Cómo prevenir catarros y gripes

Llega la temporada invernal y con ella los primeros resfriados y gripes, las dolencias más frecuentes del ser humano. Y como más vale prevenir que curar los expertos aconsejan empezar a tomar precauciones para evitar el contagio. Básicamente se trata de fortalecer nuestro sistema de defensas para contrarrestar los ataques de los virus que las causan. ¿Cómo? Se lo contamos.

Los catarros y las gripes son en invierno el pan nuestro de cada día. De hecho, causan más consultas médicas que cualquier otra dolencia. Las estadísticas indican que, sólo en España, se producen 2,1 catarros anuales por persona y la revista Time ha publicado un informe en el que se afirma que durante su vida una persona que viva 75 años llega a padecer unos 200 catarros y gripes. Claro que eso sólo ocurre cuando nuestro sistema inmune se encuentra debilitado. Porque como bien dijera Louis Pasteur, “El microbio no es nada. ¡El terreno lo es todo!” En otras palabras, si nuestro cuerpo está intoxicado, nos alimentamos mal y no hacemos ejercicio el sistema inmune sucumbirá más fácilmente al ataque de los virus y otros microbios. De ahí que mantener un organismo desintoxicado y un sistema inmune sano y fuerte sea la manera más efectiva de evitar las infecciones. Porque las actuales vacunas contra la gripe son un auténtico fiasco.

CATARROS Y GRIPES NO SON LO MISMO

Y hay que empezar recordando que aunque producen síntomas similares y ambas dolencias afectan a las vías respiratorias catarros y gripes tienen un origen vírico diferente. Así, el llamado catarro o resfriado -la enfermedad más frecuente del ser humano- es producido por un virus del género rinovirus o coronavirus que afecta a las vías respiratorias altas. El contagio se produce por la tos, los estornudos, el aire o el contacto directo con una persona contagiada. Una vez que el virus se ha instalado en nuestro organismo los síntomas no tardan en aparecer en forma de estornudos, tos seca o leve, congestión nasal, molestias en la garganta, dolor de cabeza, etc. Situación que normalmente no se prolonga más de una semana. Se manifiesta de forma gradual y suelen curarse por sí mismos. Su mayor incidencia se da durante el otoño, hacia la mitad del invierno y en primavera.

En cuanto a la gripe se trata de una enfermedad infecto-contagiosa causada también por virus –se conocen más de 200 que la provocan- que aunque implica sobre todo a las vías respiratorias superiores e inferiores afecta en realidad a todo el organismo por lo que sus síntomas son mucho más intensos. El griposo se siente muy enfermo, padece fiebre alta, escalofríos, lagrimeo, debilidad, tos intensa y dolores en cabeza, espalda y músculos. Sufre lo que popularmente se denomina “trancazo”. La gripe se manifiesta de forma brusca –el proceso de incubación dura sólo entre 18 y 26 horas- y en algunos casos el virus puede mantenerse activo hasta 15 días. Y lo peor es que mal curada una gripe puede derivar en enfermedades respiratorias más graves como bronquitis o neumonía.

Pues bien, estos procesos –tanto catarral como gripal- se ven favorecidos por los cambios de temperatura propios de esta época del año y por otras circunstancias que debilitan el sistema inmune como es el caso del estrés, el descanso insuficiente, la ingesta habitual de tóxicos (alcohol, café, tabaco, etc.) y una dieta inadecuada. De ahí que los expertos recomienden que, especialmente en este periodo de transición hacia el frío en el que nuestro centro cerebral de regulación térmica consume más energía de lo normal para adaptarse eficazmente al cambio de temperaturas, “echemos una mano” a nuestro organismo proporcionándole herramientas para que pueda defenderse de los ataques víricos. Y esas herramientas proceden, principalmente, de la alimentación.

NUTRIENTES “ANTICATARRALES”

Para prevenir los molestos catarros y gripes hay que empezar desde ya a incluir en la dieta una serie de elementos que, en el caso de que ya estemos contagiados, nos ayudarán también a restablecernos cuanto antes. Esos nutrientes “anticatarrales” y “antigripales” son, básicamente, como ya explicara en su día José Ramón Llorente -miembro del equipo de esta revista y presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular- los siguientes:

-La vitamina C. Ayuda a prevenir resfriados y gripes y a acelerar su curación si ya están instaladas. Es un poderoso antigripal y aumenta significativamente las defensas, concretamente la producción de glóbulos blancos que se encargan de identificar y eliminar los microorganismos patógenos. Además es antioxidante y mantiene sanas las mucosas.

Vitaminas A y E. Estimulan la inmunidad celular, la actividad de las células asesinas y la respuesta de los anticuerpos.

Vitamina B6. Refuerza la función de los linfocitos.

Magnesio. Ayuda a reducir la inflamación que provocan ambas dolencias al estabilizar las células del sistema inmune.

Zinc. Está demostrada su específica acción antivírica en los catarros comunes. Es un mineral muy importante para la inmunidad celular.

Selenio. Su deficiencia inhibe la resistencia a las infecciones. Es un poderoso antioxidante cuya principal función es fortalecer el sistema inmune.

Ácido fólico y vitamina B12. Su deficiencia impide una respuesta inmunitaria adecuada.

DIETA PREVENTIVA

Una persona con carencias nutricionales es presa fácil de todo tipo de infecciones. Por tanto, en una dieta encaminada a potenciar el sistema de defensas para evitar gripes y catarros y/o curarlos cuanto antes no deben faltar los elementos “inmunopotenciadores” que a continuación relacionamos y que podemos procurarnos a través de la alimentación o mediante suplementos:

-Cítricos, kiwis, grosellas, fresas, vegetales de hoja verde, tomates, coliflor, brécol, perejil, pimiento verde, puerros, etc.. Todos ellos son buenas fuentes de vitamina C y, por tanto, con acción antivírica e inmunoestimulante.
-Hígado, zanahorias, espinacas, lechuga, frutas amarillas, etc. (para surtirnos de vitamina A).
-Aceites vegetales, pipas de girasol, germen de trigo y huevos (por su contenido en vitamina E).
-Alfalfa, nueces, lentejas, soja, repollo y pescado (por tener vitamina B6)
-Legumbres, limones, higos, manzanas, maíz, almendras, nueces y vegetales de color verde oscuro (por su contenido en magnesio).
-Champiñones, zanahoria, levadura de cerveza, legumbres, hígado, frutos secos, marisco o queso curado (son fuente de zinc).
-Cereales, moluscos, pescados, carne roja, huevo, setas, nueces, ajo y cebolla (ricos en selenio).
-Vegetales de hoja verde oscuro, melón, alubias, levadura de cerveza, soja, hígado y yema de huevo (nos proveerán de ácido fólico).
-Almejas, jamón, arenques, salmón, atún, hígado, huevos y queso (por contener vitamina B12).

ALIADOS CONTRA “TRANCAZOS” Y RESFRIADOS

Si ya no se trata de prevenir sino más bien de curar sepa que le conviene descansar –permanezca en la cama y duerma para recuperar energías y ayudar al organismo-, beber mucha agua –para hidratar las mucosas y favorecer la eliminación de sustancias-, evitar el consumo de sal, grasas saturadas y azúcar –porque deprimen el sistema inmune y limitan su capacidad- y eliminar el consumo de leche y sus derivados porque son grandes productores de moco (vea más recomendaciones en el recuadro adjunto). Además, puede ayudarse con:

Cebolla. Su aceite esencial tiene propiedades mucolíticas, expectorantes, broncodilatadoras, antibióticas, antivíricas y desinfectantes. Es más efectiva si se toma cruda o se inhala su esencia. También es efectivo –para facilitar el descanso del acatarrado- colocar un plato con cebolla troceada junto a su cama. Le ayudará a respirar mejor.

Ajo. Tiene acción antibiótica y antimucolítica. Ayuda a la descongestión y es expectorante. Además es un excelente estimulador del sistema inmune que además purifica las mucosas y las mantiene libres de gérmenes. Se recomienda comerlo crudo en pequeños trozos como si fueran pastillas.

Rábano. Contiene una sustancia denominada peróxido difenil glioxal con acción viricida y bactericida.

Puerro. Contiene un aceite esencial similar al de la cebolla con acción mucolítica.

Miel y uvas pasas. Suavizan la garganta.

Limón. Es un excelente limpiador del sistema linfático y un buen preventivo ya que ayuda a reforzar el sistema inmune y a hacerle poco proclive a infecciones.

Eucalipto. Es balsámico y ayuda a expulsar las mucosidades. Con él se pueden hacer vahos muy efectivos para aliviar la congestión nasal.

Propóleo. Se trata de un producto elaborado por las abejas que posee múltiples propiedades preventivas y terapéuticas. De hecho, los propios insectos utilizan esta sustancia resinosa para recubrir las paredes de la colmena y mantenerla libre de bacterias. Es antibiótico, antiviral, antiséptico, cicatrizante, antiinflamatorio, inmunoestimulante, ligeramente analgésico, antioxidante y revigorizante. No es aconsejable en casos de asma bronquial alérgica ya que puede empeorar los síntomas.

Equinácea. Además de actuar frente a los virus aumenta los mecanismos de defensa y acorta el tiempo de duración del resfriado. Se sabe, por ejemplo, que aumenta la producción y refuerza la actividad de los glóbulos blancos y, en concreto, de los macrófagos. Activa también las células T y las células naturales asesinas que juegan un papel fundamental contra los virus.

-Paloluz.De él se extrae el regaliz. Contiene ácido glicirrínico, sin duda uno de los viricidas más potentes que existen. Es además antiulceroso, antiácido y antiinflamatorio de la mucosa gástrica.

LOS VIEJOS REMEDIOS

Además de lo dicho, para evitar contagios lo mejor es no pasar mucho tiempo en lugares cerrados con mucha gente, ventilar la habitación donde ha estado una persona ya contagiada, mantener limpias las manos, tomar abundante vitamina C –mejor en forma de ascorbato cálcico- y no tener la calefacción muy alta en casa ni abrigarse excesivamente dentro del hogar.

Tampoco está de más recordar algunos remedios populares que le aliviarán si, aún así, acaba sufriendo gripe o resfriado. Por ejemplo, la molesta sensación de congestión nasal mejora lo mismo con agua y sal aplicada en la nariz que con los sofisticados antisecretores químicos y además se puede poner cuantas veces se precise. ¿Y qué decir del clásico vaso de leche caliente con miel? No lo dude: es uno de los más efectivos remedios ya que proporciona relax y ayuda, al subir la temperatura, a mejorar el estado general del griposo.

L. J.

Recuadro:


Para recuperarse cuanto antes

Si quiere recuperarse en el menor tiempo posible intente atender a estas recomendaciones:

-Permanezca en la cama. Al estar acostado y, sobre todo, al dormir se liberan sustancias beneficiosas que refuerzan el sistema inmune. Además así las defensas del organismo pueden centrarse en combatir la enfermedad.
-Beba mucha agua. Las mucosas deben estar hidratadas ya que cuando se secan se convierten en campo de cultivo para los virus. En cambio, si están hidratadas se favorece la expulsión de las secreciones y los virus no pueden asentarse.
-Utilice un vaporizador que humedezca el ambiente y airee frecuentemente la habitación en la que permanezca.
-Remoje los pies en agua caliente durante 10 minutos (con una cucharada de polvo de mostaza, mejor) para incrementar la temperatura del cuerpo.
-Haga inhalaciones de hierbas aromáticas. Vierta un puñado pequeño de hojas enteras o unas 8 gotas de aceite de salvia y eucalipto en un cazo de agua hirviendo y respire sus vapores. Este remedio no sólo alivia, también previene los contagios ya que los aceites aromáticos retardan la proliferación de bacterias. Una advertencia: esta receta no es válida ni para embarazadas ni para bebés. En los niños reduzca las dosis a la mitad.
-Coma ligero -especialmente frutas, verduras y caldos vegetales- y evite en lo posible proteínas animales y grasas saturadas. Además, si no tiene apetito no se obligue a comer. Su cuerpo necesita toda su energía para combatir el virus invasor y a veces es conveniente “ahorrar” la que se consume en hacer la digestión del alimento.


Algunas recomendaciones

Variar pequeños hábitos cotidianos puede ayudar a dar esquinazo a los catarros y gripes:

-Mantenga limpio su organismo. Por ejemplo, procure tomar alimentos ricos en agua y micronutrientes y evite las grasas, frituras y gratinados así como los productos refinados, especialmente el azúcar. Por supuesto, elimine el tabaco, el alcohol, el café y toda bebida excitante.
-Practique algún deporte, camine o haga gimnasia regularmente. Eso le ayudará a potenciar el sistema inmune y mantener a raya a las infecciones.
-Para preparar su cuerpo frente a los cambios bruscos de temperatura termine la ducha con un chorro de agua fría.
-Procure dormir entre 7 y 8 horas. El cansancio disminuye las defensas del organismo impidiendo que éste se renueve y desintoxique y, por tanto, favorece la que nos contagien virus oportunistas.
-Airee y mantenga un cierto grado de humedad en las habitaciones donde vive y trabaja. Evitará contagios.


Remedios tradicionales

Para “ayudar” a la fiebre. En contra de lo que muchos creen la fiebre moderada no es una situación que deba ser combatida ya que la elevación de la temperatura indica que el cuerpo se está defendiendo contra la infección y que el sistema inmune está en plena actividad. Para “echarle una mano” a la hora de restablecer la temperatura normal podemos hacer una infusión de saúco, tila, cola de caballo y tomillo a partes iguales que activarán la sudoración y la actividad de los riñones.
Para el dolor de garganta. Puede elaborar un eficaz jarabe dejando macerar durante toda una noche una cebolla mediana en un poco de agua y el zumo de un limón. Por la mañana añádale 20 gotas de propóleo y beba la mezcla –con una pajita para que el limón no dañe el esmalte de los dientes- 2 o 3 veces al día hasta que desaparezca la infección.

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Noviembre 2004
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