CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 59 / MARZO / 2004

Después de lo acontecido con el Bio-Bac y ver que la mayoría de los médicos desconocen -o no los utilizan- productos o terapias efectivas en el tratamiento del cáncer (aloe vera, BIRM, terapia celular del doctor Rath, etc.) me quedan pocas dudas acerca de la causa: el poder de la industria farmacéutica. Para ésta todo aquello que cura pero es susceptible de hacer la competencia a los productos que controla debe permanecer oculto o estar prohibido. En España el poder de esa industria está representada por la organización Farmaindustria, la patronal del sector. Y se manifiesta en la influencia que ejercen sobre gobiernos -central y autonómicos- y médicos. Lo que el Ministerio de Sanidad, a través de su Agencia del Medicamento, está haciendo con el Bio-Bac es un buen ejemplo de ello. En un informe sobre el poder de la industria farmacéutica que aparece en el número del pasado mes de enero de la revista “Dinero” se dan varios ejemplos. En el mismo, elaborado por Fernando Braciela, se afirma que la industria farmacéutica es “el sector más poderoso del mundo… habituado a imponer sus prácticas a los gobiernos… y excelentemente relacionado con el establishment sanitario” y que todos los intentos de frenar a las farmacéuticas en su objetivo de recibir del presupuesto del Estado la mayor parte de sus ingresos han fracasado: “Las medidas adoptadas por los gobiernos socialista y popular en este sentido han tenido un resultado cero”. En el documento se relaciona gasto farmacéutico español y beneficios de las farmacéuticas. Cuanto más gasto, más beneficios para ellas. Pero también se relaciona aumento del gasto farmacéutico con deterioro del servicio de salud: “Ya no se contratan médicos para las vacaciones, se cierran camas…”. El gasto, fundamentalmente, tiene que ver con los médicos. Depende de qué recetan, en qué cantidad y a qué precio está lo que recetan. Y de lo que se deduce del citado informe, los médicos responden mayoritariamente al dictado de la industria “que utiliza las invitaciones a viajes y congresos, asistencias a cursos y seminarios, becas y colaboraciones ” para ganarse las voluntades de éstos. Se dice también que las dos iniciativas de la ministra, Ana Pastor, conducentes a reducir el gasto farmacéutico (léase reducir los beneficios de las farmacéuticas), el llamado Pacto de Sostenibilidad -un acuerdo de tres años (2001/2004) con Farmaindustria para que el gasto farmacéutico no aumentara cada año más de un 6,5%- y la Orden de Precios de Referencia (octubre de 2003) que reduce el importe de 2.070 de los 7.000 fármacos de prescripción ni van a reducir el gasto ni van a recortar los beneficios de la industria. Sobre la primera iniciativa hay datos: el gasto aumentó el 9,9% en el 2002 y cerca del 13% el año pasado. Sobre la segunda hay certezas: los laboratorios seguirán doblegando las voluntades de los médicos para que, en vez de recetar genéricos o medicamentos con precios de referencia, receten los fármacos más modernos y caros. Y si existen medicamentos más caros y modernos -o sea, de aparición reciente- se lo debemos a la Agencia Española del Medicamento, encargada de autorizar nuevos fármacos. En el informe también se dice que es excesiva la autorización de nuevos fármacos que apenas aportan nada en relación con los que ya hay. La Agencia, de esta manera, favorece los intereses de las farmacéuticas: los medicamentos genéricos o a los que afectan los precios de referencia son sustituidos por otros, muy parecidos pero más caros. Una ministra que toma iniciativas que sirven para aumentar el fatídico gasto farmacéutico y el beneficio de los laboratorios, una Agencia del Medicamento que autoriza fármacos con los que librarse de la pérdida de beneficios que traen los genéricos y los precios de referencia, una mayoría de médicos doblegados a la voluntad de quien los agasaja con viajes, cursos y otras lindezas… O entre todos cambiamos esta situación o todo seguirá igual con tendencia a empeorar. Dar a conocer productos alternativos en la lucha contra el cáncer (y exigir que sean prescritos por los médicos con cargo a la Seguridad Social) o luchar por acabar con la incautación-prohibición del Bio-Bac es un modo de recuperar la soberanía que reside en la gente pero que en materia de salud nos ha sido arrebatada por la industria farmacéutica (con la complicidad de médicos y políticos).

Julio Torrance

Le agradecemos sinceramente que nos haya facilitado este impecable resumen de lo que publica la revista Dinero, sorprendentemente valiente en esta sociedad de cobardes. De forma muy especial en el ámbito político y periodístico.


Estimado director: en el nº 56 (diciembre de 2003) de la revista contesta Ud. una carta de Maite Alonso de un modo que me ha hecho recapacitar. Es cierto que muchas veces en nuestra vida, especialmente cuando tomamos conciencia de las mayores injusticias humanas de la hipocresía (hoy reflejadas por antonomasia en el caso BIO-BAC), muchos nos preguntamos “¿Y yo qué puedo hacer?” Y afirma Ud. que es mucho lo que podemos hacer, empezando por dar a conocer la revista “porque es prácticamente el único medio de comunicación que se atreve a denunciar lo que está ocurriendo, en éste y otros temas del ámbito de la salud, sin tapujos”, afirmación que comparto plenamente y tras la cual se queja de que son muy pocos los lectores que actúan así. Por otra parte, parece que nuestro desafortunado Ministerio de Sanidad y Consumo sigue negándose a liberar el Bio-Bac a pesar de que no sólo es inocuo sino que hace tiempo ha acreditado sus notables efectos terapéuticos en varios ensayos clínicos que lamentablemente estarán durmiendo el sueño de los justos, recubiertos de las telarañas de la ignominia, en algún inconfesable lugar a medio camino entre dicho Ministerio y la Administración de Justicia… Pues bien, en un asunto de tan profundo entramado inconfesable las acciones individuales están condenadas al más despectivo de los fracasos y apenas tienen la virtualidad de mantener íntegra la conciencia de quien las asume. Hablo de casos como el que yo mismo protagonicé en mayo del año pasado cuando, con motivo de la celebración del Día de la Bicicleta, pedaleé por las calles de Cáceres portando un dorsal en el que figuraba una fotografía ampliada de un frasco de Bio-Bac sobre el lema “¡Liberación ya!”. Me veo obligado a admitir que probablemente nadie reparó en la acción reivindicatoria… de modo distinto a como habría acontecido si miles de personas hubiesen portado al mismo tiempo un dorsal similar. Permítame que le comente que hace meses le remití al director de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) una carta en la que, con mi amenaza de darme de baja de tal asociación, le solicitaba motivadamente que renunciaran a sus pretensiones de demandar judicialmente a los médicos implicados en el montaje de la Operación Brujo (por recomendar como tratamiento el Bio-Bac), como era la intención de esa organización, manifestada el menos en dos ocasiones en sus revistas de difusión. No sé si mi carta habrá tenido algún efecto pero al menos no he vuelto a leer nada sobre tal demanda.
Y ahora le sugiero una propuesta, no para dotarnos de más dorsales o pancartas sino para redactar y distribuir por correo electrónico (incluso colgándola en su página www.dsalud.com) una suerte de manifiesto que cada uno de nosotros pudiéramos enviar al Ministerio de Sanidad y Consumo en demanda de la liberación inmediata del Bio-Bac y que, a su vez, podríamos remitir a otras instituciones y a los medios de comunicación. Dicho manifiesto debería ser redactado por alguien que, como Ud., conozca sobradamente los entresijos de los que habla y además los exponga con suficiente perspicacia y objetividad. Me viene ahora a la mente la idea de que a las víctimas del terrorismo el mayor daño que se les puede seguir haciendo una vez asesinados es amortajarlos con la ponzoñosa sábana negra del olvido y del ostracismo… lo mismo que sucede en el caso del Bio-Bac, en el que lo peor que se puede hacer es ladear la mirada y suspirar sin hacer nada por desvelar por todos los medios lícitos la verdad. Y es que si esperamos que algún día la Historia haga responder a quienes actualmente impiden incluso el uso compasivo de ese producto tendremos que hacer algo hoy mismo para empezar a informar a nuestros descendientes. Y si esperamos que pronto se pueda volver a consumir Bio-Bac y así frenar el patético goteo de vidas humanas que está suponiendo su retirada del mercado tendremos que hacer todo lo posible por hacernos oír. ¿Acepta mi propuesta?

Antonio Cortés Rodríguez

Ante todo, gracias por la carta que, a pesar de su extensión, hemos decidido publicar íntegra debido a su interés. Verá también, si ha leído la carta que publicamos delante de la suya, que otros medios -es el caso de la revista Dinero- empiezan a hablar sin tapujos. Nos congratula. Cuanto mayores son los intentos de censura en un sistema cerrado mayor es la presión que tiene que soportar… y antes o después tiene que salir por algún lado o explotar. En cuanto a la actitud de la OCU -no sólo en el caso del Bio-Bac sino en otros- preferimos no opinar pero es obvio que cada día representan menos los intereses de los consumidores. Es más, esa organización se ha convertido en una empresa que vende también ya hasta libros para adelgazar. Y no hablemos de sus folletos comerciales actuales… al más puro estilo americano. Sí queremos comentar, en cambio, su propuesta de elaborar un manifiesto. Porque precisamente esa excelente idea nos fue también propuesta hace ahora tres meses por el teólogo Benjamín Forcano y está en marcha. Informaremos de ello en la revista cuanto sea una realidad. Un buen ejemplo de sincronicidad, ¿verdad?


Soy suscriptor de la revista -que encuentro muy interesante- y deseaba lanzar una cuestión al vuelo sobre el caso Bio-Bac o, cuando menos, hacer una pequeña reflexión. El tema me interesó especialmente porque si bien mi padre, ya fallecido, no llegó a probar el compuesto pues fue la época en que se acababa de prohibir no por ello nos sentimos menos frustrados ya que, al fin y al cabo, se nos privó del último recurso de que disponíamos. Incluso aunque sus resultados no hubieran sido satisfactorios habríamos aceptado que, al menos, hicimos todo lo posible. En todo caso, en realidad mi carta es para intentar aclarar -si es que se puede- por qué desde la empresa de Chacón no se ha hecho lo posible por seguir facilitando el Bio-Bac. Me explico: según tengo entendido lo que se ha prohibido es la comercialización del producto -¿me equivoco?- y no su fabricación. Y creo que cualquier persona puede hacer un producto y regalárselo a sus amigos si le place, sin infringir ninguna ley. Luego, si una persona quiere ingresar en la cuenta de alguien un dinero, tipo donación, porque le dé la gana, puede hacerlo sin infringir la ley. Bien, creo que aunque de una forma muy simple, he aclarado por dónde voy. Y mi pregunta es: tratándose, como se trata, de un asunto de vida o muerte, con mucha gente (aunque no tanta) pendiente de este compuesto, ¿por qué no se ha llegado a una fórmula que permitiera el acceso a su dosis a esas 50 o 60 personas que están en grado casi terminal aunque eso privara en principio a sus propietarios de tantos beneficios o les causara algún quebradero de cabeza más? Vuelvo a repetir que estamos hablando de un asunto de vida o muerte. En fin, no me entra en la cabeza, después de haber leído tanto sobre la filosofía empresarial que marca el camino de Laboratorios Chacón, que esta solución no se haya alcanzado y que la gente siga muriendo. Quizás piensen que la pregunta debería hacérsela a Chacón pero creo que también ustedes y los afectados tenemos algo que decir al respecto. Ustedes porque creo que alguna “responsabilidad” podían haber adquirido en una posible mediación; y en cuanto a nosotros, espero que algún afectado me conteste sobre si ha intentado algo. En fin, son dudas que me corroen y que, después de mucho darle vueltas, mi lógica, quizá ingenua y utópica, no termina de entender. Un saludo.

Javier Albujer

Chacón Farmacéutica encargó siempre la fabricación del Bio-Bac a laboratorios que contaban con los permisos e instalaciones requeridas por la ley. No tenía instalaciones propias para su fabricación. Lo que usted sugiere, por tanto, exige que otro laboratorio se encargara de ello. ¿Conoce usted alguno dispuesto a fabricar un producto tras haber sido retirado por la fuerza -nunca mejor dicho- por el Ministerio de Sanidad y la Guardia Civil? Nosotros, no. Rafael Chacón tampoco. Por otra parte, pregunta usted por qué no se ha llegado a una fórmula de compromiso para no dejar abandonados a los pacientes que lo estaban tomando (millares en todo el mundo, no 50 o 60 como usted piensa). Sólo que esa pregunta debería usted formulársela a quien se negó en redondo -la Ministra de Sanidad, Ana Pastor- ya que Rafael Chacón aceptó desde el principio públicamente cualquier solución que pudiera ayudar a los enfermos. Estos, agrupados en la Asociación de Consumidores de Bio-Bac, lo saben bien. Es más, han participado en multitud de actos y han hecho infinidad de gestiones ante la Justicia, los partidos políticos y sindicatos, los medios de comunicación, la Administración y hasta la Iglesia Católica. Otros, en cambio, se limitan a preguntarse por qué los demás no hacen algo. Sí, ha sido y sigue siendo una cuestión de vida para mucha gente. En España han muerto el último año de cáncer casi 100.000 personas… sólo en hospitales. Sin contar quienes han fallecido en sus casas. Mientras, varias decenas de miles de botes de Bio-Bac -un producto inocuo y sin efectos secundarios, según la propia ministra Ana Pastor- permanecen secuestrados. Con la falsa acusación de que es un “medicamento ilegal”. Una enorme mentira porque el Bio-Bac jamás ha sido autorizado como medicamento. Ni se solicitó jamás su registro como tal. Era -y es- un producto dietético natural e inocuo.


Sr. Director: a mis cincuenta y dos años casi he nacido de nuevo porque he perdido cuarenta kilos en siete meses y medio siguiendo la Dieta Definitiva sin pasar hambre y con sorprendente facilidad por lo que le estoy sumamente agradecida. Sin embargo, ahora tengo un problema: me sobra piel por todas partes. ¿Hay algún método natural para resolver el problema? No ahora pero sí cuando termine de perder los diez o doce kilos que aún quiero quitarme de encima. Reciba mi más cariñoso agradecimiento.

Lupe Gómez (Caracas)

La sugerimos que consulte con un médico especializado en cirugía estética. Cuando se adelgaza a un ritmo normal y se es joven la piel se ajusta poco a poco de forma natural pero en su caso quizás haya que recurrir a la cirugía. Es imposible saberlo desde este otro lado del océano. Lamentamos no poder darla otra indicación sin más datos.


Estas cartas aparecen en
59
Marzo 2004
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