CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 225 / ABIL/ 2019

Estimados amigos: he conocido la revista hace poco porque me recomendó que leyera lo que habéis publicado sobre mis problemas un amigo de mi padre que vino un día a comer a casa y es catedrático de la Facultad de Medicina en Barcelona. Sufro desde hace años –tengo 24- digestiones muy pesadas, molestias gastrointestinales y a menudo inflamación abdominal y aunque he hecho todo lo que él me aconsejó durante tres meses no mejoro. Igual le molesta que recurra a vosotros pero si es seguidor de la revista y me dijo que la leyera será por algo. Ni los rayos X ni la ecografía del sistema digestivo detectan nada, me han hecho análisis de sangre y orina cuyos datos no explican lo que me pasa y además test de alergias e intolerancias alimentarias que dieron positivo a los lácteos, a varios cereales y a los tomates pero ni siquiera habiendo dejado de tomar todo eso mejoro. Y tampoco me han ayudado ni los antihistamínicos –he tomado Polaramine primero y luego Ibis– ni un suplemento con diaminooxidasa (DAO) como Daodín. ¿Podéis orientarme por favor? Atentamente,

Carla Riba
(Barcelona) 

Dice un refrán español que a grandes males, grandes remedios. Nuestra sugerencia pues es que ayune tres días –beba solo agua mineral de baja mineralización- y los cinco siguientes coma solo verduras crudas ecológicas y de temporada en ensalada; sin sal y aliñada con aceite de oliva virgen extra o coco (sin vinagre). Y luego siga un mes una dieta básicamente vegetariana –sin cereales- rica en prebióticos. Restrinja en todo caso la cantidad de tomate, pimiento, aceitunas, aguacates, soja, espinacas y acelgas que pueda agregar a ellas. En cuanto a la fruta tómela solo por las mañanas y en ayunas, sin mezclar dulces con ácidas ni con las verduras. Y enteras, nada de zumos. Eso limpiará su sistema digestivo y regenerará la flora intestinal alterada. Pero no tome nada más.. Ni bebidas alcohólicas, ni café, ni té, ni colas, ni refrescos. Si lo hace lo normal es que en tan escaso tiempo desaparezcan todos sus problemas, hinchazón incluida. Y no tome fármacos; ninguno salvo que tenga déficit constatado de diaminooxidasa en cuyo caso le sugerimos que mejor tome Legumactive, complemento alimenticio natural a base de legumbres orgánicas con diaminooxidasa, catalasa y fitonutrientes. Los antihistamínicos sintéticos tienen muchos inconvenientes y salvo casos de reacciones alérgicas graves no hay que recurrir a ellos. Si alguna vez nota que puede ser intolerante a algo tome cebolla roja, manzanas, uvas, brócoli, té o, en su defecto, un suplemento de quercitina. La histamina, al igual que se hizo con el colesterol, se ha demonizado cuando se trata de una enzima vital necesaria para la vida. Al punto de que hoy sabemos que es sintetizada y liberada hasta por las neuronas del sistema nervioso central que la usan como neuromodulador. De hecho se encuentra en mayor o menor medida en la gran mayoría de los alimentos y es cuando hay exceso y el organismo no puede metabolizarla cuando causa problemas al acumularse, algo que suele deberse a un sistema digestivo en mal estado que da lugar a déficits de vitaminas y enzimas; sobre todo de la enzima encargada de metabolizar la histamina de los alimentos que es, en efecto, la diaminooxidasa. En tales casos la histamina puede pasar a través del epitelio intestinal hasta el torrente sanguíneo y provocar su acumulación en el plasma y los tejidos. Por eso los expertos recomiendan en tales casos no tomar durante un tiempo los alimentos más ricos en histamina. Conviene en todo caso saber que hay medicamentos que inhiben la actividad de la diaminooxidasa, entre ellos los antihistamínicos pero también mucolíticos, expectorantes, antibióticos, analgésicos, antihipertensivos, diuréticos, tranquilizantes, antidepresivos, antiparkinsonianos, antituberculosos, antipalúdicos, antieméticos, antiarrítmicos, antiulcerosos, bronquiolíticos, relajantes musculares y antiasmáticos; y lo mismo hacen las infecciones fúngicas –como las cándidas- y algunos parásitos. En cuanto a los suplementos puede ayudarle ingerir -controlado por un experto en nutrición ortomolecular- magnesio, zinc, cobre, vitaminas B6, B9, B12, C, colina, inositol, metionina, betaína, SAMeE y la ya mencionada quercitina. 

 

Sr. Director: oigo hablar últimamente en televisión a muchos expertos de la importancia de desintoxicar el organismo y «alcalinizarlo», cuestión que me consta llevan más de 15 años diciendo ustedes en la revista porque la adquiero desde que apareció. Bueno, en la revista y en su libro La Dieta Definitiva que compré cuando salió en 2002 -hace ya 17 años- y que realmente se adelantó más de tres lustros a todo lo que hoy se está contando en alimentación como «novedades». Mi sincera felicitación por ello. Dicho lo cual tengo una pregunta: ¿es verdad que hay alimentos especialmente alcalinizantes»? Y si es así, ¿cuáles? Quedo a la espera de su respuesta y aprovecho para felicitarles por ser el único medio de impacto que se ha atrevido a enfrentarse desde el principio a la campaña contra las inexistentes «pseudociencias»? Y es ¡qué nivel de ignorancia el del actual gobierno socialista! Atentamente, les saluda

Carlos Arias
(Zaragoza) 

Ante todo, gracias por sus amables palabras de elogio. En cuanto a su pregunta, no se trata tanto de «alcalinizar» como de lograr el equilibrio, la homeostasis del organismo. El problema es que la alimentación actual lo intoxica y acidifica porque la inmensa mayoría de los productos alimentarios que se venden en vidrio, latas, plástico o envases de aluminio lleva azúcares añadidos y muchos otros aditivos tóxicos. Bastaría pues eliminarlos de la dieta y consumir a diario en ayunas suficientes frutas enteras ecológicas de temporada -no zumos- para desayunar y a partir de entonces una alimentación rica en verduras, hortalizas y legumbres. En cuanto a los vegetales que más «alcalinizan» -más bien que regulan el pH de los distintos tejidos y órganos- destacan y el limón, la zanahoria, la lechuga, la espinaca, la remolacha, el pepino, el ají, el apio, el perejil, la remolacha y el berro.

 

Sr. Director: he escuchado en televisión -y luego lo he confirmado leyendo diarios digitales- que la Xunta de Galicia que preside Alberto Núñez Feijóo va a exigir a los padres que quieran llevar a guarderías públicas y concertadas a sus hijos pequeños -de 0 a 3 años- que los vacunen o no podrán matricularlos. Algo que se ha decidido -eso dicen al menos- tras consultar a los servicios jurídicos y entender estos que lo justifica el hecho -lo copio textual de un diario- de que “en este asunto es prioritaria la protección de la salud de los menores, tal y como reconoce el artículo 43 de la Constitución española, y que no se conculca de ninguna forma la libertad ideológica, religiosa o de culto de las familias”. Y ha instado a las guarderías y escuelas privadas a hacer lo mismo anunciando que va a estudiar la posibilidad de obligar a hacerlo también a partir de los tres años mediante la aprobación de una ley. Y le diré que lo que más me ha llamado la atención es que la propuesta la ha apoyado públicamente la Asociación Española de Pediatría (AEP) aunque advirtiendo ésta que en las etapas de educación obligatoria no podrá imponerse porque la vacunación en España -como han dicho ustedes muchas veces en la revista- es voluntaria. Al parecer la medida se implementaría el próximo curso. ¿Qué pueden comentar al respecto?

Rosa Quintero
(Orense) 

Llevamos publicados 44 extensos reportajes sobre los peligros de las vacunas -incluido el que aparece en este mismo número-, decenas de noticias y cuatro videos. No hay ningún medio de comunicación que haya publicado tanta información sobre ellas. Y estamos ya hartos de decir  que no existe un solo estudio científico en el mundo que demuestre que una vacuna -la que sea- previene realmente de una enfermedad -la que sea-. Por el contrario, existen multitud de trabajos científicos que relacionan las vacunas con todo tipo de patologías, muchas de ellas graves, algunas con resultado de muerte. ¿Que los expertos jurídicos de la Xunta avalan su obligatoriedad? Eso solo demuestra que sobre las vacunas no saben absolutamente nada. Nosotros nos limitamos pues a retirar nuestra postura: las vacunas no han demostrado jamás su eficacia, no son inocuas sino peligrosas y no puede imponerse a un padre que vacune a su hijo.

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