CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 55 / NOVIEMBRE / 2003

Sr. Director: quisiera dirigirme con gratitud a su revista en la que tratan de informar y buscar soluciones sobre enfermedades casi desconocidas para muchos pero tortuosas para los que las padecemos como son la fibromialgia y la fatiga crónica. Hace siete años, después de mucho peregrinar por especialistas, me diagnosticaron ambas enfermedades. Nunca había oído esas palabras y, para mi asombro, me dijeron que no había cura para ellas, que estaban en estudio y sólo había calmantes y antiinflamatorios, que tendría que acostumbrarme a vivir con ellas. Pero eso es algo que no consigues; si acaso, a tolerar o resignarte. Y nadie habla de las depresiones constantes que sufres, primero al no saber lo que tienes y después, al hacerte pruebas y salir todo «normal», ver que te dicen lo de «Usted no tiene nada…» y te dan pastillas para la ansiedad. Luego, como no puedes ni descansar de noche por los dolores te recetan pastillas para dormir. Sólo que al final el dolor puede con ellas y es un sin vivir. Tienes mal humor, no te aguantas ni a ti misma -y menos a los demás- con lo que ahí empieza otro problema: el familiar. Te pasas el día tumbada, no quieres salir porque no estás bien y los demás no acaban de entenderlo. La ansiedad te hace comer, empiezas a coger peso y te ves mal, no te arreglas, no te apetece comprar ropa, etc. Vamos, la pesadilla que se muerde la cola porque no haces nada por ti y el sistema nervioso empeora, los brotes de dolores se agudizan, no puedes casi moverte porque a poco que lo hagas la fatiga no te deja… Y no hablemos de la vida en pareja: fatal. Entonces vuelves al médico, te cambia las pastillas, te dice que tienes que andar o ir a nadar y cuando lo haces te encuentras peor todavía. Hace un año, cansada de pasear de consulta en consulta, decidí ir a una clínica naturista para adelgazar. Había cogido bastante peso y me costaba perderlo. Primero me hicieron varias pruebas de chequeo y me diagnosticaron una descompensación general del organismo. Todo andaba mal, especialmente el sistema nervioso. Y encima, estaba intoxicada por los medicamentos a causa de tantos años tomándolos para combatir los dolores. En fin, decidí que la estética podía esperar y empecé un tratamiento multidisciplinar. A los seis meses era una mujer nueva. Hoy tengo controlada la fibromialgia y la fatiga crónica; aún no sé si curada del todo pero lo sabré con el tiempo. Sin embargo, ahora puedo hacer senderismo en esta Asturias maravillosa que tiene tanto que ver, puedo nadar y hasta puedo coger a mi perro en brazos (pesa 17 kg). No tengo ya problemas de fatiga ni dolores, estoy bajando peso -me diagnosticaron intolerancia alimentaria a varios alimentos y los suprimí-, duermo a pierna suelta y estoy motivada para hacer vida normal. Mi calidad de vida mejoró un 100%. La medicina natural, a la cual tanta gente mira todavía con recelo, fue para mi la puerta al cielo. En ella vas descubriendo cómo te vas encontrando de nuevo viva y hasta te encuentras rara, como si te faltara algo; y te das cuenta de que es ¡el dolor! Te tocas y donde antes había dolor ya no lo hay. Es como si estuviera dormido. Después de años supe qué era vivir sin él. ¡Vivir sin dolor! Hoy en día no tomo ningún medicamento; ni psicofármacos, ni calmantes, ni antiinflamatorios. Si tengo un ligero dolor, como viene se va; y si no, con tomar algún calmante, siempre natural, solucionado. Me gustaría que rompieran una lanza a favor de la Medicina Biológica y Naturista ya que cuenta con grandes profesionales como el que a mi me atendió, Miguel Ángel de Isidro, porque está claro que puede solucionar grandes problemas. Creo que médicos y naturistas deberían aunar esfuerzos y buscar soluciones conjuntas ya que todos saldríamos ganando. En suma, quiero volver a darle las gracias por su magnífica revista y que sigan ayudando a la gente como vienen haciendo. Sin más, un saludo.

Inés Díaz García
Gijón (Asturias)

Estimados amigos: después de leer el artículo sobre las amalgamas de mercurio me he quedado sorprendido de lo dañinas que pueden ser para unos y de lo inocuas que son para otros. Y después de razonar sobre los dos textos me decanto por apoyar el que habla de la peligrosidad del mercurio por varias razones:. Porque, ¿quién paga las investigaciones?, ¿trabajan los investigadores para empresas relacionadas con la comercialización de las amalgamas de mercurio? Y otra pregunta: ¿cuál sería la repercusión para esas empresas en el caso de que las investigaciones demostraran que son nocivas para la salud? A fin de cuentas, el Dr. Luis Cabeza Ferrer explicaba en su artículo que se realizan al año ¡cientos de millones de obturaciones dentales con amalgama de mercurio! Así que no es difícil imaginar la trascendencia económica que el asunto podría tener. Además, aunque no podemos constatar que haya habido manipulación en las investigaciones sí sabemos que las pruebas realizadas en países altamente tecnológicos como Japón, Suecia o la antigua Unión Soviética han sido, por decirlo así, de signo contrario a las expuestas por el Dr. Cabeza. Y ahí si ha habido repercusión económica, asumida por la Seguridad Social de Suecia. Supongo que ante tal gasto habrán afinado mucho en la investigación… Por otro lado, debo decir que mi credulidad ha sido sacudida por varios casos. Uno de ellos, el de las empresas vinculadas al tabaco. Éstas afirmaban hace unos años que no había relación alguna entre el cáncer -de pulmón u otros- y el consumo de tabaco. En los últimos años las pruebas han sido concluyentes y las cajetillas de tabaco llevan hoy un rótulo con carácter obligatorio donde se describe su nocividad. Y, por cierto, llama la atención que a pesar de que su consumo puede causar la muerte -con la consecuente tragedia en numerosos hogares- se sigue produciendo y vendiendo libremente. Por otra parte, si bien el Dr Cabezas aporta los valores que una persona con amalgama de mercurio puede ingerir por día sin peligro la realidad es que la variación puede ser muy grande ya que depende de cómo se haya realizado el ensayo, de las características específicas de la saliva de cada individuo o de la frecuencia en el consumo de alimentos de carácter ácido. En todo caso, un momento crítico de intoxicación por mercurio tiene que darse cuando se suaviza con el esmeril el relieve de las obturaciones. ¿De qué nivel de ingesta de mercurio estaríamos hablando entonces? No lo sé exactamente pero me temo que de varias veces los niveles permitidos. Otra cuestión es qué sal de mercurio se elige para hacer el ensayo. El estómago produce ácido clorhídrico, un ácido muy fuerte. ¿Es posible que reaccione con el mercurio dando algo de cloruro mercurioso o cloruro mercúrico? No lo sé, pero si lo que he leído es cierto el cloruro mercurioso se ha utilizado con el nombre de «calomelanos» en medicina para estimular ciertos órganos de secreción y su consumo continuado causa irritación. Es más, el cloruro mercúrico es un veneno violento que inhabilita al riñón para hacer su función de filtración y productos como la urea no pueden eliminarse por lo que puede hasta sobrevenir la muerte. Así lo he leído en un texto de Química.
En fin, pudiera ser que cantidades pequeñas de mercurio no produzcan una marcada patología en el riñón pero si destruyeran un buen número de nefronas y no constatáramos alteración alguna en los valores de filtración, nuestros riñones funcionarían durante muchos años con menos de la mitad de las nefronas que por término medio tenemos. Termino sugiriéndoles que estudien el tema de los superóxidos pues creo que podrían ser una de las llaves para la curación del cáncer. En estos momentos se investiga sobre ellos en Estados Unidos en esa dirección. Reciban un cordial saludo.

Evencio Esteban González

Gracias por sus comentarios y su sugerencia final. Estamos, efectivamente, informándonos. Tenga en cuenta que aún nos quedan varios artículos que publicar sobre las terapias alternativas que existen para el tratamiento del cáncer.


Carta abierta de su hijo, Javier
MUERTE DEL DR. EMILIANO SADA

Como ya publicamos en el nº 53 de la revista (pág. 15), el doctor Emiliano Sada, cirujano maxilofacial, consumidor de Bio-Bac y uno de los médicos que dio la cara en los medios de comunicación social para defender su eficacia terapéutica (fue entrevistado en varias cadenas de televisión), falleció el pasado mes de Julio al no poder superar las tremendas secuelas de la quimioterapia y la radioterapia a la que previamente había sido sometido. Transcurridas unas semanas, con el corazón aún dolorido por la pérdida, su hijo Javier nos ha hecho llegar una carta con el ruego de su publicación. Lo que hacemos para conocimiento de nuestros lectores sin comentario alguno por nuestra parte.
«Sr. Director: hace sólo unas semanas del fallecimiento de mi padre y no quisiera dejar pasar un solo día más, aún con el dolor en el alma, sin hacerle partícipe a usted y a los lectores de mis sentimientos. Me siento orgulloso de que mi padre fuera una voz sincera, un grito de cordura, un atisbo de esperanza y todo un luchador en este campo de batalla plagado de intereses en el que se ha transformado el drama del cáncer. Porque mi padre, a pesar de su fuerza impresionante, sucumbió ante la perversión de los que todavía, a estas alturas, se empeñan en hacer de la vida para muchos un callejón sin salida. Sí, la empresa internacional de las mentiras se ha cobrado otra víctima inocente en aras del lucro y el negocio. Y no hablo en clave de nada ni de nadie. No hay miedo ni cobardes entre nosotros. Pero no olvido que los médicos que trataron a mi padre de su cáncer le «enterraron» dos años y medio antes de haber muerto, le expulsaron de la vida coronando así, con otra guinda, el pastel de su ignorancia. Le desahuciaron, le dieron sólo unos meses de vida y a, pesar de eso, sabiendo que era un luchador, le hicieron un nuevo «regalo»: abrasarle el cerebro con radioterapia. Sí, mi padre fue abrasado por la incompetencia de los que permiten costosísimos tratamientos sabiendo que no curan nada y provocan en los enfermos graves efectos yatrogénicos porque proporcionan pingües beneficios a quienes viven y se lucran con el cáncer. Y es que hemos creado un sistema de vida tan absurdo que lo que menos nos preocupa ya es la propia vida. Bien, nunca me subiré a ese carro. Mi padre tampoco lo hizo. Él afirmó públicamente, alto y claro, que el BIO-BAC era eficaz, que su estado, completamente deteriorado, mejoró notablemente cuando lo tomó. Aquella mejoría fue tan espectacular que nos dio a todos una nueva esperanza de vida y le abrió -nos abrió- una ventana a la vida. Hasta el punto de que pudo reincorporarse de nuevo a su trabajo. Por eso, para conocimiento de todos, se lo contó en voz bien alta y clara a cuantos quisieron escucharle.
Sé que su lucha no ha sido en vano, que con su testimonio aportó una inyección de confianza, que contribuyó a frenar las afirmaciones de quienes entonces decían que el Bio-Bac era «cosa de ignorantes» y mi padre mismo «víctima de algún maestrillo de la estafa». Es curioso: hoy tengo claro que quienes así se expresaban hablaban en realidad de ellos mismos. Es evidente que hay gente a la que le molestan aquellos que luchan por descubrir, por progresar y proyectarse hacia un futuro menos incierto, a quienes han entendido que el verdadero sentido de la vida… es vivir.
Lo que realmente ocurre con el cáncer es que son cada vez más los «profesionales» dispuestos a vender sus valores, su ética y hasta a su propia familia por dinero. Esa panda de marionetas al servicio de los manipuladores que manejan los hilos, esa red de traficantes del engaño y la codicia… sobran.
Gente dispuesta a usar con dureza las leyes -porque las dictan ellos- contra quienes no aceptan lo que deciden. No ha cambiado nada desde la época de Miguel Servet, a quien por descubrir la circulación de la sangre y dejar en evidencia el conocimiento científico imperante… sus colegas instaron a que se le quemara en la hoguera. Tales «errores» lamentables les parecen lejanos en el tiempo a muchos pero hoy se están cometiendo exactamente igual y mañana lloraremos por ello. El hombre sigue siendo el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. ¿Hasta cuándo?
Papá, sé que allí donde estés entenderán tanto mi dolor como mi cariño. Sólo quiero que sepas que tu ejemplo ayudará a muchos. Estoy seguro de que tu esfuerzo no ha sido en vano. Hoy sólo me consuela saber que un día podré poder volver a abrazarte. Gracias Chacón, gracias Dr. Moriano, gracias Bio-Bac por regalar más de 2 años de vida a mi padre. Hasta siempre, papá. Tu hijo Javier.»


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55
Noviembre 2003
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