CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 61 / MAYO / 2004

Apreciado Sr. Campoy: soy lector de la revista y admirador tanto de la información que proporciona como de la actitud que se refleja en muchos artículos frente a las injusticias que frecuentemente se cometen por el «yunque» todopoderoso de los miembros que componen y presiden el emporio oficial sanitario. Dicho esto, paso a exponer el motivo fundamental de estas líneas: soy enfermo de hepatitis C -crónica al cabo de los años- aunque de momento sin ninguna complicación grave. Ahora bien, no recuerdo -y perdóneme si me equivoco- haber leído en su revista ningún artículo referente a esta enfermedad cada vez mas extendida y sin curación según la Medicina convencional. Y me refiero a un artículo amplio y profundo del que se desprenda si existe algún tratamiento que permita su curación o, al menos, mejorar. Y donde se aborde también, si es posible, hasta qué punto han llegado las investigaciones que -es de suponer- se realizan al respecto. Por tanto, le encarezco que cuando le sea posible considere la posibilidad, con su buen hacer y entender, de atender esta petición que sin duda merecerá el aplauso de sus asiduos lectores. He adquirido su libro La Dieta Definitiva y dos ejemplares más para mis familiares. En mi caso, más para aprender a alimentarme correctamente que para adelgazar pues no padezco sobrepeso y además porque después de leerlo detenida y concienzudamente creo que puede ayudarme favorablemente en mi afección. Sin embargo, desearía que me diese a conocer su opinión respecto a la aplicación en mi caso de su dieta pues a mis setenta años sigo con ganas de seguir en activo. Reciba un saludo afectuoso.

José Pueyo Royo
(Barcelona)

La hepatitis C puede ser tratada con Bio-Bac, producto que tiene ensayos clínicos sobre esa patología que demuestran su eficacia… pero hasta que sea liberado habrá que esperar. También puede probar con Viusid; ya explicamos que es útil en estos casos en el reportaje que publicamos sobre él hace unos números. Asimismo, puede usar Ozonoterapia. Y, por supuesto, debe seguir una alimentación adecuada. En cuanto a La Dieta Definitiva puede usted seguirla sin problemas ni riesgo a sus años… y teniendo muchos más.


Me llamo Héctor V. A., soy suscriptor de la revista desde el primer número y el motivo de mi carta es el siguiente: casi desde niño vengo padeciendo obesidad de origen hipotiroideo que en los últimos años se fue agravando y a pesar de probar dietas, pastillas y productos «milagrosos» nunca conseguía bajar más de diez kilos. Con La Dieta Definitiva lo estoy consiguiendo sin pasar nada de hambre pero ahora tengo un problema: tengo la piel colgando en las zonas con más acúmulos de grasa (cintura, brazos, zona genital y piernas) y ello me provoca roces en la piel hasta el enrojecimiento -particularmente en la zona genital- que no consigo evitar ni lavando frecuentemente con jabones neutros, ni con cremas hidratantes o, incluso, polvos de talco. Por tanto, me gustaría saber si existe algún tipo de producto o incluso intervención quirúrgica que me elimine la piel sobrante por las molestias antes indicadas. Y en caso de intervención quirúrgica desearía me facilitaran el nombre de algunos médicos que sean de su confianza, a ser posible cerca de León; si no, tampoco importa. Muchas gracias de antemano por la respuesta y mi enhorabuena por su trabajo.

Héctor V.A.
(León)

Nos congratula su carta para comunicarnos que también en su caso, con hipotiroidismo, La Dieta Definitiva está funcionando. A pesar de que la inmensa mayoría de los endocrinos y especialistas en Nutrición lo consideran imposible. Ya en otros números de la revista otros lectores con obesidad mórbida han dejado en evidencia a sus médicos tras seguirla. En cuanto a sus preguntas, le sugerimos que pruebe con dos cremas: Allegernics -de la empresa Evicro-Madalbal- o Blue-Cap -de Laboratorios Catálysis-. En cuanto a la posibilidad de una operación quirúrgica mejor espere hasta adelgazar lo que desea y luego plantéeselo. En la revista se anuncian varias clínicas de estética y todas son de confianza.


Quisiera felicitarles por el contenido de la revista y decirles de paso que me gustaría mucho que publicaran algún artículo sobre el glaucoma. Por desgracia, tengo la tensión ocular al límite y el oculista quiere que utilice el resto de mi vida un colirio con un montón de contraindicaciones. No soy partidario de la medicina oficial pero me veo entre la espada y la pared por el miedo a la ceguera futura. He probado a bajar la tensión con suero fisiológico pero a los 15 días me escocían los ojos y lo dejé. Los baños de agua con un poco de limón bajan la tensión ocular, pero, ¿puede el limón dañar los ojos a largo plazo? He mejorado mucho mi dieta y predomina en ella la fruta, las verduras, las zanahorias, los arándanos, el escaramujo, la luteína y otros suplementos para la visión pero sin resultados apenas apreciables. ¿Qué opinan ustedes? Un saludo,

Ramón López Pérez
Úbeda (Jaén)

Su cambio de estilo de vida ayudará sin duda a que la cuestión no vaya a más pero si hay daño en el ojo es difícil que el problema revierta. En cuanto al limón ayuda pero no se le ocurra echarlo directamente. Dilúyalo primero en suero fisiológico: tres o cuatro gotas de suero por cada gota de limón. Si lo hace así no hay riesgo. Y no podemos -bueno, no debemos- darle otros consejos porque antes hay que analizar su caso a fondo. ¿Ha consultado en la Clínica Barraquer? Si no es así, hágalo (su número es el 93 200 63 11). También puede probar con Medicina Bionergética. Le sugerimos que acuda al Dr. Fermín Moriano (91 548 77 13). Y en lo que se refiere al artículo sobre glaucoma vamos a procurar complacerle.


Sr. Director: quisiera hablarles de D. Joaquín Amat ya que yo era una de sus pacientes si bien no pude terminar el tratamiento que me recomendó porque fue injustamente ingresado en prisión. Según los jueces, por estafa y delito contra la salud pública. Sin embargo, yo pienso que cuando una persona tiene una enfermedad grave, cualquiera que sea, debe ser libre para escoger el tratamiento que más le convenga. Y si se cura o no siempre será bajo su libre elección. En cambio, tanto en la salud pública como en la privada, cuando uno enferma de cáncer… sólo le ofrecen quimioterapia o radioterapia. A pesar de que saben que hay otros tratamientos más efectivos y de gran calidad de vida que están libres de efectos secundarios. Aunque lo más curioso es que si un enfermo de cáncer se muere siguiendo los agresivos tratamientos convencionales… se considera normal, se acepta. Y claro, una se siente «estafada». Pues bien, yo nunca sabré ya si lo del Dr. Amat me hubiera dado resultado pero sí doy fe de que durante el tiempo en que me estuvo tratando conocí a una persona de gran calidad humana y realmente preocupado por sus pacientes. En fin, una persona íntegra que merece todos mis respectos ya que ha dedicado gran parte de su vida a investigar sobre la urea y creó un tratamiento totalmente inocuo. ¿Que se le ha muerto algún paciente? También en los hospitales mueren cada año decenas de miles de enfermos de cáncer y la gente no lo denuncia, lo acepta. Luego, ¿por qué han encarcelado al Dr. Amat? Si se cortara a todo el mundo por el mismo patrón tendríamos que construir una cárcel para todos los oncólogos a los que se les haya muerto uno solo de sus pacientes. Desde esta maravillosa revista le mando al Dr. Amat un abrazo. No está sólo. Somos muchas las personas que le apoyamos. Gracias.

Laura Perals Buscá
Sant Vicent dels Horts (Barcelona)


Sr. Director: nuevos vientos de espiritualidad y autocrecimiento psicológico azotan las decadentes estructuras culturales y morales de Occidente. El advenimiento de una nueva Conciencia Colectiva, aun gestándose en un mar de ideas y en un océano de símbolos, señala ya un denominador común: la vida en un mundo en el que la principal búsqueda es la identidad propia, el lugar propio, confiar y saber quién es uno mismo. Nadie quiere ser uno más de esa lista no publicada de los que diariamente se suicidan con un trabajo que no es su sitio, con una familia y una ciudad donde no encuentra lugar ni hogar, con una vida que no es su vida. Todos buscamos la piedra angular con la que alcanzar el total desarrollo espiritual y social. Pero esa búsqueda entraña no sólo maravillosas experiencias sino también un peligro aterrador personal e intransferible. Y es que la autorresponsabilidad provoca una angustia y un miedo que muy pocos están dispuestos a asumir y aceptar. Más fácil y cómodo es delegar la creatividad y libertad personal a las organizaciones religiosas, místicas, esotéricas o psicoterapéuticas cuyos líderes o autoridades proponen innumerables caminos para emerger lo Sacro y lo Eterno, lo Divino que reside en nuestro interior. Y ese miedo nos impide aceptar plena y conscientemente que la enseñanza o idea esencial que subyace en los conceptos del vocabulario religioso (Cristo, Dios, Atman, Brahman…), en los del vocabulario psicológico (autorrealización, individuación, self o yo superior…) y en los de otros vocabularios (voluntad universal, filosofía perenne, realidad primera y última, mente universal…) es idéntica en su praxis vivencial, diferente obviamente en su racionalización, pero no puede ser monopolizada por nada ni nadie. Y no hace excepciones ni distinciones en su comprensión. Lo único importante para aprehenderla y comprenderla -o realizar a Dios o a sus muchos conceptos equivalentes- es la continua manifestación y perfección cotidiana de «no hacer -pensar, actuar u obrar, desear…- a los demás lo que no nos gustaría que éstos nos hiciesen». Todos los sistemas, métodos, disciplinas o doctrinas de caminos de autocrecimiento espiritual y psicológico son herramientas totalmente prescindibles aun cuando, de utilizarlas, ayudarán a buscar y encontrar el Propósito Final… siempre y cuando exista lo auténticamente imprescindible: verdadero amor hacia los demás. Y me pregunto: ¿cómo alguien puede realmente amar a su prójimo cuando sabe que éste, por circunstancias sociofamiliares, económicas o físicas (enfermedad o invalidez) no tiene posibilidades de acceder -aunque lo deseara fervientemente- al camino que a él le llevara a encontrar a Dios o conceptos equivalentes? Me explicaré: aquel que recorre un camino con la firme convicción de que le conducirá a la Verdad -a Dios- y es consciente de su inaccesibilidad para otros no creo que llegue a amar íntegra y profundamente -desear lo mejor- a su prójimo. Aunque piense que existen múltiples y diferentes caminos tan válidos -e incluso mejores- que el suyo para el prójimo («Sólo hay que buscarlos dentro de las circunstancias y posibilidades de cada uno» suele ser el argumento más empleado) mientras siga un camino establecido y determinado éste siempre será lo mejor para él (por eso lo transita). Luego, cabe preguntar: ¿es posible que alguien sea capaz de desear lo mejor para el prójimo sabiendo que éste no puede acceder a «su mejor» opción? Y en caso afirmativo, ¿cómo podrá amar al prójimo como a sí mismo? Eligiendo tal camino, ¿no estará autolimitando -quizás inconscientemente- el desarrollo de su capacidad de amar? En realidad, a mi juicio sólo hay un camino asequible a todos por igual e infinidad -tantos como humanos pueblan el planeta- de peculiares y particulares paisajes visualizados al transitarlo: «Dios es Amor, quien vive en Amor vive en Dios y Dios en él». Y todos los demás caminos establecidos, organizados y enseñados por otros individuos son anestesiantes que el Sistema ha creado y crea para condicionar y enajenar -con un tremendo «miedo a la libertad»- a los ciudadanos, según abominables intereses creados, sobre todo de índole político-económicos. Si añoras la libertad, búscala y no te dejes manipular física ni emocionalmente. Que nadie pretenda enterrarte en vida. Y para ello hay que empezar por aprender a prescindir de lo superfluo, de lo que realmente no se necesita; es decir, de las autoridades intermediarias entre Dios -o conceptos equivalentes- y el hombre. No tengamos miedo.

Jaime Riera Pérez
(Mallorca)


CARTA ABIERTA DEL DR. JOAQUÍN AMAT A JOSE LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO,

Presidente del Gobierno de España

A 15 de Abril de 2004

Sr. Presidente del Gobierno: le escribo como médico disidente encarcelado y quiero, antes de nada, felicitarle sinceramente por su triunfo en las pasadas elecciones. A fin de cuentas, su victoria es la de todos los progresistas. Dicho lo cual quisiera explicarle que el principal motivo de esta carta es denunciar públicamente que en España se ha estado violando sistemáticamente hasta hoy, con total impunidad, el innegable y natural derecho del pueblo a disponer de todos los medios y métodos que existen para conservar y mejorar su buena salud o, simplemente, curarse cuando enferman. Y ello ha sido así a pesar de que el estado, principalmente y por encima de otros derechos, debe garantizar ese acceso al pueblo ya que impedirlo puede conducir a muchos a la pérdida de la salud cuando no a una inexorable muerte por enfermedad. Porque el bienestar económico es importante -¡qué duda cabe!- pero también lo es que ese dinero revierta prioritariamente en salud. Y, sin embargo, a los enfermos se les está engañando vilmente desde hace muchos años con la colaboración o el silencio cómplice de muchos responsables de la Sanidad española desde sus puestos oficiales y el apoyo -consciente o inconsciente- de periodistas, medios de comunicación, administradores sanitarios, médicos, farmacéuticos, políticos, etc. Es más, los métodos que actualmente utilizan quienes controlan el negocio sanitario son totalmente represivos y no tienen reparo alguno en perseguir abiertamente a las personas que les molestan -médicos, farmacéuticos, terapeutas alternativos y otros muchos profesionales-, unas veces elaborando una legislación hecha a la medida de sus intereses y otras, incluso, sin tan siquiera eso. No les ha importado nada someter durante años a quienes les estorban a crueles sufrimientos, incluso arruinándoles económicamente, encarcelándoles, llevándoles a la desesperación o poniéndoles al borde del infarto. Es más, les da también igual el sufrimiento de sus cónyuges e hijos. Puedo asegurar que a muchos de esos perseguidos se les han secado los ojos de tanto llorar. Y lo más lamentable es que quienes así actúan aseguran tener la conciencia tranquila y no tienen reparo en educar a sus hijos en una moralidad carente de toda ética y sensibilidad humana. Añadiré que a pesar de que actualmente hay millones de españoles que desean ser tratados con remedios distintos a los oficialmente aprobados… se les impide de mil maneras, todas ellas conculcadoras de los derechos humanos. En la actualidad numerosos profesionales que tratan a sus enfermos con terapias inocuas no convencionales (y que no siguen la línea de las grandes compañías farmacéuticas que hoy son dueñas -a golpe de talón-del sentir de muchos de los parlamentarios que hacen las leyes) al igual que centros alternativos y empresas no farmacológicas están siendo vergonzosamente perseguidos mediante leyes que no respetan la voluntad popular y sólo favorecen a aquellos que tienen por norma la compra o alquiler de la conciencia de algunos legisladores para conseguir sus fines. Bueno, pues es hora ya de decir ¡Nunca más! Especialmente porque esa persecución, Sr. Rodríguez Zapatero, se ha incentivado habiendo aumentado su virulencia en los últimos años. Esa es la auténtica razón de que desde hace un año yo mismo esté sufriendo cárcel en la prisión de Zuera (Zaragoza) y de que otros colegas estén a punto de entrar. Como en los tiempos más negros de la Inquisición. Así que es de prever que si no desenmascara o impide usted pronto ese movimiento las cárceles españolas terminarán llenándose de disidentes… y no ya del ámbito de la política sino ¡de la salud! Como en los peores tiempos de Stalin. Todo el mundo sabe -ahí están los datos del Instituto Nacional de Estadística- que sólo en los hospitales españoles muere cada año la friolera de 400.000 personas que no pudieron ser curadas por la medicina convencional u «oficial» (de hecho, es la única de que disponen los hospitales y los ambulatorios). Y lo que hace de tan dramática cifra algo aún más grave es que a todos ellos se les negó la posibilidad de acudir a otras terapias, marginadas y en muchos casos efectivísimas, porque el Estado no las sufraga ya que esa decisión… perjudicaría a la industria farmacéutica. Es más, se oculta lo que está ocurriendo a los enfermos, a la ciudadanía, a la clase política e, incluso, a los jueces a la vez que se manipulan los medios de comunicación mediante la desacreditación de los profesionales que denuncian lo que sucede. Y, paralelamente, se ensalzan los resultados de la medicina oficial manipulando estadísticas sin pudor y con temeridad con el único fin de engañar a la sociedad prometiéndola de forma periódica resultados que jamás llegan. Es más, no tienen reparo tampoco en manipular los resultados reales de las medicinas que persiguen para intentar desprestigiarlas. Lo mismo que influyen en los consejos asesores de muchas de las revistas científicas de prestigio para que publiquen única y exclusivamente lo que a ellos les interesa. Y lo más penoso es que el único fin que les mueve es su necesidad patológica de amasar cada vez más dinero, no el de procurar encontrar remedios efectivos para salvaguardar la salud de la ciudadanía. Para ellos eso ha sido siempre secundario. No hay más que leer los prospectos de la mayoría de los fármacos autorizados y ver sus efectos tóxicos. Sr. Presidente: le pido, en mi nombre y en el de millones de enfermos, que investigue el funcionamiento del Ministerio de Sanidad y Consumo. Un departamento gubernamental donde se acusa con absoluta desfachatez de cometer «delitos contra la salud pública» -una figura jurídica que fue creada para productos tóxicos y dañinos como la cocaína y que también se aplica a los llamados «traficantes» y «camellos» de drogas- a todos aquellos que, como en mi caso, molestan al sistema. Y recurren a ella porque no encuentran otra ley para condenarnos. En mi caso, he sido llevado a la cárcel porque después de 20 años de documentado trabajo de investigación sobre el cáncer llego a conclusiones que no comparte la plana mayor oncológica. Y el hecho de no compartir mis argumentos es suficiente para argüir que, en consecuencia, soy un ¡estafador¡ ¡Por tratar a la gente según mi criterio científico! ¡Y además con un producto completamente inocuo! Les importa muy poco que sea autor de un libro de mil doscientas páginas donde explico toda una teoría bioquímica sobre la génesis y tratamiento del cáncer en el que se reseñan 30 casos de enfermos terminales desahuciados hace 20 años… muchos de los cuales siguen viviendo hoy día porque están curados. Un libro que está en las bibliotecas de las Facultades de Medicina y centros de investigación de todo el mundo occidental… lo que implica que desde el principio sometí voluntariamente mis descubrimientos al juicio de expertos y médicos a nivel internacional sin que, a fecha de hoy, ninguno me haya «condenado». En suma, no les bastó con manifestar su discrepancia a nivel científico y decidieron apartarme de la profesión metiéndome en la cárcel. Como si fuera un vulgar «camello» y no un médico que ha dedicado toda su vida a estudiar cómo curar el cáncer. Condenado por ¡delito contra la salud pública! La sentencia del Tribunal Supremo, por su parte, no tiene desperdicio. Porque los jueces argumentaron en ella que yo «impedí» a los enfermos de cáncer someterse a Quimioterapia -lo que no es cierto- agregando además que se trata de una terapia «de eficacia comprobada», algo también manifiestamente incierto. Es más, parecieron ignorar que todos mis enfermos estaban desahuciados, condenados a muerte, y acudían a mi después de haberles administrado los oncólogos grandes y tóxicas dosis de quimioterápicos poniéndolos en muchos casos en peligro de muerte cuando no produciéndosela (Terrible, ¿no? ¡Qué impunidad!) A pesar de lo cual, usando mi producto -que ese sí carece de toxicidad- muchos mejoraron y otros, sencillamente, se curaron y viven todavía. ¿El resultado?: el estafador soy yo y me han mandado a la cárcel. Sr. Rodríguez Zapatero: me han condenado a 11 años como si fuera un criminal porque mi teoría sobre la génesis y tratamiento del cáncer no le gusta a las multinacionales farmacéuticas. Y a mis 57 años de edad me encuentro en el módulo 6 de la cárcel de Zuera (Zaragoza) por el delito de haber entregado mi vida al estudio de esa terrible enfermedad… incomodando a quienes administran los remedios oficialmente aceptados. No ha importado nada siquiera que en el primer proceso que se celebró en la Audiencia de Castellón se presentaran más de cien testimonios de enfermos terminales curados o aliviados por mí. De hecho, ni se les menciona en la sentencia. En cambio, aceptaron los testimonios de once oncólogos que dictaminaron que mi planteamiento científico para curar el cáncer carecía de validez. Paralelamente, no se permitió que otros colegas testificaran en mi favor apoyando mi teoría sobre la génesis del cáncer y su tratamiento. Y fui condenado ¡a 16 años de cárcel! Se me condenó ¡hasta por intrusismo! Obviamente, el Tribunal Supremo me absolvería del delito de intrusismo pero me condenó a 7 años por «estafa» y a otros 4 por delito contra la salud pública. Luego, una vez en la cárcel y a pesar de no tener antecedentes, se me ha negado hasta el tercer grado o régimen de semilibertad ¡porque no me he arrepentido!, porque sigo considerándome una víctima de las compañías farmacéuticas. Es decir, quieren arrebatarme también lo único que me queda: mi dignidad. Para concederme el tercer grado exigen que reconozca que soy un estafador y deje claro así que todo lo que he defendido durante 20 años era una farsa. Bueno, pues no. Por ahí no paso. Podrán quitarme la libertad pero no van a quitarme la dignidad. Yo no he estafado a nadie. Yo creo firmemente en lo que vengo defendiendo desde hace años y está publicado en una voluminosa obra de carácter científico que probablemente ni los oncólogos que declararon contra mi, ni los jueces que me condenaron se hayan molestado en leer. Sr. Presidente: no sólo le ruego que tome cartas en este asunto por mí. Casi 100.000 españoles mueren cada año en España a causa del cáncer, sólo en los hospitales. Se trata pues de un asunto grave y urgente. No albergo duda alguna de que mucha gente que podría estar siendo curada se está muriendo aquí y ahora. ¿Va también usted a consentir lo que en este ámbito está pasando en España? ¿Hasta cuándo va a estar la voz del pueblo silenciada por los manipuladores de la verdad?

Dr. Joaquín Amat Larraz
Médico Neurólogo


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61
Mayo 2004
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