CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 50 / MAYO / 2003

Sr. Director: el viernes día 4 de abril recibí en casa una llamada de la Ministra de Sanidad Ana Pastor en la que me comunicaba que quería recibirnos para ayudarnos a mí y a Vanesa. La contesté que yo no quería ser recibida para eso sino para hablar del problema de todas las madres con hijos enfermos a los que no pueden ayudar por falta de recursos económicos, que para eso y no para que nos ayudasen sólo a mi hija y a mí habíamos conseguido llevar hasta el parlamento un Proyecto de Ley con 500.000 firmas. Respondió que de acuerdo y que me llamaría el lunes 7 para citarme. Pues bien, ese lunes, a las 5 y media de la tarde, quien me llamó fue el responsable del Hospital Carlos III para decirme que, por indicación de la ministra, debía acudir allí a fin de estudiar la enfermedad de Vanessa y ver qué tratamiento se la podía dar. Le pregunté entonces si conocían la enfermedad y si tenían algo útil para ella. Me dijo que tendrían que estudiar su caso. Le respondí entonces que yo no iba a quitarle a mi hija el único tesoro que aún le queda: su felicidad y su sonrisa. Y que si no saben cómo tratar su enfermedad mi hija no va a hacer de conejillo de indias para ellos. Le manifesté a continuación que lo que yo quería era hablar con la ministra del proyecto de ley, que no se trataba de resolver nuestro problema sino el de los miles de niños que en nuestro país sufren situaciones similares. No sé, pero me da la sensación de que quieren pararme. Quizás se crean que soy tonta y piensan que ingresando a Vanessa para hacerla estudios me tienen así en un hospital encerrada con ella hasta después de las elecciones para que no les moleste en plena campaña. ¡Qué listos son! Bien, ya veo que la ministra me ha engañado, que en lugar de dedicarse a hacer bien su trabajo e intentar sacar adelante el proyecto de ley presentado por medio millón de españoles lo único que hace es proteger los intereses de los laboratorios. Bueno, pues me parece lamentable que esté jugando con la salud de las personas. Que deje de engañarnos y cumpla con su misión que, al fin y al cabo, está en el ministerio gracias al dinero que todos cotizamos. ¡Sea usted un poco más humana, señora ministra, y no nos engañe! Defienda el proyecto de ley que hemos presentado y deje de hacernos creer que le preocupa que Vanesa sea estudiada porque usted sabe muy bien que hoy no hay solución a su enfermedad. ¿A quién quiere engañar? A mí no, desde luego. Solicite más dinero para estudiar las enfermedades raras que afectan a tantos niños y deje de columpiarse. Y, por cierto, también me gustaría preguntarle a Ana Botella dónde están esos centros tan preparados que dice que existen para los “niños de cristal”. Y, de paso, que me diga cuándo le ha dado todo su cariño a Vanesa como ha declarado ante la prensa. A Ana Botella no le preocupa nada Vanesa. Es más, a Vanessa le rompieron un día la cadera y le dieron un puñetazo en la cara porque el Gobierno la metió en un centro de esos que dice ella que están tan bien adaptados… Lo que debería hacer usted, que pretende ser concejala de Servicios Sociales, es escuchar la voz de las madres, que saben mucho más de los problemas que padecen sus hijos y ellas. Usted siempre ha tenido una buena mesa y una buena cama con un buen colchón. Justo lo que necesitan muchos niños para poner su cuerpo enfermo y que no lo tienen porque cuesta un ojo de la cara. Basta de gestos para la galería. Para ocuparse de la gente hay que quererla.

Margarita García
Fundación Vanessa


Sr. Director: permítame felicitarle por la revista. Y permítame también que añada algo rogándole de antemano que lo publique porque tengo la impresión de que va a resistirse por compañerismo: quiero manifestar públicamente mi más firme rechazo a la actitud de la inmensa mayoría de los periodistas que se dedican a la información sobre salud de este país. Es increíble la manipulación y falta de objetividad con que se trata la información de salud, especialmente la sanitaria, en España. Son vergonzosos algunos silencios y omisiones, como lo que está ocurriendo con el Bio-Bac, con la persecución de numerosas empresas de productos dietéticos y fitoterapéuticos, con la persecución de los médicos que prescriben fórmulas magistrales y de los farmacéuticos que las preparan, con las “inspecciones sanitarias” actuales, más propias de una renacida Gestapo que de un Estado democrático, con las muertes injustificadas en los hospitales… Porque, ¿cómo es posible, por ejemplo, que en España mueran en los hospitales más de 400.000 personas al año (datos del Instituto Nacional de Estadística) y que nadie se pregunte qué está sucediendo. Alguien dirá que es normal pero a mí me puede parecer quizás “normal” que muera tanta gente en su casa por razón natural de edad o enfermedad incurable, pero ¿en los hospitales? Teniendo en cuenta que en la mayor parte de los casos a los enfermos incurables se les “manda” a morir en casa, ¿cómo se explica una cifra tan monstruosa? ¿Qué está pasando en nuestro sistema sanitario? ¿Los hospitales son lugares de recuperación de la salud o se han convertido en centros organizados de tránsito al otro plano, como George Orwell planteaba en su famosa novela? Y no se tome nadie a título de inventario mi pregunta. La formulo muy en serio. No se entiende que muera tanta gente en los hospitales cada año. Algo -y muy grave- está pasando. Quede constancia de mi temor.

José Antonio Sanz
(León)

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50
Mayo 2003
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