CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 182 / MAYO / 2015

Sr. Director: tengo 35 años, soy técnico de laboratorio y les escribo para agradecerles con sinceridad el hecho de haber publicado en el número de marzo mi carta sobre la leche cruda de vaca pero, la verdad, sigo teniendo dudas. Estoy leyendo de nuevo el libro El Estudio de China del doctor T. Colin Campbell para recordar ciertos datos y pienso comprar el nuevo que acaba de publicar: Integral. Verá, creo que en mi anterior carta quizás me explicara mal. Yo solo tomo kéfir y mantequilla hechos con leche cruda de vaca; la leche líquida muy poco o nada. Según un reportaje que ustedes publicaron hace tiempo el kéfir tiene propiedades saludables pero lo que se me recomienda ahora es conseguir leche cruda ecológica de calidad y hacer el kéfir con ella -tal y como se hacía originalmente en el Cáucaso- porque es mejor y más terapéutica que la pasteurizada. El caso es que yo tomo kéfir a diario y nunca he enfermado ni me ha dado fiebre hacerlo. De hecho noto que mi sistema inmune ha mejorado considerablemente; siempre cojo algún resfriado en invierno y este año ni una simple tos. Quizás porque, según he podido leer, la fermentación alcohólica del kéfir crea un ambiente «ácido» en la leche que impide que se reproduzcan las bacterias patógenas. Y con la mantequilla cruda me pasa igual. Ya sé que ustedes publicaron un reportaje que titularon Ni mantequilla ni margarina pero lo cierto es que la mantequilla cruda me encanta; tiene un sabor increíble y la suelo tomar 3 o 4 veces a la semana. Y sus calorías no me preocupan; soy corredor de media maratón y las quemo en cuanto corro. En suma, según ustedes la leche cruda ecológica no es recomendable ni aconsejable para el consumo humano pero, ¿y el kéfir y la mantequilla hechos con leche cruda ecológica? ¿Son igual de perjudiciales que la leche? Porque, insisto, ustedes en un reportaje anterior dijeron que al menos el kéfir es saludable. Un saludo.

Miguel Jurado
(Ciudad Real)

Ya nos dijo usted en su anterior carta que el doctor Joseph Mercola es un defensor a ultranza de los lácteos crudos ecológicos procedentes de vacas alimentadas con pasto y cuyas condiciones de salud son optimas -algo por cierto realmente difícil de encontrar hoy día- y que él toma a diario mantequilla y leche cruda procedente de esa vacas idílicas y está en perfecto estado de salud porque ingeridos moderadamente incluso protegen de las enfermedades cardiovasculares. Y nosotros le respondimos claramente que no coincidimos con él porque los posibles beneficios de los lácteos no compensan los problemas de salud que -al menos actualmente, no sabemos hace décadas- pueden causar. Crudos o tratados. Añadiendo que la leche cruda -por muy ecológica que sea- no debería consumirse jamás: debe someterse antes a termización, pasteurización, ultrapasteurización o esterilización. ¿Que usted no está de acuerdo y está seguro de que le sientan bien la leche cruda ecológica y la mantequilla hecha con ésta? ¡Pues ingiéralas! ¿Quién se lo impide? Pero antes léase el reportaje que publicamos en el nº 181 en el que explicamos que según el doctor T. Colin Cambpell «la caseína de la leche es el carcinógeno más potente que existe»; y se trata de alguien que es coautor de más de 350 artículos científicos, profesor de Bioquímica Alimentaria en la Universidad de Cornell de Nueva York y exinvestigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) así como asesor científico del Instituto Americano para la Investigación del Cáncer. Y de paso el que aparece en este mismo número de la revista con el título Muere más gente por cáncer donde más leche se consume en el que, entre otras muchas cosas, se explica que es en las comunidades españolas que más lácteos consumen donde se registra un mayor número de fallecidos por cáncer; acaeciendo lo mismo en los países en los que el consumo de leche es mayor. Problemas de salud que los estudios citados en él no achacan a la caseína sino a la lactosa y a uno de los dos azúcares que componen ésta: la galactosa (el otro es la glucosa). Por lo que al kéfir se refiere tiene usted razón: en el nº 153 publicamos un artículo titulado Kéfir: el rey de los probióticos en el que dimos a conocer sus múltiples propiedades terapéuticas, muchas ciertamente a pesar de que contiene lactosa y el 60% de la población mundial es intolerante a ella; su ventaja de hecho -y así lo contamos- es que su fracción láctea fermentada -si el kéfir no ha sido pasteurizado- contiene algunas enzimas lactasas activas y la lactosa es más digerible. En todo caso a nuestro juicio es más aconsejable tomar kéfir de agua. Terminamos indicando que hay expertos que si bien postulan que la leche, la nata, los helados y los quesos son negativos para la salud no puede decirse lo mismo de las leches fermentadas, incluidos el yogur corriente y el kéfir. No hay pues consenso al respecto y así lo hacemos constar. Pero no es menos cierto que TODOS los lácteos procedentes de la vaca sientan mal al 80% de las personas, incluyendo a los bebés. ¿Que no es su caso? Pues le felicitamos porque pertenece usted a la minoría de afortunados que no padece el problema.


Estimado Sr. Campoy: tengo 61 años y hace 32, cuando quedé embarazada de mi segundo y último hijo, empecé a tener en el tercer trimestre la glucosa alta. Diabetes gestacional me dijeron. A partir de ahí el azúcar fue mi enemigo público número uno. Dejé de tomarla leyendo para ello incluso los componentes de envases y cajas de alimentos; y suprimí las bebidas que tuvieran azúcar. Ha sido algo obsesivo en mi vida. Y lo mismo hice con los productos refinados. Pensaba que de esa manera podría alargar en el tiempo una posible y definitiva diabetes, enfermedad a la que he temido siempre porque mi padre murió a causa de las complicaciones de tan insidiosa patología. El caso es que durante años he podido controlar la glucemia y mantenerla dentro de los límites normales pero hace un par de meses, en un análisis rutinario, mi glucemia basal estaba en 113 y la hemoglobina A1c en 7. El resto de los valores estaban bien. Así que el médico me ha prescrito un comprimido diario de Metformina 850 mg. Y mi pregunta es simple: ¿no hay otra manera de bajar esos índices sin necesidad de fármacos? Sé que la ingesta de ese fármaco sería para siempre y supongo que en aumento hasta llegar a la insulina. Algo cuya sola idea me aterra. Añadiré por último que llevo una dieta más que saludable y camino a diario. Gracias.

Mª del Carmen S. D.
(Santa Cruz de Tenerife)

Vamos a ver, el hecho de que en una analítica aparezcan altos los niveles de glucemia basal y hemoglobina A1c no significa absolutamente nada. Otra cosa sería que tales niveles se mantuvieran en el tiempo a lo largo de unos meses. No se justifica pues que le hayan sugerido tomar ya Metformina que no es sino un fármaco que bloquea la absorción gastrointestinal de los carbohidratos y no está exento de efectos secundarios. Porque aunque se alega que se trata de un medicamento «seguro y probado» lo cierto es que puede provocar alteraciones del gusto, diarrea, náuseas, dolor estomacal y abdominal, gastritis, anorexia, vómitos, calambres musculares, eritema (enrojecimiento de la piel), picor o urticaria (erupción con picor), disminución de los niveles de vitamina B12, alteraciones de la función hepática, hepatitis, astenia grave y hasta -aunque sea en muy raras ocasiones- una acidosis láctica que se manifieste con vómitos, dolor abdominal, espasmos, malestar general y fatiga severa que puede poner en riesgo la vida. ¿Y va a arriesgarse a eso tras una sola analítica? ¡Cambie inmediatamente de médico! Mire, siga simplemente unas semanas La Dieta Definitiva y sus niveles serán normales en menos de un mes. Dicho esto y para que se tranquilice de cara al futuro le sugerimos leer los artículos que con los títulos ¿Puede curarse la diabetes mellitus tipo 2 con una simple dieta hipocalórica?, La canela, el auténtico “oro” del antiguo Ceilán, ¿Se ha encontrado la solución a la diabetes, El tratamiento de la diabetes con productos naturales y Cómo tratar ortomolecularmente la diabetes aparecieron en los números 171, 105, 103, 77 y 64 respectivamente (los tiene en nuestra web: www.dsalud.com).


Estimado Sr. Campoy: en la revista de abril hablan ustedes del colágeno pero no se menciona lo que afirma Ana María Lajusticia de que tomando proteínas, magnesio y vitamina C en todas las comidas el colágeno se crea en suficiente cantidad; en tanta como para eliminar la artrosis y recuperar la calcificación de los huesos; obviamente después de un largo periodo de tiempo. ¿Podrían decirme qué hay de cierto en ello? Gracias.

José Ignacio Villar

La verdad es que sería de agradecer que antes de hacernos preguntas nuestros lectores se tomaran la molestia de ver lo que hemos publicado sobre el problema -o problemas- de salud que les preocupa. Si no los reportajes al menos lo ya contestado en esta sección porque para eso hemos agrupados las últimas 130 secciones de cartas -con sus respuestas- en solo seis bloques que están a su disposición en nuestra web. Dicho esto añadiremos que la artrosis u osteoartritis es como se denomina a un tipo de artritis –nombre que se da a toda degeneración de las articulaciones- que se caracteriza por la deformación que produce el desgaste de los cartílagos de los huesos al punto que pueden llegar a desaparecer al rozar unos con otros; principalmente en las extremidades? Suele afectar sobre todo al cuello, a la región lumbar, a las rodillas y a las caderas -aunque también a otras articulaciones- y realmente no hay acuerdo sobre las causas pero todo apunta a una inadecuada alimentación, la ingesta de poca agua de calidad, posibles déficits nutricionales, el sedentarismo y un organismo intoxicado (entre otras cosas por multitud de fármacos) y acidificado. Lo que hay que hacer pues es seguir durante una temporada una dieta a base de frutas -no zumos-, verduras, frutos secos, cereales integrales, legumbres y gelatina -preferentemente ecológicos-, beber agua de calidad, someterse a un tratamiento ortomolecular que garantice la ingesta adecuada de ácidos grasos omega 3, bioflavonoides, bromelaína, calcio, cartílago de tiburón –es rico en sulfato de condroitina y glucosaminoglicanos-, cúrcuma, enzimas proteolíticas, magnesio, manganeso, MSM (Metilsulfonilmetano), PABA, SAM (S-adenosil-L-metionina), selenio y vitaminas A, C y E junto a las del complejo B. Pero ello requiere ponerse en manos de un buen profesional que paute las dosis y los tiempos. Cabe agregar que hay varias plantas antiinflamatorias útiles en artrosis: el sauce, el harpagofito, la ulmaria o reina de los prados y la manzanilla. En todo caso sepa que alivia asimismo las molestias aplicar hielo y posteriormente calor en la zona afectada así como un paño caliente empapado en aceite de lino.


Sr. Campoy: ante todo quiero felicitarles por la revista. Verá, tengo 32 años, soy enfermera y lectora suya desde hace 5 años y cada vez me sorprenden más por su labor de investigación y la calidad de los contenidos. Enhorabuena por ello. El motivo de mi carta es aclarar una serie de dudas. En el número de abril responden ustedes a un lector que según dice la Dra. Hulda Clark en su libro La cura y prevención de todos los canceres el ajo y la cebolla contienen agentes alquilantes que pueden producir cáncer y es pues mejor cocinarlos cinco minutos Sin embargo ustedes llevan años diciendo en la revista que ambos vegetales, ingeridos crudos o laminados, son anticancerígenos entre otras propiedades terapéuticas. ¿En qué quedamos? ¿Es sano o no ingerirlos crudos, especialmente en casos de cáncer? Porque la afirmación de la Dra. Clark de que en caso de estar infectada por el Fasciolipsis burki sus agentes alquilantes pueden provocar mutaciones en mi ADN es preocupante. Es más, dice que cada vez que se toma ajo crudo hay que tomar una cápsula de 4.000 UI de vitamina D para eliminar los compuestos alquilantes. ¿Me aclaran el asunto? Mi segunda duda es sobre los cosméticos. Hace tiempo que dejé los tradicionales cargados de parabenos, parafinas etc., y utilizo solo cosmética natural basada en la Nanosome technology; es decir, productos cuyo principio activo se encapsula en nanosomas de lecitina de soja de entre 50 y 200 nanómetros que según el laboratorio fabricante –Sesderma– pueden alcanzar las capas mas profundas de la piel y lograr así un mayor resultado. Se trata de un sérum 99% natural con secreción de caracol corriente de jardín como principal ingrediente -no es pues la baba- además de agua, lecitina de soja, ácido ferúlico, retinol, silicio orgánico, glicosoaminoglicanos, resveratrol, proteína hidrolizada de trigo, pantenol, centella asiática, DMAE (dietil amino etanol), sodium cholate y, como conservante, phenoxyethanol. Y he aquí mi duda: ¿no es este último un producto carcinógeno? Es más, ¿son los nanosomas de los cosméticos seguros o pueden pasar al torrente sanguíneo y provocar a la larga algún problema de salud?

Estrella Jurado Mora
Miguelturra (Ciudad Real)

Nos hemos permitido resumir su carta dada la extensión aunque creemos haber dejado lo principal. Mire, lo que la doctora Hulda Clark dijo es que el Fasciolopsis buski está presente en TODOS los tumores y según ella se trata de un parásito que se alimenta y crece si se le proporcionan ajo, cebolla y mostaza, alimentos ricos en alil sulfito, alil-metil sulfito y dialil sulfito, sustancias que al ser ingeridas por el gusano dan lugar, como productos de desecho, a agentes alquilantes que son los que al combinarse con el ADN celular provoca mutaciones. Luego no es que esos tres alimentos contengan agentes alquilantes: éstos se producen solo si se está infectado por el Fasciolopsis buski y éste los aprovecha; de ahí que -especialmente en casos de cáncer- proponga no ingerirlos. Como asegura que también generan agentes alquilantes las alubias, los guisantes, las lentejas y los garbanzos cuando se cuecen o asan a más de 100º o se cocinan en el microondas. Por eso propone no consumir los primeros -el ajo, la cebolla y la mostaza- salvo que se sometan a cocción al menos 5 minutos y no ingerir los segundos salvo que se cocinen a menos de 100º. Añadiendo que el organismo puede eliminar esos agentes alquilantes consumiendo un gramo de metilsulfonilmetano (MSM) cinco veces al día así como 4.000 unidades de vitamina D3 (una sola cápsula diaria). Ahora bien, es verdad que hay estudios que avalan las propiedades anticancerígenas del ajo y la cebolla y así los dimos a conocer en los artículos que con los títulos El ajo y sus sorprendentes propiedades, La cebolla, un alimento realmente “curativo” y Se constata la eficacia de los vegetales en el cáncer aparecieron en los números 75, 90 y 166 respectivamente (pueden leerse en nuestra web: www.dsalud.com). ¿Y entonces? Pues lo que sucede es que nos encontramos con dos tesis contrapuestas. La de quienes entienden que el ajo y la cebolla son útiles en muchas patologías… y la de quien cree que no por lo explicado: la Dra. Hulda Clark. Y nosotros nos limitamos, como profesionales de la información, a exponer ambas. Dicho esto añadiremos que ambas posturas parten a nuestro juicio de bases inapropiadas porque tras todo lo publicado no creemos que el cáncer puedan provocarlo solamente unas sustancias -las antes citadas u otras muchas consideradas cancerígenas o carcinógenas- sino una alteración integral del organismo que se debe básicamente a una intoxicación y acidificación -local o total- que lleva a la alcalinización intracelular de las células cancerosas como explicamos en el texto que con el título El origen del cáncer está en el desequilibrio del pH apareció en el número pasado. Por lo que se refiere al Fenoxietanol o Phenoxyethanol es un éter de glicol incoloro y textura aceitosa soluble en agua que a temperatura ambiente es líquido –a partir de 11-12º- y se usa como emulsionante, conservante y bactericida en cosmética -lociones corporales, cremas faciales, productos para el cabello, maquillaje, etc.- y otros productos siendo muchos los expertos que lo consideran un disruptor endocrino neurotóxico cuya acumulación puede afectar al hígado y terminar siendo carcinógeno. De hecho en algunos países ya se ha restringido su uso… o prohibido. Es el caso de Francia donde la Agencia de Seguridad Nacional de Medicamentos y Productos Sanitarios (ANSM) recomendó en mayo de 2012 evitar su uso en los productos para menores de 3 años y que se restrinja a una concentración del 0,4% en los demás productos -y no del 1% como ahora- al haberse descrito efectos hepatotóxicos y hematológicos adversos además de diarrea, mareos, irritación de la piel y depresión del sistema central. Se trata en suma de una sustancia que no puede descartarse pase desde la piel a la sangre y de ella al hígado. Y lo inconcebible es que también está presente en algunas vacunas. De hecho no puede llevarlo ningún cosmético que quiera obtener la certificación ECOCERT que se concede a los productos orgánicos. Terminamos indicando que en las etiquetas puede venir con otros muchos nombres.


Sr. Director: valoro mucho la información que aporta la revista pero me confunde haber leído varios artículos en los que se informa de lo dañinos que para la salud son los cereales y, sin embargo, en la sección de Cartas al Director se recomiende su consumo para algunas patologías. Y otro tanto pasa con las tan alabadas propiedades del ajo crudo y ver que ahora digan -el mes pasado- que contiene agentes alquilantes que pueden producir cáncer y es mejor cocinarlo 5 minutos. ¿Podrían por favor aclararnos si es o no beneficioso el consumo de ajo crudo así como el de cereales? Muchas gracias.

Julia Núñez
(Castellón)

Entendemos sus dudas sobre el ajo, asunto sobre el que nos hemos pronunciado en la carta precedente. Y las que manifiesta sobre los cereales. Pero de nuevo volvemos a indicarle que nosotros nos limitamos a plasmar lo que sobre éste y otros temas afirman quienes aparecen en los artículos mencionamos. Las virtudes de los cereales son bien conocidas, las hemos dado a conocer y se hallan reflejadas en multitud de trabajos y tratados, algunos efectuados hace milenios. ¿Estaban pues equivocados quienes los estudiaron y dieron a conocer sus propiedades nutricionales y terapéuticas? En absoluto. El problema es que la inmensa mayoría de aquellos cereales YA NO EXISTEN. Por eso quienes hablan de los problemas que causan hoy se refieren a los cereales modernos. Le sugerimos que lea despacio los artículos que hemos publicado sobre el tema explicándolo y que aparecieron con los títulos ¿Qué ingerimos realmente cuando compramos pan?, La intolerancia al pan y a los productos hechos con trigo es cada vez mayor (éste publicado en dos partes dada su extensión) y Los cereales, el pan y la pasta son dañinos en los números 157, 163, 164 y 180 respectivamente.


Estimado Sr. Campoy: me dirijo a usted animada por una amiga. Tengo 37 años, llevo tres intentando ser madre y en ese tiempo no he tenido problema alguno para quedarme embarazada pero a las pocas semanas el embarazo se interrumpe involuntariamente ¡Llevo ya 5 abortos! Nos han realizado todo tipo de pruebas médicas tanto a mí como a mi pareja y nos dicen que no existe ningún problema para que podamos ser padres. Como comprenderá me encuentro en un callejón sin salida, deprimida y sin fuerza para enfrentarme a otro embarazo porque me temo que puede acabar de la misma manera que los anteriores. Ya no sé qué hacer ni a quién acudir. Estoy angustiada. ¿Pueden orientarme o aconsejarme algún profesional que pueda ayudarme? Agradeciéndole de antemano cualquier ayuda que pueda prestarme reciba un cordial saludo y un abrazo.

B. Q.

Imposible orientarla con datos tan escasos. Ni siquiera nos dice si usted y su marido se han hecho un test de compatibilidad genética, si padece o ha padecido algún problema endocrino –pueden provocar abortos los trastornos de la tiroides y la diabetes-, una insuficiencia luteínica con escasa producción de progesterona que afecte al revestimiento del endometrio uterino, si ha sufrido alguna infección bacteriana (micoplasma, clamidia, listeria, etc.), si padece o ha padecido alguna patología autoinmune –como un lupus eritematoso sistémico o un síndrome de anticuerpos antifosfolípido-, problemas de coagulación sanguínea, si ingiere alguno de ustedes tabaco, alcohol o drogas (fármacos incluidos), si están sometidos a radiaciones telúricas, cósmicas o electromagnéticas artificiales, si tiene algún déficit nutricional –la falta de ácido fólico por ejemplo puede dar lugar a una interrupción del embarazo y no solo a malformaciones- o si está usted parasitada (lo que un buen experto en el Par Biomagnético puede decirle en apenas unos minutos). Estas dos últimas razones junto a la diabetes, el síndrome de ovario poliquístico y el hipotiroidismo no controlado son de hecho algunas de las causas más frecuentes de interrupción de los embarazos. Ahora bien, aunque varios estudios han mostrado que el riesgo de aborto aumenta en las mujeres con hipotiroidismo clínico e hipotiroidismo subclínico es entre las que tienen anticuerpos antitiroideos donde la asociación con el aborto es mayor. Es pues necesario que averigüe si es su caso; eso sí, si fuera así no le recomendamos que admita que le den levotiroxina como tratamiento. Ingiera tirosina -el aminoácido, no la hormona-, zinc, cobre, selenio y vitamina C pero, sobre todo, retire de su alimentación los lácteos y los cereales. Estos dos alimentos son a nuestro juicio los principales responsables de los problemas hormonales hoy día. Evidentemente partimos de la base de que no padece usted ninguna anomalía anatómica. La otra posibilidad es que de forma inconsciente esté usted provocando los abortos por mucho que a nivel consciente esa mera idea le repugne. Debería pues asegurarse de que no es así y para ello lo idóneo es una sesión de Anatheóresis (le sugerimos que consulte al respecto con Verena Frey en el 91 522 89 09). Y si tal posibilidad se descarta le sugerimos que consulte su caso con el Dr. Diego Jacques (91 799 14 79), experto ginecólogo que fue Director del Instituto Internacional de Inmunoterapia Tres IDI entre 1996 y 2000), asesor médico de Laboratorios Boiron entre 2000 y 2004 y es actualmente Director en España del Movimiento Internacional de Homeopatía Pre-Natal.


Saludos cordiales. Leyendo la revista me han surgido algunas dudas debido a aparentes contradicciones que me gustaría aclararan. Ustedes publicaron en la revista nº 84 -correspondiente a junio de 2006- un artículo titulado ¿Es la leche animal adecuada para el consumo humano? en el que al hablar de la acidez que producen las proteínas lácteas se dice textualmente: “Otro ejemplo de la relación entre leche y osteoporosis lo constituye el trabajo del doctor William Ellis, ex presidente de la Academia Americana de Osteopatía Aplicada, quien estableció que las personas que toman de 3 a 5 vasos de leche diarios presentan los niveles más bajos de calcio en sangre. Agregando que tomar mucha leche implica ingerir grandes cantidades de proteínas lácteas y éstas producen un exceso de acidez que el organismo intenta compensar mediante la liberación de minerales alcalinos”. Y más adelante, en otro párrafo, se manifiesta lo siguiente: “Mencionábamos al describir la composición de la leche que una de sus proteínas principales es la caseína. Pues bien, se sabe que el niño lactante asimila completamente las caseínas de la leche materna… pero no las de la leche de vaca. Tales proteínas sólo se digieren parcialmente por el efecto neutralizador de la leche sobre la acidez gástrica, indispensable para su ruptura”. Pues bien, a mi juicio ambos párrafos se contradicen porque en el primero se dice que la gran cantidad de proteínas de la leche produce exceso de acidez y en el segundo lo contrario: que la caseína no puede asimilarse completamente porque la leche neutraliza la acidez gástrica. En fin, no poseo conocimientos técnicos pero no logro armonizar ambas afirmaciones. ¿Pueden aclarármelo? Atentamente,

Samuel Jaque B.

En el primer párrafo se explica que la leche acidifica el organismo y éste intenta compensarlo utilizando minerales alcalinos; básicamente calcio que extrae de los huesos (siendo ello la principal causa de osteoporosis como otras veces hemos explicado). Y lo que se dice en el segundo es que los bebés solo digieren de forma parcial la leche de vaca -a diferencia de la leche materna- porque ésta disminuye el grado de acidez de los jugos gástricos y se coagula en grumos; con lo que al no estar sus proteínas bien desdobladas y digerirse mal pasan al intestino delgado casi intactas dando lugar a problemas de intolerancia, inflamación intestinal y mala absorción. 


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