CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 146 / FEBRERO / 2012

Estimado Sr. Campoy: nos dirigimos a usted desde REDVIH, una red de personas que desde hace diez años trabajamos de forma participativa y voluntaria en todo el estado español con el objetivo de contribuir con mayor eficacia a dar respuesta a los retos que plantea el VIH y el sida. REDVIH está integrada por personas que viven con VIH, por profesionales del ámbito social y personas interesadas en el tema. Porque trabajamos diariamente en defender la solidaridad y el respeto hacia la población seropositiva además de abordar el estigma y la discriminación relacionados con el VIH nos ha dolido la publicación de dos noticias en su revista Discovery Salud de noviembre, en las páginas 19, 20 y 21, sin firmar. Algunos lectores de su revista afectados por el VIH/sida, alarmados por estos artículos, nos han informado de su contenido y nos han pedido que actuemos. Lamentamos que una publicación que pretende informar acerca de la mayor riqueza del ser humano, su vida y su salud publique artículos como los referidos denostando una pandemia por la cual casi 30 millones de personas han fallecido. Aparte del desprecio por los grandes avances científicos obtenidos que han permitido una notable mejora en la salud de una parte de la población seropositiva con acceso a tratamientos en sus informaciones están negando una realidad que diariamente afecta la salud física y emocional y a los ámbitos familiar, laboral o social de la persona con VIH. Poner en duda las evidencias existentes acerca del VIH y el sida entra dentro de la libertad de expresión pero nosotros, REDVIH, ejercemos nuestro derecho de disentir absolutamente de sus artículos, plagados de imprecisiones y sin el apoyo de evidencia científica sobre la situación clínica y social del VIH. Consideramos que sus informaciones son irresponsables ya que crean una confusión social contraproducente para la salud y para la imagen social ya deteriorada de por sí de la persona con VIH. Por todo ello solicitamos una rectificación sobre las noticias mencionadas y sugerimos que se esfuercen en aplicar mayor rigor a las informaciones que publican teniendo en cuenta el daño que éstas pueden causar. Agradecemos su atención y le tendemos nuestra mano tendida para cualquier información o formación en la temática del VIH y el sida que precisen. Atentamente,

Joan Bertrán de Bes
Coordinador del Observatorio de Derechos Humanos y VIH/sida – REDVIH
(Barcelona)

Publicamos su carta aunque debemos decirle que si algo refleja claramente la misma es que ustedes ni leen nuestra revista ni entran nuestra web. Porque si lo hubieran hecho sabrían que llevamos publicadas numerosas noticias, artículos, reportajes y entrevistas e incluso hemos elaborado dos videos que pueden visualizarse en www.dsalud.com/videos.html sobre el tema VIH/SIDA. Y en ellos hemos reiterado una y otra vez –entre otras muchas cosas- que nadie ha demostrado ni siquiera la existencia del VIH. Ni que haya un virus –ése o cualquier otro- que cause la enfermedad bautizada como SIDA. Hemos asimismo denunciado varias veces que el premio Nobel Kary Mullis, inventor de la PCR, afirmó públicamente que es imposible que su técnica sirva para poder decirle a alguien que es portador del VIH llegando a afirmar que habría renunciado al premio de haber sabido el uso que se iba a dar a su invención. Por eso en el prólogo de un libro de Peter Duesberg él mismo llega a afirmar: “Ni Duesberg ni yo podemos entender cómo ha surgido esta locura (…) Sabemos que errar es humano pero la hipótesis VIH/SIDA es un error diabólico”. Mullis lleva años denunciándolo sin que los médicos le hagan caso. Y lo mismo cabe decir de los test Elisa y Western Blot para el Sida: su fiabilidad es nula. Y sin embargo ¡las tres pruebas se siguen utilizando! En suma, afirman ustedes que nuestros textos están “plagados de imprecisiones” pero no mencionan ni una sola de tales “imprecisiones. Limitándose a hacer afirmaciones genéricas de que ustedes tienen razón y nosotros no. En cuanto a la afirmación de que el SIDA se trata de “una realidad que diariamente afecta la salud física y emocional y a los ámbitos familiar, laboral o social de la persona con VIH” o de que se trata de “una pandemia por la cual casi 30 millones de personas han fallecido” debemos simplemente responderles: ¡demuéstrenlo! Porque a nuestro juicio nadie muere de SIDA; mueren debido a una serie de factores entre los que cabe destacar los fármacos que se usan para tratar a quienes se etiqueta de “portadores del VIH” o “enfermos de SIDA”. Por tanto la afirmación de que han muerto por su causa 30 millones de personas es sencillamente ridícula. Por mucho que tal mentira haya calado en la sociedad a través de quienes crearon tal “montaje” usando la Organización Mundial de la Salud (OMS) –hoy absolutamente desprestigiada-, otros organismos internacionales –como la FDA, la Agencia Europea de Medicamentos o el otrora prestigioso Instituto Pasteur– y personalidades a título personal cuya conciencia es evidente que se ha alquilado cuando no comprado. Todos los datos objetivos indican que lo del VIH = SIDA es un montaje para -entre otros motivos- infundir miedo y hacer negocio. ¿Que ustedes lo niegan? Pues es sencillo: déjense de palabras grandilocuentes y lacrimógenas para “ablandar” a los lectores diciendo que se trata de un gigantesco drama que no debe negarse y aporten las pruebas científicas de lo que aseveran! Mándennos esa documentación y tengan la seguridad de que la publicaremos. Eso sí, no nos hagan perder el tiempo pasándonos simplemente las “referencias” de los artículos “científicos” que suelen utilizarse para confundir a quienes no los entienden porque en esta revista sí los entendemos. Y sabemos distinguir entre lo que realmente dicen y lo que los expertos en manipulación aseveran que dicen. En suma, léanse lo que hemos publicado y editado en video y, si pueden, rebatan lo que decimos. A nivel científico, no con retórica demagógica. Porque el hecho de que la inmensa mayoría de la gente –médicos, biólogos, políticos y periodistas incluidos- se hayan tragado tamaña bola no es un “argumento”. Lamentamos ser tan contundentes pero estamos hartos de la demagogia habitual en este ámbito y de que nadie aporte las pruebas que debería tener para hacer semejantes afirmaciones.


Queridos amigos, permitidme una pregunta: ¿alguien ha salido realmente de las benzodiacepinas? Lo pregunto desde el fondo de mi corazón. Desde que leí en vuestra revista que el Dr. Aizpiri decía que es más fácil salir de la cocaína que de las benzodiacepinas vivo atormentada. Os cuento: padezco ansiedad crónica y me recetaron como tratamiento Orfidal y Rivotril así como Vandrall Retard. Y me estoy dando cuenta de que después de 12 años de tomar esos fármacos soy prácticamente un robot con los efectos secundarios que todo ello conlleva: mucha tristeza, mucho sueño y muy poca energía porque hago lo justo ya que estoy demasiado drogada. No tengo ganas de vivir, sufro muchos altibajos y, por si fuera poco, mi pareja no me entiende y hoy tengo muchos problemas porque según él he cambiado mucho y es difícil entenderme. Según sus propias palabras “si tuvieras un cáncer lo entendería y te cuidaría”; es decir, no entiende lo que me sucede probablemente porque eso sólo puede hacerlo quien lo está pasando o lo ha pasado. ¿Podéis aconsejarme de alguna manera? He leído vuestro texto sobre la fotosíntesis humana y, la verdad, me he quedado con la boca abierta. Os digo de verdad que estoy dispuesta a participar en los test que realizáis con personas. Os agradecería mucho me digáis si podéis ayudarme a ser como antes y si mi cerebro podría volver a funcionar normalmente porque mi doctora se limita a hacerme mil y una recetas de lo mismo ya que según ella no hay otra solución. Me da la impresión de que soy una drogadicta; legal pero drogadicta. ¿Hay alguna fundación, ONG o centro que pueda ayudarme a salir de esa situación? Estoy desesperada. Quizás alguna persona que haya pasado por lo mismo me pueda contar su experiencia. Gracias de corazón porque ayudáis a mucha gente y eso no tiene precio.

Winslet
(Madrid)

El doctor Javier Aizpiri explicaba en la entrevista a la que usted se refiere que muchos colegas recetan benzodiazepinas para eliminar la ansiedad cuando lo que en realidad suele faltarles a quienes sufren ese problema son ácidos grasos de la serie omega –especialmente omega 3- o ácido glutámico debido al estrés. Asimismo explicaba que la mayoría de las personas con “problemas mentales” suele tener carencia de aminoácidos que constituyen la base de la vida. Así se expresaba: “La base de la vida es el aminoácido. No es la glucosa, ni los minerales, ni las vitaminas. El aminoácido es el ladrillo indispensable. Sin aminoácidos no hay vida. Todas las cadenas moleculares complejas que tenemos en el cuerpo -las que constituyen el sistema nervioso, el endocrino, el musculo-esquelético…- se componen de cadenas de aminoácidos. Hasta lo que transmitimos genéticamente son cadenas de aminoácidos. Pues bien, algunos son indispensables para el correcto funcionamiento neuronal. Y su ausencia es directamente responsable de muchos problemas en el cerebro que luego se manifiestan en trastornos afectivos y emocionales”. Luego, cuando le interrogamos sobre cuáles son los más importantes, respondería: “Hay muchos pero el más importante es el triptófano que es el precursor natural de la serotonina de la cual deriva a su vez la melatonina. De hecho la serotonina es la base de los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, los conocidos ISRS que son los más recetados en casos de depresión. También es importante la metionina, otro aminoácido esencial que forma parte de todas las proteínas. Y, cómo no, el ácido glutámico que es el que utilizamos cada vez que trabajamos con las zonas neurales porque es la “gasolina” que quemamos. Cuando a una persona le falta ácido glutámico pierde la memoria y se cansa. Y si eso le lleva a decir que está ‘deprimido’ se le receta un ISRS con lo que enferma aún más cuando es sólo ácido glutámico lo que le falta”. Añadiendo: “No menos importantes son también los precursores de los famosos ácidos grasos esenciales omega ya que son los que facilitan la transmisión cerebral. Y no debemos olvidarnos de la taurina, vital para el funcionamiento de la vista -si un niño no tiene taurina nace ciego y se queda ciego- y de la treonina que tiene que ver con los músculos y el estrés. Cuanta más treonina tienes mejor te enfrentas a las situaciones de estrés y muscularmente te encuentras mejor. Éstos son los más importantes”. En otras palabras, en el mismo texto que usted ha leído –apareció en el nº 129 y el lector puede leerlo en nuestra web: www.dsalud.com– en el que el Dr. Aizpiri decía que es más fácil salir de la cocaína que de las benzodiacepinas se daba la respuesta a lo que le pasa y cómo resolverlo: mediante un tratamiento ortomolecular y, sobre todo, dejando de ingerir los fármacos que usted toma. Así que díganos, ¿por qué no ha hecho caso de esas indicaciones? ¿Por qué pide la ayuda que ya ha recibido en ese mismo artículo? Nos va a perdonar pero la gente de su entorno tiene motivos para estar enfadada: usted tiene las herramientas y medios para salir de su problema de una vez por todas. ¿Por qué no las usa? Deje los fármacos que la atontan y envenenan, desintoxíquese a fondo, aliméntese bien y acuda a un buen especialista en Nutrición Ortomolecular. Y saldrá del infierno que vive. Si realmente quiere. No necesita ni ingerir Quiapi ni acudir a ninguna fundación. Necesita solo dejar de buscarse excusas.


Sr. Campoy: en primer lugar quiero felicitarle a usted y a todo su equipo por la grandiosa labor que hacen en tan gran revista. Soy lector de la misma desde el nº 3 y la verdad es que la he dado a conocer a toda la familia y amigos así como a algunos médicos y farmacéuticos. Verá, tengo 69 años y llevo 41 yendo a médicos, terapeutas de distinto tipo y sanadores sin resultados positivos. Hace muchos años vivía en Barcelona donde tenía junto a mi mujer una tienda y caí enfermo; me dieron la invalidez absoluta con 50 años y todo se me vino abajo. Hoy tengo varias patologías de las que menciono sólo las más significativas: el cardias entre estómago y esófago está en mal estado y no puede haber cirugía. Además sufro infartitos cerebrales, fibromialgia, artritis avanzada, dolores musculares en extremidades y casi todo el cuerpo, olfato perdido por completo, problemas de visión, disfunción sexual desde hace más de 40 años, insomnio… Pero lo peor es una depresión de más de 20 años. Creo que he probado casi todos los antidepresivos que existen en el mercado aunque los tolero muy mal. Es lo que peor llevo y sufro más por mi esposa que por mí ya que lleva pasado lo suyo. Pues bien, en la revista nº 143 he visto un poco de luz a mi oscuridad. Me refiero al reportaje sobre el descubrimiento del Dr. Arturo Solís del desarrollo de un producto modulador de la fotosíntesis que han denominado QIAPI1. Producto que como no sea por mediación de ustedes creo que me será muy difícil obtener. Tampoco sé el coste que podrá tener pero he sentido un poco de esperanza de querer seguir viviendo al leer ese reportaje. ¿Pueden ayudarme? ¡Ah!, actualmente tengo el PSA un poco elevado; afortunadamente llevo 5 biopsias y todas han dado negativo.

Ramón Carreño Martínez
(Huelva)

Mire, cartas como la suya nos descorazonan porque dan la impresión de que nuestro trabajo no sirve para nada. ¿Nos lee usted desde hace casi trece años y su estado de salud es el que relata? Entonces perdónenos pero usted no ha comprendido lo que decimos. Vamos a ser pues muy claros y concisos: las llamadas enfermedades o patologías no existen. Existen personas enfermas. Lo hemos dicho hasta cansarnos sin que se nos entienda. Las “enfermedades” son “etiquetas” que los médicos han puesto a los llamados síndromes que no son sino “grupos de síntomas” que se han agrupado y etiquetado. Hace apenas unas décadas ese grupo de síndromes o enfermedades era muy pequeño. Hoy hay miles. Hemos pasado en cinco o seis décadas de afirmar que había unas pocas decenas de patologías o enfermedades a afirmar que hay tantas que sólo las consideradas “raras” son más de 7.000. Un auténtico esperpento que los médicos asumen sin que se les caiga la cara de vergüenza. Esperpento creado y dirigido por determinadas multinacionales farmacéuticas que llegaron a la conclusión de que el negocio se podía ampliar hasta límites insospechados si se convencía a la población –y muy especialmente a los políticos, periodistas, médicos, psiquiatras, biólogos y farmacéuticos- de que cada enfermedad requiere un protocolo de actuación distinto que tratar con fármacos –obviamente no curativos sino paliativos ya que el negocio no está en curar a nadie sino en tenerlo como “cliente” el máximo tiempo posible consumiendo el fármaco que alivie sus síntomas-. De ahí que hayamos pasado a tener un catálogo con miles de “enfermedades” que se tratan a su vez con otros tantos miles de fármacos “específicos”. Y tamaña estupidez ha calado de tal manera que es además lo que se considera “científico”. La verdad, sin embargo, es que las causas de todas las llamadas enfermedades son las mismas y, por tanto, deben afrontarse de la misma manera aunque luego pueda coadyuvarse en cada caso individual con productos o terapias más concretas. ¿Y qué provoca las llamadas enfermedades? Pues es simple: los traumas físicos, psíquicos y afectivos que sufrimos, la mala calidad del aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que ingerimos, el calentamiento excesivo de los alimentos al prepararlos –incluyendo el uso de los microondas-, las radiaciones telúricas y electromagnéticas artificiales que nos irradian, los productos tóxicos sintéticos de todo tipo que nos están envenenando -una persona corriente acumula hoy día más de 150 sustancias tóxicas en su organismo-, el ensuciamiento del espacio intracelular, la acidificación del organismo, una infección patógena, un sistema inmunitario deficiente o la carencia de alguna vitamina, mineral, aminoácido, enzima, coenzima, ácido graso, azúcar u otro oligoelemento necesario. Por eso para afrontar cualquier enfermedad decimos una y otra vez que hay ante todo que evitar los tóxicos –muy especialmente los fármacos- y desintoxicarse a fondo, controlar lo que respiramos, bebemos e ingerimos, no usar prendas sintéticas dañinas, evitar las radiaciones electromagnéticas artificiales y las telúricas, aprender a preparar los alimentos, tomar el sol, hacer ejercicio, descansar suficientemente y afrontar nuestros problemas psicoemocionales. Y cuando es preciso suplementar la dieta ortomolecularmente. Y punto. La idea de que las enfermedades –cuando debería hablarse de enfermedad en singular- se solucionan ingiriendo fármacos es una soberana memez. Los síntomas pueden ser en cada situación –y en función del estado y condiciones de cada persona- distintos pero en general las causas son las mismas. Así que equilibre su organismo a nivel energético, físico, mental y emocional haciendo lo que le hemos dicho en lugar de buscar pócimas y tratamientos milagrosos que no va a encontrar. La salud perdida no se la va a devolver ningún profesional de la salud y mucho menos los fármacos. Depende de lo que haga usted. Éste sólo podrá actuar de terapeuta, es decir, podrá aconsejarle y acompañarle en ese proceso. En suma, tome las riendas de su vida en lugar de dejar que lo hagan otros.


Sr. Campoy: ante todo le felicito por la labor que usted y su equipo están haciendo. El caso es que voy a cumplir 70 años y tengo más o menos buena salud: un poco de artrosis, tensión un tanto alta, algo de mala circulación vascular, la próstata un tanto grande (según el informe médico 40 cc) y las arterias cavernosas. Estoy por ello tomando Omnic Ocas, Diovan 160, Trimetazidina y Lormetazepan Normon. La 1ª una por la noche, la 2ª una por la mañana, la 3ª una por la mañana y otra por la noche, y la 4ª casi siempre una para acostarme. Llevo unos tres años tomando Omnic Ocas, dos Diovan y otros dos trimetazidina. Además tras estar cuatro meses fuera de casa -por un asunto familiar- ahora me encuentro con un problema de disfunción sexual; el urólogo me ha diagnosticado disfunción eréctil de origen vascular recetándome Viagra -que no he comprado- y Caverject. Me la puse y el resultado fue fatal. Luego me dijo que tomara Cialis o me hiciera un implante. También me hizo una ecografía de las vías urinarias y los riñones y la vejiga están bien. En suma, ¿hay algo que permita reparar las arterias cavernosas y hacer que mi organismo funcione bien de nuevo? Por cierto, en la última consulta me cambiaron el Omnic Ocas por Duodart 0,5 mg pero tras leer su prospecto decidí no tomarlo. Espero su respuesta.

Luis Fernández
Valencia de Don Juan (León)

Pues menos mal que se encuentra usted bien. Mire, nos remitimos a la respuesta dada en la carta anterior por razones obvias pero añadiendo que tiene usted mucho mejor salud de la que cree. De lo contrario y teniendo en cuenta la cantidad de tiempo que lleva envenenándose con los fármacos que menciona usted estaría en la UCI. Debe hacer lo mismo que sugerimos al anterior lector. Preocupándose de su estado general más que de su disfunción eréctil.


Sr. Campoy: hace ya mucho tiempo -concretamente en el nº 54 de la revista correspondiente a octubre de 2003- publicaron ustedes un artículo en el que resaltaban los peligros de las amalgamas dentales por el hecho de que uno de sus componentes básicos, el mercurio, es tóxico. Tomé buena nota de ello entonces y estuve al tanto de sus posibles consecuencias. Pero ahora, a raíz de una entrevista publicada en un prestigioso periódico de Cataluña cuya fotocopia le adjunto, vuelvo a preocuparme por cuanto el articulista y su entrevistado, pedagogo, incide exactamente en el mismo tema y además lo hace en primera persona. Me explicaré: tanto mi esposa como yo llevamos desde hace muchos años un tipo de vida -en cuanto a alimentación, actividad física e higiene- bastante bueno y sano ya que incluso antes de conocer su revista seguíamos un método muy en la línea que en ella se aconseja. Sin embargo desde hace dos o tres años mi esposa se queja de dolores en todo el cuerpo, especialmente en las articulaciones. El médico le dice que es artrosis -por la edad (70 años)- lo cual puede que sea cierto pero me sorprende por el tipo de vida que llevamos. Ambos somos conscientes de que según trates al cuerpo así te responderá por lo que no veo razón para que en tan poco tiempo se haya producido un cambio tan acusado. El caso es que mi esposa lleva desde hace 25 o 30 años una dentadura postiza parcial extraíble con varias piezas de metal y alguna fija empastada y como es lógico tras tanto tiempo dichas piezas sufren desgaste. No podemos saber si el material que en su día le colocaron contenía mercurio y, por tanto, lo continúa teniendo ahora. Como puede suponer mi preocupación es lógica: ¿puede que las anomalías que sufre y se parecen mucho a la artrosis, la fatiga crónica y la fibromialgia se deban a un posible contenido de mercurio en la dentadura? Y si así fuera, ¿qué se puede hacer? ¿Bastaría eliminar o sustituir esas piezas dentales? ¿Sería suficiente? ¿Y si el organismo ya está intoxicado es posible expulsar el mercurio del cuerpo? Los sistemas de detección que indica en su revista, ¿están de actualidad o hay otros mejores? Su ponderado criterio sería para nosotros muy apreciado pues quizás nos ayude a despejar dudas y seguir, posiblemente, un camino de regeneración. Atentamente,

Juan Jiménez Azorín
Vilanova i la Geltrú (Barcelona)

Al igual que usted dudamos mucho que se trate de artrosis. Es más probable que se deba a una intoxicación por mercurio u otro metal pesado sin descartar una posible infección o un organismo acidificado. Le sugerimos que se someta al Par Biomagnético con alguien bien preparado o le hagan un diagnóstico a fondo con un MORA (pregunte en el 978 601 501 si alguien con experiencia tiene un aparato cerca de su casa). La otra posibilidad es hacerse un mineralograma, método de diagnóstico del que acabamos de hablar en un reportaje aparecido en el nº 145 con el título Cómo conocer mejor el estado de nuestro organismo que puede leer en www.dsalud.com (infórmese en el 93 426 41 72). Y si fuera así diga a su esposa que se desintoxique sometiéndose a una quelación intravenosa (en Madrid la practica el Dr. José Luis Castillo Recarte que también puede encargarse del mineralograma). Obviamente si da positivo al mercurio debería extraerse las amalgamas lo antes posible pero poniéndose en manos de alguien preparado que lo haga o correrá el riesgo de intoxicarse más al quitárselas.


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146
Febrero 2012
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