El aumento de cáncer en niños se debe a la contaminación radiactiva por estroncio 90

El estudio “Ratoncito Pérez” así lo indica

El “Proyecto Ratoncito Pérez” no es ninguna nueva película de la factoría Disney sino un estudio realizado en el sudeste de Florida según el cual el aumento de cáncer en niños puede deberse a la contaminación radiactiva por estroncio 90. El trabajo que así lo indica ha sido desarrollado por la organización independiente norteamericana Proyecto de Radiación y Salud Pública (RPHP) –que cuenta con la participación de científicos tan prestigiosos como Gould, Mangano y Sternglass- la cual ya había proporcionado anteriormente evidencias de que también parte de los casos de cáncer de mama se debe Al estroncio-90 procedente de la lluvia radiactiva y de las instalaciones nucleares.
La evidencia la obtuvieron tras analizar durante varios años 500 dientes de leche de 18 condados de Florida (EEUU) y medir en ellos el nivel de ese elemento radiactivo que no existe en la naturaleza y sólo proviene de las reacciones de fisión de las centrales y armas nucleares. El estroncio 90 –que aunque pierde en los primeros 30 años el 50% de su radiactividad sigue siendo peligroso durante miles de años- se almacena preferentemente en huesos y dientes. Pues bien, el estudio “Ratoncito Pérez” encontró un incremento del 37% en el nivel promedio de estroncio-90 en los dientes de leche, casi el doble que el de los niños sin cáncer.
El estroncio 90 -uno de los 200 elementos radiactivos que emiten las centrales nucleares durante su funcionamiento “normal”- irradia los tejidos desintegrándose en Itrio y causando daño en las estructuras celulares y el ADN. Está además demostrado que exponerse a él algún tiempo provoca cáncer así como defectos cardiacos y circulatorios. También ha sido relacionado con pérdidas fetales, muertes neonatales y otras enfermedades en niños y adultos que habitaban cerca de alguna central nuclear.
Según el Dr. Ernest Sternglass -coautor del estudio y Profesor Emérito de Física de Radiación de la Escuela Médica de Pittsburg- “aunque las emisiones radiactivas pueden penetrar en el aire, la tierra y la dieta la fuente más significativa de estroncio 90 en los dientes de los niños del sudeste de Florida es el agua del subsuelo, la fuente principal de agua potable pública del sudeste de Florida”. En ese sentido cabe destacar que la Comisión Gubernamental de Regulación Nuclear dejó de publicar la medición de los niveles de estroncio 90 en la leche, plantas, tierra y agua ¡en 1990! Sin duda, para no alarmar a la población que no tiene derecho a saber la causa del aumento de los cánceres en sus hijos. Los resultados son considerados secretos. Un excelente ejemplo de democracia.
La compañía Florida Power & Light (FP&L), dueña de los dos reactores nucleares de Florida, ya ha sido acusada ante los tribunales por un padre de ser la responsable del cáncer de su hijo. Por supuesto, niegan que el problema lo originen ellos. Y la verdad es que la posibilidad de que la central sea condenada es ciertamente remota porque desde los años 50, basándose en los fraudulentos estudios realizados por ellos mismos sobre los supervivientes del genocidio perpetrado en Hiroshima y Nagasaki, decidieron que las bajas dosis de contaminación radiactiva no son peligrosas. Además, para convencer de ello a todo el mundo cuentan con los “expertos” de su Agencia Internacional de la Energía Atómica, de la Comisión Internacional de Protección Radiológica y de los demás organismos internacionales que controla, empezando por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Obviamente, la cadena de instituciones corruptas llega a los ministerios de Sanidad, Medioambiente, Energía y Justicia de todos los países. Claro que quedan cada vez más en entredicho por la creciente difusión de estudios científicos -a pesar de la censura en las publicaciones de la ciencia oficial y del bloqueo de los grandes medios de comunicación- que demuestran que mienten.
Hoy son cientos los artículos de investigación independientes que demuestran los efectos nocivos de las sustancias radiactivas. Por tanto, seguir contaminando con elementos radiactivos el planeta y encubrir sus efectos sobre la salud es un crimen contra la humanidad.

Alfredo Embid