Nuevas claves para entender la “pandemia” declarada por la OMS

Desde que hace un mes ofrecimos algunas claves para tener una panorámica más amplia de lo que está pasando con la Covid-19 (enfermedad que dicen provoca un virus bautizado como SARS-CoV-2) se han publicado muchos datos, informaciones y opiniones –a menudo falsas, sesgadas o contradictorias- que están provocando en la ciudadanía mucha más confusión en lugar de mayor claridad. Pues bien, queremos aportar a nuestros lectores un panorama general de lo que a nuestro juicio realmente está pasando y lo hacemos con afirmaciones cuyas argumentaciones encontrará en los reportajes que aparecen en este número o aparecieron ya en los anteriores pues repetirlas aquí haría la lectura más farragosa. Dicho esto pasamos directamente a plasmar nuestra opinión.

PANDEMIA

Sobre el virus que dicen provoca la Covid-19.

1) No hay un solo trabajo publicado de rigor que demuestre que el virus SARS-CoV-2 ha sido correctamente aislado, purificado y secuenciado por lo que su existencia sigue sin demostrarse. Se lo hemos pedido a responsables de la OMS que siempre nos remiten al trabajo del propio equipo chino que aseguró haberlo aislado y secuenciado cuando en realidad no lo han dado a conocer además de admitir que su estudio “no cumplió los postulados de Koch”.

2) Se han publicado micrografías que aseguran ser del virus pero no prueban nada por sí mismas ya que para validarlas deben ir acompañadas de los experimentos y manipulaciones que permitieron obtenerlas indicando en ellas a qué trabajo pertenecen. Micrografías, por cierto, cuya similitud con las de otros virus es patente.

3) Hay ya ¡más de 4.000 grupos! que dicen tener el ARN del SARS-CoV-2 pero ninguno de ellos pretende haberlo descubierto ni aislado por primera vez sino que han utilizado técnicas genéticas como la PCR para detectarlo ¡confiando en que fue correctamente aislado y secuenciado por el equipo chino! Y como no está demostrado que haya sido así…

4) Sorprende que China comunicara el 31 de diciembre de 2019 a la OMS que entre el 12 y el 29 de ese mes habían detectado “casos de neumonía de etiología desconocida en Wuhan” cuando todos habían dado positivo a distintos tipos de virus asociados a enfermedades respiratorias y aseguraran apenas una semana después -el 7 de enero- que la causa real de todos ellos era “un nuevo coronavirus” que además habían logrado aislar. Una rapidez inusitada poco creíble porque la mayoría de los virus presuntamente patógenos conocidos que se dice existen ni siquiera han sido aislados y secuenciados a día de hoy.

5) Sin un aislamiento correcto no puede afirmarse que se ha encontrado un virus nuevo porque son casi indistinguibles de las partículas celulares de desecho y de los exosomas, microvesículas celulares que producen nuestras células cuando se estresan debido a la presencia de sustancias tóxicas, radiaciones electromagnéticas, infecciones y reacciones defensivas del sistema inmune.

6) Los síntomas del SARS-CoV-2 son prácticamente indistinguibles de los que presenta una gripe, una neumonía y otros problemas respiratorios. Se alega que la diferencia es que en este caso se pierden en gran medida los sentidos del olfato y el gusto pero es que ocurre también con otras afecciones respiratorias. 

Sobre las pruebas y test de detección.

1) Los test para detectar una infección por el SARS-CoV-2 se basan en la detección de antígenos, anticuerpos o fragmentos genéticos del virus (la reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa o RT-PCR) pero eso –insistimos- exige haberlo aislado y secuenciado. Por otra parte, aún admitiendo sin pruebas que el SARS-CoV-2 existiera la fiabilidad de los test es baja y de ahí que si los de antígenos o anticuerpos dan positivo se requiere confirmarlo con la RT-PCR, técnica que a pesar de considerarse oficialmente “la más fiable” ¡puede dar “falsos positivos” y “falsos negativos”!

2) Los gobiernos están dando por hecho que si alguien da “positivo” a la RT-PCR es que está contagiado y es rotundamente falso. Los propios Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) de Estados Unidos reconocen en su web sobre la RT-PCR que «los resultados positivos son indicativos de infección activa con 2019-nCoV pero no descartan infección bacteriana o coinfección con otros virus. El agente detectado puede no ser la causa definitiva de la enfermedad”.

3) Si alguien da hoy “positivo” a los test se le incluye entre los “contagiados” y si muere en la lista de fallecidos por el SARS-CoV-2 aunque en realidad haya muerto de senectud, ictus, ataque cardíaco, cáncer terminal o cualquier otra patología.

4) En la RT-PCR apenas se utilizan unas 200 letras genéticas de las casi 30.000 de un coronavirus; se usa pues un pequeñísimo fragmento que representa menos de un 0,7% del ARN sin demostrar además que las letras utilizadas sean exclusivas del mismo por lo que el test puede dar positivo y la secuencia detectada pertenecer a otros virus, a bacterias e incluso al genoma humano o al microbioma. ¿Cómo va ser pues una prueba fiable?

5) Los ya citados CDC reconocen además que la mera detección con la PCR de un ARN vírico no demuestra que pertenezca a un virus infeccioso ni que sea la causa de que la persona enferme.

6) Hemos constatado que cuando alguien se hace en España un test de Serología COVID19 el laboratorio añade tras el diagnóstico de Negativo a anticuerpos IgG e IgM esta advertencia: «Un resultado NEGATIVO no excluye la posibilidad de infección por COVID-19. Ante un resultado NEGATIVO y persistencia de sintomatología clínica se recomienda realizar test adicionales». Y si el Negativo es a la RT/PCR de secuencias de los genes víricos ORF1ab y N se dice: «Si a pesar del resultado negativo de la prueba de qRT-PCR usted tiene clínica compatible con infección por COVID-19 es aconsejable un nuevo análisis, especialmente con otros tipos de muestras, como las de vías respiratorias bajas». Menos mal que este último es «el más fiable».

Sobre las cifras de contagiados y muertos.

1) Que las autoridades y los medios de comunicación hablen de «infectados» o «contagiados» para referirse a quienes han dado «positivo» a un test de escasa o nula fiabilidad es una falacia y una intolerable falta de ética. Como igualmente lo es hablar de muertos «por» en lugar de muertos «con«. No pueden achacarse al SARS-CoV-2 todas las muertes de quienes dieron positivo a un test, ni siquiera en el caso de que fueran fiables.

2) Si los test no son fiables las cifras de presuntos contagiados y muertos por el SARS-CoV-2 tampoco porque se basan en ellos.

3) La alarma mundial se basa en la convicción de que las cifras de contagiados y muertos son ciertas, creíbles y significativas cuando volvemos a repetir que eso se basa en la fiabilidad de los test… y en que no se haya manipulado su recuento. Es de eso de lo que depende saber si estamos ante una pandemia real o ante una completa farsa. Llama de hecho la atención que las cifras oficiales de infectados y muertos que se achacan al SARS-CoV-2 hayan disminuido ¡cuando los gobiernos cambiaron los criterios para contabilizar los casos! Y resulta igualmente clasificador que el número de “infectados” aumente cuando se realizan más test a pesar de que la cifra de enfermos y muertos permanece constante o incluso disminuye.

4) La decisión de incinerar a gran parte de las personas cuya muerte se ha achacado al SARS-CoV-2 va a impedir confirmar mediante autopsias si realmente estaban infectadas y si la causa fue el coronavirus u otra.

5) La negligente actitud de la OMS en toda la pandemia ha hecho imposible que exista un único sistema de registro de datos a nivel mundial por lo que será imposible conocer la realidad de su expansión permitiendo así que se asuman sin más sus criterios favorables a la vacunación masiva.

Sobre la gran cantidad de fallecimientos.

La sociedad ha admitido acríticamente que la gran cantidad de muertes de la «pandemia» se debe al SARS-CoV-2 -sin probarlo- y quienes no creen en él piensan que “algo tiene que ser” porque piensan que nunca ha habido tantos muertos a la vez con los mismos o parecidos síntomas y en tantos países cuando no es así; los ha habido pero no se han retransmitido a diario con ruedas de prensa gubernamentales y los medios de comunicación dedicándoles varias horas al día. Un mero ejemplo: en España mueren de cáncer mientras están siendo tratados con los inútiles tratamientos farmacológicos que usan los oncólogos ¡112.000 personas al año! Unas 9.500 al mes sin que ello merezca un solo comentario. En suma, la sociedad no ha valorado que hay muchos otros factores que pueden haber  provocado las muertes que se achacan a la Covid-19. Estos por ejemplo:

1) Haber dejado morir sin tratamiento a muchas personas -en los hospitales, residencias de mayores y domicilios particulares- por falta de medios, médicos y tratamientos; a buena parte sedándolas para que fallecieran sin sufrir en lo que muchos consideran ya una eutanasia masiva encubierta (sin permitirles despedirse siquiera de sus familias y allegados).

2) El gran número de personas infectadas -por todo tipo de patógenos y no ya por el SARS-CoV-2– en los propios hospitales. No olvidemos que el pánico generado por la OMS, las autoridades y los medios de comunicación hizo que los servicios de Urgencia, las salas de espera, los pasillos y hasta las UCI estuvieran abarrotadas de personas sin protección que convirtieron todos los centros sanitarios en gigantescos focos de infección. Durante las primeras semanas sobre todo.

3) Numerosas personas han muerto por los tratamientos médicos recibidos. La inexistencia de protocolos eficaces -algo reconocido por la propia OMS– hizo que los profesionales sanitarios no supieran exactamente qué hacer y en muchos casos utilizaron procedimientos que luego se constataron no ya ineficaces -que también- sino que agravaron el problema llevando a muchos pacientes a la muerte. Fue cuando se dio orden inmediata de incinerar masivamente los cadáveres sin permitir autopsias con la peregrina e insostenible excusa de posibles contagios entre los patólogos.

4) Muchas personas mayores que vivían solas -las más vulnerables- murieron porque no fueron atendidas en sus domicilios a pesar de llamar para que alguien fuera a socorrerles y o bien no pudieron ir al hospital o lo hicieron y se les envío de nuevo a casa con excusas porque así lo habían «sugerido» las autoridades para «ahorrar material sanitario» en una actuación no ya negligente sino criminal.

5) Está constatado que muchos fallecimientos masivos en las residencias de personas mayores se debieron a la falta de atención sanitaria y médica; las propias cifras oficiales -aun siendo no creíbles- corroboran que la mayor parte de las muertes se produjeron en ellas.

6) Los cuadros de miedo, ansiedad y depresión que causó el estado de alerta y las medidas adoptadas  hizo que el sistema inmune de muchas personas -incluidas algunas jóvenes y sanas pero especialmente las  afectadas por patologías previas graves- se deprimiera provocando inmunodeficiencias que aceleraron o provocaron su muerte.

Sobre el confinamiento.

La estrategia de frenar el avance de la presunta pandemia confinando en sus casas a la población fue criticada desde el principio por expertos de todo el mundo cuyas voces se silenciaron rápidamente. Muchos profesionales advirtieron desde un punto de vista exclusivamente sanitario que el «remedio» podía ser peor que la «enfermedad». Para Wolfgang Wodarg por ejemplo, presidente de la Subcomisión de Salud de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, “la alarma creada en torno al coronavirus no se basó en ningún peligro médico extraordinario». El Dr. John Ioannidis denunció por su parte que se ofrezcan datos sesgados que impidan hacer una valoración real de la situación recordando por ejemplo que otros coronavirus considerados «leves» también llevan a la muerte al 8% de las personas mayores. El Dr. Peter Goetzsche -nada menos que cofundador de Colaboración Cochrane y autor de varios libros sobre corrupción en el ámbito de la Medicina- llegó a denunciar que se declarara una pandemia cuando ni siquiera se sabía si el riesgo de morir por el coronavirus recién descubierto era mayor que el de una gripe y muchas otras infecciones víricas.

En fin, razones sociales, económicas y psicológicas aparte la principal crítica al confinamiento es que si se hubiera aislado solo a las personas mayores y enfermas -y aun eso es discutible- el resultado habría sido el mismo como demuestra el hecho de que el 90% de los afectados y muertos tiene o tenía más de 70 años. Otros opinan además que el confinamiento ha impedido que la mayoría de la población se inmunizara naturalmente y eso aumenta mucho el riesgo de nuevos brotes masivos.

Sobre los protocolos de tratamiento.

No existe tratamiento específico para el SARS-CoV-2. Lo reconoce la propia OMS. En cuanto a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios publicó un documento titulado Tratamientos disponibles para el manejo de la infección respiratoria por SARS-CoV-2 pero luego dice que no por citarlos los recomienda ya que sobre su eficacia «no existe ningún tipo de evidencia por el momento». Y encima cita solo algunos de sus tremendos e innumerables efectos adversos pero si es así, ¿por qué los cita siquiera?

Buena prueba de la confusión inicial ante la falta de tratamientos es que los protocolos de los primeros meses tuvieron que irse modificando ya que en muchos casos no solo no funcionaban sino que empeoraban a los enfermos; de hecho se terminó comprobando que en numerosos casos la ventilación aplicada a los más graves en las unidades de cuidados intensivos está contraindicada. Hoy se sabe por ejemplo que un buen número de los enfermos diagnosticados de Covid-19 no sufren neumonía viral grave sino problemas respiratorios debidos a que el  oxígeno no llega a los principales órganos al haber daño oxidativo en los pulmones -algo que explica las opacidades bilaterales observadas- tratando el cuerpo de compensarlo sintetizando rápidamente más hemoglobina y ferritina y de ahí que sus niveles aparezcan tan altos en la sangre de estos pacientes. En fin, el tratamiento en los centros hospitalarios ha pasado en pocas semanas de centrarse solo en la neumonía como agente principal de mortalidad a contemplar la formación de trombos y microtrombos como causa comenzando a utilizarse de forma generalizada en muchos casos heparina de bajo peso molecular como anticoagulante, corticoides e inmunosupresores para afrontar la tormenta de citoquinas inflamatorias y además antibióticos. Se ha asumido que muchos pacientes mueren más que por insuficiencia pulmonar severa por tromboembolismos.

Sobre la OMS y la declaración de pandemia.

La declaración internacional de pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no se justifica y si ha sido posible es porque en mayo de 2009 cambió los criterios para hacerlo rebajando la cantidad de infectados y muertos para poder así declararla fácilmente e imponer sus “consejos” a todos los gobiernos, lo que sugiere que esta pandemia lleva años planificándose. Declaración oficial de pandemia que llevó a las declaraciones de alerta, a los confinamientos masivos de las poblaciones de medio mundo y a la adopción de medidas ilegales conculcatorias de derechos y libertades fundamentales, al control de las fuerzas de seguridad del estado y a la censura de periodistas y medios de comunicación.

Hablamos de medidas inconstitucionales -la declaración de un Estado de Alerta en España por ejemplo no autoriza al Gobierno a haber tomado muchas de ellas- que socialmente se asumieron porque la gente ignora que la OMS está controlada hoy por un pequeño grupo de personas, entidades y empresas que se autocalifican de altruistas y filantrópicas y son las que proporcionan el 82% de su presupuesto (los estados solo aportan ya a la OMS el 18%).

Entidades entre las que están la Fundación Bill y Melinda Gates, la Alianza GAVI -que también controlan los Gates y en la que trabajó el Director de la OMS Tedros Adhanom Ghebreyesus-, TEPHINET y el Epidemics Intelligence Service (EIS) de Estados Unidos, organismo que cuenta con unos dos mil agentes colocados en puestos claves del Servicio de Salud del Gobierno estadounidense así como en otros departamentos estatales, agencias internacionales, escuelas, universidades e instituciones privadas de muchos estados. De hecho Bill Gates lleva treinta años creando una tupida red de organizaciones sanitarias que controla tanto mediante inversiones como haciendo “donaciones”. La intención –confesada públicamente- es inocular vacunas a toda la población del planeta como basta comprobar leyendo la llamada Agenda de Inmunización 2030 de la OMS que pretende ser la culminación de la década que acaba de terminar y la propia organización declaró La década de las vacunas.

Y hacemos una advertencia: las vacunas elaboradas con trozos de ARN mensajero se postulan como eficaces y seguras pero la verdad es que pueden provocar reacciones inmunes y mutaciones genéticas incontroladas y mortales… como casi todas las demás. Eso sin olvidar que hoy pueden utilizarse ya para implantar de forma discreta nanochips de control de las personas.

Por otra parte, ninguna vacuna ha demostrado jamás eficacia para prevenir una enfermedad infecciosa; en Discovery DSALUD llevamos 22 años denunciándolo. Es más, pueden provocar numerosas patologías (compruébelo leyendo la información agrupada en el epígrafe El grave peligro de las vacunas que aparece en el apartado de Reportajes de nuestra web: www.dsalud.com).

Sobre la incidencia de la tecnología 5G.

Son numerosos los estudios que indican que la tecnología 5G altera electromagnéticamente el organismo provocándole numerosas disfunciones, especialmente problemas respiratorios al modificar el spin de las moléculas de hierro. Pues bien, Wuhan -epicentro de la pandemia- fue una de las ciudades piloto en las que se probaron las redes 5G en China y su aire es además uno de los más contaminados del planeta.

Sobre la tesis de que el SARS-CoV-2 existe y se creó en un laboratorio.

No está demostrado que el SARS-CoV-2 sea un virus patógeno agresivo modificado en laboratorio aunque hay quienes así lo afirman. Como el Premio Nobel Luc Montagnier, el profesor de la norteamericana Universidad de Illinois Francis Boyle y el biólogo español Máximo Sandín, entre muchos otros. Y es que en 2017 se construyó en Wuhan (China) un avanzado laboratorio de investigación que costó oficialmente 44 millones de dólares siendo uno de sus principales objetivos –reconocidos- estudiar el agente causante del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS por sus siglas en inglés), antecesor del actual SARS-Cov-2. Se trata de un laboratorio de referencia de la propia OMS que tiene la misión de trabajar “con los patógenos más peligrosos del mundo” y está precisamente donde ha aparecido el virus que se dice provoca la Covid-19.

Terminamos con un significativo dato: en marzo de 2018 la OMS revisó la lista de enfermedades prioritarias consideradas más amenazantes y junto al ébola, el MERS, el SARS, el Zika y otros virus incluyó una misteriosa patología que denominó Disease X explicándolo así: “La Enfermedad X representa el escenario en el que un patógeno desconocido pudiera causar una grave epidemia internacional”. Sin comentarios.

Jose Antonio Campoy

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