CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 192 / ABRIL / 2016

Estimado Sr. Campoy: querría pedirles ayuda para mi marido. En 2007 se le diagnosticó Síndrome de Fatiga Crónica y aunque sus primeros síntomas comenzaron hace ya 13 años sufre presión en las sienes, mareos, sequedad de boca, irritabilidad, pérdida de memoria, dificultad de concentración y de expresión -le cuesta hasta vocalizar-, palidez de rostro, enrojecimiento de los ojos, hormigueo en las piernas y últimamente calor en la planta de los pies, estreñimiento y sueño no reparador sin contar la debilidad y la fatiga… por no mencionar otros. Como imaginarán hemos hecho un vía crucis por diferentes médicos y especialistas -de digestivo, reumatología y psiquiatría, entre otros- que en ningún caso han sabido ayudarle a mejorar siquiera su calidad de vida y a los que fuimos nosotros quienes tuvimos que pedir que barajaran la Fatiga Crónica como posibilidad entre sus diagnósticos. Actualmente tiene 49 años, no ha fumado nunca, no ha sido operado de nada y practicaba tenis una vez por semana pero lo ha tenido que dejar. Se le han realizado varias analíticas muy completas -incluso test de intolerancias alimentarias- pero lo único que se le ha diagnosticado ha sido hipoparatiroidismo secundario a hipovitaminosis D y posteriormente hipovitaminosis de vitamina C que es para lo único que le han mandado algún remedio. Y le han realizado otras pruebas como panendoscopia y rectocolonoscopia. Además tiene hernia de hiato. Actualmente solo recurre a Optovite B12 1000 gammas -vía intramuscular- cuando ya no puede más y nunca con intervalos inferiores a una semana. Llevó una dieta antiinflamatoria durante un tiempo en la que notó algo de mejoría pero no la continúa así que nos gustaría que nos asesorasen también sobre este tema. Ha cogido solo dos veces la baja laboral -varios meses en 2010 y 2014- aunque es una persona muy responsable y debió hacer lo mismo en otras ocasiones. El caso es que su lucha y esfuerzo diarios para poder ir a trabajar es mayor. ¿Pueden ayudarle? Muchas gracias por adelantado.

Ana García

Hemos publicado numerosa información sobre la fatiga crónica que usted y su marido tienen a su alcance en nuestra web: www.dsalud.com. Entre otros textos en los artículos que con los títulos Un enfermo de fibromialgia descubre cómo curarla, Cómo afrontar ortomolecularmente la fibromialgia, ¡Confirmado!: la causa de numerosas patologías se debe a intolerancias alimentarias, Martin Pall: “La fatiga crónica, la fibromialgia, la sensibilidad química múltiple y el trastorno de estrés post-traumático pueden tratarse de forma natural” y Un nuevo dispositivo bautizado como RBF-01 alivia los síntomas de la fibromialgia aparecieron en los números 35, 110, 121, 134 y 135 respectivamente. Dicho esto le adelantamos que la fibromialgia puede deberse a disfunciones digestivas -especialmente las provocadas por la ingesta del gluten de los cereales y los lácteos-, a intoxicación por sustancias químicas -destacando metales pesados como el mercurio (habitual en empastes y vacunas) y el aluminio (presente en algunos antiácidos)-, algo que suele dar lugar a acidificación del organismo, a déficits nutricionales -sobre todo de sodio, potasio, calcio, magnesio, Q10 y vitaminas del grupo B, C y D- y a la presencia de parásitos y microbios patógenos. De ahí que al recibir su carta ya les adelantáramos que convendría que su marido se hiciera un Test Melisa para valorar una posible intoxicación por metales pesados -hablamos de él en el nº 190-, que acudiera a un experto en el Par Biomagnético para descartar o confirmar que no se debe a microbios o parásitos patógenos -como Juan Carlos Albendea (91 704 57 81)- y que ingiriera el producto del que nos hicimos eco en el reportaje aparecido en el nº 35 antes citado y que se vende en farmacias como Recuperation. Cabe añadir que el pasado mes de marzo nos hicimos eco de la elaboración por el Dr. Jose Ignacio Lao Villadóniga -director Médico de Genomic Genetics International en el Institut Universitari Dexeus de Barcelona- de un test genético que permite diagnosticar la fibromialgia y proponer tratamiento pues determina la capacidad de detoxificación del organismo mediante el análisis de 10 genes específicos, la respuesta inflamatoria exagerada por parte del sistema inmune evaluando 5 genes, un posible déficit de vitaminas del grupo B que afecte a las vías de metilación mediante el análisis de 8 genes, el estado del metabolismo hormonal analizando 7 genes, el potencial neurocognitivo analizando 9 genes relacionados con el equilibrio entre neurotransmisores y un estudio farmacogenético que permite conocer cómo metaboliza los medicamentos cada enfermo y revela de paso las pautas nutricionales y de suplementación más apropiadas para cada caso. Dicho esto añadiremos que si precisa de algún médico en Madrid que supervise el tratamiento puede acudir al Dr. Santiago de la Rosa (91 431 35 16).


En primer lugar, felicidades por la revista. Quisiera que me aclarasen algo respecto a la glicina pues soy enfermero pero también corredor de media maratón y tomo prácticamente a diario suplementos para las articulaciones, uno de ellos glicina con silicio de una conocida marca y además un suplemento de glicina pura. El caso es que mirando la versión online de su revista leí en la sección de Noticias del nº 151 el siguiente titular: La glicina, fundamental en la proliferación del cáncer. Noticia en la que se habla de un estudio realizado por un equipo dirigido por Vamsi Mootha en la Universidad de Harvard (Boston) y publicado en la revista Science según el cual su principal hallazgo es que «las células tumorales que proliferan rápidamente consumen mucha glicina (…) Infiriendo esos investigadores que la glicina está pues relacionada con la velocidad de la división celular en casos de cáncer». Pero luego -en el número de octubre de 2015- ustedes entrevistaron al catedrático de Bioquímica Enrique Meléndez Hevia, director del Instituto de Metabolismo Celular de Canarias, en el que éste habla de la importancia de la glicina en determinadas enfermedades; como la artrosis, la osteoporosis, etc. Pues bien, accedí por curiosidad a la página web de ese instituto, leí algunos artículos sobre la glicina y hubo uno que me llamó la atención porque en él se llega a afirmar que el uso de glicina en pacientes con cáncer es beneficioso e incluso hay una clara reducción del tumor, de las metástasis y de los marcadores tumorales. Y que las personas que toman glicina se recuperan más rápidamente de los efectos de la quimioterapia lo que conlleva un aumento de la esperanza de vida en varios años. Y he ahí mi duda: un estudio dice que la glicina hace crecer más rápidamente los tumores al aumentar la división celular cancerosa y el otro lo contrario. La pregunta es obvia: ¿quién tiene razón? ¿Debe o no tomar glicina un paciente con cáncer? ¿Depende quizás del tipo de cáncer? Y si la respuesta es afirmativa y la glicina es útil, ¿en qué casos y qué cantidad debería tomarse? Gracias.

Miguel Jurado

El trabajo del Dr. Vamsi Mootha que usted cita y del que nosotros nos hicimos eco constató efectivamente in vitro que las células tumorales que proliferan rápidamente consumen mucha glicina y que si se les priva de ellas -bien eliminando el aminoácido del medio de cultivo, bien bloqueando las enzimas implicadas en su metabolismo- se dividen más despacio (lo mismo que ocurre si se las priva de glucosa). Y a continuación analizaron cerca de 1.500 enzimas y observaron que las necesarias en la mitocondria para la síntesis de glicina están entre las que más se expresan en los cánceres de mama de peor pronóstico lo que a su juicio parece sugerir que la glicina ayudaría a que los tumores crezcan… solo que eso no está constatado. De hecho el Dr. Enrique Meléndez Hevia, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular, ex Decano tanto de la Facultad de Farmacia como de la Facultad de Biología de la Universidad de la Laguna (Tenerife), ex Vicerrector de Ordenación Académica de la misma universidad, autor de numerosos trabajos científicos y miembro de nuestro Consejo Asesor desde su creación opina justo lo contrario. Decidimos pues ponernos en contacto con él y, de forma resumida, esto es lo que nos diría: «La glicina es un aminoácido esencial en muchos procesos metabólicos, especialmente para la síntesis y regeneración del colágeno, principal proteína estructural del sistema mecánico (tendones, huesos y cartílagos) y de la piel. Pues bien, la propagación de las células cancerosas es posible porque degradan el colágeno de los tejidos para avanzar. Es verdad que el cáncer -de cualquier tipo- se caracteriza por un crecimiento celular desordenado y excesivo pero no es ésa su principal característica ya que lo mismo ocurre en los tumores benignos. Lo que distingue un tumor maligno de uno benigno es que las células cancerosas del primero son invasivas y agresivas; atacan a otras células e invaden los tejidos adyacentes provocando metástasis. Y eso no pueden hacerlo sin destruir antes el colágeno del tejido conectivo en el que se encuentran cuyo principal componente es la glicina. Es más, este aminoácido interviene en muchos otros procesos, entre ellos el de la división celular ya que es un precursor de las bases púricas componentes de los ácidos nucleicos. Luego la glicina impide la expansión de los tumores malignos al reforzar el colágeno. Pues bien, lo que Vamsi Mootha y sus colaboradores afirman en el trabajo Metabolite profiling identifies a key role for glycine in rapid cancer cell proliferation publicado en Science es que la glicina está «relacionada con la velocidad de la división celular en casos de cáncer» pero nada más. Y lo han visto en un cultivo de células aisladas lo que no permite estudiar el desarrollo del cáncer porque esas células no tienen las dos principales características de las malignas: la invasividad y la agresividad. Un modelo experimental adecuado debe incluir un entorno con colágeno que obstaculice la proliferación de las células. ¿Que las células cancerosas consumen glicina para multiplicarse? Sí. Y las sanas también. Y restringir la glicina no es una solución porque ese aminoácido lo puede sintetizar cualquier célula por sí misma y eso incluye a las cancerosas. De hecho su capacidad de sintetizar glicina es mayor que su consumo incluso cuando proliferan rápidamente. Recordemos que en la síntesis de bases púricas para obtener ácidos nucleicos la célula consume glicina pero ese consumo es inferior a su capacidad de síntesis ya que la glicina se produce por división del aminoácido serina en dos partes: una molécula de glicina y una unidad del fragmento monocarbonado. La síntesis de una molécula de purina consume 2 unidades de este fragmento y 1 molécula de glicina; y esa proporción no puede variarse. Lo que significa que en la síntesis de una molécula de purina… sobra una de glicina. En suma, las células cancerosas consumen glicina pero la sintetizan en la misma cantidad. Lo demostró el trabajo Serine but not glycine, supports one-carbon metabolism and proliferation of cancer cells de Vousden, Maddocks, Labuschagne, Van den Broek y Gillian publicado en 2014 en Cell Reports según el cual no es la glicina sino la serina -su precursora y asimismo precursora de las unidades de monocarbonos- lo que más consumen las células cancerosas. Puede en definitiva inferirse que la ingesta de glicina es útil para tratar el cáncer ya que reforzar el sistema mecánico dificulta o impide el crecimiento tumoral así como la metástasis. Además su ingesta ayuda a reparar los daños colaterales -principalmente mecánicos- que provoca la quimioterapia». Tal ha sido la respuesta del Dr. Meléndez Hevia que esperamos le haya sido útil.


Sr. Director: a principios de marzo pasado vi en Televisión Española (TVE) un capítulo de la serie Centro Médico en el que salía una mujer a la que diagnosticaron una esteatosis hepática -un hígado graso, vaya- y cuando alegó que ella era abstemia y hasta en su boda había brindado con zumo de naranja le respondieron que en ese caso se trataba de una esteatosis no alcohólica y el problema era aun más grave porque es una enfermedad que no tiene cura. Y para mi asombro la doctora que la atendió le dijo que solo había una solución: ¡un trasplante urgente de hígado! Y de hecho se lo hicieron. Terminaron quitándole el hígado e insertándole el de un donante. Quedé anonadada porque yo tengo el mismo «problema» -un hígado graso no causado por alcohol ya que no bebo- ¡desde hace 20 años! ¿Cómo es posible? ¿Por qué yo vivo si es un problema de vida o muerte? Y además lo hago sin problemas de salud. Hago una vida completamente normal. Simplemente cuido mi alimentación siguiendo una dieta que, por cierto, es muy similar a la que se propone en su libro La Dieta Definitiva. ¿Pueden ustedes explicarme cómo en una serie de televisión de éxito que ven millones de personas puede hacerse una afirmación como ésa? ¿Cómo puede decirse sin matices y sin hacer referencia a otros posibles problemas complementarios que pudiese justificarlo que una esteatosis hepática no alcohólica no tiene cura y exige un trasplante de hígado? Les agradeceré sinceramente que me respondan lo antes posible porque al igual que yo hay muchos otras personas con ese problema. Me despido agradeciéndoles de corazón su valentía y su trabajo.

Macarena García
(Barcelona)

Esa serie está protagonizada por actores aunque dicen que se basa en casos reales. Pues bien, si realmente una doctora dijo eso refiriéndose a una esteatosis hepática no alcohólica y no había ninguna otra causa para el trasplante ello exigiría una investigación y el procesamiento de los responsables. Lo podemos decir de forma más extensa pero no más clara. Otra cosa es que además hubiera hepatomegalia -aumento patológico del tamaño-, inflamación, fibrosis, cirrosis o un hepatocarcinoma. Hay cientos de miles de personas con hígado graso de origen no alcohólico y afirmar que todos necesitan un trasplante para sobrevivir es una memez. Basta seguir una dieta adecuada sin alcohol, sin zumos de fruta industriales, baja en azúcares y carbohidratos refinados y libre de grasas saturadas animales y “trans” así como carente de tóxicos (lo suyo es ingerir mucha verdura fresca de temporada y sin pesticidas). Es más, puede superarse por completo como ya explicamos en el reportaje que con el título El hígado graso se debe al exceso de azúcares y al déficit de colina apareció en el nº 183 de la revista y puede usted leer en nuestra web: www.dsalud.com. Y ello pasa por hacer a diario algo de ejercicio suave, seguir la dieta antes sugerida -compleméntelo ingiriendo el zumo de un limón mezclado con agua antes de desayunar-, asegurarse de ingerir prebióticos y probióticos -en especial L. casei– hasta resolver el problema y tomar -a las dosis adecuadas- colina (absolutamente fundamental), metionina, lecitina, sulforafano, silimarina, carbón vegetal activado, pycnogenol, cobre, zinc y omega-3. Hágalo y la grasa del hígado desaparecerá.


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192
Abril 2016
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