CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 227 / JUNIO/ 2019

Sr. Director: hace 7 años me diagnosticaron un neurinoma del acústico, también conocido como schwannoma vestibular. Es un tumor poco frecuente no canceroso que empezó teniendo 7 mm. y actualmente es de 14 mm. La medicina oficial solo plantea como solución cirugía -con muchas secuelas-  o radioterapia (Radiocirugía). ¿Podrían aconsejarme a algún doctor que tuviera un tratamiento alternativo, sin tantas secuelas? Preferentemente en Barcelona. Saludos cordiales.

Vicenç Oriol
(Figueres) 

El neurinoma del acústico es un tumor benigno de crecimiento lento que aparece en el nervio vestibular –el que va del oído interno hasta el cerebro-, surge de las células de Schwann que cubren el nervio –de ahí lo de schwannoma vestibular- y al afectar a la presión puede provocar pérdida de audición, zumbidos, mareos, vértigos e inestabilidad presionando a veces los nervios adyacentes que controlan los músculos faciales y los vasos sanguíneos produciendo entumecimiento facial y, de forma excepcional, debilidad o pérdida de movimiento muscular. Es más, en muy raras ocasiones crece hasta comprimir el tronco encefálico poniendo la vida en peligro. Y lo que médicamente se hace es extirparlo quirúrgicamente o eliminarlo con radiocirugía. En cuanto a la causa se achaca actualmente a un gen defectuoso del cromosoma 22 que produce una proteína que inhibe el crecimiento anómalo de las células de Schwann. Lo que se ignora es por qué ese gen es defectuoso siendo el único factor de riesgo conocido que uno de los padres sufra Neurofibromatosis tipo 2, trastorno genético poco frecuente; y a ello se debería además solo un 5% de los casos. El problema es que actualmente no existe -que sepamos- alternativas naturales a la extirpación. Lo sentimos.

 

Sr. Director: quisiera saber cómo se transportan los minerales que el organismo necesita hasta el interior de las células. Lo pregunto porque cuando voy al herbolario hay todo tipo de preparados distintos y no sé cuál es el mejor o más adecuado. Le pongo un ejemplo: se que el magnesio es un mineral con muchas propiedades e imprescindible para un correcto funcionamiento del organismo; de forma muy especial para el corazón, las arterias, el aparato musculoesquelético y los sistemas nervioso, endocrino y digestivo. Y sé que su déficit puede causar alteraciones gastrointestinales, náuseas, estreñimiento, fatiga, hipertensión, somnolencia, convulsiones, tics, irritabilidad, debilidad muscular, depresión, astenia, deterioro de la capacidad intelectual, trastornos menstruales. Porque todo ello lo han publicado ustedes. Es más, han explicado que la carencia de magnesio afecta principalmente a quienes no ingieren habitualmente frutas, hortalizas u otros alimentos crudos o hacen una alimentación pobre y que su deficiencia es frecuente en alcohólicos, personas con cirrosis hepática, mala absorción intestinal, diarreas prolongadas y pacientes con enfermedades renales. Ahora bien, ¿en qué forma química es más biodisponible y eficaz? ¿Cómo cloruro de magnesio –forma a la que ustedes dedicaron un extenso reportaje- o como glicinato de magnesio, malato de magnesio, treonato de magnesio, citrato de magnesio, óxido de magnesio, glutamato de magnesio, carbonato de magnesio, sulfato de magnesio o aspartato de magnesio? Y lo pongo solo como ejemplo porque lo que me interesa de verdad es saber cuál es la forma química idónea para llegar a las células. No he encontrado información seria al respecto. Sé que mi pregunta es compleja pero no sé a quién dirigirme que me merezca más confianza más que ustedes. Y no estoy halagándoles para que me contesten sino porque así me consta ya que llevo leyendo la revista desde que salió hace más de 20 años. Aprovecho pues para felicitarles, en especial por llevar años denunciando lo que otros empiezan a hacer ahora porque andaban en la inopia.

Juan Carlos Álvarez
(Madrid) 

Ante todo gracias por sus amables elogios. En cuanto al magnesio cabe recordar que es el quinto elemento más abundante en nuestro organismo calculándose que un ser humano de 70 kilos tiene entre 21 y 28 gramos de los que el 65% está en el esqueleto, el 25% en los músculos y el resto en los tejidos blandos -principalmente, corazón, cerebro, hígado y riñones- y en los líquidos orgánicos. De hecho funciona como cofactor en más de 300 reacciones enzimáticas ya que interviene en todas las reacciones que se producen para la formación de la principal molécula de energía del cuerpo humano -la adenosín-trifosfato o ATP- y además modula los potenciales eléctricos de las membranas celulares lo que permite que los nutrientes transiten adecuadamente a través de ellas. Asimismo participa en la duplicación del ADN y en la transmisión de los impulsos nerviosos, regula los niveles de azúcar en sangre, interviene en la relajación y contracción de los músculos previniendo calambres, contracturas, vértigo, mareos o fatiga, favorece la absorción y metabolismo de otros minerales y ayuda a regular la temperatura corporal además de mantener sanos huesos, articulaciones, cartílagos y dientes. Y si se consume tanto es porque se calcula que entre el 15 y el 20% de la población tiene carencia crónica de magnesio. Carencia que sufren sobre todo quienes -como usted bien recoge en su carta- consumen muchos alimentos procesados, bebidas azucaradas –colas, refrescos, etc.-, carbohidratos refinados, bebidas alcohólicas y fármacos y no ingieren habitualmente vegetales crudos: verduras, hortalizas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y frutas Déficit que asimismo pueden tener las personas con mala absorción intestinal, diarreas prolongadas, cirrosis y enfermedades renales. Por otra parte, su biodisponibilidad es menor si en el organismo hay exceso de calcio, fósforo, citratos, zinc, ácidos grasos o sales biliares. Incluso es importante el nivel adecuado de vitaminas siendo negativo tanto el exceso como la carencia; de hecho el déficit de magnesio en los tejidos puede deberse tanto a déficit de vitamina E como a un exceso de vitamina C. En cuanto a la forma química es evidente que no lo aconsejaríamos nunca en formas de óxido, glutamato y aspartato siendo a nuestro juicio las más idóneas de las que menciona el glicinato de magnesio y el cloruro de magnesio pero siempre que se tomen a la dosis adecuada. En cuanto a la parte principal de su pregunta requiere una explicación muy técnica y amplia que vamos a intentar resumir: para que una sustancia penetre en una célula –minerales incluidos- hay que atravesar la membrana que la recubre protegiéndola; y una vez en el interior las que recubren las organelas, el núcleo, los lisosomas, los retículos endoplasmáticos, etc. Membranas celulares muy selectivas que “saben” y deciden lo que puede entrar y salir de la célula y de sus estructuras internas y de ahí que se las considere las portadoras de la memoria de la especie. Pues bien, el doctor alemán Hans Alfred Nieper postuló hace ya 60 años que muchas patologías se debían a la imposibilidad de que minerales específicos pudieran llegar a sitios celulares específicos. Y como la doble capa de fosfolípidos de la membrana sólo permite el paso de las moléculas no polares -es decir, sin carga eléctrica- y no los iones -como el calcio o el magnesio- había que buscar otro tipo de transporte, alguna sustancia que les ayudara a atravesar la membrana. Sería así como finalmente constataría que había cuatro sustancias con las que se logran espectaculares resultados: el ácido aspártico, el ácido orótico, la arginina y el fosfato de colamina. Y tras investigar sus posibilidades comprobaría que son los orotatos y arginatos los que permiten transportar los minerales hasta el interior de la célula. Es más, los orotatos de calcio y magnesio atraviesan intactas las membranas sin disociarse ni liberar sus iones pudiendo así soltar luego sus respectivos minerales en el interior. Cabe agregar que los orotatos son sales del ácido orótico, sustancia natural que se encuentra en varios alimentos y de hecho son componentes del sistema natural de transportadores de electrolitos por el organismo. En suma, los transportadores idóneos de minerales serían los orotatos; al menos los de magnesio y calcio. En cuanto al ácido orótico se le consideró mucho tiempo una vitamina del grupo B –de hecho aun se la llama vitamina B13y se trata de un compuesto intermedio de la síntesis de la pirimidinas que se encuentra sobre todo en las raíces comestibles y en el suero o porción líquida de la leche cortada.

 

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