La vacuna para la Covid-19 no es la solución

La Organización Mundial de la Salud (OMS), las empresas farmacéuticas, las sociedades médicas y científicas y los gobiernos de casi todo el mundo repiten de forma machacona la falacia de que para poder superar la amenaza del supuesto SARS-CoV-2 se necesita cuanto antes una vacuna cuando es radicalmente falso. No hay ningún «virus» en el mundo -ni siquiera los del VIH y el ébola- que no puedan afrontarse con medidas preventivas simples y en casos puntuales con productos inocuos -carentes de efectos iatrogénicos- ya existentes. Especialmente porque todas las vacunas son peligrosas además de ineficaces como llevamos dos décadas advirtiendo. Y lo peor es que pretenden que sea obligatoria.

VACUNAS

Los españoles vivimos desde el 22 de junio bajo la Nueva Normalidad decretada por el Gobierno español que durará «hasta que derrotemos al virus” o «se desarrolle una vacuna eficaz» contra el presunto SARS-CoV-2 que dicen provoca la Covid-19. Y lo «normal» incluye ahora el uso obligatorio por toda la población -excepciones aparte- de unas mascarillas cuyo uso ni siquiera propone la OMS en el caso de las personas sanas porque no solo son innecesarias e inútiles sino perjudiciales. Mascarilla que de no usarse obligará a pagar 100 euros a quien esté sin ella cada vez que una autoridad se encuentre con el «infractor». El Gobierno de Pedro Sánchez quiere pues que los españoles vayamos embozados y amedrentados por la calle, incluso durante el verano, a pesar de que se trata de una medida que ¡no se ha justificado NUNCA! y de que el número de supuestos «contagiados» era ya ridículo en el momento de aprobarse el decreto.

De hecho la bajada del número de “positivos” es algo que pasaba ya en todo el mundo e intentó explicar entre otros el director del Laboratorio de Microbiología y Virología del Hospital San Raffaele de Milán, Massimo Clementi, declarando a primeros de junio que el «virus ahora es mucho menos dañino». Aseveración que basó en el hecho de que la «carga viral» detectada en los últimos test PCR era ¡cien veces menor que en marzo! Y se basaba en datos de Estados Unidos y Europa, incluida España. “Se ha constatado -declararía- que hasta en Florida, donde el confinamiento fue mucho más suave que en España e Italia, ha pasado lo mismo. Alguien dice que es como si el virus hubiera ‘envejecido’”. Interrogado entonces sobre por qué la OMS sostenía aún lo contrario respondió: “Bueno, me parece una buena noticia dada la cantidad de veces que la OMS se ha equivocado en los últimos meses”. Agregaremos que para Clementi la medida de mantener una distancia de seguridad entre personas es asumible pero no así el uso obligatorio de mascarillas, especialmente en verano. ¿Y entonces? Pues es simple: las medidas se han tomado para que siga instalado el miedo en la población y no reaccione airada ante todo lo sucedido, especialmente la del innecesario confinamiento que ha llevado a la debacle económica a medio mundo y ha puesto a España al borde de la quiebra.

Cada vez hay más datos y testimonios que lo corroboran. Recientemente se ha sabido por unos emails dirigidos a la presidencia del Gobierno danés y filtrados a la prensa que el pasado 15 de marzo la Autoridad Danesa de Salud reconocía que la Covid-19 no debía considerarse en general una enfermedad peligrosa porque “no tiene un curso generalmente grave o una alta tasa de mortalidad«. Y según el diario The Moscow Times del pasado 27 de mayo en la misma línea se pronunció el doctor Alexander Myasnikov, responsable de la información sobre la Covid-19 en Rusia. Tras una entrevista y cuando creía que la cámara estaba apagada comentó: “Todo esto es una chorrada (…) Es exagerado. Es una enfermedad respiratoria aguda con una mortalidad mínima (…) ¿Por qué se ha paralizado todo el mundo? No lo sé”. Por su parte, la primera ministra noruega, Erna Solberg, fue la primera en Europa en admitir públicamente que se equivocó al confinar a la población y que tomó esa decisión guiada por el miedo que la OMS había suscitado. Obviamente no es el único alto cargo que lo admite ahora pero los demás lo hacen en privado, no en público. Y lo mismo cabe decir de muchos expertos gubernamentales. Un funcionario del Departamento KM4 del Ministerio del Interior alemán -responsable de proteger las infraestructuras críticas- elaboró por ejemplo un informe interno en el que define la pandemia como «una falsa alarma global” provocada por un virus «cuya peligrosidad fue sobreestimada”.

Y es que el mundo se halla en una fase en la que las evidencias se ignoran. Es igual que apenas haya presuntos «contagiados» o «muertos por» ya que hay que mantener el terror amenazando con posibles reapariciones o brotes para que la sociedad siga temerosa y sensible y acepte así la insostenible tesis de que esto solo se resolverá cuando se encuentre un fármaco o una vacuna eficaces. Una falacia que ante el aluvión de críticas que empieza a haber en el mundo científico y académico intenta contrarrestarse sugiriendo que podrían estar a disposición de la sociedad en pocas semanas. Y lo malo es que tamaña estupidez la repiten cual papagayos todos los grandes medios de comunicación obviando que hasta hace poco conseguir aprobar una vacuna costaba entre 8 y 10 años. Como se obvia lo que en esta revista llevamos afirmando desde hace más de dos décadas: no existe un solo trabajo científico publicado que demuestre que una vacuna -la que sea- prevenga una sola enfermedad -la que sea-. Llevamos años pidiendo a quienes aseveran que existe que nos pase el trabajo o el  enlace al mismo y la respuesta sigue siendo el silencio. En fin, he aquí unos meros ejemplos del grado de credibilidad de la promesa de una vacuna eficaz en breve:

-Han pasado más de 30 años desde que Luc Montagnier afirmó haber aislado el VIH que dicen provoca el SIDA y a pesar de las decenas de miles de millones de euros despilfarrados en su investigación ¡seguimos sin vacuna ni fármaco «curativo»! Y, por supuesto, nunca hubo los millones de muertos anunciados para tan “terrorífica” enfermedad.

-El virus al que se achacó la fiebre del dengue se identificó en 1943 y la primera vacuna para él se aprobó ¡en 2019! Y ahora se sabe que no es eficaz y puede empeorar la infección entre quienes se la inoculan. Sin comentarios.

-La vacuna más rápida jamás desarrollada fue la de las paperas, llevó cuatro años fabricarla y a pesar de lo que se afirma oficialmente no está demostrada su eficacia.

Sin embargo hoy día las vacunas siguen estando «idealizadas», hay 26 y todas ellas tienen numerosos efectos secundarios adversos que una y otra vez se minimizan para que el negocio pueda continuar.

David Heymann, encargado de dirigir la respuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a la epidemia del SARS de 2004 reconocería entonces públicamente: “Ni siquiera sabemos si una vacuna puede producir una respuesta inmune que proteja contra futuras infecciones”.

El propio Anthony Fauci, actual asesor de salud de Donald Trump y uno de los impulsores del programa de fabricación de vacunas en colaboración con la OMS, reconoció el pasado mes de abril ante el Comité Senatorial de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Congreso de Estados Unidos al hablar de la Covid-19 que «no hay garantía de que una vacuna pueda ser realmente eficaz«.

¿Y ante tal panorama qué se pretende entonces? Pues aprobar rápidamente una vacuna e intentar hacerla encima obligatoria. Y para eso se ha desarrollado la llamada «nueva normalidad» que no es sino un estado anormal y antidemocrático de «libertad controlada». 

LECCIONES DE LA HISTORIA RECIENTE

Todo esto es posible porque la OMS ha dejado de pertenecer a los estados y está en manos de un reducido grupo de multimillonarios con gigantescos intereses en la industria sanitaria. Tal es la razón de su vergonzosa actuación en las dos últimas décadas. Hagamos memoria: el 11 de junio de 2009 la OMS declaró situación de pandemia ante la previsible extensión de una enfermedad a la que se llamó gripe A o “gripe porcina” causada por un virus que pasaría a la historia como H1N1. Así que bajo amenaza tan grave se «flexibilizaron» los requisitos para la elaboración de vacunas. En Europa por ejemplo se otorgaron licencias de comercialización para vacunas pandémicas basadas en datos de vacunas prepandémicas «simuladas» producidas por un virus diferente: el H5N1 de la influenza. Y en algunos países –como Estados Unidos- se eximió de responsabilidad a los fabricantes en caso de demandas derivadas de lesiones relacionadas con sus vacunas.

El resultado fue que en muy poco tiempo la multinacional GlaxoSmithKline Biologicals puso en el mercado la vacuna Pandemrix apareciendo en octubre de 2009 en YouTube el entonces jefe de enfermedades infecciosas del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, Anthony Fauci, para tranquilizar a los estadounidenses sobre ella: “El historial de eventos adversos graves es muy bueno. Es muy, muy, muy raro que alguna vez veas algo relacionado con la vacuna que sea un evento grave”. Apenas un año después comenzaron a notificarse caso de narcolepsia, enfermedad del sistema nervioso que provoca somnolencia extrema y ataques de sueño. Una persona inoculada con ella puede quedarse dormida en cualquier momento y lugar convirtiéndose su vida en un caos. Los primeros casos de efectos adversos –en niños y adolescentes- se conocieron en la primavera de 2010 en Suecia y Finlandia y posteriormente en Francia, Alemania. Inglaterra, Irlanda y Noruega. En nuestro propio país hubo quien llevó al laboratorio a los tribunales, algo siempre con pocas posibilidades de prosperar -por no decir ninguna- ya que nuestros jueces y magistrados suelen fallar a favor de las multinacionales farmacéuticas. Basta revisar las decisiones judiciales para comprobarlo.

En 2018 Peter Doshi, editor entonces del Bristih Medical Journal, publicó un artículo titulado Pandemrix vaccine: why was the public not told of early warning signs? (La vacuna Pandemrix: ¿por qué no se informó al público de las primeras señales de advertencia? según el cual son numerosos los estudios científicos hechos tras su aprobación que confirman que Pandemrix fue la causa de efectos adversos constatados añadiendo que probablemente se debió un adyuvante que llevaba: el escualeno. Pues bien, oficialmente se reconoce que más de 1.300 personas vacunadas sufrieron graves daños –y no solo narcolepsia- aunque otras fuentes hablan de muchísimas más que no han querido aceptarse. Según Doshi “fue una catástrofe evitable”. Y algo importante: al final ni hubo pandemia ni se cumplieron los negros pronósticos de mortalidad predicha por la OMS. ¿Es o no un buen ejemplo de lo que puede suceder cuando se saca al mercado una vacuna de forma precipitada sin testarse adecuadamente su seguridad?

Pues la OMS –en realidad sus presuntos representantes- sugiere ya que en breve habrá una vacuna que aunque no se probará suficientemente ya se sabe que será “hiper-segura” y “súper-eficaz”. El asunto es tan vergonzoso que algunos laboratorios –porque se ha desatado una auténtica carrera para llevarse un trozo del pastel- ya están experimentando las suyas hasta con niños… a pesar de que apenas ha habido “positivos” y muertos entre ellos. Y es que en la inmensa mayoría de los casos las víctimas de las vacunas experimentales han sido bebés y niños. Así lo recuerda por ejemplo la web childrenshealth que lo documenta con algunos ejemplos ocurridos en Estados Unidos de la que entresacamos algunos datos:

-Cuando a mediados de la década de 1950 los reguladores decidieron acelerar la salida al mercado de la vacuna Salk contra la polio ésta provocó la enfermedad en más de 40.000 niños sanos –se vacunó a 200.000- reconociéndose 10 muertes (hubo más pero no se admitiría la relación). La excusa es que se trató de “un lote defectuoso”. Por supuesto, nadie pagó con prisión por ello.

-En la década de 1960 unos investigadores administraron una vacuna que probaban para el virus sincitial respiratorio (VSR) en bebés y niños pequeños sanos y provocaron una “respuesta inmune desequilibrada” que potenció la enfermedad enviando a muchos al hospital y muriendo al menos dos.

-En esa misma década se inocularía la vacuna Sabin contra la polio a millones de jóvenes estadounidenses que llevaba el contaminante viral SV40; posteriormente se supo que causa cáncer.

-En 1976 se administró a la cuarta parte de la población de Estados Unidos -incluidos muchos niños- una vacuna experimental contra un virus de la llamada gripe porcina y oficialmente se admite que llevó a la muerte al menos a 25 personas y provocó Síndrome de Guillain-Barré a centenares.

-En lo que la organización Judicial Watch denomina «experimento de salud pública a gran escala» la FDA aprobó de forma acelerada las vacunas Gardasil y Gardasil 9 contra el virus del papiloma humano y luego se comprobaría que quizás hayan sido las vacunas más peligrosas jamás inventadas. De ello hemos hablado en numerosas ocasiones como puede comprobar en el apartado sobre El peligro de las vacunas de nuestra web: www.dsalud.com.

Y no son más que unas pocas muestras. Eso sí, los efectos adversos más escalofriantes se han dado en los países menos desarrollados donde ha sido fácil durante décadas probar vacunas de forma masiva sin conocimiento de los riesgos por los vacunados. Sus poblaciones –especialmente los niños- han servido de conejillos de indias involuntarios a la gran mayoría de los fabricantes de vacunas y fármacos, algo que muchos de los presidentes actuales de esos países recuerdan y denuncian con razón sin que los medios de comunicación de los países “desarrollados” se hayan hecho eco de ello más que de manera puntual y superficial.

DESPACIO QUE TENGO PRISA

“La rapidez, que es una virtud, engendra un vicio, que es la prisa”; lo dijo Gregorio Marañón y tenía razón. Así que más vale que quienes creen en la eficacia de las vacunas y van a aceptar inocularse la del SARS-CoV-2 se aseguren antes de que al menos no les provoca graves problemas o, incluso, la muerte. Y son muchos los mecanismos por los que eso puede pasar como ya hemos explicado en reportajes anteriores de forma muy amplia. Uno de ellos en el caso de los virus se ha revelado por cierto muy importante; nos referimos al mecanismo conocido como “mejora dependiente de anticuerpos (ADE por sus siglas en inglés). Se trata de una expresión para definir algo bien constatado ya: a veces los anticuerpos que aparecen al inocularse la vacuna ¡potencian la infección viral! Es un fenómeno que se ha observado en vacunas desarrolladas contra el dengue, el ébola y el VIH -entre otros virus- pero también en las de los coronavirus. En el estudio sobre la vacuna contra el virus sincitial respiratorio realizado en 1966 y 1967 ¡el 80% de los vacunados tuvo que ser hospitalizado!

Según el trabajo de Ayato Takada Antibody dependent enhancement of viral infection: molecular mechanisms and in vivo implications (Mejora de la infección viral dependiente de anticuerpos: mecanismos moleculares e implicaciones in vivo) publicado en 2003 en Medical Virology  el fenómeno se ha comprobado in vitro con numerosos virus (ponemos en paréntesis la familia viral a la que pertenecen): Virus Sindbis y Ross River (Togaviridae), virus del Síndrome Respiratorio y Reproductivo Porcino (Arteriviridae), virus de la Fiebre Aftosa y Coxsackievirus (Picornaviridae), virus de Peritonitis Infecciosa Felina (Coronaviridae), Virus Sincitial Respiratorio (Paramyxoviridae), virus de la rabia (Rhabdoviridae), virus Pichinde y virus de la Fiebre de Lassa (Arenaviridae), virus de la influenza A (Orthomyxoviridae), hantavirus (Bunyaviridae), virus de la Anemia Infecciosa Equina (Retroviridae), reovirus (Reoviridae), parvovirus de la Enfermedad del Visón Aleutiano (Parvoviridae), poliomavirus (Papovaviridae), virus de la Viruela del Conejo (Poxviridae), Citomegalovirus Murino, Virus de Epstein-Barr y virus del Herpes Simple (Herpesviridae).

Todo indica pues que cualquier vacuna que se desarrolle contra el presunto coronavirus SARS-CoV-2 podría provocar un ADE, es decir, un agravamiento de la enfermedad. Y sin embargo se oculta.

Hay además otras investigaciones que potencian tal sospecha. T. Hohdatsu, investigador del Departamento Veterinario de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Kitasato (Japón), publicó un trabajo titulado Estudio sobre el mecanismo de mejora dependiente de anticuerpos de la infección por virus de peritonitis infecciosa felina en macrófagos felinos provocada por anticuerpos monoclonales que confirmó el efecto ADE en las vacunas contra el coronavirus felino.

Y lo más preocupante: ¡hay evidencias de ADE frente al SARS-CoV! Diferentes estudios han demostrado que los anticuerpos generados en animales y humanos frente a la proteína S -la misma que dicen facilita en el SARS-CoV-2 la entrada a la célula- agravan la infección. Así se dio a conocer en el trabajo La IgG anti-pico causa lesión pulmonar aguda grave al sesgar las respuestas de los macrófagos durante la infección aguda por SARS-CoV publicado en 2019 en JCI Insight por Li Liu, investigador del State Key Laboratory of Emerging Infectious Disease de la Universidad de Hong Kong. El trabajo es reciente y deja claro que en los modelos de SARS-CoV en macacos el anticuerpo anti-espiga (S-IgG) causa lesiones pulmonares agudas fatales al impulsar una “tormenta de citoquinas” y una inflamación agresiva que son propias del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS-CoV), del Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS-CoV) y del virus de la gripe aviar A-H7N9.

En pocas palabras: es lícito inferir que una vacuna contra el SARS-CoV-2 puede provocar una “tormenta de citoquinas” y una inflamación agresiva, especialmente entre las personas mayores con problemas de salud polimedicadas cuyo sistema inmune es hipo-funcional.

CANDIDATURAS DECEPCIONANTES 

Y el caso es que en la desenfrenada carrera por conseguir una vacuna hay en marcha ya más de 125 proyectos que van encima a encontrarse con un problema añadido: ¿contra cuál de los coronavirus van a dirigirse? Porque si ahora dicen que ha mutado y hay varios con ARN parcialmente distintos…

En fin, el que cuenta con más posibilidades de obtener la autorización de comercialización antes es el bautizado por el propio Donald Trump como Warp Speed en recuerdo de la famosa “velocidad de curvatura” de la serie Star Treek. El presidente norteamericano presentó el proyecto a mediados de mayo como un “esfuerzo grande y rápido” que involucra a la administración norteamericana y a varias multinacionales y pretende producir 300 millones de dosis ¡para el próximo mes de octubre! Operación que ​​está dirigida por el general estadounidense Gustave Perna y el ex presidente de la división de vacunas de GlaxoSmithKline Moncef Slaoui.

Como antes dijimos hay muchos más proyectos pero según la web FiercePharma -especializada en información sobre el mundo de los grandes laboratorios- la pugna parece centrarse hoy entre Merck, Pfizer, Johnson & Johnson, Moderna Biotechnology y AstraZeneca siendo las vacunas de las dos últimas empresas citadas las que estarían más «avanzadas».

Y hay «razones» para ello. La multinacional británica AstraZeneca obtuvo 1.200 millones de dólares del Gobierno de Estados Unidos y otros 750 millones de la Coalición para Innovaciones de Preparación Epidémica (CEPI) y la Alianza GAVI (por las siglas en inglés de Global Alliance for Vaccines and Immunization) que controla la Fundación Bill y Melinda Gates y son las que, apoyadas por la OMS, ya distribuyen vacunas por todo el mundo. La vacuna, conocida como ChAdOx1 nCoV-19, está siendo desarrollada por el Instituto Jenner y el Grupo de Vacunas de Oxford (OVG) -perteneciente a la Universidad de Oxford– y se basa en un adenovirus recombinante. Es decir, la vacuna utiliza una versión debilitada de un adenovirus que causa el resfriado común en los chimpancés al que se ha añadido la proteína de espiga del nuevo coronavirus.

El caso es que el 24 de abril los investigadores de OVG anunciaron que los estudios en macacos demostraban que la vacuna era efectiva, los medios de comunicación de todo el mundo recogieron la noticia y enseguida comenzaron los ensayos en humanos; a finales de abril en Reino Unidos y a partir de junio en Brasil. El «optimismo» era tal que en una acción sin precedentes la compañía comenzó a producir la vacuna sin esperar siquiera los resultados de los ensayos en humanos. Pues bien, apenas una semana después de presentar los resultados se supo que los datos brutos publicados revelaban que el equipo del OVD había mentido o contado una verdad a medias para asegurarse nuevos fondos. La verdad es que todos los macacos vacunados enfermaron al ser expuestos al SARS-CoV-2.

Según explicaría Eleanor Riley, de la Universidad de Edimburgo, los anticuerpos creados para prevenir la infección y la eliminación del virus fueron “insuficientes” y los monos vacunados propagaban la enfermedad tan fácilmente como los no vacunados. Un desastre al que se quiso poner «buena cara» diciendo que había algo «positivo»: ninguno de los monos vacunados expuestos al virus sufrió neumonía. Argumento con el que se pretende hacer creer que la vacuna no evita el contagio pero podría proteger parcialmente. En pocas palabras, AstraZeneca ha pinchado antes de llegar a meta.

La otra vacuna «favorita» la promueve Moderna Biotechnology, compañía de biotecnología pionera en terapias y vacunas de ARN mensajero (ARNm) que se encuentra también bien «posicionada» gracias a sus vínculos con Anthony Fauci, Bill Gates -la verdad es que el magnate estadounidense está presente en todas las empresas candidatas- y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos. Bueno, pues el pasado 18 de mayo se anunció que habían obtenido «datos clínicos positivos provisionales» de su vacuna ARNm-1273 en un estudio fase 1. La vacuna, según los resultados presentados, provoca respuesta inmunitaria o inmunogenicidad en los tres niveles de dosis pautados por lo que Moderna Biotechnology ya ha obtenido de la FDA el Fast Track -autorización por la vía rápida- para acelerar los procesos de revisión por lo que tiene previsto comenzar un estudio fase 3 en julio.

Como el lector supondrá el anuncio hizo subir en Bolsa la cotización de Moderna Biotechnology. La verdad, sin embargo, no tenía nada que ver con lo difundido. Una de las 15 personas que se ofreció voluntariamente y fue elegida para probar la vacuna experimental fue Ian Haydon, varón de buena salud cuando se sabe que la mayor parte de quienes se supone van a vacunarse contra el SARS-CoV-2 son ancianos de bastante edad, muchos de ellos polimedicados y con patologías crónicas. Pues bien, tres de ellos -un sorprendente 20%´- experimentaron eventos adversos “graves” y requirieron hospitalización o intervención médica. Entre ellos Haydon que tras recibir una dosis de 250 microgramos sufrió antes de que hubiesen transcurrido 12 horas dolores musculares, vómitos, fiebre alta (39’4º) y además perdió el conocimiento. Sin comentarios.

Lo inaudito es que la «vacuna» de Moderna Biotechnology se hace con ARN mensajero, algo que jamás se había probado ya que siempre se han usado proteínas virales para inmunizar. La «vacuna» de esta empresa lo que hace es introducir el ARNm sintético del virus para que sea el propio cuerpo el que produzca proteínas virales que obliguen al sistema inmune a generar anticuerpos contra el virus. Los creadores de esta técnica la presentaron como algo idílico, como una terapia capaz de «reprogramar» al cuerpo para que éste produzca los medicamentos adecuados en un momento dado. Lo cierto es que la idea lleva años probándose pero ha sido imposible superar los problemas que provoca. En los estudios preclínicos todas las vacunas de ARNm provocan graves reacciones inflamatorias y autoinmunes. Así se reconoce en la web de la Universidad de Cambridge donde hay un apartado dedicado a las vacunas ARN en el que se explican todos los desafíos y obstáculos técnicos que plantea su desarrollo. En ella hasta se admite que su eficacia está sin determinar alegándose al final lo de siempre: quieren más dinero para hacer más estudios. Pero claro, ¿qué mejor momento para aún así intentar imponerla socialmente mediante una aprobación exprés con la excusa de que no hay nada mejor ante la «peligrosísima» pandemia actual?

¿De verdad hay que esperar para acabar con esta farsa a que alguien consiga una vacuna «eficaz» contra el nuevo coronavirus»? Pues sepa el lector que todos los intentos de desarrollar vacunas contra coronavirus han fracasado hasta ahora. Es verdad que se logró con alguna producir numerosos anticuerpos tanto en animales como en humanos pero en cuanto los vacunados fueron expuestos al virus salvaje ¡enfermaron o murieron!

LA MEJOR PREVENCIÓN, LA NATURAL

En definitiva, el ruido interesado generado en torno a la pandemia y la imposición de una vacuna que permita controlar socialmente a la población ha hecho olvidar algo evidente y ya explicado muchas veces en la revista: no hay ningún virus que un sistema inmune equilibrado no pueda afrontar aunque a veces pueda ser oportuno apoyarlo con medidas naturales y productos inocuos ya existentes; como el ayuno, una dieta alcalina y cetogénica, la ingesta de prebióticos y probióticos, especias como la canela, la pimienta, el cardamomo y el clavo, el extracto de pepitas de pomelo, el limón, el ajo, la cebolla, la espirulina, la equinácea, el saúco, el jengibre, la artemisa, la clorofila, el aloe vera, el carbón activado, la plata coloidal,  los interferones alfa-2b, el cobre, el zinc, el ozono, el dióxido de cloro o productos nutricionales como el Renovén y el Viusid entre otros de los que hemos hablado ampliamente en la revista, productos homeopáticos incluidos.

Alegar que se precisan fármacos sintéticos o vacunas es pues rotundamente falso. Hay numerosos trabajos científicos publicados sobre todo lo mencionado que lo avalan. En plena pandemia, por ejemplo, se ha publicado uno nuevo titulado Nutrition, Lifestyle and inmunity (Nutrición, estilo de vida e inmunidad)  publicado por la doctora R. Hemaltha -directora del ICMR-National Institute of Nutrition de la India- según el cual una función inmune óptima propia de un organismo bien nutrido puede prevenir cualquier infección viral e incluso protegerlo de la proliferación incontrolada de nuestras propias células de defensa (T, B, natural killer, macrófagos, neutrófilos y granulocitos). Y decimos bien nutrido porque se sabe bien que los micronutrientes y fitonutrientes de las frutas, verduras, frutos secos y granos enteros juegan un papel crucial en nuestras defensas ya que…

…mejoran la función inmune nativa y adaptativa para prevenir la infección.

…regulan la función inmune manteniendo la inflamación bajo control y previniendo daños en los tejidos.

…ayudan a la formación de memoria inmune que ayuda a prevenir la reinfección con el mismo patógeno.

…ayudan a eliminar las especies oxidantes (toxinas) que se producen en grandes cantidades en el cuerpo durante la infección y la respuesta inmune.

…aumentan las bacterias probióticas beneficiosas en el intestino, regulan la microbiota intestinal y mantienen la integridad intestinal con lo que reducen la transmisión de toxinas desde el intestino a la circulación sanguínea.

Antonio F. Muro

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