CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 79 / ENERO / 2006

Sr. Director: quisiera saber si un paciente ingresado en un hospital, público o privado, puede negarse a recibir el tratamiento prescrito por los médicos. ¿Puede aclarárnoslo?

Carlos Fonseca
(Cáceres)

La decisión de seguir o no un tratamiento es exclusiva del paciente. Ningún médico puede obligar a nadie a hacer lo que a él le parezca oportuno o adecuado. Cuando está en juego la salud y la vida de alguien es él mismo quien debe decidir. De hecho por eso se le pide tantas veces que firme un «consentimiento informado». Para dejar claro que ha aceptado… y para eximir al médico de responsabilidad si el tratamiento resulta un fiasco. El médico hace «recomendaciones terapéuticas». Nada más. Otra cosa es que el enfermo quiera seguir un tratamiento determinado y el médico se niegue a hacerlo bajo su supervisión si no está de acuerdo con el mismo o en el hospital se niegan a ello. Lo que pasa es que cuando un enfermo se niega el hospital o el médico suele proponerle el alta voluntaria. Y si éste se niega el médico responsable puede disponer el alta forzosa en las condiciones reguladas por la ley. Una forma de coacción amparada legalmente. Ahora bien, ésa alta forzosa sólo podrá decidirse cuando no existan tratamientos alternativos, aunque tengan carácter paliativo. Y ese hecho deberá probarlo y documentarlo por escrito el médico y el hospital. En caso de que paciente y médico no se pongan finalmente de acuerdo la dirección del centro, previa comprobación del informe clínico correspondiente, deberá oír al enfermo y si éste persiste en su negativa ponerlo en conocimiento de un juez para que sea éste quien decida.


Queridos amigos: en el nº 74 de la revista -Julio/Agosto del 2005- recogisteis en un fabuloso reportaje la creación de la ONG Cáncer y Vida (Canvi) que me honro en presidir. Desde entonces no hemos parado de trabajar para poder ofrecer ayuda al enfermo de cáncer y si bien apenas damos abasto estamos muy contentos del espectacular crecimiento que hemos experimentado. Contamos ya con casi un centenar de socios y ayudamos de forma directa a más de cuarenta enfermos. Y es sólo el principio. Empezamos así a ver resultados en los valientes que ponen toda su energía y fuerza en cambiar la vida inconsciente y poco saludable que llevaban por una sana, natural y pacífica. De aquí a poco las historias de personas curadas de cáncer «milagrosamente» con métodos naturales y fuerza interior dejarán de ser poco frecuentes. Y precisamente eso es lo que nos da fuerza como movimiento social: la cantidad de personas que han sanado -contra todo pronóstico- sea cual sea el método que hayan usado. Pues bien, quisiera desde su revista hacer un llamamiento a todo enfermo de cáncer -y de otras enfermedades graves- que haya sanado de forma difícil de comprender por los médicos -independientemente de los métodos o productos que haya usado- para que se ponga en contacto con nosotros. Es importante que reunamos los testimonios del mayor número posible de personas sanadas por métodos no convencionales a fin de empezar a tener la fuerza necesaria para hacer desaparecer el horror y el fatalismo que envuelve a la palabra cáncer y para que la sociedad empiece a darse cuenta de que cáncer no es sinónimo de muerte sino de oportunidad y de que las posibilidades terapéuticas son muchas. Quienes deseen ofrecer su testimonio y así ayudar a las personas que están pasando por esta gran prueba les pedimos que se pongan en contacto con nosotros a través del e-mail: canvi@canvi.org Muchas gracias.

Alejandro Fajardo

Presidente de Cáncer y Vida (Canvi)


Estimado Sr. Campoy: en primer lugar quisiera agradecer públicamente a mi amigo Fernando Espada que me diera a conocer su revista. Gracias a sus ganas de vivir, a su fuerza y a la fe que tenía en su curación se documentó e inició, en su intento de sanar, un camino distinto al que utiliza la medicina convencional… aunque lo encontró tarde. Fernando se informó y comenzó a leer Discovery DSALUD. Tras leer los primeros artículos, alguno de ellos referido a Antonio Brú, tuvo a bien regalarme la suscripción durante un año a su revista. Le aseguro que desde entonces leo todos los artículos con gran atención. Siempre le tendré presente y sé que servirá como ejemplo para que el resto de pacientes diagnosticados de cualquier tipo de cáncer intenten buscar algún tratamiento alternativo al de la Radioterapia y la Quimioterapia. Conocí a Fernando en diciembre del 2003 y le puedo asegurar que al oír su voz me di cuenta de que tenía muy pocas fuerzas y estaba agotado. Al preguntarle refirió que estaba en tratamiento con Quimioterapia y que se sentía cada vez más «flojo». Yo soy A.T.S. de un hospital que prefiero no nombrar por distintos motivos. Y tras ver más de mil quinientas historias de pacientes oncológicos estoy realmente asustado al apreciar que no hay casi ninguna curación pasadas las sucesivas revisiones realizadas tras aproximadamente diez años de ser diagnosticados; tan solo algún carcinoma «in situ» tratado con cirugía y casi siempre de piel. Del resto siempre recidivas o metástasis tras ser tratados con quimioterapia y radioterapia. Mis grandes aficiones son la Medicina Natural, la Fitoterapia y los tratamientos ortomoleculares y tras mucho documentarme cada día estoy más expectante y emocionado con lo que leo sobre los antioxidantes y sus efectos. Pues bien, como expliqué antes, al oír la voz de Fernando le dije que por qué no se ponía en contacto con algún naturista para buscar algún remedio a su enfermedad. Me hizo caso e inició un tratamiento a base de potentes antioxidantes: vitaminas A, B, C y E, selenio, Noni, uña de gato, equinácea, astrágalo, etc. Pasados algunos meses -hablaba con él prácticamente todos los días- observé un cambio radical. Me decía que tenía mejor calidad de vida, que estaba más animado, con más ganas de vivir y, sobre todo, que estaba asombrado de su mejoría. Su voz cambió. He de decir que todo ese tratamiento lo tomaba concomitante con la quimioterapia que estaba recibiendo. Desde el diagnóstico de un tumor irresecable en pulmón localmente avanzado cuya histología fue de Carcinoma escamoso recibió varias líneas de quimioterapia: primero Docetaxel más Gemcitabina y radioterapia; segundo, Cisplatino más Vinorelbina; tercero, Iressa (gefitinib) -que, por cierto, se sabe desde hace tiempo que no es efectivo en el carcinoma escamoso de pulmón y a pesar de ello lo siguen dando-; y cuarto, Taxol más carboplatino. ¿QUÉ MÁS HAY QUE PROBAR? ¿NO SE DAN CUENTA DE QUE NADA DE ESO FUNCIONA? Pero como dije antes llegó tarde al tratamiento alternativo. Comenzó de forma brusca con ictericia. Fue entonces a su hospital de referencia en Madrid, el Ramón y Cajal. Le hicieron varias ecografías abdominales con diagnóstico dispar. Unos decían que había metástasis hepáticas y otros que no; lo que se le comunicaba al enfermo que se quedaba sorprendido ante tan dispares diagnósticos. La confirmación de la existencia de esas metástasis hepáticas fue radiológica. No se hicieron paff (citología) ni biopsia porque su oncólogo no lo consideró oportuno. Fernando, al saber ese diagnóstico y sabiendo -por lo que había leído- que se estaba tratando a pacientes con factores estimulantes para el crecimiento de granulocitos, administración de altas dosis de vitamina C, dietas especiales, depuración hepática y renal, etc., pidió a la oncóloga de su hospital que se le aplicara el tratamiento de Antonio Brú. Pues bien, recibió -sin ningún argumento científico- la negativa por respuesta. Eso sí, según Fernando y su familia la negativa fue acompañada por una gran indignación añadiendo que el paciente no tenía fe en su médico y sí en lo que leía o de lo que se informaba a través de Internet. Pero, ¿cómo iba a tener fe en su médico si mientras estuvo ingresado en el hospital no fue ni a verle y la información que recibía por parte de los oncólogos residentes que había en la planta era contradictoria con la de los radiólogos? Le dijeron entonces a la oncóloga que si no accedía la denunciarían a lo que ella respondió que le daba igual. A mí eso me suena a prepotencia. Y yo me pregunto: si a algún familiar de esa doctora se le diagnosticara cáncer -Dios no lo quiera-, ¿le aplicaría los tratamientos que actualmente da en ese hospital sabiendo la nula repuesta que están obteniendo? No me atrevo a responder.
Gracias, Fernando, por tu fidelidad; y sobre todo gracias porque me has enseñado mucho al ver cómo luchaste por vivir e intentar superar el cáncer. Pero NO TE HAN DADO NI LA OPORTUNIDAD. Espero que si alguien diagnosticado de cualquier tipo de cáncer lee esta carta tome el camino que iniciaste y luche contra este sistema que se impone hasta para morir. Fernando falleció el veinte de noviembre de 2005. Y como profesional de la Medicina me pregunto: ¿Hasta cuándo se seguirá aplicando la Quimioterapia y la Radioterapia sabiendo las respuestas que se están teniendo? ¿Cuándo los organismos pertinentes -de todos los países- van a dar una oportunidad a los que están investigando y tratando enfermos tras ver que obtienen resultados positivos con tratamientos alternativos? ¿Tendremos que ver a Antonio Brú y a otros investigadores irse de España para poder seguir con sus investigaciones? ¿La Oncología actual está siendo analizada con detenimiento?¿Es un negocio del que cuesta bajarse? La verdad es que no sé lo que siento. Bueno, sí, pena, tristeza, rabia e impotencia al ver que los enfermos siguen sometiéndose a tratamientos que se sabe que no funcionan sin darles la oportunidad de elegir métodos alternativos. Quiero proponerles la creación de una sociedad de información de tratamientos alternativos para pacientes oncológicos de la que me gustaría ser miembro y partícipe. Gracias, en suma, por su revista. Nos abre los ojos. ¿No están recibiendo «advertencias» por sus publicaciones? Sigan así. Y gracias adelantadas por publicar esta carta. Sólo un favor: no publiquen mi nombre pues quedaría evidente dónde trabajo si alguien de mi hospital la lee. Un saludo.

M. G. V.
(Madrid)

Lamentamos de corazón la muerte de su amigo. Sirva la publicación de su carta como postrer homenaje. Es posible que abra los ojos a otras personas. Precisamente ésa ha sido la intención con la que hemos editado el libro que acaba de aparecer con el título Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo. Ofrecer información y alternativas a los enfermos de cáncer para que puedan decidir por sí mismos. Confiamos en haberlo logrado.


Estimados amigos: a menudo, cuando tratamos de calibrar la influencia de la salud en la mejora del nivel de vida de una población, leemos o escuchamos frases como éstas: «La salud facilita el desarrollo económico y el disfrute del ocio y el tiempo libre del país, comunidad o nación….». Es decir, se considera la salud como una condición previa para conseguir beneficios o efectos positivos como el bienestar, la mejora de las condiciones ambientales, el aumento de la renta per cápita, un gran nivel de educación, etc. Se convierte así en imprescindible tener salud para obtener los frutos deseados. Sólo que deberíamos reflexionar sobre lo que significa estar sanos ya que según algunas definiciones la salud no es sólo ausencia de enfermedad sino una forma de vida dichosa, autónoma y solidaria; lo que viene a significar que, aunque nos encontremos sin ninguna molestia, dolor o alteración física o psíquica evidentes, si vivimos tristes, dependientes e insolidariamente no nos podemos considerar sanos. Pero aquí nos interesa identificar qué hacer en la práctica y en el día a día para alcanzar un nivel de salud ya sea para evitar la enfermedad, ya sea para vivir de la manera que hemos considerado anteriormente y que engloba diversos ámbitos como lo individual, lo social e incluso lo espiritual. La medicina moderna, ante el primer objetivo de evitar la enfermedad, se centra en su prevención evitando ciertas conductas de riesgo. Y así, el sedentarismo, el fumar tabaco, las dietas muy calóricas, el estrés en las relaciones personales y profesionales… se consideran factores de riesgo de padecer graves enfermedades como la hipertensión arterial, los ataques cardiacos, las dolencias pulmonares -desde la bronquitis al cáncer de pulmón-, la diabetes, la obesidad, etc. Y ante los síntomas ya presentes de la enfermedad trata de ofrecer el máximo de recursos para tratarla en sus manifestaciones o signos y síntomas. De ahí la denominación de «medicina sintomática» que hoy se practica en los centros de salud, consultas médicas y hospitales sean públicos, privados o mixtos. Sin embargo, en demasiadas ocasiones las personas enferman aunque no estén formando parte de grupos de riesgo y en los últimos tiempos la demanda de servicios sanitarios crece observándose un aumento de enfermedades graves y en ciertas épocas del año el colapso de los servicios de urgencias en los centros de salud y hospitales. Y si tratamos de buscar una explicación a estos fenómenos se recurre al azar o a la mala suerte, al «me ha tocado a mí», sobre todo en casos como el cáncer, las enfermedades del corazón y las de circulación de la sangre y del cerebro -como la demencia senil precoz-. En estos casos se utiliza la palabra «idiopática» que significa de causa desconocida o bien multifactorial, es decir, debida a varios factores asociados o en interacción. Últimamente han surgido además enfermedades que se han bautizado como «huérfanas» ya que no sólo se desconoce la causa sino un tratamiento medico eficaz. Entre ellas destacan la fatiga crónica y la fibromialgia en que las personas afectas sufren de impotencia para moverse, cansancio y dolores intensos por todo el cuerpo sin que se haya encontrado hasta la fecha alteraciones significativas en los análisis de sangre y en las pruebas diagnósticas por más sofisticadas que éstas sean. Ante este panorama la corriente de opinión (y acción) mayoritaria y políticamente correcta con la presión social subyacente es la de promocionar más médicos, más enfermeras, más hospitales, más y mejores medicamentos… Y todo eso nos confirma que la frase «la salud facilita el desarrollo económico…» es correcta y estamos en el buen camino, ¿no?
Pues bien, ejerzamos un ejercicio con la imaginación y la razón y observemos la frase referida de esta manera, al revés: «El desarrollo económico y el disfrute del ocio y el tiempo libre facilita la salud de la población…». Es decir, conseguir unos medios que aseguren nuestro sustento para «ganarnos la vida» y que nos permitan disfrutar del tiempo en que no trabajamos -entre otras ventajas- generan las condiciones en que favorecemos la presencia de la salud en nosotros mismos y en nuestra comunidad. Considerar este nuevo orden sintáctico de la frase referida significa e implica que nos demos cuenta de que la salud es una consecuencia y no una causa. Y de que sus síntomas tienen que ver con la forma que expresamos emocionalmente -sentimos- las experiencias que efectuamos con nuestro entorno en una relación dinámica entre nuestro mundo interior y exterior. Para comprender mejor todo esto es necesario identificar de qué manera nuestro comportamiento se relaciona con la enfermedad y así prever y explicar los fenómenos observados. Pero si os parece esta tarea será objeto de una próxima carta si la dirección de la revista lo cree conveniente.

Vicente Herrera Adell
El Masnou (Barcelona)

Estamos plenamente de acuerdo con usted. Aunque una verdad tan sencilla a muchos les pueda parecer demasiado simple. Esperamos pues su próxima carta.


Estimado director: leyendo la revista me encontré en la sección de Cartas con una de Isidro Eusebio Cumplido de Mieres en la que narraba hasta qué punto es sensible a las radiaciones electromagnéticas. Pues bien, hace algo más de diez meses adquirí un Mora Plus, aparato que permite diagnosticar geopatías causadas por múltiples causas, entre ellas las electromagnéticas. Desgraciadamente con ella sólo se pueden tratar algunos tipos. Bien, pues un día me enteré de que había un producto que se llama » escudo mágico», lo probé y comprobé con el Mora Plus que dicho disco corrige las alteraciones. También he sabido que existen otros protectores de ondas electromagnéticas e igualmente he comprobado que son eficaces.

Luis Vega

En la revista hablamos ya en el número 68 del Mora y de sus posibilidades, hace pues poco más de un año. Como lo hemos hecho de otros dispositivos que protegen de las radiaciones electromagnéticas y que pueden colocarse en los ordenadores y en los teléfonos móviles. Y de las colchas antirradiación. Y de cómo un simple espejo orientado hacia la fuente emisora es útil porque las ondas pertenecen al espectro lumínico y, por tanto, rebotan en él. Pero son soluciones parciales. Lo que hay que hacer es exigir que se tomen medidas para acabar de una vez con la actual contaminación electromagnética. ¿No le parece? Dicho esto agregaremos que precisamente en el próximo número explicaremos la posibilidad que tienen los actuales aparatos Mora de contrarrestar en buena medida los efectos de las radiaciones electromagnéticas.


Sr. Campoy: el pasado mes cayó en mis manos su increíble revista y tengo que decirle que no tiene desperdicio. Mi más sincera enhorabuena. Espero que siga por mucho tiempo abriéndonos los ojos, descubriéndonos «otra realidad» y corroborando lo que ya sabemos (aunque sea intuitivamente) para poder poner manos a la obra libres del miedo de no estar haciendo lo correcto. Tengo varias preguntas. La verdad es que algunas ya me han sido contestadas según voy leyendo artículos y probablemente serían contestadas todas si fuera capaz de encontrar los artículos adecuados (quizás un buscador en su web facilitaría las cosas). Me gustaría tener más información sobre las radiaciones electromagnéticas. Por ejemplo, ¿a qué distancia pueden producir síntomas? ¿Existe alguna forma de medirlas? ¿Pueden sumarse o potenciarse? Vivo entre antenas de telefonía móvil y las vías del tren. También desearía saber algo más sobre los alimentos adecuados para la colitis ulcerosa -por cierto, desarrollada por mi marido al trasladarnos a la casa en la que ahora vivimos- aunque sé que su problema es la dieta a base de proteínas, grasas y dulces. ¿Existe alguna manera de deshabituarse del consumo de azúcares y dulces? Soy adicta desde siempre. Desde el anuncio aquel que decía que el azúcar es necesario para el cerebro. Y sé que tarde o temprano me traerá problemas. Referente al artículo de la revista nº 77 sobre la curación del cáncer con vitamina C lo sé desde hace años. Mi padre tenía un libro de la Dra. Christine Nolfi que lo curaba con dieta y zumo de naranja, creo que hacia los años 40 (por cierto, me gustaría comprar ese libro ya que mi padre no lo encuentra). Espero su respuesta. Gracias y reciba un afectuoso saludo.

Rosa Mª Sánchez

Antes de nada, gracias por sus palabras. En cuanto al problema de las radiaciones electromagnéticas debemos decirle que hemos publicado varios reportajes. Y es imposible resumir en unas líneas lo que quiere saber. Entre pues en la sección de Reportajes de nuestra web -www.dsalud.com- si realmente tiene interés y lea lo publicado al respecto. En cuanto a la colitis ulcerosa de su marido usted misma da la respuesta. Lea los dos artículos que publicamos sobre la alimentación dedicados a Jan Seignalet -el segundo en este mismo número- y la entrevista a Claude Lagarde -que aparece igualmente este mes-. Y lo ya publicado sobre este tipo de problemas en nuestra sección de Medicina Ortomolecular. En cuanto a su adicción a los azúcares, ¿qué decirla? Cuanto más azúcar -de todo tipo- se consume más pide el cuerpo. Siga la Dieta Definitiva y en menos de una semana su cuerpo habrá dejado de pedirle azúcar. Haga la prueba y se sorprenderá. En cuanto a nuestro artículo sobre el tratamiento del cáncer con vitamina C nos tememos que no lo ha leído bien. No se trata de ingerirla. Eso ayuda pero no cura el cáncer. El tratamiento del que se habla es mucho más complejo pero también mucho más eficaz. Porque a partir de determinada cantidad el cuerpo no asimila ya la vitamina C ingerida oralmente. Se trata pues de introducirla en vena mediante goteo en la formulación que se explicó y en las condiciones que se describen.


Estimado Sr. Campoy: hace medio año que descubrí su revista y le puedo decir que estoy asombrada porque ustedes aseguran que el cáncer se cura. Voy a exponerles pues mi caso y espero que me contesten para poder actuar en consecuencia. En febrero del 2002 a mi hermana le detectaron un cáncer de mama y seguidamente se la extirparon. El resultado fue de 11 ganglios afectados. El tumor, según nos dijeron, era muy agresivo. A continuación se le puso el tratamiento de rigor: quimioterapia. Y a continuación radioterapia. Justo al año de acabar dichos tratamientos en la revisión de rutina se le comunicó que tenía metástasis en el hígado. Volvieron a darla quimioterapia. Después de 6 sesiones más -una cada 21 días- la enfermedad está parada. Tras un año la situación sigue estable. Los marcadores tumorales están así: CEA-10 y CA 44. Es decir, como no varían lo llaman «situación estable» pero el oncólogo nos dice, por activa y por pasiva, que esto no tiene solución, que tarde o temprano el cáncer empezará a actuar y llegará un momento en que no se podrá hacer nada. Pero luego leo su revista y en ella se asegura que el cáncer se cura. Le agradecería pues que me indicaran qué puedo hacer o qué alternativas me proponen para lograr la curación de mi hermana pues para la familia esto es un drama. Le diré que mi hermana, por recomendación de una amiga suya, empezó a tomar la proteína N-102 de D. Alberto Mila de la Roca en Venezuela durante 7 meses ya que pudimos traerla hasta Venezuela pero ahora ya no la puede tomar porque Sanidad, en el aeropuerto, no permite su paso por falta de registro sanitario. Y además alegan que ese producto es una tomadura de pelo. Les agradecería que nos dijeran si es así pues es un producto muy caro para que encima nos hayan engañado. Ese señor de Venezuela es biólogo y asegura también que con la proteína y un régimen muy estricto el cáncer se cura. Consiste en comer sólo carne roja -un kilo al día-, leche del día, manzanas, peras y clara de huevo. Nada más. Todos los días lo mismo. Además manda tomar ácido fólico, un complejo multivitamínico y 250 mg. diarios de vitamina C. Le agradecería me indicase qué puedo hacer, dónde consultar y qué pasos debo seguir. Reciba un cordial saludo.

María Cuesta López
(Vitoria-Gasteíz) Álava

Llevamos explicando lo que usted quiere saber los últimos siete años. Tiene esa información en el apartado Cáncer de nuestra web: www.dsalud.com. Y la misma información, resumida, en el libro Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo que acaba de salir a la venta. Con nombres, direcciones, teléfonos, webs y e-mails de contacto. Le sugerimos que la lea su hermana y luego decida. Porque la decisión, recuérdelo, debe tomarla su hermana. Estamos hablando de su vida. En cuanto a la opinión de su oncólogo, ¿qué decirle? Ya hemos explicado hasta la saciedad que los oncólogos utilizan productos que jamás han demostrado curar el cáncer… e ignoran las alternativas que existen porque no se han molestado en informarse. Mire usted, cuando un oncólogo dice que un enfermo no tiene solución lo que en realidad está diciendo es que él no conoce la solución. Es un problema de soberbia.


Sr. Director: el pasado 1 de diciembre estuvo en La Coruña el médico e investigador colombiano Manuel Elkin Patarroyo -premio Príncipe de Asturias de Investigación y autor de la primera vacuna de síntesis contra la malaria- para dar una conferencia en el Rectorado de la Universidad. Y como suele ser habitual en este tipo de eventos el ilustre conferenciante ofreció una rueda de prensa donde habló claro y rotundo: «Fui un alma cándida al donar mi invención a la Organización Mundial de la Salud (OMS). No volveré a repetir ese error. Sólo ha servido para que esté guardada en un cajón. Yo no estaba dispuesto a que se especulara con una medicina de pobres y para pobres pero la OMS ha entrado en el juego de las multinacionales. Me arrepiento de lo que hice y no volveré a repetirlo. Mis nuevas investigaciones serán para la humanidad. Lo que hice sólo sirvió para que las multinacionales hicieran una mala copia y la comercializaran a más de veinte dólares cuando la mía saldría a 0,25 céntimos». Entonces se le preguntó cuántas personas se salvarían al año si la OMS comercializara y distribuyera su vacuna. «Más de un millón al año», respondería. ¿Le han puesto zancadillas?, se le preguntó. «Siempre hay quien te pone palos en las ruedas. Hace cinco años perdí el instituto y en un mes había diez instituciones cargándose mi trabajo de veintisiete años».
Señor Campoy, estoy seguro de que usted y los lectores apreciarán las manifestaciones de tan ilustre personaje. Admite el Dr. Patarroyo que fue ingenuo por donar su vacuna a la OMS. Hay que creérselo. Hace bastantes años que la OMS fue secuestrada por las multinacionales farmacéuticas y sólo sirve para justificar que las epidemias y pandemias existen. Hoy la salud es negocio, cotización en bolsa… y los muertos, aunque sean millones, son parte del negocio. El terrorismo científico es negocio, las guerras e invasiones de países para saquearle sus recursos son negocio. Cuantas más epidemias, hambre, miseria y analfabetismo más esclavitud y posibilidades tienen las grandes corporaciones petroleras, químicas y farmacéuticas para desencadenar las distintas variantes de guerras criminales contra los pueblos oprimidos. Ahí está la realidad aprovechándose de la ignorancia de las masas. Al propio doctor Patarroyo le privaron de su instituto con la complicidad de diez instituciones del ámbito de la salud a pesar de ser un premio Príncipe de Asturias… otorgado, eso sí, por un país en el cual la malaria es literatura médica, no hay consumidores ni afectados y, por tanto, no hay negocio e intereses en torno a esa pandemia en nuestro mercado farmacéutico. Por eso ha colado el premio a Patarroyo. Pero estoy convencido de que si mañana se decidiese a investigar en nuestro país en el ámbito del Sida o del cáncer la Sagrada Congregación de la Fe Oncológica enviaría a dos de sus miembros a testimoniar como peritos ante cualquier tribunal tras buscarse un testaferro que le denunciase por tratarle de algún tumor invisible. Y terminaría siendo compañero de celda del Dr. Amat por investigar lo no investigable. Porque como Ud. bien sabe el cáncer y el Sida sí cotizan en nuestro país. La prensa española se hizo eco hace poco de lo dicho por Mariano Barbacid sobre que hay en nuestro mercado farmacéutico nada menos que cuatrocientos cincuenta fármacos para tratar el cáncer pero del nulo éxito de sus resultados terapéuticos y de las decenas de miles de personas que mueren cada año a pesar de ellos no dijeron ni una palabra. Saludos.

Manuel Guerra Ferreira
(Vigo) Pontevedra

Ha sido usted lo suficientemente claro y contundente como para que tengamos que añadir nada. Estamos completamente de acuerdo.


Estimado director: en primer lugar quiero darles mi más sincera enhorabuena por la gran labor que están haciendo con la revista que leo cada mes y de la cual he aprendido grandes cosas. Hace un tiempo le escribí pidiéndole consejo. Tengo 36 años y llevo ya seis con fibromialgia a consecuencia de un accidente de trafico. He probado muchas cosas: el Recuperation, el Oxicell y un tratamiento que me enviaban de Canadá llamado Guaifenesina con el que estuve un año entero y con el que me fue bien pero debe tomarse de por vida y aunque es natural supone tener que mirar todos los productos para asegurarse de que no contienen salicilatos -cosméticos, jabones, cremas…- ya que inhiben su efecto. También me hacen acupuntura, masajes chinos y fitoterapia. Me ha ido estupendamente pero para que sea eficaz debo ir cada semana y no me lo puedo permitir económicamente. Lo más curioso es que al principio me iba bien yendo cada semana pero al empezar a espaciar las visitas he ido empeorando de nuevo. Bueno, pues hace unos días encontré en Internet una página de un médico que vive en Suiza y dice hacer una operación en los conductos por donde pasan los nervios que además son también puntos de acupuntura. Afirma que esos conductos se obstruyen a veces con colágeno y es eso lo que provoca el dolor por lo que al limpiarlos, al desobstruir los conductos, el dolor y los demás síntomas desaparecen. Me gustaría saber si en su opinión esto tiene alguna credibilidad pues he oído y leído tantas teorías sobre la fibromialgia como dedos tengo en las manos. Quisiera saber si es algo en lo que puedo confiar porque en tal caso estaría dispuesta a conseguir los medios para ir y hacerme la operación. La pagina es www.fibromialgia.com.es y el descubrimiento lo ha hecho el profesor Dr. Bauer. Está en Zurich (Suiza). Ojalá sea un tratamiento efectivo. Espero noticias suyas lo antes posible. Un sincero abrazo.

Pilar Clar Pascual

Hemos leído lo que plantea el doctor Johann Andreas Bauer y tiene sentido. Por otra parte, el éxito de sus intervenciones parece avalar sus postulados. Con la ventaja de que la operación se hace de forma ambulatoria en apenas hora y media. En cualquier caso vamos a investigar el asunto más a fondo y publicaremos un reportaje extenso sobre ello. Dicho esto le adelantamos que a nuestro juicio debería en todo caso probar antes con otros métodos. Por ejemplo desintoxicando a fondo el organismo para que éste actúe sobre el problema (aun cuando nos ha parecido muy llamativo que su fibromialgia apareciera a raíz de un traumatismo). Le sugerimos en ese sentido que lea la entrevista que publicamos en este mismo número con Claude Lagarde.


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79
Enero 2006
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