CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 170 / ABRIL / 2014

Sr. Director: tengo 68 años y a veces el colesterol alto por lo que decidí tomar productos naturales y omega 3 para bajar su nivel aunque sin lograrlo del todo. En noviembre estaba en 300 mg y ahora estoy en 189 mg/dl. Y los triglicéridos en 54 mg. El caso es que tengo la revista nº 131 que explica lo malas que pueden ser las estatinas y no quiero tomármelas aunque cuando voy al médico para hacerme los análisis me recetan siempre Simvastatina o Atorvastatina Cinfa. ¿Pueden orientarme? ¿Qué puedo hacer o tomar que sea natural y controle mi colesterol? Tengo mucha confianza en sus respuestas ya que en enero de 2011 mi marido les hizo una consulta y el resultado fue bueno. Me despido de ustedes dándole las gracias anticipadas.

Teresa Vidal
Vilafranca del Penedés (Barcelona)

Su carta ve la luz justo después de haber publicado el pasado mes el reportaje No está demostrado que un nivel alto de colesterol sea negativo para la salud que complementaba los artículos publicados en los números 90, 91 y 131 titulados La injustificable demonización del colesterol, ¿Causan las estatinas recetadas para bajar el colesterol las enfermedades neurodegenerativas? y Las estatinas, además de peligrosas, no sirven para prevenir patologías así como numerosas noticias en las que hemos explicado de forma exhaustiva el asunto del colesterol por lo que entendemos que sus dudas ya habrán desaparecido. Si no los leyó hágalo ahora entrando en nuestra web: www.dsalud.com. En cualquier caso y por si alguien no adquirió el ejemplar del pasado mes reiteramos lo principal: la división entre “colesterol bueno” y “colesterol malo” es irreal porque solo existe un tipo de colesterol. Las siglas HDL, LDL e IDL hacen simplemente referencia a las lipoproteínas que lo transportan hasta las células, tejidos y órganos; haciendo referencia las siglas HDL a las “lipoproteínas de alta densidad” que son las que suministran el colesterol y otras grasas a los órganos principales -como el hígado, el páncreas o las glándulas suprarrenales-, las LDL a las “lipoproteínas de baja densidad” que suministran el colesterol y las grasas desde el hígado a las demás células del cuerpo y las IDL a las “lipoproteínas de densidad intermedia” que abastecen de colesterol y grasas al cerebro. Porque todas las células necesitan colesterol para mantener saludables sus membranas; tanto la pared celular externa como las membranas que cubren el núcleo, las mitocondrias (unidades de producción de energía) y los lisosomas (sistema digestivo de la célula). El colesterol es, en suma, vital para el organismo; especialmente para la salud mental. De hecho el cerebro representa sólo el 2% de la masa corporal y sin embargo contiene el 25% de todo el colesterol del organismo lo que se debe a que las neuronas lo necesitan tanto para el transporte de las señales por los axones en la sinapsis como para el crecimiento y reparación de las vainas de mielina que recubren las fibras nerviosas. Es más, si el colesterol está alto en sangre puede deberse a que en el organismo hay déficit de él en algunas zonas y a través del suero sanguíneo se está llevando hacia ellas. Y de ahí que en los análisis aparezca que hay exceso en sangre. Luego las estatinas agravarían el problema en lugar de ayudar. Resumiendo: no se sostiene la afirmación de que tener en sangre altos los niveles de colesterol total y LDL es peligroso para la salud. Como tampoco se sostiene la afirmación de que pueden provocar problemas cardiovasculares por mucho personaje mediático que la industria contrate para intentar convencer a las personas más desinformadas y lograr que compren sus productos. Lo reiteramos una vez más: no ingiera grasas parcialmente hidrogenadas ni “trans“, controle la ingesta de grasas saturadas animales, no fría los alimentos y, sobre todo, elimine de su dieta los azúcares, los hidratos de carbono refinados y los lácteos; incluyendo esos que dicen que son muy sanos porque ayudan a bajar el colesterol. Y consuma grasas vegetales de primera presión en frío sin problema alguno que ésas sí que son sanas; especialmente los aceites de lino, coco, comino negro y oliva. En suma, ¡olvídese de las absurdas recomendaciones sobre el colesterol!


Sr. Director: tengo un hijo de 3 años al que cuando tenía uno le diagnosticaron Artritis poliarticular extendida idiopática juvenil con ANA positivo. Desde ese momento se le empezó a tratar con ibuprofeno, Metoject (metotrexate) y corticoides oral. También ha entrado cinco veces a quirófano para hacerle infiltraciones de corticoides. Y a pesar de llevar dos años con el tratamiento se le siguen inflamando las articulaciones por lo que ahora se ha pasado a darle Arava (leflunomida) y estamos a la espera de otra infiltración. Hemos probado ya otros tratamientos alternativos pero no nos han funcionado. Nos gustaría, en suma, saber si conocen algo alternativo que funcione bien para la artritis infantil. Gracias.

Lidia Agüera

Los médicos llaman Artritis Idiopática Juvenil a la artritis inflamatoria crónica que aparece en menores de 16 años cuando dura más de 6 semanas y no se sabe la causa -eso significa “idiopática”- habiéndose excluido otras patologías. Y se considera una “enfermedad inflamatoria autoinmune” siendo más habitual que la padezcan personas que han sufrido alguna infección -especialmente por la Borrelia burdogferi, el virus de la rubéola y el parvovirus B19, entre otros patógenos- o están sometidos a radiaciones electromagnéticas (naturales o artificiales). Soliendo haber sobreproducción de interleucinas (IL-6, IL-1 y FNTa) y linfocitos que estimulan mediadores de inflamación en otras células -como los monocitos, los fibroblastos y los condrocitos- y la activación de complejos inmunes circulantes así como alteración en la interacción Th1/Th2. Patología que los médicos han subdividido en Artritis idiopática juvenil oligoarticular, Artritis idiopática juvenil poliarticular factor reumatoide negativo (seronegativa), Artritis idiopática juvenil poliarticular factor reumatoide positivo (seropositiva) -el caso de su hijo, dolencia en la que suelen estar más afectadas las articulaciones de manos y muñecas-, Artritis idiopática juvenil sistémica, Artritis relacionada a entesitis, Artritis psoriásica… ¡y otras por definir! En cuanto a las siglas ANA corresponden a Anticuerpos antinucleares que no son sino anticuerpos que básicamente atacan el núcleo celular; diciéndose que se es “positivo” cuando su concentración es alta. En cuanto al tratamiento los médicos se limitan a dar paliativos porque ignoran la causa del problema: antiinflamatorios no esteroideos (AINE), corticosteroides -incluyendo infiltraciones en las articulaciones con corticoides de acción prolongada, especialmente el hexacetónido de triamcinolona-, metotrexato, sulfasalazina, ciclosporina, leflunomida, los llamados fármacos anti -TNF (factor de necrosis tumoral) y, en último extremo, cirugía. Pues bien, a nuestro juicio debe usted averiguar ante todo si su hijo está o no afectado por alguna geopatía natural o sometido a radiaciones electromagnéticas artificiales; y si fuera así resuelva el problema lo antes posible. A continuación averigüe si está infectado por algún virus, bacteria u hongo patógeno; lo más rápido es acudir a un buen terapeuta que domine tanto el Par Biomagnético como el Mora (le sugerimos que acuda en Madrid al centro Renacimiento: 91 704 57 81). Paralelamente compruebe si no sufre contaminación química (tóxicos presentes en productos de limpieza, higiene, alimentos en conserva, etc.) y, si fuera el caso, sométanle a quelación. Y averigüe asimismo si el problema está en una intolerancia o alergia alimentaria (lo más frecuente es a los cereales -sobre todo al trigo-, los frutos secos, la leche y sus derivados), a un déficit nutricional -es fundamental el silicio- o a una flora intestinal deteriorada. De hecho la causa de gran parte de las patologías para las que hoy no se encuentra explicación es el ensuciamiento celular. Ya hemos explicado que la mucosa del intestino delgado -de gran superficie (100 metros cuadrados) y extrema delgadez (0,025 milímetros)- puede volverse hiperpermeable cuando es sometida a la agresión de distintos agentes -como algunos estafilococos, colibacilos, estreptococos, etc.-, a algunos medicamentos -antiinflamatorios no esteroideos, salicilatos y corticoides- y a ciertos alimentos difícilmente digeribles, especialmente los cereales refinados y los lácteos. Es pues la alimentación “moderna” lo que más contribuye a deteriorar la permeabilidad de la mucosa. Siendo en función de la estructura de las moléculas procedentes del intestino, los mecanismos con los que éstas obstaculizan el funcionamiento de la célula, el tipo de enzimas afectadas y las distintas reacciones que generan lo que lleva a que se produzca un tipo u otro de patología. En pocas palabras, el ensuciamiento celular es la principal causa de la mayoría de las llamadas enfermedades autoinmunes y reumáticas -poliartritis reumatoide, espondilitis anquilosante, enfermedad de Gougerot-Sjögren, lupus eritematoso, esclerodermia, esclerosis múltiple, enfermedad celiaca, miastenia y enfermedad de Basedow-, de las patologías por ensuciamiento -fibromialgia primitiva, tendinitis, artrosis, osteoporosis, gota, cefaleas, depresión nerviosa endógena, esquizofrenia, migrañas, parkinson, alzheimer, diabetes tipo 2, hipoglucemia, hipercolesterolemia, espasmofilia, arterioesclerosis, dispepsia, litiasis biliar, pancreatitis agudas, hemopatías no malignas, leucemias y algunos cánceres- y de las patologías de eliminación –acné, psoriasis, eccemas, queratodermia, ictiosis, colitis, enfermedad de Cröhn, colopatía funcional, bronquitis crónica, asma, otitis, anginas, sinusitis, rinitis alérgica, infecciones repetitivas, la enfermedad de Behçet, conjuntivitis alérgica y aftas-. Así lo explicaría ampliamente el Dr. Jan Seignalet en su conocida obra La Alimentación, la 3ª Medicina que le sugerimos lea o, en su defecto, entre en nuestra web –www.dsalud.com– y revise los artículos que con los títulos ¿Es el ensuciamiento celular la causa de muchos cánceres? y El Régimen Ancestral del Dr. Jan Seignalet aparecieron en los números 78 y 79 respectivamente. Haga todo lo que le sugerimos para saber la causa -no hay más remedio que hacerlo así- porque podría resolver un problema que para los médicos -y se equivocan- no tiene solución. Está en juego la salud de su hijo. Ánimo.


Sr Director: hace unos dos años me diagnosticaron un linfoma retroperitoneal bajo un falso cólico nefrítico. El diagnóstico fue para comenzar a pensar si quimio o terapias alternativas o, como quiere denominarlas ahora la Organización Médica Colegial (OMC) Terapias Médicas No Convencionales (TMNC). El caso es que tuvimos la suerte de localizar la posible causa: una geopatía en mi propia vivienda. Concretamente una veta de agua y un problema con la red Hartmann en mi dormitorio según constató un geobiólogo, Javier Goyanes, muy escrupuloso en su trabajo y que me recomendó uno de los médicos del Consejo Asesor de Discovery DSALUD, el Dr. Santiago de la Rosa. Bien, pues después de dos largos años de lucha podemos decir que le hemos ganado la primera batalla a aquel linfoma. Acabo de someterme a un autotrasplante autólogo -de mis propias células madre- después de que los últimos PET y la biopsia de médula ósea dieran resultado negativo. Queda todavía una larga lucha para que esta situación se consolide pero ya sabemos cómo ganarla. Y utilizo el plural porque este recorrido lo hemos hecho juntos muchos: yo misma -absolutamente convencida de superar la enfermedad desde el primer momento-, mi familia y amigos -que crearon en mi entorno un colchón emocional-, los profesionales de una magnífica Sanidad Pública que pusieron a mi disposición todos los medios y técnicas de la medicina convencional y un grupo de doctores que consiguieron transformar mi organismo en el mejor instrumento contra el cáncer y crear el medio necesario para la máxima eficacia y menor daño de la tóxica quimioterapia: siete sesiones de R-Chop + TIC y tres de 2ª línea IFE en siete meses. La única consecuencia a día de hoy ha sido la pérdida de pelo, una infección por virus en una herida provocada por una biopsia y, por supuesto, todas las alteraciones analíticas propias del tratamiento. Y, por fin, un trasplante autólogo con alta a las tres semanas sin ningún síntoma ni mayor problema. Me siento afortunada y una privilegiada por haber podido aprovecharme de la Quimioterapia, cuando el avance de la enfermedad la hizo necesaria, y de la técnica del autotransplante cuando aquella hizo su trabajo. Me siento pues afortunada y una privilegiada por haber tenido la oportunidad de conocer y beneficiarme de diversas medicinas alternativas “no oficiales” como la Homeopatía, la Ozonoterapia, la Biorresonancia, la Medicina Ortomolecular y la vacuna autóloga que han tenido un papel que difícilmente podrá ser valorado para poner esta experiencia a disposición de otras personas. Lamentablemente porque el cerrado sistema de la medicina oficial ha impedido que mis hematólogas “supiesen” de estos tratamientos que me apliqué sistemáticamente en mis estancias fuera del hospital. No podían ni querían saber; algunas con resignación y cierta comprensión y otras con virulencia y desprecio. De hecho esos fueron los peores momentos en el proceso de curación de mi enfermedad. Tengo en cualquier caso que resaltar la importancia de la fase inicial en la que opté por tratarme solo con las medicinas alternativas confiando en el control del linfoma antes de recurrir a la quimioterapia destacando especialmente la actitud de tres profesionales como los doctores Santiago De la Rosa y Juan Carlos Pérez Olmedo inicialmente y luego del Dr. Alberto Martí Bosch que no dudaron en recomendarme la Quimioterapia cuando la evolución de la enfermedad lo aconsejó y, por el contrario, la de las hematólogas que calificaban estas técnicas como hierbas o casi brujería y que me estaban radicalmente prohibidas. Fueron momentos muy difíciles, física, emocional y psicológicamente. Yo sé que no hay milagros. Existen unas técnicas muy desarrolladas y eficaces en la medicina oficial de las que podemos disponer en la Sanidad Pública y unas terapias alternativas que de manera natural intentan fortalecer y autorreparar el propio cuerpo, negadas por la medicina oficial pero que pueden ser extraordinariamente útiles para los enfermos de cáncer. En mi caso queda aún mucho trabajo por hacer y para seguir adelante cuento con el consejo y apoyo profesional de esos tres doctores y del equipo de hematólogas de la Sanidad Pública cuyos nombres no cito por no romper ese hermético círculo de la “medicina oficial”. Si como paciente puedo conjugar y sumar positivamente ambas líneas de trabajo, ¿por qué quienes tienen la grandísima responsabilidad de gestionar nuestra salud son incapaces de contrastar lealmente y sumar conocimientos y prácticas para conservar un bien tan básico y escaso como la vida?

Olga Amoedo Cabrera
(Pontevedra)

Nos congratula que esté afrontado tan bien su problema de salud y le deseamos toda la suerte del mundo. Y dejamos constancia de lo que hace aunque nos veamos obligados a manifestar que a nuestro juicio la quimioterapia a la que ha decidido someterse no es oportuna; es más, inferimos que los tres excelentes profesionales que la han tratado y a quienes conocemos bien pueden no haberle puesto pegas si usted les sugirió someterse a ella pero eso no implica que se la hayan “recomendado”; nos consta que ninguno de ellos es partidario de ella. Ahora bien, se trata de profesionales respetuosos con los pacientes que habrán optado por asumir su decisión puesto que se trata de su salud y su vida y, por tanto, quien debe decidir en última instancia. Gracias en cualquier caso por compartir su experiencia y suerte; de corazón.


Estimado Director: ante todo quiero felicitaros por el estupendo trabajo que realizáis cada mes. Leo la revista casi desde el principio y sé que habéis publicado muchos artículos sobre el peligro de las radiaciones electromagnéticas, tema que me preocupa porque tengo niños que utilizan Wi-Fi y también en el trabajo donde estoy en un espacio de 2 metros por uno con Wi-Fi, ordenador… y ahora en vez de teléfono con cable un inalámbrico. Y ahí está el problema: la exposición prolongada a despertadores enchufados a la red -ahora tengo uno con pilas-, los teléfonos inalámbricos e incluso los escucha-bebés que se ponen en las mesillas por la noche cuando los hijos son pequeños me provocan dolores de cabeza, unos extraños dolores en los dientes -como si fueran descargas eléctricas-, náuseas y a saber cuántos problemas más. Bueno, pues la llegada a mi lugar de trabajo de un teléfono DECT ha significado al cabo de una semana la vuelta de unos insoportables dolores de cabeza que ya habían -más o menos- remitido. Y aquí está mi otro problema: ¿cómo demostrar la causa-efecto? ¿Cómo demostrar que algunos aparatos -como el Wi-Fi y otros- me provocan estos problemas? Ya me hicieron pruebas que salieron “bien”: resonancia, electroencefalograma, etc. Cuando le expliqué al neurólogo mi problema con las ondas su respuesta fue suspirar y mirar al techo con cara de desesperado, como si yo estuviera loca. Ahora en mi trabajo están precisamente pidiendo a cada departamento los riesgos laborales y he expuesto este problema que todo el mundo se toma a cachondeo. Me piden un certificado médico como que tengo ese problema pero evidentemente NADIE va a hacer ese certificado y menos el neurólogo puesto que es imposible demostrar que los dolores de cabeza son consecuencia de las ondas electromagnéticas. Es decir, mi cuerpo y yo lo sabemos pero como en un juicio lo tendría que demostrar… Es triste pero antes que quitar el Wi-Fi de las oficinas me quitarían a mí de encima. Mucho más sencillo. No sé, quizás pueda conseguir que me quiten al menos el inalámbrico. Mis preguntas son: ¿cómo se miden las ondas? ¿Es sencillo? Al menos para saber qué radiación tengo en mi súper-mini-despacho. 2) En vuestra revista se han anunciado muchas veces unos “parches” anti-ondas electromagnéticas -en este momento no me acuerdo de su nombre- que se “pegan” a los teléfonos o se llevan puestos. ¿Son realmente eficaces? No recuerdo si habéis escrito algún artículo sobre esos “escudos” anti-ondas pero como he conservado casi todos los números de la revista si es el caso os agradecería me indicaseis en cuál salió. Muchísimas gracias.

Ana Quirós

Hoy hay sofisticados aparatos que permiten medir tanto las radiaciones electromagnéticas de alta frecuencia –es el caso de las que emiten las antenas, los Wi Fi y los teléfonos móviles- como las de baja frecuencia –lo son las de las torres de alta tensión y los centros de transformación-. Hablamos de ello en el nº 116 en un reportaje titulado Dispositivos para saber en qué medida nuestro entorno está contaminado electromagnéticamente dedicado a los que en España comercializa Gigahertz Solutions. Ahora bien, son caros: alrededor de 3.000 euros uno bueno. Más vale pues encargar el trabajo a alguien experto por lo que te sugerimos que entres en la web de la Fundación para la Salud Geoambiental (www.saludgeoambiental.org) y pidas presupuesto. Respecto a los dispositivos que protegen de las ondas electromagnéticas hemos hablado igualmente de varios; aparecieron con los títulos Cómo reducir los efectos nocivos de teléfonos móviles, ordenadores y televisores, Crean un dispositivo eficaz para protegerse de la radiación de los teléfonos móviles, Un nuevo dispositivo demuestra que protege de las radiaciones de los móviles y Desarrollan un eficaz dispositivo antirradiación en los números 36, 70, 110 y 155 respectivamente. Te sugerimos probar con el Chi-e-Harmonizer que en España comercializa Aguavital y cuya eficacia probó un equipo dirigido por el profesor José Luis Bardasano, presidente de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias de la Salud. Por lo que se refiere a las radiaciones en tu trabajo sabemos bien lo difícil que es concienciar a la gente de su peligrosidad aunque sí sería posible ganar el juicio porque hay expertos que podrían testificar o acudir como peritos ante el juzgado. El problema es que sería un proceso judicial largo y caro.


Sr. Campoy: hace tiempo leí en la revista que las cándidas se eliminan con la ingesta de simple bicarbonato sódico. Bueno, pues he seguido un tratamiento con medicina natural pero sigo sin encontrarme bien. Me gustaría saber la cantidad de bicarbonato que tengo que tomar y durante cuánto tiempo. El homeópata me dijo también que padezco estrés oxidativo y riesgo de padecer pancreatitis. Ahora estoy tomando Vita.Vit siempre tengo mala conciencia. Soy intolerante al gluten, a la lactosa y a la soja por lo que llevo años sin tomarlos; por lo demás procuro que mi alimentación sea sana. Espero su respuesta. Gracias.

Mª Ángeles T. G.

¿Dónde se le ha manifestado la candidiasis? ¿En la piel? ¿En las uñas? ¿En manos y pies? ¿En las axilas? ¿En la boca? ¿En la garganta? ¿En el esófago? ¿En el aparato digestivo? ¿En la vejiga urinaria? ¿En la vagina? ¿Es superficial? ¿Quizás diseminada o sistémica? No es usted muy explícita. Mire, todos tenemos cándidas. Conviven con nosotros sin problema salvo que se altere su hábitat y empiecen a crecer en exceso pues en tal caso sí hay que controlarlas. ¿Y cuál puede ser la causa? Pues lo más normal es que se deba a un excesivo consumo de azúcares -incluidas las frutas y los hidratos de carbono refinados- y levaduras así como de alimentos envasados (en especial los enlatados) y ahumados. Aunque asimismo puede provocar el problema la ingesta de antibióticos, anticonceptivos, inmunodepresores y quimioterápicos; especialmente si las defensas están bajas. Médicamente la candidiasis se trata con antimicóticos (anfotericina B, caspofungina, voriconazol, clotrimazol, nistatina, fluconazol, ketoconazol, gluconato de clorhexidina…) que a menudo hacen desarrollar resistencia a los mismos agravando el problema. Así que ante todo elimine de la dieta los alimentos que lleven azúcares -salvo el xilitol y el eritritol que sí puede tomarlos-, los carbohidratos (pan, pasta, galletas, bollería, pasteles, dulces, arroz blanco, jarabes, siropes, miel, etc.), las bebidas alcohólicas -incluidas la cerveza y el vino-, la leche, la mayonesa, la nata, los quesos curados, los productos fermentados, el vinagre, los encurtidos, las carnes ahumadas, desecadas, crudas o preservadas con otros procesos, los pescados ahumados, el chucrut y otras verduras fermentadas, el miso, la salsa de soja, el tamari, el tempeh, el umeboshi, los cubitos de caldo, los extractos de levadura, el chile, el curry, los frutos secos -en especial los cacahuetes-, las setas y los champiñones. Son buenos en cambio los vegetales frescos y los germinados; especialmente ajo, cebolla, cebolleta, puerro, brócoli, aloe vera, pipas de calabaza, jengibre, canela, tomillo, equinácea y romero. Compruebe también si tiene carencia de hierro o zinc pues eso predispone a padecer micosis. Sepa además que son útiles el bicarbonato sódico, las vitaminas B6, B9 (ácido fólico) y C, el ácido caprílico y el ácido pantoténico. En suma, reequilibre su organismo. Le sugerimos que ayune 3 o 4 días tomando una cucharada de bicarbonato sódico diluida en agua templada 4 veces diarias. Póngase asimismo un enema diario con litro y medio de agua caliente -sin que queme- a la que deberá añadir dos o tres cucharadas del mismo bicarbonato (compre en la farmacia una bolsa de plástico que se vende ex profeso para ello). Y si su problema es vaginal compre una pera de agua para irrigar la vagina interiormente con agua y bicarbonato sódico. Machaque asimismo 2-3 dientes de ajo una vez al día junto a un cuarto de cebolla, macere la mezcla con limón unas horas y luego ingiera la mezcla sola, en ensalada o como prefiera. Y haga eso a diario durante el ayuno. A partir del cuarto/quinto día empiece ya a alimentarse “normalmente” pero exclusivamente a base de verduras, pescado fresco y carne blanca durante una semana. Y luego, durante un mes, evite ingerir el resto de los alimentos mencionados. Asimismo le sugerimos que se someta a un tratamiento con el Par Biomagnético. Obviamente si el problema es tópico puede recurrir al ozono, a la plata coloidal o al “humilde” vinagre.


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Abril 2014
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