CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 248 / MAYO / 2021

Estimado director: dice Wikipedia que la claustrofobia es miedo a estar en espacios cerrados o limitados. El claustrofóbico imagina que puede asfixiarse y eso le provoca ansiedad. Se estima que entre un 6% y un 8% de la población sufre este trastorno pero el porcentaje puede aumentar exponencialmente pues también cabe la posibilidad de “contagiarse” viendo a otros pasar por experiencias claustrofóbicas. Por eso los expertos recomiendan evitar esos lugares cerrados que identifican como “factores de riesgo”. La claustrofobia es pues una sensación de ahogo que surge debido al miedo a permanecer encerrado en un sitio que se considera demasiado pequeño pero, ¿cuándo un espacio puede considerarse demasiado pequeño? ¿Alguien lo ha concretado? ¿Podemos asegurar por ejemplo que un apartamento de 20 m2 puede resultar claustrofóbico y no uno de 90 m2? Pues no porque la aparición de la ansiedad depende en primer lugar del miedo que ya ha acumulado el individuo –es decir, de lo miedoso que se ha hecho- y en segundo lugar del tiempo de exposición al “factor de riesgo” –o sea, de lo que dure el encierro-. Es evidente que la misma persona que puede no agobiarse por permanecer unas horas en una habitación puede agobiase mucho tras permanecer unos días. Si preguntamos a un claustrofóbico cuáles son los síntomas seguramente nos dirá que siente miedo y ahogo pero, ¿puede ser el miedo un síntoma siendo la causa? En cualquier caso, ese miedo o ahogo hace que la respiración se vuelva poco profunda -por la propia tensión muscular que provocan los síntomas- y el claustrofóbico entra en un bucle en el que no puede discernir si es el miedo que está experimentando lo que le provoca la asfixia o es la asfixia la que le provoca el miedo. Al volverse la respiración menos profunda el cuerpo sufre una falta de oxigenación que puede conducir al desmayo. En cualquier caso, esa falta de oxigenación de las células compromete el buen funcionamiento del cuerpo. No es pues extraño que la sensación de ahogo, si se prolonga en el tiempo, acabe somatizándose como enfermedad respiratoria ya que el cuerpo siempre trata de expresar aquello que “siente” la mente. Así, si la mente percibe asfixia el cuerpo tiende a fabricar una situación asfixiante por simple coherencia. A fin de cuentas el cuerpo no es más que la máquina de la que se sirve la mente y la máquina siempre seguirá a su conductor. Negar que la mente es el conductor del cuerpo sería asumir que somos seres irracionales. Son muchos los países en los que los gobernantes han recomendado a la población permanecer en sus viviendas pero muy pocos los que han prohibido salir, como han hecho en España. Recomendar y prohibir son cosas distintas. Lo segundo es establecer límites y eso crea las condiciones para que pueda darse la sensación claustrofóbica. ¿Alguien ha pensado en los efectos que tendrá esa prohibición en ese 6% u 8% que, ya de por sí, es población de riesgo? ¿Alguien ha calculado hasta qué porcentaje aumentarán los claustrofóbicos debido a la prolongación del tiempo de exposición? ¿Cómo podrían hacerlo si no sabemos siquiera cuánto durará el encierro? ¿Qué se diagnosticará a esas personas cuando ingresen en un hospital manifestando problemas respiratorios? ¿No podemos entrar en un bucle en el que cada vez más personas sufran problemas respiratorios y eso lleve a los gobernantes a prolongar aún más el tiempo de encierro y ello cause, a su vez, más problemas respiratorios, más ansiedad y más miedo? ¿No dicen los propios médicos que el miedo baja las defensas? ¿No es de vital importancia tener las defensas altas, el sistema inmunitario en forma, para superar cualquier enfermedad? La medicina holística o integrativa critica a la medicina alopática imperante por partir de la premisa de que un ser humano puede reducirse a un conjunto de procesos químicos que, en caso de malfuncionamiento de alguno de ellos, se repara con más química. Eso no es más que tratarnos como cuerpos ignorando que también somos mente. E ignorando que es la mente la que crea las condiciones que luego expresa el cuerpo. Hoy día pocos médicos alopáticos dudan por ejemplo de que una situación prolongada de estrés, de ansiedad, de miedo, puede producir una úlcera… pero hubo un tiempo -no muy lejano- en que se burlaban del que les planteaba tal posibilidad. Al final tuvieron que rendirse a la evidencia que es, al fin y al cabo, lo que hace todo buen científico. Solo hace falta darse cuenta de que el miedo (mental) es lo que causa la asfixia (corporal), de que el miedo es lo que nos deja indefensos frente a la enfermedad. ¡Negarlo sería asumir que somos seres irracionales! Todo esto lo dije y publiqué hace ya un año, cuando empezó el confinamiento, con el título ¿Quién se acuerda de ellos? Entonces no era políticamente correcto hablar del tema así que ningún político se acordó. Hoy, también ellos “se ven obligados” a consumir drogas psiquiátricas porque les resulta imposible soportar el miedo… que ellos mismos sembraron. Recientemente uno de nuestros representantes nombró algunas drogas psiquiátricas y desde la tribuna del Congreso preguntó a los otros: ¿Cómo es posible que nos resulten tan familiares sus nombres? Los políticos vaticinan ahora que la «cuarta ola» puede ser de enfermedades mentales y ellos mismos se reconocen enfermos. Ya se ven como drogados gobernando a drogados, algo así como “ciegos guiando a ciegos”. De vez en cuando alguno parece despertar del coma inducido y se pregunta: ¿Valía la pena pasar por todo esto para evitar un resfriado? «Sin duda -se contesta- pues las acciones de las farmacéuticas siguen subiendo».

José Miguel Ruiz Valls

Atzeneta d’Albaida (Valencia)

 

Sr. Director: conocí la revista hace poco más de un año -cuando empezó la «plandemia»- y la verdad es que me ha sorprendido mucho su elevado nivel. De hecho lamento infinito no haberla conocido antes porque me habría servido de mucha ayuda dados mis problemas de salud anteriores. En fin, el caso es que acaban de darme los resultados de una analítica y está todo bien salvo el nivel de PSA total que es de 7,3 ng/ml cuando el valor normal debe ser menor de 4 teniendo menos de 60 años y yo aún tengo 57. El médico me dice que probablemente sea una hiperplasia benigna de próstata pero que no puede descartar un posible tumor y quiere hacerme más pruebas, posible biopsia incluida. Y la verdad, mi experiencia pasada con los  médicos ha sido muy negativa y no estoy por la labor. Ni de hacerme más pruebas ni de tomar el fármaco que me ha sugerido porque me he leído el prospecto. ¿Hay alguna forma natural y no invasiva de afrontar la situación? Les agradecería que me orientaran.

Paulino Estévez

(Guipúzcoa)

 

Le sugerimos que lea el reportaje que con el título Cómo prevenir y tratar eficazmente de forma natural los problemas de próstata apareció -en dos partes- en los números 196 y 197. En él explicamos de forma amplia y documentada que ni la prueba del PSA sirve para detectar un cáncer de próstata ni los tratamientos convencionales permiten afrontar eficazmente ni éste, ni la hiperplasia benigna de próstata. Y que ni la terapia antiandrogénica, ni la prostatectomía radical, ni la castración química son una opción aceptable según demuestran numerosos trabajos publicados en revistas científicas. Lo inteligente pues es entender las posibles causas para evitarlas y afrontarlas luego con métodos naturales, algo que exige saber qué factores o agentes lo están provocando. Le sugerimos que no acepte pues ni tratamientos sintomáticos ni radicales porque el mejor médico es su propio organismo. Dicho esto sepa que una de las principales causas es el abusivo consumo de azúcares, carbohidratos refinados y alimentos procesados industrialmente porque ello da lugar a una constante producción de insulina que puede llevar a la obesidad, la diabetes y la acidificación del organismo pero estar igualmente detrás de la hiperplasia benigna de próstata y el cáncer prostático. En ese reportaje explicamos minuciosamente las razones que avalan esta afirmación así como cuáles son las sustancias naturales que pueden ayudarle en caso de confirmarse que hay un problema prostático y por qué es así. Nos referimos a las pipas y aceite de calabaza, al melón amargo, a la granada, al té verde, al brócoli, a la cúrcuma, a los aguacates, nueces,  anacardos y  pistachos, a la mayoría de los aceites vegetales, al ciruelo africano, a la palmera enana, al cardo mariano y a la raíz de ortiga. En cuanto a los principios activos más eficaces cabe mencionar al zinc, al boro, al yodo, al licopeno, al beta-sitosterol, a la silimarina y a la vitamina D. Podrá entenderlo leyendo el texto que le recomendamos.

 

 

 

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