CARTAS AL DIRECTOR: NÚMERO 214 / ABRIL/ 2018

Estimado Sr. Campoy: sé que han publicado ustedes numerosos reportajes sobre la ineficacia y peligrosidad de las vacunas que he leído a fondo porque tengo cuatro hijos pequeños pero aun siendo abundante la información tengo algunas dudas que no consigo me conteste nadie así que abusando de su generosidad quiero planteárselas a ustedes. Y van sobre el uso en ellas del tiomersal o timerosal, compuesto mercurial que se afirma es peligroso. ¿Lo admite así la Organización Mundial de la Salud (OMS)? Y en tal caso, ¿por qué se añade mercurio a las vacunas? ¿Es imprescindible o prescindible? Es decir, si tiene alguna utilidad ¿no puede sustituirse por otra sustancia no tóxica? ¿Y llevan mercurio todas las vacunas o solo algunas? ¿Cuáles? Me gustaría saberlo. Sé que la OMS niega que el timerosal sea peligroso pero en tal caso ¿por qué hay países de primera línea que se están planteando prohibir en sus territorios las vacunas que lo lleven? ¿Y en qué se basa la OMS para negar una peligrosidad que muchos científicos de medio mundo han constatado como ustedes han dado a conocer? ¿Ha hecho estudios propios sobre su seguridad o asume lo que le dicen los laboratorios fabricantes? ¿Y por qué estos se resisten a dejar de usar el timerosal ante la polémica actual? ¿Por qué lo consideran tan imprescindible? En fin, sé que son muchas preguntas que requieren dedicar tiempo pero somos millones los padres preocupados, la información que ustedes han publicado es muy extensa y me gustaría que respondieran al menos a esto para tener “concentrada” la información. ¿Pueden ayudarnos por favor? Se despide de usted una madre agradecida. 

Carla Castillejo
(Barcelona) 

La OMS admite que el mercurio es uno de los 10 químicos más tóxicos que existen -perjudica incluso en cantidad muy pequeña- y puede causar graves problemas de salud, sobre todo en niños; de hecho reconoce que daña los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo, los pulmones, los riñones, la piel y los ojos. Pero considera que el principal problema está en el consumo de pescado y marisco, ampliamente contaminados hoy por el metilmercurio que echa en el aire, los ríos, los lagos y el mar la industria, muy especialmente las centrales termoeléctricas alimentadas con carbón, los sistemas de calefacción doméstica, los incineradores de desechos y la minería del mercurio, el oro y otros metales. ¿Y por qué se añade entonces en forma de timerosal a las vacunas? Pues para evitar el crecimiento de bacterias y hongos en las vacunas inactivadas -con virus muertos- que se suministran en viales multidosis y en otras para inactivar microorganismos y toxinas además de para mantener la esterilidad en la cadena de producción. Y la excusa para usarlo en los viales multidosis es que en muchos países hay problemas para almacenar las vacunas en frío; lo que no justifica que se añada en los casos de monodosis y aun así los fabricantes lo hacen. En cuanto a las vacunas que contienen timerosal son las de la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP), la hepatitis B, la rabia, la gripe, las infecciones por Haemophilus influenzae de tipo b (Hib) y los meningococos; entre 8 y 50 µg por dosis. En todo caso puede aparecer en otras que lo utilizan como inactivador y no como conservante. Y las que no lo llevan como conservante son las vacunas “vivas”; como la antipoliomielítica oral, la de la fiebre amarilla, la del sarampión, la de la parotiditis y la de la rubéola. Por lo que se refiere a su pregunta de si la OMS ha hecho pruebas propias sobre la inocuidad del timerosal a las dosis que aparece en las vacunas la respuesta es NO. Asume lo que le dicen los “expertos” del llamado Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas (GACVS) que se supone integran personas “independientes” cuando las relaciones de sus miembros con la industria son bien conocidas. Su lema es desde hace décadas el mismo: no hay pruebas de que la cantidad de timerosal utilizada en las vacunas suponga un riesgo para la salud. Solo que no es que no existan sino que las que encuentran los investigadores realmente independientes se ignoran o rechazan con argumentos más políticos que científicos. De hecho para dar la impresión de que sus conclusiones son creíbles la industria se ha ocupado de introducir a otros testaferros suyos en organismos nacionales conocidos que avalen su supuesta inocuidad como el Instituto de Medicina y la Academia de Pediatría de Estados Unidos o el Comité de Seguridad de los Medicamentos del Reino Unido. Y, por supuesto, lo avala asimismo la Agencia Europea de Medicamentos, cuya independencia de la industria es nula. ¿Y es verdad que hay ya países industrializados que quieren prohibir el uso del timerosal en las vacunas? Pues sí, es cierto. Y entre ellos está ¡Estados Unidos! De hecho la Food and Drug Administration (FDA) pidió formalmente hace ya unos años a los fabricantes de vacunas que las fabricaran sin timerosal. A pesar de que los supuestos “expertos independientes” del GACVS defiendan su uso con el argumento de que las características farmacocinéticas del etilmercurio son muy diferentes a las del metilmercurio presente en pescados y mariscos. ¿Y qué pasa con los trabajos realmente independientes que cuestionan su inocuidad? Pues se rechazan alegando que tienen limitaciones o errores metodológicos. Les da igual que muchos coincidan y en sus conclusiones todos hayan comprobado que provocan graves trastornos neurológicos y cardiopatías. Dicen simplemente que sus resultados “no son convincentes” o “no están confirmados”. Y la verdad oficial se impone así a la verdad científica. En cuanto a si podría sustituirse el timerosal por otros conservantes la respuesta es SÍ pero se rechaza alegando que supondría grandes costos en los procesos de desarrollo y registros. De hecho se han probado ya dos: el 2-fenoxietanol -en la vacuna antipoliomielítica inactivada- y el fenol -en la vacuna contra la fiebre tifoidea- pero como la OMS entiende que el timerosal no causa problemas y aceptar los nuevos requeriría a su juicio estudios preclínicos, clínicos y de validación de la fabricación los ignora. ¡Como si la inocuidad del fenol no estuviera fehacientemente probada! Es más, los viales monodosis no suelen llevar timerosal -salvo que el fabricante produzca las vacunas a granel y las envase en ambos tipos de viales, algo que lamentablemente sucede- y sí los viales multidosis pero no se generalizan las monodosis con el sólido “argumento científico” de que son “más caros” ya que se necesita más espacio de almacenamiento en frigoríficos y mayor capacidad de transporte. Lo que ya roza el esperpento es que la OMS considere inseguro el mercurio inorgánico que se añade a algunos cosméticos -como jabones y cremas blanqueadoras- y seguros el timerosal (etilmercurio) y las sales de fenilmercurio que se utilizan como conservantes en el rímel y diversos productos de limpieza de maquillaje. En suma, la OMS es en todos esos organismos un mero “observador” que está presente en las reuniones y puede presentar solicitudes, organizar reuniones informativas técnicas o hacer aportaciones pero lo que realmente hace es asumir las conclusiones de los expertos… que controla la industria. Lamentable.

 

Apreciado Sr.: soy odontólogo, máster en Terapia Neural y Odontología Neurofocal, ejerzo en mi consulta de Tarrasa desde hace ya unos cuantos años y en mi consulta solía siempre encontrarse en la sala de espera un ejemplar de su revista puesto que por mi dedicación y preferencia a ejercer una Odontología lo mas biológica y conservadora posible y dado que la mayoría de mis pacientes son personas con gran sensibilidad por los temas que habitualmente se tratan en su revista es una de las mas ojeadas y leídas de las ofertadas (nunca ha habido en mi consulta revistas tipo Hola o Lecturas). Pues bien, he de decirle que he quedado muy sorprendido por el artículo publicado en el nº 210 firmado por Francisco Sanmartín cuyo título es ¡Las endodoncias pueden dar lugar a múltiples problemas!, suficientemente escandaloso y sensacionalista. Máxime en la sala de espera de una clínica dental, sobre todo para pacientes que están a punto de someterse a tal tratamiento. Pasé media mañana respondiendo a pacientes escandalizados explicando la frivolidad con que se trató el tema… hasta que decidí retirar la dichosa revista. En su lugar he puesto un mensaje donde se informa que debido a la falta de rigor científico y poca seriedad con que se tratan ciertos temas en su revista hemos decidido retirarla hasta una rectificación clara del tema. Pensaba que Discovery DSALUD era una revista seria y con rigor científico dentro de lo que es una publicación de divulgación sanitaria pero ahora, después de leer el artículo sobre ese tema, sobre el cual creo entender un poquito, dudo ya de su seriedad y fiabilidad acerca de otros temas en ella expuestos. Le expongo a continuación mi reflexión por si resulta de su interés. Para empezar, en el titular quizás debiera haberse añadido tras el término endodoncias la expresión… mal hechas a fin de no alarmar innecesariamente a la población. Somos muchos los odontólogos que tratamos de realizar endodoncias a diario con una técnica lo mejor y más depurada posible puesto que nunca es lo mismo realizarlas en media hora o en varias sesiones aplicando antisépticos más selectivos, con instrumentos y materiales lo más avanzados posibles. En cuanto a los estudios del Dr. Weston Price, muy interesantes por cierto para su época, no dejan de haberse realizado hace prácticamente un siglo sobre una población con dientes endodonciados en centros de ignorada solvencia y con técnicas de su época que se trataban introduciendo puntas de plata en los conductos con un sellado más que dudoso y unas preparaciones biomecánicas igualmente más que dudosas. Hoy en día, afortunadamente, la situación ha cambiado considerablemente y se consiguen mejores resultados de preparación biomecánica y sellado tridimensional; como la utilización de materiales de sellado más biocompatibles que los de antaño. Obviamente estamos de acuerdo en que no es el mejor de los tratamientos deseados y que lo ideal es no tener que llegar a esos estadios pero una vez se llega no me parece correcto ofrecer como única alternativa -en general- desdentar al paciente puesto que le condenamos a llevar un aparato removible -habitualmente a base de metacrilato y/o cromo-cobalto- o un puente fijo que implica mutilar seriamente los dientes vecinos. ¿O es que no es preferible poner implantes que no tienen ligamento periodontal alguno? Hacer lo otro es mucho mas invasivo. Además deberíamos hablar también de la calidad de los mismos porque actualmente se ofrecen -por parte sobre todo de ciertas macroclínicas o franquicias- implantes colocados más baratos que lo que a nosotros nos cobra el fabricante. ¡Preocupante tema! No por ello critico sin embargo los implantes ya que son una excelente opción de tratamiento cuando hemos perdido los dientes. Por todo ello y en defensa de los numerosos profesionales que ejercemos a diario la Odontología desde un punto de vista holístico, conservador y con técnicas lo más depuradas posibles le agradecería -o exigiría- una correcta y contundente rectificación/aclaración del tema. Hasta entonces deberemos estarles muy agradecidos por haber generado tal alarma sociosanitaria a nuestros pacientes, por cierto lectores suyos. Lamento también profundamente que la Dra. Gelfo se haya ofrecido a participar en su penoso artículo de forma tan inconsciente. Cuando uno participa de alguna manera en un artículo debe informarse y pensar bien lo que hace o dice. Atentamente,

Joan Badal 

Somos muy conscientes de que cada vez que ponemos en entredicho alguna de las convicciones de los médicos los afectados por la información se enfadan sobremanera. Llevamos años recibiendo acervas críticas por ello. Pero nosotros nos limitamos a dar a conocer informaciones y trabajos que otros ocultan. Y el caso que le indigna no es una excepción. Sin embargo el titular que usted considera “escandaloso” y “sensacionalista” es correcto y ecuánime. Se dice en él que las endodoncias pueden ser causa de múltiples problemas de salud, no que lo sean siempre. Y no añadimos “en caso de estar mal hechas” porque no es eso lo que afirman quienes así lo aseveran. Permítanos recordar que el artículo explica que quien hace ya décadas coligió los problemas a que puede dar lugar una endodoncia fue inicialmente el Dr. Weston A. Price a principios del siglo XX pero no es menos cierto –y usted lo obvia en su carta- que en el texto se aclara que todo lo que aquel afirmaba lo corroboró George Meining, endodoncista que en junio de 1993 -recientemente pues- publicó un libro confirmando todo. Además Weston A. Price no era un dentista más ya que fue quien fundó la National Dental Association, principal área de investigaciones de la Asociación Americana de Dentistas que él mismo presidió entre 1914 y 1928.  Hablamos de alguien que realizó una extensa investigación sobre los efectos destructivos del tratamiento de los conductos radiculares tal y como se realizaba entonces -así se especifica en el artículo- haciendo durante diez años numerosos experimentos con animales –¡más de 5.000!- que dejó documentados en dos grandes volúmenes y más de una veintena de artículos. Todo ello se explica en el reportaje que, a fuer de ser puntilloso, aclara -una y otra vez- “con los métodos disponibles en la época”. En cuanto a George E Meining fue uno de los 19 dentistas que fundaron la Root Canal Dental Association (Asociación Dental del Conducto Radicular), era miembro de honor de la Asociación Estadounidense de Endodoncistas y tras revisar a fondo la obra de Price durante 18 meses no dudó en calificarla de “minuciosa y sólida”. Y entre sus conclusiones están las de que “los conductos radiculares representan una amenaza para la salud”, “la mayoría de los dentistas no están familiarizados con la presencia de bacterias en los túbulos de la dentina e ignoran que pueden escapar y diseminarse por todo el cuerpo causando un gran número de enfermedades degenerativas” y, como colofón, que “no hay procedimiento dental alguno que permita alcanzar esos canales accesorios y limpiar el tejido muerto. Y ese tejido necrótico termina siendo el nido de múltiples infecciones bacterianas al llegar al ligamento periodontal”. Obvia también usted que en junio de 2010 el portavoz de la Fundación para la Investigación de Elementos Tóxicos (TERF por sus siglas en inglés), Hal A Huggins, analizó el ADN de piezas dentales endodonciadas y encontró contaminación bacteriana ¡en el 100% de las muestras! Hace siete años y medio, no un siglo atrás. Llegando a plantear incluso que el inexplicable aumento de casos de esclerosis múltiple y otras enfermedades neurológicas -como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA)- puede estar directamente relacionado con las amalgamas y las endodoncias. El artículo explica asimismo que según el Dr. Josef Issels -considerado uno de los “padres” de la Medicina Integrativa- casi todos los pacientes con cáncer han tenido infecciones en boca, dientes, mandíbulas, amígdalas o adenoides. Es más, asevera que el 97% de los pacientes terminales con cáncer que ha tratado tenían una o más endodoncias. Y aún así el autor del artículo que a usted le disgusta se limita a decir a continuación: “¿Meras coincidencias estadísticas?” En cuanto al moderno sellado actual que según usted se hace hoy día Huggins dice textualmente: “El objetivo de la Odontología es salvar dientes y el sellado de sus conductos radiculares permite mantener muchos durante años en lugar de extraerlos pero, ¿es eso lo apropiado teniendo en cuenta el coste biológico expuesto en la investigación con ADN? ¿Y qué es más importante? ¿Salvar la vida del diente o la del paciente? Así que, ¿qué debemos hacer ante esa afirmación nosotros? ¿Ocultarla? ¿Minimizarla? ¿Desmentirla sin datos? Por lo que se refiere a la odontóloga Maria Judith Gelfo no somos nosotros quienes tenemos que responder de sus palabras pero no es menos cierto que las apoyó enseñándonos abundante documentación sobre lo que aseveró. Diciendo sobre los actuales sistemas químicos de sellado que los antibióticos no siempre pueden acabar con las bacterias y ahí está el riesgo. “Una vez se saca el nervio del interior del diente –explica ella en el reportaje- y se sella con el material de obturación, al carecer el diente de circulación sanguínea el antibiótico no tendría efecto sobre las bacterias que hubieran quedado atrapadas en estos túbulos. Con lo que estamos dejando en la boca un elemento muerto que puede ser causa de inflamación. Y donde hay inflamación el tejido se acidifica atrayendo a su vez como un imán a más bacterias”. Y está hablando de las técnicas de endodoncia actuales, no de las de hace un siglo. Terminamos con dos breves acotaciones: la primera, reiterar que nosotros somos periodistas y nos limitamos a recoger los trabajos y afirmaciones de expertos en sus materias; y la segunda que en el ámbito de la Odontología sí que en su día tomamos posición sobre una cuestión que ha sido -y sigue siendo para algunos- muy controvertido: la peligrosidad de las amalgamas dentales. Tras analizar a fondo el asunto denunciamos durante años que eran peligrosas y fueron muchos los dentistas, odontólogos y estomatólogos que se dirigieron a nosotros mostrando su profundo enfado por asustar injustificadamente a la población y crear “alarma”. Años después –lo dimos a conocer la sección de Noticias del nº 108 correspondiente a septiembre de 2008- la propia FDA reconocía que las amalgamas dentales son peligrosas. Lo asumió en un comunicado que colgó en su web el 3 de junio diciendo: Las amalgamas dentales que contienen mercurio pueden tener efectos neurotóxicos sobre el sistema nervioso durante el desarrollo de los niños y los fetos”. Asunción que tomó tras llegar a un acuerdo con varias asociaciones norteamericanas que habían acudido a la Justicia para exigir la retirada dada su peligrosidad, algo que la FDA negó durante décadas con la manida y falsa excusa de que “no había pruebas científicas de su peligrosidad”. Tuvieron sin embargo que transcurrir otros tres años para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicara un informe titulado El uso futuro de los materiales para restauración dental en el que se instaba ya a sustituir las amalgamas por otros materiales. Lo dio a conocer el 11 de octubre de 2011 dando tres razones: porque plantean “problemas de salud general” y no sólo a quienes las llevan en sus bocas, porque liberan “una cantidad significativa de mercurio” que termina afectando a la atmósfera, a las aguas superficiales y subterráneas y al suelo pudiendo “entrar en la cadena alimentaria humana, especialmente a través del consumo de pescado” y porque ya hay materiales alternativos disponibles. Excusas muy “sutiles” para evitar millones de reclamaciones a los dentistas de todo el mundo. Obviamente quienes defendían su inocuidad permanecieron callados. La noticia la publicamos en el nº 144  correspondiente a diciembre de 2011 y puede leerse en nuestra web: www.dsalud.com. Sentimos sinceramente que dar a conocer todo esto le moleste y enfade pero argüir que como lo que en el reportaje se dice no coincide con su parecer todo lo que hemos publicado hasta ahora así como nuestro rigor y profesionalidad deben ser cuestionados nos parece poco ecuánime. De hecho si usted quiere matizar o rebatir lo que en el reportaje se dice ponemos nuestras páginas a su disposición así como del presidente de la Asociación Española de Endodoncia que también nos ha escrito y cuya carta publicamos a continuación al haber llegado posteriormente.

 

Muy Sr. mío: le escribo en relación con el reportaje titulado Las endodoncias pueden ser causa de múltiples problemas de salud publicado en el nº 210 de su revista (diciembre de 2017) y lo hago en nombre de la Asociación Española de Endodoncia, sociedad científica integrada en el Consejo General de Colegios de Dentistas de España. La Endodoncia es la rama de la Odontología/Estomatología que se ocupa de la patología del complejo dentino-pulpar dental y de su prevención y tratamiento. Popularmente se denomina endodoncia al tratamiento de los conductos del interior de las raíces de los dientes que sirve para conservar el diente en boca libre de patología. En el mencionado reportaje se cuestiona la efectividad del tratamiento de conductos o endodoncia cuando es uno de los tratamientos más consolidados en la odontología moderna; es también uno de los más predecibles siempre que se realice correctamente, con un porcentaje de éxito de más del 95%. Hay literatura científica que así lo certifica a partir de la evaluación de 1.5 millones de tratamientos de conductos y que arroja un éxito para la endodoncia del 97% ocho años después del tratamiento. El tratamiento de conductos o endodoncia previene las infecciones, las cura y es capaz de regenerar el propio hueso perdido del paciente (alrededor del diente y a consecuencia de la patología dental) como ninguna otra especialidad bucodental. En suma, sus efectos son justo los contrarios de lo que se recogen en el mencionado reportaje. La endodoncia se basa en una evidencia científica muy estricta con el objetivo de salvar el diente y mantener los tejidos que lo rodean, ya sea la encía o el hueso. Debo decirle que el contenido del reportaje ha molestado mucho a los/as profesionales de todo el país que desarrollan honestamente su trabajo en pro de la salud bucal de la población después de haber cursado una formación universitaria; y no hablo solo de los/as compañeros que se dedican exclusivamente al tratamiento de conductos. En el citado reportaje se expresan cosas como éstas: “Los dentistas mejor informados y formados no realizan ya prácticamente endodoncias en sus consultas” y “Las endodoncias pueden dar lugar a depósitos de bacterias anaeróbicas patógenas que si llegan al torrente sanguíneo pueden causar -a veces décadas después- numerosas patologías crónico-degenerativas, cáncer incluido”. Con este tipo de afirmaciones -y otras similares- no se expone la realidad científica actual sobre este tema lo que podría crear una alarma innecesaria y más en un tema tan sensible como el de la salud. Sin ir más lejos, en cuanto al supuesto descenso de intervenciones de este tipo es justamente lo contrario. En el año 2017 el tratamiento de conductos o endodoncia es uno de los más frecuentes. En Estados Unidos, donde hay estadísticas al respecto, se realizan más de 22 millones de endodoncias cada año. De hecho hay expertos consagrados en exclusiva a este tipo de tratamiento, igual que sucede en España y muchos otros países. Existe asimismo una amplia oferta de formación postgraduada universitaria que permite a los/as profesionales de la odontología conocer las últimas técnicas en este campo. Hoy en día los odontólogos tienen a su disposición materiales y tecnología de vanguardia tales como microscopios o sistemas avanzados de imagen digital y de tomografía dental computarizada de haz cónico. Podemos afirmar también, sin temor a equivocarnos, que el nivel de la endodoncia española es altísimo y, lógicamente, todo esto se pone al servicio de la salud de la población. Por otro lado, existen importantes asociaciones de profesionales en el ámbito europeo -como la European Society of Endodontology- y estadounidense -como la American Association of Endodontists– de las que es posible recabar información de primera mano al respecto así como publicaciones científicas especializadas reconocidas internacionalmente por su nivel (incluidas en los primeros puestos del Journal Citation Records). Décadas de investigaciones contradicen las afirmaciones recogidas en la publicación que usted dirige y lo cierto es que no hay evidencia científica válida que vincule dientes tratados endodónticamente con enfermedades sistémicas. Incluso las investigaciones más recientes sugieren justo lo contrario ya que el tratamiento de conductos se asocia a una menor mortalidad cardiovascular. Por todo lo expuesto en el citado reportaje, desde la Asociación Española de Endodoncia solicitamos una rectificación por medio escrito por todo el daño producido a la profesión odontológica: propagar informaciones no ajustadas a la verdad, confundir a pacientes y perjudicar a profesionales de la Odontología, y en particular de la endodoncia española. Si no obtenemos una respuesta en los próximos 10 días pondremos el asunto en manos de nuestro gabinete jurídico. Atentamente,

Dr. Miguel Miñana Gómez
Presidente de la Asociación Española de Endodoncia

Publicada queda su carta aunque como ya le respondimos por email nada más recibirla lamentamos que no dilucide usted entre lo que afirma nuestra revista y lo que afirman quienes aparecen en sus artículos. Es bastante “molesta” la costumbre española de “matar al mensajero”. Asimismo nos sorprende su “advertencia” legal cuando jamás nos hemos negado a publicar una “rectificación”, cosa que por otra parte usted no hace ya que en realidad no “rectifica” ni matiza nada; lo que ejerce es el derecho de réplica y como nosotros lo respetamos es por lo que la publicamos. Porque en su carta usted se limita a afirmar que la endodoncia “es uno de los tratamientos más consolidados en la odontología moderna” -matizando “siempre que se realice correctamente”-, que “se basa en una evidencia científica muy estricta”, que “los odontólogos tienen a su disposición materiales y tecnología de vanguardia”, que “existen importantes asociaciones de profesionales en el ámbito europeo (…) de las que es posible recabar información de primera mano”, que “décadas de investigaciones contradicen las afirmaciones recogidas en la publicación que usted dirige” y que “no hay evidencia científica válida que vincule dientes tratados endodónticamente con enfermedades sistémicas”. Afirmaciones genéricas sobre las que no menciona ni aporta usted un solo trabajo científico. Y quizás existan -no lo dudamos- pero también existen las que dicen lo contrario… aunque usted lo niegue. De algunas de ellas se habla de hecho en el reportaje criticado pero es que hay muchas más que no se mencionaron en él por meras razones de espacio. ¿Quiere usted que hablemos de todas ellas y nos explica por qué no son aceptables? Porque están publicadas en revistas del sector y desarrolladas por investigadores serios y rigurosos que no ganan nada con sus trabajos. Todo lo contrario: son duramente criticados por quienes se autoarrogan la verdad científica en su especialidad. Cita asimismo “importantes asociaciones de profesionales” que apoyan lo que dice pero obvia que existen otras que sostienen criterios similares a los expuestos en el reportaje como la Academia Internacional de Odontología y Medicina Biológicas  (www.iabdm.org) y la Academia Internacional de Medicina Oral y Toxicología (www.iaomt.org) entre otras. Y es que en su sector existe un movimiento que apuesta por otro tipo de Odontología. Y por cierto, una de las investigaciones que apoyan la potencial peligrosidad de las endodoncias por posible infección de los canales reticulares -no citada en el reportaje- la hizo el Dr. Jerry Bouquot, director del departamento de Ciencias del Diagnóstico durante más de 26 años en la Universidad de Virginia Occidental y en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas de Houston, ambas en Estados Unidos. Investigador que ha recibido más de 50 premios entre los que están  el Premio Nacional St. George –máximo galardón otorgado por la Sociedad Estadounidense del Cáncer-, el Bridgeman Distinguished Dentist Award –que otorga la West Virginia Dental Association-, el Distinguished Leadership Award -que entrega la West Virginia Public Health Association-, el Presidential Certificate of Appreciation -otorgado por la American Academy of Oral Medicine– y el Honorary Life Membership -que entrega la International Association of Oral Pathologists– entre otros. Autor de más de 400 artículos científicos es en la actualidad profesor adjunto retirado en las dos universidades antes citadas y director del Centro maxilofacial para la educación y la investigación. Agregaremos que ha sido director de dos de los servicios de biopsias de patología oral más grandes de Estados Unidos -uno de los cuales recibió tejido de 45 estados y cinco países extranjeros para su investigación- y autor de la teoría NICO neuralgia-inducing cavitational osteonecrosis que está en la misma línea de lo señalado en nuestro artículo. Quienes postulan pues lo que publicamos no son medianías. Terminamos indicando que usted habla de la existencia de una “tecnología de vanguardia” que hoy resolvería el problema pero silencia que no todos los endodoncistas disponen de esa aparatología al ser muy cara. El problema pues no estaría en si las endodoncias están bien o mal hechas -que también- sino en el hecho de que la tecnología más vanguardista no está a disposición de la mayoría. Dicho esto le invitamos -al igual que hemos hecho con el Dr. Badal en nuestra respuesta a la carta precedente- a quedar con usted para que nos exprese su punto de vista y nos diga por qué los trabajos científicos en los que se basa nuestro artículo -y otros cuyas referencias le pasaríamos previamente- no son a su juicio aceptables.

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