REPORTAJES
NÚMERO 98 / OCTUBRE / 2007
   EFICACIA TERAPÉUTICA DE LAS SALES DE SCHÜSSLER

 

Hace apenas unos meses publicamos en la revista un reportaje explicando cómo dos médicos hindúes lograban hacer desaparecer tumores intracraneales mediante un medicamento homeopático compuesto por una planta -la Ruda- y una de las denominadas Sales de Schüssler: la calcárea fosfórica. Y lo curioso es que precisamente llevábamos varias semanas preparando el material para explicar a nuestros lectores las propiedades terapéuticas de estas sales bioquímicas que llevan el nombre de su descubridor -el doctor Wilhelm Schüssler- que además de ayudar a equilibrar las funciones alteradas del organismo y prevenir enfermedades colaboran en el tratamiento de muchas otras. Sin efectos secundarios ni contraindicaciones conocidas.

Las Sales de Schüssler son doce sales minerales que se hallan en el organismo humano -en mayor o menor medida- y son imprescindibles para su correcto funcionamiento por lo que la carencia de una o varias de ellas puede propiciar la aparición de una serie de disfunciones y trastornos que acaben provocando algunas de las llamadas enfermedades. De ahí que a propuesta del médico alemán Wilhelm Heinrich Schüssler hoy se utilicen terapéuticamente de forma homeopática para armonizar el metabolismo y estimular su capacidad autocurativa logrando cada una de ellas la mejora de funciones metabólicas específicas. Con la ventaja de que no hay peligro de excederse en la dosis ya que el cuerpo sólo aprovecha lo que necesita y el resto lo expulsa. No hay pues efectos secundarios iatrogénicos y no se conocen contraindicaciones. Se trata, en suma, de un remedio centenario, natural, de utilidad contrastada y completamente inocuo que se puede utilizar como preventivo o como complemento de cualquier otra terapia o tratamiento.

SCHÜSSLER, UN PIONERO DE LA MEDICINA

Corría la segunda mitad del siglo XIX cuando el “padre” de la Homeopatía, el Dr. Samuel Hahnemann, descubrió experimentalmente la utilidad de las llamadas sales inorgánicas para la recuperación de la salud; sin embargo, no llegó a precisar su empleo terapéutico. Por eso años más tarde retomaría esas investigaciones completándolas el doctor Wilhelm Heinrich Schüssler y de ahí que lleven su nombre. Es más, a él se atribuye el desarrollo de lo que en la actualidad se conoce como Bioquímica, es decir, la ciencia que estudia la composición y estructura química de los seres vivos y la dinámica de sus procesos metabólicos. Hoy, además de tenerle por un pionero, muchos profesionales de la salud le consideran un revolucionario de la Medicina de su tiempo ya que consiguió dar con un nuevo método de prevención y tratamiento de las enfermedades que, basándose en los principios propios de la Homeopatía, limitó a sólo 12 los más de 1.000 remedios que la misma utiliza.

En cuanto a su método de estudio cabe explicar que el doctor alemán se basó en el análisis pormenorizado de las cenizas en que quedan convertidos los distintos tejidos humanos tras su incineración constatando así que todos ellos están básicamente compuestos por 12 sales inorgánicas esenciales para las células y además que cada tejido del cuerpo tiene una base mineral diferente. Concluyendo, como resultado de sus investigaciones, que si los tejidos no reciben la cantidad adecuada de cada una de esas sales se desequilibra el metabolismo celular provocando la aparición de muy diversas dolencias. Coligiendo luego, mediante experiencia clínica, que dichas dolencias desaparecen cuando los tejidos reciben de nuevo las sales requeridas en cantidades muy pequeñas.

“Para Schüssler–explica Günther Heepen, médico, psicoterapeuta y presidente de la Sociedad Bioquímica Alemana- si se mantiene una adecuada nutrición la actividad celular será normal y no habrá enfermedad. Y para nutrirse las células humanas necesitan compuestos orgánicos complejos y las sustancias inorgánicas o minerales que él determinó. Es decir, la deficiencia de una sal mineral impide que las células asimilen y utilicen los compuestos orgánicos y, por tanto, desde esta concepción, los déficits de sales inorgánicas son la causa última de la enfermedad. Por lo que mediante el aporte de esas sales minerales puede restablecerse la nutrición y el metabolismo celulares y, con ello, la salud”.

Así lo dejó escrito el propio Schüssler cuando en 1874 dio a conocer los principios de su terapéutica –basada en los postulados homeopáticos sobre asimilación y similitud de sustancias- a través de la obra Una terapéutica abreviada fundamentada en la histología y la patología celular. En ella puede leerse que:“...si en el curso de una enfermedad se retrasa la curación espontánea se deben entonces administrar las sales minerales adecuadas, en forma molecular. Estas moléculas pasan a la sangre a través de la mucosa bucal y desencadenan en el foco de la enfermedad un vivo movimiento molecular; es decir, se pone en marcha de nuevo el intercambio de sustancias entre las células sanas y las enfermas lo que hace que se produzca la curación”.

En suma, cada sal inorgánica actúa como agente funcional fisiológico del organismo pues su aporte faculta a las células para aumentar su capacidad de absorción de las sales contenidas en los alimentos y así, restablecido el equilibrio molecular, devolver al organismo la salud. Con la ventaja añadida de que la afinidad de cada tejido con una sal determinada permite que ésta llegue directamente al órgano, hueso, músculo, etc., que se encuentra debilitado por su carencia.

En resumen, para Schüssler cualquier expresión fisiológica -incluidas las facultades intelectuales y las motivaciones psíquicas o emocionales- está íntimamente relacionada con los cambios químicos que se producen fuera y dentro de las células, y se debe a la carencia de una o varias de estas sales. De ahí que los profesionales de la salud que aplican el método del médico alemán recomienden suplementar la dieta con una o varias de estas sales para suplir carencias concretas de la persona y, además, desencadenar una serie de reacciones en su organismo que le acaben devolviendo al estado de equilibrio interno y, por tanto, de salud.

LAS 12 SALES DE SCHÜSSLER

Como decimos, el doctor Schüssler centró su terapéutica en las 12 sales minerales que componen la sangre y los tejidos humanos estableciendo de cada una de ellas una clínica y unas indicaciones que más de un siglo después siguen sorprendiendo por su exactitud. Y es que el repertorio bioquímico de este investigador alemán proporciona –según los cada vez más profesionales de la salud que retoman sus postulados- grandes y muy diversas posibilidades terapéuticas para prevenir y tratar numerosas dolencias de forma completamente natural y sin riesgo de ningún tipo.

¿Y cuáles son esas doce sales tan necesarias y beneficiosas para el organismo? Pues las que enumeramos a continuación aunque ya advertimos que por cuestión de espacio sólo hacemos una breve reseña de las propiedades e indicaciones más importantes de cada una remitiendo a los lectores interesados en ampliar los datos a los numerosos documentos publicados sobre ellas:

Natrium muriaticum, Natrum muriatica o Cloruro de sodio

Es la sal sódica más importante pues es absolutamente vital para el buen funcionamiento de músculos y nervios además de estar presente en huesos, tejidos cartilaginosos, estómago y riñón. Es imprescindible en el metabolismo hídrico de las células, la presión osmótica y el equilibrio ácido-base e interviene en la excitabilidad nerviosa, en la neoformación celular, en la hematopoyesis (es decir, en la formación o producción de elementos celulares de la sangre), en la producción de jugos gástricos y en la estimulación del metabolismo de la piel y las mucosas. Está especialmente indicada en casos de abatimiento, acné, adelgazamiento, alergias, amigdalitis, anemia, anorexia, artritis, artrosis, asma, astenia, atonía intestinal, blefaritis, caída del cabello, cálculos renales, cáncer de boca, caspa, catarro gastrointestinal con diarrea acuosa, catarro mucoso con secreción serosa, cefaleas, depresión, deshidratación, difteria, dispepsia ácida, dolor de cabeza menstrual, dolor reumático, eczema, edemas, encías sangrantes, enfermedades de la piel, entumecimiento de las extremidades, erupciones exudativas en piel, estreñimiento, excitabilidad nerviosa, falta de concentración, fatiga mental, fiebre, gastroenteritis aguda, gonorrea, halitosis, hemorroides, hernia de hiato, herpes recidivante, hipertensión, hongos, hipo, hipoacidez, impotencia, insolación, insomnio, lagrimeo, laringitis, lipotimia, padrastros, palpitaciones, paperas, pérdida de memoria, pérdida de peso, prurito vaginal, pulso débil, rinitis crónica, rinofaringitis, seborrea, sed constante, sequedad de la piel, sinusitis y verrugas, entre otras dolencias.

Natrum phosphoricum, Natrum phosphoricao Fosfato de sodio

Localizada en las células nerviosas, los músculos, los hematíes y el tejido conectivo ayuda a eliminar el ácido úrico, participa en el metabolismo del ácido láctico, neutraliza la acidez del organismo, resulta un buen remedio para las inflamaciones de las mucosas (en general disminuye la tendencia a la inflamación), neutraliza los efectos tóxicos de los radicales libres, evita la descalcificación y tiene una suave acción purgante además de purificar la sangre. Su carencia puede provocar trastornos digestivos -entre otros problemas- y se recomienda su uso en casos de acidez estomacal, aftas, agujetas y acúmulo de ácido láctico en los músculos, ardor de estómago, artritis con acumulaciones ácidas, cálculos renales, catarro nasofaríngeo, cólicos gástricos e intestinales, conjuntivitis, deseo sexual extinguido, deshidratación, diabetes, diarrea fermentativa, digestiones difíciles, dolor abdominal o de espalda, eructos acompañados de acidez, espasmos causados por acidez estomacal, estados febriles con una transpiración de olor ácida, esterilidad, exceso de ácido láctico, faringitis, fiebre, flatulencia, gastritis, gota, gusto ácido, hernia de hiato, hiperacidez, hiperuricemia, hongos, lumbago, náuseas, parásitos intestinales, reflujo ácido, reumatismo, sueño intranquilo, trastornos renales y biliares, trastornos del metabolismo de las grasas y vómitos.

Natrium sulphuricum, Natrum sulphuricao Sulfato de sodio

Localizada en los líquidos intersticiales esta sal de efecto descongestivo y detoxificante del organismo en general es un eficaz activador del flujo biliar y de la función hepática. Se encarga de eliminar el exceso de líquidos del cuerpo. De ahí que sea la sal bioquímica de elección en dolencias que afecten a los órganos de excreción y de drenaje (hígado, vesícula biliar, riñón, vejiga, etc.) y que se la recomiende en casos de asma, bronquitis crónica, colecistitis, congestión hepática, congestión pulmonar pasiva, conmoción cerebral, diarrea, edemas, erupciones cutáneas, fiebre intermitente, hemofilia, hepatopatías, heridas, infección exudativa gripal con edema y congestión, inflamación de las vías biliares, inflamaciones e infecciones de los dedos cerca de la uña, micción involuntaria, molestias reumáticas con hidrartrosis, paludismo, psicosis, sarpullidos, trastornos hepáticos y biliares, tumores benignos en el ano, úlceras exudativas de las piernas, uretritis crónica, verrugas y vómitos biliosos.

Kalium muriaticum, Kali muriaticao Cloruro de potasio

Forma parte de todas las células. Posee efectos específicos sobre la excitabilidad nerviosa y muscular ocasionando su déficit graves alteraciones de la musculatura lisa y estriada además de catarro, congestión bronquial y reumatismo articular. Actúa como activador metabólico e interviene en la síntesis proteica, especialmente de fibrina que sirve de unión y soporte de todas las partes del cuerpo, en especial de las articulaciones. Está indicada en la segunda fase de los procesos inflamatorios y es el remedio de elección en caso de lesiones de la piel o de las mucosas. Además regula los mecanismos de eliminación del agua del organismo, se encarga del funcionamiento de músculos y nervios, y participa en la secreción de ácido en el estómago. Asimismo, como interviene en los procesos de asimilación su carencia puede provocar desnutrición, pérdida de peso y dificultades en el aprendizaje y la comprensión intelectual. Las principales indicaciones de esta sal son acné, abscesos, amigdalitis, ampollas, aftas, blefaroconjuntivitis, bronquitis, caída del cabello, cáncer de la boca, caspa, cataratas, cefaleas, cistitis, diarreas, difteria, edemas articulares, efectos secundarios de las vacunas, eructos, escarlatina y fiebres eruptivas, estomatitis, estreñimiento, faringitis, fiebre puerperal, fiebre reumática, flatulencia, forúnculos, fotofobia, hemorroides sangrantes, hepatopatías, hinchazones glandulares, indigestiones, inflamaciones de la garganta, nariz y oídos, juanetes, laringitis, lupus, meningitis, náuseas, neumonía, paperas, pleuritis fibrinosa, problemas respiratorios, pulmonías, quemaduras, resfriado con obstrucción nasal, reumatismo, rinitis aguda y crónica, secreciones con pus, sinusitis, sueño intranquilo, tendovaginitis y verrugas, por mencionar sólo algunas.

Kalium phosphoricum, Kali phosphoricao Fosfato de potasio

Es importante para las células hemáticas, musculares y nerviosas en las cuales su déficit produce una marcada hipofunción acompañada de trastornos psíquicos y pérdida de memoria. Esta sustancia es la encargada de que la actividad nerviosa y muscular funcione correctamente. Además distribuye los iones de potasio en el organismo y previene la degeneración y atrofia celulares. En cuanto a sus indicaciones, se recomienda para casos de agotamiento psicofísico, amenaza de aborto, amigdalitis, anemia, angina de pecho, anorexia, ansiedad, apatía, asma, atrofia muscular progresiva, calambres, cáncer de boca, cardiopatías, ciática, convulsiones, debilidad corporal y psíquica, demencia senil, depresión, diabetes, diarreas, dispepsia, dolor de los dientes, dolor muscular, encías sangrantes, enterocolitis, enuresis, esclerosis múltiple, estados infecciosos e inflamatorios con secreción fétida, estomatitis, estrés, fiebre tifoidea, halitosis, hemiplejía, hemorragias, hernia de hiato, herpes simple y zoster, hipotensión, impotencia sexual, incontinencia urinaria, insomnio, jaquecas nerviosas, lumbalgias, nerviosismo, neurastenia, oídos sensibles, otitis, paraplejía, paresias, pérdida de memoria, pulso débil, sonambulismo, tics nerviosos, úlcera estomacal, vértigo y zumbido de oídos, entre otros.

Kalium sulphuricum, Kali sulphuricao Sulfato de potasio

Forma parte de la epidermis, de las células epiteliales mucosas, de los huesos, de los músculos y de las uñas. Participa en el transporte del oxígeno a las células y de sustancias de desecho a los órganos de expulsión. Además se considera imprescindible en el tratamiento de patologías dermatológicas y hepáticas, estimula los procesos de desintoxicación y está indicada para tratar las inflamaciones con secreciones mucopurulentas. Es útil en casos de acné, angina de pecho, asma, bronquitis crónica, caída del pelo, caspa, cataratas, catarros purulentos crónicos, conjuntivitis, descamación de la epidermis, dermatitis, eczema, epitelioma, escalofríos, escarlatina y fiebres eruptivas, forúnculos, hemiplejía, hemorroides, hepatitis, hiperuricemia, indigestión, inflamación crónica de la membrana nasal, inflamación de la pelvis renal, menstruación escasa y dolorosa, náuseas, nefritis, palpitaciones nocturnas, psoriasis, pulso débil, reumatismo articular doloroso, rinitis, seborrea, sequedad de los labios y trastornos de las uñas.

Calcium fluoratum, Calcarea fluorica o Fluoruro de calcio

Está presente en el esmalte dental, los huesos, las células epidérmicas y las fibras elásticas del tejido conectivo en el que produce un efecto de sostén, de mantenimiento de la elasticidad y de reabsorción de endurecimientos vasculares. Además también es necesaria para fabricar y dar consistencia a las uñas y para que se fije el calcio en los huesos. Actúa como regulador del grado de tensión de los tejidos de tal forma que los ablanda si están endurecidos -como en el caso de las cicatrices- o los reafirma si están laxos -como ocurre con las varices o las hemorroides-. Esta sal está indicada en casos de pérdida de elasticidad de los vasos sanguíneos (hemorroides, varices, arteriosclerosis, etc.), enfermedades óseas y dentales (incluida la caries), problemas articulares, lesiones discales, debilidad corporal, envejecimiento cutáneo prematuro, endurecimiento tisular, raquitismo, trastornos cardiacos vasculares, hernias, cataratas, etc., es decir, procesos de relajamiento crónico de tejidos. Pero además se recomienda esta sal en casos de acné, aneurismas, arrugas, articulaciones dolorosas, bocio, cáncer, cansancio, cicatrices problemáticas, conjuntivitis, crujidos articulares, dientes que se mueven, encías sangrantes, esguinces, esmalte dental deficiente, estrías, exceso de capa córnea (queratina), fatiga crónica, fibromas, grietas de la piel y los labios, hemorragias nasales, hernia discal, inflamación nudosa de la glándula mamaria, lengua agrietada, lumbago, lupus, luxaciones, osteomalacia (ablandamiento de los huesos), osteoporosis, pérdida de elasticidad vascular, pérdida de memoria y/o de capacidad intelectual, piel dura y agrietada, prostatitis, psoriasis, quistes sinoviales, reumatismo, sinusitis, trastornos cardiovasculares y respiratorios, tos con expectoración, tumores de los huesos, tumores glandulares, úlceras de la boca, úlceras varicosas, uñas deformadas, verrugas endurecidas y vómitos.

Calcium phosphoricum, Calcarea phosphorica o Fosfato de calcio

Es la sal más abundante del organismo. Actúa sobre todos los tejidos corporales -en los que fortalece su estructura- además de sobre las membranas celulares -haciéndolas más permeables al intercambio de materiales-. Resulta imprescindible durante las épocas de crecimiento y desarrollo así como en casos de fracturas porque favorece la recuperación al acelerar el proceso de soldadura del hueso. Tiene también acción coagulante sobre la sangre, interviene en la formación de los glóbulos rojos, es necesaria para un adecuado aprovechamiento del calcio y promueve el crecimiento suministrando la base principal para los nuevos tejidos además de ser un excelente tónico con el que recuperarse más rápidamente tras una enfermedad aguda. Indicada en el tratamiento de alteraciones de tipo nervioso, amenorrea, amígdalas inflamadas, anemia, ansiedad, artrosis, asma, astenia, ausencia de apetito, bocio, calambres, cataratas, cefaleas, ciática, convalecencia, coxalgia, debilidad de la columna vertebral, debilidad física, diarrea, embarazo, enfermedades óseas y dentales, enuresis, esguinces, flatulencia, fotofobia, fracturas óseas, hemorragias nasales frecuentes, hernia abdominal, herpes zoster, hiposecreción ácida del estómago, huesos pequeños y débiles, incontinencia urinaria, mala memoria, nefritis, ojos resecos e inflamados, osteoporosis, otitis crónica en los niños, palpitaciones, procesos pulmonares, raquitismo, retrasos en la dentición, trastornos del sueño, trastornos menstruales, vegetaciones y vértigo, entre otras dolencias.

Calcium Sulphuricum,calcarea sulphurica o sulfato de calcio

Se encuentra en la bilis y en los aminoácidos –principales constituyentes de las proteínas- y es responsable de la estimulación necesaria para que el organismo pueda producir hormonas y enzimas. Además activa la curación de heridas o lesiones que supuran, se asocia a los procesos de desintoxicación del organismo, purifica la sangre (contribuye a eliminar de ella los corpúsculos ya gastados) y estimula el metabolismo del tejido conjuntivo. Tradicionalmente se considera adecuada para tratar abscesos, acné juvenil, alergias de la piel, amigdalitis, bronquitis, catarros con mucosidad espesa, cistitis, conjuntivitis, diarrea, eczema e hinchazón glandular, enfermedades del hígado, enfermedades eruptivas, estados catarrales crónicos con pus, fiebre, fístulas en el ano, forúnculos, gota, heridas que tardan en curar, herpes zoster, inflamación de la vejiga, irritación labial, otitis, prostatitis, quemaduras, reumatismos localizados con infecciones focales de la región nasofaríngea y ótica, rinitis, sarpullidos, sinusitis, supuraciones, trastornos pulmonares crónicos y úlceras (incluidas las corneales).

Magnesium phosphoricum, Magnesia phosphorica o Fosfato de magnesio

Forma parte del cerebro, los hematíes, el hígado y la tiroides, y participa en los sistemas óseo, muscular y nervioso. De hecho su principal propiedad es la de amortiguar los impulsos que los nervios envían a los músculos. Esto significa que si hay carencia de esta sal podremos sufrir espasmos y cólicos de órganos huecos como, por ejemplo, la vesícula biliar. Se trata pues de una sal antiespasmódica. Además es analgésica, antialergénica, antitrombótica, hipocolesterolemiante, cardioprotectora e interviene en múltiples procesos enzimáticos.

Se considera adecuada para casos de agotamiento nervioso, angina de pecho, ansiedad, asma bronquial, ataxia locomotriz, bostezos espasmódicos, calambres, caspa, cervicalgia, ciática, colecistitis, cólicos, convulsiones, cuadros espasmódicos acompañados de intenso dolor, diarreas acuosas con dolor abdominal, dismenorrea, dispepsias, dolor de muelas, dolores nerviosos espasmódicos, enuresis, epilepsia, esclerosis múltiple, espasmos dolorosos, estreñimiento, excitabilidad neuromuscular y cardiaca, falta de olfato, fiebres, flatulencia, fotofobia, herpes simple y zoster, hipo, insomnio, jaquecas fuertes, lagrimeo, meteorismo, migrañas, neuralgias, opresión cardiaca, palpitación espasmódica del corazón, Parkinson, retención de orina, tartamudeo, tos convulsiva, trastornos menstruales y zumbido de oídos, entre otras situaciones.

Ferrum phosphoricum o Fosfato de hierro

Es la principal ayuda bioquímica de la sangre y de los órganos hematopoyéticos. Es imprescindible para la síntesis de hemoglobina, de la que supone tres cuartas partes del total. Tiene la propiedad de atraer al oxígeno con lo que contribuye a que este gas se fije a la sangre para que las células del organismo estén más oxigenadas. Así, aumenta el nivel de energía de la persona además de potenciar su sistema inmune. Asimismo estimula la formación de glóbulos rojos, es el remedio principal para la primera fase de procesos inflamatorios y febriles, se le considera muy importante en los procesos de crecimiento, gestación y lactancia y es un excelente tónico general para el organismo. Sus principales indicaciones son alergias, anemia, abscesos, afecciones de garganta, amigdalitis, aneurisma, bronquitis, bronconeumonía, catarros nasales, cistitis, congestión pulmonar, conjuntivitis, contusiones, dificultades de concentración, dolor de oídos, enuresis, epilepsia, estreñimiento, faringitis, fiebre, gota, gastritis catarral con vómitos, hemorragias, heridas, hernia abdominal, incontinencia urinaria, infecciones diversas, inflamaciones agudas, laringitis, meningitis, neumonía, orina en sangre, orzuelos, otitis, pérdida de apetito, resfriados, ronquera, sarampión, sequedad vaginal, síntomas reumatoides, sobrecarga física, sofocos de la menopausia, sordera, supuración de oídos, tics nerviosos y tos, entre otras.

Silícea u Óxido de silicio

La Sílícea forma parte de pulmones, ganglios linfáticos y glándulas suprarrenales pero también es componente del tejido conectivo. De hecho es fundamental para la constitución de la piel, las uñas, el cabello, las mucosas y los huesos teniendo funciones importantes en estas estructuras como son activar la formación de colágeno (es decir, de la proteína necesaria para el desarrollo de cartílagos, tendones, tejido conjuntivo y huesos así como dar resistencia al cabello y a las uñas), aumentar la capacidad de resistencia mecánica de los tejidos e intervenir en la absorción del calcio de los alimentos para su posterior fijación en los huesos. Además estimula la fagocitosis frente a las infecciones y activa la reabsorción de hematomas y derrames. Asimismo tiene la propiedad de descongestionar las zonas del cuerpo bloqueadas por sustancias de desecho y hacer que éstas sean arrastradas hasta la superficie corporal permitiendo así que el organismo elimine pus en casos de procesos infecciosos. De ahí que se la considere el remedio principal en casos de supuración –de hecho, se ha denominado a esta sal como el “bisturí homeopático”- pero también de fístulas óseas, caries y orzuelos. También está indicada en abscesos, acné, amigdalitis frecuentes, anemia, arteriosclerosis, artrosis, astenias física y psíquica, ataxia locomotriz, blefaritis, bocio, bronquitis crónica, bulimia, caída del cabello, cáncer, cefalalgia, constipación, convulsiones, coxalgia, demencia senil, dermatosis, derrames, desmineralización, dientes flojos, difteria, dismenorrea, efectos indeseables de la vacunación, enuresis, epilepsia, esterilidad, exceso de apetito, falta de atención, fístulas en el ano, fisura anal, furunculosis, gonorrea, hematomas, hemorroides, hipersensibilidad al frío, hiperuricemia, inflamación e infección de los dedos cerca de la uña, incontinencia de orina, jaquecas, lepra, mala cicatrización, mastoiditis, neurastenia, otitis aguda y crónica, parasitosis intestinal, pezones agrietados, piorrea, problemas del crecimiento, propensión a la supuración, prostatitis, prurito vaginal, quistes sebáceos, raquitismo, reumatismo crónico, sinusitis, sonambulismo, sordera, sífilis, tos, tuberculosis, tumores mamarios, úlceras bucales, úlcera varicosa, uñas quebradizas, uretritis crónica, varices, vegetaciones, vértigos y verrugas.

¿CÓMO TOMARLAS?

El propio doctor Schüssler observó que tomar habitualmente de forma homeopática estas sales prevenía la manifestación de muy distintas enfermedades y aliviaba numerosas alteraciones biológicas o dolencias. Y estableció una serie de pautas e indicaciones que, más de un siglo de intensa experiencia después, siguen constituyendo una guía terapéutica de notable sencillez cuyos remedios producen los resultados esperados de forma natural e inocua. Como en su momento explicó deben tomarse al menos 15 minutos antes de las comidas o una hora después. Y durante el tratamiento evitar la ingesta de grasa saturada, los estimulantes fuertes y los alimentos fritos o muy condimentados además de enriquecer la dieta con suficiente fruta y verdura. Lo más frecuente es encontrar las sales en forma de comprimidos que se deben dejar disolver en la boca sin necesidad de agua u otro líquido. Es importante que se dejen disolver lentamente para que la mucosa bucal absorba mejor las sales y lleguen lo más directamente a la sangre evitando el tránsito por el tracto gastrointestinal.

Cuando se necesite tomar más de una sal lo adecuado es alternarlas: un día una, otro día otra. Aunque como las concentraciones en las que se emplean son infinitesimales y no hay interacciones entre ellas pueden tomarse las doce juntas ya que el organismo sólo asimilará las que necesita.

Eso sí, tenga paciencia. El tratamiento debe seguirse durante un tiempo prolongado para recuperar el equilibrio perdido aunque, obviamente, la rapidez con que se logre dependerá de la gravedad e intensidad de la alteración. En todo caso recuerde que se trata de un tratamiento natural, efectivo y sin efectos secundarios. Y que, lentamente, puede mejorar considerablemente su salud.

 

L.J.
 



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