CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 86 / SEPTIEMBRE / 2006

Sr. Director: leo habitualmente su revista y, a grandes rasgos, estoy de acuerdo con su línea editorial. Sin embargo el artículo publicado en el último número sobre los lácteos me ha sorprendido. No tanto por lo que se refiere a la leche -sobre la cual hay práctica unanimidad en el ámbito de la medicina no oficial- sino por el resto de los lácteos, especialmente el yogur. Hay abundante literatura sobre las bondades de este producto -así como del kéfir- debido a su digestibilidad -ya que carece de lactosa- y a que lleva bacterias vivas que son beneficiosas para la flora intestinal. Incluso se habla de la proverbial longevidad de los pueblos caucasianos donde parece que fue inventado este producto y donde es consumido desde tiempo inmemorial. Así pues le agradecería que incidiese un poco sobre este particular. Muchísimas gracias.

Luis Moreno Contreras
(Badajoz)

El yogur -que se obtiene mediante la coagulación de las proteínas de la leche por fermentación convirtiendo la lactosa en ácido láctico- es un alimento probiótico; es decir, contiene microorganismos vivos (bacterias lácticas y bifidobacterias) que -se afirma- refuerzan la flora intestinal y contribuyen a regular la secreción estomacal de ácidos ayudando a absorber mejor los minerales de otros alimentos. Es recomendable pues para quienes padecen alteraciones intestinales como diarrea y estreñimiento. Dicho lo cual no es menos cierto que en los últimos tiempos se ha cuestionado si sus microorganismos son en realidad capaces de resistir la acidez del estómago y lograr mantenerse activos para ejercer sus presuntos efectos beneficiosos. La discusión no está cerrada. Por otra parte aunque ni los yogures ni los quesos contienen lactosa hay muchas personas intolerantes a ambos productos. Y en tal caso deben eliminarlos de la dieta. Agregaremos que las bifidobacterias se encunetran en otros muchos productos no lácteos por lo que para obtenerlos no es necesario tomar éstos.


En primer lugar quiero darles la enhorabuena por una publicación tan buena y amena. Y luego decirles que en España más de 4.000 personas tenemos una enfermedad llamada retinosis pigmentaria (retinitis pigmentosa en inglés). Es una enfermedad que afecta a la retina y nos va dejando ciegos de forma progresiva, más o menos lenta según los casos. Al ser una enfermedad catalogada como “rara” existe poco investigación, información y, sobre todo, poco dinero para investigar. Si fuera posible me gustaría que escribieran un artículo sobre ella y si hay alguna cosa que se pueda hacer al menos para enlentecer el proceso degenerativo. Nos suelen decir que es una enfermedad degenerativa de carácter genético. Ya han detectado unas cuantas mutaciones pero seguramente no todos los casos serán por estas causas. Un abrazo y gracias.

José Ramón

Hay dos terapias que han demostrado su utilidad en casos de retinosis pigmentaria. Una es la es hipertermia producida por los aparatos Indiba. Consulte en la propia empresa fabricante del aparato (93 265 55 22) qué médico cercano a su domicilio puede hacerle un tratamiento. La otra es la Ozonoterapia. Está demostrado que combate todo tipo de infecciones, ayuda en las enfermedades neurodegenerativas y en las afecciones agudas o crónicas de las articulaciones -incluidas las hernias discales-, que su poder antiviricida es superior a cualquier otro producto, que es un potente bactericida y que tiene propiedades antimicóticas. Y como aumenta la producción de citoquinas (proteínas que modulan el sistema inmunitario) es una terapia importante en los casos de hepatitis y hasta como coadyuvante en terapias oncológicas. Entre otras muchas dolencias. Y ello incluye la retinosis pigmentaria. El doctor Eusebio Sala-Planell -médico cirujano especialista en Angiología y Cirugía Vascular- lo explicó en el número 27 de la revista (lea el artículo en la sección de Reportajes de nuestra web: www.dsalud.com). En él contaba cómo en el Centro de Investigación del Ozono de Cuba se han obtenido resultados prometedores en las afecciones degenerativas neurológicas, secundarias al proceso oxidativo -como el Parkinson, la demencia senil, la disfunción del nervio óptico, el glaucoma de ángulo abierto, la hipoacusia neurosensorial y las maculopatías- así como mejorías claras en disfunciones del nervio óptico, glaucoma de ángulo abierto, cocleo vestibular e isquemias cerebrovasculares. Agregando textualmente: “También hay patente mejoría con el tratamiento de ozono en retinopatía macular degenerativa y en retinopatía pigmentaria según los protocolos de ese centro que luego corroboró con investigaciones propias el Hospital Universitario de Siena (Italia) donde tratamientos efectuados por el Departamento de Oftalmología y el Instituto de Fisiología constataron una mejoría clara en dos tercios de los pacientes”. El doctor Sala-Planell pasa consulta en el 93 418 96 66.


Sr. Director: mi carta se debe a la preocupación que me causó leer uno de sus artículos sobre el peligro de vivir encima o cerca de un transformador de alta tensión. Es mi caso y quisiera que me pudiesen orientar para comprender mejor la situación en la que vivimos yo, mi familia y mis vecinos. Me puse en contacto con Iberdrola, compañía propietaria del transformador pero como era de esperar quitaron importancia al problema hasta el punto de llegar a ridiculizar mi preocupación. No obstante estuvieron dispuestos a venir con un aparato medidor de radiaciones electromagnéticas. El aparato era algo que yo no comprendía así que si me quisieran engañan lo podrían haber hecho. A pesar de todo pude comprender que la emisión de estas ondas se mide en microteslas y me dijeron que la única normativa que sirve de orientación para marcar la situación de peligro es la de la Comunidad Económica Europea que indica que por debajo de los 100 microteslas no hay peligro. El empleado de Iberdrola que realizó la medición puso el aparato en 20 mT y el indicador marcaba cifras que oscilaban de 0,00 a 0,10 por las escaleras del portal y en mi piso.
Quisiera saber dónde o quiénes pueden en Pamplona hacer una medición, digamos, neutral, para confirmar que las radiaciones que resultan de este transformador son mínimas. En fin, les agradecería enormemente que me pudieran orientar para llegar a comprender el peligro real al que estamos expuestos. Sin mas que decirles y esperando su respuesta se despide un lector asiduo. Cordialmente,

Martín Morales Sánchez
Pamplona (Navarra)

Iberdrola dedica cada año mucho dinero -pero mucho- a convencer a los españoles mediante anuncios publicitarios que le preocupa mucho el medio ambiente y, por ende, la salud y seguridad de los ciudadanos. Y díganos, ¿por qué cree que lo hace? ¿Porque es así o por todo lo contrario? La respuesta es obvia. Los grandes medios de comunicación que publicitan sus campañas y se benefician del dinero que les entra por ellas lo saben… pero no publican nada. Podrían dejar de beneficiarse de ellas. ¿Que los transformadores cumplen las normativas? Quizás. Pero, ¿quién las ha propiciado? Mire, el Fiscal de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Emilio Valerio, afirmó en el número 82 de nuestra revista cuando le entrevistamos que todos los centros de transformación cercanos a las viviendas deberían cerrarse por razones de seguridad. El peligro existe, digan lo que digan los técnicos. Hay miles de casos que lo demuestran. Así que tiene dos alternativas: puede usted luchar legalmente para cerrar ese centro o cambiarse de casa. Si quiere mayor asesoramiento técnico y jurídico consulte en la Asociación Española de Geobiología (GEA) llamando al 964 47 46 50.


Sr. Director: me he decidido a escribir esta carta porque creo que aunque la línea editorial de su revista es muy concreta tienen cabida todas las sensibilidades y me gustaría poder expresar públicamente la mía. Soy profesora de enseñanza secundaria, tengo 51 años y durante los últimos siete años he sufrido un agotamiento extremo -absolutamente inusual para mí- junto con un intenso dolor -sobre todo en las paletillas y hombros- que me impide incluso escribir en la pizarra del aula. Tras peregrinar por muchos médicos conseguí, en un afamado reumatólogo de Barcelona, ser diagnosticada de fibromialgia, cosa que me ratificaron dos más tanto en la Sanidad pública como en la privada. He tomado decenas de medicamentos tóxicos entre los que destacaría los mórficos tanto orales como en parches. En los dos últimos años he tomado también medicamentos para dormir y quitarme la ansiedad y la “depresión” que yo no sentía pero que la ciencia insistía en que sí. En definitiva, tomé todo lo que me indicaron para intentar recuperar mi vida normal, al menos en parte. Pero lejos de mejorar empeoraba y además de forma importante. Levantarme por la mañana era un verdadero suplicio y me tenía que duchar por la noche porque por la mañana me era absolutamente imposible. Dejé de conducir pues estaba atontada y me sentía realmente discapacitada. En ese contexto visité casi diez aplicadores de tratamientos complementarios de todo tipo y también hice todo lo que me decían. Incluso dejar durante periodos la medicación hasta comprobar que no mejoraba en absoluto. Pues bien, hace escasamente un año, por recomendación de una persona que pertenece a una asociación de enfermas de fibromialgia y a la que nunca agradeceré bastante su sugerencia, fui a la consulta del Dr. Ferrán J. García. Este doctor, que practica una medicina absolutamente estándar, estuvo interrogándome durante casi hora y media con preguntas que nadie me había hecho antes. Me exploró detenidamente y descartó la fibromialgia en una sola visita. Me dijo que era muy probable que tuviese solamente un trastorno del sueño. Me retiró la medicación y me pidió un estudio que se llama polisomnografía que me hicieron sin poner ninguna pega en mi mutua. El resultado fue demoledor: tenía una clarísima apnea del sueño aunque no soy obesa. Fui dirigida al neumólogo que midió la fuerza del aire que debería suministrarme un aparato durante la noche y la Seguridad Social me recetó, reconociendo el error, un aparato llamado CPAP que impulsa el aire con fuerza a mis pulmones durante la noche. A los tres meses de tener este aparato mi vida cambió por completo. Estaba absolutamente curada y esa mejoría se ha mantenido hasta hoy. Ahora sé además que en esta enfermedad que sufro muchos de los medicamentos que me daban están prohibidos pues la incrementan. Concluyo esta carta afirmando que este doctor es además de un magnífico profesional un gran ser humano que me cobró por toda su asistencia un volante de mi mutua. Sinceramente, me parece que por cambiar mi vida es poco pago y por eso dejo constancia aquí. Es una forma de agradecimiento y reconocimiento en la certeza de que somos muchas las personas que le conocemos y valoramos. Tal vez mi experiencia pueda ser de utilidad para otras personas. Le ruego disculpe la extensión de mi carta y le reitero mi agradecimiento por su labor.

Elena Villaescusa Sanz
(Barcelona)

Gracias a usted. Publicado queda su testimonio. Ojalá le sirva a otros muchos lectores.


Antes de nada quiero dar las gracias por ofrecernos esta revista que tanto nos ilustra y aporta información imprescindible a las personas que nos importa la salud y trabajamos para conservarla. Gracias también por el extraordinario congreso que tuve la oportunidad de disfrutar el pasado año en Madrid sobre alternativas terapéuticas al cáncer. Creo que fue un canto a la esperanza para quienes creemos que la vida y la salud están por encima de los intereses económicos. Fue especialmente conmovedora la clausura cuando todo el auditorio, puesto en pie, dedicó una ovación a Rafael Chacón, hijo del creador del Bio-Bac. A más de uno se nos cayeron las lágrimas en ese momento recordando a los familiares que perdimos víctimas del cáncer ante la falta de información de aquella época. Yo perdí a mi padre en 1996 a consecuencia de un cáncer de colon. Entonces ya sabía que la Quimioterapia y la Radioterapia no curaban y busqué desesperadamente alguna terapia alternativa sin éxito viendo impotente cómo a mi padre se le iban quemando las venas con el tratamiento. Después el oncólogo, sin ningún tipo de humanidad ni sensibilidad, le prescribió morfina para combatir unos dolores que todavía podía soportar llevándolo a un estado de inconsciencia tal que nos impidió despedirnos de él como hubiese sido lo correcto y humano. Aun así, en ese estado y sin saber si mi padre me escuchaba, le dije lo mucho que le queríamos. Pero a la medicina oficial no le conmueve el dolor ajeno y ellos no me advirtieron del estado en que caería mi padre tras tomar morfina. El trato fue frío y distante. Y recuerdo cómo lloraba mi padre en silencio mientras la ambulancia nos devolvía a casa. Murió a los tres días de tomar la morfina. Ahora tengo un problema que no se cómo resolver y que me preocupa especialmente: padezco de tinitus. Es una situación que resulta angustiosa porque me impide disfrutar del silencio, provoca dolor de cabeza y además interfiere irremediablemente en la concentración que necesito para poder estudiar. No he buscado remedio en la medicina oficial porque he perdido la fe en ella. Y no sólo por lo expuesto anteriormente. Ya en el año 1981 una negligencia médica casi siega la vida de mi hijo de dieciséis meses. Desde entonces veo a los médicos como personas-máquinas que nos tratan como si fuéramos expedientes que archivar olvidando la grandeza que hay en ellos y en nosotros; y es que pensamos demasiado y sentimos muy poco. Hay demasiado dolor, demasiado sufrimiento, demasiados muertos víctimas de la codicia humana. Por eso para mi los congresos que ustedes organizan son un canto verdaderamente revolucionario aunque no haya político que se atreva a poner las cartas boca arriba en el sector de la salud. Así lo corrobora la persecución de médicos de la talla de Ryke Gerd Hamer o Joaquín Amat y la labor de otros como Fermín Moriano, Rafael Chacón y los responsables de su revista al igual que tantos otros que se enfrentan al poder y manipulación de la industria farmacéutica. No quiero terminar esta carta sin antes darles las gracias por la oportunidad que nos brindaron de acudir al I Congreso Internacional sobre Medicina de Vanguardia que acaba de celebrarse en mayo pasado aunque en esta ocasión no me fue posible asistir. Termino dándoles una vez más las gracias por permitir que no pierda la esperanza en el ser humano, en que otro mundo mejor es posible y en que me crea que no estoy sola ni soy una imprudente al decir que el cáncer se puede curar. Gracias de todo corazón, señor Campoy, así como a todos sus colaboradores y demás personas implicadas en destapar la verdad y en creer en la grandeza humana.

Pilar Latorre Fornier
(Cuenca)

Nuestras más sinceras gracias por sus amables palabras. En cuanto a su problema de tinitus o zumbido de oídos le adelantamos que se consiguen buenos resultados con algunos productos de Fitoterapia y Homeopatía así como con Acupuntura. En todo caso conviene saber la causa. Le sugerimos que entre en contacto con el doctor Domingo Pérez de León (91 597 40 30) o con el doctor Santiago de la Rosa (91 431 35 16).


Querido Director: deseo felicitarles muy sinceramente por la labor que realizan. Espero cada mes con impaciencia su publicación. Quisiera contribuir por ello a su labor, aunque sea con un granito de arena, contándoles mi caso personal. Cuando tenía 11 años me diagnosticaron una hepatitis muy fuerte -no estoy seguro de si fue hepatitis C- y los médicos dijeron que tendría que pasar unos cuantos meses en la cama pero entonces un amigo de mi padre le comentó que su hija se había curado tomando diariamente en ayunas durante 10-15 días una infusión de pétalos secos de rosa roja a la que se añade una yema de huevo. Y he de decir que a los 10 días me hicieron unos análisis y los médicos no salían de su asombro: estaba curado. ¡En menos de 4 semanas! Quería compartir este remedio con ustedes y con toda la gente que lee esta maravillosa revista. Quizás no sea una solución científicamente probada pero a mi me curó. Agregaré que todas las enfermedades que he tenido de pequeña fueron tratadas y superadas con medios alternativos. Sigan pues ustedes con su maravillosa labor que yo les apoyaré en lo que pueda; sobre todo aconsejando a la gente que lea Discovery Dsalud. Muchos saludos.

Simone
(Madrid)

Las rosas poseen abundantes taninos con acción astringente y antidiarreica así como ntiinflamatoria y cicatrizante. Y son antisépticas merced a sus antocianinas así como al geraniol y citronelol que contienen. También poseen derivados flavónicos (quercitrosido) y ácido gálico. De ahí que se utilice en diarreas y gastroenteritis además de en afecciones oculares (conjuntivitis), afecciones bucofaríngeas (aftas, amigdalitis, estomatitis y gingivitis), vaginitis, leucorrea y afecciones cutáneas (eccemas, prurito, etc). Ignorábamos en cambio que pudiera ser útil en casos de hepatitis al mezclarse en infusión con la yema de huevo lo que no obsta para que dejemos constancia de su experiencia por si a alguien le resulta útil.


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86
Septiembre 2006
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