Diez
años después de que el médico Edwin Cevallos
ofreciera sin éxito a las autoridades sanitarias
españolas el BIRM -un producto natural extraído
de una planta amazónica- la revista Cancer
Chemotherapy and Pharmacology publicó
en junio pasado los excelentes resultados
obtenidos en su utilización contra el cáncer
de próstata. La investigación -impulsada por
la Escuela de Medicina de la Universidad de
Miami- ha confirmado que impide la multiplicación
de las células cancerosas e, incluso, la metástasis.
Esos resultados se han observado también en
cultivos de células cancerosas de colon y
recto así como en la leucemia.
Las
plantas son la "farmacia de Dios", el remedio
para la mayor parte de las dolencias y padecimientos
humanos. Lo saben hasta quienes intentan impedir
su comercialización. Lamentablemente, décadas
de ceguera -primero- y corrupción sanitaria
-después- propiciaron que muchos de los antiguos
conocimientos sobre ellas se hayan ido perdiendo
y, con ello, posibles soluciones a muchas
patologías. Afortunadamente, sin embargo,
empieza a recuperarse de forma paulatina el
respeto por sus posibilidades terapéuticas.
Eso sí, en unos lugares más rápidamente que
en otros porque en España seguimos a la espera
de la anunciada legislación sobre plantas
medicinales. Además, los administradores sanitarios
de nuestro país anuncian ya que nuestra normativa
legal será más restrictiva que la europea...
sin saber siquiera cómo será ésta. La excusa
de la "precaución", una vez más, se utilizará
para tratar de llevar al redil de las grandes
corporaciones industriales todo producto con
posibilidades terapéuticas. Es el caso de
muchos productos naturales que se sabe que
funcionan y a los que por eso se les quiere
dar la calificación oficial de "fármacos".
Para poder controlar su uso desde el poder
y para que el negocio quede en las mismas
manos de siempre ahora que la gente está dejando
de fiarse los medicamentos y busca remedios
naturales.
UN
POTENTE ANTICANCERÍGENO: EL "BIRM"
Pues bien, uno de esos
productos lleva más de un cuarto de siglo
esperando el reconocimiento oficial de su
eficacia y parece que, finalmente, el tesón
de su valedor va a tener premio. Hablamos
del BIRM, un producto obtenido de una planta
amazónica que acaba de recibir el primer respaldo
oficial para que un día le sean reconocidas
sus posibilidades terapéuticas, más allá de
la semiclandestinidad en la que ha estado
sobreviviendo.
En su número del pasado mes de junio la revista
Cancer Chemotherapy and Pharmacology publicaba
un artículo titulado Un extracto oral de
planta amazónica (BIRM) inhibe el crecimiento
del cáncer de próstata y la metástasis, un
riguroso estudio llevado a cabo por investigadores
de la Escuela de Medicina de la Universidad
de Miami en colaboración con el creador del
producto, el doctor Edwin Cevallos,
del Instituto de Tumores de Quito (Ecuador).
El equipo, tras investigar el BIRM, constató
que el producto tiene actividad citotóxica
"in vitro" en grupos de células de cáncer
de próstata, reduce la incidencia del tumor,
retarda su crecimiento y logra una reducción
significativa de la metástasis. Y todo ello
sin toxicidad alguna aun si es administrado
de forma continuada.
Diez años después de que se consiguiera su
actual configuración (en 1993) y 26 transcurridos
ya desde que se iniciaran las primeras investigaciones,
la Ciencia Oficial -enorme paquidermo de lentas
y condicionadas reacciones- ha confirmado
su eficacia dando así el primer paso legal
para su aprobación como medicamento.
Hay que añadir que más allá de semejante confirmación
-que no descubrimiento porque el producto
se ha estado consumiendo durante años como
suplemento dietético- este trabajo resulta
también especialmente significativo por una
razón importante: los investigadores reconocen
abiertamente en su introducción una realidad
que venimos sosteniendo en esta revista desde
que vio la luz: la limitada -cuando no inútil
y engañosa- respuesta de la medicina convencional
al problema del cáncer. Los autores del estudio
dicen textualmente lo siguiente: "El cáncer
de próstata es el cáncer maligno más frecuentemente
diagnosticado a los varones norteamericanos,
con una estimación de 189.000 nuevos casos
en el año 2002. Y la mayoría de las muertes
por cáncer de próstata, estimadas en 30.200
en el 2002, son probablemente el
resultado del fracaso de todos los tratamientos
convencionales actualmente disponibles"
(el subrayado es nuestro).
Los investigadores explican luego que por
eso muchos pacientes de cáncer de próstata
experimentan con terapias complementarias
a las oficiales y cada vez más "se mueven
hacia la medicina complementaria y alternativa
consumiendo extractos de plantas de culturas
tradicionales". Y añaden: "Nosotros nos hemos
encontrado con una de esas medicinas herbarias
naturales, el BIRM (modulador biológico de
la respuesta inmune), una sencilla solución
oral ecuatoriana procedente de un extracto
de planta amazónica que, formulada por el
médico Edwin Cevallos Arellano, ha
sido promovida en América del Sur y está basada
en el conocimiento local de la población nativa
ecuatoriana. Hoy se distribuye como remedio
natural para diversas enfermedades, incluidas
la infección por VIH y el cáncer (...) Por
eso decidimos evaluar la eficacia y sus efectos
antitumorales en un modelo de cáncer de próstata".
El doctor Balakrishna L Lokeshwar,
uno de los firmantes del estudio y miembro
del Departamento de Urología de la Escuela
de Medicina de la Universidad de Miami, contaría
a Discovery DSALUD la historia que
dio lugar a las investigaciones: "Un día,
un paciente del doctor Soloway (otro
de los firmantes del estudio) llamado Christian
de DeGatau von Frockenbeck, nos habló
del BIRM y nos dijo que un médico ecuatoriano
lo estaba recomendando para un gran número
de dolencias, incluyendo casos de personas
con leucemia. Añadió que él había estado tomándolo
durante un año y se sentía estupendamente.
Y agregó que si se lograra establecer la base
médica y científica del producto se podrían
beneficiar muchas otras personas de fuera
de Ecuador. Hasta comentaría que el anterior
presidente de Ecuador era paciente del Dr.
Cevallos y que éste llegó a afirmar en televisión
que seguía vivo gracias al BIRM. Así que decidimos
investigarlo científicamente. Desafortunadamente,
el señor DeGatau falleció en abril de este
año a causa de su cáncer de próstata; de ahí
que, como homenaje, le hayamos dedicado este
artículo". Cabe añadir que Christian DeGatau
se había sometido previamente a los tratamientos
oncológicos tradicionales y tenía el organismo
muy deteriorado y el sistema inmune deprimido.
Desgraciadamente, en España los enfermos de
cáncer no suelen informar a sus médicos cuando
siguen paralelamente tratamientos alternativos
a los oficiales porque la mayor parte de los
oncólogos regañan a quienes tal confiesan
por "sucumbir a semejantes engaños". Y, desde
luego, no suelen interesarse por la veracidad
de los comentarios de sus pacientes cuando
estos se atreven a hacerlos. En el caso que
nos ocupa, sin embargo, pudo más el rigor
científico -y la desesperación ante el fracaso
de los remedios convencionales- de los interlocutores
de Christian DeGatau, su necesidad de saber
cómo había sido posible tal mejoría en alguien
con cáncer de próstata tras tomar el BIRM.
Esa es también la razón de que se investigara
el producto en el tratamiento del cáncer de
próstata y no, por ejemplo, en el de colon,
en casos de leucemia o en enfermos de Sida.
RESULTADOS
DEL ESTUDIO
Los datos del estudio efectuado
en Miami son excesivamente técnicos por lo
que ofrecemos al lector sólo los elementos
más significativos en un recuadro. En todo
caso, de él se deduce la convicción de los
investigadores de que el valor medicinal del
BIRM se debe a una variedad amazónica concreta
de la planta Dulcámara cuyas características
las definen los micronutrientes presentes
en la tierra del Alto Amazonas donde crece.
En cuanto a las pruebas "in vitro" efectuadas,
demuestran que el BIRM no sólo "inhibe
la proliferación de las células cancerosas"
sino que "provoca su muerte por apóptosis"
(desintegración). Los estudios en ratas, por
su parte, demostraron que "reduce el crecimiento
del tumor y la metástasis espontánea a los
pulmones."
La caracterización bioquímica preliminar
y un estudio cromatográfico sugieren que hay
al menos cuatro sustancias activas presentes
en el BIRM: tres con actividad citotóxica
y una con actividad inhibitoria (el mecanismo
se desconoce pero los resultados sugieren
que el BIRM es un potente inhibidor de una
clase de enzimas cuyos niveles están relacionados
con la progresión del cáncer de próstata).
Parece claro también que los ingredientes
activos del BIRM son absorbidos en el tracto
gastrointestinal.
En resumen, el estudio constata que el BIRM
tiene actividad citotóxica 'in vitro' -tanto
en el caso de grupos de células de cáncer
de próstata andrógeno-dependientes como andrógeno-independientes-,
reduce la incidencia del tumor, retarda su
crecimiento y causa una reducción significativa
en la metástasis (demostrado en un modelo
experimental de fase tardía de cáncer de próstata).
Sin toxicidad alguna además.
Obviamente, los autores de la investigación
tienen pocas dudas de las enormes expectativas
que este estudio le ha abierto al BIRM en
el tratamiento del cáncer. El ya mencionado
doctor Balakrishna L. Lokeshwar nos manifestó
durante la elaboración de este reportaje:
"Se trata de un medicamento con un gran
potencial para tratar algunas formas de cáncer,
sólo o combinado con otras medicinas. Creo
que tiene especialmente grandes posibilidades
como tratamiento para el cáncer de vejiga
y de próstata. Sin embargo, habrá que hacer
una larga evaluación clínica antes de que
pueda prescribirse."
Y ese es precisamente el próximo objetivo
de los investigadores: recaudar los fondos
suficientes para llevar a cabo ensayos clínicos
más ambiciosos. "Estamos intentando empezar
con la experimentación clínica, primero como
coadyuvante en pacientes con cáncer de próstata
y vejiga. Planeamos conseguir algunos fondos
antes de poder empezar los experimentos clínicos.
También estamos procediendo a hacer más estudios
preclínicos sobre la naturaleza molecular
de las sustancias del BIRM que muestran actividad
anticancerígena. Pero hasta ahora se ha convertido
en una cuestión difícil de resolver, una nuez
dura de abrir".
UN
HOMBRE FELIZ
El doctor Edwin Cevallos
es en estos momentos -como el lector podrá
suponer- un hombre feliz, un médico esperanzado
y un científico satisfecho: "En octubre
del 2001 -nos diría- recibí un e-mail
de la Escuela de Medicina de la Universidad
de Miami escrito por un investigador de dicha
institución que se dedicaba exclusivamente
al cáncer de próstata. No sabía quién era
el inventor del BIRM pero sí que pacientes
con ese padecimiento obtenían el producto
desde Ecuador y mejoraban de su cáncer de
próstata. Así que le envié algo de producto,
lo puso en un cultivo de células de cáncer
de próstata refractario a todo tipo de tratamiento
y pudo ver, con sorpresa, cómo impedía la
multiplicación de las células cancerosas y,
además, impedía que se formara una enzima
que favorece las metástasis. Lo mismo que
ya habíamos observado nosotros en anteriores
investigaciones en cultivos de células de
cáncer de colon, recto y leucemia. Me pidió
entonces información sobre el BIRM y entre
octubre del 2001 y marzo del 2002 efectuaron
un completo estudio tanto' in-vitro' como
en animales. Fue entonces cuando me invitaron
a tener una reunión con los miembros del Departamento
de Urología de la Escuela de cara a iniciar
las pruebas en seres humanos, pruebas que
finalizaron en octubre del pasado año. Recuerdo
aún las palabras que al terminar aquella reunión
me dijo el Jefe del Servicio de Urología:
'En el país donde vives esta maravilla
ha permanecido en silencio durante 26 años;
Edwin, esto saldrá a la luz en todo el mundo
en 6 meses'".
No mintió. Pocos meses después la comunidad
internacional está ya al tanto de las posibilidades
del BIRM. Puede que sea el principio del fin
de la larga batalla personal emprendida por
el doctor Cevallos hace ya 26 años, teniendo
siempre muy claro que el hecho de ser ecuatoriano
iba a jugar en su contra para tratar de reclamar
la atención que el producto merecía: "En
nuestro continente -nos confesaría- existe
un sentimiento peyorativo que nos lleva a
creer que somos incapaces de descubrir algo
porque nuestros países carecen de la capacidad
económica y de los equipos adecuados para
hacer investigación. Sin embargo, el BIRM
ha sido ahora investigado en Estados Unidos
mereciendo un estudio exhaustivo de dos años.
Incluso se ha hecho la comparación de esta
sustancia con las tradicionales y el BIRM
sale claramente favorecido. Debo añadir que,
por el contrario, es bien evidente que en
este proceso no nos ha favorecido ser ecuatorianos.
Y tampoco lo ha hecho el nombre: BIRM. Quizás
un nombre que hubiera sido mucho más difícil
de pronunciar nos hubiera ayudado más a la
hora de ser escuchados".
Seguro que el doctor Cevallos ha recordado
más de una vez las palabras del doctor e investigador
colombiano Manuel Patarroyo -Premio
Príncipe de Asturias de Investigación Científica
en 1994 por su descubrimiento de la vacuna
contra la malaria- quién se llegó a mostrar
públicamente decepcionado por el trato recibido
por la Organización Mundial de la Salud con
él y con su país. Patarroyo -pionero en los
enfrentamientos con las multinacionales farmacéuticas-
llegó a afirmar que había tenido que afrontar
muchos problemas pese a demostrar que su vacuna
funciona"por ser un investigador hispanoparlante".
Para los gurús de la ciencia oficial -normalmente
radicados en los países del Norte-, ser ecuatoriano
o colombiano no parece compatible con ser
investigador. Y mucho menos con conseguir
importantes logros científicos. Aparentemente,
para algunos, si se es pobre no se puede ser
inteligente.
LA
HOSTIL ESTRUCTURA SANITARIA ACTUAL
En definitiva, la batalla
para lograr el reconocimiento científico de
la eficacia del BIRM ha sido dura ya que se
ha visto frenada en muchas ocasiones por los
grandes intereses comerciales. Nos lo reconocía
el propio doctor Cevallos: "Esperábamos
la resistencia. A fin de cuentas, el mundo
actual posee hoy una estructura social, sanitaria
y farmacéutica que ha maniatado hasta la libertad
que tenía antes el médico para proceder según
sus conocimientos y su conciencia, y que es
a lo que está además obligado según su declaratoria
hipocrática. Y, sin embargo, ¡pobre de aquel
médico que se salga hoy de lo oficialmente
establecido y aprobado u ose pensar, por ejemplo,
en utilizar otra cosa que los cócteles autorizados
para combatir el Sida! ¡Pobre también de aquél
que estando dentro de una institución hospitalaria
estudie otras alternativas! ¡Y pobre de aquel
paciente que, en uso de su libertad, pretenda
probar una medicina que no haya sido catalogada
como válida por las instituciones! Tras ingresar
en cualquier centro hospitalario -por lo que
de por sí será ya tratado como un paria si
padece el Sida-, si reconoce el uso de cualquier
otra medicina o sustancia que a él le ha parecido
satisfactoria puede ser abandonado, cuando
no vejado. También está la propia discriminación
económica. La situación en todo tipo de enfermedad
tiene un interés básico, que es el asunto
económico; y ese interés económico hace que
se retarde todo lo que se pueda el dar una
oportunidad a nuevos productos. En ese contexto
puede entenderse el que no se quiera reconocer
este tipo de tratamientos, seguramente porque
no está hecho por los grandes laboratorios,
las grandes empresas, los grandes trusts.
Las peregrinaciones que hemos hecho han tenido
la finalidad de que alguien diga: 'Eso
no sirve. Es mentira. Es una falacia. No tiene
los estudios preceptivos. A ese estudio le
falta ese dato o ese otro..." En fin, cualquier
cosa que nos obligara a volver a demostrar
todo. Hoy, tras 26 años de recorrer centros
científicos internacionales, ya no tienen
nada que objetar. Sólo se enfrentan al escepticismo
de que un investigador sudamericano haya logrado
un medicamento que estimula el sistema inmune.
Pues bien, yo les digo a los médicos que el
sueño de los alquimistas de este siglo ya
está aquí porque el BIRM ha demostrado ser
capaz incluso de convertirse en el principal
enemigo del cáncer y el Sida".
Tras 26 años de investigación, las propiedades
del BIRM -tal y como son presentadas por el
doctor Edwin Cevallos- pueden resumirse de
la siguiente manera:
a) Muestra
efectividad y eficacia en la lucha contra
el cáncer. y en el control del Sida.
b) Es
inmunomodulador (por eso ayuda al sistema
defensivo del enfermo de Sida) y inmunoestimulador
clásico.
c) Carece
de efectos colaterales, no es tóxico y reúne
los requisitos de la medicina ideal según
la OMS. Y es que se trata de un producto de
sabor agradable que carece de efectos indeseables,
se tolera bien incluso en tratamientos de
larga duración, no interactúa con otros medicamentos,
puede ser utilizado por personas de cualquier
edad y mantiene el efecto estimulante e inmunomodulador
en el organismo del paciente de forma sostenida.
"Lo que el BIRM hace -nos diría el
doctor Cevallos- es elevar las defensas
del organismo por lo que, consecuentemente,
es útil en numerosas enfermedades, incluidas
las consideradas incurables hasta hoy como
el cáncer o el Sida. Y sus resultados demuestran
lo inteligente que resulta la decisión de
volver los ojos hacia la Naturaleza, que es
el medio natural y lógico en el que buscar
las sustancias ideales para tratar todas las
enfermedades. Estoy seguro de que después
de la publicación de este artículo científico
se va a producir un gran impulso para entrar
en esa atmósfera tan especial de tipo científico
y universal que al final es la que da el aval
para que un producto pueda estar al
alcance del mundo entero".
Y añade: "Este producto, a diferencia de
los productos tradicionales, inició sus pruebas
de eficacia en pacientes desahuciados, aquellos
que tenían menos de 100 linfocitos CD-4, muchos
de ellos con 50 e, incluso, alguno casi con
cero. En esta fase nadie se atreve a dar ningún
tratamiento y ningún laboratorio se atrevería
a probar ningún producto. Todos sabemos que
los laboratorios prueban sus productos en
gente seleccionada en la que, de antemano,
sabe que la respuesta va a ser positiva. Pues
bien, en ese grupo de pacientes moribundos,
terminales, pudimos obtener una respuesta,
en un tiempo controlado de 28 meses, de aumento
de los CD-4; y conforme a ese aumento, unas
mejores condiciones generales y de calidad
de vida. Ahora ya tenemos experiencia con
pacientes seropositivos y con pacientes portadores
del VIH que todavía no han desarrollado patología
alguna. Y debo decir que esta sustancia permite
que estos pacientes se mantengan en condiciones
de normalidad de forma indefinida. Y no se
trata de un milagro, es que la sustancia es
un hidrato de carbono, un azúcar, una sustancia
que necesita tanto del virus como de la célula
para vivir; por eso el virus no muta. Esa
es la razón de que pueda mantenerse indefinidamente
esa situación. Los pacientes con patologías
relacionadas con el Sida no sólo se han mantenido
sino que han subido sus linfocitos a límites
de 700 y 800 y los ha vuelto seropositivos.
Esta es la mejor demostración de la bondad
de este producto y de la permanencia beneficiosa
que tiene en el organismo de los pacientes.
Tenemos resultados en los que hemos podido
llegar a negativizar la presencia del virus
en el torrente sanguíneo igual que se está
haciendo con los nuevos cócteles. Todos estos
resultados han sido conseguidos obviamente
fuera de Ecuador porque aquí no contamos con
la tecnología necesaria para este tipo
de exámenes."
Puede parecer una exageración pero son
los mismos argumentos que el doctor Cevallos
ha mantenido durante los últimos años referidos
al cáncer y que ahora, por fin, parecen encontrar
el respaldo, no ya de sus pacientes sino de
los científicos. Habrá que darle pues al menos,
después de 26 años, el beneficio de la duda.
¿Quién querrá poner los medios necesarios
para una investigación seria, sin dilaciones
y con la garantía de que la patente no acabe
en un cajón?.
Antonio Muro
QUIÉN
ES EDWIN CEVALLOS
Nacido en Quito y licenciado
en Medicina por la Universidad Central de
Quito (Ecuador), el doctor Edwin Cevallos
se especializó en Oncología Médica y Radioterapia
en el Instituto Mexicano de la Seguridad Social.
Actualmente es Jefe del Servicio de Oncología
Médica y Radioterapia del Hospital Metropolitano
de Quito y director del Instituto de Tumores.
En 1976, mientras se formaba en México, Cevallos
observaría que el 30% de los fármacos que
se utilizaban como quimioterapéuticos en la
lucha contra el cáncer eran productos de origen
vegetal que posteriormente se sintetizaban.
Es decir, que las plantas constituían el pilar
de buena parte de la Quimioterapia que se
utiliza en el mundo. Y cayó en la cuenta de
que su país, por su ubicación geográfica,
poseía una enorme variedad de plantas, muchas
ya estudiadas y listas para ser analizadas,
aislar sus principios activos y aprovechar
las propiedades que tradicionalmente se les
adjudicaban. Así que se embarcó en el ímprobo
trabajo de investigar en solitario.
Ese mismo año comenzaría a estudiar las propiedades
terapéuticas de la Dulcamara -una planta
amazónica tradicionalmente utilizada por los
indígenas de la que se conocen al menos dieciséis
variedades- en enfermos de cáncer tratados
con quimioterapia y radioterapia. Con sorprendentes
buenos resultados. Cuál de las variedades
fue exactamente el origen del BIRM es el secreto
mejor guardado del doctor Cevallos; su "gran
secreto".
Luego, con el tiempo, constató que la administración
de una mezcla de plantas conseguía que las
cifras de leucocitos en los pacientes tratados
con Quimioterapia no sufrieran disminuciones
severas al tiempo que los mantenía en un buen
estado general, algo que pudo verificar clínicamente
de forma analítica.
Los resultados obtenidos le llevarían doce
años después -en 1988- a comenzar los ensayos
clínicos del producto en enfermos de Sida
logrando verificar las propiedades inmunomoduladoras
e inmunoestimulantes que le presuponía. En
1990 incluiría en el preparado la savia de
una variedad silvestre de la Palma africana
y, de forma simultánea, comienza a realizar
ensayos en Estados Unidos que confirmarían
todas sus hipótesis.
El Colegio Médico de Ecuador, tras estudiar
el protocolo científico preceptivo y después
de diversas investigaciones de expertos locales
y norteamericanos, otorgaría plena validez
en septiembre de 1993 a sus estudios sobre
el BIRM. Gracias a ello sus conclusiones llegarían
a los congresos sobre Sida celebrados en Japón
y Vancouver donde fueron admitidos... pero
también ignorados.
Hay que decir que su trabajo en este ámbito
supone una vía intermedia en el actual debate.
Hoy Cevallos trabaja con la hipótesis viral
del origen del Sida pero, sin embargo, es
implacable a la hora de analizar los tratamientos
convencionales: "El error de los actuales
tratamientos está, para empezar, en el hecho
de que un sujeto con el virus de la inmunodeficiencia
tiene totalmente caotizado su sistema inmunitario.
¿Cómo puede concebirse, pues, que a alguien
que está agotado encima le den sustancias
tóxicas? Los resultados están a la vista.
Nunca la humanidad ha presenciado como ahora
el emerger de las enfermedades infecciosas
oportunistas a niveles tan catastróficos".
Edwin Cevallos, en suma, apuesta en el caso
del Sida por lo contrario de lo que hoy se
está haciendo: defender la célula, protegerla,
blindarla ante cualquier ataque. Con productos
naturales que no ataquen los ya maltrechos
organismos de esos enfermos.
ESPAÑA
PIERDE SU OPORTUNIDAD
En abril de 1995 el doctor
Edwin Cevallos se entrevistó en Madrid
con el doctor Arce, asesor del entonces
Subsecretario de Sanidad, entregándole un
dossier completo con los resultados de sus
investigaciones en un intento de que fuera
nuestro país el que, tras realizar los correspondientes
seguimientos en los grandes centros hospitalarios,
apadrinara el producto. Nunca más volvió a
saber de nuestras autoridades sanitarias.
No mucho más caso le hicieron en esos momentos
las principales asociaciones de enfermos del
Sida de nuestro país a quienes trató de presentar
el producto buscando apoyos ante la Administración.
A pesar de ese desinterés, Cevallos volvería
a nuestro país.
Un año después -en noviembre de 1996- tendría
lugar en Quito el I Congreso sobre el BIRM,
en el que el Gobierno ecuatoriano dio su respaldo
oficial al producto. A él acudieron distintos
especialistas iberoamericanos que habían trabajado
con el producto obteniendo buenos resultados.
Las conclusiones del congreso fueron sólo
publicadas entonces en España por la revista
Mas allá de la Ciencia que dirigía
el hoy director de esta revista, José Antonio
Campoy, comprometido ayer como hoy en
la búsqueda de tratamientos menos agresivos
que ayuden a los pacientes de cáncer o Sida.
Finalmente, la inestabilidad política que
ha acompañado a Ecuador en los últimos años
y sus escasos recursos económicos impedirían
que ese apoyo se transformara en estudios
científicos rigurosos. Sin embargo, aquel
reportaje tuvo sus efectos en el campo de
nuestra investigación: un bioquímico español
interesado en los efectos del BIRM y en los
antígenos urinarios del doctor mexicano Salvador
Capistrán comenzó meses después una serie
de contactos personales que le acabaron llevando
a convencer a su universidad -un centro público
madrileño- a realizar los estudios preceptivos
necesarios para que, llegado el caso, se pudiera
obtener su patente como medicamento. Lamentablemente
para nuestro investigador, para la universidad
que había ofrecido un acuerdo de colaboración
único y para nuestro país, la investigación
se interrumpió de forma inexplicable. El respaldo
oficial de la universidad no sirvió para vencer
las excesivas precauciones del doctor Cevallos,
siempre sometido a un doble impulso: por un
lado, obtener el reconocimiento internacional
y oficial del BIRM como medicamento natural
de múltiples posibilidades; por otro, ser
precavido ante todo aquel que se acerca al
producto -a veces hasta el exceso- por miedo
a que, en alguna de sus muchas maniobras,
la industria farmacéutica se lo arrebate.
La relación sufrió un distanciamiento que
se convirtió en insalvable a pesar de la seriedad
de quien llevaba a cabo la investigación en
nuestro país. Nos consta que en todo momento
pretendió proteger al producto y al investigador,
y si no se publicaron algunos resultados muy
esperanzadores fue precisamente con la intención
de evitar maniobras indeseables sobre el producto
hasta que no estuviera completamente definida
su estructura. El caso es que el proceso entró
en vía muerta y, finalmente, el doctor Cevallos
decidió dejar la vía española. En cualquier
caso, la experiencia abrió un campo de investigación
en esa universidad sobre el mundo de las plantas
que, a no pasar muchos meses, podría dar buenos
resultados con otros productos y mezclas naturales
y propios de culturas indígenas.
Proteger en exceso el gran secreto, quizás
una mala percepción, una expresión incorrecta,
un malentendido enquistado en la distancia
entre dos continentes, una falta de comprensión
de los pasos necesarios a dar cuando se está
bajo la tutela del dinero público -cualquiera
de estas razones- se cruzó en el camino del
doctor Cevallos. Y quizás pensando en que
el proceso sería mucho más rápido o más seguro
en una universidad norteamericana, ante la
frustración de muchos se abandonó la "vía
española". Sin embargo, con suponer esta decisión
una decepción para el equipo de investigadores
que apostó por impulsar el desarrollo del
BIRM desde España, lo importante es que el
primer paso hacia su validación científica
como arma terapéutica contra el cáncer se
ha dado por fin. El análisis que los investigadores
madrileños nos hicieron del estudio norteamericano
fue, a pesar de lo sucedido anteriormente,
desapasionado: "El trabajo está muy bien
-se nos diría- . Hecho como debe ser;
con rigor y criterio para que no haya dudas.
Los planteamientos y discusión de resultados
son coherentes. Se observa claramente que
puede haber actividad contra el cáncer de
próstata" .
Queda abierta pues la posibilidad de que algún
día una nueva fuente de salud llegue a enfermos
de todo el mundo además de ser generadora
de riqueza para un país muy necesitado de
ella. Los dos problemas básicos que presenta
esta planta son incluso ventajosos para el
gobierno ecuatoriano: por un lado -según su
creador-, la planta origen del producto no
puede sintetizarse porque el resultado es
tóxico; y, por otro, sólo crece bajo ciertas
condiciones ambientales, a cierta temperatura,
con un cierto grado de humedad y en un determinado
suelo. Ambos factores benefician el desarrollo
natural del producto. Según las cifras que
el propio gobierno ecuatoriano barajó en el
Congreso de Quito, las proyecciones realizadas
por economistas indican que la exportación
del BIRM podría generarle al Ecuador unos
ingresos de 14.000 millones de dólares al
año en divisas.
Conclusiones
del estudio sobre la eficacia del BIRM en
cáncer de próstata
La eficacia del BIRM en
el cáncer de próstata -se ha mostrado también
eficaz en otros cánceres pero falta que nuevos
estudios científicos lo avalen- es evidente.
Los datos que lo certifican son excesivamente
técnicos como para resumir toda la investigación
pero ofrecemos los elementos más significativos:
En cuanto al producto:
el informe parte de la convicción
de que el valor medicinal del BIRM se debe
a una variedad amazónica concreta de la planta
Dulcámara cuyas características las
definen los micronutrientes presentes en la
tierra del Alto Amazonas donde crece.
En cuanto a los resultados:
las pruebas "in vitro" demuestran
que el BIRM no solo "inhibe la proliferación
de las células cancerosas" sino que "provoca
su muerte por apóptosis" (desintegración).
Los estudios en ratas, por su parte, demostraron
que "reduce el crecimiento del tumor y
la metástasis espontánea a los pulmones."
Lo que todavía se
ignora: el informe dice textualmente
que"una caracterización bioquímica preliminar
y un estudio cromatográfico sugirieron que
habría al menos cuatro sustancias activas
presentes en el BIRM, tres con actividad citotóxica
y una con actividad inhibitoria. Aunque el
mecanismo por el que puede inhibir la metástasis
es en la actualidad desconocido nuestros resultados
sugieren que el BIRM es un inhibidor potente
de una clase de enzimas cuyos niveles han
sido puestos en correlación con la progresión
del cáncer de próstata. No hemos determinado
todavía si las tres especies citotóxicas presentes
en el BIRM tienen la misma composición química
pero diferentes longitud de polímeros. No
obstante, los cuatro ingredientes activos
eran estables al calor y es improbable que
fueran proteínas o compuestos lípido-solubles.
La inhibición de crecimiento del tumor en
el modelo de cáncer de próstata en rata siguiendo
la administración oral de BIRM sugiere claramente
que los ingredientes activos del BIRM
son absorbidos en el tracto gastrointestinal."
Las certezas.
Los resultados obtenidos se definen así en
el informe: "La reducción en la incidencia
del tumor (33%) y del número de focos del
tumor en los pulmones (>80%) en los animales
tratados con BIRM sugiere que el BIRM puede
ejercer como antiproliferativo y anti-metastásico.
Se estima que el 20-40% de pacientes inicialmente
diagnosticado con cáncer de próstata tienen
localmente la enfermedad avanzada ( fase C)
o metástasis (fase D), y la cura de la metástasis
todavía sigue siendo un desafío. Nuestra observación
de que los cultivos celulares de cáncer de
próstata tratados con BIRM mostraron una reducción
significativa en la proliferación celular
y sufrieron apóptosis indica que los ingredientes
activos presentes en el BIRM tienen potencial
para ser usados en el control avanzado del
cáncer de próstata hormono-refractario. La
muerte celular por apóptosis quizás sea uno
de los mecanismos involucrados en la citotoxicidad
inducida por el BIRM. El BIRM aumentó la apóptosis
en tres líneas celulares de cáncer de próstata.
Además de sus efectos citotóxicos, el BIRM
se mostró como un inhibidor potente de metástasis.
La dosis mínima recomendada de BIRM para el
consumo humano es 4 ml/día (como se indica
en la etiqueta de la botella ), una dosis
significativamente más baja de la que se usó
en el estudio actual. Nosotros basamos la
dosificación a las ratas en nuestras observaciones
sobre su eficacia 'in vitro'. No encontramos
ninguna toxicidad notable en las ratas a una
dosis de 4 ml/kg. Dado su efecto en el crecimiento
del tumor y la metástasis así como su nula
toxicidad la inclusión del BIRM como complemento
al tratamiento standard tiene el potencial
de reducir la progresión de la enfermedad."
Conclusión:
"En resumen -dice el informe-, nuestro
estudio constata que el BIRM muestra actividad
citotóxica 'in vitro' contra ambos grupos
de células de cáncer de próstata andrógeno-dependientes
y andrógeno-independientes. Y más importante
aún, reduce la incidencia del tumor, retarda
su crecimiento y causa una reducción significativa
en la metástasis en un modelo experimental
de fase tardía de cáncer de próstata. Además,
ninguna toxicidad se apreció en la administración
continua de BIRM en un modelo con ratas vivas.
Éstas útiles propiedades del BIRM indican
que está garantizada una investigación más
extensa de su mecanismo de acción y ensayos
clínicos sobre su resultado en cánceres de
próstata avanzados.".
Para
más información:
Dr. Edwin Cevallos
E-mail: birm@andinanet.net
Web:
http://www.aidsreliefs.com
Tlf.:
00 593 2 222 4669 o
00
593 2 222 9369