CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 84 / JUNIO / 2006

Sr. Director: ante la información confusa que ha aparecido en distintos medios sobre las titulaciones que a través del Programa Philippus está impartiendo el Real Centro Universitario El Escorial – María Cristina en el ámbito de las terapias naturales quisiéramos dar conocer en su revista la información exacta. Nosotros impartimos formación a distintos niveles -Titulado Superior, Especialista Universitario, Experto Universitario y Certificado de Extensión Universitaria- siendo éstos títulos propios del centro. El RCU, en su condición de centro adscrito a una universidad pública -la Complutense-, se rige por la Ley Orgánica 6/2001 de 21 de diciembre de Universidades, por las disposiciones que en materia de centros y universidades dicte el Estado y la Comunidad Autónoma de Madrid, por el convenio de adscripción y por sus propias normas de funcionamiento. Así lo han afirmado la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Educación y Ciencia. Por lo que el RCU puede expedir los mismos títulos y diplomas propios que una universidad privada que si bien no tendrán carácter oficial sí pueden tener la calificación de universitarios al ser impartidos en un Centro de Enseñanza Superior.
En cuanto a la formación más amplia y elevada, la de Titulado Superior en las especialidades de Naturopatía, Osteopatía o Terapia Tradicional China -y que ha sido la que ha producido algunos comentarios en contra por parte de sectores minoritarios-, he de indicarle que se trata de una titulación propia y privada del RCU. Este centro universitario es un Centro Adscrito a la Universidad Complutense de Madrid y en virtud de ello esa universidad tutela las titulaciones oficiales que imparte el centro y que actualmente son Derecho y ADE. Pero un título propio del RCU podría ser reconocido por la Universidad Complutense de Madrid si el RCU así lo solicitase – lo que hasta el momento no se ha producido- y se cumpliesen los trámites y requisitos establecidos por la misma para aprobar esos títulos. Esta información le fue comunicada al Presidente de AEDHER por la propia Universidad Complutense. En cuanto a la diferencia entre la formación ofrecida por el Programa Philippus y la que ofrecen otros centros de formación que no son universitarios, aparte de la posible diferencia en la calidad y rigor de sus contenidos, la principal diferencia está en una posible homologación del referido título a un título universitario oficial. El Real Decreto 1272/2003 de 10 de octubre establece, entre otros requisitos, que sólo podrán obtener la declaración de equivalencia los títulos expedidos por centros que cumplan la condición de ser una universidad o un centro de enseñanza superior legalmente autorizado o reconocido con arreglo a la normativa vigente; y el RCU tiene la consideración de centro de enseñanza superior por su adscripción a la Universidad Complutense según ha declarado la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid y ha ratificado el Ministerio de Educación y Ciencia. Esta circunstancia diferencia claramente las titulaciones ofrecidas por el Programa Philippus de los títulos ofrecidos por aquellos otros centros que no tienen esta condición pues los títulos que hayan sido expedidos por un centro de formación que carezca de la condición de universidad o de centro de enseñanza superior no estarán en disposición de optar a una declaración de equivalencia a un título universitario oficial.
Como ve, no tenemos ningún inconveniente en proclamar que las titulaciones que impartimos actualmente a través del Programa Philippus no son oficiales sino propias del RCU pero también que tienen todo el derecho a tener la calificación de universitarias y que nuestro centro cumple los requisitos para poder solicitar la declaración de equivalencia u homologación de un título que cumpla los requisitos a título oficial.

José Ángel Diez Sequera

Real Centro Universitario El Escorial – María Cristina (Madrid)


Estimado Sr. Campoy ante todo gracias por su publicación. En segundo lugar paso a exponerle el caso de mi madre. Tiene 58 años y se le diagnosticó un cáncer de mama estadio IIB en el año 2000. La hicieron una mastectomía de la mama izquierda -ampliada- y la sometieron a Quimioterapia, Radioterapia y Hormonoterapia -con tamoxifeno- durante 5 años. Actualmente está de alta clínica por ese tema. También la prohibieron tomar soja, té verde, levadura de cerveza, etc., al parecer por las hormonas. Me gustaría saber si realmente esos alimentos debe eliminarlos de su dieta. Agregaré que tiene hernia y profusión discal L4 y L5, espondiloartrosis lumbar, escoliosis lumbar, caderas displásicas y coxa vara izquierda. Y desde hace unos años sufre fibromialgia así como artrosis de rodilla y caderas lo que le ocasiona bastante dolor por lo que le recetaron Artriscal y Coderol 1500. Necesita además tomar Emeproton para proteger el estómago. Asimismo está a tratamiento con Tryptizol (25 mg) desde hace años por indicación del reumatólogo. Y a pesar de todo ello el dolor continúa, unos días más y otros menos También está diagnosticada de hipoacusia de transmisión y acúfenos en el oído derecho desde 1991 llevando un tratamiento con Serc. Ha sido intervenida de varices en dos ocasiones: en 1990 y en el 2004. Le agradecería me diga si cree necesaria la ingesta de tantos fármacos y si existe alguna terapia alternativa a ésta.

M. B. N.
(A Coruña)

Mire usted, si en lugar de haber sido tratada por médicos a su madre la hubieran atendido profesionales alternativos de la salud lo más probable, teniendo en cuenta su estado físico, es que estuvieran ahora todos en la cárcel. Pero ya se sabe que los médicos, especialmente si siguen los protocolos farmacéuticos, están a salvo de ser acusados de mala praxis. Vamos a ser claros: no se puede envenenar el organismo de la manera en que lo está haciendo su madre con tanto fármaco inútil y estar sano. Es imposible. De hecho, lo milagroso es que viva aún. Nuestro consejo, ante todo, es que su madre se desintoxique a fondo. Muy a fondo y durante largos meses. A continuación debería hacerse un test de alergias y otro de intolerancias alimentarias. Debe asimismo averiguar qué tóxicos tiene en el organismo (especialmente metales pesados) Y luego ponerse en manos de un sólo profesional que pueda coordinar las interacciones de los productos que ingiera y le marque la dieta alimenticia que precisa. Preferiblemente un médico naturista y homeópata. Ese es nuestro consejo. En Madrid podrían atenderle -por darle alguna referencia- los doctores Fermín Moriano y Enrique de Juan (91 549 02 11), Luis García Cremades (91 344 01 80), Domingo Pérez León (91 597 40 30) o Santiago de la Rosa (91 431 35 16). En La Coruña no conocemos a nadie de esas características.


Sr. Director: en primer lugar quiero agradecerle públicamente la existencia de la revista. Dicho esto me gustaría contribuir a concienciar a los ciudadanos sobre los riesgos de una sanidad basada en los beneficios de la bolsa y no en los beneficios de los humanos. Me gustaría explicar que mi compañera comenzó a tomar el Agreal hace unos siete u ocho años y reconozco que yo no me preocupé de que entrara en una etapa diferente y cuando me comentó que tenía sofocos y estaba tomando no se qué pastillas no le di importancia. Pero lo cierto es que desde el año 2001 mi compañera de mil batallas sociales cambió de carácter, perdió la memoria varias veces y tuvimos que ingresarla sin causa aparente hasta que en el 2003 la depresión la obligó a someterse a un severo tratamiento -por indicación de su médico de cabecera- con antidepresivos y ansiolíticos. Y Antonia, una de las sindicalistas más combativas de esta ciudad, acostumbrada a hacer frente a la vida mientras sacaba adelante a cinco hijos y me aguantaba a mí ha perdido las ganas de vivir, ha tenido episodios de pánico y aun ahora necesita pastillas de Orfidal para dormir. En medio de este infierno hemos llegado a momentos de tensión que nunca entendimos a qué se debían. He entrado en esta batalla porque pienso que hay miles de personas como nosotros sofriendo por culpa de un laboratorio que alegremente lanzó a sus visitadores médicos a lograr que se recetaran a diestro y siniestro unas pastillas que no servían para nada positivo pese a conocer los riesgos. Pienso que esas pastillas han sido un arma en la batalla entre partidarios de los estrógenos y sus detractores. Y creo que no hay derecho a algo así. Por eso estoy tratando de coordinar a diversos colectivos contra el laboratorio y contra la pasividad de los servicios sanitarios de España. Espero pues que usted y su revista sigan apoyándonos. Saludos.

Victoriano Fernández

Tiene usted -y cientos de miles de españoles más- motivos más que sobrados para estar profundamente enfadado. Sólo que lo que ha acaecido con el Agreal ha ocurrido, ocurre y seguirá ocurriendo con cientos de fármacos porque la práctica totalidad de ellos tienen graves efectos secundarios. Lo hemos repetido hasta la saciedad. Sólo que cuando tales efectos se anuncian en el prospecto -y los laboratorios se preocupan hoy mucho de hacerlo- la responsabilidad -al menos en España donde también la mayoría de los jueces son propensos a proteger a las farmacéuticas- se difuminan. “¡Usted estaba informado de los riesgos! -le dirán el laboratorio, el médico, el Ministerio de Sanidad y el juez- así que la responsabilidad de haber tomado ese producto es suya en última instancia”. Y se quedarán tan frescos. El pasado mes publicamos precisamente un amplio reportaje sobre el Agreal y dimos a conocer las demandas que en nombre de más mil mujeres afectadas ha presentado el abogado sevillano Fernando Osuna. No estaría de más que ya que ese bufete aglutina a quince letrados y conoce a fondo el asunto se plantearan ustedes trabajar conjuntamente o se adhirieran a esas demandas (su número de teléfono es el 954 27 74 40).


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Junio 2006
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