Una nueva «enfermedad»: el Síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico potencialmente asociado con Covid-19

El hecho de que el SARS-CoV-2 no afecte a los niños supone que no tienen por qué ser objeto de vacunación masiva y eso es algo que algunos no parecen estar dispuestos a admitir así que acaba de anunciarse una nueva «enfermedad» que ha sido bautizada como Síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico potencialmente asociado a la Covid-19. Sus síntomas son parecidos a los de la Enfermedad de Kawasaki pero quienes hablan de ella dicen que es «diferente». Lo que no se cuenta sin embargo es que muchos expertos relacionan las vacunas con la aparición de la enfermedad.

SÍNDROME INFLAMATORIO

El pasado 15 de mayo el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, comunicó que estaban analizando la posible relación de causalidad entre la Covid-19 y el Síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico, similar en su manifestación a la Enfermedad de Kawasaki que algunos niños han experimentado en las últimas semanas en Estados Unidos, Italia, Reino Unido y Francia. “Los informes iniciales -diría- manejan la hipótesis de que este síndrome puede estar relacionado con la Covid-19. Es fundamental y urgente caracterizarlo, comprender su causalidad y pautar tratamientos”.

Dos días después el doctor Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, iría aún más allá: “Parece que la hipótesis podría tener una base sólida”. Es decir, que en solo dos días el portavoz del Gobierno español para la pandemia pasó del “puede estar relacionado” de la OMS a tener “una base sólida” alimentando así otra peligrosa especulación alentada luego por algunos medios de comunicación.

Todo empezó cuando el pasado 27 de abril las autoridades sanitarias británicas informaron del ingreso hospitalario de varios niños gravemente enfermos que presentaban síntomas similares a los provocados por la Enfermedad de Kawasaki: fiebre alta, vómitos, diarrea y alteraciones cardíacas. Y como en estos momentos a todo enfermo que ingresa en un hospital o clínica se le hace un test para saber si tiene el famoso SARS-CoV-2 resultó que algunos estaban “infectados” y otros lo habían estado, conclusión más que discutible porque ninguno de los test que se usan es fiable como reconoce la propia OMS. El caso es que como unos días antes -el 7 de abril- había dado también “positivo” en Estados Unidos otro niño diagnosticado como afecto de la Enfermedad de Kawasaki el Royal College of Paediatrics and Child Health relacionó ambos hechos infiriendo que niños con esa sintomatología podían ser en realidad infectados por el SARS-CoV-2 y el 1 de mayo ya publicaba una guía para identificarlos clínicamente que describe un posible caso así: Niño que presenta fiebre persistente, inflamación -neutrofilia, PCR elevada y linfopenia- y disfunción de uno o varios órganos -shock cardíaco, trastorno respiratorio, renal, gastrointestinal o neurológico- Puede incluir a niños que cumplan criterios completos o parciales para la Enfermedad de Kawasaki. Su sintomatología no obedece a causa microbiana -incluyendo sepsis bacteriana, estafilococos o síndromes de choque estreptocócico- ni a infecciones asociadas con miocarditis como la provocada por el enterovirus. Las pruebas PCR para el SARS-CoV-2 pueden dar positivas o negativas.

Es decir, que si el test PCR da “positivo” se considera válido pero si sale “negativo” no. Pura ciencia, vamos. Y con tan pocos casos y escasos argumentos el Royal College of Paediatrics and Child Health británico tuvo el atrevimiento de acuñar una nueva “enfermedad” que asoció a la Covid-19 y denominaría Síndrome multisistémico inflamatorio pediátrico asociado temporalmente con infección por SARSCoV-2 (SIMP).

Lo llamativo es que alguien se lo creyó de inmediato porque el 4 de mayo el Departamento de Salud e Higiene Mental de la Ciudad de Nueva York emitió una alerta para identificar en sus hospitales a los niños con SIMP -la “nueva enfermedad” inventada- y seis días más tarde -el 10 de mayo- ya habían “detectado” a 85 niños con síndromes inflamatorios, tres de los cuales fallecieron habiendo dado “positivo” al test. Solo dos días después -el 6 de mayo- se afirmaba que ocho niños británicos habían sido diagnosticados como afectos de la nueva enfermedad a pesar de que solo dos dieron positivo al test infiriéndose que otros tres habían estado expuestos al virus aunque dieran negativo. El 12 de mayo se notificaban en Francia 65 nuevos casos y 15 posibles apareciendo en la provincia italiana de Bérgamo 8 más.

Buena muestra de lo poco o nada que tiene ver el SIMP con la Covid-19 es que en los países asiáticos más afectados por ésta no aumentó el número de niños con síntomas hasta ahora achacados solo a la Enfermedad de Kawasaki y, sin embargo, ha sido con tan escasos mimbres con lo que se ha fabricado la “nueva enfermedad infantil” presuntamente relacionada con la Covid-19 a la que el cada vez más desprestigiado Director General  de la OMS ha dado pábulo.

Lo que no se le cuenta a la sociedad es que una reciente revisión de 45 artículos científicos sobre el impacto en niños del coronavirus ha revelado que solo entre el 1% y el 5% da positivo al test del SARS-CoV-2 y en todos ellos los síntomas son leves y las muertes “extremadamente raras”.

¿KAWASAKI O SIMP?

La llamada Enfermedad de Kawasaki afecta sobre todo a bebés y niños de menos de 5 años, cursa con inflamación multisistémica aguda de los vasos sanguíneos y aunque fue descrita hace ya cincuenta años por el doctor Tomisaku Kawasaki como patología independiente sigue sin saberse qué la causa. Se trata de una de las 7.000 “enfermedades raras” -la padecen 90 de cada 100.000 niños en Japón, que es la zona del mundo donde es más frecuente-, se cree que puede provocarla una respuesta inmune exacerbada causada por una infección y no se han descrito factores de riesgo. Se manifiesta con fiebre alta durante cinco o más días y se diagnostica como tal si además aparecen 4 de estos 5 síntomas: erupción en tronco e ingle, ojos muy rojos, labios rojos secos y agrietados con lengua hinchada “rojo fresa”, enrojecimiento y descamación extensa de manos y pies o ganglios linfáticos inflamados.

Cabe añadir que la cuarta parte de los niños afectados termina sufriendo problemas cardíacos, inflamación de las arterias que transportan la sangre al corazón (arteritis coronaria), ensanchamiento o abultamiento de sus paredes (aneurismas), inflamación del músculo cardíaco (miocarditis) y otros síntomas que no suelen ser mortales si se tratan adecuadamente. Es decir, la Enfermedad de Kawasaki tiene síntomas similares a otras patologías infantiles. Lo que no es tan sabido es que algunos de estos síntomas pueden también aparecer en bebés y niños ¡poco después de ser vacunados!

¿Y por qué esos pediatras han inferido que la “nueva enfermedad” bautizada como Síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico se diferencia de la Enfermedad de Kawasaki? Pues según alegan porque en los últimos meses ha afectado a más niños que otros años, a varios de más de 5 años –incluso a adolescentes-, hay una mayor presencia de vómitos y diarreas, los marcadores de lesión cardíaca aparecen más altos y se  inflama más el corazón que las arterias coronarias. Tal es la “sólida base” de que existe una nueva enfermedad asociada a la Covid-19.

Tan “sólida” que ya hay expertos que han salido a “matizarlo”. Uno de los portavoces del Hospital de Yale (EEUU) en el que se está tratando actualmente estos casos fue claro y conciso: “Estamos viendo cosas nuevas en adultos y niños que nunca habíamos visto en ninguna enfermedad infecciosa pero antes de atribuir cosas raras y complicadas a la Covid-19 creo que tenemos que dar un paso atrás y aprender más al respecto”. De hecho está aún por demostrar que realmente se trata de una enfermedad infecciosa.

A primeros de junio –momento de redactarse este texto- el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades no había establecido de hecho ninguna asociación entre el SARS-CoV-2 y la supuesta nueva enfermedad habiéndose limitado a calificar de “bajo” el riesgo de que los niños la contraigan en Europa.

En suma, hablamos de unas decenas de casos que ni siquiera están claros y por tanto el miedo que ha pretendido inculcarse con ella no se justifica; miedo que solo beneficia a quienes quieren vacunar a toda la población, incluidos los niños, para prevenir el contagio del presunto SARS-CoV-2. Es más, si admitiéramos que el llamado Síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico existe y lo provoca una reacción inmune desmesurada lo lógico es exactamente lo opuesto: habría que ¡descartar por completo la vacuna!

El Dr. Michael Bell, jefe de cuidados intensivos del Children’s National de Washington (EEUU), dice al respecto: “Lo que estamos viendo tiene implicaciones no solo para los niños enfermos sino para todos ellos. Todo el mundo quiere una vacuna pero ponérsela a sus niños pero teniendo ese síndrome sería un problema (…) Si lo que les ocurre se debe a una respuesta de los anticuerpos es para preocuparse”.

El Dr. Daniel Lucey, profesor adjunto de enfermedades infecciosas del Centro Médico de la Universidad de Georgetown (EEUU), ha publicado por su parte un artículo titulado Covid-19. ¿El síndrome inflamatorio multisistémico en niños tiene implicaciones para las vacunas? en el que alerta de las reacciones adversas que podría provocar la próxima vacuna en los niños: “Hemos visto reacciones similares en una vacuna en investigación para el virus sincitial respiratorio (VSR) y, más recientemente, en una vacuna autorizada contra el dengue. Las vacunas dan lugar a una reacción inmune mediada por anticuerpos de células B que pueden agravar los antígenos leucocitarios humanos (HLA) al activar además las células T. De hecho tales reacciones no son infrecuentes. Se ha informado por ejemplo de que una vacuna contra el virus de la influenza pandémica H1N1 2009 aumentó la aparición de narcolepsia en algunos países europeos como Finlandia y Suecia”. Narcolepsia que afectó principalmente a niños y adolescentes lo mismo que ahora en el «nuevo síndrome».

En cuanto a por qué los pediatras británicos infirieron que los niños que normalmente hubieran sido diagnosticados como afectos de la Enfermedad de Kawasaki podían ser ahora infectados por el presunto coronavirus SARS-CoV-2 es sencillo: un grupo de investigadores de la Universidad de Yale sugirió en 2005 que detrás de la Enfermedad de Kawasaki podría estar un coronavirus pero su investigación no fue concluyente.

¿CAUSAN O AGRAVAN LAS VACUNAS LA ENFERMEDAD DE KAWASAKI? 

Hoy se sabe que los antígenos producidos por ciertas bacterias -como los estreptococos y los estafilococos- pueden desencadenar una respuesta exagerada del sistema inmune que lleve a los glóbulos blancos a infiltrar las paredes de los vasos sanguíneos inflamándolos y provocando posibles daños cardiovasculares. Respuestas similares pueden además ser también producto de la reacción del sistema inmune a antígenos más convencionales como proteínas extrañas, toxinas o sustancias presentes en las vacunas.

Llama pues la atención que los pediatras de todo el mundo hayan decidido ignorar las investigaciones que relacionan la Enfermedad de Kawasaki ¡con las vacunas! que tanto promocionan y aconsejan cuando todas se basan en antígenos.

Un grupo de investigadores de la Duke.NUS Medical School de Singapur encabezado por Chee Fu Yung comprobó que tras administrarse la vacuna conjugada neumocócica a niños pequeños ingresados en un hospital de Singapur entre 2010 y 2014 muchos desarrollaron la Enfermedad de Kawasaki tras recibir la primera dosis. Constataron además que el riesgo de desarrollar la enfermedad en los 28 días posteriores a recibir la primera dosis de la vacuna se duplica.

En esa misma época un equipo del Centro Kaiser Permanente de Pasadena (EEUU) siguió a niños de dos años o menos a los que se inoculó entre 2010 y 2012  la vacuna neumocócica conjugada (PCV13) y comparó los resultados con los de otros de la misma edad que recibieron la vacuna Prevnar-7 (PCV7) a mediados de la primera década de este siglo y vieron que entre los primeros desarrolló la Enfermedad de Kawasaki casi el doble de infantes.

En septiembre de 2014 el trabajo Meningococcal B Vaccines. An Inmunoigenic Vaccine Possibly Useful During Outbreaks (Vacunas contra el meningococo B. Una vacuna inmunogénica posiblemente útil durante los brotes) estudió los efectos de la vacuna Bexero contra el meningococo del serogrupo B y vieron que entre los que la recibieron hubo seis casos de Enfermedad de Kawasaki mientras solo hubo un caso en el grupo de control. Y de hecho así figura hoy en su ficha técnica a pesar de lo cual la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios la considera una vacuna segura. Sin comentarios.

En 2018 Arthur Chang y Shamim Islam publicaron un trabajo titulado Kawasaki disease and vasculitis associated with immunization (La Enfermedad de Kawasaki y la vasculitis asociada a la inmunización) en el que tras revisar la literatura científica de concluye que hay una clara asociación entre la Enfermedad de Kawasaki y una amplia variedad de vacunas, incluyendo las de las hepatitis A y B, la de los rotavirus, la de la gripe, la DPT, las vacunas antineumocócicas y la de la fiebre amarilla.

Terminamos indicando que en enero de 2019 un grupo de investigadores canadienses del St Joseph’s Health Center de Toronto (Canadá) cuyo primer firmante es Anne E. Wormsbecker analizó los informes sobre eventos adversos de las vacunas registrados en Canadá y comprobó que la incidencia de la Enfermedad de Kawasaki entre los menores de 5 años aumenta de 19’1 casos anuales a 32’1 ¡cuando reciben vacunas! 

LA PELIGROSA VACUNA CONTRA LA GRIPE

En 2017 se publicó en Journal of Translational Science un trabajo titulado Pilot comparative study on the health of vaccinated and unvaccinated 6-to 12 yera old US children (Estudio piloto comparativo sobre la salud de niños estadounidenses vacunados y no vacunados de 6 a 12 años) y según el mismo entre los vacunados la probabilidad de contraer varicela y tosferina es menor pero mayor la de contraer neumonías, otitis media, alergias y enfermedades de desarrollo neurocognitivo, incluidos trastornos del espectro autista. Como es mayor la probabilidad de tener fiebre, necesitar antibióticos y antihistamínicos o ser tratados de los oídos. El estudio recuerda en este sentido que según el VAERS -el sistema de notificación de eventos adversos sobre vacunas de Estados Unidos- había reportados ya entonces 38.801 casos de bebés que tuvieron que ser hospitalizados o murieron después de ser vacunados. El estudio revela además que cuanto más pequeño es el bebé en el momento de la vacunación mayor es la posibilidad de hospitalización y muerte. Según sus datos las hospitalizaciones y muertes aumentan además con el número de dosis. Por si fuera poco el estudio indica que la erradicación de determinadas bacterias pueden aprovecharlo otras especies bacterianas para crecer desequilibrando la flora intestinal y provocar una disbiosis. Asimismo indican que la vacuna de la gripe puede proteger de los correspondientes virus pero ello hacer que aumente la posibilidad de infección por otros.

Cuatro años después -en 2011- un equipo australiano de la Universidad de Perth (Australia) encabezado por Heath Kelly publicó en The Pediatric Infectous Disease Journal el trabajo Vaccine Effectiveness Against laboratory-confirmed Influenza in Healthy Young Children: A Case Control Study (Efectividad de la vacuna de la influenza confirmada por laboratorio en niños pequeños sanos: un estudio de casos y controles) según el cual la vacuna contra la gripe duplicó el riesgo de contraer otras infecciones virales. Es más, aseveran que la vacuna de la gripe aumenta un 73% el riesgo de padecer una enfermedad respiratoria aguda.

Un año después -en 2012- se publicaría en Clinical Infectious Disease el trabajo Increased Risk of Noninfluenza Respiratory Virus Infections Associated With Receipt of Inactivated Influenza Vaccine (Aumento del riesgo de infecciones por virus respiratorios no influenza asociado a la recepción de la vacuna inactivada contra la influenza). Se trató de un ensayo aleatorizado controlado con placebo en niños de Hong Kong efectuado por un equipo encabezado por Benjamin J Cowling en el que se concluyó que las vacunas contra la gripe ¡multiplican por cinco el riesgo de infecciones virales respiratorias debidas a otros virus!

Ya en 2018 se publicó en Vaccine el trabajo Assessment of temporally-related acute respiratory illness following influenza vaccination (Evaluación de la enfermedad respiratoria aguda relacionada temporalmente tras vacunación contra la influenza) con Sharon Rikin como primer firmante. Financiado por los Centros para el Control de las Enfermedades de Estados Unidos constató en menores de 18 años que la vacuna de la gripe aumenta el riesgo de contraer una enfermedad respiratoria aguda provocada ​​por agentes patógenos respiratorios diferentes; riesgo que además es mayor entre los vacunados que entre los no vacunados.

Finalizamos dando cuenta de un trabajo publicado en enero de este mismo año -2020- en Vaccine con el título Influenza vaccination and respiratory virus interference among Department of Defense personnel during the 2017–2018 influenza season (Vacunación contra la influenza e interferencia del virus respiratorio entre el personal del Departamento de Defensa durante la temporada de influenza 2017-2018). Efectuado por Greg G. Wolf, investigador de la Subdivisión de Vigilancia Sanitaria de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, reconoce que pasar la enfermedad una vez produce inmunización natural contra los virus de la gripe y ¡contra otros! “Mientras la vacuna contra la influenza ofrece protección contra ella -se dice- la infección natural puede reducir el riesgo de otros virus respiratorios distintos al proporcionar inmunidad temporal no específica contra ellos”. Y además constató que la vacuna contra la gripe aumenta el riesgo de sufrir una infección por coronavirus ¡un 36%!

En definitiva, no está constatado que vacunarse contra la gripe inmunice contra ella pero sí lo está que a más del 30% de los vacunados les hace más proclives a ser infectados por un coronavirus, dato muy relevante ya que quienes más se ponen habitualmente esa vacuna son los mayores de 60 años, grupo de edad en el que se ha producido ¡el 90% de las muertes!

En fin, prepárense para las “vacunas” que van a querer inocularnos a la fuerza con excusas falaces.

Elena Santos

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