Eficacia terapéutica de los adaptógenos

Los adaptógenos son unas sustancias naturales presentes en hierbas y plantas que ayudan a mantener la homeostasis ante el estrés regulando las reacciones del organismo afirmándose que, solas o combinadas, son capaces de ayudar al cuerpo a afrontar cualquier patología; desde una inflamación crónica hasta el cáncer pasando por todo tipo de trastornos metabólicos. Bueno, pues hemos tenido oportunidad de conversar de ello con el doctor Alexander Panossian, catedrático de Química Bioorgánica y Química de Compuestos Naturales Fisiológicamente Activos de la Federación Rusa, anterior Jefe de Investigación y Desarrollo del Instituto Herbal Sueco y uno de los mayores especialistas internacionales en adaptógenos.

ADAPTOGENOS

Han pasado más de 14 años desde que en Discovery DSALUD hablamos de la importancia de las plantas adaptógenas explicando que su diferenciación como grupo especial dentro del mundo botánico tiene sus raíces en los trabajos sobre el estrés del fisiólogo y médico austrohúngaro Hans Selye (1907-1982). Este observó que personas con dolencias aparentemente diferentes manifestaban síntomas similares y su conclusión fue que ante cualquier situación estresante el organismo avisa emitiendo señales de alarma, pone en marcha sus mecanismos de defensa y reparación y cuando ello falla se manifiesta lo que conocemos como enfermedad o patología. «Estresor» -así lo denominó- que puede causar un virus, una bacteria, un hongo, un tóxico, una radiación o cualquier otro agente que afecte negativamente al organismo obligándole a reaccionar. Reacción global de defensa que denominaría en 1936 Síndrome General de Adaptación (GAS) y que si bien los científicos occidentales ignoraron fue rápidamente aceptada por los investigadores rusos; sin duda porque era médico y había estudiado con fisiólogos rusos de renombre internacional como Pavlov, Vedenski y Orbeli.

Pues bien, uno de los primeros científicos en asumir lo que postuló Selye fue el doctor Nicholai Lazarev, pionero en el entonces emergente campo de la Toxicología que empezó pronto a trabajar en cómo prevenir los efectos perjudiciales de los químicos industriales buscando sustancias que mejorasen la resistencia a las toxinas pero también las que pudieran mejorar la adaptación del organismo a todo tipo de agentes estresantes o permitieran eliminarlos. Y es que estaba convencido de que eso no se puede lograr con fármacos sintéticos sino con sustancias naturales con propiedades preventivas y terapéuticas. De hecho así lo afirma la Medicina Tradicional China que él conocía bien según la cual existen hierbas y plantas tan potentes y eficaces que pueden considerarse “superiores” ya que aumentan la capacidad física y mental, reducen la fatiga, refuerzan el sistema inmune y ayudan a conseguir una vida más larga. De hecho por eso algunas las utilizaban los soldados en el campo de batalla al igual que los cazadores durante las jornadas largas y peligrosas tanto en China como en Rusia, Japón y Corea.

Lazarev decidiría entonces investigar la utilidad y efectividad de aquel grupo de plantas «superiores» convenciendo para que le ayudara al doctor Israel Brekhman, considerado luego en la Unión Soviética «el padre de la medicina con hierbas”. Sería así como ambos estudiarían las plantas “superiores” llegando a la conclusión de que algunas eran notablemente más eficaces que otras porque se «adaptaban» a multitud de problemas y de ahí que Lazarev propusiera denominarlas «adaptógenas. Sería así, tras clasificarlas y estudiarlas, como en 1962 dieron a conocer las tres primeras plantas que a su juicio podían realmente considerarse «adaptógenas» siendo de inmediato incluidas en la Farmacopea de la Unión Soviética: Eleutherococcus senticosus, Rhaponticum carthamoides y Rhodiola rosea.

Unos años después científicos de Alemania, Suecia, Japón y Estados Unidos confirmarían su efectividad demostrando que los adaptógenos ayudan a mantener la homeostasis ante el estrés regulando las reacciones de adaptación del organismo. Y aquellas tres plantas -solas y combinadas- así como otras que fueron investigando empezarían a usarse en el ámbito soviético para mejorar el rendimiento de científicos, militares, atletas y astronautas. Una combinación que posteriormente se modificaría sustituyendo en el trío la Rhaponticum carthamoides por las bayas de Schisandra chinensis.

Pues bien, aquella mezcla de Eleutherococcus senticosus, Rhodiola rosea y Schisandra chinensis terminaría siendo comercializada con el nombre de ADAPT232 tras probarse antes su eficacia en los cosmonautas rusos Valeri Polyakov –astronauta con el récord de permanencia en el espacio en una única misión al estar a bordo de la Estación Espacial MIR 14 meses- y Yuri Usachev –veterano de cuatro vuelos espaciales, incluidas dos misiones de larga duración en la Estación Espacial Mir y otra en la Estación Espacial Internacional-. Y es que se constató que mejoraba de forma sustancial su capacidad de concentración así como la velocidad y precisión de la toma de decisiones en situaciones estresantes. Unos resultados que se verían confirmados más tarde por un grupo de investigadores del Instituto Sueco de Plantas Medicinales de Goteborg (Suecia) encabezado por R. I. Bogatova cuyo trabajo se publicó en 1997 en Aerospace Environmental Medicine con el título Evaluation of the effect of a single dose of a phytoadaptogen on the working capacity of human subjects during prolonged isolation (Evaluación del efecto de una dosis única de fitoadaptógenos en la capacidad de trabajo del ser humano durante el aislamiento a largo plazo). Resta indicar que el ADAPT-232 se comercializa actualmente en España como Resiliens Vitalidad.

Obviamente hoy son muchas más las plantas adaptógenas estudiadas y utilizadas estando entre las más conocidas la Ashwagandha y el Panax Ginseng para tratar el estrés de larga duración y los desequilibrios hormonales (algunas investigaciones sugieren que igualmente ayuda la Albahaca sagrada o Tulsi) y el Reishi y el Panax Ginseng para potenciar el sistema inmune. Y, por cierto, no hay evidencias de que los adaptógenos puedan causar efectos secundarios negativos o problemas de salud. 

ADAPTACIÓN AL ESTRÉS Y LONGEVIDAD

Pues bien, uno de los principales expertos del mundo en adaptógenos es el doctor en Química Orgánica Alexander Panossian, catedrático de Química Bioorgánica y Química de Compuestos Naturales Fisiológicamente Activos en Rusia, Director del Laboratorio de Control de Calidad de la Agencia de Medicamentos de la República de Armenia, Director de Investigación y Desarrollo del Swedish Herbal Institute y Editor en Jefe de la revista internacional de Fitofarmacología Phytomedicine.

Hablamos de uno de los investigadores más prestigiosos del mundo en su ámbito que es autor o coautor de más de 180 artículos en revistas revisadas por pares con quien tuvimos la oportunidad de conversar con motivo de su participación en las jornadas científicas que tuvieron lugar en marzo pasado en Madrid organizadas por la empresa de productos naturales Cien por Cien Natural para dictar una extensa ponencia en la que explicó el papel que pueden jugar los adaptógenos en la medicina del futuro y especificar en detalle los constatados éxitos obtenidos con el ADAPT‐232 que acaba de llegar a España. Ocasión que obviamente aprovechamos para charlar con él yendo directamente al grano.

-¿Podríamos saber por qué se interesó usted por las plantas adaptógenas?

-Cuando me gradué en Moscú en 1975 me especialicé en la extracción y estudio de los principios de fuentes naturales así que cuando volví a Armenia decidí dedicar mi carrera profesional a investigar las plantas medicinales ya que había muchas de uso tradicional sobre cuya composición  se sabía muy poco. En Armenia, por ejemplo, hay una planta sagrada llamada Bryonia Alba conocida también como Nuez Blanca de la ya se hablaba en un manuscrito del siglo IV que podía ser utilizada para una amplia variedad de enfermedades y, sin embargo, nunca se había estudiado farmacológicamente. Su análisis y el de otras plantas similares fue de hecho lo que me llevó a centrar mi vida profesional en el estudio de las plantas adaptógenas.

Pues bien, pude constatar que sus principales componentes funcionan como mediadores importantes en los sistemas inmunitario, endocrino y nervioso, luego tiene las características propias de una planta adaptógena. Ensayos clínicos posteriores demostrarían que su extracto es eficaz en el tratamiento de las lesiones por radiación merced al llamado efecto clastogénico. Por eso se utilizó para tratar a los trabajadores que se quedaron a trabajar en la central nuclear de Chernóbil para detener su actividad sufriendo todo tipo de enfermedades. Y es que el extracto de Bryonia es útil en el tratamiento de trastornos cardiovasculares y en la prevención del crecimiento tumoral y de las posibles metástasis. Los pacientes tratados con el extracto vieron además mejorar su inmunidad. En 1997 publiqué en Phytomedicine un artículo sobre ello titulado Plant adaptogens II: Bryonia as an adaptogen.

-¿Qué caracteriza a una planta adaptógena?

El término adaptógeno define una nueva categoría -como antes ocurrió con los antioxidantes o las vitaminas- y se refiere a aquellas plantas superiores que pueden utilizarse bien como complemento, bien como medicamento -dependiendo del nivel de evidencias del momento- por sus innegables propiedades terapéuticas. Desde la década de los sesenta se han hecho hasta 12 ediciones de la definición para hacerla más precisa. Una de las últimas es la que define a los adaptógenos como aquellos extractos herbales o productos naturales que incrementan la supervivencia y la adaptabilidad al estrés; teniendo los adaptógenos propiedades que los distinguen de otras plantas.

A nivel celular y molecular interactúan con el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y con el sistema simpático-suprarrenal, ambos involucrados en la respuesta del cuerpo al estrés. Ambos ejes están interconectados anatómicamente y funcionalmente y en situaciones de estrés pueden interactuar entre sí a diferentes niveles. Para ello los adaptógenos regulan vías de señalización intra y extracelulares, estimulan el sistema hormonal y modulan la inmunidad celular y humoral así como la síntesis de proteínas, neuropéptidos y enzimas antioxidantes en la fase de alarma. Por tanto, podemos considerarlos reguladores metabólicos lo que los hace útiles en muchas enfermedades y, sobre todo, en los desórdenes provocados por la edad.

-¿Cuáles son sus principales beneficios?

-Como digo, los adaptógenos son activos en numerosas afecciones y enfermedades asociadas con el estrés y el deterioro relacionado con el envejecimiento. De tal manera que podemos decir que tienen efectos beneficiosos polivalentes contra la inflamación crónica, la aterosclerosis, el deterioro cognitivo neurodegenerativo, los trastornos metabólicos, el cáncer y otras enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Los usos actuales más extendidos están relacionados principalmente con la fatiga y el deterioro de la función cognitiva inducidos por el estrés, las enfermedades mentales y los trastornos del comportamiento. Desde mi punto de vista parece estar más que justificado su uso preventivo en personas sanas con el fin de mejorar en situaciones de estrés y prevenir enfermedades relacionadas con la edad.

-Usted ha comentado en sus trabajos que los adaptógenos tienen un “efecto vacuna”. ¿A qué se refiere?

-Hay dos tipos de estrés: uno suave -que es un estrés positivo y que al igual que el ejercicio físico moderado resulta beneficioso para la salud- y un estrés continuo crónico que llamamos distrés y es negativo para la salud. El estrés leve o de supervivencia induce una resistencia o «inmunidad» a la exposición a un estrés más grave que es lo que ocurre con el ejercicio físico. Sin embargo, esta resistencia inducida por el estrés no se memoriza. Así que cuando damos adaptógenos provocamos un efecto estresor suave, un estado de resistencia no específica que imita un estrés leve y, como respuesta, activamos hormonas y genes, nuestro sistema de defensa inmune al completo, en un efecto hormético en el que una dosis baja resulta estimulante -es decir, tiene un efecto beneficioso- y una dosis alta es inhibidora -es decir, tiene efecto tóxico-. Al igual que las vacunas estos adaptógenos activan el sistema inmune y todo nuestro organismo preparándolo para situaciones de distrés por lo que podríamos considerarlos una especie de “vacuna suave” para el estrés.

ACCIÓN MULTIDIANA

-Por su naturaleza polivalente la investigación de las posibilidades terapéuticas de los adaptógenos resulta muy laboriosa pero en principio parecería más eficaz que la investigación farmacológica actual centrada generalmente en encontrar una molécula para un receptor.

-El desarrollo de cualquier enfermedad es muy complicado y no depende de un solo objetivo molecular. El cáncer, la diabetes o el alzheimer dependen por ejemplo de una secuencia de procesos con muchos posibles objetivos y muchas interacciones a diferentes niveles en el metabolismo. A nivel proteómico, transcriptómico, genómico e incluso de interacción con el microbioma. Por eso para tener éxito en los tratamientos se precisan terapias multiobjetivos. Lo contrario del enfoque básico de las farmacéuticas que para conseguir los mismos resultados tendrían que elaborar muchas drogas diferentes y conseguir sinergia entre todas ellas, algo difícilmente imaginable. Sin embargo la medicina natural a base de plantas adaptógenas que contienen todo un complejo de ingredientes activos en el que cada uno cubre varios objetivos es la solución. Los adaptógenos exhiben una acción multidiana y el uso compartido de un número de diferentes receptores incluyendo, entre otros, receptores para corticosteroides, mineralocorticoides, progesterona, estrógenos, serotonina y otros muchos. Nos permiten así establecer numerosas interacciones en red y la retroalimentación de los sistemas neuroendocrino e inmune. Esta farmacología en red tiene el potencial de proporcionar tratamientos para enfermedades complejas, afecciones crónicas y síndromes en los que los enfoques convencionales han sido a menudo decepcionantes.

-Pues precisamente por esa capacidad de afectar múltiples objetivos parece imposible caracterizar todos los ingredientes activos de una planta adaptógena.

-Cierto. Y por eso debemos seguir investigando con todos los recursos técnicos que la ciencia nos da hoy para llegar a demostrar clínicamente su eficacia multifuncional. Y si bien es necesaria la estandarización de los ingredientes activos el gran desafío de la medicina de plantas es mantener la reproducibilidad, algo difícil porque la composición química de una planta depende de dónde crece, con qué clima y con qué tipo de suelo. Es más, la composición de una planta que crece en un mismo sitio varía según la estación del año en que se recoge. Y aún si se recoge en el mismo momento del año depende de si el suelo está seco o mojado. Y asimismo depende de cómo se ha secado la planta. En fin, hay muchas variables.

-Entonces saber qué principios de una planta adaptógena son los que logran un beneficio terapéutico es poco menos que imposible. Y si lo que se decide es cultivar la planta concreta que ha producido tal resultado tampoco hay garantía de que la siguiente cosecha funcione igual de bien.

-Ciertamente es complejo. Por eso son necesarias buenas prácticas de agricultura, buenas prácticas de manufactura, sistemas adecuados de estandarización… Hay pues que buscar siempre productos de empresas de confianza capaces de garantizar todo esto. Un extracto de Rhodiola puede tener 144 componentes diferentes y de todos ellos la industria suele centrarse en cinco o seis, en los más activos,  aún sabiendo que la actividad de cada ingrediente individual es diferente a cuando están todos en el extracto. Es pues necesario contar como mínimo con los marcadores que nos indiquen que al menos esos cinco o seis compuestos están presentes a fin de asegurar que su actividad se va a reproducir siempre. Hay muy pocos casos en los que la actividad de una planta dependa de un único ingrediente activo.

-¿Cuándo se deben consumir adaptógenos? ¿Cómo preventivo? ¿Cuando se está enfermo? ¿Especialmente siendo joven o cuando se es ya mayor?

En todas esas ocasiones resultan válidos. A las personas enfermas les va a dar más energía, es una ayuda extra para su sistema inmune. Y a las personas sanas les servirá para contrarrestar la sobrecarga de trabajo y estrés. Incluso los atletas ven mejorada su capacidad de resistencia. En la antigua Unión Soviética los astronautas los llevaron consigo porque en el espacio las condiciones son muy estresantes y se utilizaron para mejorar sus funciones cognitivas. También lo utilizaron en la industria nuclear para reducir la radiación y el estrés oxidativo tras la catástrofe de Chernóbil. Y asimismo se usan en las fuerzas aéreas y en la marina de guerra donde la hipoxia crónica, el síndrome de agotamiento y otras tensiones son muy comunes. Y en las expediciones al Ártico dónde las condiciones de frío son extremas. Y en las escaladas a las montañas donde hay escasez de oxígeno. Las utilizan hasta los científicos y los jugadores de ajedrez para mejorar su rendimiento cognitivo. Y los atletas para mejorar su rendimiento físico, resistencia y capacidad de recuperación. Son útiles incluso para las personas que se sientan casi todo el día frente a un ordenador porque después de 4 horas lo normal es empezar a cometer errores. Hay muchas aplicaciones posibles. 

EL ADAPTÓGENO ESPACIAL 

-¿Cómo fue la experiencia con los astronautas? ¿Y cómo se arriesgaron a darles plantas que aún se estaban estudiando?

-En la carrera espacial ni los estadounidenses ni los rusos podían dar nada a los astronautas que no estuviera muy probado. Y el ADAPT-232, una combinación de tres adaptógenos, se probó durante años en el Instituto del Espacio de la URSS mientras los cosmonautas se entrenaban realizándose muchas pruebas que demostraron que mejoraba su rendimiento cognitivo. Especialmente en los internacionalmente conocidos cosmonautas Poliakov y Usachev. El propio Poliakov -que figura en el libro Guinness de los récords por haber estado en el espacio más tiempo que nadie- estuvo en una ocasión en Suecia dando una conferencia en la que explicó su eficacia. Hablamos pues de hechos, no de especulaciones.

-¿Y lo utilizan los actuales cosmonautas rusos?

-No se lo puedo confirmar porque ahora todo esto es secreto en Rusia. Nadie sabe “nada” pero entre 1995 y 1997 -el período de mayor apertura de las últimas décadas en la Federación Rusa- fue un proyecto del Instituto de Plantas. Podrían haberlo reemplazado por algo similar pero como lo mantienen en secreto lo ignoro.

-¿Por qué la investigación sobre los adaptógenos se desarrolló básicamente en Rusia y no en el resto de Europa?

-Porque desde la época de Lazarev decidieron investigar las propiedades de todas las plantas en general y de los adaptógenos en particular. Hoy en Rusia los adaptógenos están incluidos en la medicina convencional, se estudian en los libros de Medicina. Yo nací en la extinta Unión Soviética y recuerdo que en los años setenta todos los médicos, tras prescribirte medicamentos para lo que tuvieras, te recetaba además adaptógenos para mejorar la salud en general y conseguir una mejor recuperación y resiliencia

-¿Y el ADAPT-232 que se probó con los cosmonautas rusos es el mismo que ahora empieza a comercializare en España?

-Sí. Se trata de una combinación de Rhodiola rosea, Schisandra chinensis y Eleutherococcus senticosus que se registró en Suecia como complemento tradicional a base de hierbas y se pauta como adaptógeno en casos de fatiga y debilidad pero sé que puede ayudar especialmente en los déficits cognitivos asociados al envejecimiento y en patologías como la esquizofrenia, el trastorno bipolar y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Así se desprende de hecho de nuestros hallazgos y publicaciones en los que ADAPT-232 y otros adaptógenos han demostrado poseer efectos beneficiosos sobre la función cognitiva en humanos. Dos estudios clínicos piloto demostraron que ADAPT-232 mejora significativamente la atención y aumenta la velocidad y la precisión cognitiva durante las tareas estresantes tras compararse los resultados con un placebo. Constatándose luego con otros trabajos que reduce significativamente la cantidad de errores cometidos en pruebas psicométricas complicadas.

-Permítame una última pregunta: ¿los adaptógenos deben tomarse de forma puntual? ¿Hay riesgo de padecer problemas negativos si se toman durante mucho tiempo?

-Pueden tomarse durante toda la vida si se hace de forma pautada. Es decir, pueden tomarse durante 2 meses y luego descansar dos semanas para luego volver a tomarlos 2 meses… y así sucesivamente. Los adaptógenos son herramientas que empujan a nuestro cuerpo en la dirección correcta pero si los usáramos de forma continuada los receptores sobre los que actúan se volverían tolerantes a ellos.

Francisco San Martín


Recuadro
:

Los adaptógenos y el cáncer

En los números 69 y 70 de la revista publicamos en dos partes un artículo titulado Cómo tratar el cáncer con Medicina Sistémica en el que dedicamos amplio espacio a explicar el papel que un colectivo de médicos venezolanos daba a las plantas adaptógenas en el marco de la denominada Medicina Sistémica, “marco teórico metodológico -según el propio Colegio de Médicos de Caracas- que considera al ser humano como un sistema viviente que cuenta con energía, inteligencia reguladora y organización, y utilizan fármacos sintéticos (debidamente registrados) y plantas superiores con efectos medicinales denominados adaptógenos los cuales están igualmente permitidos por el Ministerio de Salud y Desarrollo Social”.

Para la Medicina Sistémica -desarrollada por el ingeniero venezolano José Olalde– la Inteligencia Biológica es la que se encarga en el organismo de regular las funciones corporales surgiendo las llamadas “enfermedades” cuando el cuerpo es agredido de forma continuada por “agentes agresores” que le afectan física, química, biológica, emocional o psicológicamente haciendo que disminuya el nivel de energía y, como consecuencia, llevando a una completa desorganización del sistema.

Marco conceptual según el cual el cáncer no es sino una reacción de las células más afectadas para intentar sobrevivir a la muerte y de ahí que su propuesta para afrontarlo sea potenciar la Inteligencia Biológica, la Energía y la Organización; algo para lo cual consideran necesario -entre otras herramientas- combinar varias plantas adaptógenas siendo las más importantes para recuperar…

…la Inteligencia Biológica: Reishi, Maitake, Rhodiola rosea, Equinácea, Vitex agnus castus, Astrágalus membranaceus y Uña de gato (Uncaria tormentosa).

…la Energía: Ginseng siberiano (Eleutherococcus senticosis maxim), Ginseng Coreano Blanco (Panax Ginseng. Blanco), Schizandra chinensis y Shilajit. Y,

…la Organización: Sutherlandia frutensces, Cartílago de tiburón, Suma, Maitake, Tabebuia avellanedae -planta con elevado contenido de lapachol, sustancia de potentes propiedades anticancerígenas-, Andrographis paniculata -cuyos andrografólidos son potentes inmunomoduladores, antialérgicos y antiasmáticos-, Noni (Morinda citrifolia), Ginseng americano (Panax quinquefolius) -planta adaptógena moduladora con fuertes propiedades para reducir el cáncer de mama y estimular la inteligencia neuroendocrina-, Centella asiática, Anamú, Opuntia Ficus Indica y Adaptobiotic (Hydrastis canadensis).

Según el protocolo de la Medicina Sistémica al uso combinado de estas plantas adaptógenas habría que añadir -en función de las necesidades del paciente- la estimulación electromagnética (productos homeopáticos, bioelectricidad, acupuntura…) y la ingesta diaria de una combinación de vitaminas, minerales –especialmente calcio- y aminoácidos.

Para saber más de la propuesta teórico-práctica de la Medicina Sistémica lea los dos artículos citados en nuestra web: www.dsalud.com.

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