¿Qué juguetes conviene regalar a los niños?

En estas señaladas fechas navideñas en las que Papá Noel convive con los Reyes Magos las casas se nos llenan de juguetes y los padres nos vemos en la tesitura de decidir cuáles comprarles a nuestros hijos.

Algo que conviene pensarse bien porque a través del juego los niños desarrollan las múltiples facetas de su personalidad: aprenden a relacionarse con el entorno, desarrollan sus aspectos más creativos y perfeccionan sus múltiples habilidades ayudándoles a canalizar tanto su energía vital (física) como la mental y la emocional, lo que es de gran ayuda en su desarrollo integral como personas completas y globales facilitándoles su integración en el entorno social en que se mueven.

Así pues, dada la importancia del juego en el desarrollo psicomotriz de los niños resulta cuando menos preocupante la tendencia a sobrecargarles de responsabilidades en torno al aprendizaje forzando la adquisición de conocimientos y la realización de actividades extraescolares que se superponen a la ya agobiante carga y el esfuerzo que viven en clase cada día. De hecho, a la mayoría de los niños actuales apenas les queda tiempo para jugar (en el sentido real del término) aparte de la media hora de recreo matinal y los poquitos ratos en los que son capaces de evadirse de la pantalla del televisor, el ordenador o la videoconsola. Y éstos son elementos que no pueden considerarse juegos o juguetes adecuados ya que uno de los factores clave en el aprendizaje a través del juego está estrechamente relacionado con la expresión corporal, el movimiento y las habilidades manuales —el uso de manos y dedos— ya que incrementan considerablemente los niveles de aprendizaje y retención de información de forma mucho más notable que cuando la misma llega sólo a través de percepciones visuales o reflexiones mentales mientras el observador permanece estático o con movimientos corporales mínimos o muy restringidos.

Bien, pues una vez planteada la premisa de que el niño/niña tiene que moverse y hablar mientras juega —y no ser sólo espectador pasivo—, cabe cuestionarse qué juguetes son los más indicados para nuestros hijos y qué criterios seguir a la hora de comprarlos o regalárselos.

Para lo cual partimos de la base de que los juguetes cumplen más funciones que las de simple entretenimiento o evasión ayudando al niño/niña a desarrollar al máximo sus potenciales innatos y su creatividad y a relacionarse adecuadamente con el entorno social en el que crece.

Para tales fines existen infinidad de juguetes de los llamados “didácticos” o “pedagógicos” que han sido elaborados por especialistas o pedagogos y lo normal es hallarlos clasificados por edades pudiendo encontrar desde puzzles (rompecabezas) -que sirven para que los más pequeños identifiquen los objetos o aprendan palabras o números- hasta juegos de ordenador, en los que, solo o en grupo, se pueden recrear completas civilizaciones del pasado, del presente o del futuro conviviendo y evolucionando con ellas (de forma virtual).

Uno de los aspectos al que los padres deberíamos prestar mucha atención es a las implicaciones éticas del juego o juguete en cuestión evitando todo el que fomente la competitividad más que la colaboración, los que inciten a la violencia o los que promuevan actitudes claramente sexistas; actitudes que no debemos confundir con la tendencia normal de las niñas a imitar roles femeninos —jugar con muñecas o a casitas— y la de los niños con roles sociales masculinos —soldados, camiones o fútbol—. La actitud más coherente debe centrarse en no predeterminar nosotros —los adultos, padres y educadores— el rol con el que debe jugar, dejando elegir libremente al niño o niña, condicionándole lo menos posible e incluso pudiendo ofrecer balones o camiones a las niñas y muñecas a los niños observando si los aceptan o los rechazan, pero nunca imponiéndoselos.

Por lo general vemos que los juguetes excesivamente sofisticados, complejos y demasiado tecnificados, además de ser más caros suelen terminar aburriendo con más facilidad que aquéllos que, siendo más simples o “vulgares”, les obligan a una mayor implicación como, por ejemplo, los juegos de montaje —tipo Mecano o Lego— o aquéllos que desarrollan habilidades manuales o mentales.

El gran problema de la elección actual es que los niños son fuertemente condicionados por la avasalladora publicidad y su margen de elección viene más condicionado por el agresivo marketing publicitario de los anuncios televisivos y los folletos de las grandes cadenas jugueteras que por los padres y educadores. Aunque en realidad quien compra el juguete es quien tiene la última palabra y, naturalmente, el niño debe ser consciente de sus limitaciones y de que no puede conseguir todo lo que desea o lo que sugiere la machacona publicidad; de hecho, creo que son insignificantes los casos de niños que hayan quedado traumatizados de por vida porque no les regalaron el juguete que tanta ilusión les hacía.

Debemos reflexionar adecuadamente ante la elección que hagamos y procurar elegir lo mejor en todos los aspectos posibles dentro de la enorme oferta existente. Pero también debemos tener claras las posibilidades económicas familiares y hablarlas con claridad con los hijos a fin de no desestabilizar la economía familiar por emular a vecinitos u otros niños con padres de mayores recursos económicos.

También sería bueno que, aparte de los criterios de entretenimiento y desarrollo de los potenciales innatos de los niños, tuviésemos en cuenta los aspectos de salud y los medioambientales a la hora de elegir.

En la medida de lo posible, deberíamos procurar decantar la elección hacia juguetes fabricados en materiales naturales y no tóxicos (evitando los de PVC y los plásticos en general), los ecológicos y fácilmente reciclables. Tengamos en cuenta que los juguetes que funcionan con pilas suponen un gasto adicional así como el constante desecho de las pilas usadas que, de no depositarlas —tras su uso— en contenedores específicos para su reciclado, terminarán contaminando el entorno (sobre todo las pilas botón y las que llevan mercurio o cadmio). Al respecto, podemos plantearnos regalarles un juego de pilas recargables y su correspondiente cargador (los hay que las cargan mediante placas solares).

En esta línea, está apareciendo en el mercado un amplio surtido de juegos y juguetes que potencian actitudes de respeto ambiental como los kits de fabricación de papel reciclado, semilleros de plantas adecuadas para la reforestación, juegos de reconocimiento del medio, cajas de experimentos con la energía solar o libros que enseñan a crear sus propios juegos y juguetes reciclando materiales en desuso o desechables.

Un aspecto a valorar es la posibilidad de reciclar juguetes que ya fueron utilizados por otros niños y, sobre todo, regalar a quien los necesite aquellos juguetes que, estando en buen estado, ya no suelan jugar con ellos, educándoles así en la filosofía de que para recibir hay que aprender a dar.

Claro está que, lo queramos o no, no nos quedará más remedio que ver a nuestras hijas jugando con barbies y a los niños prefiriendo el balón o los videojuegos (y las niñas también) pero eso no excluye que podamos esforzarnos en regalarles también juegos de creatividad, instrumentos musicales que les gusten, un equipo de fotografía, unos patines nuevos o una caja de pinturas con pinceles, caballete y paleta de colores incluidos; por no hablar de un lote de libros de su temática preferida (mi padre nos regaló un lote de libros variados a los 10 años entre los cuales se hallaba uno que marcó decisivamente mi posterior trayectoria personal y por ello le estoy muy agradecido).

Si nos paramos a pensar, descubriremos que existen más posibilidades de correcta elección de las que suponíamos en un principio pero tengamos muy presente que no debemos caer en la tentación de regalarles muchos juguetes para ahorrarnos el jugar con ellos. Los juegos compartidos y su regular interacción con los padres son elementos indispensables en el equilibrado desarrollo físico, mental, emocional e incluso espiritual del niño que ningún juego en solitario puede llegar a sustituir por muy “didáctico”, “pedagógico”, “ecológico” o interactivo que éste sea.

Entre todos los juegos y juguetes, los mejores regalos que podemos ofrecer a nuestros hijos —o a cualquier niño— son nuestra presencia y atención, nuestro incondicional amor y, por supuesto, nuestro cada vez más escaso y preciado tiempo. Y eso ellos sí saben valorarlo.

 Mariano Bueno

Este reportaje aparece en
12
Enero 2000
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