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    Reportajes.

  CÁNCER: ¿QUÉ ES Y QUÉ LO CAUSA? (XIV) EL TRATAMIENTO DEL CÁNCER CON EL    BIRM

Diez años después de que el médico Edwin Cevallos ofreciera sin éxito a las autoridades sanitarias españolas el BIRM -un producto natural extraído de una planta amazónica- la revista Cancer Chemotherapy and Pharmacology publicó en junio pasado los excelentes resultados obtenidos en su utilización contra el cáncer de próstata. La investigación -impulsada por la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami- ha confirmado que impide la multiplicación de las células cancerosas e, incluso, la metástasis. Esos resultados se han observado también en cultivos de células cancerosas de colon y recto así como en la leucemia.

Las plantas son la "farmacia de Dios", el remedio para la mayor parte de las dolencias y padecimientos humanos. Lo saben hasta quienes intentan impedir su comercialización. Lamentablemente, décadas de ceguera -primero- y corrupción sanitaria -después- propiciaron que muchos de los antiguos conocimientos sobre ellas se hayan ido perdiendo y, con ello, posibles soluciones a muchas patologías. Afortunadamente, sin embargo, empieza a recuperarse de forma paulatina el respeto por sus posibilidades terapéuticas. Eso sí, en unos lugares más rápidamente que en otros porque en España seguimos a la espera de la anunciada legislación sobre plantas medicinales. Además, los administradores sanitarios de nuestro país anuncian ya que nuestra normativa legal será más restrictiva que la europea... sin saber siquiera cómo será ésta. La excusa de la "precaución", una vez más, se utilizará para tratar de llevar al redil de las grandes corporaciones industriales todo producto con posibilidades terapéuticas. Es el caso de muchos productos naturales que se sabe que funcionan y a los que por eso se les quiere dar la calificación oficial de "fármacos". Para poder controlar su uso desde el poder y para que el negocio quede en las mismas manos de siempre ahora que la gente está dejando de fiarse los medicamentos y busca remedios naturales.

UN POTENTE ANTICANCERÍGENO: EL "BIRM"
Pues bien, uno de esos productos lleva más de un cuarto de siglo esperando el reconocimiento oficial de su eficacia y parece que, finalmente, el tesón de su valedor va a tener premio. Hablamos del BIRM, un producto obtenido de una planta amazónica que acaba de recibir el primer respaldo oficial para que un día le sean reconocidas sus posibilidades terapéuticas, más allá de la semiclandestinidad en la que ha estado sobreviviendo.
En su número del pasado mes de junio la revista Cancer Chemotherapy and Pharmacology publicaba un artículo titulado Un extracto oral de planta amazónica (BIRM) inhibe el crecimiento del cáncer de próstata y la metástasis, un riguroso estudio llevado a cabo por investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami en colaboración con el creador del producto, el doctor Edwin Cevallos, del Instituto de Tumores de Quito (Ecuador). El equipo, tras investigar el BIRM, constató que el producto tiene actividad citotóxica "in vitro" en grupos de células de cáncer de próstata, reduce la incidencia del tumor, retarda su crecimiento y logra una reducción significativa de la metástasis. Y todo ello sin toxicidad alguna aun si es administrado de forma continuada.
Diez años después de que se consiguiera su actual configuración (en 1993) y 26 transcurridos ya desde que se iniciaran las primeras investigaciones, la Ciencia Oficial -enorme paquidermo de lentas y condicionadas reacciones- ha confirmado su eficacia dando así el primer paso legal para su aprobación como medicamento.
Hay que añadir que más allá de semejante confirmación -que no descubrimiento porque el producto se ha estado consumiendo durante años como suplemento dietético- este trabajo resulta también especialmente significativo por una razón importante: los investigadores reconocen abiertamente en su introducción una realidad que venimos sosteniendo en esta revista desde que vio la luz: la limitada -cuando no inútil y engañosa- respuesta de la medicina convencional al problema del cáncer. Los autores del estudio dicen textualmente lo siguiente: "El cáncer de próstata es el cáncer maligno más frecuentemente diagnosticado a los varones norteamericanos, con una estimación de 189.000 nuevos casos en el año 2002. Y la mayoría de las muertes por cáncer de próstata, estimadas en 30.200 en el 2002, son probablemente el resultado del fracaso de todos los tratamientos convencionales actualmente disponibles" (el subrayado es nuestro).
Los investigadores explican luego que por eso muchos pacientes de cáncer de próstata experimentan con terapias complementarias a las oficiales y cada vez más "se mueven hacia la medicina complementaria y alternativa consumiendo extractos de plantas de culturas tradicionales". Y añaden: "Nosotros nos hemos encontrado con una de esas medicinas herbarias naturales, el BIRM (modulador biológico de la respuesta inmune), una sencilla solución oral ecuatoriana procedente de un extracto de planta amazónica que, formulada por el médico Edwin Cevallos Arellano, ha sido promovida en América del Sur y está basada en el conocimiento local de la población nativa ecuatoriana. Hoy se distribuye como remedio natural para diversas enfermedades, incluidas la infección por VIH y el cáncer (...) Por eso decidimos evaluar la eficacia y sus efectos antitumorales en un modelo de cáncer de próstata".
El doctor Balakrishna L Lokeshwar, uno de los firmantes del estudio y miembro del Departamento de Urología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami, contaría a Discovery DSALUD la historia que dio lugar a las investigaciones: "Un día, un paciente del doctor Soloway (otro de los firmantes del estudio) llamado Christian de DeGatau von Frockenbeck, nos habló del BIRM y nos dijo que un médico ecuatoriano lo estaba recomendando para un gran número de dolencias, incluyendo casos de personas con leucemia. Añadió que él había estado tomándolo durante un año y se sentía estupendamente. Y agregó que si se lograra establecer la base médica y científica del producto se podrían beneficiar muchas otras personas de fuera de Ecuador. Hasta comentaría que el anterior presidente de Ecuador era paciente del Dr. Cevallos y que éste llegó a afirmar en televisión que seguía vivo gracias al BIRM. Así que decidimos investigarlo científicamente. Desafortunadamente, el señor DeGatau falleció en abril de este año a causa de su cáncer de próstata; de ahí que, como homenaje, le hayamos dedicado este artículo". Cabe añadir que Christian DeGatau se había sometido previamente a los tratamientos oncológicos tradicionales y tenía el organismo muy deteriorado y el sistema inmune deprimido.
Desgraciadamente, en España los enfermos de cáncer no suelen informar a sus médicos cuando siguen paralelamente tratamientos alternativos a los oficiales porque la mayor parte de los oncólogos regañan a quienes tal confiesan por "sucumbir a semejantes engaños". Y, desde luego, no suelen interesarse por la veracidad de los comentarios de sus pacientes cuando estos se atreven a hacerlos. En el caso que nos ocupa, sin embargo, pudo más el rigor científico -y la desesperación ante el fracaso de los remedios convencionales- de los interlocutores de Christian DeGatau, su necesidad de saber cómo había sido posible tal mejoría en alguien con cáncer de próstata tras tomar el BIRM. Esa es también la razón de que se investigara el producto en el tratamiento del cáncer de próstata y no, por ejemplo, en el de colon, en casos de leucemia o en enfermos de Sida.

RESULTADOS DEL ESTUDIO
Los datos del estudio efectuado en Miami son excesivamente técnicos por lo que ofrecemos al lector sólo los elementos más significativos en un recuadro. En todo caso, de él se deduce la convicción de los investigadores de que el valor medicinal del BIRM se debe a una variedad amazónica concreta de la planta Dulcámara cuyas características las definen los micronutrientes presentes en la tierra del Alto Amazonas donde crece. En cuanto a las pruebas "in vitro" efectuadas, demuestran que el BIRM no sólo "inhibe la proliferación de las células cancerosas" sino que "provoca su muerte por apóptosis" (desintegración). Los estudios en ratas, por su parte, demostraron que "reduce el crecimiento del tumor y la metástasis espontánea a los pulmones."
La caracterización bioquímica preliminar y un estudio cromatográfico sugieren que hay al menos cuatro sustancias activas presentes en el BIRM: tres con actividad citotóxica y una con actividad inhibitoria (el mecanismo se desconoce pero los resultados sugieren que el BIRM es un potente inhibidor de una clase de enzimas cuyos niveles están relacionados con la progresión del cáncer de próstata). Parece claro también que los ingredientes activos del BIRM son absorbidos en el tracto gastrointestinal.
En resumen, el estudio constata que el BIRM tiene actividad citotóxica 'in vitro' -tanto en el caso de grupos de células de cáncer de próstata andrógeno-dependientes como andrógeno-independientes-, reduce la incidencia del tumor, retarda su crecimiento y causa una reducción significativa en la metástasis (demostrado en un modelo experimental de fase tardía de cáncer de próstata). Sin toxicidad alguna además.
Obviamente, los autores de la investigación tienen pocas dudas de las enormes expectativas que este estudio le ha abierto al BIRM en el tratamiento del cáncer. El ya mencionado doctor Balakrishna L. Lokeshwar nos manifestó durante la elaboración de este reportaje: "Se trata de un medicamento con un gran potencial para tratar algunas formas de cáncer, sólo o combinado con otras medicinas. Creo que tiene especialmente grandes posibilidades como tratamiento para el cáncer de vejiga y de próstata. Sin embargo, habrá que hacer una larga evaluación clínica antes de que pueda prescribirse."
Y ese es precisamente el próximo objetivo de los investigadores: recaudar los fondos suficientes para llevar a cabo ensayos clínicos más ambiciosos. "Estamos intentando empezar con la experimentación clínica, primero como coadyuvante en pacientes con cáncer de próstata y vejiga. Planeamos conseguir algunos fondos antes de poder empezar los experimentos clínicos. También estamos procediendo a hacer más estudios preclínicos sobre la naturaleza molecular de las sustancias del BIRM que muestran actividad anticancerígena. Pero hasta ahora se ha convertido en una cuestión difícil de resolver, una nuez dura de abrir".

UN HOMBRE FELIZ
El doctor Edwin Cevallos es en estos momentos -como el lector podrá suponer- un hombre feliz, un médico esperanzado y un científico satisfecho: "En octubre del 2001 -nos diría- recibí un e-mail de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami escrito por un investigador de dicha institución que se dedicaba exclusivamente al cáncer de próstata. No sabía quién era el inventor del BIRM pero sí que pacientes con ese padecimiento obtenían el producto desde Ecuador y mejoraban de su cáncer de próstata. Así que le envié algo de producto, lo puso en un cultivo de células de cáncer de próstata refractario a todo tipo de tratamiento y pudo ver, con sorpresa, cómo impedía la multiplicación de las células cancerosas y, además, impedía que se formara una enzima que favorece las metástasis. Lo mismo que ya habíamos observado nosotros en anteriores investigaciones en cultivos de células de cáncer de colon, recto y leucemia. Me pidió entonces información sobre el BIRM y entre octubre del 2001 y marzo del 2002 efectuaron un completo estudio tanto' in-vitro' como en animales. Fue entonces cuando me invitaron a tener una reunión con los miembros del Departamento de Urología de la Escuela de cara a iniciar las pruebas en seres humanos, pruebas que finalizaron en octubre del pasado año. Recuerdo aún las palabras que al terminar aquella reunión me dijo el Jefe del Servicio de Urología: 'En el país donde vives esta maravilla ha permanecido en silencio durante 26 años; Edwin, esto saldrá a la luz en todo el mundo en 6 meses'".
No mintió. Pocos meses después la comunidad internacional está ya al tanto de las posibilidades del BIRM. Puede que sea el principio del fin de la larga batalla personal emprendida por el doctor Cevallos hace ya 26 años, teniendo siempre muy claro que el hecho de ser ecuatoriano iba a jugar en su contra para tratar de reclamar la atención que el producto merecía: "En nuestro continente -nos confesaría- existe un sentimiento peyorativo que nos lleva a creer que somos incapaces de descubrir algo porque nuestros países carecen de la capacidad económica y de los equipos adecuados para hacer investigación. Sin embargo, el BIRM ha sido ahora investigado en Estados Unidos mereciendo un estudio exhaustivo de dos años. Incluso se ha hecho la comparación de esta sustancia con las tradicionales y el BIRM sale claramente favorecido. Debo añadir que, por el contrario, es bien evidente que en este proceso no nos ha favorecido ser ecuatorianos. Y tampoco lo ha hecho el nombre: BIRM. Quizás un nombre que hubiera sido mucho más difícil de pronunciar nos hubiera ayudado más a la hora de ser escuchados".
Seguro que el doctor Cevallos ha recordado más de una vez las palabras del doctor e investigador colombiano Manuel Patarroyo -Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica en 1994 por su descubrimiento de la vacuna contra la malaria- quién se llegó a mostrar públicamente decepcionado por el trato recibido por la Organización Mundial de la Salud con él y con su país. Patarroyo -pionero en los enfrentamientos con las multinacionales farmacéuticas- llegó a afirmar que había tenido que afrontar muchos problemas pese a demostrar que su vacuna funciona"por ser un investigador hispanoparlante". Para los gurús de la ciencia oficial -normalmente radicados en los países del Norte-, ser ecuatoriano o colombiano no parece compatible con ser investigador. Y mucho menos con conseguir importantes logros científicos. Aparentemente, para algunos, si se es pobre no se puede ser inteligente.

LA HOSTIL ESTRUCTURA SANITARIA ACTUAL
En definitiva, la batalla para lograr el reconocimiento científico de la eficacia del BIRM ha sido dura ya que se ha visto frenada en muchas ocasiones por los grandes intereses comerciales. Nos lo reconocía el propio doctor Cevallos: "Esperábamos la resistencia. A fin de cuentas, el mundo actual posee hoy una estructura social, sanitaria y farmacéutica que ha maniatado hasta la libertad que tenía antes el médico para proceder según sus conocimientos y su conciencia, y que es a lo que está además obligado según su declaratoria hipocrática. Y, sin embargo, ¡pobre de aquel médico que se salga hoy de lo oficialmente establecido y aprobado u ose pensar, por ejemplo, en utilizar otra cosa que los cócteles autorizados para combatir el Sida! ¡Pobre también de aquél que estando dentro de una institución hospitalaria estudie otras alternativas! ¡Y pobre de aquel paciente que, en uso de su libertad, pretenda probar una medicina que no haya sido catalogada como válida por las instituciones! Tras ingresar en cualquier centro hospitalario -por lo que de por sí será ya tratado como un paria si padece el Sida-, si reconoce el uso de cualquier otra medicina o sustancia que a él le ha parecido satisfactoria puede ser abandonado, cuando no vejado. También está la propia discriminación económica. La situación en todo tipo de enfermedad tiene un interés básico, que es el asunto económico; y ese interés económico hace que se retarde todo lo que se pueda el dar una oportunidad a nuevos productos. En ese contexto puede entenderse el que no se quiera reconocer este tipo de tratamientos, seguramente porque no está hecho por los grandes laboratorios, las grandes empresas, los grandes trusts. Las peregrinaciones que hemos hecho han tenido la finalidad de que alguien diga: 'Eso no sirve. Es mentira. Es una falacia. No tiene los estudios preceptivos. A ese estudio le falta ese dato o ese otro..." En fin, cualquier cosa que nos obligara a volver a demostrar todo. Hoy, tras 26 años de recorrer centros científicos internacionales, ya no tienen nada que objetar. Sólo se enfrentan al escepticismo de que un investigador sudamericano haya logrado un medicamento que estimula el sistema inmune. Pues bien, yo les digo a los médicos que el sueño de los alquimistas de este siglo ya está aquí porque el BIRM ha demostrado ser capaz incluso de convertirse en el principal enemigo del cáncer y el Sida".
Tras 26 años de investigación, las propiedades del BIRM -tal y como son presentadas por el doctor Edwin Cevallos- pueden resumirse de la siguiente manera:
a) Muestra efectividad y eficacia en la lucha contra el cáncer. y en el control del Sida.
b) Es inmunomodulador (por eso ayuda al sistema defensivo del enfermo de Sida) y inmunoestimulador clásico.
c) Carece de efectos colaterales, no es tóxico y reúne los requisitos de la medicina ideal según la OMS. Y es que se trata de un producto de sabor agradable que carece de efectos indeseables, se tolera bien incluso en tratamientos de larga duración, no interactúa con otros medicamentos, puede ser utilizado por personas de cualquier edad y mantiene el efecto estimulante e inmunomodulador en el organismo del paciente de forma sostenida.
"Lo que el BIRM hace -nos diría el doctor Cevallos- es elevar las defensas del organismo por lo que, consecuentemente, es útil en numerosas enfermedades, incluidas las consideradas incurables hasta hoy como el cáncer o el Sida. Y sus resultados demuestran lo inteligente que resulta la decisión de volver los ojos hacia la Naturaleza, que es el medio natural y lógico en el que buscar las sustancias ideales para tratar todas las enfermedades. Estoy seguro de que después de la publicación de este artículo científico se va a producir un gran impulso para entrar en esa atmósfera tan especial de tipo científico y universal que al final es la que da el aval para que un producto pueda estar al alcance del mundo entero".
Y añade: "Este producto, a diferencia de los productos tradicionales, inició sus pruebas de eficacia en pacientes desahuciados, aquellos que tenían menos de 100 linfocitos CD-4, muchos de ellos con 50 e, incluso, alguno casi con cero. En esta fase nadie se atreve a dar ningún tratamiento y ningún laboratorio se atrevería a probar ningún producto. Todos sabemos que los laboratorios prueban sus productos en gente seleccionada en la que, de antemano, sabe que la respuesta va a ser positiva. Pues bien, en ese grupo de pacientes moribundos, terminales, pudimos obtener una respuesta, en un tiempo controlado de 28 meses, de aumento de los CD-4; y conforme a ese aumento, unas mejores condiciones generales y de calidad de vida. Ahora ya tenemos experiencia con pacientes seropositivos y con pacientes portadores del VIH que todavía no han desarrollado patología alguna. Y debo decir que esta sustancia permite que estos pacientes se mantengan en condiciones de normalidad de forma indefinida. Y no se trata de un milagro, es que la sustancia es un hidrato de carbono, un azúcar, una sustancia que necesita tanto del virus como de la célula para vivir; por eso el virus no muta. Esa es la razón de que pueda mantenerse indefinidamente esa situación. Los pacientes con patologías relacionadas con el Sida no sólo se han mantenido sino que han subido sus linfocitos a límites de 700 y 800 y los ha vuelto seropositivos. Esta es la mejor demostración de la bondad de este producto y de la permanencia beneficiosa que tiene en el organismo de los pacientes. Tenemos resultados en los que hemos podido llegar a negativizar la presencia del virus en el torrente sanguíneo igual que se está haciendo con los nuevos cócteles. Todos estos resultados han sido conseguidos obviamente fuera de Ecuador porque aquí no contamos con la tecnología necesaria para este tipo de exámenes."
Puede parecer una exageración pero son los mismos argumentos que el doctor Cevallos ha mantenido durante los últimos años referidos al cáncer y que ahora, por fin, parecen encontrar el respaldo, no ya de sus pacientes sino de los científicos. Habrá que darle pues al menos, después de 26 años, el beneficio de la duda. ¿Quién querrá poner los medios necesarios para una investigación seria, sin dilaciones y con la garantía de que la patente no acabe en un cajón?.


Antonio Muro


QUIÉN ES EDWIN CEVALLOS
Nacido en Quito y licenciado en Medicina por la Universidad Central de Quito (Ecuador), el doctor Edwin Cevallos se especializó en Oncología Médica y Radioterapia en el Instituto Mexicano de la Seguridad Social. Actualmente es Jefe del Servicio de Oncología Médica y Radioterapia del Hospital Metropolitano de Quito y director del Instituto de Tumores.
En 1976, mientras se formaba en México, Cevallos observaría que el 30% de los fármacos que se utilizaban como quimioterapéuticos en la lucha contra el cáncer eran productos de origen vegetal que posteriormente se sintetizaban. Es decir, que las plantas constituían el pilar de buena parte de la Quimioterapia que se utiliza en el mundo. Y cayó en la cuenta de que su país, por su ubicación geográfica, poseía una enorme variedad de plantas, muchas ya estudiadas y listas para ser analizadas, aislar sus principios activos y aprovechar las propiedades que tradicionalmente se les adjudicaban. Así que se embarcó en el ímprobo trabajo de investigar en solitario.
Ese mismo año comenzaría a estudiar las propiedades terapéuticas de la Dulcamara -una planta amazónica tradicionalmente utilizada por los indígenas de la que se conocen al menos dieciséis variedades- en enfermos de cáncer tratados con quimioterapia y radioterapia. Con sorprendentes buenos resultados. Cuál de las variedades fue exactamente el origen del BIRM es el secreto mejor guardado del doctor Cevallos; su "gran secreto".
Luego, con el tiempo, constató que la administración de una mezcla de plantas conseguía que las cifras de leucocitos en los pacientes tratados con Quimioterapia no sufrieran disminuciones severas al tiempo que los mantenía en un buen estado general, algo que pudo verificar clínicamente de forma analítica.
Los resultados obtenidos le llevarían doce años después -en 1988- a comenzar los ensayos clínicos del producto en enfermos de Sida logrando verificar las propiedades inmunomoduladoras e inmunoestimulantes que le presuponía. En 1990 incluiría en el preparado la savia de una variedad silvestre de la Palma africana y, de forma simultánea, comienza a realizar ensayos en Estados Unidos que confirmarían todas sus hipótesis.
El Colegio Médico de Ecuador, tras estudiar el protocolo científico preceptivo y después de diversas investigaciones de expertos locales y norteamericanos, otorgaría plena validez en septiembre de 1993 a sus estudios sobre el BIRM. Gracias a ello sus conclusiones llegarían a los congresos sobre Sida celebrados en Japón y Vancouver donde fueron admitidos... pero también ignorados.
Hay que decir que su trabajo en este ámbito supone una vía intermedia en el actual debate. Hoy Cevallos trabaja con la hipótesis viral del origen del Sida pero, sin embargo, es implacable a la hora de analizar los tratamientos convencionales: "El error de los actuales tratamientos está, para empezar, en el hecho de que un sujeto con el virus de la inmunodeficiencia tiene totalmente caotizado su sistema inmunitario. ¿Cómo puede concebirse, pues, que a alguien que está agotado encima le den sustancias tóxicas? Los resultados están a la vista. Nunca la humanidad ha presenciado como ahora el emerger de las enfermedades infecciosas oportunistas a niveles tan catastróficos".
Edwin Cevallos, en suma, apuesta en el caso del Sida por lo contrario de lo que hoy se está haciendo: defender la célula, protegerla, blindarla ante cualquier ataque. Con productos naturales que no ataquen los ya maltrechos organismos de esos enfermos.


ESPAÑA PIERDE SU OPORTUNIDAD
En abril de 1995 el doctor Edwin Cevallos se entrevistó en Madrid con el doctor Arce, asesor del entonces Subsecretario de Sanidad, entregándole un dossier completo con los resultados de sus investigaciones en un intento de que fuera nuestro país el que, tras realizar los correspondientes seguimientos en los grandes centros hospitalarios, apadrinara el producto. Nunca más volvió a saber de nuestras autoridades sanitarias. No mucho más caso le hicieron en esos momentos las principales asociaciones de enfermos del Sida de nuestro país a quienes trató de presentar el producto buscando apoyos ante la Administración. A pesar de ese desinterés, Cevallos volvería a nuestro país.
Un año después -en noviembre de 1996- tendría lugar en Quito el I Congreso sobre el BIRM, en el que el Gobierno ecuatoriano dio su respaldo oficial al producto. A él acudieron distintos especialistas iberoamericanos que habían trabajado con el producto obteniendo buenos resultados. Las conclusiones del congreso fueron sólo publicadas entonces en España por la revista Mas allá de la Ciencia que dirigía el hoy director de esta revista, José Antonio Campoy, comprometido ayer como hoy en la búsqueda de tratamientos menos agresivos que ayuden a los pacientes de cáncer o Sida. Finalmente, la inestabilidad política que ha acompañado a Ecuador en los últimos años y sus escasos recursos económicos impedirían que ese apoyo se transformara en estudios científicos rigurosos. Sin embargo, aquel reportaje tuvo sus efectos en el campo de nuestra investigación: un bioquímico español interesado en los efectos del BIRM y en los antígenos urinarios del doctor mexicano Salvador Capistrán comenzó meses después una serie de contactos personales que le acabaron llevando a convencer a su universidad -un centro público madrileño- a realizar los estudios preceptivos necesarios para que, llegado el caso, se pudiera obtener su patente como medicamento. Lamentablemente para nuestro investigador, para la universidad que había ofrecido un acuerdo de colaboración único y para nuestro país, la investigación se interrumpió de forma inexplicable. El respaldo oficial de la universidad no sirvió para vencer las excesivas precauciones del doctor Cevallos, siempre sometido a un doble impulso: por un lado, obtener el reconocimiento internacional y oficial del BIRM como medicamento natural de múltiples posibilidades; por otro, ser precavido ante todo aquel que se acerca al producto -a veces hasta el exceso- por miedo a que, en alguna de sus muchas maniobras, la industria farmacéutica se lo arrebate. La relación sufrió un distanciamiento que se convirtió en insalvable a pesar de la seriedad de quien llevaba a cabo la investigación en nuestro país. Nos consta que en todo momento pretendió proteger al producto y al investigador, y si no se publicaron algunos resultados muy esperanzadores fue precisamente con la intención de evitar maniobras indeseables sobre el producto hasta que no estuviera completamente definida su estructura. El caso es que el proceso entró en vía muerta y, finalmente, el doctor Cevallos decidió dejar la vía española. En cualquier caso, la experiencia abrió un campo de investigación en esa universidad sobre el mundo de las plantas que, a no pasar muchos meses, podría dar buenos resultados con otros productos y mezclas naturales y propios de culturas indígenas.
Proteger en exceso el gran secreto, quizás una mala percepción, una expresión incorrecta, un malentendido enquistado en la distancia entre dos continentes, una falta de comprensión de los pasos necesarios a dar cuando se está bajo la tutela del dinero público -cualquiera de estas razones- se cruzó en el camino del doctor Cevallos. Y quizás pensando en que el proceso sería mucho más rápido o más seguro en una universidad norteamericana, ante la frustración de muchos se abandonó la "vía española". Sin embargo, con suponer esta decisión una decepción para el equipo de investigadores que apostó por impulsar el desarrollo del BIRM desde España, lo importante es que el primer paso hacia su validación científica como arma terapéutica contra el cáncer se ha dado por fin. El análisis que los investigadores madrileños nos hicieron del estudio norteamericano fue, a pesar de lo sucedido anteriormente, desapasionado: "El trabajo está muy bien -se nos diría- . Hecho como debe ser; con rigor y criterio para que no haya dudas. Los planteamientos y discusión de resultados son coherentes. Se observa claramente que puede haber actividad contra el cáncer de próstata" .
Queda abierta pues la posibilidad de que algún día una nueva fuente de salud llegue a enfermos de todo el mundo además de ser generadora de riqueza para un país muy necesitado de ella. Los dos problemas básicos que presenta esta planta son incluso ventajosos para el gobierno ecuatoriano: por un lado -según su creador-, la planta origen del producto no puede sintetizarse porque el resultado es tóxico; y, por otro, sólo crece bajo ciertas condiciones ambientales, a cierta temperatura, con un cierto grado de humedad y en un determinado suelo. Ambos factores benefician el desarrollo natural del producto. Según las cifras que el propio gobierno ecuatoriano barajó en el Congreso de Quito, las proyecciones realizadas por economistas indican que la exportación del BIRM podría generarle al Ecuador unos ingresos de 14.000 millones de dólares al año en divisas.


Conclusiones del estudio sobre la eficacia del BIRM en cáncer de próstata
La eficacia del BIRM en el cáncer de próstata -se ha mostrado también eficaz en otros cánceres pero falta que nuevos estudios científicos lo avalen- es evidente. Los datos que lo certifican son excesivamente técnicos como para resumir toda la investigación pero ofrecemos los elementos más significativos:
En cuanto al producto: el informe parte de la convicción de que el valor medicinal del BIRM se debe a una variedad amazónica concreta de la planta Dulcámara cuyas características las definen los micronutrientes presentes en la tierra del Alto Amazonas donde crece.
En cuanto a los resultados: las pruebas "in vitro" demuestran que el BIRM no solo "inhibe la proliferación de las células cancerosas" sino que "provoca su muerte por apóptosis" (desintegración). Los estudios en ratas, por su parte, demostraron que "reduce el crecimiento del tumor y la metástasis espontánea a los pulmones."
Lo que todavía se ignora: el informe dice textualmente que"una caracterización bioquímica preliminar y un estudio cromatográfico sugirieron que habría al menos cuatro sustancias activas presentes en el BIRM, tres con actividad citotóxica y una con actividad inhibitoria. Aunque el mecanismo por el que puede inhibir la metástasis es en la actualidad desconocido nuestros resultados sugieren que el BIRM es un inhibidor potente de una clase de enzimas cuyos niveles han sido puestos en correlación con la progresión del cáncer de próstata. No hemos determinado todavía si las tres especies citotóxicas presentes en el BIRM tienen la misma composición química pero diferentes longitud de polímeros. No obstante, los cuatro ingredientes activos eran estables al calor y es improbable que fueran proteínas o compuestos lípido-solubles. La inhibición de crecimiento del tumor en el modelo de cáncer de próstata en rata siguiendo la administración oral de BIRM sugiere claramente que los ingredientes activos del BIRM son absorbidos en el tracto gastrointestinal."
Las certezas. Los resultados obtenidos se definen así en el informe: "La reducción en la incidencia del tumor (33%) y del número de focos del tumor en los pulmones (>80%) en los animales tratados con BIRM sugiere que el BIRM puede ejercer como antiproliferativo y anti-metastásico. Se estima que el 20-40% de pacientes inicialmente diagnosticado con cáncer de próstata tienen localmente la enfermedad avanzada ( fase C) o metástasis (fase D), y la cura de la metástasis todavía sigue siendo un desafío. Nuestra observación de que los cultivos celulares de cáncer de próstata tratados con BIRM mostraron una reducción significativa en la proliferación celular y sufrieron apóptosis indica que los ingredientes activos presentes en el BIRM tienen potencial para ser usados en el control avanzado del cáncer de próstata hormono-refractario. La muerte celular por apóptosis quizás sea uno de los mecanismos involucrados en la citotoxicidad inducida por el BIRM. El BIRM aumentó la apóptosis en tres líneas celulares de cáncer de próstata. Además de sus efectos citotóxicos, el BIRM se mostró como un inhibidor potente de metástasis. La dosis mínima recomendada de BIRM para el consumo humano es 4 ml/día (como se indica en la etiqueta de la botella ), una dosis significativamente más baja de la que se usó en el estudio actual. Nosotros basamos la dosificación a las ratas en nuestras observaciones sobre su eficacia 'in vitro'. No encontramos ninguna toxicidad notable en las ratas a una dosis de 4 ml/kg. Dado su efecto en el crecimiento del tumor y la metástasis así como su nula toxicidad la inclusión del BIRM como complemento al tratamiento standard tiene el potencial de reducir la progresión de la enfermedad."
Conclusión: "En resumen -dice el informe-, nuestro estudio constata que el BIRM muestra actividad citotóxica 'in vitro' contra ambos grupos de células de cáncer de próstata andrógeno-dependientes y andrógeno-independientes. Y más importante aún, reduce la incidencia del tumor, retarda su crecimiento y causa una reducción significativa en la metástasis en un modelo experimental de fase tardía de cáncer de próstata. Además, ninguna toxicidad se apreció en la administración continua de BIRM en un modelo con ratas vivas. Éstas útiles propiedades del BIRM indican que está garantizada una investigación más extensa de su mecanismo de acción y ensayos clínicos sobre su resultado en cánceres de próstata avanzados.".


Para más información:
Dr. Edwin Cevallos
E-mail: birm@andinanet.net
Web: http://www.aidsreliefs.com
Tlf.: 00 593 2 222 4669 o
00 593 2 222 9369



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