CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 64 / SEPTIEMBRE / 2004

Sr. Director: les felicito por el artículo sobre los peligros de los teléfonos móviles”. Como afectado por la telefonía móvil es gratificante, dentro de nuestra desgracia, ver cómo este problema, por mucho que se intente censurar, va apareciendo en revistas. Esto nos da esperanza y prueba que su revista realmente es única. Desde la asociación de afectados a la que pertenezco enviamos notas a los periódicos para que se publiquen en la sección de cartas al director comentando temas de actualidad y relacionándolo con la contaminación electromagnética y créame cuando le digo que si publican alguna se censuran expresamente las líneas referidas a este tema. ¡Y a esto le llaman “democracia” y “sociedad de la información”! Desde aquí felicito a los valientes científicos que nombran en el articulo y, por supuesto, a ustedes que buscan la verdad.

Ramon Casals
Miembro de ABATEM


Sr. Director: no creo que entre los efectos adversos de la telefonía móvil -que efectivamente son varios y algunos de ellos graves- puedan incluirse los impulsos de baja frecuencia contenidos en una onda portadora de alta frecuencia. Una baja frecuencia, por sí sola, sí es dañina a partir de una intensidad de corriente determinada, por ejemplo de 40 mA (con 2mA. ya existen contracciones musculares). Pero no hay riesgo si esa baja frecuencia se contiene en una portadora de alta frecuencia. Y explico por qué: un simple receptor de radio, al sintonizar una emisora, lo que hace es captar la frecuencia fundamental de la portadora de alta frecuencia llevando incorporada ésta la baja frecuencia correspondiente a la voz, música, etc. Pero esa baja frecuencia no va a poder separarse de la portadora si no se detecta o rectifica y se elimina paralelamente la portadora de alta frecuencia quedando sólo la baja frecuencia que es la que nos proporciona los sonidos que escuchamos. Bueno, pues el cuerpo humano, cuando recibe una onda de alta frecuencia -como es el caso de las ondas de los teléfonos móviles-, no dispone de un circuito electrónico capaz de separar la baja frecuencia contenida en la portadora. Lo que hace pues es captar los efectos adversos de la radiación de la propia alta frecuencia, pudiendo ser éstos térmicos o atérmicos según sea la potencia de la radiación emitida. Otro ejemplo más sencillo de entender lo expuesto le encontramos en el funcionamiento de cualquier electrobisturí de los que se usan en los quirófanos. Estos equipos suministran potencias de hasta 350 w sobre el cuerpo de los pacientes… pero ello no implica riesgo alguno a pesar de que incorporan conjuntamente con la portadora de alta frecuencia bajas frecuencias de elevadas potencias para producir un efecto coagulante. Esas bajas frecuencias, al formar parte de la propia componente de alta frecuencia, no solamente no entrañan peligro sino que el efecto estimulante es cero mientras que si fueran utilizadas directamente sin formar parte de la portadora representarían la muerte instantánea del paciente. Ello evidencia perfectamente, a pesar de la insistencia de varias publicaciones y comentarios en sentido contrario, que un teléfono móvil no puede alterar ninguna parte sensitiva del cerebro o del corazón por el hecho de llevar incorporado unos impulsos de bajas frecuencias en la onda portadora de alta frecuencia.
Atentamente

José Calvo
(Barcelona)


Tras leer en la revista nº 61 la carta abierta que el Dr. Joaquín Amat envió al actual Presidente de Gobierno me animé a escribirle inmediatamente a la cárcel para animarle y decirle lo injusto, inhumano y canallesco que supone su caso. Luego, en el nº 62, leí la carta que les mandó D. José Mª Valdepeñas desde Pozoblanco (Córdoba) explicando su curación gracias al Dr. Amat y en la que también hace mención al caso del Bio-Bac, también absolutamente inexplicable. Y la verdad, me pregunto en que país vivimos. Evidentemente, el poder de las multinacionales farmacéuticas y el de los colegios médicos es inmenso. Y lo mismo da que tengamos un gobierno de derechas que de izquierdas. Los distintos ministerios de Sanidad, con sus ministras al frente, pasan por todo. Si ambos productos, la urea del Dr. Amat y el Bio-Bac del farmacéutico español Fernando Chacón, son inocuos (según reconocimiento oficial) y está demostrado que curan a la gente enferma de cáncer (además de otras enfermedades) es inhumano -amén de otros calificativos que no quiero dar- que se prohíban sobre la base de que “perjudican la salud pública”. La actual ministra de Sanidad (de la anterior es mejor no decir nada) debe tomar cartas en estos dos asuntos, permitir su fabricación y venta y, desde luego, hacer lo posible para sacar de la cárcel al Dr. Amat puesto que está en ella por “estafa” (7 años) y “delito contra la salud pública” (4 años); es decir, 11 años en total. Pues bien, señora Ministra y señores juristas, ¿saben lo que hacen la quimioterapia y la radioterapia? Causar 100.000 muertes por cáncer al año (cifra oficial) sólo en hospitales y clínicas sin contar los que mueren en sus casas. ¡Y esos son los procedimientos “científicos” de los que tanto presumen los médicos y tanto dinero cuestan a la sociedad! Por favor, actúese de una vez con seriedad en este campo, dejen de lado nuestras autoridades a las multinacionales y a los colegios médicos y trabajen en favor de la salud pública y no en su contra. Les saluda muy atentamente,

Ricardo Guerra Arañes
Castillo Siete Villas (Cantabria)


Estas cartas aparecen en
64
Septiembre 2004
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