CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 62 / JUNIO / 2004

Estimado director: antes de nada quisiera darle las gracias y felicitarle a Vd. y a todo su equipo por la excelente labor que vienen realizando mes tras mes en esa magnífica revista donde no sólo se ofrece una buena información al lector sino que, valientemente, también denuncian lo que otros callan en el mundo de la salud. El motivo de mi carta -que agradecería de corazón tuvieran a bien publicar- es el siguiente: en el nº 59 de la revista se publicó un magnífico reportaje sobre el Dr. Joaquín Amat y su tratamiento del cáncer con urea; y posteriormente -en el nº 61- una carta de Dª Laura Perals -de San Vicent dels Horts de Barcelona- en la que ésta manifiesta haberse quedado con la duda de si el tratamiento sería eficaz o no ya que no pudo seguirlo porque en ese tiempo el doctor fue encarcelado. Pues bien, me gustaría asegurar a esa señora que el tratamiento es realmente efectivo además de inocuo ya que yo estuve durante año y medio en tratamiento con él tomando urea (Amatrisan) a causa de un Sarcoma de Kaposi (tumor maligno) en ambos pies. Debo decir que primero se me aplicaron 10 sesiones de radioterapia pero el tumor comenzó a expandirse haciéndose más grande, con bultos enormes e inflamación de ambos pies, manchando bastante. Entonces los oncólogos, como mal menor, me aconsejaron la amputación de ambos pies. Bueno, pues fue en ese tiempo cuando leyendo una revista de medicina natural me sorprendió un pequeño anuncio sobre un libro publicado por el Dr. Amat sobre el cáncer y la urea. La verdad, no dudé en llamarlo por teléfono y acudí a su consulta llevándome todos los documentos de oncología y demás pruebas. Tras hacerme el Dr. Amat algunos análisis comencé el tratamiento tomando urea por vía oral. Y puedo asegurar que en solo mes y medio ¡los bultos comenzaron a reducirse de tamaño hasta llegar a desaparecer algunos junto con la inflamación! Bueno, pues aunque los oncólogos se quedaron sorprendidos por la mejoría -nunca les oculté que estaba en tratamiento con el Dr. Amat- me soltaron auténticas barbaridades sobre él y su producto. Entre otras lindezas le llamaron «charlatán» y «estafador» agregando que otros pacientes que habían ido a visitarlo habían regresado… con el mismo problema y sin dinero. Entonces yo les dije que de estafador nada puesto que a mí la mitad del tratamiento no quiso ni cobrármelo, supongo que en consideración a que soy una persona discapacitada, usuario de silla de ruedas debido a una enfermedad y, por tanto, sólo percibo una pensión del estado con la que pago el centro del IMSERSO en el que resido. En suma, tengo que decir en estas cuatro líneas que no sólo es un excelente médico por la labor que ha venido realizando sino también una persona muy humana ya que en todo momento me atendió amablemente, me empezó a curar (si no lo meten en la cárcel seguro que termina curándome del todo) y, encima, apenas me cobró nada. Por lo que no entiendo que un médico de esa categoría en vez de estar mimado por la sociedad a la que está contribuyendo a sanar esté recluido en la cárcel. Es muy lamentable toda esta situación. Creo que ahí (en la cárcel) debieran estar otros que están engañando al pueblo y encima están en la calle. Actualmente está ocurriendo lo mismo con otro producto muy popular conocido como Bio-Bac, otra medicación eficaz e inocua según todos los testimonios que hay sobre él y que, sin embargo, es también tildado peyorativamente como «mejunje, pócima milagrosa….». ¡Qué casualidad! Toda medicina que cura o mejora es perseguida o quitada de la circulación y la que no cura y es dañina está al servicio de cualquiera. ¡Qué contrariedad! ¿No serán los que persiguen estas medicinas los farsantes y estafadores, ellos que dicen que velan por la salud pública? ¿Hasta cuándo vamos a estar así? ¿O es que un ciudadano no tiene libertad para elegir la terapia que a él le convenga, máxime cuando ha sido desahuciado por la medicina oficial como es mi caso? En definitiva, quiero terminar diciendo sí al Amatrisán y al Dr. Amat; sí al Bio-Bac y al Dr. Chacón y un NO rotundo a las medicinas que no curan, hacen mucho daño y encima son carísimas para la Seguridad Social. Un saludo,

José Mª. Valdepeñas del Valle
Pozoblanco (Córdoba)


Sr. Director: soy lector habitual de Discovery DSALUD y le escribo para felicitarle por la revista. Y también para decirle que a mi edad -tengo 77 años- habrá pocas personas en el mundo que puedan aún contarlo como yo pues el día 5 de octubre de 1979, trabajando de fontanero, tuve un accidente en el que casi perdí lo más preciado: la vida. Y es que un día, forcejeando con una llave de grifa, caí de cabeza desde un andamio situado a 2 metros y medio del suelo entrando en coma profundo. El diagnóstico fue «Trauma craneoencefálico con coma profundo». En él pasé un mes entero y si hoy lo puedo contar fue gracias a una hermana que no abandonó un instante mi lecho masajeándome casi continuamente. Se lo cuento, Sr. Campoy, porque continuamente estoy atento a las cartas que le envían los lectores de la revista y me llamó la atención el caso que cuentan Mª Isabel Ortells y Vicente Estupiña desde Borriol (Castellón) sobre su hija Marta en el nº 60 y cómo resolvieron su grave problema simplemente controlando su alimentación en función de su grupo sanguíneo. Le diré que casos como ese se podrían contar a millares, sólo en España. Yo soy naturista y vegetariano desde hace más de cuarenta años y aseguro a todos los lectores que si se animan a practicar ese modo de vida no se arrepentirán. Ya D. Miguel de Cervantes y Saavedra, en su obra El Quijote, le decía a su escudero Sancho Panza: «Amigo Sancho, se prudente que la salud se fragua en la oficina del estómago». Y más recientemente, el argentino comandante Astorga decía que «el vegetarianismo no se discute, se prueba». Yo creo que no hay aberración más grande en la vida que alimentarse de los despojos cadavéricos de inocentes animales pues a mi entender al hombre ni es cazador ni pescador. Quien quiera, que sin artilugios vaya y pruebe a coger un conejo, una perdiz o una simple gallina suelta en el campo y comprobará lo que puede coger para comer. Q que, sin barca ni redes, se adentre en el mar abierto y trate de atrapar a una sardina, un atún o una ballena. A ver qué tal le resulta la faena. Además, nosotros no secretamos los mismos jugos gástricos que los animales carnívoros y por eso no podemos digerir tendones, cartílagos, huesos, espinas o pelos. Es más, los grandes sabios del pasado también decían que mientras haya mataderos de inocentes animalitos en el mundo habrá campos de batalla. De esto podemos dar fe los presentes hoy día por la situación que atraviesa el mundo. Sin más por hoy, reciba un afectuoso saludo de este servidor.

José Ferrer Carbonell
Castellón de Rugat (Valencia)

El tipo de alimentación en el ser humano está en consonancia con el nivel de evolución. Es obvio que dentro de unos milenios -quizás en sólo unos siglos- el ser humano dejará de alimentarse de animales. Será consecuencia del inevitable proceso evolutivo. Pero eso no implica que su organismo hoy no esté capacitado para digerir animales (aunque ya no pueda digerir todas sus partes). Tampoco el hecho de que no sea capaz de cazar sin utensilios indica nada. Tampoco poseemos alas y hoy incluso viajamos por el espacio. La decisión de convertirse o no en vegetariano debe ser consecuencia pues de una decisión individual y voluntaria, deseable pero no forzada. Como lo es decidirse a dejar de fumar. Piense que por razones genéticas -manifestadas, por ejemplo, en el tipo de sangre- hoy hay personas a las que digerir granos y cereales les resulta más difícil que digerir carne. Es el caso por ejemplo de quienes -en general, porque siempre hay excepciones- tienen sangre tipo 0. Le sugerimos que lea el artículo que sobre este tema publicamos en este mismo número. En suma, todo apunta a que la humanidad será el día de mañana vegetariana… pero demos tiempo al tiempo. Incluso maestros de elevado nivel espiritual como Jesús de Nazaret comían carne.


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62
Junio 2004
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