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| CIENCIA Y CONSCIENCIA |
Vivimos un tiempo
en el que una abrumadora cantidad de estudios experimentales
están derribando las bases en las que se asentaron muchas
de las leyes científicas de los siglos anteriores. Aún
más, de todos los confines del globo llegan informaciones
que no sólo expresan nuevos descubrimientos científicos
sino que conducen a un planteamiento completamente diferente
de la existencia misma.
La civilización occidental está hoy estructurada sobre
la base del pensamiento newtoniano-cartesiano. Es decir,
está asentada en los conocimientos de dos hombres de profunda
creencia en lo divino pero de cuyo pensamiento se tomaron
sólo aspectos parciales.
Recordemos, por un lado, la frase cartesiana por excelencia:
"Pienso, luego existo". Bien, ¿implica eso que Descartes
pretendió decir que la función que define al ser humano
es la pensante? Cabe dudarlo. Antes bien, da la sensación
de que fue la errónea interpretación de esta frase la
que dio pie a que la visión del mundo del hombre occidental
se limitara a la dada por la razón. Pero razonar no es
más que una función del hemisferio izquierdo del cerebro.
Hemos dejado a un lado el hemisferio derecho y funciones
tan importantes como la intuición, controlada por los
preceptos de las religiones. Como consecuencia, llevamos
cientos de años caminando con una pierna -el hemisferio
izquierdo- y dos muletas: la visión mecanicista de la
ciencia y la concepción dogmática de la religión.
Por otro lado, de Newton fueron tomados la ley
de causa y efecto en la Física y el concepto de que el
universo es una serie de objetos mecánicos que interactúan
al azar. Esta aplicación reduccionista de las leyes de
la Física newtoniana a otras ramas de la ciencia como
la Medicina, la Biología, la Filosofía, la Psicología
o la Economía conduciría a una ciencia mecanicista y,
lo que es peor, a una existencia mecánica. Empero, Newton
fue una persona de profunda espiritualidad que desarrolló
un enorme interés en la astrología, el ocultismo y la
alquimia. De hecho, él fue "el último de los grandes
magos antes que el primer científico". Newton creía
que el universo era material en su naturaleza pero no
pensaba que su origen pudiera ser explicado a partir de
causas materiales.
Y no es que el hombre no piense o que la Física de Newton
esté equivocada: es que se han aplicado estos conceptos
y estas leyes en niveles de la existencia humana que se
rigen por otras leyes de jerarquía superior. ¿La consecuencia?:
una civilización deshumanizada.
Sin embargo, vivimos en una época privilegiada en la que
el mismo impulso del desarrollo científico y tecnológico
es tan fuerte que resquebraja todo esquema rígido y anticuado.
Los dogmas científicos y religiosos se derrumban frente
a las asombrosas informaciones que nos alcanzan a través
de las nuevas redes de comunicación, embrión del sistema
nervioso central de la humanidad. Y dichas informaciones
son emitidas en muchas ocasiones por científicos de amplio
reconocimiento mundial. Mientras escribo estas páginas
aparece en un prestigioso diario nacional la siguiente
noticia: "Un rayo supera 310 veces la velocidad de
la luz en un experimento realizado en un laboratorio del
Instituto de Investigación NEC en Princeton (EE.UU.).
El resultado que retuerce las leyes de la Física deparó
una paradoja: el pulso de luz fue detectado a la salida
antes que a la entrada." Este experimento no sólo
cuestiona la Teoría de la Relatividad sino que desafía
leyes tan básicas como la del tiempo como nexo entre el
pasado y el futuro.
Tal es el peso de esta y otras informaciones que se habla
ya del nuevo paradigma científico, de una nueva visión
de la realidad; visión sustentada en el matrimonio entre
la Física moderna y la tradición mística de la humanidad.
De hecho, cuando los físicos cuánticos trataron de definir
la percepción del universo resultante de sus investigaciones
observaron que estaba ya perfectamente descrita en los
textos de místicos de diferentes tiempos y religiones.
El caso es que del emergente matrimonio entre ciencia
y espiritualidad ha nacido la investigación sobre algo
tan inasible como el reino de la conciencia humana, un
nivel de la realidad distinto donde la ciencia mecanicista
es tan innecesaria como las tablas de multiplicar para
pintar un cuadro.
Como expresa el profesor ruso Korotkov, catedrático
de Física: "Lo que manifiesta mayor dificultad es la
comprensión del funcionamiento del ser humano y de su
conciencia. El siglo XX fue un siglo de revolución en
Física; el siglo XXI será el siglo de la revolución en
el estudio de la conciencia, estudio que combina las ideas
de la Física, la Biología y la espiritualidad."
Nos adentramos, en suma, en un tiempo de paradojas. Muchos
de los grandes humanistas del siglo pasado fueron físicos
y no filósofos o religiosos. Hoy, en el punto de máximo
dominio tecnológico... comienza el retorno a lo natural.
En la apoteosis de la Medicina mecanicista comienza el
resurgimiento de la medicina tradicional porque el propio
enfermo la busca en consulta. Y dando un paso más allá,
los científicos de vanguardia reconocen la experiencia
interna -y no sólo la experimentación- como método de
conocimiento.
Y es que cuando uno no conoce las leyes que sustentan
un sistema queda sometido a ellas. Quien no conoce las
normas de tráfico no puede conducir sino que es conducido.
Quien no conoce las leyes del mercado no puede comprar
ni vender con éxito. Y nosotros no conocemos las leyes
de la conciencia humana: no se nos ha enseñado a vivir
y nuestras existencias quedan por ello limitadas al reducido
campo de posibilidades que nos ofrece el sistema de mercado
imperante.
Afortunadamente, el reino de la conciencia está siendo
descubierto por la ciencia. De ahí que la intención con
la que abordamos esta nueva sección sea ambiciosa: ofrecer
las informaciones científicas relacionadas con este campo
de estudio. Ello no sólo nos permitirá ampliar nuestros
conceptos mentales sino que puede ir transformando la
existencia de las personas convirtiéndolas en más plenas,
humanas e interesantes.
Porque créanme: lo que se está descubriendo acerca de
la conciencia conducirá a la humanidad a un cambio sin
precedentes. ¿Nuestra intención?: poner esas informaciones
valiosísimas al alcance de nuestros lectores.
Algunos de ustedes conocerán el experimento del Centésimo
mono: en una isla de Japón en la que existía una raza
de monos los científicos enterraron patatas en la arena
de la playa y los monos aprendieron a desenterrarlas para
comérselas. Luego, una mona adolescente a la que llamaron
Bekie descubrió que si lavaba las patatas en el
agua del mar éstas perdían la arena que tenían pegada.
Comenzó a hacerlo y pronto sus compañeros adolescentes
aprendieron de ella. Después las madres adquirieron la
misma habilidad y poco a poco ésta se fue extendiendo
al resto de los miembros del grupo. Pues bien, cuando
esa práctica llegó a ser realizada por un número de simios
al que los científicos dieron una cifra teórica de cien,
la conducta de lavar las patatas comenzó a ser repetida
por los monos de otras islas del archipiélago... a pesar
de que no se encontraban en contacto físico ni tenían
relación genética inmediata con los monos de la isla inicial.
¿Qué había sucedido?
Este efecto del centésimo mono se está descubriendo que
es también aplicable al ser humano según las teorías de
los campos morfogenéticos y de bioinformación que presentaremos
en siguientes entregas. Sirva ello como ejemplo de lo
que mes a mes iremos narrando; es decir, aquellos estudios
experimentales que por su interés humano y científico
merezcan la pena ser conocidos. Ampliarán nuestras conciencias
y nos darán a conocer las leyes por las que se rigen.
Hablaremos, pues, de la influencia de la mente en los
dispositivos electrónicos, del efecto de los pensamientos
en el campo electromagnético humano, del descubrimiento
de que la sangre emite luz y sus consecuencias, de los
efectos de las medicinas alternativas en el ser humano
medidos por cámaras Kirlian controladas por ordenadores...
y de otros muchos estudios. Estudios que se caracterizan
por los rasgos humanistas de sus autores, científicos
que no investigan en función de la carrera por el Nobel,
el desarrollo de patentes o meros intereses comerciales,
científicos con la facultad de transformar el concepto
que el ser humano tiene de sí mismo y de la propia existencia
a través de sus hallazgos. Personas que nos llevan a una
nueva dimensión.
¿Viajamos juntos?
Fernando Sánchez
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