CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 196 / SEPTIEMBRE / 2016

Estimado director: como bien sabe soy médico experto en terapias complementarias y alternativas y por ello mismo miembro de la Asociación Española de Médicos Integrativos (www.aesmi.org) y le mando esta carta porque quisiera una vez más mostrar públicamente mi preocupación por el negativo efecto de las radiaciones electromagnéticas, especialmente las del Wi-Fi. Y no porque se diga en documentados y rigurosos trabajos –que existen y muchos- sino por propia experiencia. El fin de semana del 24 al 26 de junio pasado estuve en Asturias con mi mujer -también médico- para asistir en Oviedo a un breve curso sobre la Tabla periódica y la Homeopatía impartido por un experto compañero homeópata, el Dr. Luis Rekarte  (www.rekarte.com). Pues bien, nos hospedamos en un gran hotel de Gijón bonito, familiar y agradable y resulta que, sin entender inicialmente por qué, pasé dos noches horribles. Estuve dando vueltas en la cama preso de una extraña inquietud y levantándome constantemente debido a la desazón. Y me pregunté si la cama no estaría encima de alguna zona geopatógena o inmersa en un cruce de líneas Hartmann. El caso es que apenas pude descansar pero dos cafés bien cargados me permitieron asistir por la mañana a la  conferencia. Cuando mi mujer y yo volvimos tras pasar relajadamente la tarde y cenar moderadamente -sin alcohol- nos tumbamos siendo ya tarde en la cama a ver un poco la televisión y relajarnos pero pronto sentimos cómo se nos cerraban los ojos tras un día tan intenso. En fin, entre la 1 y las 3 de la madrugada logré conciliar el sueño si bien de forma superficial pero a partir de ese momento empecé a sentirme inexplicablemente nervioso. Fue entonces cuando tuve la intuición de que la causa debía ser la antena Wi-Fi para las habitaciones y resultó que estaba situada en el pasillo… precisamente justo al lado de nuestra habitación. Así que bajé a recepción a las 3.30, pedí que por favor apagaran el Wi-Fi porque me alteraba y no podía dormir y el encargado de recepción me miró de tal forma que debió pensar que estaba hablando con alguien no muy cuerdo. Sin duda porque la inmensa mayoría de la gente lo ignora todo sobre las perjudiciales emisiones del Wi-Fi. Afortunadamente debió pensar que nadie iba a utilizarlo a esas horas y accedió a apagarlo. Volví a la cama y pronto comencé a sentirme menos agitado y me fui tranquilizando… hasta que de nuevo volví a  sentir desazón, cogí extrañado el móvil, miré la señal de Wi-Fi ¡y confirmé que estaba de nuevo activa! Desesperado e impotente cogí el colchón ayudado por mi mujer, lo llevamos al baño -lo más lejos posible del emisor-, me traté con acupuntura, esperé a que me hiciera efecto y logré dormir hasta las 9:00 de un tirón. Sin embargo cuando me levanté me sentía aturdido y mi mujer me diría que a ella le dolía la espalda y notaba hinchado todo su cuerpo. En suma, mi fin de semana en un hotel de cuatro estrellas se convirtió en un auténtico tormento porque sus responsables siguen sin entender y asumir –al igual que las autoridades sanitarias- que el Wi.Fi puede llegar a afectar al organismo de forma grave. Lo digo sin rubor: la pintura de las paredes de nuestra casa es anti-Wi-Fi al igual que los visillos; y me conecto a Internet por PLC -siglas de Power Line Communications-, cableado que va por la red eléctrica. Animo pues a los lectores a que lean todo lo que ustedes han publicado al respecto –que es mucho- y a que sean conscientes de que muchos de los problemas de salud que afectan a la gente se deben a las radiaciones electromagnéticas. Mi mujer y yo somos médicos, hemos atendido a multitud de personas con electrosensibilidad, la hemos sufrido en nuestras carnes y sabemos muy bien que alojarse en los modernos hoteles y apartamentos que ofrecen Wi-Fi como cortesía gratuita a sus clientes es un enorme error. Es mejor ir a establecimientos sin Wi-Fi o a antiguos hoteles de paredes gruesas y menos materiales sintéticos y, por tanto, más aislantes. Al menos hasta que las autoridades admitan el problema y se cambie de una vez la errónea legislación actual.

Dr. Santiago de la Rosa

Le agradecemos sinceramente su carta que esperamos sirva para recordar las advertencias que sobre este tema venimos haciendo en la revista desde hace muchos años como usted bien recuerda. Sin embargo dudamos mucho que las autoridades hagan en breve algo al respecto ya que han optado por la socorrida táctica política del avestruz.


 Querido director: ante todo enhorabuena por la revista. Gracias a ella tenemos qué regalarle a mi padre cada dos años (es suscriptor desde hace mucho tiempo). En fin, quisiera comentarle que cuando era pequeño y me acostaba me ponía a menudo en tensión y nervioso pero es que a partir de 2012, al salir de fiesta el fin de semana tras trabajar de lunes a viernes muchas horas, tenía a veces la sensación de que me faltaba el aire y eso me hacía volver a casa inmediatamente. Ese verano me fui de viaje con unos amigos y lo pasé muy mal porque, sin motivo aparente, tenía miedo ante cualquier circunstancia. El caso es que terminé en un psiquiatra y me recetó Paroxetina 20 mg intentando los tres años siguientes reducir la dosis -dos veces- hasta la cuarta parte sin conseguirlo. Decidido a no depender de una pastilla química como esa toda la vida decidí cambiar de psiquiatra y el nuevo me quitó ese fármaco y me sugirió tomar 3 pastillas de 2.5 mg de Diazepam complementando el tratamiento con homeopatía. Pues bien, a día de hoy sigo sin poder hacer vida normal y mantengo limitaciones aunque esté mejor que cuando tomaba la Paroxetina. Tengo 29 años, sigo sufriendo pánico y fobias y como en ocasiones sigo sintiendo que me falta el aire me veo obligado a evitar muchas situaciones cotidianas. ¿Qué me aconsejan? Un abrazo.

Rafael Martínez (Madrid)

Lo que le aconsejamos es que busque la causa del problema pero dudamos mucho que vaya a encontrarla en un psiquiatra ya que la inmensa mayoría son meros recetadores de fármacos paliativos pero iatrogénicos. Por lo que nos cuenta puede usted estar sufriendo las consecuencias de vivir y/o dormir en una zona geopatógena; si ha leído la carta precedente a ésta verá que las radiaciones electromagnéticas de su entorno pueden ser la causa… pero también las de carácter telúrico. Consulte pues con un experto que lo valore aunque solo sea para descartar esa posibilidad real (le sugerimos que contacte para ello con la Fundación para la Salud Geoambiental (www.saludgeoambiental.org) en el 910 01 45 26. Otra posibilidad es que su problema lo esté causando alguna intolerancia o alergia a alimentos, fármacos o sustancias químicas por lo que igualmente deben testárselo. Y asimismo puede provocárselo alguna infección parasitaria, algo que puede testárselo rápidamente un buen especialista en el Par Biomagnético como Juan Carlos Albendea (91 704 57 81). Cabe añadir que el problema puede estar también en el déficit de algún micronutriente -vitaminas, minerales, aminoácidos, probioticos, enzimas, coenzimas, etc.- y hay asimismo que valorarlo. Y no menos plausible es que se trate de la somatización de algún trauma psicoemocional lo que pueden decírselo sometiéndose a una terapia de Anatheóresis cuyo centro principal está en Madrid (91 522 89 09). Como ve quizás no le resulta fácil conocer la causa pero es la única manera de resolver el problema. Suerte.


 Sr. Director: en el número 192 de la revista leí un artículo sobre las sorprendentes propiedades del agua hidrogenada y acabo de volver a hacerlo con motivo de asistir a la presentación de un agua casi milagrosa de Japón llamada Kangen. Mi pregunta es simple: ¿cuál es la diferencia entre agua alcalina y agua hidrogenada? ¿Y cuál está mejor de precio?  En espera de sus noticias le saluda atentamente

Adolfo Torre González (Bilbao)

De ese tipo de agua no hemos hablado nunca pero se obtiene simplemente por electrolisis manteniendo los minerales alcalinos y ionizándola para cambiar su estructura molecular. En cuanto a su pregunta un agua es alcalina si su pH  es igual a superior a 7,3 lo que puede saberse introduciendo en ella una simple tira medidora. Y para lograr eso basta hervirla  5 minutos o echar en ella una pizca de bicarbonato sódico; es así de simple. Y el agua hidrogenada es agua alcalina enriquecida con hidrógeno y, por tanto, con capacidad antioxidante. Lo explicamos en detalle en el reportaje que con el título Llamativas propiedades del agua hidrogenada publicamos en el nº 192. En cualquier caso si le interesa profundizar en las propiedades del agua le sugerimos que entre en el apartado de nuestra web donde hemos agrupado todos los reportajes que hemos publicado al respecto: www.dsalud.com/index.php?pagina=agua.


Hola; en primer lugar, mi más sincera felicitación por la revista. Creo que es la primera vez que se logra un equilibrio adecuado entre la difusión de opciones menos agresivas para la salud y un respaldo experimental que apoya lo que se comenta. Habitualmente se nos ha acostumbrado a los dos extremos. Por una parte al “esto funciona porque tengo pruebas de laboratorio que lo confirman” -aunque tales pruebas sean en muchos casos, como mínimo, poco objetivas- y en el otro extremo a afirmaciones como “Una opción espiritualmente más acorde con tus biorritmos y con las energías sanadoras del universo”. En su revista no se descarta ninguna opción pero lo que se afirma tiene el respaldo suficiente para que cada persona ponga a funcionar las neuronas y elija con criterio. Esto es lo que me ha animado a escribirles para conocer su opinión -mejor sería decir su consejo- sobre la opción (u opciones) más adecuada para tratar los trastornos reumáticos. Voy a cumplir 68 años y al parecer tengo una leve hiperplasia sinovial/artritis reumatoide que me está dando la lata en un pie desde hace un par de meses y la medicina oficial me da dos remedios: “San Ibuprofeno” y “Si te duele, te aguantas”. Tal vez sea un bicho raro pero no sé porque esos dos “remedios” me suenan peor que la enfermedad. En fin, aunque el tema no es grave quiero atajarlo cuanto antes -sobre todo de cara al futuro- y ésta es la razón de que solicite su consejo.

Francisco Sáenz

Hay muchos productos que mejoran la artritis reumatoide; desde el  conocido Renovén (antiguo Bio-Bac) hasta el coral marino pasando por las vitaminas B9, B12, C y E, los minerales selenio, zinc, cobre y manganeso, el superóxido dismutasa (SOD), la betaína HCL, las enzimas proteolíticas, los bioflavonoides, la niacinamida, el PABA, el sulfato de glucosamina, el sulfato de condroitina y los ácidos grasos omega-3. Pero la causa de fondo -como en la mayoría de las patologías- está en el desequilibrio y acidificación del organismo por una inadecuada alimentación. Elimine pues de su dieta las carnes rojas, las bebidas alcohólicas, la leche y sus derivados, los huevos, el azúcar blanco, los pimientos, las berenjenas, las patatas, los tomates y el café. Aunque lo  mejor sería que hiciera La Dieta Definitiva durante al menos dos o tres meses eliminando las verduras antes citadas. Notaría la mejoría de inmediato.


 Estimado Director y equipo: no tengo palabras para agradecerles el beneficio que están haciendo a muchas personas, entre ellas a mi familia. Verá, mi hija tiene 27 años y lleva varios con menstruaciones poco regulares: 2, 3 o más. Unas veces con sangrados abundantes y otras no. Hace unos 4 años la vio una ginecóloga, la recetó Yaz 0,0 2mg/3 mg de Bayer y aunque el tratamiento le regulaba las menstruaciones advertí a mi hija de sus posibles efectos secundarios pues como suele tener migrañas pienso que un tratamiento tan prolongado podría perjudicarla. Se lo dijo a la ginecóloga y decidió dejar el tratamiento pero el problema volvió, Así que la doctora se lo cambió por Zoely 2,5 mg/1,5 mg de Theramex que también le va bien. En fin, aunque las migrañas son bastante anteriores a este problema mi pregunta es si el tratamiento que recibe es muy perjudicial; y si es así, si existe alguna alternativa natural.  Perdón por la extensión y saludos cordiales.

Juan Carlos Otero

Lo sentimos pero eso es imposible de saber  sin un estudio a fondo del caso ya que las causas pueden ser numerosas. Le sugerimos pues que consulte con el Dr. Diego Jacques (91 799 14 79), experto ginecólogo y miembro de nuestro Consejo Asesor que entendemos podrá ayudar a su hija.


 Estimado Sr. Campoy: mis sinceras gracias a usted y a todo su equipo por tan magnífico trabajo. Soy lectora asidua de la revista y me está sirviendo de bastante ayuda. Verá, tengo 61 años y hacia los 30  me apareció psoriasis en la planta de los pies. Las cremas que me recetó el dermatólogo no me hicieron efecto porque si bien a veces remitía terminaba reapareciendo de nuevo. Además entre los 30 y los 59 años sufrí en la rodilla derecha un dolor muy intenso -en seis ocasiones- que me imposibilitaba andar bien pero no se hinchaba ni enrojecía; desaparecía como había venido. Me hicieron una resonancia y el traumatólogo me diagnosticó una gonaltralgia pero no me puso ningún tratamiento. En la última ocasión que me pasó sí se hinchó en cambio la rodilla derecha. Fue a los 59 años. Un día empezó a dolerme la muñeca derecha y a los pocos días la rodilla del mismo lado. Una semana después me dolían las dos muñecas y las dos rodillas; de forma más intensa en la parte derecha donde las articulaciones estaban hinchadas. Era un dolor espantoso; no podía moverme ni hacer nada. Me visitó el traumatólogo y lo único que hizo fue decirme que la rodilla terminaría con una prótesis pero que aún era muy joven y me recetó Artrilog que no me hizo nada. Dijo que era artrosis. Después me visito una reumatóloga que me hizo una artrocentesis de la rodilla derecha; me extrajo 50 cm de líquido que se analizó y resultó ser inflamatorio. En la analítica el resultado de la proteína C reactiva fue de 11 –el valor normal es de 0 a 5- y entonces me diagnosticó artritis psoriásica recetándome ácido fólico, Metrotexato 6 mg y Urbason 2 mg (este ultimo a diario y de forma definitiva). El caso es que no me he tomado ninguno de esos medicamentos y tampoco estoy dispuesta a operarme. A raíz del último brote fuerte -en mayo de este año- con la proteína C reactiva en 15- decidí instaurar mi propio tratamiento buscando en artículos publicados y decidí tomar Bifidobacterium infantis (éste lo tomo desde que recientemente publicaron ustedes el articulo Muchos problemas dermatológicos se tratan ingiriendo prebióticos), vitamina C, colágeno hidrolizado, omega 3, Factor Transfer, aminoácidos esenciales, cloruro de magnesio y harpagofito. Me he sometido a 4 sesiones de factores de crecimiento -además de inyectarme ozono en la rodilla derecha que es la que peor tengo- e intento hacer una dieta saludable. Básicamente verduras, proteínas y frutas –éstas solo en el desayuno como se indica en el libro La Dieta Definitiva– y de leche solo kéfir (que me preparo yo). Sin embargo en mi última analítica las plaquetas han subido a 498 cuando los valores  normales están entre 150 y 410. La doctora reconoció que era así pero no dijo nada más. ¿Puede ser una trombocitosis? Espero y deseo que puedan  ayudarme pues lo que más temo son los brotes. Disculpen la extensión de mi carta. Atentamente,

L. Rodríguez

Los médicos hablan de trombocitosis para definir la presencia en sangre de un número de plaquetas excesivo; no se trata pues de una patología. Las causas pueden ser muchas. Y lo mismo cabe decir de sus síntomas. En cuanto a su psoriasis hemos explicado recientemente en un documentado artículo que muchos problemas dermatológicos pueden resolverse ingiriendo probióticos de efectos sistémicos al equilibrar ello el microbioma intestinal; destacando en el caso concreto de la psoriasis el Bifidobacterium infantis (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el reportaje que con el título Muchos problemas dermatológicos pueden tratarse mediante la ingesta de probióticos apareció en el nº 194). Nos permitimos sugerirle en cualquier caso que acuda a la consulta de la Dra. Esther de la Paz para que valore pormenorizadamente su caso (91 431 35 16). No podemos darle consejos genéricos sin conocer qué provoca sus síntomas.  


 

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196
Septiembre 2016
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