Las cifras de muertos no demuestran que haya habido una pandemia

Los datos aportados por el gobierno español a primeros de junio pasado indicaban que en las 21 primeras semanas de 2020 se habían producido en España 43.945 muertes más que en el mismo periodo de 2019 dando a entender con ello que nuestro país ha sufrido realmente una pandemia causada por un peligrosísimo coronavirus bautizado como SARS-CoV-2 que dio lugar a la enfermedad llamada Covid-19 y, por tanto, las medidas que adoptó -incluido el uso de mascarillas y el confinamiento- han estado siempre justificadas. Cuestión aparte sería si la gestión de las mismas fueron las más adecuadas en cada momento, si fueron necesarias, oportunas y convenientes y si -como afirma gratuitamente- el problema no se resolverá hasta que haya una vacuna que pueda inocularse si no a toda al menos a la mayoría de la población. Ahora bien, ¿es todo eso así? Analicémoslo en detalle.

CIFRAS DE MUERTOS

La pandemia que dicen asola al planeta se basa en la afirmación de que hay en el mundo cientos de miles de personas contagiadas y decenas de miles de muertos a causa de un nuevo y peligroso coronavirus bautizado como SARS-CoV-2 cuya mera existencia -sea natural o producto de manipulación genética- está aún en entredicho. Contagiados y muertos cuyo número se calcula en función de los test que se utilizan. Pues bien, ya hemos explicado ampliamente en la revista que la fiabilidad de los test es NULA y por tanto las cifras de supuestos contagiados y muertos también porque se basan en ellos. Es algo de perogrullo que a la sociedad le cuesta sin embargo entender porque lleva meses siendo bombardeada a diario con cifras de supuestos enfermos y muertos no ya en España sino en todo el mundo.

Hemos explicado asimismo que nuestro propio Gobierno terminó aceptando que los test de antígenos y anticuerpos no son fiables y para confirmar si alguien está «contagiado» o ha «muerto por» el SARS-CoV-2 se precisa una prueba PCR con transcriptasa inversa o RT-PCR. Prueba a la que el gobierno da una «alta fiabilidad» cuando la verdad es que la credibilidad que merece es también NULA. Como ya hemos explicado varias veces la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) desmiente a nuestro gobierno ya que en su web reconoce que la prueba de la RT-PCR puede dar positivo a otros virus e incluso a bacterias. Es más, su escasa fiabilidad es tal que según añade puede dar falsos positivos y falsos negativos. Es pues esperpéntico que la sociedad admita las cifras oficiales de «contagiados» y «muertos cuando carecen de la más mínima credibilidad. Y sin embargo el 99% de la sociedad les da crédito. Realmente inaudito.

Es más, en el supuesto de que el virus existiera -algo no demostrado- y de que el test fuera fiable -que no lo es- el hecho de dar positivo no implica que uno esté «contagiado» o «enfermo»: solo indicaría que se ha detectado un fragmento de ARN del coronavirus (y no éste). Fragmento de ARN que puede pertenecer al supuesto SARS-CoV-2 pero también a otros virus, bacterias y material celular normal. Luego ni siquiera en tal caso podría decirse que alguien está «contagiado» o «enfermo» por él. Los propios médicos admiten incluso que uno puede ser portador de un virus -de éste o de cualquier otro- y no sufrir síntoma alguno o enfermar por ello. A tales personas se las llama «asintomáticas» y se dice que aunque no enfermen pueden contagiar a otros… y la sociedad -biólogos, virólogos, médicos, autoridades, políticos y periodistas incluidos- admite tamaña patraña. La verdad sin embargo es que si alguien no tiene síntoma alguno y el test da positivo no es que sea «asintomático», es que el test es una chapuza. Va siendo hora de llamar a las cosas por su nombre. El hecho de que alguien haya dado pues positivo al test tras fallecer tampoco implica que el coronavirus haya sido la causa y es una desvergüenza haber incluido tales muertes entre las «víctimas de la Covid-19″.

En suma, las cifras oficiales de contagiados y muertos por el SARS-CoV-2 carecen de la más mínima credibilidad.

No podemos sin embargo decir lo mismo de las cifras de hospitalizados y fallecidos por todas las causas (muerte natural, enfermedad, suicidio, efectos adversos de los tratamientos médicos, etc.). El problema es que la gestión de las autoridades en este ámbito sí ha sido desastrosa. El baile de cifras ha sido tan espectacular que hasta quienes creen que existe o ha existido una pandemia se lo han tomado a menudo a guasa.

LAS CIFRAS DE FALLECIDOS 

En pocas palabras, las cifras de supuestos «contagiados» y «fallecidos por» carecen de credibilidad alguna pero no así las de «hospitalizados» y «muertos por todas las causas» aunque se hayan comunicado de forma desastrosa y con constantes errores y rectificaciones que solo denotan la descoordinación, ineficacia e ineptitud de los implicados en el proceso con el Gobierno como principal responsable. Su actuación ha sido tragicómica y se debe en buena parte a la discrepancia de las cifras ofrecidas por los dos principales organismos implicados: el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria en España -más conocido por las siglas MoMo dependiente del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) del Instituto de Salud Carlos III en el que también se encuentra el Sistema de Vigilancia en España (SiViEs), plataforma tecnológica de vigilancia epidemiológica. Son estas entidades las que se dedican a recibir la información -bien de las comunidades autónomas, bien de los hospitales, bien de otros organismos como el ministerio de Justicia- que luego se pasan al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias que dirige Fernando Simón, organismo que depende del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Cabe agregar que las cifras de mortalidad general proceden de los 3.929 registros civiles existentes en España que están informatizados y corresponden al 93% de la población.

Pues bien, el pasado 3 de junio el Instituto Nacional de Estadística (INE) -organismo autónomo del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital que ofrece estimaciones sobre mortalidad comparándolas solo con el año anterior- emitió un comunicado con el título de Estimación de Defunciones Semanales durante el brote de COVID-19 (EDeS) según el cual el número estimado de defunciones en España durante las 21 primeras semanas de 2020 -hasta el 24 de mayo- fue de 225.930 y eso supone 43.945 muertes más (el 24,1%) que en el mismo periodo de 2019. Siendo llamativo que mientras en la comunidad de Madrid el número de muertos fue un 72,7% superior, en Castilla-La Mancha un 58% y en Cataluña un 41% en Murcia fue solo del 1,1% y en las islas Baleares del 0,5%.

Como llamativo es que el mayor número de muertos se produjo en la semana del 30 de marzo al 5 de abril con 20.575 personas fallecidas; es decir, casi la mitad del exceso de muertes se produjo en solo una semana. En cuanto a la edad de las víctimas de 2020 la inmensa mayoría tenía más de 80 años y padecía problemas de salud.

Ahora bien, ¿qué credibilidad tienen las cifras oficiales cuando desde el principio se avisa de que son «provisionales»? De hecho el MoMo afirmaba en un informe fechado el 25 de mayo que en 2020 habían fallecido 30.829 personas más que en 2019 y apenas tres días después -el 28 de mayo- que eran 43.014 más. ¿Cómo es posible tamaño dislate? El MoMo lo justificaba diciendo simplemente que “las defunciones observadas en los últimos 28 días se corrigen por el retraso en la notificación” añadiendo: “Hoy se han recibido de forma extraordinaria 12.054 defunciones ocurridas en los últimos tres meses que no habían entrado en el sistema”. Inaudito. Lo más importante en cualquier caso es que según el informe de esas 43.014 muertes más de las esperadas 35.539 correspondían a mayores de 74 años y otras 4.962 a adultos de entre 65 y 74 y eso implica que «solo» 2.513 tenían menos de 65. Ahora bien, estamos hablando de fallecimientos por todas las causas.

Cinco días después -el 3 de junio- el INE aseguraba que en las 21 primeras semanas de 2020 se habían producido realmente en España 43.945 muertes más que en el mismo periodo de 2019, es decir, 913 fallecimientos más de las que daba el MoMo. Una disparidad de cifras no exagerada pero que denota la poca fiabilidad de los datos ofrecidos por el Gobierno que se excusó diciendo luego que la diferencia se debía a que el INE aplicó lo que se denomina “coeficiente de expansión” para compensar el 6,4% de la población que no recoge los registros civiles.

Resumiendo: de 1 de enero a 24 de mayo de 2020 murieron oficialmente en España 225.930 personas de las que 27.125 se habrían debido a la Covid-19 y el resto a otras causas. Luego si en ese periodo hubo 43.945 muertes más que el año pasado fallecieron como mínimo 16.820 personas más ¡por otras causas! (43.945 – 27.125). ¿Puede el ministerio aclarar por qué? ¿Cómo se explica que haya habido -como mínimo- 16.820 muertes más de las esperadas que no fallecieron por la Covid-19?

POR QUÉ HA HABIDO MÁS MUERTOS ESTE AÑO

Lo primero que hay que recordar una vez más es que no hay evidencia alguna de aislamiento del SARS-CoV-2 y por tanto atribuir enfermedad o muertes a un coronavirus ARN no aislado carece de base científica alguna. Los datos de epidemiología proceden de pruebas genéticas (PCR) y serológicas (reacciones antígeno-anticuerpo) y en ambos casos se trata de pruebas sin rigor científico y por tanto sin validez diagnóstica o estadística.

Además existe otra explicación para el exceso de mortalidad detectado: el 25 de mayo el gobierno español encontró -de forma muy oportuna- 12.054 fallecidos más alegando simplemente que no los había contabilizado el sistema por error. Sin embargo poco después «descontaba» unos 2.000 alegando que se trataba de casos duplicados o eran solo “casos sospechosos” y no “casos confirmados”. Apenas unos días después -el 2 de junio- algunos medios denunciaban que las cifras del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social no coincidían siquiera con las aportadas por las comunidades autónomas.

Y por añadidura tampoco se comunicó correctamente la información al EuroMoMo, programa similar al MoMo español a nivel europeo que recoge los datos de 24 países -incluyendo el nuestro- cuyos informes difieren de las cifras que venimos dando: si analizamos sus datos veremos que en la semana 21, cuando aquí se hablaba de un «exceso» de miles de fallecidos el EuroMoMo indicaba para España “ningún exceso”. Y, posteriormente, cuando España añadió los miles de fallecimientos nuevos encontrados, el EuroMoMo seguía indicando que se trataba de un «exceso bajo”.

En plena confusión de cifras intervendría la Asociación Española de Profesionales de Servicios Funerarios (AESPROF) publicando un informe titulado Estudio de mortalidad real en España por la pandemia de coronavirus en el que se decía que los fallecidos a 24 de mayo por la pandemia eran 43.945 y no 28.109 como decía el ministerio. Informe realizado con datos procedentes de las funerarias, registros civiles, registros forenses, médicos forenses, patólogos e institutos de medicina legal. El varapalo a la credibilidad del Gobierno fue tal que los 250 profesionales que suministraron esos datos pidieron permanecer en el anonimato “debido a las presiones importantísimas a las que están siendo sometidos”.

Claro que el número de “errores” inexplicables durante esta pandemia ha sido enorme y de ahí que las ruedas de prensa diarias se terminaran convirtiendo en motivo de risa para la sociedad que, sin embargo, asistió atónita al apoyo casi incondicional que los grandes medios de comunicación dieron y siguen dando aún a las explicaciones oficiales.

LOS DATOS SON CONTUNDENTES

A 6 de junio de este año las cifras oficiales indicaban que el SARS-CoV-2 al que se achaca la Covid-19 había provocado en todo el mundo 7.016.794 contagios y 402.874 muertos de los que 2.257.522 contagios y 183.636 muertes correspondían a Europa. En cuanto a España el número de “contagiados” era de 241.550 y el de muertos de 27.136. Tales eran a primeros de junio las cifras oficiales sobre la “pandemia” que ha llevado al mundo a una situación global de crisis por culpa de la declaración hecha unilateralmente por el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Tedros Adhanom Ghebreyesus tras consultar solo a unos cuantos “asesores” qué él mismo designó de forma discrecional.

Declaración de pandemia que solo fue posible porque los dirigentes de la OMS decidieron en 2009 cambiar la definición para poder declararla de forma más sencilla que una epidemia. Declarar ésta requiere que se trate de una infección muy amplia, que se propague rápidamente, sea peligrosa y potencialmente mortal y dure cierto tiempo; además debe haber un número de afectados superior a lo establecido como “normal” para cada enfermedad en cada país. Y es evidente que en caso de una «nueva enfermedad» no hay baremo anterior con el que comparar cifras de contagios y muertes por lo que el criterio para determinar si existe un problema que pueda calificarse de epidémico es completamente subjetivo y arbitrario. Y lo mismo cabe decir de su calificación como pandemia en caso de que afecte a más de un país. Lamentablemente, la OMS aprobó en su día que tal decisión la tomara personalmente el Director General de la OMS tras consultar con el grupo asesor que nombra él mismo discrecionalmente por lo que es obvio que él o quien esté detrás de sus decisiones tiene el control mundial para declarar pandemias y sugerir las medidas a tomar sin que ningún gobierno pueda oponerse. Así que controlar la OMS en ese ámbito requiere solo controlar a su Director General. Muy cómodo y conveniente porque exige muchos menos esfuerzos de todo tipo.

En suma y a modo de resumen: lo acaecido con el presunto SARS-CoV-2 no justificó la declaración de epidemia en NINGÚN PAÍS DEL MUNDO y aún así Tedros Adhanom Ghebreyesus -en nombre de la OMS– decidió calificarla de pandemia. Mero hecho que debería haber llevado a una investigación profunda y en caso de confirmarse prevaricación a su detención inmediata y al procesamiento judicial de él y sus asesores.

Para que el lector no versado en la materia lo entienda vamos a poner un ejemplo: el de la influenza o gripe común. Los datos oficiales indican que solo en Europa padecen gripe cada año ¡148 millones de personas! cuando el SARS-CoV-2 ha causado en casi cinco meses 2.257.522 presuntos contagiados y no se espera que la cifra crezca ya muchos más. Es decir, que la gripe causa 65 veces más contagios. Además la tasa de mortalidad de la gripe en los últimos años es superior a la del SARS-CoV-2. Según el Sistema de Vigilancia de la Gripe en el periodo 2016-17 murió el 15,6% de los infectados, en 2017-18 el 17,4% y en 2018-19 el 17,5%. La tasa de mortalidad achacada a la Covid-19 es sin embargo del 11,9%. Algo que jamás podrá comprobarse porque muchos de los fallecidos -especialmente al principio- fueron inmediatamente incinerados sin permitir que se les hiciesen autopsias. El propio Fernando Simón lo admitió en una de sus comparecencias: “Nunca llegaremos a saber cuántas muertes exactamente se debieron a la Covid-19”.

El único dato aparentemente fiable -aunque habrá que esperar a que se confirme y oficialice- y realmente preocupante es el de que durante las 21 primeras semanas de 2020 -hasta el 24 de mayo- hubo en España por todas las causas 43.945 muertes más que en el mismo periodo de 2019, dato que pareciera confirmar que estamos ante una peligrosa pandemia pero es que asimismo se afirma que de ellas solo 27.125 –unos días después se hablaba de 28.313  se habrían debido a la Covid-19 y 16.820 (tras la enésima corrección»  15.632)  a otras causas. Y eso demuestra que el exceso de muertes no puede explicarse solo por la supuesta expansión del SARS-CoV-2. 

CAUSAS DE LAS MUERTES

Aunque las cifras gubernamentales son todavía estimaciones y no datos definitivos démoslas aún así por buenas en un ejercicio de buena voluntad y analicemos qué otras causas pueden haber provocado el exceso de mortalidad acaecido en 2020 en España, muchas de las cuales ya adelantamos en solitario hace ¡tres meses! en el artículo que con el título Nuevas claves para entender la “pandemia” declarada por la OMS apareció en el nº 237 correspondiente a mayo y salió a finales de abril así como en varios reportajes más. En él ya se explicó -y conviene recordarlo ahora de nuevo- que con motivo del colapso social que provocó la campaña de terror informativo…

…los servicios de Urgencia, las salas de espera, los pasillos y hasta las UCI estuvieron abarrotados de personas sin protección que convirtieron todos los centros sanitarios en gigantescos focos de infección; a fin de cuentas todo ello se produjo durante los meses habituales de colapso a causa de la gripe, las infecciones respiratorias y las alergias.

…se dejó morir sin tratamiento a muchas personas -en los hospitales, residencias de mayores y domicilios particulares- por falta de medios, médicos y tratamientos; a buena parte sedándolas para que fallecieran sin sufrir en lo que muchos consideran una eutanasia masiva encubierta (sin permitirles despedirse siquiera de sus familias y allegados).

…numerosos enfermos murieron a causa de los propios tratamientos médicos. La inexistencia de protocolos eficaces -algo reconocido por la propia OMS– hizo que los médicos no supieran exactamente qué hacer y en muchos casos utilizaron procedimientos que luego se constataron no ya ineficaces -que también- sino que agravaron el problema llevando a muchos pacientes a la muerte.

…muchas personas mayores que vivían solas -las más vulnerables- murieron porque no fueron atendidas en sus domicilios a pesar de llamar para que alguien fuera a socorrerles y o bien no pudieron ir al hospital o lo hicieron y se les envío de nuevo a casa con excusas porque así lo habían «sugerido» las autoridades para «ahorrar material sanitario» en una actuación no ya negligente sino criminal.

…muchos fallecimientos masivos en las residencias de personas mayores se debieron a la falta de atención sanitaria y médica; las propias cifras oficiales -aun siendo no creíbles- corroboran que la mayor parte de las muertes se produjeron en ellas, muy especialmente en las públicas.

…los cuadros de miedo, ansiedad y depresión que causó el estado de alerta y las medidas adoptadas hizo que el sistema inmune de muchas personas -incluidas algunas jóvenes y sanas pero especialmente las afectadas por patologías previas graves- se deprimiera provocando inmunodeficiencias que aceleraron o provocaron su muerte.

…el 97% de los fallecimientos achacados al SARS-CoV-2 se produjo entre mayores de 65 años con graves patologías y polimedicadas por lo que el confinamiento de toda la población no se ha justificado nunca. Hacerlo ha llevado a muchas personas a situaciones de angustia y soledad haciendo que bajaran sus defensas.

…el uso continuado de mascarillas no solo es ineficaz sino contraproducente en las personas sanas; puede provocar problemas de salud incluso graves por lo que obligar a llevarlas puede ser calificado de delictivo.

…gran parte de las personas hospitalizadas fueron tratadas en las primeras semanas con fármacos inadecuados e incluso no autorizados de graves efectos adversos. Es por ejemplo el caso de la hidroxicloroquina que se dio en España al ¡85,7%! de los internados a pesar de conocerse sus múltiples efectos adversos ya que figuran en las fichas técnicas: hipoglucemia severa (incluyendo pérdida de consciencia que puede amenazar la vida), disminución de la agudeza visual, fotofobia, queratopatía, pérdida del reflejo foveal, oftalmoplejia, afectación del iris/cuerpo ciliar, retinopatía, trastornos del cuerpo ciliar, trastornos musculoesqueléticos (miopatía, neuromiopatía y debilidad muscular), trastornos hematológicos (agranulocitosis, anemia aplásica y trombocitopenia), pancitopenia, anemia aplásica, leucopenia, trombocitopenia, hemólisis, agranulocitosis, nerviosismo, trastornos psicóticos, pesadillas, cefaleas, convulsiones, nistagmus, ataxia, sordera, acúfenos, vértigo, cardiomiopatía, trastornos respiratorios, torácicos y mediastínicos, broncoespasmos, insuficiencia respiratoria, náuseas, diarrea, dolor abdominal, vómitos, función hepática anormal e insuficiencia hepática, trastornos de la piel y del tejido subcutáneo, erupción, dermatitis exfoliativa, eritema anular, erupción morbiliforme, queratosis liquenoide, erupción maculopapular, púrpura, síndrome de Stevens-Johnson, alopecia, trastorno de la pigmentación (piel y mucosas), prurito, encanecimiento, psoriasis, urticaria, neuromiopatía porfiria, irritabilidad, fatiga… y otros.

¿Qué hace pues la sociedad aplaudiendo y considerando “héroes” a quienes asumieron críticamente al principio de la “pandemia” que se enfrentaban a una infección respiratoria aguda severa causada por un “nuevo” coronavirus” y muy posiblemente contribuyeron con sus tratamientos a la muerte de miles de personas al aplicarles tratamientos contraindicados con las coagulopatías que en realidad padecían como terminó sabiéndose gracias a las autopsias practicas por médicos italianos? ¿Se investigará esto para depurar responsabilidades y actuar legalmente contra los culpables? ¿Y cómo se ha concedido el Premio Princesa de Asturias a un colectivo cuyo éxito oficial se resume en decenas de miles de muertos más que en el mismo periodo del año anterior? ¿Cómo se entiende que se les felicite cuando entre los casi 50.000 sanitarios que se dice resultaron «contagiados» hubo menos de un centenar de muertes y entre los más de 175.000 no sanitarios más de 27.000? ¿Se ha perdido cualquier atisbo de sentido común?

Terminamos indicando que hay datos incontestables de que las radiaciones electromagnéticas de la tecnología 5G pueden afectar mucho la salud de las personas más débiles infectadas contribuyendo a agravar su estado pero es que por sí mismas pueden ser causa de la hipoxia, los trombos y la reacción inmunitaria descontrolada que caracteriza a los enfermos de la Covid-19.

Robert J. Williams

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