CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 57 / ENERO / 2004

Hace aproximadamente año y medio que estoy tomando medicación homeopática -3 gránulos diarios en ayunas de Gelsemiun Sempervivens y otros 3 de Aurum Metallicum- porque mi trabajo como asesor me produce estrés, me sobran unos 15 kilos y ambas cuestiones me producen hipertensión. Empecé a tomar Homeopatía para dejar las pastillas que me recetaba el médico de cabecera porque comprobé que tenían muchas contraindicaciones. En la actualidad estoy perdiendo kilos, si bien muy lentamente, gracias a los consejos del libro La Dieta Definitiva que me está replanteando la forma de comer y comprendiendo el valor y función de los alimentos. Y mis preguntas son: ¿puede ser perjudicial tomar cada día pastillas homeopáticas?. ¿Me aconsejan hacer descansos? Tengo que decirles también que practico deporte tres días a la semana. Agradeciéndoles su respuesta, les saluda muy atentamente

Vicente
(Gandía)

No hay ningún peligro en la toma de productos homeopáticos. Puedes estar tranquilo. En cuanto a la hipertensión, permítenos dos sugerencias: bebe mucha agua cada día -entre dos litros y medio y tres- e ingiere algo de fruta todas las mañanas (especialmente las ricas en potasio).


Sr. Director: tengo 75 años y me gustaría comentarle el proceso que acabo de vivir en relación a un cáncer de próstata que me fue detectado en una biopsia el 18 de agosto de este año, prueba realizada al habérseme encontrado un PSA Antígeno Prostático de 22.7. Como la biopsia constaba de seis tomas de muestra de las que sólo una estaba libre de neoplasia y existía peligro de un cáncer generalizado se decidió hacerme una tomografía de abdomen y pelvis y una gammagrafía ósea, resultando ambas pruebas limpias, lo que me situaba en un cáncer grado 3 al estar afectada sólo la próstata.
La uróloga que me atendía en Lima, en la visita que realicé en su consultorio el 3 de septiembre, me prescribió un tratamiento inicial de tres meses a base de hormonas que consistía en tomar dos pastillas diarias de Androcur-Ciproterona y aplicarme tres inyecciones -una cada mes- de Lupron Depot de 3,75 mg (Acetato de Leuprorelina). Sin embargo, desde el primer día de este tratamiento convencional sentí la necesitad de buscar ayuda alternativa ya que los métodos clásicos de la medicina no representan una seguridad para mí. Pedí… y la ayuda llegó. Porque el nombre del BIRM comenzó a aparecer a mi alrededor. Hablé con una persona que en Quito le daba a su padre ese producto y que hacía cinco años tenía una pobre calidad de vida y un pronóstico de existencia corta pero que aún seguía viva y con buena calidad de vida. Llamé entonces por teléfono a la consulta en Quito del Dr. Edwin Cevallos, creador del BIRM hace 26 años, le pedí cita y nos vimos el 11 de septiembre llevándole todas las pruebas y análisis realizados en Lima. Me impresionó la conversación y no vacilé en empezar inmediatamente a tomar el BIRM conjuntamente con las hormonas del tratamiento convencional, lo que hice desde el 12 de septiembre. El doctor Cevallos me indicó la dosis y me traje suficientes frascos para cuatro meses ya que presumí que después regresaría a Quito para conocer el siguiente paso. Pues bien, el 27 de octubre, 45 días después de estar tomando el BIRM, me hice un nuevo análisis de PSA Antígeno Prostático y el resultado me dejó impresionadísimo. Y no era para menos: tenía un PSA de 1.09 en lugar del 22.7 del comienzo. Decidí entonces hacerme un TAC (una Tomografía Axial Computarizada) en la zona de la pelvis, lo que se hizo el 12 de noviembre, justo sesenta días después de iniciar la toma del BIRM; y, de paso, otro nuevo PSA Antígeno Prostático. El TAC resultó muy bueno y el nuevo PSA había descendido a 0.71. Todo ello me colocaba, a dos meses de tratamiento, en una situación muy superior a la que podía esperar. Piénsese que a los tres meses de iniciado el tratamiento hormonal estaba previsto someterme a quimioterapia durante uno o dos meses (dependiendo de los resultados obtenidos). Hoy, 3 de Diciembre, día final de los tres meses de tratamiento con hormonas, me he realizado un nuevo análisis de PSA Antígeno Prostático y su resultado ha descendido a 0.54. También me he hecho otro TAC en la zona de la pelvis y tendré sus resultados pronto.
Hoy me siento muy tranquilo. Compruebo que mi cáncer de próstata ha sido vencido porque me lo demuestran las pruebas y los análisis. ¿Como ha sido posible este milagro? Tengo el presentimiento de que soy la primera persona que se ha tratado un cáncer de próstata usando simultáneamente el BIRM y las hormonas, y creo que mis resultados abren un enorme campo a la investigación y una esperanza para muchos enfermos ya que se han obtenido en un tiempo bastante reducido. Y no hay razón para que otros no repitan el camino que yo ya he recorrido. Ojalá mi experiencia sirva a otros.
Atentamente,

Armando Martínez Almuelle
Lima (Perú)

Nos congratula su recuperación y le agradecemos mucho que comparta su experiencia con nosotros. Por nuestra parte sólo nos resta recordar a los lectores interesados que pueden leer lo que es el BIRM en el reportaje que publicamos en el nº 53 de la revista (está también disponible en nuestra web: www.dsalud.com)


Muy Sr. Mío: en el nº 55 de la revista Discovery DSALUD, de su digna dirección, aparece una carta que se titula Muerte del Dr. Emiliano Sada sobre la que me gustaría hacer algunos comentarios dada la inexactitud y falsedad de las afirmaciones que en ella se expresan, tanto científicas, humanas, asistenciales y psicológicas. Al Dr. Emiliano Sada Moreno lo conocimos de estudiante de Medicina y tengo la impresión de que alguna de las maravillosas características que adornaban su egregia personalidad no han sido entendidas ni comprendidas por los que genéticamente hubiera correspondido conocerlas mejor. Claro que la ley de Murphy no entiende de genes ni de sistemas de educación y cultura. Sí entiende de aspectos psicológicos de la personalidad. Aspectos estos de los que me ocuparé más adelante. Viví muy de cerca la enfermedad de mi amigo Emiliano, tan de cerca y con tanta fidelidad a esa amistad inquebrantable que me preocupó desde el comienzo del proceso la ignorancia de personas con escaso nivel intelectual, educados en la abundancia y sin esfuerzo alguno, con grave dificultad para diferenciar entre lo científico y lo alternativo. Evidentemente, pueden ser dos conceptos válidos pero diferentes en sus contenidos y divergentes en su aplicación. No sé a qué empresa internacional de la mentira se refiere el ilustrado firmante de la carta: ¿se refiere a la comunidad científica internacional?, ¿a la Seguridad Social Española?, ¿a los protocolos que se siguen en el tratamiento del proceso que padecía el Dr. Sada Moreno?, ¿o la incapacidad intelectual de los consejeros y amigos del firmante para entender que se trataba de un proceso oncológico de grado II, confirmado en diferentes departamentos de Anatomía Patológica nacionales e internacionales, cuyos miembros poseen bastante más formación intelectual, no digo médica que se da por supuesto, y cultural que aquellos otros que se dedican a falsear datos objetivos demostrables en cualquier momento que sean requeridos. Se afirma en esa misiva propagandística de determinado producto: “Se ha cobrado otra víctima inocente en aras del lucro y el negocio”. Evidentemente, esta afirmación define humana, social e intelectualmente al estilista literario o a sus consejeros; aun comprendiendo el dolor que puede producir la desaparición de un padre. Es demostrable que todo el proceso se realizó en instituciones de la Seguridad Social (la primera vez que se intervino) y en instituciones de un Seguro Privado el resto de las exploraciones diagnósticas y terapéuticas. En ninguna de ellas existe la posibilidad de lucro o negocio. ¿Maldad?, ¿ignorancia?, ¿incompetencia? Hace el, aparentemente, no finalizado Bachiller una serie de afirmaciones: “regalo de abrasarle el cerebro”, “maestrillo de la estafa”, “profesionales dispuestos a vender sus valores, su ética y hasta su propia familia por dinero”… Serie de insultos e improperios propios de algún “biorelajado” que no alcanzó nunca a ser consciente de la realidad que le rodeaba, olvidando un aspecto fundamental en cualquier proceso patológico como es el amor, la ternura y la calidad de vida. Aspectos que nunca llegó a tener mi amigo Sada en los momentos que más los necesitó. Al firmante de la carta se le ofreció en varias ocasiones discutir y analizar el caso clínico con colegas que él mismo eligiese, de la especialidad que entendiera en el caso, incluida la medicina alternativa con carácter científico. Nunca a través de personas que no alcanzaron ni el grado de bachiller y pretendían convertirse en árbitros de una enfermedad grave como es un proceso maligno del Sistema Nervioso Central. Nunca se aceptó esa entrevista o, por lo menos, nunca se quiso concretar lugar y hora. ¿Hasta cuándo los responsables de la Sanidad van a permitir que profesionales cualificados sean maltratados, injuriados y calumniados por personas cuyo nivel científico es nulo y sus conocimientos se basan en experiencias no demostradas ni clínica ni científicamente? Se olvida de algo el firmante en su misiva: el aspecto psicológico del que se va. La muerte es el hecho o circunstancia más importante en la vida de una persona. Es el momento en que aparecen intensas emociones de tristeza, temor, inseguridad, desamparo, indefensión, etc. La mayoría de estas circunstancias se resuelven con el apoyo del afecto-familiar, afecto del que careció mi querido Emiliano Sada, incluido el del firmante de la carta en su revista. Emiliano careció de la posibilidad de sentir el calor y el amor a través del contacto con la persona que lo trajo al mundo, que le dio la vida; no se le dio esa necesaria e insustituible circunstancia de poder dar ese abrazo, que para él reclama en su despedida el firmante de la carta. Se le privó de sentir y compartir, por última vez, el calor de una madre. No hubo posibilidad de compartir los últimos suspiros con aquellos que habían encendido la llama de su vida, que vieron crecer, desarrollarse y ser testigos directos de una vida ejemplar, la de mi amigo Emiliano. Probablemente el Bio-Bac no incluya en sus normas de utilización la necesidad de tener cerca el cariño de quien te dio la vida. Tengo la seguridad de que su grandeza de corazón y su espíritu sereno habrán comprendido, en presencia de Él, la ignorancia mal intencionada de algunos, incluso cercanos, y el camino que queda todavía por recorrer a los que aún creemos en la ética como norma de vida y en la ciencia como único camino a seguir para el progreso.

V. Calatayud Maldonado
Catedrático de Neurocirugía

Publicamos su carta a pesar de que Javier, el hijo de D. Emiliano Sada, no le menciona a usted en ningún momento ya que lo que éste hizo fue una denuncia genérica y dolorida contra los médicos que atendieron a su padre. Y publicada queda. Dicho lo cual añadiremos que se la hicimos llegar tanto a Javier Sada como a su madre por si querían hacer algún comentario pero su indignación es tan grande que han optado finalmente por responder con el silencio a pesar de saber que íbamos a publicarla. Ni siquiera para aclarar que el proceso oncológico de D. Emiliano era de grado IV y no II como usted dice. Algo que nosotros, sin embargo, no vamos a hacer. Mire usted, nos parece inconcebible que alguien que se autocalifica amigo de otra persona se permita insultar públicamente a la mujer y al hijo de ese amigo al poco de su muerte. ¿Qué concepto tiene usted de la amistad? ¿Le parece normal tildar a los familiares de su amigo de “personas con escaso nivel intelectual, educados en la abundancia y sin esfuerzo alguno?” ¿O calificar despectivamente a Javier de “ilustrado firmante” -¿no recuerda siquiera cómo se llama el hijo de su amigo- que ni siquiera ha finalizado el Bachillerato -¿ignora también que terminó su carrera y ha empezado la segunda?- así como “biorelajado que no alcanzó nunca a ser consciente de la realidad que le rodeaba”? ¿Piensa que alguien se va a creer de veras que ni su mujer ni su hijo le dieron amor, cuidados y ternura? En esta revista sabemos bien que esa afirmación es pura falacia. Ignoramos qué necesidad tiene usted de insultar a nadie para defenderse de los presuntos ataques recibidos… pero la verdad es que su carta destila rencor y prepotencia. Incluso afirma en ella gratuitamente que quienes defienden el Bio-Bac no valoran la importancia del cariño. ¿A qué viene tamaña sandez? Mire usted, señor catedrático: es posible que los conocimientos que tiene de su especialidad sean enciclopédicos pero son tan útiles que no le permiten a usted -ni a ninguno de sus colegas- curar hoy día un solo caso de Parkinson, Alzheimer, Esclerosis Múltiple, Esclerosis Lateral Amiotrófica, Ataxia cerebelosa, etc. Ustedes no curan una sola enfermedad cerebral. Y escudan su ignorancia afirmando que al ser “degenerativas y crónicas” no tienen cura. Ni siquiera matizan que no la tienen con los conocimientos actuales, no; reiteran que no tienen cura. Un poco menos de arrogancia injustificada, por favor. Y deje de pedir a las autoridades que le defiendan. Defiéndase usted cuando proceda. Con argumentos y no con descalificaciones.


Sr. Director: mi esposo, Mario Gastón Ocampo Carrasco, padecía cáncer de colon. El doctor M., del Hospital Clinic de Barcelona, le ofreció tratarle con un medicamento experimental con la condición de que si no se observaba mejoría el tratamiento sería interrumpido. Pues bien, mi marido no sólo no mejoró sino que empeoró pero el doctor G., responsable del estudio, no hizo tal seguimiento. Sin embargo, el laboratorio le compensó económicamente ya que así estaba pactado. El tratamiento experimental -Cetuximab- le provocó múltiples síntomas por lo que tuvo que ser ingresado en un breve periodo en dos ocasiones. José María D. D. fue “su médico”. Carecía de titulación como especialista en Oncología y, sin embargo, ejerció como si lo fuera. Estuvo 20 días con oxígeno ya que ese médico residente le provocó una taquicardia porque no supo calcular la dosificación de un medicamento. Sin consentimiento del paciente y manifestando que no tenía dolor, el “doctor” D. del Hospital Clinic le pautó altas dosis de morfina. La primera vez que le inyectaron la droga fue porque al paciente le sentó mal la cena. Solución: 20 mgs. de morfina. Estuvo más de 24 horas inconsciente. Esas dosis elevadas de morfina provocaron en él insuficiencia urinaria, paralización intestinal, insuficiencia respiratoria y pérdida total de conciencia. No hizo nada para solucionar esos síntomas. Ante esa situación de desamparo total solicité un cambio de médico pero desgraciadamente fue demasiado tarde. Mi esposo, Mario Gastón Ocampo Carrasco, murió el veintidós de febrero del 2002 tras haber padecido terribles sufrimientos y un deterioro físico total.
Después de su muerte descubrí que el medicamento que le aplicaron en el hospital -Cetuximab- había sido prohibido ese mismo año en Estados Unidos por la Food and Drug Administration (FDA), es decir, la Agencia del Medicamento de ese país. Denuncié a los responsables de su muerte, quizás anticipada por los sufrimientos innecesarios que le infligieron antes de morir. Pero el juez A. F. O. archivó el caso después de la declaración no procedente del médico acusado. No me dieron ni tan siquiera la oportunidad de declarar impidiéndome la posibilidad de contradecir las falsedades que habían declarado los médicos, apoyados en todo momento por sus abogados. El juez también me denegó el derecho legal a practicar una autopsia completa al cadáver de mi esposo alegando que ya se la habían practicado en el hospital. En realidad, en la autopsia (necropsia) realizada en el hospital sólo se había investigado cómo se había producido la muerte pero no el porqué, detalle que es del todo necesario en un proceso judicial. La actitud del juez ha dificultado y obstaculizado en extremo la resolución del caso.

Maria del Carmen Gisbert Rico
(Barcelona)

Permítanos decirla, en primer lugar, que lamentamos sinceramente la muerte de su marido y el dolor que sin duda aún la atenaza. Y permítanos aclararla también que hemos omitido los nombres de su carta porque habiendo sido un caso juzgado podría provocar que los aludidos, encima, se querellaran contra usted. Por nuestra parte, publicamos su carta porque sabemos que al menos tendrá usted la satisfacción personal de haber podido contar públicamente su caso y expresar su indignación. Y también porque puede hacer pensar a otras personas si algún día se encuentran en una situación parecida. A fin de cuentas, la “necesaria” experimentación clínica de fármacos en enfermos está llena de abusos que se tapan con frecuencia. Hay demasiadas personas cuyas conciencias son adormecidas con dinero, halagos o ascensos profesionales. Sin olvidar que los jueces -y las autoridades sanitarias- suelen inclinarse a apoyar y creer a los médicos en los procesos judiciales. Aunque muchos de ellos sean individuos auténticamente impresentables que deberían estar en la cárcel.


Sr. Director: descubrí su revista hace tres meses cuando un amigo me habló de un interesante artículo que aparecía en ella sobre los posibles efectos nocivos en la salud de las amalgamas. Y he de reconocer que me pareció muy objetivo, correcto y repleto de datos esclarecedores, incluyendo además la opinión personal de un dentista que no compartía los temores de su revista. El resto de los artículos que aparecían en ese número eran igualmente interesantes. Desde entonces sigo comprando la revista porque creo bastante en la filosofía que defienden aunque no siempre pueda estar de acuerdo con todo lo publicado.
Pues bien, el objeto de esta carta tiene que ver con las amalgamas. Desde hace más de un año soy consciente del peligro que suponen. Conciencia que tiene mucho que ver con los problemas de salud que padezco desde hace poco más de dos años. Después de deambular por muchos especialistas y de desechar los tratamientos que me proponía la medicina ortodoxa (medicamentos paliativos para mis problemas digestivos, antiinflamatorios para mis problemillas musculares y antidepresivos para mis problemas de insomnio y ansiedad) busqué por mi cuenta más información para tratar de acercarme a las causas reales de mi enfermedad. Y después de leer bastantes documentos y hablar con muchas personas di con algunas pistas que me llevaron a dos cuestiones: la candidiasis crónica y la intoxicación por mercurio (debido a mis numerosos empastes metálicos, más de doce). Pues bien, hace unos meses pude hacerme una serie de pruebas que confirmaron mi hipótesis inicial: tenía infección por cándidas (albicans) y un alto nivel de mercurio según mostraba la analítica de mi cabello. Comencé entonces un proceso para quitarme las amalgamas e inicié un proceso de desintoxicación unido a un tratamiento ortomolecular para controlar la candidiasis. Y los resultados han sido muy positivos.
No obstante, también he tenido alguna recaída por seguir algún que otro camino equivocado. En fin, el caso es que durante estos últimos meses he podido adquirir más documentación sobre estos temas pudiendo contrastar las evidentes conexiones que tiene también esto con enfermedades como el síndrome de fatiga crónica, la fibromialgia e, incluso, el autismo, la esclerosis y la artritis.
No me considero un experto en estas cuestiones ni trato de dar lecciones a nadie; me limito a contar mis experiencias y dar pequeños consejos con mucha cautela y precaución. Pero creo que las personas que crean que gran parte sus problemas pueden provenir de sus amalgamas deberían tener presentes algunos consejos:
1) Es recomendable hacerse analíticas que confirmen o desmientan ese temor. Y como en España es difícil encontrar laboratorios que hagan analíticas de cabello para detectar la candidiasis sugiero que entren en contacto con Ana Medina Torres, presidenta de la Asociación para Vencer el Autismo, ya que en ella tienen buenos contactos con laboratorios como Great Plains Laboratory (http://www.greatplainslaboratory.com)
2) Si decide quitarse las amalgamas es mejor acudir a un dentista que tenga experiencia en ello y que durante el proceso tome complementos de antioxidantes.
3) Si existe algún tipo de infección de cándidas u otro tipo de problemas -como colon irritable- es necesario ponerse en manos de algún nutricionista o naturópata para cambiar la dieta y tomar determinados antifúngicos.
4) Si el grado de intoxicación de mercurio es elevado es recomendable seguir un proceso de quelación. También puede ser útil llevar a cabo otro tipo de analíticas que permitan detectar si existe algún tipo de alergia a un metal pesado (existe una página muy interesante sobre estos temas: www.melisa.org).
5) Respecto al proceso de quelación casi se podría dedicar un libro completo dado la complejidad de este asunto. Existen en el mercado varios tratamientos de quelación y no todos son efectivos; algunos incluso pueden crear un daño severo a la persona. Tras leer bastante documentación sobre este tema, antes de iniciar ningún proceso de quelación yo recomendaría la visita de la web: http://www.noamalgam.com En ella se puede adquirir un libro titulado Amalgam Illness Diagnosis and Treatment de Andrew Hall Cutler. Creo que es una de las guías más completas que existen respecto a la intoxicación de mercurio por amalgamas, útil tanto para pacientes como para médicos con mentalidad abierta. Me despido ya. Si he escrito esta carta es porque creo que en esta vida es importante compartir el conocimiento y las experiencias personales con la cautela y la seriedad que requiere cualquier tema relacionado con la salud. Y aclaro que no tengo ningún tipo de relación comercial con los enlaces que he recomendado. Son simplemente fuentes de información que considero de utilidad y relevancia.
Sólo me queda darles la enhorabuena por su revista. Y les animo a que publiquen un segundo artículo sobre las amalgamas así como a hablar de otras fuentes de intoxicación

Francisco Calderón
(Palma de Mallorca)

Gracias por compartir con nosotros sus conocimientos. Y disculpe si hemos resumido su carta pero era muy extensa.


Estas cartas aparecen en
57
Enero 2004
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