El suero de leche, aliado de nuestro organismo

El suero de leche es un remedio natural conocido desde hace siglos que, poco a poco, había ido cayendo en desuso. Sin embargo, sus propiedades terapéuticas han salido del olvido y hoy es un producto apreciado por sus efectos depurativo, desintoxicante, regenerador de la flora intestinal y potenciador del sistema inmune, entre otras cualidades. Además, se le considera una forma sencilla de limpiar de toxinas nuestro medio interno y de aportar al organismo nutrientes básicos para el equilibrio metabólico. Siempre, claro está, que uno no sea alérgico a la lactosa.

El suero de leche se obtiene en el proceso de elaboración del queso cuando a la leche líquida, previamente pasteurizada, se la añade el cuajo, fermento natural contenido en el estómago de los rumiantes que posee una enzima que hace coagular la leche. Se trata de un proceso que se realiza en tanques especiales a unos 30º C de temperatura y cuyo resultado es una masa semisólida rica en caseína y grasa que, tras su maduración y secado, se convertirá en queso. Pues bien, cuando esa masa semisólida se retira de las cubas de cuajar, lo que queda en ellas es el suero de leche: un líquido de color amarillo verdoso y de sabor ácido pero agradable. Se trata, por tanto, de la parte que no se coagula por la adición del cuajo y que permanece en estado líquido.

Una vez separado el suero del resto de la leche, se le somete a distintos tratamientos hasta convertirlo en polvo y envasarlo para su comercialización. Se logra así un suero rico en sales minerales, aminoácidos y nutrientes beneficiosos para el buen funcionamiento del intestino, el hígado y el riñón.

LOS NUTRIENTES DEL SUERO DE LECHE

El principal componente del suero de leche es la lactosa, un hidrato de carbono que le confiere sus propiedades más importantes. Se trata de un azúcar fácilmente asimilable por el organismo y, por ende, una buena fuente de energía. Hay que tener en cuenta además que la lactosa no se disocia por completo en la parte superior del tracto gastrointestinal sino que mantiene sus cualidades nutricionales hasta llegar al intestino delgado y al colon. Una vez en el intestino, las bacterias de la flora intestinal transforman la lactosa en ácido láctico, muy beneficioso para el organismo como explicamos más adelante. De hecho, los sueros de leche en polvo que se pueden encontrar en los establecimientos comerciales contienen una cantidad adicional de este ácido.

Otra de las ventajas nutricionales del consumo de suero de leche es que está cargado de aminoácidos ramificados y potenciadores del sistema inmune que escapan intactos al proceso de la digestión y, por tanto, son capaces de retener sus valores específicos hasta ser absorbidos por la pared intestinal y asumidos por el organismo.

Por otro lado, el contenido en grasa y colesterol “malo” del suero de leche es mínimo -no más del 0,3% en suero de leche líquido- lo cual lo hace compatible con muchas de las dietas de adelgazamiento.

En cuanto a las proteínas, el suero de leche aporta dos tipos indispensables para el organismo y consideradas nutricionalmente de referencia por su contenido extraordinariamente equilibrado en aminoácidos y que son la lactoglobulina y la lactoalbúmina, cuya presencia en el suero de leche es mayor que en la leche tratada y que en los huevos.

También es relevante el contenido en minerales y oligoelementos: calcio, potasio, fósforo, magnesio, sodio, zinc, hierro y cobre.

EL IMPORTANTE PAPEL DEL ÁCIDO LÁCTICO

Como hemos mencionado, el ácido láctico que se produce en el intestino cuando se ingiere suero de leche tiene importantes propiedades beneficiosas para el metabolismo. Por ejemplo, estimula el peristaltismo intestinal, proceso que permite la contracción de los músculos intestinales para transportar el alimento y asegurar una correcta eliminación de la materia fecal. También actúa como suave laxante natural por lo que está indicado en los casos de atonía intestinal y estreñimiento. Pero, además, el ácido láctico producido a partir de la lactosa aumenta la solubilidad del calcio, fósforo, potasio y magnesio lo que facilita la asimilación de estos minerales por el intestino. De esa forma, pueden ser absorbidos mucho mejor por la pared intestinal desde donde pasan al torrente sanguíneo y, a través de la sangre, a su destino final: las células de todo el organismo.

Ahora bien, es importante señalar que existen dos tipos de ácido láctico. Uno se denomina ácido D(-) láctico y el otro es el ácido L(+) láctico, que es más fisiológico porque nuestro organismo posee la enzima necesaria para su catabolismo. El D(-) hiperacidifica nuestro medio orgánico por lo que la Organización Mundial de la Salud recomienda no ingerir más de 100 mg/día de este tipo de ácido láctico por kilo de peso corporal (es decir, como máximo 6.000 mg para una persona de 60 kilos de peso). Esta recomendación es casi exigencia en el caso de los lactantes y niños de corta edad porque la tolerancia al ácido de su metabolismo es menor y porque todavía no se ha desarrollado completamente su capacidad de neutralización.

Pero no queremos alarmar: el ácido láctico que contiene el suero de leche fresco es exclusivamente del tipo L(+) que, como hemos dicho, es más fisiológico. Lo malo es que este suero fresco no se puede conservar durante mucho tiempo ya que cada hora que pasa pierde calidad. Incluso llega a ser imposible de ingerir porque, lentamente, se va transformando en ácido D(-) láctico. Téngalo, pues, en cuenta.

Y, por cierto, sepa que nuestro organismo también produce ácido L(+) láctico a partir de la lactosa. Más en concreto, lo generan nuestros músculos en la combustión de la glucosa lo que, en condiciones de esfuerzo extremo, da lugar a las conocidas y molestas “agujetas”.

EL SUERO DE LECHE Y LA OBESIDAD 

Además de aportar a nuestro organismo nutrientes esenciales, el suero de leche ayuda a normalizar el correcto funcionamiento digestivo, proceso en el que intervienen el intestino, el hígado, el páncreas y los riñones que, de forma indirecta, se benefician también de las propiedades terapéuticas del suero. Asimismo, mejora el metabolismo de las grasas, limpia la sangre de toxinas permitiendo que fluya mejor y favorece la eliminación de los líquidos retenidos por su efecto depurativo y laxante. De ahí que se entienda que puede ayudar a las personas obesas o con sobrepeso. Es más, quienes sufren depresión pueden obtener un beneficio adicional derivado de las propiedades del triplófano que aporta la lactoalbúmina (una de las proteínas del suero de leche) ya que este elemento estimula la producción de serotonina (un neurotransmisor deficitario en cuadros de depresión).

LA CURA CON SUERO DE LECHE 

Lo que sí está claro es que la cura con suero de leche es una forma sencilla de desintoxicar el organismo, incluso si no se modifica la dieta habitual.

En cuanto a las dosis que se deben ingerir dependerá de las características fisiológicas, edad, peso, actividad metabólica, etc., de cada persona y del tipo de cura que quiera llevar a cabo. Si opta por una cura intensiva, el suero de leche será el único alimento que pueda ingerir durante 7 días (con un límite diario de 7 vasos, cada uno de 2 o 3 cucharadas soperas de suero en polvo disueltas en 250 ml. de agua). Si prefiere una cura más suave, podrá acompañar el suero con alimentos ligeros y bajos en calorías; en tal caso, debe tomarlo media hora antes de cada comida. Otra opción es tomar sólo suero de leche un día de la semana.

Recomendamos, como siempre, que sea el médico o el naturópata quien supervise las dosis y la cura adecuada a cada persona.

L. J.

Recuadro:


PROPIEDADES TERAPÉUTICAS DEL SUERO DE LECHE 

-Estimula el peristaltismo intestinal.
-Favorece el crecimiento de la flora intestinal, lo que implica una mejora del funcionamiento hepático (se optimiza la eliminación de toxinas por esta vía).
-Por su acción depurativa, activa la función renal y favorece la secreción de líquidos y toxinas.
-Permite una mejor asimilación de los nutrientes.
-Potencia el sistema inmune.
-Mejora el flujo de la bilis, la evacuación de las deposiciones y el vaciado de la vejiga.
-Por su acción depurativa, favorece la prevención de artrosis, artritis y reumatismo, consecuencia de una excesiva retención de líquidos en los tejidos y de la acumulación de toxinas en las articulaciones. Esta eliminación provoca un mejor estado de la piel y contribuye a curar eczemas, acné y otras enfermedades de la piel.
-Al eliminar toxinas del organismo, purifica la sangre y permite que fluya mejor.


NO APTO PARA LOS ALÉRGICOS A LA LACTOSA 

Se calcula que más de 4 millones de españoles son alérgicos a la lactosa, principal componente del suero de leche. Y, por tanto, deben abstenerse de tomarlo.

Químicamente, la lactosa es un disacárido compuesto por galactosa y glucosa. Para poder utilizar este azúcar nuestro cuerpo se sirve de una enzima denominada lactasa, gracias a la cual los azúcares simples son absorbidos a través de la pared intestinal; sin embargo, cuando hay un déficit de esta enzima la lactosa no se desdobla y, como consecuencia, el intestino no lo puede absorber. Actúan entonces las bacterias intestinales provocando su fermentación y provocando flatulencia y diarrea líquida. Es lo que se conoce como intolerancia a la lactosa (véase el reportaje Alergia a la lactosa publicado en el número 16 de nuestra revista). Sus síntomas más frecuentes son: dolores, espasmos e hinchazón abdominal, diarreas ácidas, estreñimiento, flatulencias y vómitos. Estos trastornos pueden aparecer nada más ingerir la lactosa o al cabo de cierto tiempo ya que no siempre la relación causa-efecto es inmediata.

Este reportaje aparece en
30
Julio - Agosto 2001
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