CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 65 / OCTUBRE / 2004

Sr. Director: tras seguir la Dieta Definitiva durante seis meses y haber perdido 28 kilos -¡comiendo como una lima!- ahora tengo un problema que me gustaría exponerle: me sobra piel. Sé que podría operarme y resolver así el asunto pero tengo terror al quirófano. ¿Hay alguna solución menos traumática? Tengo 43 años (reales) y era obesa desde los 16. Espero sus noticias. Y permítame darle las gracias de corazón: no puede usted imaginarse el cambio que ha dado mi vida gracias a su libro. Atentamente,

Carmina Llopart
(Barcelona)

No podemos aconsejarla con tan pocos datos. Acuda usted a cualquier dermatólogo de confianza y que él la sugiera lo más adecuado. En principio, salvo alguna patología que no nos indica tener, la piel debería «ajustarse» poco a poco a su nueva situación. Procure hidratarla a diario dándose una crema reafirmante, en la medida en que se atreva dése duchas de agua fría y, por supuesto, haga algo de ejercicio. En unas semanas debería mejorar la situación. En todo caso, si no fuera así, si la piel sobrante es mucha, entonces deberá plantearse una operación de cirugía estética. Pero no se preocupe pues en un caso como el suyo se trata, en principio, de algo sencillo ya que basta con «estirar» la piel.


Sr. Director: me parece inexplicable que la carta abierta que el doctor Joaquín Amat envió al presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y usted publicó no haya tenido apenas eco en los demás medios de comunicación. Inexplicable y vergonzoso. Ello demuestra que vivimos en una sociedad individualista, insolidaria y profundamente egoísta. Hoy a nadie parece importarle lo que les hagan a los demás. La gente sólo se preocupa de sus problemas. Que un caso de injusticia como ese o como el que vivieron los detenidos por el asunto Bio-Bac no haya provocado la reacción de casi nadie me parece increíble. Como decía Mafalda, ¡que paren el mundo que me bajo! Atentamente,

Jorge Hidalgo
(Sevilla)


Hemos leído con mucho interés el artículo sobre los peligros de la telefonía móvil publicado en la revista Discovery DSALUD nº 63 y nos interesaría saber, como vecinos afectados por una antena de telefonía móvil que proyectan instalar a unos 40 metros de nuestra casa, si conocen ustedes algún dispositivo capaz de neutralizar las ondas electromagnéticas o alguna dirección donde nos pudieran informar. Es la única solución que se nos ocurre ante la eminente amenaza para nuestra salud ya que la legislación es cada vez más permisiva y no vemos viable entablar ninguna lucha contra la compañía telefónica. Muchas gracias por su ayuda. Les saluda muy atentamente,

Manuela López Andujar

Lo que deberían hacer, a nuestro juicio, es oponerse a su instalación. Pueden y es factible. Lea el artículo que sobre el tema publicamos en el nº 36 de la revista correspondiente a febrero del 2002 (lo tiene en la sección de Reportajes de nuestra web: www.dsalud.com). En él recogíamos la primera sentencia que en España paralizó la actividad de una antena de telefonía móvil por motivos de salud. La dictó el Juzgado de Primera Instancia nº 2 de Bilbao y obligó a Airtel a suspender la actividad de una de sus antenas, instalada en la azotea del número 24 de la calle Obieta en la población de Erandio. La sentencia, firme después de los recursos interpuestos por Airtel -hoy Vodafone-, se dictó en julio del 2001 y consideraba «probable que la exposición a las radiaciones de las antenas de telefonía móvil afecte a la salud». Desde entonces la antena está inactiva. Exijan que sean las empresas las que demuestren que las radiaciones son inocuas y no al revés. Luchen por su salud y sus derechos.


Sr. Director: se que no le gustan los halagos pero quiero decirle que sus editoriales son dignas de elogio. Lo mismo que la valentía y honestidad que demuestra la revista desde el principio. De hecho, le diré que tengo muy poco aprecio por los periodistas en general, quizás porque hoy sólo destacan los de la prensa rosa y los deportivos y la mayoría de ellos no tiene ni nivel profesional ni ético. Leer sus textos, en cambio, me congracia de alguna manera con su profesión. Lo que le agradezco sinceramente. Siga así.

Carlos Alcaraz
(Madrid)

Es usted muy amable pero le aseguramos que hay excelentes profesionales del periodismo en España. Lo que sucede es que quizás no sean tan conocidos. Quizás porque trabajan en la sombra, quizás porque hoy casi sólo se conoce a quienes aparecen en televisión. No, no se puede meter a todos en el mismo saco. Seríamos profundamente injustos.


He leído con mucha atención el artículo publicado por ustedes referido a la vitamina C como coadyuvante en las enfermedades cardiovasculares y en él se dice que la dosis máxima recomendada por la OMS (de 60 mg) no sería suficiente; es más, se dice que dosis mucho mayores (de 2 gr. e incluso de 20 o 100 gr.) no son en absoluto peligrosas ni dañinas para el cuerpo humano puesto que el exceso es excretado por la orina al ser la vitamina C hidrosoluble. Sin embargo, yo había leído anteriormente, sin saber exactamente dónde, que el exceso de vitamina C puede dañar la información genética, o sea, el ADN. Pues bien, he buscado en Internet y en un texto publicado en el diario El Mundo en 1998 se dice, en efecto, que el exceso de vitamina C (a partir de 500 mg) puede oxidar el ADN. Es decir, que a grandes dosis en lugar de tener efecto antioxidante produce el efecto contrario. Este estudio lo llevaron a cabo unos investigadores británicos. Ante esto, ¿a quién hacer caso? ¿Cómo conciliar ambas posturas? ¿Tienen ustedes algo que añadir, corregir, matizar o argüir al respecto? Lanzo estas preguntas desde el más profundo respeto por la publicación, entre cuyos lectores fieles me encuentro y sin ningún ánimo por mi parte de polemizar por polemizar sino de tratar de llegar a conclusiones serias y fiables. Espero que ustedes me puedan ayudar en relación con la duda que les he planteado. Atentamente,

Patricio Marín

Ante todo permítanos aprovechar su carta para pedir a los lectores que procuren distinguir entre lo que dice la revista y lo que dice alguien de cuyas afirmaciones nos hacemos eco, bien porque lo ha escrito o dicho y lo así reflejamos, bien porque nos lo ha declarado en una entrevista. Independientemente de si estamos o no de acuerdo con esa persona. Dicho lo cual, pasamos a responderle. El Premio Nobel de Medicina Linus Pauling -considerado el mayor experto del mundo en Medicina Ortomolecular- afirmaba que no importa cuánta vitamina C se consuma ya que su exceso no produce daño. Y su afirmación se basaba en numerosos casos de personas a las que se suministró altísimas dosis de vitamina C sin efectos negativos. Así lo constataron también otros investigadores como los doctores Matías Rath, Ewan Cameron, Abraham Hoffer o Mark Levine… Sin embargo, otros estudios indican que un exceso de vitamina C podría aumentar la excreción de ácido úrico y de oxalato. Y otros que la ingesta de dosis elevadas podría estar contraindicado en casos de insuficiencia renal crónica por posible formación de piedras en el riñón así como en aquellos pacientes que están siendo tratados con anticoagulantes. Los efectos adversos, en cualquier caso, no serían graves y todo apunta a que esa posibilidad se da sólo cuando se toma la vitamina C en su forma de ácido ascórbico pero no en la de ascorbato cálcico. Lo que sí parece claro es que el nivel de tolerancia a la vitamina C depende de cada persona y la dosis máxima que un organismo puede absorber lo indica el efecto laxante que aparece cuando la ingesta es excesiva. De ahí que para conocer el límite de tolerancia de cada uno los expertos recomienden comenzar con una dosis pequeña e incrementarla luego paulatinamente hasta que se aprecie su acción relajante intestinal. Es decir, cuando aparezca una ligera diarrea. La dosis adecuada sería, en consecuencia la inmediatamente inferior. En cuanto al estudio al que usted se refiere fue desarrollado por Ian Podmore y su grupo de colaboradores y publicado en Journal Nature en abril de 1998. Según el mismo un exceso de vitamina C podría causar daño genético en las personas y, por consiguiente, cáncer. El estudio se hizo con 30 voluntarios sanos a los que se administró un placebo durante seis semanas seguidos de un suplemento de 500 mg de vitamina C al día durante otras seis. Finalmente, no tomaron ni placebo ni vitamina C durante otras siete semanas. Se tomaron muestras de sangre de los voluntarios a intervalos de tres semanas durante los periodos de administración de placebo y de la suplementación con vitamina C y, de nuevo, al final del estudio. Y se analizaron dos indicadores diferentes del daño oxidativo en el ADN: 8-oxoadenina y 8-axoguanina. Bueno, pues durante la fase de placebo no hubo cambios en los niveles. Sin embargo, con el suplemento de vitamina C el nivel de 8-oxoadenina aumentó -indicativo de un incremento del daño oxidativo en el ADN- mientras el de 8-oxoguanina disminuyó -indicativo de disminución del daño oxidativo del DNA-. Con lo que los investigadores llegaron a la conclusión de que una dosis diaria de 500 mg de vitamina C oxida el cuerpo y causa daño genético si bien reconociendo que a dosis inferiores a 500 mg diarios predominarían los efectos antioxidantes positivos. El estudio, sin embargo, fue muy criticado y acusado de parcialidad. Por ejemplo, se planteó qué es más importante, el efecto benéfico de la vitamina C como factor antioxidante -es decir, la acción antioxidante del bajo nivel de 8-oxoguanina producido por la ingesta de vitamina C- o el adverso efecto oxidante del creciente nivel de 8-oxoadenina? Por otra parte, ¿cómo influye la vitamina C en otros niveles? ¿Y cuáles son las consecuencias biológicas de la disminución de la 8-oxoguanina y el aumento de la 8-oxoadenina? Es más, un grupo de científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts demostraría posteriormente que la 8-oxoguanina tiene un poder mutagénico mucho mayor que la 8-oxoadenina. Es decir, que la probabilidad de causar daños genéticos que pudieran desencadenar un cáncer es 10 veces mayor con la 8-oxoguanina que con la 8-oxoadenina. El estudio demostraba así que tomar suplementos de vitamina C es beneficioso porque las ventajas obtenidas con la disminución de los niveles de la 8-oxoguanina es mucho más importante que los efectos adversos del aumento de los niveles de 8-oxoadenina. Terminamos aclarando que en el estudio de Podmore se apreciaron importantes errores. En primer lugar, se trató de un plan de estudio muy pobre, inaceptable para las normas empleadas por la FDA para evaluar la eficacia y seguridad de una droga. El estudio no era ni aleatorio ni a doble-ciego. Ni siquiera existía grupo de control que tomara un placebo a fin de descartar otros factores. Además, los autores utilizaron un método llamado «espectometría de masas-cromatografía de gases» para medir los niveles de 8-oxoguanina y de 8-oxoadenina. Y se sabe que al emplear este método «in vivo» es muy frecuente la contaminación por cuerpos extraños por lo que el aumento de 8-oxoadenina podría haber tenido lugar durante la preparación de la muestra y en los procedimientos analíticos realizados tras la toma de sangre de los sujetos. Es más, existe una probabilidad muy alta de que los niveles de 8-oxoguanina medidos por Podmore aumentaran tras la extracción y preparación de las muestras. En suma, la afirmación de que la ingesta de vitamina C en cantidades superiores a 500 mg por día es perjudicial se basa en supuestos no probados, un diseño del estudio inaceptable y una metodología inexacta. La advertencia de sus autores sobre los suplementos con esta vitamina no está, por tanto, justificada. Antes bien, cientos de estudios científicos avalan que la vitamina C es un magnífico agente preventivo y protector, útil en muchas patologías. Está constatado, por ejemplo, que reduce el riesgo de padecer cáncer, ayuda a vencerlo y previene las enfermedades cardiovasculares.


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65
Octubre 2004
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