África se enfrenta a la OMS y acusa a Bill Gates de colonialismo médico

Algunos de los principales países del continente africano se han revuelto contra la Organización Mundial de la Salud (OMS). El presidente de Madagascar la acusa de haberle presionado para que dejase de distribuir el Covid-Organics, remedio tradicional de eficacia antimicrobiana y antivírica basado en la artemisa y otras plantas indígenas que contiene una treintena de sesquiterpenos y flavonoides que actúan en sinergia y se está distribuyendo en otros países africanos. El presidente de Tanzania ha denunciado por su parte la ineficacia de los test de detección del virus y en Nigeria la oposición ha acusado a Bill Gates de ofrecer 10 millones de dólares para que se apruebe en el país una ley de vacunación obligatoria.

AFRICA OMS

El presidente de Madagascar, Andry Rajoelina, dio el pasado 22 de abril una rueda de prensa transmitida por televisión a todo el país para comunicar la existencia de «la primera cura africana” para tratar la COVID-19, enfermedad que se dice provoca el coronavirus SARS-CoV-2. Se trata de una bebida herbal elaborada con tres plantas muy utilizadas por la medicina tradicional del país bautizada como Covid-organics (CVO) que desarrolló el Instituto Malgache de Investigación Aplicada (IMRA) y está basada en la conocida planta Artemisia Annua (también conocida Ajenjo dulce) y otras dos que se mantienen de momento en secreto hasta que sea concedida la patente internacional.

Rajoelina aseveró que las pruebas preliminares demuestran que actúa de forma eficaz en solo siete días y se han enviado ya muestras a República Democrática del Congo, Senegal, Guinea Bissau, Sudáfrica, Chad, Gabón, Nigeria, Ruanda, Kenia, Egipto y Mali. La Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) la ha distribuido también en hospitales de Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Gambia, Ghana, Guinea, Liberia, Nigeria, Sierra Leona, Togo y Cabo Verde.

Usada milenariamente para tratar la malaria su principal agente terapéutico es la artemisinina y de ahí que se comercialicen fármacos basados en ella aunque es más eficaz el consumo directo en infusión de sus hojas secas ya que contienen otros 29 sesquiterpenos y 36 flavonoides que actúan en sinergia. Cabe añadir que es igualmente eficaz en todo tipo de tumores ya que la artemisinina contiene un puente endoperóxido que al interactuar con el hierro forma radicales libres y como las células cancerosas consumen mucho hierro al entrar en contacto con ellas éstos provocan su destrucción selectiva. Dimos cuenta de ello en el reportaje Propiedades anticancerígenas de la artemisinina aparecido en el nº 181 que puede consultarse en nuestra web: www.dsalud.com.

Eso sí, apenas 24 horas después de la rueda de prensa la Academia Nacional de Medicina de Madagascar -guardiana oficial de la ortodoxia sanitaria- declaró que era aún demasiado pronto para conocer bien sus posibles beneficios y podía tener efectos secundarios negativos. Y a los pocos días la propia OMS emitía un comunicado con su alegato habitual cuando se pronuncia sobre productos naturales diciendo simplemente que «se proponen muchas plantas y sustancias sin los requisitos mínimos y la evidencia de calidad, seguridad y eficacia” añadiendo luego en un tono ya absolutamente demagógico que su uso “puede poner a las personas en peligro al darles una falsa sensación de seguridad y distraerlas del lavado de manos y el distanciamiento físico que son cardinales en la prevención de COVID-19″. Lo que no proporcionó es un solo dato, informe o estudio sobre los «posibles efectos dañinos». Se limitó pues a seguir el mantra tantas veces repetido de que su eficacia y seguridad deben avalarse mediante ensayos clínicos obviando por supuesto el hecho de que si no debe estar en el mercado ningún fármaco manifiestamente peligroso y claramente beneficioso habría que retirar inmediatamente de las farmacias ¡el 99% de los que se comercializan!

El presidente de Madagascar lo sabe bien y denunció el boicot en una entrevista que el 11 de mayo se le hizo en canal France 24 recordando que más de un centenar de afectos de la COVID-19 habían superado la enfermedad tomando solo el producto sin que en ningún caso se constataran efectos adversos. “Tuvimos 171 casos -explicaría- y 105 se curaron, la mayoría tomando solo el producto”. Se le preguntó entonces por qué no se habían hecho antes pruebas controladas y respondió: “Cuando estás en guerra, ¿cuál es la mejor prueba que puedes mostrar o dar? Es obvio: la propia curación de los enfermos. El problema es que la CVO procede de África y les cuesta admitir que un país como Madagascar haya ideado una fórmula que pueda salvar al mundo”. Y terminó diciendo: “En esta batalla quieren retrasarnos, desanimarnos e incluso prohibirnos avanzar”.

Tres días después -el 14 de mayo- el Daily Post se hacía eco de la noticia publicada en el semanario Tanzania Perspective en la que se decía en portada: “La OMS ofreció 20 millones de dólares por envenenar la cura para el COVID-19” aunque no aportaba pruebas de ello. Poco después se afirmaba en las redes sociales que el presidente de Madagascar había hecho un llamamiento a los demás países africanos para abandonar la OMS algo que de inmediato desmintió un comunicado oficial que recogería France-Press:La Presidencia de Madagascar -decía el comunicado- niega formalmente esa acusación. Desde el lanzamiento del Covid-Organics se han atribuido falsamente muchas afirmaciones al presidente Andry Rajoelina. Condenamos firmemente tales citas falsas”.

La controversia haría sin embargo que la OMS «suavizara» su postura y el director regional de la organización en África, Matshidiso Moeti, comunicara en rueda de prensa que se habían ofrecido a diseñar un estudio para analizar la seguridad y eficacia del producto. Y el propio presidente Rajoelina daría a conocer en Twitter que había conversado con el Director General de la OMS Tedros Ghebreyesus y éste le había felicitado por el Covid-organics y ofrecido la ayuda de la organización para observar su eficacia clínica en África. Una propuesta «envenenada» a juicio de quienes conocen bien cómo funciona la OMS.

SOBERBIA OCCIDENTAL

Desconfianza más que justificada porque la Organización Mundial de la Salud no duda nunca en pronunciarse contra productos naturales usados inmemorialmente pero no hace lo mismo en el caso de los fármacos de carácter experimental que sin evidencia científica alguna se usan; incluyendo en el caso que nos ocupa algunos de los citados oficialmente como «posibilidades terapéuticas» -¿por qué se citan si no se recomiendan?- para tratar el presunto SARS-CoV-2 y que según algunos médicos han sido la causa real de muchas de las muertes achacadas al coronavirus. Es el caso, entre otros, de la cloroquina y la hidroxicloroquina.

Además no puede hablarse de la Covid-organics (CVO) como si se tratara de un “producto milagro” ignorando el trabajo efectuado para su elaboración. No fue desarrollado precisamente por un brujo en una choza -como algún cretino insinúa- sino por el Instituto Malgache de Investigación Aplicada (IMRA), institución muy respetada a nivel internacional por su labor en el estudio de las propiedades terapéuticas de las plantas. Durante sus 52 años de historia el IMRA ha documentado los usos etnomédicos de más de 6.000 vegetales y ha producido más de 40 medicamentos y nutracéuticos basados ​​en ellos. Su investigación ha llevado de hecho a productos reconocidos internacionalmente como el Madeglucyl -antidiabético natural inocuo elaborado con semillas de las ciruelas de java («rotra» en malgache) procedentes del árbol Eugenia jambolana– y el Madecassol -crema cicatrizante basada en la Centella Asiática-. Además ha ayudado a identificar el potencial antitumoral de las flores de la Vincapervinca de Madagascar (Vinca rosea) que hoy se utilizan para tratar cánceres de mama, vejiga y pulmón.

En cuanto a la investigación del Covid-organics (COV) la dirigió el doctor Charles Andrianjara quien trabajó en 1991 en Reino Unido en el Departamento de Estructura Molecular y Diseño de Pfizer Global y fue más tarde director del Departamento de Informática Molecular de los conocidos laboratorios franceses Pierre Fabre. Poseedor de ocho patentes mundiales como coinventor es quien dirige desde 2010 el departamento de I+D del Instituto Malgache de Investigación Aplicada y fue él quien en cuanto surgieron las primeras noticias de lo que estaba ocurriendo en China se puso a revisar sus bases de datos para buscar los vegetales con mayores propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. “Nuestra hipótesis -explicaría- era que si podíamos tratar la tos, las dificultades respiratorias, los dolores y la fiebre podríamos afrontar la enfermedad”.

Obviamente tuvo en cuenta desde el principio la Artemisia annua porque es de uso común contra la malaria, en 2002 ya demostró ser eficaz en casos de Síndrome Respiratorio Agudo Severo (de ahí la nomenclatura de SARS-CoV) y el nuevo coronavirus se ha asociado a él. Lo que hizo pues fue combinarla simplemente con otros dos vegetales inocuos de propiedades terapéuticas contrastadas -cuyos nombres no se han desvelado aún- y probar la mezcla en unos cuantos pacientes que habían dado positivo a los test y tenían los síntomas característicos comprobando que éstos se reducían en poco tiempo y se recuperaban rápidamente.

Algunas fuentes insinúan que uno de los dos vegetales sería el aceite esencial de alcanfor que se obtiene por destilación de la corteza del alcanforero o Cinnamomum camphora -en Madagascar se comercializa como Ravintsara- de propiedades antivirales, antioxidantes y antiinflamatorias además de estimulante del sistema inmune.

En cuanto a la falta de ensayos de la mezcla es cierto que no se han hecho los estudios convencionales clásicos pero el IMRA asevera que los tres ingredientes han demostrado ser inocuos y eficaces por separado y llevan en el mercado más de 30 años

LA ARTEMISIA ANNUA

Y que no andan desencaminados lo demuestra que investigadores del Instituto Max Planck de Coloides e Interfaces de Potsdam (Alemania) ha iniciado en colaboración con la empresa estadounidense ArtemiLife un estudio celular para valorar si la Artemisia Annua puede usarse específicamente contra el SARS-CoV-2 utilizando tanto extractos de la planta como algunos compuestos aislados de la misma, en especial la artemisinina que ya se usa en el tratamiento de la malaria (vea en nuestra web -www.dsalud.com– los artículos titulados Josep Pamies: “La OMS criminaliza las plantas medicinales» y Propiedades anticancerígenas de las artemisina aparecidos en los números 177 y 181 respectivamente).

Otra iniciativa surgida al calor de la polémica ha sido la de Frank van der Kooy -investigador de la Universidad North-West de Sudáfrica- quien lanzó una iniciativa de «micromecenazgo» para investigar la Artemisa annua frente al SARS-CoV-2 al margen de cualquier empresa que pretenda obtener un rendimiento comercial. Para ello se ha asociado con Jerome Munyangi -de la Facultad de Medicina de la Universidad de Kolweri-Lualaba (República Democrática del Congo)- estudioso de la Artemisa y autor del trabajo Infusiones de té Artemisia annua y Artemisia afra versus Artesunato-Amodiaquina (ASAQ) en el tratamiento de la malaria por Plasmodium falciparum en un ensayo clínico aleatorizado doble ciego a gran escala. El artesunato es un derivado semisintético de la artemisinina y la amodiaquina un derivado de la cloroquina y se comercializan juntos con el nombre de Camoquin para tratar la malaria; pues bien, resultó ser más eficaz la Artemisia annua ingerida sola.

Lo que poca gente sabe es que el doctor Munyangi tuvo que irse a vivir a Francia en 2015 al verse obligado a huir de su país al ser «amenazado por los traficantes de fármacos que trabajan con las empresas farmacéuticas indias y chinas que se están estableciendo en toda África». Y es que Munyangi se dedicó a advertir a la gente de que los fármacos sintéticos basados en la Artemisia generan resistencia y la planta natural no. “El Lariam -afirma por ejemplo al hablar del antipalúdico de la multinacional Rochetiene unos devastadores efectos secundarios que no produce la planta; es un ejemplo emblemático (…) Es pues inentendible que la OMS recomiende el Lariam y se prohíba la Artemisia”. Y tiene razón porque en las últimas décadas se han efectuado numerosos estudios demostrativos de su potencial para combatir virus. Además ayuda notablemente en patologías como las parasitarias, las inflamatorias, las autoinmunes y el cáncer sin efectos secundarios negativos. Cabe por otra parte recordar que cuando apareció en 2002 el SARS-CoV un grupo de investigadores chinos constató in vitro que el extracto de Artemisia inhibe el virus aunque no se llegó a probar en animales. Y lo mismo acaba de constatar en abril de este año un equipo de investigadores argelinos en cuanto al SRAS-CoV-2.

Recordemos que el mecanismo de acción del plasmodium en la malaria es similar al del SARS-CoV-2. Según el trabajo Mecanismos de patogenia en la malaria por Plasmodium falciparum el parásito transmitido por los mosquitos provoca en el pulmón “el secuestro de glóbulos rojos parasitados en el espacio alvéolo-capilar y la presencia de macrófagos y trombos de fibrina, causas de la obstrucción vascular, del edema y del daño al endotelio capilar y a las células alveolares”.

De hecho ésta es la razón por la que ahora se está apostando por tratar a los afectos de Covid-19 que tienen esos síntomas con antimaláricos ya que protegen la hemoglobina y, por tanto, el transporte de oxígeno. La propia OMS descartó en un primer momento la hidroxicloroquina -primera apuesta de las autoridades- tras un estudio publicado en The Lancet según el cual muchos de los fallecidos tratados con ella -en España el 87%- podrían haber sido en realidad víctimas de sus efectos secundarios. Posteriormente tres de sus autores se retractaron y la OMS hizo lo mismo pero la realidad es que como advirtió en solitario nuestra revista en el nº 237 -que vio la luz en abril pasado- sus efectos secundarios adversos aparecen en las fichas técnicas y por tanto los  reconocen los propios laboratorios y lo saben las agencias reguladoras. Son todos estos: hipoglucemia severa (incluyendo pérdida de consciencia que puede amenazar la vida), disminución de la agudeza visual, fotofobia, queratopatía, pérdida del reflejo foveal, oftalmoplejia, afectación del iris/cuerpo ciliar, retinopatía, trastornos del cuerpo ciliar, trastornos musculoesqueléticos (miopatía, neuromiopatía y debilidad muscular), trastornos hematológicos (agranulocitosis, anemia aplásica y trombocitopenia), pancitopenia, anemia aplásica, leucopenia, trombocitopenia, hemólisis, agranulocitosis, nerviosismo, trastornos psicóticos, pesadillas, cefaleas, convulsiones, nistagmus, ataxia, sordera, acúfenos, vértigo, cardiomiopatía, trastornos respiratorios, torácicos y mediastínicos, broncoespasmos, insuficiencia respiratoria, náuseas, diarrea, dolor abdominal, vómitos, función hepática anormal e insuficiencia hepática, trastornos de la piel y del tejido subcutáneo, erupción, dermatitis exfoliativa, eritema anular, erupción morbiliforme, queratosis liquenoide, erupción maculopapular, púrpura, síndrome de Stevens-Johnson, alopecia, trastorno de la pigmentación (piel y mucosas), prurito, encanecimiento, psoriasis, urticaria, neuromiopatía porfiria, irritabilidad, fatiga… y otros. Lo advertimos, no se nos hizo caso y nadie irá a la cárcel por tan estúpida decisión médico-sanitaria.

VACUNACIÓN OBLIGATORIA EN NIGERIA

Igualmente dijimos en números anteriores que la farsa de la pandemia tenía un principal objetivo: vacunar a toda la población del planeta por razones claramente inconfesables que seguiremos poco a poco desvelando. Pues bien, en Nigeria se ha estado debatiendo en el parlamento un Proyecto de ley de control de enfermedades infecciosas 2020 -más conocido como «Proyecto de Ley de Vacunación Obligatoria»y los partidos de la oposición denunciaron durante su tramitación la existencia de «injerencias y presiones extranjeras para que se aprobara». De hecho convocaron una rueda de prensa en la que aseguraron haber interceptado un informe de los servicios de inteligencia “muy creíble” en el que se ponía de manifiesto la intención del Presidente de la Cámara de Representantes –Femi Gbajabiamilla– de «forzar el reglamento» para aprobar la ley obviando los derechos fundamentales de la población.

En su comunicado la autodenominada Coalición de Oposición (CUPP) explicaría que en ese informe queda claro que «fuentes de fuera del país pero muy interesadas en el proyecto de ley» habían entregado 10 millones de dólares «para distribuir entre los legisladores y garantizar así la aprobación sin problemas del proyecto de ley”; según afirmaron luego el pago se acordó hace unos meses «durante un viaje a Austria». Lo que no se dijo fue quién habría puesto ese dinero aunque varios medios de comunicación del país dejaron entrever que su origen estaría en el entorno de Bill Gates cuya fundación lleva años impulsando en Nigeria -y en toda África- distintas vacunas. Un mero ejemplo: en 2018 la Fundación Bill y Melinda Gates se comprometió a pagar 76 millones de dólares de la deuda contraída por Nigeria con Japón en 2014 si a cambio se les aseguraba que se vacunaría a los niños del país contra la polio.

Todo lo dicho es posible porque la futura ley deja el control de las vacunas en manos del Director General del Centro Nigeriano para el Control de Enfermedades (NCDC) aunque “atendiendo a las instrucciones generales o especiales del ministro responsable». El texto legislativo dispone que “Ante un brote o presunto brote de cualquier enfermedad infecciosa en cualquier área de Nigeria el Director General puede ordenar a toda persona no protegida o vacunada contra la enfermedad que se vacune o se someta a cualquier otra medida profiláctica”. Es más, se le faculta a poder detener y aislar a cualquier persona sospechosa de padecer una enfermedad infecciosa o ser «portadora» de la misma «en un hospital o cualquier otro lugar por un período de tiempo sujeto a las condiciones que el Director General pueda determinar”. Sin comentarios.

Femi Gbajabiamila, patrocinador principal del proyecto, niega por supuesto que se pretenda convertir a los nigerianos en conejillos de indias arrebatándoles sus derechos fundamentales. “Desafortunadamente -alegaría- vivimos en una época en que las teorías de la conspiración han ganado tanta vigencia que los esfuerzos genuinos en favor del interés público pueden ser rápidamente malinterpretados aumentando el espectro de intenciones siniestras y posibilidades ominosas”. Y ya se sabe que lo mejor para el pueblo no debe decidirlo el pueblo…

El veterano columnista Tola Adeniyi -miembro de la Asociación de Periodistas de la Commonwealth y Presidente Nacional de la Liga de Columnistas de Nigeria– ha dado su opinión al respecto: “En ningún lugar del mundo la vacunación general es obligatoria. Debemos salvar a los nigerianos de la sentencia de muerte orquestada por el mundo occidental y sus agencias racistas. Quien haya recibido sobornos e incentivos financieros del exterior debería limitar la maldición a sus familias”.

Ante tal presión social la cámara de representantes ha acordado someter el proyecto de ley a una audiencia pública para que la propia población pueda dar su opinión. 

BILL GATES, UNA PESADILLA PARA ÁFRICA

El pasado 9 de abril el abogado estadounidense Robert F. Kennedy Jr. -un auténtico tormento para los fabricantes de vacunas por sus continuas batallas en los tribunales y denuncias mediáticas- escribía en la web childrenshealthdefense.org un artículo titulado La agenda globalista de vacunas de Gates: un beneficio mutuo para las farmacéuticas y la vacunación obligatoria que ayuda a entender por qué tanto la OMS con sus políticas de vacunación como Bill Gates se han convertido en centro de controversia constante en algunos estados africanos. “Para Bill Gates las vacunas son una filantropía estratégica que alimenta sus muchos negocios relacionados con ellas (incluida la ambición de Microsoft de controlar una empresa global de identificación de vacunas) y le da el control dictatorial de la política de salud global. La obsesión de Gates con las vacunas parece deberse a su convicción de que se puede salvar el mundo con tecnología”.

Kennedy recuerda luego en su artículo que son muchos los hindúes y africanos enfadados porque las multinacionales farmacéuticas llevan décadas utilizándoles de cobayas. En 2002 por ejemplo se desarrolló en el África subsahariana la campaña MenAfriVac -financiada por Gates con 70 millones de dólares- en la que se vacunó contra el meningococo de la meningitis a miles de niños y muchos acabaron desarrollando parálisis. Aquello escandalizó a la opinión pública mundial y el profesor Patrick Bond -economista que trabajó para Nelson Mandela– llegaría entonces a describir las prácticas filantrópicas de Gates como “despiadadas e inmorales”.

Dos años después -en 2010- la Fundación Bill y Melinda Gates financió un ensayo en fase 3 de una vacuna experimental contra la malaria de GlaxoSmithKline (GSK) que llevó a la muerte a 151 niños y efectos adversos graves -como parálisis, convulsiones y convulsiones febriles- ¡a 1.048 de los 5.949 niños participantes en el ensayo!

Cuatro años más tarde -en 2014- la Asociación de Doctores Católicos de Kenia acusó a la OMS de esterilizar químicamente a millones de mujeres keniatas mediante una campaña de vacunación contra el tétanos. Tras negar inicialmente los cargos la OMS terminaría admitiéndolo y que las vacunas se estuvieron poniendo durante más de una década. Y es que ya se sabe que para Bill Gates y otros líderes políticos es urgente acabar con la masificación terrestre. De hecho acusaciones similares tuvieron lugar luego en Tanzania, Nicaragua, México y Filipins (vea en nuestra web –www.dsaud.com– el artículo La OMS y UNICEF, acusadas de amparar vacunas para controlar el crecimiento poblacional aparecido en el nº 180).

En 2017 se publicaría el trabajo The Introduction of Diphtheria-Tetanus-Pertussis and Oral Polio Vaccine Among Young Infants in an Urban African Community: A Natural Experiment (Introducción de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina y la vacuna oral contra la poliomielitis en niños pequeños de una comunidad urbana africana: un experimento natural). Lo dirigió Soren W. Mogensen y demostró que la popular vacuna DTP de la OMS provoca más muertes que las que causan las enfermedades que se supone previene. La mortalidad entre quienes recibieron la vacuna fue 5 veces mayor que entre los no vacunados. Bueno, pues la OMS se ha negado a retirarla.

CABRAS Y PAPAYAS DAN POSITIVO AL SARS-COV-2 

Terminamos contando que el presidente de Tanzania, John Magufuli, es doctor en Química y decidió probar la eficacia de los test que utilizaba el personal de la OMS en su país para diagnosticar el SARS-CoV-2 y lo que hizo fue enviar a finales de abril pasado al laboratorio encargado de los análisis muestras de cabra, oveja, papaya, aceite de coche, un conejo y un pájaro llamado kware dando a cada una un nombre de hombre o mujer para que se creyera que pertenecían a personas con síntomas. Pues bien, nada más tener los resultados compareció públicamente y explicó que las muestras de papaya, cabra y kware ¡había dado positivo! Y se preguntó con ironía: «¿Significa esto que todas las papayas y cabras deben ser aisladas? Alguien está haciendo juego sucio. Aconsejo a los tanzanos que no se preocupen: la gripe siempre ha estado ahí y esto es solo un paso más”. Al día siguiente el director, el responsable de control de calidad del laboratorio y el jefe del departamento de Tiendas Médicas fueron destituidos abriéndose una investigación. La OMS se limitó a negar que eso fuera posible y el director de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) en África, John Nkengasong, aseguró que los test que se usan en Tanzania son los mismos que en el resto del continente. Afirmación que en vez de tranquilizar inquieta.

La oposición acusó al presidente de no haber tomado medidas drásticas de prevención pero lo cierto es que a fecha de 28 de mayo solo había habido en Tanzania -país de 56 millones de habitantes- ¡509 positivos y 21 muertos!

Antonio F. Muro

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PORTADA 239
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