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| LOS
TELÉFONOS MÓVILES SON PELIGROSOS PARA LA SALUD |
Los teléfonos móviles
son potencialmente peligrosos para la salud.
Incluso cuando los llevamos encima conectados
aunque no estemos hablando por ellos. Y lo
mismo ocurre con las estaciones de telefonía
móvil. Los estudios al respecto dejan lugar
a pocas dudas. Luego, ¿por qué no se informa
a la gente de ello? ¿Por qué se permite que
las personas expongan tan alegremente la salud?
¿Cuántas voces han sido silenciadas por este
billonario negocio?
¿Le gustaría participar como conejillo de
Indias o cobaya en una investigación a escala
planetaria sobre los posibles efectos negativos
de las microondas en el ser humano? Pues lo
tiene fácil. Basta con que se acerque a alguna
de las numerosísimas y relucientes tiendas
de telefonía móvil y se deje seducir por el
más moderno y sofisticado aparatito de comunicación
inalámbrica. Es más, en el caso de que ya
disponga de teléfono móvil -sobre todo si
lleva meses o años usándolo con regularidad-,
mucho mejor porque su información resultará
aún más valiosa ya que el estudio -coordinado
por la Organización Mundial de la Salud- pretende
evaluar los posibles daños o alteraciones
achacables a la exposición prolongada a las
diferentes intensidades y altas frecuencias
(del rango de los 900 megahercios en la telefonía
móvil).
¿QUÉ SABEMOS DE
VERDAD DE LOS DAÑOS?
¿Y qué se sabe
respecto de los posibles daños en la salud
humana de tales radiaciones? Pues si atendemos
a las investigaciones llevadas a cabo por
organismos y laboratorios independientes -obviamente,
no a las financiadas por las propias compañías
con intereses en la telefonía móvil-, la mayoría
nos hablan de resultados más bien preocupantes
cuando no alarmantes. Porque entre los varios
efectos constatados se observa recalentamiento
celular en la zona del cerebro cercana a la
antena del teléfono móvil, ruptura cromosómica,
extraños picos de actividad neuronal en zonas
habitualmente poco activas del cerebro (revelados
en los encefalogramas), cambios en la presión
arterial del cerebro mientras se usa el aparato,
trastornos del sueño, cefaleas y alteraciones
coronarias.
En realidad, las propias compañías de telefonía
móvil y las empresas fabricantes de aparatos
son conscientes de los problemas generados
por el uso de los teléfonos móviles y también
los que provocan la proximidad de las antenas
celulares. Otra cosa es que públicamente la
mayoría no lo reconozcan.
Algunas sí lo hacen y se están gastando importantes
sumas en intentar paliar los efectos nocivos
pero les está resultando muy difícil ya que
los prototipos de pantallas de protección
colocadas entre la antena y la cabeza del
usuario, si bien reducen significativamente
la radiación recibida, tienen el inconveniente
de restringir considerablemente la cobertura
del móvil, en ocasiones hasta el extremo de
hacerlo inoperativo.
LOS DATOS SON CONCLUYENTES
En investigaciones
de laboratorio llevadas a cabo con ratones
expuestos a las emisiones intermitentes y
periódicas de un teléfono móvil se constataron
cambios significativos en los ciclos circadianos
(períodos regulares de sueño y vigilia) así
como preocupantes mutaciones genéticas potencialmente
cancerígenas (ver recuadro).
Con lo que la pregunta que a todos se nos
viene a la cabeza al saber esto es: ¿y
por qué si se constatan evidencias de efectos
negativos o potencialmente negativos -tanto
a corto como a largo plazo- de la exposición
a las microondas emitidas por los teléfonos
móviles no se advierte a los usuarios de los
posibles riesgos a los que se exponen (como
sucede con el tabaco) para que al menos limiten
su uso? O, aún más: ¿por qué no se legisla
al respecto para minimizar los daños en la
salud pública?
El tema es sumamente complejo y, por desgracia,
existen demasiados intereses cruzados. De
hecho, uno de los más importantes y significativos
estudios -realizado en Australia en 1995-
no vio la luz pública hasta 1997 cuando fue
publicado por la revista Microwave News.
El experimento, realizado con cien ratones
transgénicos especialmente sensibles a los
linfomas y que fueron expuestos a radiaciones
pulsantes de 900 mhz. en períodos de 30 minutos
diarios durante 18 meses, mostró que el 43%
desarrolló un linfoma mientras que eso sólo
ocurrió en un 22% de los ratones de control,
no expuestos a las microondas.
El Dr. Michel Repacholi y sus coautores
calificaron de "altamente significativo" este
aumento en la tasa de incidencia de linfoma,
añadiendo que era muy improbable que la mayor
rapidez en desarrollar cáncer se debiera a
la casualidad.
Bueno -se preguntará el lector-, ¿y por qué
un estudio que no ha podido ser contestado
tardó dos años en publicarse habiéndose negado
a ello otras revistas científicas de prestigio
como Lancet, Nature o Science? Repacholi
explica que su estudio fue rechazado por tales
revistas alegando que los resultados crearían
"pánico" y que preferían esperar a repetir
el experimento.
Pero lo más triste de todo, lo verdaderamente
lamentable en este terreno, es que -desde
entonces- cada vez que se hace público algún
informe relativo a los daños que provocan
en la salud los teléfonos móviles (o los campos
electromagnéticos en general), se ponen en
marcha unos singulares y conocidos mecanismos
de contrarrestación del impacto social.
Es decir, por un lado, las empresas afectadas
consiguen -poderoso caballero es Don Dinero-
que "prestigiosos expertos" y "científicos
de renombre" cuestionen públicamente esas
investigaciones y las descalifiquen automáticamente.
Paralelamente, logran que los medios de comunicación
no se hagan eco de tales noticias o que, cuando
aparecen, sea de forma breve y a horas de
poca audiencia (en radio y televisión), a
veces con comentarios sarcásticos del presentador,
o bien en pequeños recuadros escondidos en
las páginas menos relevantes de los medios
escritos. Ya se sabe: el dinero de la publicidad
es sagrado.
SUMERGIDOS EN UN
MAR DE RADIACIONES
Es verdad que
los seres vivos del planeta Tierra hemos estado
a lo largo de toda la evolución expuestos
a muy diversas radiaciones electromagnéticas
-terrestres, solares o cósmicas- pero no es
menos cierto que los niveles de intensidad
de determinadas frecuencias se han visto multiplicados
por cientos, miles o millones de veces en
lo que va de siglo.
Nuestro espacio vital actual está repleto
de ondas electromagnéticas de baja y alta
frecuencia de procedencia totalmente artificial.
Entre las de baja frecuencia, hallamos fuentes
tan familiares como las líneas de alta tensión,
los transformadores eléctricos, las instalaciones
eléctricas domésticas, los electrodomésticos,
las maquinarias eléctricas y todos los equipos
informáticos -sobre todo, los ordenadores
con pantalla de tubo catódico-. Y, entre las
ondas de alta frecuencia (HF), tenemos las
emisoras de radio y de televisión, las emisoras
de radioaficionados o de uso civil -policía,
ambulancias, transportistas, transmisión de
datos...- y las redes de telefonía móvil,
de control de tráfico aéreo -con sus radares-
y los cada vez más numerosos satélites de
telecomunicaciones, bien meteorológicos, bien
militares. A lo que deberemos sumar los mecanismos
de mando a distancia por ondas de radio y
los sistemas de vigilancia "permanente".
En suma, un panorama que puede resultar abrumador
si investigamos a fondo las implicaciones
sobre la salud física, mental e, incluso,
emocional o espiritual de la exposición puntual
o permanente a tales ondas electromagnéticas.
ESTRATEGIAS DE DISTRACCIÓN
Y aseguramos al
lector que no pretendemos ser catastrofistas
ni crear falsas alarmas angustiando más aún
(si ello es posible) al indefenso ciudadano.
Nos limitamos a hacer patentes la apatía y
el desdén (cuando no se trata de estrategias
bien calculadas) que, por parte de los estamentos
públicos y políticos, existe en este ámbito.
Es más, parece que se prefiere correr una
cortina de humo y tranquilizar a la gente
utilizando eslóganes como los de "no existen
suficientes evidencias de tales efectos nocivos
sobre la población" y "hay que seguir
investigando". Afirmaciones que se hacen
para quitarse al asunto del medio y tranquilizar
a la gente porque lo cierto es que luego resulta
que tales investigaciones no se hacen ya que
se destina poco o nulo presupuesto para ellas.
Como muestra, un botón: cuando el PSOE presentó
una proposición no de Ley por la que se instaba
al Gobierno a iniciar estudios para comprobar
los posibles efectos nocivos producidos por
las radiaciones procedentes de las antenas
de telefonía móvil, la propuesta fue rechazada
por la Comisión de Sanidad del Congreso por
15 votos a favor y 21 en contra alegando que
"ahora no hay urgencia especial porque
no se ha demostrado determinantemente el riesgo
de tales aparatos". Y lo que sí está claro
de verdad es que si no se investiga nunca
podrá demostrarse nada en absoluto. La única
esperanza por parte del partido en el Gobierno
la dan las afirmaciones del diputado popular
Federico Souvirón, al declarar que
"España adoptará las medidas y aplicará las
directrices que puedan resultar de los estudios
internacionales". Aunque reflejen de nuevo
aquello de "que investiguen otros".
EL SILENCIO DE LOS
MEDIOS DE COMUNICACIÓN
En definitiva,
es así cómo -mediante el debate que supuestamente
enfrenta a quienes afirman o niegan los peligros
para la salud de las radiaciones electromagnéticas
de alta frecuencia y, especialmente, del uso
de teléfonos móviles y la presencia cercana
a la vivienda de antenas celulares- van pasando
los años y nadie se atreve a tomar posturas
claras en un asunto que mueve billones de
pesetas y esconde fuertes intereses comerciales.
Por ello no resulta extraño que el reciente
informe presentado en mayo pasado a la opinión
pública por la BBC inglesa, que revela efectos
cancerígenos por exposición a las radiaciones
de microondas de los teléfonos móviles haya
sido prácticamente ignorado por la mayoría
de los medios de comunicación, enterrándose
bajo la avalancha de noticias "primera página"
sobre Kosovo, las campañas políticas o los
fraudes relevantes. El informe, elaborado
por el Dr. Lennart Mardell, oncólogo
sueco de renombre, concluye que el riesgo
de tumor cerebral se multiplica casi por 2,5
en quienes utilizan teléfonos móviles, razón
por lo que aboga por la utilización de aparatos
de baja radiación. En el mismo documental
de la BBC se menciona un segundo estudio realizado
en Estados Unidos (aún no publicado) que revela
un aumento significativo del riesgo de desarrollar
un tumor cerebral. Pues bien, de ninguno de
ambos informes se ha hecho eco casi nadie
en España.
Ya en otro documental de la BBC emitido dos
años antes -en 1997-, John Holt, cirujano
radioterapeuta en Darwin (Australia), afirmaba
tener evidencias de la relación entre la evolución
de ciertos cánceres situados al nivel de la
cabeza y el teléfono móvil, habiendo constatado
particularmente en veinte de sus pacientes
que el cáncer evolucionaba más rápido -hasta
en un 20%- con la cercanía. Células que se
recuperaban vitalmente cuando eran alejadas
del teléfono móvil. Evolución más rápida que
tenía que deberse necesariamente -según John
Holt- al calentamiento de las células por
las microondas de los portátiles.
Claro que llueve sobre mojado. Porque, ¿alguien
se enteró o recuerda la noticia del Washington
Post del 25 de Junio de 1998 sobre los
peligros de las torres de telefonía móvil?
Pues textualmente decía: "Según fuentes
científicas independientes, los EMF's emitidos
por las típicas torres de telefonía móvil
que nos rodean cada vez más, tanto en las
ciudades como en el medio rural, deberían
ser consideradas como posible "cancerígeno
humano", por lo que tanto las instituciones
como las empresas deberían tomar medidas."
"Los veintiocho miembros del Comité Internacional
reunidos en el Instituto Nacional para el
Desarrollo de la Salud y la Ciencia, con sede
en Minneápolis hicieron una votación en la
cual 19 de los votos fueron a favor de que
son posibles "cancerígenos humanos", 8 no
encontraron clasificación y sólo uno de los
votantes dijo que los EMF's no eran causantes
de cáncer en los humanos."
Vistas las muchas evidencias sobre los
riesgos potenciales del uso de teléfonos móviles
se impone la máxima prudencia a la hora de
hacer uso de ellos, limitándolos a las circunstancias
en que resulten imprescindibles y, a ser posible,
utilizando los sets de manos libres, compuestos
de un cable provisto de micrófono y audífono
que permiten alejar de la cabeza el teléfono
móvil y la dañina antena emisora.
Las recomendaciones "pseudocientíficas" que
aconsejan usar el teléfono móvil en posición
diagonal con respecto al eje de la cabeza
no resuelven el problema pues, aunque reducen
ligeramente la dosis de radiación recibida
por el cerebro, estas dosis siguen siendo
considerablemente altas y potencialmente perjudiciales.
TAMBIÉN LAS TORRES
DE TELEFONÍA MÓVIL SON PELIGROSAS
También existen
claros indicios de que las radiaciones emitidas
no ya por los teléfonos móviles sino por las
estaciones de telefonía móvil son altamente
perjudiciales para la salud. Se trata de radiaciones
de alta frecuencia, del rango de las microondas,
que emiten información pulsante modulada a
baja frecuencia que -como se ha demostrado
experimentalmente y sin lugar a dudas- interfiere
en los principales procesos metabólicos de
los seres vivos.
Según el investigador alemán Wulf-Dietrich
Rose, que dirige el IGEF -Sociedad Internacional
para la Investigación de la Contaminación
Electromagnética-, del total de la población
sometida a radiaciones de alta frecuencia
un tercio sufre severos trastornos de salud,
otro tercio padece problemas de carácter leve
y el último tercio no se ve afectado.
El riesgo depende de la distancia a la que
viva la persona de la instalación, de la potencia
de la emisora y de la orientación de la antena
y, en menor medida, de sus condiciones físicas
y edad, ya que es mayor para las personas
enfermas del corazón y de más edad.
Las microondas emitidas por las antenas de
telefonía móvil tienen un débil poder de penetración
a través de los muros y las paredes de las
viviendas; en cambio, penetran con facilidad
a través de puertas y ventanas siendo el vidrio
muy permeable a tales radiaciones. Para minimizar
sus efectos y proteger de microondas las viviendas
cercanas a las antenas celulares en Alemania
se fabrican y comercializan filtros a base
de láminas plásticas transparentes que se
pegan a los cristales de las ventanas y también
telas especiales, con entramados de fibras
metalizadas (plata o acero inoxidable) que
pueden colocarse a modo de cortinas.
Bienvenidas sean, en fin, las nuevas investigaciones
que se están llevando a cabo y ojalá la O.M.S.
haga públicos en breve los resultados de su
macroinvestigación para saber a qué atenernos.
De momento, la mejor actitud es la de prevención,
evitando inútiles riesgos potenciales y procurando
hacer lo posible para que no nos instalen
cerca de casa o en la azotea una de las muchas
antenas zonales de telefonía móvil que, como
setas en otoño, están poblando nuestras ciudades,
pueblos y carreteras.
Mariano Bueno
RECOMENDACIONES BÁSICAS
Como quiera que
probablemente lleve años llegar oficialmente
a una conclusión sobre el riesgo de cáncer debido
de las microondas, estas son la recomendaciones
que conviene seguir:
· Hable por teléfonos estándar siempre que sea
posible
· Limite la duración y el número de llamadas
desde los teléfonos móviles.
· No use teléfonos digitales dentro de los edificios
porquela potencia necesaria es superior.
· Utilice mejor los set de manos libres y extienda
la antena totalmente para reducir la exposición
a la radiación.
· Procure que no los usen en modo alguno los
niños (un estudio indica que los que viven cerca
de una torre de televisión tienen mayores índices
de leucemia que los que viven lejos de las antenas).
· Mantenga los teléfonos móviles lejos del cuerpo
mientras no lo use ya que también estando en
stand-by generan radiación.
LOS MÓVILES GENERAN
ESTRÉS
En el Departamento
de Biología Animal de la Facultad de Ciencias
Biológicas de la Universidad de Valencia se
realizó en 1997 una investigación de laboratorio
sobre los efectos que ejerce el teléfono móvil.
El experimento fue dirigido por Javier Núñez,
director de la línea de investigación de comportamiento
animal y profesor titular de dicha universidad,
con la estrecha colaboración de dos investigadores
de GEA (Asociación de Estudios Geobiológicos),
su actual presidente, Raúl de la Rosa,
y el ingeniero informático Rolf Veen.
Para la experiencia se utilizó un grupo de ratones,
del que se conocen perfectamente sus pautas
de comportamiento y actividad, marcada por unos
ciclos circadianos habituales que son reproducibles
bajo las mismas condiciones de luz, oscuridad,
temperatura, humedad, ruidos, etc., situación
normal que se decidió alterar activando en su
entorno un teléfono móvil para comprobar los
efectos que producía.
El estudio fue diseñado para que los ratones
recibieran unas dosis de radiación similares
a las que recibe un usuario medio. Evidentemente,
una persona no es un ratón pero hay que decir
que el estrés se produjo de forma inmediata
al recibir las llamadas y que no desapareció
al eliminar la radiación sino algún tiempo después.
Los resultados fueron concluyentes: el ciclo
circadiano de los ratones, es decir, el descanso
y la actividad, se vio afectado de forma significativa
en comparación con los grupos de control. Lo
que demostró que la radiación procedente del
teléfono móvil situado junto a ellos les generaba
un fuerte estrés.
CUANTO MENOR ES LA
COBERTURA MAYOR ES LA DOSIS DE RADIACIÓN
No siempre que hablamos
con un teléfono móvil determinado estamos recibiendo
la misma dosis de radiación de microondas ya
que los aparatos están equipados con un dispositivo
automático que ajusta la potencia de emisión
en función de la proximidad o lejanía de la
antena celular y también según las dificultades
que hallan las ondas para llegar al enlace de
las antenas celulares o de los satélites. Por
ello, cuando hablamos desde lugares con escasa
cobertura es cuando recibimos las dosis de radiación
más altas.
Aconsejamos, pues, que para hablar con el móvil
se eviten los espacios con poca señal, ya sea
buscando los lugares con una mejor cobertura
(saliendo a la calle, evitando los espacios
cerrados o acercándose a una ventana) o prescindiendo
del uso del teléfono móvil en las zonas de escasa
cobertura.
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