CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 174 / SEPTIEMBRE / 2014

Señor Director: a mi cuñada le salieron a los 44 años de forma espontánea y sin darse ningún golpe tres manchas redondas de color morado en la cara anterior de las piernas; dos de ellas en la pierna izquierda y una en la derecha. Acudió al dermatólogo y éste le mandó hacer una biopsia pero aún con esto no le supo dar ningún diagnóstico. Visitó entonces a un internista y éste le diagnosticó granuloma anular que podía deberse a una diabetes -problema que mi cuñada ni padecía en ese momento ni en la actualidad- o tratarse de una patología basada en antecedentes genéticos; solo que tras revisar la historia de la familia hasta tres generaciones atrás quedó claro que no había base para ese diagnostico. En suma, ambos especialistas le prescribieron una pomada con corticoides que fue completamente ineficaz. De eso hace ya trece años y en este tiempo las manchas se han ido agrandando; de hecho las dos de la pierna izquierda se han unido y del color morado han pasado a un tono rojo oscuro; además le ha salido una nueva mancha en la pierna derecha (al palparlas, por cierto, se nota que la superficie que ocupan está «hundida»). El caso es que ha acudido a otro dermatólogo que esta vez le ha diagnosticado “necrosis lipoídica”, patología que según dice no tiene tratamiento. En fin, soy lectora habitual de la revista desde hace siete años y me gustaría saber qué pueden decirme del mal que aqueja a mi cuñada; posible origen, evolución y tratamientos. ¿Hay algún especialista, sea de la medicina alopática o alternativa, que pudiera ayudarle. Le agradezco de antemano su atención y aprovecho la oportunidad para hacerle llegar mi agradecimiento a usted y al equipo que dirige por la excelente labor de docencia y divulgación que están llevando a cabo. Les saluda atentamente,

Mª Carmen Porcel Jiménez
(Granada)

Los médicos llaman granuloma anular a la aparición en la piel de tumoraciones rojizas y pequeñas pápulas que tienen forma de círculo o anillo cuya causa se desconoce aunque a veces aparecen en personas que sufren diabetes o problemas de tiroides (tanto hipoactividad como hiperactividad); normalmente en manos, pies y zonas posteriores de antebrazos y piernas (en casos raros la erupción aparece en todo el cuerpo). Y como se desconoce qué lo provoca suele recomendarse solo el uso de cremas con corticosteroides aunque algunos médicos optan por intentar congelar la zona con nitrógeno líquido y otros usan radiaciones de luz ultravioleta. Llegando los más condicionados por la industria farmacéutica a sugerir el consumo de fármacos que inhiban el sistema inmunitario. Sin embargo a menudo la causa es una infección fúngica o micótica -es decir, por hongos- lo que debe descartarse haciendo un raspado de piel o una biopsia. Ahora bien, la mayoría de los granulomas anulares -que suelen aparecer más en mujeres- desaparecen sin tratamiento antes de dos años y es pues raro que se trate del caso que nos consulta. Añadiremos que hoy se sospecha que el problema puede estar relacionado con un desequilibrio hormonal. En cuanto a la Necrobiosis lipoídica se llama así a la aparición de lesiones de forma irregular y color marrón rojizo, placas amarillentas con pequeños vasos sanguíneos visibles (telangiectasias), atrofia en la parte central y bordes de color violáceo; lesiones que veces se ulceran e incluso dar lugar a un carcinoma de células escamosas. No se parece pues al granuloma anular y no se entiende por tanto diagnósticos tan dispares en el caso de su cuñada. De hecho estas lesiones pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, incluido el cuero cabelludo y provocar alopecia. Y aunque también se ha asociado a la diabetes mellitus -entonces la llaman Necrobiosis lipoídica diabeticorum– lo cierto es que la mayor parte de los diabéticos no la padecen (solo un 0,3%). Si se da en cambio en personas con lupus eritematoso sistémico, enfermedad de Cröhn, tiroiditis, artritis reumatoide, linfomas y otras afecciones. Y como ningún tratamiento es eficaz algunos médicos optan por eliminar la lesión quirúrgicamente y colocar luego un injerto de piel. En suma, se considera una patología que provoca la degeneración del colágeno y a menudo cursa con una lesión estructural de la pared vascular -principalmente arteriolas y capilares- que se engrosa (a lo cual le llaman microangiopatía). En suma, se ignora también la causa y se trata pues igualmente -sin éxito- con corticosteroides, fototerapia, tratamientos antiplaquetarios e inmunomoduladores. Lo que sí se sabe es que la sufren muchas personas afectadas de tabaquismo. En suma, el Granuloma anular no presenta el aspecto graso y color amarillo típico de las placas de la Necrobiosis lipoídica; más parecido tiene de hecho la sarcoidosis. Ahora bien, hay un dato poco conocido e interesante y es que personas con Necrobiosis lipídica a las que se trasplantaron el páncreas y algún riñón se curaron de forma espontánea. ¿Y qué puede causar entonces el problema de su cuñada, y aún más, las dos patologías que le han diagnosticado y otras muchas de diferentes denominaciones y origen igualmente desconocido? Lo habitual es que un problema dérmico se deba a una irradiación solar excesiva o a químicos externos presentes en jabones, detergentes, tintes (para el pelo y la ropa), cosméticos, lacas, pinturas, barnices, tejidos sintéticos, etc., así como a plantas venenosas -como la hiedra o el zumaque-, a tóxicos químicos que pueden proceder de vacunas, fármacos (especialmente los estrogénicos) y aditivos alimentarios (conservantes, colorantes, aromatizantes, saborizantes, emulsionantes, espesantes o gelificantes) así como de pesticidas, herbicidas, fungicidas, insecticidas y abonos químicos. E igualmente puede deberse a alimentos transgénicos, a intolerancias o alergias alimentarias y al contacto con disruptores endocrinos (sustancias que alteran el sistema hormonal); es decir, a plaguicidas y biocidas (contienen chlorpyrifos, diazinon, dichlorvos y carbamatos), envases de plástico (incluidas las botellas), tetrabricks y latas de conserva (contienen ftalatos y BPA), resinas epoxi (BPA) y algunos detergentes… entre otros artículos de uso común. A lo que hay que añadir metaloides como el plomo, el arsénico o el tributilestaño utilizados en la industria al igual que el humo de los motores diesel y el del tabaco. Y, por supuesto, posibles infecciones por priones, virus, bacterias, hongos, áscaris y parásitos o mordeduras de insectos. Es más, muchas «enfermedades» pueden causar problemas dermatológicos; como el lupus eritematoso, la sarcoidosis, la artritis reumatoide, la enfermedad de Cröhn, la tiroiditis crónica o «enfermedad de Hashimoto», los linfomas, la «enfermedad de Kawasaki»… Y que en la piel puede reflejarse todo lo negativo que sucede en el interior del organismo. Pudiendo deberse por tanto las erupciones cutáneas -de todo tipo- a muy distintas alteraciones endocrinas y metabólicas, especialmente a las de carácter digestivo. Nuestro consejo pues -y nos repetimos una vez más- es que su cuñada evite todo producto tóxico y desintoxique, alcalinice y oxigene su organismo. Entre otras cosas porque donde está equilibrado el pH ¡no pueden sobrevivir los gérmenes patógenos! Y mientras que se aplique en la zona afectada -tres veces al día- jalea real diluida (10 gramos por litro de agua).


Hola; soy una chica de 22 años que vive en Valencia y llevo un año sin encontrarme bien. Hace algo más de un año empecé a sentirme hinchada a pesar de estar delgada, me cansaba fácilmente, sudaba en exceso, tenía mal olor vaginal me pusiera lo que me pusiera y me salieron bastantes ojeras. El año anterior estuve por la noche de fiesta en Nochevieja en la que tras beber y dormir y comer poco tuve al día siguiente una taquicardia bastante intensa por lo que tuve que ir a Urgencias donde me dieron diazepan. Como al día siguiente se me pasó no le di más importancia pero este verano llevé un ritmo un poco más movido y estresante y tras las fiestas de mi pueblo -no tomo ni he tomado nunca ninguna droga- empezaron a darme taquicardias de nuevo. La cosa es que aparecieron 3 días después de finalizar las fiestas y me daban incluso estando dormida. Estuve así un par de semanas y un mes con vértigos. Desde entonces he ido ya al médico 8 veces y otras 3 a Urgencias; una vez incluso tuvo que venir a mi casa de noche el médico de urgencias y pincharme no se qué. Y lo único que me dicen es que tengo ansiedad. Pero no es cierto: a mí la ansiedad me la producen ellos de la impotencia. Porque les he tenido que suplicar que me hicieran pruebas y lo único que hacían era mandarme al psiquiatra el cual me dio una pastilla que me puso mucho peor; me ardía el cuerpo por dentro y después me dijo que de la cabeza estaba bien y me fuera a casa. La cosa es que ya me han hecho electrocardiogramas, placas de tórax y abdomen, análisis de orina y heces y análisis de sangre y lo único que apareció según ellos es un poco de infección en la orina de uno de los análisis, gases en el abdomen, los linfocitos un poco altos y la glucosa un poco baja pero mi médica me dijo que eso era normal. El caso es que después de las taquicardias y los vértigos -llegué a sentir como si no estuviera donde estaba, una sensación muy extraña- me bajó la tensión durante 2 meses; la baja no me subía de 5 y tenía que desayunar anchoas con sal y jamón para poderme levantar de la cama cuando yo ni tengo anemia ni he tenido antes absolutamente ningún tipo de problema ni con la tensión ni con el azúcar. Mis propios padres y hermanos, al principio, como las pruebas generales que me hicieron salían «normales» también pensaron que sería ansiedad ya que no se explicaban qué otra cosa podía ser. A veces tenía incluso que dormir nada más comerme un plato de fideos porque sentía como si no tuviera energía y me mareaba hasta la luz pero yo sé que no es ansiedad. En fin, tras las taquicardias, los vértigos y la tensión baja y ya que los médicos no me encontraban nada me puse a mirar por internet. Hasta llegué a pensar que tenía «mal de ojo» de la desesperación pero al final inferí que podía ser candidiasis crónica por los síntomas así que me compré el libro de Cala H. Cervera, dejé de comer azúcares, pastas y frutas y mejoré un poco; al menos podía ir a la universidad porque antes no me podía ni mover pero entonces empecé a tener subidas y bajadas de azúcar. La tenía muy alta sobre todo por la mañana y me daban mareos aunque luego se me reguló sola. También empezaron a darme pinchazos por el cuerpo bastante dolorosos y leí que podía ser fibromialgia pero al mes me desaparecieron sin hacer nada. Desde que dejé de tomar azúcares mejoré un poco. Ya no tenía diarreas, solo estreñimiento, y convencí a mi madre para ir a una naturópata que trataba la candidiasis. Llevo ya unos 3 meses yendo y me dijo que mi problema tenía toda la pinta de ser micosis por cándidas. Me dio unas vitaminas, unas pastillas para limpiar el hígado y me dijo que ingiriera agua de mar y siguiera una dieta más rica en proteínas para no perder más peso. Mejoré un poco pero luego me estanqué de nuevo. Entonces pensó que igual eran parásitos y me mandó un purgante con ajo macerado, pastillas de cardo mariano y flores de bach. Al principio no pasaba de 3 gotas de ajo diluidas en agua porque me daban pinchazos en la zona del hígado y el bazo así como dolores de cabeza- parecidos a las resacas y a las migrañas- pero ahora ya puedo tomarme 25 gotas. Solo que al cabo de un tiempo me empezaron a dar dolores en piernas y brazos -por dentro, como si se me inflamaran las venas o arterias- y pensé que serían los tóxicos que liberan los parásitos al ser eliminados. Además empecé a ver borroso a ratos aunque luego se me pasaba pero en el ojo izquierdo me han salido unos puntitos negros que veo con fondos blancos y que se mueven. Me han dicho que puede ser por algún problema con el nervio del ojo pero que al año o así se me irían quitando. También se me inflamaron bastante las anginas; tenía la sensación de tener todo el rato algo en la garganta. De hecho a veces me salieron de ella trocitos blancos pequeños que yo creía que era comida pero me dijeron que eso eran linfocitos y ocurre cuando hay alguna infección pero mi médica, de nuevo, me dijo que eso precisamente me pasaba porque estaba sana. También me ha salido alguna grietilla pequeña en el esmalte de los dientes, me duele bastante la espalda y a veces me noto las venas o arterias azules de las muñecas inflamadas; o sea, se me notan más. En las piernas también. Y a veces, al doblar los dedos, noto de vez en cuando las articulaciones como resecas. Mi naturópata me puso también una máquina en los pies con agua de desintoxicación por iones y me fue bastante bien. Luego me pasó una vez el Zapper y me salieron como mini-varices, o sea, venillas pequeñas en el muslo derecho; y me ha dicho que el mes que viene seguiremos tratando las cándidas pero yo, por los síntomas, creo que tengo todavía parásitos. Actualmente estoy tomando tintura de ajo, propóleo, agua de mar, Flores de Bach, aloe vera, unas gotas de aceite de árbol del té, cardo mariano, sauzgatillo -que se supone me debería regular el sistema hormonal porque la menstruación me duele bastante, me dura poco y tarda mucho en bajar-, centella asiática -para la circulación-, amargo sueco -para limpiar también-, equinácea -para los resfriados-, enzimas digestivas -porque me daban alergia algunas comidas-, ácido caprílico y molibdeno. En fin, ahora estoy bastante mejor; incluso puedo nadar en la piscina sin tener que dormir luego pero a veces me sigue doliendo la cabeza y se me inflaman los ojos, como si se me salieran un poco para afuera. Me dijeron que los nervios provocan a veces que el cuerpo se ponga en actitud defensiva y la sangre vaya del estómago a los músculos y por eso se me «salían» los ojos y veía borroso. Y desde que he vuelto a tomar una cosa que se supone mata parásitos y se llama Ergypar -contiene nogal negro y más cosas- a veces se me dilatan las pupilas, me dan pinchazos por la parte del hígado, me duele la cabeza, me dan espasmos musculares de tanto en tanto y sigo teniendo retortijones aunque cuando me pongo enemas con agua de mar mejoro. El otro día se me agarrotó el antebrazo izquierdo al poner peso en él; supongo que será de la flojera que tengo. Y también se me hinchan de vez en cuando las pantorrillas y me duelen; no sé si será hormonal, de los riñones o de qué. Mi naturópata me ha dicho que la energía de mis riñones la tengo floja. También se me resecan los labios y los ojos, sobre todo por las noches. Y me han hecho ecografía de las mamas porque antes de la regla se me inflamaban mucho -sobre todo uno- y me dolían más que antes de todo esto. Me vieron un quiste de líquido del tamaño de una lenteja que me dijeron que no tenía importancia y seguramente se me quitaría pero que volviera a ir al cabo de un año. También se me inflama a veces la lengua -cuando como cebolla por ejemplo- y me han salido en los labios puntitos blancos pequeños. Muchos. Lo que pasa es que no se aprecian si no te fijas bien. Al principio pensé que podían ser hongos pero luego leí por ahí que eran puntitos de grasa que salían. Supongo que será algún trastorno hormonal causado por los tóxicos de los parásitos, bacterias o lo que sea que tenga porque la regla no se me regula. A veces me duele la cabeza desde la nuca y me dan dolores por brazos y piernas pero esta vez son diferentes; es como si tuviera tirantez por dentro, por venas arterias. Y me duelen los huesos como cuando era pequeña y crecía. También tengo picores en el intestino aunque ya no sé si es por sequedad o parásitos porque tengo bastante mucosidad en las heces y antes también tenía picores en la nariz; incluso tenía olores fuertes y una vez me sangró estando acostada y tiré la sangre por la boca pese a que a mí, antes, jamás me había sangrado. Y me cuesta respirar donde hay humo. Además me he resfriado con fiebre 2 veces. En definitiva, no sé si estoy siguiendo el tratamiento correcto y si lo que me está pasando es normal. ¿Me pueden orientar? Porque aunque desde primeros de junio me encuentro bastante mejor no logro recuperarme del todo. Un saludo y permítanme por favor que firme con pseudónimo para salvaguardar mi identidad.

Esther López
(Madrid)

La verdad, ¡vaya cuadro para tu edad! Mira, es evidente que tantos síntomas distintos sin causa aparente ni conexión indican que hay un problema sistémico. Y aunque te sorprenda -a ti y a muchos lectores- tenemos que decirte que leas la respuesta a la carta anterior porque lo que debes valorar y hacer es exactamente lo mismo. No se trata de tomar unos u otros suplementos -que pueden ayudarte, obviamente- sino de equilibrar tu organismo de forma integral. No hacerlo así implicaría mejorar y empeorar alternativamente sin resolver nunca el problema de fondo. Es el mejor consejo que podemos darte.


Estimado Sr. Campoy: tengo el placer de contactar nuevamente con Vd. ya que estoy suscrito a su maravillosa revista y tengo la gran espina de no haber podido conseguir los 70 primeros números al estar agotados. En fin, he pensado que podrían dedicar parte de una página para «contactos» (muy escuetos), tanto con la revista como entre lectores-suscriptores por diversas causas; por ejemplo para preguntar cómo contactar con un especialista del Consejo Asesor, una clínica o un centro terapéutico, cómo adquirir determinado complemento o cómo conseguir una revista atrasada y agotada que algún lector tenga ya ya no le interese. Es más, les sugiero que valoren la posibilidad de repetir los temas más importantes de las primeras setenta revistas de forma intercalada en próximas ediciones. Sin más les reitero mi admiración por el trabajo que hacen. Con todo mi agradecimiento,

Norberto Mederos García
Arucas (Gran Canaria)

Los teléfonos o correos de contacto de los miembros de nuestro Consejo Asesor que se nos ha autorizado a facilitar aparecen desde hace años tras su curriculum en nuestra web; basta pues pinchar en Consejo Asesor para obtenerlos. Para suscribirse, adquirir una revista atrasada aun disponible o comprar los libros de La Dieta Definitiva y los dos tomos de Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo basta llamar a nuestro teléfono de centralita (91 638 27 28) o enviar un correo a suscripciones@dsalud.com. Los teléfonos de médicos, consultas o centros aparecen en los anuncios que salen en la revista y en los banners de la web; nosotros no los facilitamos salvo en esta sección de forma puntual porque no nos responsabilizamos de lo que otros puedan afirmar. Nos responsabilizamos solo de lo que decimos nosotros. Y no se nos pida que hagamos la labor de hacer una selección de «los mejores médicos y centros a nuestro juicio» porque no vamos a hacerlo. No es nuestra función y no vamos a asumir esa responsabilidad; aunque otros lo hagan porque cobran por ello y no porque realmente piensen que son los «mejores». Allá cada cual con su ética y su conciencia. Queda finalmente por recordar que tanto la revista actualmente a la venta como todas las anteriores –desde el nº 10– están subidas en formato flash a nuestra web –www.dsalud.com– y cualquiera puede visualizarlas si se ha suscrito (solo 36 euros al año). Le agradecemos en cualquier caso tanto su iniciativa como sus amables palabras.


Estimado Director: estoy cansada de escuchar en algunos medios de comunicación decir que la ortorexia es un «trastorno obsesivo-compulsivo» que se caracteriza por «una excesiva preocupación por la salud«. No sé cómo expresar la indignación que me produce oír algo así. Obviamente se debe al actual momento de confusión social en el que aparecen tantas cosas nuevas que lo viejo y caduco se resiste a morir optando para sobrevivir por el «todo vale». Un escenario convulso en el que algunos han ido más allá y no bastándoles haber transformado las «enfermedades» en un mero negocio apuestan ahora por tratar de «enfermos» a los que simplemente intentan cuidarse sabedores de que vivimos inmersos en un mar de radiaciones electromagnéticas y sustancias químicas tóxicas. Y lo hacen sin el más mínimo escrúpulo. Hablo del mismo grupo de individuos que a día de hoy sigue sin aceptar que hay ya decenas de miles de personas afectadas por electrosensibilidad, sensibilidad química múltiple, fibromialgia, fatiga crónica, esclerosis múltiple o esclerosis lateral amiotrófica (ELA) entre otras graves patologías presuntamente idiopáticas. Personas incapaces de asumir y entender -salvo que se trate de mentirosas compulsivas- que el aire que actualmente respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que ingerimos, la ropa que usamos y hasta los productos de «higiene» están plagados de sustancias tóxicas. Personas que para «tranquilizar» a la población han decidido en una maniobra tan astuta y sibilina como maquiavélica y rastrera hacer pasar por enfermos mentales a quienes, conscientes de ello, protestan por la situación y exigen soluciones mientras se protegen. Así que se han inventado la ortorexia, una palabra absurda con la que definen la inexistente «patología» de «una excesiva preocupación por la salud». Siendo uno de los «síntomas» de padecerla ¡mirar bien las etiquetas de los productos en los supermercados! No hay ya duda alguna: es la industria químico-farmacéutica quien maneja en todo el mundo el poder.

Dra. Pilar Muñoz-Calero


Sr. Director: soy profesor en una escuela infantil y necesito denunciar públicamente un hecho que me parece sencillamente canallesco; a los profesores se nos está incitando a buscar comportamientos «extraños» en los niños para comunicarlos a nuestros superiores y que se les someta a un test para detectar si padecen el llamado Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Y yo me niego porque sé que hay más de 15 millones de infantes en el mundo a los que se está medicando porque dicen que sufren esa «enfermedad» cuando he visto muchos casos de ellos en España y son niños absolutamente sanos. Muchos sufren simplemente desnutrición por problemas económicos en sus casas, otros llegan con sueño porque no duermen bien y muchos sufren estrés a causa de problemas familiares. ¿Tienen problemas? Sí. ¿Son enfermos que deben ser tratados con fármacos? ¡NO! ¿Qué está pasando? ¿Nos hemos vuelto locos? Debe hacerse con urgencia un llamamiento a los padres, los profesores y los médicos para que se nieguen a hacer el juego a la industria farmacéutica. La situación empieza a ser muy grave. ¿Por qué los grandes medios de comunicación no se hacen eco de esto y las autoridades sanitarias no evitan tamaño sinsentido? No lo entiendo.

Carlos Rodríguez
(Madrid)

Porque la mayoría de los medios de comunicación no son libres; ni en España ni en casi ningún sitio. Nosotros hemos dedicado varios artículos al tema y todo lo que hemos denunciado en ellos se ha ignorado. Como pasó con el caso del Bio-Bac; todo lo que aseveramos durante casi doce años se ha confirmado pero casi nadie se ha hecho eco y los que han informado de la sentencia la han manipulado de forma vergonzosa. Tal es la lamentable situación actual.


Hola. He leído el artículo de Juan Carlos Mirre sobre el ajo y tengo algunas dudas porque actualmente estoy interesado en un producto muy antiguo conocido en sociedades como la coreana que se ha puesto de moda en España. Tengo cáncer -estoy siendo tratado por Han Dong Kyu- y ello me lleva a interesarme por todo producto que sea beneficioso, especialmente si tiene relación con mi enfermedad. Mi duda está en lo que decís sobre el ajo negro; según vosotros a 60º no existe fermentación y afirmáis además que la reacción de Maillard que aparece provoca ciertos problemas. Y al hablar de las propiedades que sobre él se alegan decís textualmente que «no hay un solo trabajo científico que avale tales tonterías«; expresión que a mi juicio es agresiva y no beneficia la defensa de vuestra propuesta. En suma, la descomposición orgánica se produce porque la temperatura aumenta hasta unos 60º merced a la fermentación. Y dudo de que al obtenerse así se produzca la reacción de Maillard porque tengo entendido que la misma tiene lugar en torno a los 130º y la temperatura para la conversión de ajo blanco o morado en negro es de unos 55º. Por otra parte he entrado en http://ajo-negro.net/cualidades y en ella dicen que sí hay estudios -aunque no lo he podido constatar- que avalan sus beneficios. ¿Podéis aclararme mis dudas? Me despido cordialmente.

 Rufino Carretero Rodrigálvarez
(Madrid)

Vamos a ver: la web que usted cita no dice al referirse a la existencia de “estudios” sobre el ajo negro más que esto: “Se comienza a investigar en Japón siendo los protagonistas de la historia dos japoneses, Takamura Tsuruo e Imaniji Hiraya, que después de muchos años desarrollaron este magnífico producto a través de un determinado proceso de cocción con propiedades medicinales para la salud. Es 10 veces más efectivo que el ajo crudo”. Lo cierto sin embargo es que no hay una sola referencia bibliográfica sobre esos supuestos estudios. Todo lo contrario de lo que sucede en el artículo de Juan Carlos Mirre en el que cada afirmación se basa en trabajos publicados haciéndose referencia a los autores de los mismos, las revistas en los que aparecieron y los años en que se publicaron. Y si usted se molesta en poner los nombres de los dos japoneses citados en los buscadores académicos más potentes de internet verá que no hay ni un solo estudio suyo ni que les mencione. Así que si tales investigaciones existen no entendemos por qué los responsables de esa web no los citan. Por otra parte, ¿cómo va a ser el consumo de ajo negro algo habitual en la cultura coreana antigua si en esa misma web se dice que el método lo desarrollaron esos dos japoneses recientemente? “Después de muchos años -se asevera en ella- desarrollaron este magnífico producto«. ¿En qué quedamos? ¿Es un invento suyo o una tradición milenaria? En cuanto a la afirmación de que el ajo negro es 10 veces más efectivo que el ajo crudo es sencillamente absurda. ¿Cómo va a ser así si en el ajo negro desaparece la sustancia terapéutica fundamental del ajo crudo: la alicina. Si se molesta en leer atentamente el artículo verá que la alicina es la sustancia que otorga el olor y sabor característico del ajo por lo que no hace falta un análisis químico para comprobar su presencia: nuestra nariz es suficientemente sensible. Y por tanto si no huele a ajo ¡es que no hay alicina! En pocas palabras, el ajo negro no contiene alicina y se trata de ¡su principal componente terapéutico». Luego afirmar que el ajo negro es 10 veces más efectivo que el crudo tiene tanto valor y es tan verdadero como decir que lo es 100 veces o 1.000 veces; se trata de una afirmación hueca no fundamentada en ninguna investigación. Mire, por regla general las propiedades terapéuticas de los alimentos disminuyen -cuando no se pierden por completo- con la cocción (el tomate es por ejemplo una excepción). Y la razón es simple y conocida: cuando un alimento es calentado a más de 45º se produce la destrucción de sus enzimas; y si se llega a 60º muchas proteínas se desnaturalizan perdiéndose las sustancias volátiles -se escapan, oxidan o descomponen- y las grasas se transforman en productos tóxicos. Algo que seguro tiene usted en cuenta usando para freír aceite de oliva virgen extra y no aceite de oliva refinado (es decir, sometido a 60º de temperatura). Añadiremos que a 60º sí hay reacción de Maillard por la sencilla razón de que el ajo blanco se vuelve negro. Son muchas las sustancias que se caramelizan o transforman en carbón a temperaturas inferiores a 130º, máxime si están sometidas a esa temperatura durante 40 días como se hace para obtener ajo negro. En cuanto a la fermentación se trata de un proceso biológico en el que participan microorganismos: la uva en el vino, la manzana en la sidra, la leche en el yogur, etc.; pues bien, no existe referencia científica alguna sobre la fermentación del ajo. Y es que no se debe confundir fermentación con cocción. El ajo negro es simplemente ajo quemado; no hay proceso de fermentación. Terminamos indicándole que la elaboración de ese artículo -como los de todos los que escriben tanto Juan Carlos Mirre como el resto de nuestros colaboradores- es el fruto de muchas horas y días de trabajo y todo lo que se vuelca en él deriva de la lectura y análisis de los trabajos de investigación científica que se referencian en ellos. Las afirmaciones gratuitas no apoyadas en estudios y trabajos son muy numerosas en Internet pero no es el caso de esta revista; basta para comprobarlo leer nuestros artículos. Lo lamentable es que gran parte del público no sepa distinguir los buenos artículos de los malos. En lo que sí tiene usted razón es en criticar que Juan Carlos Mirre dijera en su texto la frase “no hay un solo trabajo científico que avale tales tonterías». Debió haber sido mucho más contundente y haber dicho que todo lo que se ha escrito sobre las supuestas propiedades terapéuticas del ajo negro es mentira y no se apoya científicamente en nada. Evidentemente si usted encuentra un solo estudio serio que avale las propiedades del ajo negro háganoslo llegar y rectificaremos pero dudamos mucho que lo consiga. Y ánimo que el cáncer tratado de manera inteligente se supera.


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174
Septiembre 2014
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