CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 81 / MARZO / 2006

Sr. Director: soy lectora de su revista desde hace unos meses y debo decirle que sus artículos son muy interesantes. El motivo de mi correo es encontrar alguna salida para mi hermano. Parece ser que tiene una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Tiene 58 años, una disartria cada vez mayor y alguna dificultad para unir el índice y pulgar de la mano izquierda. Comenzaron a estudiarle en junio del 2005. En el Electromiograma (EMG) apareció que tenía algunas fasciculaciones y no había denervaciones. Pero en diciembre ya había. Ya sé que según la medicina alopática no tiene tratamiento. Le mandan Rilutek que no está claro que sirva. Tal vez ustedes podrían ayudarme indicándome a quién o a dónde dirigirme. En caso contrario también agradecería su respuesta. Un afectuoso saludo y gracias.

Mª Carmen Ruiz

No hay tratamiento para la Esclerosis Lateral Amiotrófica porque -como ocurre en la mayoría de las llamadas enfermedades- se ignora qué lo provoca. La fasciculación muscular no es sino el resultado de pequeñas contracciones musculares locales o la crispación incontrolable de un solo grupo muscular servido por una fibra nerviosa motora única o filamento. Algunas son comunes y normales mientras otras indican un trastorno neurológico. Las primeras son a menudo causadas por el estrés y la ansiedad. El resto puede deberse a varias causas, entre ellas una deficiencia nutricional, la sobredosis de drogas y los efectos secundarios de algunos medicamentos como los diuréticos, los corticosteroides y los estrógenos. Se dice que el Rilutek -cuyo principio activo es el riluzol- hace avanzar más lentamente el deterioro del organismo pero muchos científicos lo discuten. Es más, se sabe que no es efectivo en los estadios finales de la enfermedad y que no ejerce efecto terapéutico alguno ni en la función motora, ni el la función pulmonar, ni en las fasciculaciones, ni en la fuerza muscular, ni mejora los síntomas motores. Y su seguridad y eficacia sólo se ha estudiado en pacientes con ELA. Asimismo se desconocen todos los efectos negativos que puede provocar. Se receta porque no hay otro tratamiento. Tomarlo es pues casi una cuestión de fe o de desesperación. Por otra parte, debemos decirle que no conocemos a ningún médico ni profesional de la salud alternativo que la trate con buenos resultados. Al parecer el problema de la ELA estriba en que la información no llega desde el cerebro hasta los músculos. Por tanto, a pesar de lo dicho, tras consultar a varios miembros de nuestro Consejo Asesor vamos a permitirnos dar a su hermano algunas sugerencias. Por supuesto, es libre de seguirlas o no:
1) Descarte que esté constantemente sometido en casa o en el hogar a radiaciones electromagnéticas, sean artificiales o telúricas.
2) Descarte que esté intoxicado por metales pesados. Y si fuera así que se someta a una quelación intravenosa con EDTA además de desintoxicar el hígado y los riñones (ya hemos explicado en la revista cómo hacer ambas cosas).
3) Descarte que sea alérgico o intolerante -no es lo mismo- a algún alimento. Y se detecta que es así suprímalos de inmediato. En todo caso elimine ya de su dieta el azúcar, todos los cereales, los hidratos de carbono refinado, la leche y los productos lácteos, el café, el alcohol y el tabaco. Y, por supuesto, no consuma droga alguna (fármacos inútiles incluidos).
4) Compruebe si padece algún bloqueo energético. Acuda primero a un especialista en Medicina Tradicional China que domine la Acupuntura y paralelamente a un experto en Terapia Neural. Luego hágase un chequeo a fondo con un aparato de biorresonancia: el Quantum, el Quantec, el Mora… (lea lo publicado sobre ellos).
5) Acuda a un experto en Medicina Ortomolecular. Debe asegurarse de que no padece deficiencia de nutrientes imprescindibles. El consumo de melatonina, triptófano, Ginko Biloba, Coenzima Q-10, Equinácea y Panax Ginseg será sin duda útil, entre otras sustancias.
6) Plantéese seriamente la ingesta de Bio-Bac y de Coral-Care.
7) Sométase a una terapia sofrónica y que le guíen para hacerse una autoscopia. El profesional le dirá si además puede resolver o mejorar el posible problema mediante algunas sesiones de tratamiento. Y que su hermano no deje pasar el tiempo. Corre en su contra si no hace nada.


Estimado Sr. Campoy: hace ya tiempo le mandé una carta contando mi experiencia con la fibromialgia. En verdad es la historia de mi hija Marta, de ahora 15 años. Fue diagnosticada a los 12 de fibromialgia juvenil severa y tratada con los medicamentos adecuados -según esos mismos médicos- para su enfermedad. Pero la única solución a la fibromialgia la encontramos en la propia alimentación, es decir, en desintoxicar su organismo y así poco a poco ir recuperándose. En estos momentos mi hija está muy bien, la enfermedad está controlada y no tiene dolor ni cansancio. Pues bien, en estos últimos dos meses he podido leer los reportajes dedicados al doctor Seignalet y constatar que dice lo mismo que nosotros hemos hecho: depurar el cuerpo eliminando ciertos alimentos (trigo, lácteos, azúcar y maíz). Todo esto nosotros lo hemos hecho gracias al libro de la doctora Olga Cuevas Fernández y su obra El equilibrio a través de la alimentación. Ese libro nos enseñó por qué nuestra hija tenía fibromialgia -pudiera haber sido cualquier enfermedad autoinmune- y cómo se podía controlar la enfermedad. Es lo mismo que dice este doctor. Nosotros hemos escrito un libro titulado Manual de Fibromialgia en Carena Editors explicando nuestra experiencia de tres años aplicando tanto en nuestra hija como en numerosos casos esta forma de alimentarse de forma sana. Porque simplemente llevando una alimentación sana y eliminando ciertos alimentos nuestro cuerpo se puede recuperar. Tengo claro que no somos ni famosos ni periodistas pero sí que puedo afirmar que nuestra experiencia vale tanto como la de cualquier periodista famoso. Todo lo que hemos estudiado de la enfermedad lo hemos remitido a la Generalitat valenciana para que sean ellos mismos los que valoren el estudio y empiecen a probar en los hospitales y consultas. Sé que es muy difícil y que intentarán taparlo como sea pero más de 5.000 personas han comprado el libro, muchas de ellas se han puesto en contacto conmigo y en su gran mayoría van encontrando mejoría, al igual que nuestra hija. Marta tardó casi un año en encontrarse del todo recuperada y hoy sigue muy bien. Se que no será posible hablar con usted pero es un tema tan importante que creo valdría la pena poder darlo a conocer en su revista. A las personas que hablan conmigo les recomiendo que la lean porque rompe con los tópicos y las creencias. Se que no recibiré su llamada pero el leer todo lo publicado -sobre todo en la ultima revista, numero 79- tengo claro que debo seguir ayudando y enseñando a las personas afectadas de esta terrible enfermedad.

Maribel Ortells y Vicente Estupiña
Borriol (Castellón)

Ya lo decía Hipócrates: ¡Que tu alimento sea tu medicina». Y lo venimos explicando desde hace años. En la revista hemos dedicado varios artículos a la fibromialgia. Pueden consultarse en la sección de Reportajes de nuestra web -www.dsalud.com- en los números 34, 35, 61 y 66. Sin olvidar los tratamientos propuestos por la Medicina Sistémica ni lo postulado por el Dr. Jean Lagarde. Si observa usted la respuesta dada en nuestra anterior carta verá que empezamos sugiriendo a la persona que sufre ELA que elimine diversos alimentos para empezar, vea si es alérgico o intolerante a otros y proceda a desintoxicar su organismo. Sencillamente, es básico. Es más, la propuesta recogida en el libro La Dieta Definitiva -que lleva varios años en la calle- marcó ya esa misma línea. De hecho, Lagarde recoge en su obra una propuesta prácticamente similar. Por eso La Dieta Definitiva no es sólo un método para adelgazar sino de recuperar integralmente la salud. Muchas dolencias -pero muchas- desaparecen sin más tras seguirla unos meses.


Estimados Sres: soy lectora de su revista y a riesgo de ser muy pesada -ya les he hecho otras consultas- como no sé a quien recurrir quisiera preguntarles si pueden ofrecerme su opinión sobre el medicamento Prozac. Soy enferma de fibromialgia y sufro de muchos dolores. Un reumatólogo me acaba de recetar una pastilla de Prozac 20 por la mañana y media de Paxtibi 25 y dos Neubrofren por la noche. Tengo miedo de tomarme todo eso por los efectos secundarios que puede acarrear los cuales, por cierto, olvidé preguntar al reumatólogo (ya que me quedé bloqueada ante tanta pastilla). Él dice que debo tomarlo para que pueda dormir. Me gustaría saber si conocen algún doctor en Medicina Ortomolecular u otra especialidad en Madrid o Cuenca que me pudiera tratar. Y si es posible que pueda sobrellevar mi vida diaria y mis dolores sin tomar tanta pastilla. ¿Es posible que sufra efectos secundarios importantes si tomo esa medicación? Mi estómago no es muy bueno y tengo dispepsia. Muchísimas gracias y disculpen las molestias.

Nuria
(Cuenca)

Si tiene usted fibromialgia -como parece deducirse de su carta- es válida la respuesta que dimos en la anterior contestación a la suya. Por supuesto, nosotros no tomaríamos ninguno de esos fármacos en su situación. Le sugerimos, para empezar, que cambie de reumatólogo, Luego siga una dieta adecuada y póngase a tratamiento ortomolecular. Consulte a D. José Ramón Llorente -presidente de la Asociación Española de Nutrición Ortomolecular- en el 96 392 41 66.


Apreciados amigos: soy asidua seguidora de vuestra revista desde hace varios meses, primero en formato virtual y ahora en formato impreso. Hace varios años que mi compañero Joan y yo hemos optado por la medicina alternativa dado el poco caso que hacen la mayoría de los médicos alopáticos a lo que les contamos los pacientes (santa paciencia es la que se requiere para ir a un médico de la Seguridad Social, sí… muy acertado el calificativo de «paciente»…) y el escaso -por no decir nulo- resultado obtenido en el tratamiento de problemas digestivos diversos, dolores músculo-esqueléticos y alteraciones dermatológicas (esa es nuestra experiencia directa si bien sabemos que en otros problemas el resultado es el mismo, o sea, cero; o peor todavía ya que casi todos los medicamentos «tapan» síntomas pero provocan otras alteraciones). Por tanto encontramos en vuestra publicación una fuente de información inestimable. Por ejemplo, a raíz del artículo del doctor Josep Mª Cardesín acudí a su consulta y estoy realizando el tratamiento de limpieza de hígado y riñones para superar un problema digestivo crónico que arrastro desde hace varios años a causa del mercurio que llevaba en los empastes de la boca. Desde aquí le mando un cariñoso saludo al doctor Cardesín y mi gratitud. Dicho esto os quería pedir varias cosas. Lo primero es que hicierais un reportaje sobre el peligro de las amalgamas dentales. A raíz de mi problema con ellas he buscado constantemente información y la verdad es que he encontrado cosas que ponen los pelos de punta: candidiasis crónica -con todo lo que conlleva (mi problema)-, riesgo de padecer Alzheimer, fibromialgia y un largo etcétera de peligrosas dolencias derivadas de llevar un veneno directamente en la boca las 24 horas del día. Gracias a la doctora Brigitte Bache, homeópata de Barcelona que me diagnosticó el problema, después de casi 18 años de llevar amalgamas hoy estoy libre de mercurio pero he pasado un calvario y la recuperación total todavía no la he conseguido después de más de 4 años. Espero que mi dieta y el buen hacer de los diversos terapeutas alternativos a los que he acudido puedan paliar los efectos negativos del mercurio en mi organismo y no tenga repercusiones posteriores. Sólo tengo 40 años y quiero vivir muchos más, sana y feliz… Una de las cosas que me llamó mucho la atención buscando información al respecto fue leer en el programa de asignaturas de la carrera de Odontología de la Facultad de Medicina de la UB que hay una asignatura que trata de prevención de riesgos de los dentistas. Y uno de los riesgos principales viene dado por la manipulación de las amalgamas dentales… Y yo me pregunto -supongo que vosotros también-, ¿cómo es posible que este veneno todavía se aplique en miles de bocas de españoles cuando en otros países eso ya está prohibido? ¿Cómo es posible que habiendo resinas sintéticas este material metálico no se haya erradicado? ¿Hay algún interés detrás de todo ello? ¿Cómo es posible que cuando fui a un odontólogo de mucha reputación de Barcelona me dijera que las amalgamas no entrañaban ningún riesgo pero que si yo quería me las cambiaba (hubiera hecho buen negocio pues yo llevaba 11 empastes metálicos)? La segunda cosa que os pido es que realicéis otro reportaje, en este caso sobre la Quiropráctica. Mi compañero está en manos de unos doctores franceses establecidos en Barcelona y los resultados son inmejorables. A la tercera o cuarta sesión el dolor y los hormigueos que tenía en los codos desaparecieron. Las sesiones han seguido -ahora ya más espaciadas- para sanar y reequilibrar la columna vertebral totalmente. Por recomendación nuestra un amigo está también acudiendo a esos doctores y su problema de ciática ha disminuido notablemente después de 6 o 7 sesiones. Hoy mismo yo voy a realizar la primera visita puesto que también tengo dolores de espalda ya que por mi trabajo estoy toda la jornada sentada. Confío en que también me solucionarán el problema. Es algo caro pero es efectivo. La tercera y última cosa es de carácter más grave y no quiero que se publique (si es que esta carta la llegarais a publicar en la revista). Se trata de una amiga que tiene cáncer. Por tres veces ha tenido leiomiosarcomas retroperitoneales. La llevan en el Hospital Clínico de Barcelona, los oncólogos no le han dado otra solución que la cirugía y ha sufrido 3 operaciones en menos de año y medio. La última operación ha sido muy agresiva: parte del colon, parte del hígado… Sus amigos más cercanos sabemos que este tipo de sarcomas son lo peor, los más agresivos y, por otro lado, muy raros. Sus recidivas son cada vez más rápidas -la última vez fue a los 3 meses escasos de la segunda operación…- y sabemos que su curación es imposible mediante métodos alopáticos. Por otro lado, esta chica tampoco pone de su parte: fuma, bebe y se alimenta muy mal. Además es parapléjica desde hace casi 19 años. Yo creo firmemente que con una dieta adecuada, haciendo un cambio radical de vida y con un tratamiento adecuado su caso mejoraría. Ya no hablo de curación pero sí de calidad de vida y de alargar la aparición de una nueva recidiva… Pero un amigo y yo sabemos a través vuestro -y después a través de varias webs- del tratamiento del doctor Brú con Neupogén y sabemos también que hay gente que lo compra en Andorra y se lo administra. Para nosotros es el último recurso para salvar a G., nuestra amiga enferma. Podríamos conseguir el Neupogén en Andorra a través de un amigo que vive allí y Gloria está dispuesta a probarlo. El problema es que necesitamos un médico que le administre las dosis correctas y le haga un seguimiento durante todo el tratamiento para controlar posibles efectos secundarios. Hemos contactado con la asociación www.terapia-cancer.org pero no nos dicen nada. También a través de CanVi de Barcelona hemos intentado conocer a algún médico pero también sin éxito. Y esta es mi pregunta: ¿sabéis vosotros de algún médico dispuesto? Entendemos perfectamente el secretismo pues imaginamos que el médico en cuestión estaría incurriendo en falta grave por no decir delito y que se jugaría la carrera. Pero sabemos que hay gente que lo ha conseguido dadas las negativas de la Agencia del Medicamento. Hay gente que se está tratando con Neupogén en España «de estrangis» y le está funcionando. En el foro de www.terapia-cancer.org hay varios casos… ¿Nos podéis ayudar? Muchas gracias por todo: por vuestra publicación, por vuestra valentía denunciando a los sinvergüenzas que manipulan información y juegan con nuestra salud, por tenernos al día de todo, por darnos esperanza, por darnos soluciones prácticas y efectivas, y por hacernos saber que no estamos solos en la lucha diaria por nuestra salud, nuestro bien más preciado. Un abrazo.

Neus Batlle
Gavaldà (Sant Joan Despí)

Bien, aprovechamos tu carta para dar a conocer el teléfono de José María Cardesín porque mucha gente ha llamado a la redacción para pedirlo: es el 93 453 00 77. En cuanto a las amalgamas de mercurio ya hemos tratado el asunto ampliamente en nuestro número 54 y a él nos remitimos. Y otro tanto cabe decir sobre la Quiropráctica, terapia sobre la que publicamos un artículo que apareció en el número 28. No hay nada nuevo sobre ello y no vamos a repetirnos. Puedes leerlos en la sección de Reportajes de nuestra www.dsalud.com En cuanto al problema de cáncer de tu amiga -cuyo nombre obviamos para que no sea identificada- os sugerimos que leáis el libro Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo que acaba de ver la luz. En él encontraréis la información que precisáis con todas las alternativas que existen. En cuanto al Neupogén no podemos ayudarles. La única solución es buscarse un buen abogado y querellarse contra los funcionarios del Ministerio de Sanidad y Consumo que están denegándolo. Porque es intolerable que se estén autorizando para uso compasivo en cáncer hasta productos como la talidomida -cuyos terribles efectos son bien conocidos- y no se permita usar el Neupogén. Por otra parte, hablar de posibles efectos secundarios en casos de enfermos terminales o desahuciados es simplemente una estupidez. Se está incurriendo en una clara prevaricación y hasta se les podría acusar de denegación de auxilio y homicidio. Pero deben ser los enfermos -o sus médicos- que lo soliciten y a quienes se les deniegue quienes han de dar ese paso.


Estimado Sr. Campoy: mi madre es lectora de su revista desde hace ya mucho tiempo y me ha propuesto que le cuente mi situación ya que estoy muy perdida y no sé por dónde tirar ni qué hacer. Todo empezó hace cinco años. Una noche, de repente, sentí que no me encontraba bien del estómago. Tenía ganas de devolver y de ir al baño. Pasaron unos días y viendo que las ganas de devolver no se iban y que en realidad nunca devolvía llegué a la conclusión de que no se trataba de una gastroenteritis como me había dicho el médico que me visitó en casa. En esta situación, sintiendo náuseas y asco prácticamente todo el día, pasaron seis meses. Las consecuencias estaban a la vista: con náuseas no se puede comer, adelgacé 20 kilos y apenas tenía fuerzas. Los mareos eran diarios. Al principio de todo pesaba 68 kilos así que al perder 20 se me notó mucho pero al menos no me quedé anoréxica. Visité muchos médicos, me hicieron varias pruebas que determinaban que no tenía nada físico y mi estómago estaba bien… pero yo estaba mal. Así que me enviaron al psiquiatra. Todo me lo achacaban a los nervios. Yo no lo tenía nada claro ya que mi situación en ese momento era ideal: había acabado mis estudios, estaba tranquila, pensaba sacarme entonces el carné de conducir y mi vida sentimental y familiar era perfecta. Fui varias sesiones al psiquiatra pero no veía ningún adelanto así que dejé de ir. Cuando ya habían pasado unos ocho meses la cosa fue mejorando. Pero mi estómago nunca fue el mismo. Me costó mucho volver a comer como lo hacía anteriormente; de hecho, creo que nunca lo conseguí. He acudido a la medicina tradicional, a la medicina cuántica, a la homeopatía, a la acupuntura… y nada. La cuestión es que ahora, pasados cinco años -cinco años en los que nunca se me fueron las náuseas aunque no fueran tan persistentes como en tiempos pasados- me está ocurriendo exactamente lo mismo. Con la diferencia de que ahora no puedo quedarme todo el día en cama porque tengo una vida muy encaminada, un trabajo, un marido y un hijo del que cuidar. Estoy perdida: si como las ganas de ir a vomitar permanecen durante dos o tres horas como mínimo. Y si no como el vacío de mi estómago me produce un dolor bastante pesado e igualmente tengo náuseas. Haga lo que haga nunca me siento bien. Y coma lo que coma me pasa lo mismo. Estoy segura de que si voy al médico -aunque no sé a cuál ir- como anteriormente me dirán que estoy depresiva y la consecuencia son estas náuseas. Y no es cierto. Es al revés: por estar así físicamente me deprimo. No puedo llevar la vida que me gustaría o la que vive la gente de mi edad, de 24 años. Es curioso pero cuando mejor me he encontrado en estos cinco años ha sido cuando he estado embarazada, hace ya seis meses. Comía bien y todo me sentaba de maravilla. No sé qué me pasa pero no es nada bueno. Agradecería cualquier tipo de ayuda, un camino, un hilo del que ir tirando. En espera de su respuesta, les saluda

Estefanía Rius de Esparreguera
(Barcelona)

Hay que averiguar en efecto qué le pasa. Lo que nos cuenta no parece tener causa psicoemocional aunque no sea descartable por completo. La sugerimos que consulte con el Dr. Fermín Moriano (91 548 77 13) y/o con el Dr. Domingo Pérez León (91 597 40 30). Es posible que puedan ayudarla.


Sr. Director: mi carta es de inmenso agradecimiento a usted y su equipo por la soberbia publicación que editan mes tras mes. Soy suscriptor desde el nº 61 y me acuerdo perfectamente de él porque cambió el concepto que tenía de muchas cosas. No encontré en él nada concreto para mi problema pero sí un todo relativo a él. Trabajando en números anteriores encontré la piedra angular en los números 54 y 55 en los que el Dr. Rath me abría la puerta a los nuevos tiempos de la medicina molecular y me aclaraba el porqué del fanatismo intransigente de la practicada en el pasado y actualmente. Una vez leído su libro -Por qué los animales no sufren infarto… y los hombres sí- comprendí la importancia de la nutrición en todas las células -no sólo en las del sistema circulatorio- y por eso aunque en casa estamos todos en normopeso leí La Dieta Definitiva que considero un tratado de nutrición extraordinario. Por último, en el número 56 encontré el artículo sobre las intolerancias alimentarias de la mano del Dr. Jesús Calderón y decidí ir a Castellón pero no hizo falta pues en Albacete hay un laboratorio que hace los análisis. Se lo hicimos a mi hija de 22 años que desde los 16 -tras un proceso de bulimia- sufría de «asma bronquial extrínseco». Pues bien, la semana anterior a los análisis tenía una espirometría del 50% y un tratamiento muy alto de corticoides. Sólo una semana después la espirometría era ya del 64% y bajaron los corticoides a la mitad. Y tras una nueva semana la medición llegaba al 84% y sólo precisaba un cuarto del tratamiento. ¿Qué había cambiado? Muy sencillo: suprimimos de la dieta de mi hija los 37 alimentos que dieron positivo en los análisis haciendo que sólo ingiriera los tolerados por su organismo. ¿Fácil? No, y menos en Navidad, pero sí posible. Es muy pronto para hacer otras valoraciones pues sólo ha transcurrido mes y medio pero sus allegados no dudamos en calificar de espectacular el cambio que ha habido en su calidad de vida. Por haber puesto ante mí la información, repetidas e insuficientes ¡gracias!

Venancio Ortiz
(Albacete)

Gracias a usted por tan amables palabras. Nos congratula saber que nuestro esfuerzo a veces es útil.


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81
Marzo 2006
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