Barbacid como a quienes con él comparten aún la misma reduccionista y disgregadora cosmovisión oncológica qué es lo que en verdad sabe la mayoría de los investigadores en la actualidad sobre la naturaleza íntima y esencial de las enfermedades neoplásicas para sostener que el cáncer son “200 enfermedades diferentes”. Es regla de oro de la Medicina que sólo llegando a la raíz, a lo que subyace en cualquier problema de salud, se puede acceder a una comprensión racional e interpretación correcta de una patología, paso previo imprescindible para aspirar tanto a prevenirla como a tratarla adecuadamente una vez se haya manifestado. Sin conocer la causa o causas primarias (etiología), los mecanismos intermediarios (etiopatogenia) y la esencia íntima de una enfermedad (su naturaleza) no se puede siquiera pensar en superarla. Y eso es así muy especialmente en este caso porque como ya dijo el padre de la bioquímica del cáncer, Otto Warburg, “sólo podremos curar lo que primero podamos entender”.
Es por tanto de interés general que el Dr. Barbacid justifique públicamente su opinión contestando, comentando o contradiciendo las siguientes cuestiones:
1) ¿En qué se basa para afirmar que la palabra cáncer designa a 200 enfermedades distintas cuando todas las células cancerosas tienen las mismas características morfológicas y anatomopatológicas encuadradas dentro del términos “displasia”. Todas las células cancerosas -de cualquier localización y origen- presentan las mismas características de atipia celular como son: a) pérdida de la relación núcleo/citoplasma; b) pérdida de la polaridad; c) aumento del número de mitosis, típicas o no; d) pleomorfismo e hipercromatismo nuclear. En general pueden remedar al tejido de origen salvo en los casos más indiferenciados.
2) ¿Cómo se justifica entonces que todas las células cancerosas de cualquier tipo de tumor y origen genético posean las mismas características bioquímicas y energéticas, como la consumición exagerada de glucosa (“primera ley de la Bioquímica del Cáncer” desde los tiempos de Warburg), y por qué siguen todas consumiendo glucosa en presencia de oxígeno, aunque unas más que otras, dependiendo esto de su grado de malignidad?
Es evidente que interpretar desde un punto de vista genético el cáncer lleva a representarlo como una sobrecogedora y desalentadora multiplicidad de enfermedades que requieren una inmensa variedad de estrategias terapéuticas y un incontable número de sustancias designadas a tratar todos y cada uno de los tumores malignos. Pero cuando esto se analiza fenotípicamente se constata que todos los cánceres comparten una multiplicidad de características distintivas a los diferentes nivelesbioquímicos, moleculares, energéticos fisiológicos y metabólicos- independientemente de su origen tisular y de sus diferentes orígenes genéticos (Harguindey y cols., BBA ROC, 2005; Cardone y cols., Nature Revs. Cancer, 2005). Y eso implica -o al menos sugiere- la existencia de un mecanismo común que subyace a su transformación y progresión tumoral. Por tanto, una correcta terapéutica antineoplásica no puede ignorarlo. De ahí que científicos de la talla del profesor Jacques Pouysségur afirmen que existe evidencia suficiente para considerar al anormal y específico metabolismo de todas las células cancerosas -de cualquier estirpe y procedencia- como el “talón de Aquiles” del cáncer, lo que nos ofrece la oportunidad de manipular y usar dichas diferencias para conseguir un beneficio terapéutico de forma selectiva (G. Kroemer & J. Pouysségur, Cancer Cell, 2008).
3) ¿Por qué todas las células y tejidos cancerosos -más allá de su tipología y origen genético, insistimos- poseen una misma alteración homeostática de su metabolismo energético que es completamente distinta a la de todos los tejidos normales? Es decir, una regulación aberrante de las dinámicas del ion de hidrógeno que conduce a una inversión del gradiente del pH en todas las células y tejidos cancerosos (ΔpHi to ΔpHe) lo cual es incluso opuesto a los gradientes de pH extracelular/intracelular de las células y tejidos normales. Una reversión patológica totalmente específica para la malignidad -y que, por lo tanto, no sucede en ninguna otra situación conocida- que es considerada como una de las características diferenciales que definen los mecanismos energéticos moleculares de los tumores, siendo vista incluso por muchos como la principal de todas ellas, y que también está más allá de cualquier tipo de anatomía patológica tumoral u origen genético.
En resumen, la reversión de la dinámica del H+ a través de la membrana celular tumoral se muestra como la característica molecular diferencial que separa definitivamente todas las células y tejidos cancerosos de todas y todos los normales. Esto, que se conoce ya como “la neoestrategia de las células y tejidos cancerosos”, va mucho más lejos de un simple cambio de pH. Sin embargo, desde el punto de vista de la energética celular representa la más brutal alteración posible del microambiente así como de la naturaleza y el comportamiento celular que pueda ser imaginada, determinando la historia natural del tumor y siendo, en el mundo de la biología, equivalente por su determinismo, impacto físico y consecuencias epigenéticas a una extraordinariamente determinista e imparable reacción en cadena.
4) Siempre se ha dicho que “generalizar en el ámbito de la oncología es imposible” y, sin embargo es evidente que ahora sí es posible: basta con acceder a la raíz y al tronco de la enfermedad en lugar de andarse por las ramas. ¿Cómo se explica si no que todas las células cancerosas -de cualquier origen- compartan muchos otros hechos diferenciales y propiedades selectivas del cáncer los que también las separa netamente y sin excepción de todas las células normales)? Al menos son siete las alteraciones de comportamiento en la fisiología celular que dictan el determinismo de todo crecimiento tumoral. A saber:
1) Autosuficiencia en las señales de crecimiento.
2) Insensibilidad a las señales inhibidoras del crecimiento o señales de anti-crecimiento.
3) Evasión del programa de muerte celular (apoptosis).
4) Potencial replicativo ilimitado.
5) Angiogénesis sostenida.
6) Capacidad de invasión y metástasis.
7) Una naturaleza potencialmente eterna.
Cada uno de estos cambios -también las nuevas capacidades adquiridas durante el desarrollo tumoral- representa la exitosa ruptura de un mecanismo de defensa profundamente enraizado en las células y los tejidos del organismo, suponiendo un aparente fracaso de la naturaleza. Hanahan y Weinberg postulan que estas capacidades son compartidas por la mayoría -probablemente por todos- de los tumores malignos humanos. Y que todo tipo de célula maligna -sea de tumores sólidos o leucemias- es gobernada y dirigida por ese compendio de habilidades y reglas sólidamente prefijadas.
5)¿Por qué todas las células cancerosas -de cualquier origen y procedencia- comparten los siguientes principios metabólicos específicos que son selectivos asimismo para predeterminar la progresión tumoral? A saber:
1. Alcalosis intracelular.
2. Acidosis extracelular.
3. Reversión de la dinámica de protones intra/extracelular o gradiente de protones i.c/e.c.
4. Expresión de genes silenciosos (por ejemplo, la transcriptasa inversa).
5. Metabolismo glicolítico aumentado.
6. Glicolisis aerobia.
7. Canibalismo.
8. Superexpresión de transportadores de protones e intercambiadores iónicos.
9. Aumento de la liberación de exosomas.
6) ¿Cómo se compagina la astillada cosmovisión oficial con la actual interpretación unitaria e integral de las neoplasias que ha sido ya publicada en revistas internacionales del prestigio de Nature, Cancer, Cancer Research, FASEB, BBA ROC, Nature Revs y otras, la cual acoge bajo una única perspectiva las principales áreas de la investigación del cáncer, desde las básicas a las clínicas, incluyendo entre ellas la etiopatogénesis, el metabolismo de la célula cancerosa, la resistencia múltiple a los medicamentos antineoplásicos (MDR), la neovascularización tumoral, el proceso metastático, la apoptosis selectiva y la antiapoptosis, la quimioterapia antineoplásica e, incluso, el fenómeno de la regresión espontánea del cáncer?
7) ¿No está de acuerdo el Dr. Barbacid con que la prestigiosa revista Nature aceptara publicar en el 2009 el famoso artículo de Robert A. Gatenby –también miembro de la ISPDC– en el que éste reconocía que “la guerra contra el cáncer se ha perdido”? Porque tal asunción se basa en el reconocimiento de que la cosmovisión mantenida por quienes creen que hay 200 enfermedades diferentes detrás de la palabra cáncer ya no se sostiene. El enfoque y paradigma conceptual asumido hasta hoy está muerto. Ha sido necesario replantearse todo lo que se cree saber sobre esta patología desde la raíz antes de haber conseguido poder integrar sus muchas caras y ramas dentro del árbol de la ciencia de una unidad superior, el llamado “paradigma emergente”.
8) ¿No se puede -o no se quiere- entender aún que ha llegado ya la hora de que los profesionales de la investigación oncológica de todo el mundo se conciencien de esta realidad y de que deben familiarizarse cuanto antes con las claves de los principales sistemas energéticos del funcionamiento anormal y específico de todas las células y tumores malignos? Tales como la ya mencionada “reversión del gradiente de protones”, fenómeno energético también conocido como “cancer proton gradient reversal”? Un proceso que está gobernado por una serie de bombas y transportadores de protones super-expresados e hiperactivos sitos en la membrana celular tumoral como principal característica energética y específica del cáncer. Aquellos que desde hace bastantes años comprenden estos hechos reconocen lo que todo ello significa en realidad: que un enfoque dirigido a la diana de inhibir las muy anormales dinámicas de estos procesos de forma concertada y específica aparece como una aproximación selectiva al tratamiento del cáncer en general. Línea esta de investigación que cuenta ya con miles de publicaciones reconocidas en dicho campo y que está abriendo nuevos e inéditos caminos hacia una terapéutica más efectiva y menos tóxica de, posiblemente, todas las enfermedades neoplásicas o, al menos, de todos los tumores sólidos.
Tal vez haya llegado la hora -o esté cada vez más cerca- de que los oncólogos básicos y clínicos consigan despertar y decidirse a plantear otras alternativas y, al mismo tiempo, hagan acopio de la necesaria inspiración, generosidad y valor para dejar de vivir esclavizados y embobados por ese Gran Hermano de la Oncología que constituyen las grandes multinacionales farmacéuticas, entidades de dudosa ética a las que sólo les importan sus intereses económicos y cuyas dinámicas y motivaciones -muchas veces pseudocientíficas- llevan a tratar por todos los medios de comercializar medicaciones cada día más tóxicas, menos efectivas y más caras (V. Huber et al. J. Transl. Med. 8:57-61, 2010). Al mismo tiempo que se dedican a financiar ensayos clínicos que rayan en lo más irracional y absurdo, como promover la utilización de agentes para inhibir la neovascularización tumoral, un enfoque correcto como prevención ó en estadios muy tempranos de la enfermedad, pero nunca en pacientes prácticamente preterminales cuando la neovascularización tumoral y el proceso metastático ya han llegado a término en su función aniquiladora.
9) Volviendo a las bases científicas de la nueva perspectiva integral se nos antoja asimismo inexplicable que a día de hoy la mayoría de los profesionales de la investigación y práctica oncológica no estén aún familiarizados con cuatro realidades tan indiscutibles como esenciales:
A) Que la transformación de células y tejidos normales -independientemente de su origen u órgano de asentamiento- en cancerosas se produce cuando su interior se alcaliniza por los más variados métodos.
B) Que la super-expresión e hiperactividad de los transportadores y bombas de la membrana celular juegan un papel activo fundamental tanto en el origen y causa primordial como en el desarrollo tumoral subsiguiente, desde la invasión local a la actividad y progresión del proceso metastático de todos los tumores malignos. Y no sólo eso, sino que estas mismas anormalidades bioquímicas juegan un papel muy dinámico y negativo por inhibir los mecanismos de defensa del huésped (antiangiogénesis, regresión espontánea, MDR, etc.) al invertir los gradientes normales de protones e inducir así una alteración -hasta ahora irreversible- de la termodinámica celular. De hecho, la acidificación intersticial tumoral inducida en todos los tumores malignos, lo que debido a la excesiva salida de protones de toda célula maligna tiene una importancia fundamental en la instauración, actividad y progresión del mismo proceso metastático.
C) Que la inhibición concertada y progresiva de dichos transportadores de protones es un área relativamente nueva, única y muy prometedora en la búsqueda de tratamientos selectivos contra el cáncer que sean útiles en prevenir, retardar e incluso contrarrestar por completo todo el proceso neoplásico y su estrategia intrínseca a sus diferentes niveles, desde la etiología al tratamiento.
D) Que la utilización conjunta, progresiva y concertada de los inhibidores del transporte celular/extracelular de protones o PTIs (de “proton transport inhibitors”) es otra área casi inexplorada (e) y mayormente ignorada por la Oncología oficial, tanto como único tratamiento o en combinación con otras formas de quimioterapia, hallándose en estos momentos en un estadio clínico asimismo muy prometedor y que se antoja fundamental en el tratamiento -ya sea primario, adyuvante o co-adyuvante- de los diferentes tumores sólidos en seres humanos. En esta misma línea, prominentes investigadores en este ámbito han avanzado recientemente en publicaciones punteras el concepto de que dicha aproximación terapéutica “conducirá a un colapso y atrofia masiva de los tumores sólidos” (J. Pouysségur, Nature, 2007). La evidencia existente en la actualidad indica que esto puede tener lugar más allá de todas las diferencias etiopatogénicas y anatomopatológicas u origen genético de todos los tumores malignos.
En suma, los abajo firmantes postulamos un nuevo paradigma integral, unitario y radical de las enfermedades neoplásicas por entender que todos los tumores malignos tienen más factores en común que diferencias entre ellos, tal como ha sido consensuado en el reciente I Congreso Internacional de la Sociedad para el Estudio de las Dinámicas de Protones en el Cáncer celebrado a principios de Septiembre pasado en Roma (www.ispdc.eu). Ello exige abandonar, también radicalmente, el actual modelo analítico-reduccionista y desintegrado que insiste en que la palabra cáncer designa a más de 200 enfermedades distintas que han de ser tratadas con infinidad de combinaciones farmacológicas diferentes a pesar de que a día de hoy los quimioterápicos han demostrado ser más tóxicos que eficaces, exceptuando los tumores germinales y algunas leucemias y linfomas, neoplasias que conforman una muy reducida minoría dentro del conjunto de todos los tumores malignos. Y eso significa que persistir en el camino trillado sólo puede ahondar aún más en el mayoritario fracaso terapéutico de la Oncología Médica actual al mismo tiempo que impedir y detener todo posible avance y verdadero progreso.

Firmantes:

Dr. Salvador Harguindey
Instituto de Biología Clínica y Metabolismo (IBCM), Vitoria.
Vicepresidente de la Sociedad Internacional de la Dinámica de Protones en el Tratamiento del Cáncer (ISPDC).

Dr. Stephan J. Reshkin
Profesor del Departamento de Fisiología General y Ambiental de la Universidad de Bari (Italia).

Dra. Miriam L. Wahl
Ex Directora del laboratorio de pH tumoral de la Universidad de Duke (Carolina del Norte, EEUU) y miembro Adjunto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Baltimore (Baltimore, EEUU).

Dr. Stefano Fais
Presidente de la Sociedad Internacional de la Dinámica de Protones en el Tratamiento del Cáncer (ISPDC). Director de la Sección de Medicamentos Antitumorales del Departamento de Investigación Terapéutica y Evaluación de Medicinas del Instituto Nacional de la Salud de Roma (Italia).


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134
Enero 2011
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