¿Cuál es la mejor iluminación artificial?

El ser humano se ve obligado hoy a iluminar sus casas, oficinas, fábricas o granjas durante largos periodos de tiempo con una luz artificial que carece de las características de la luz solar. Y durante décadas ha utilizado las clásicas bombillas incandescentes y los llamados tubos fluorescentes pero las primeras han dejado de fabricarse y los segundos, aunque más económicos, tienen otros inconvenientes. De ahí que se decidiera sustituirlas por lámparas de bajo consumo que se hacen con mercurio tóxico, con lámparas halógenas que emiten radiaciones y ahora con lámparas LED que dañan la retina. Así que, ¿qué hacer? ¿Qué lámparas usar que sean seguras para la vista y la salud?

Para todo experto en Bioconstrucción la primera referencia es la naturaleza y por tanto la única iluminación realmente saludable es la luz solar siendo cualquier opción de iluminación artificial menos sana al poder tener efectos secundarios no deseados. Un tema importante pues las investigaciones en Neurociencia de las últimas décadas indican que la iluminación es uno de los factores más trascedentes en el ámbito de la salud. De hecho por eso los arquitectos modernos dan tanta importancia en sus diseños a la entrada de luz natural y valoran mucho algo ignorado por la mayoría de la gente: que el vidrio común de las ventanas impide el paso de los rayos ultravioleta A (UVA) debido a su alto contenido en hierro; y lo mismo ocurre con los vidrios de las gafas, sean éstas graduadas o de sol. Un problema porque son los rayos UVA que recibimos al tomar el sol lo que permite al organismo sintetizar la vitamina D, bacteriostática e indispensable para asegurar la buena utilización y el mantenimiento de unos niveles adecuados de calcio y fósforo -minerales necesarios en la formación del esqueleto y los dientes- que además favorece la coagulación de la sangre y mantiene en buenas condiciones el sistema nervioso cuyo déficit puede dar lugar a una inadecuada absorción de calcio -y por ende a osteomalacia y osteoporosis-, a caries dentales de carácter grave y a raquitismo en los niños -con posible deformación y ablandamiento de los huesos, arqueamiento de las piernas, ablandamiento del cráneo, bajo desarrollo muscular y dificultades respiratorias por hundimiento del tórax- además de mejorar el sistema inmune; en cambio los rayos UVA sí atraviesan los vidrios de cuarzo (lea en nuestra web -www.dsalud.com- los artículos que con los títulos La falta de luz natural es la causa de muchas enfermedades, La importancia de la luz solar para la salud, El sol y la vitamina D, útiles en numerosas dolencias y El sol, vital fuente de energía y salud aparecieron en los números 42, 59, 142 y 146 respectivamente).

Y es que los ciclos biológicos vienen determinados por los cósmicos y terrestres constituyendo los “relojes” que regulan endógenamente nuestro organismo y buena parte de las funciones fisiológicas. En especial el ciclo circadiano de 24 horas ya que de él depende la vida en la Naturaleza, desde la apertura y cierre de los girasoles pasando por el canto del gallo hasta la temperatura basal, la segregación de diversas hormonas -como la melatonina- o la secreción biliar… entre otras muchas cosas (lea en nuestra web el artículo que con el título Importancia de la Cronobiología en la salud apareció en el nº 141).

Sin embargo en los países desarrollados los habitantes de las ciudades pasamos hoy más del 80% de nuestro tiempo encerrados en recintos opacos -casas, oficinas, fábricas, granjas, comercios, bares, restaurantes, transportes…- con escasa o ninguna luz solar pudiendo ello dar lugar a trastornos del sueño, cansancio crónico y depresión que mucha gente no achaca a tan sencillo hecho. Es más, una buena o mala iluminación -lo saben bien los profesionales de la Óptica- afecta a la agudeza visual y la percepción de los colores.

En suma, puede afirmarse que la luz solar es biodinámica ya que su carencia afecta negativamente no solo al sistema endocrino sino a todos los sistemas biológicos incluyendo la capacidad del cerebro para el manejo rápido de información. De lo que se desprende que la calidad de la iluminación artificial es hoy algo básico para la salud y el rendimiento intelectual y laboral y cuando es mala causa de absentismo y accidentes, especialmente entre quienes sufren fotofobia o hipersensibilidad a la luz, algo frecuente entre los afectados de hipersensibilidad química y/o electromagnética. No vamos pues a andarnos con medias tintas: la iluminación usual en los actuales entornos de trabajo es mala en general; está mal diseñada, es normalmente insuficiente y puede producir desorientación, falta de atención y concentración, desánimo, cambios de humor y comportamiento, pérdida de memoria, estrés, ansiedad, cefaleas, mareos, falta de energía, fatiga crónica, trastorno afectivo emocional, insomnio, depresión, inapetencia sexual, impotencia, infertilidad, daño retiniano, degeneración macular y problemas neurológicos ya que puede alterar la glándula pineal y los sistemas hormonal e inmunitario. Efectos nocivos que son evidentemente mayores entre las personas más sensibles: niños, ancianos, embarazadas y enfermos, sobre todo entre los que tienen el sistema inmune deprimido o están afectados por hipersensibilidad ambiental.

¿Y QUÉ ES LA LUZ?

Los humanos llamamos “luz” a la parte de la radiación electromagnética que puede ser percibida por el ojo humano aunque en Física el término luz incluye todo el campo de radiación conocido como “espectro electromagnético” -la distribución energética del conjunto de todas las radiaciones con sus diferentes longitudes de onda, frecuencia e intensidad- y “luz visible” a lo que podemos percibir. Espectro electromagnético que va desde la radiación de menor longitud de onda -como los rayos gamma y los rayos X- pasando por la luz ultravioleta, la luz visible y los rayos infrarrojos hasta las ondas electromagnéticas de mayor longitud (como las ondas de radio). Siendo la luz visible que podemos percibir nosotros -no todos los ojos humanos perciben lo mismo- las radiaciones cuyas longitudes de onda van desde los 380 hasta los 780 nm (millonésimas de milímetro).

Y, por cierto, los humanos tenemos una gran capacidad de discriminación cromática pues somos capaces de distinguir unos 10 millones de tonos de color. Encontrándose el valor máximo de sensibilidad en 555 nm, lo que corresponde al color amarillo verdoso, el más abundante en la naturaleza y de ahí que nuestros ojos sean más sensibles a esa longitud de onda que a ninguna otra.

INTENSIDAD DE LA LUZ

Debemos asimismo saber que la cantidad de luz se mide en lux, medida que equivale a un “lumen por metro cuadrado” y expresa la cantidad de luz que incide en esa superficie. Pues bien, nosotros precisamos de una “luz brillante” -con una intensidad de entre 800 y 1000 lux- para que nuestro cerebro sepa que ya es de día y nos despierte poniendo en pleno funcionamiento el organismo sin ningún otro estímulo artificial. Y es que la luz brillante inhibe la secreción de melatonina por la glándula pineal y nos proporciona serotonina; es decir, deja de producir la llamada “hormona del sueño” y pasa a producir la “hormona de la actividad”. De la misma forma que el cerebro se prepara para segregar melatonina en cuanto el sol se oculta.

¿Y cuál es la iluminación mínima que necesitamos para vivir en condiciones aceptables? Pues se ha estipulado de forma consensuada que la que nos permite leer. Sugiriéndose que si bien bastan de 100 a 200 lux en un pasillo se requieren de 300 a 500 lux en el lugar de trabajo. Un nivel de iluminación insuficiente sin embargo desde un punto de vista neurológico y fisiológico.

De hecho en el exterior hay -de media- 10.000 lux en un día nublado de invierno pero puede haber hasta 150.000 lux a mediodía en verano. Por eso percibimos una auténtica inyección de energía vital cuando abrimos una ventana para que los rayos solares bañen nuestros ojos y la piel. Es más, hoy más que broncearnos lo que intentamos al buscar el sol es recargarnos de energía porque la mayor parte del tiempo vivimos en la “oscuridad”. Por eso los expertos en Domobiótica aconsejamos crear, tanto en nuestro entorno laborable habitual como en casa, una iluminación de varios niveles que dependerá de las necesidades de cada espacio a lo largo del día. Y tener por ejemplo en el salón varias fuentes de luz: una de seguridad de 10 lux, una lámpara cálida para adormilarse ante la televisión de menos de 100 lux, una luz general de ambiente de entre 300 y 500 lux, una luz intensa para la relación social de entre 500 y 1.000 lux y, si es necesaria, una luz brillante de estudio o lectura de más de 1.000 lux. Así podremos tener con todas las lámparas encendidas más de 3.000 lux si celebramos una reunión o una fiesta. Y ya apuntamos que para conseguir altas intensidades de luz -superiores a 800 lux- no hace falta normalmente instalar mayor potencia eléctrica: basta con acercar la fuente de luz al área que queremos iluminar.

Otro aspecto importante es el contraste lumínico del ambiente: es mejor evitar tanto la iluminación uniforme como un entorno de trabajo en penumbra y mucha luz en las mesas. El contraste lumínico debe ser como máximo de 1 a 3. Podemos pues tener por ejemplo 900 lux en la zona más iluminada -sobre la mesa- y 300 lux en la más oscura.

Y algo importante: se debe evitar mirar directamente a los focos brillantes -como el de las lámparas halógenas y las LED- a fin de evitar deslumbramientos y, sobre todo, posibles daños en los ojos. De hecho en nuestros proyectos de iluminación solemos evitar instalar puntos de luz directa -es decir, focos- prefiriendo siempre la iluminación difusa o indirecta.

EL COLOR DE LA LUZ

Debe saberse que a nivel neurofisiológico también nos afecta el color de la luz. Los colores alegres e intensos motivan de manera positiva levantando el ánimo mientras el abuso del blanco en interiores -la ausencia de color- y el predominio de colores oscuros puede dar lugar a conductas depresivas. Es más, el color afecta a nuestros reflejos y, por ende, a la toma de decisiones.

Se sabe asimismo que hay una clara correspondencia entre los siete colores del arco iris con los chacras y los centros hormonales. Está constatado por ejemplo que el rojo tiene evidente influencia sobre el chacra base y la actividad física y sexual, que el amarillo activa el tercer chacra en el plexo solar y por tanto afecta al humor y a la digestión y que el azul-añil favorece el estudio y la concentración al estimular el sexto chacra en el entrecejo.

A efectos terapéuticos pues la iluminación y el color de nuestro entorno son muy influyentes ya que el colorido de techos, paredes y mobiliario suele permanecer igual durante años e influye notablemente por su gran superficie. Como también nos afecta el color del vestido -incluida la ropa interior- sabiéndose que abusar de colores “serios” como el negro, el gris o el marrón puede terminar traduciéndose en pérdida de la alegría e inhibición de la acción además de favorecer una conducta depresiva.

Debe igualmente tenerse en cuenta que los colores de los objetos se ven a menudo modificados por la luz que incide en ellos, sea ésta natural o artificial. Lo saben bien los vendedores de tapicerías y alfombras y por eso nos invitan a menudo a salir a la calle a observar los colores reales.

Dicho esto añadiremos que el color de la luz lo determina su longitud de onda medida en nanómetros; siendo un nanómetro (nm) igual a 1 x 10-9 metros o, lo que es lo mismo, una millonésima de milímetro.

En cuanto a la temperatura de color -que define el color que produce una lámpara- se expresa en grados Kelvin (K). Y actualmente podemos encontrar lámparas que tienen desde 2.400 K -similar a la del rojo del atardecer- hasta más de 10.000 K, similar a la del azul cielo en la alta montaña.

Agregaremos que en el mercado hay muchas lámparas que dicen emitir “luz blanca” aunque en realidad existen diferentes matices y ser ésta más o menos “fría” o “cálida”. Las hay desde las que emiten un color “blanco frío” de 6.500 K ligeramente azulado hasta el blanco cálido de 4.500 K con componente naranja pasando por el blanco “luz de día promedio” de 5.400 K que corresponde a la verdadera luz blanca de espectro de color similar a la luz del sol de mediodía.

LÁMPARAS DE ESPECTRO SOLAR COMPLETO

Hasta hace pocos años la iluminación más usada en todo el mundo era la lámpara incandescente -“la bombilla de toda la vida”- en la que su filamento de tungsteno (wolframio) se pone incandescente al paso de la corriente -al igual que las modernas lámparas dicroicas y halógenas- emitiendo una luz cálida de espectro cromático continuo con un perfil de color en el que predominan los colores rojo, naranja y amarillo. Sin embargo no es muy eficiente porque la mayor parte de la energía se emite en la zona infrarroja -no visible pues- en forma de calor. Y a nivel óptico su problema es la falta de tonos de alta frecuencia: verde, azul y violeta.

La luz fluorescente corriente -la de los clásicos tubos de neón de oficinas y cocinas- emite por su parte luz fría con un perfil discontinuo en el que domina el verde-azulado siendo deficiente en las franjas azul-violeta y naranja-rojo. Suponen un claro ahorro energético respecto de las primeras pero perjudican más la salud al ser su espectro muy limitado. Ciertamente las que se comercializaron en tonalidades en blanco frío, blanco cálido y blanco de luxe mejoraron el impacto visual pero tampoco poseen el espectro completo. Si lo logran en cambio las modernas lámparas fluorescentes de espectro solar completo que se comercializan como fullspectrum: producen una iluminación de tono blanco puro con todos los colores del arco iris y tienen un magnífico rendimiento energético (clase A-B).

Asimismo existen lámparas halógenas de espectro completo pero su alto precio y bajo rendimiento energético aconsejan reservarlas solo para usos especiales.

El término fullspectrum indica por tanto que la lámpara emite en idénticas frecuencias que la luz solar -incluidos los rayos ultravioleta (UVA)- y en la misma proporción permitiendo apreciar la tonalidad real de los colores, algo de gran importancia en el mundo textil, la imprenta, la fotografía y el ámbito clínico donde se necesita una correcta estimación del color. Como es asimismo imprescindible para el cultivo en interiores ya que permite la fotosíntesis y el crecimiento de las plantas en los invernaderos.

Todo ello sin olvidar que la luz solar -y las lámparas que realmente la imitan- es buena para la salud mental y para que nuestros sistemas endocrino e inmunitario funcionen eficazmente.

UTILIDAD DE LA FOTOTERAPIA

¿Y realmente puede ser la escasez de luz causa de todas las patologías mencionadas al principio de este texto? Pues hay estudios que así lo indican. Especialmente de insomnio, problema que afecta hoy a más del 30% de la población de los países desarrollados de forma crónica -sobre todo en el Norte donde la luz solar es menor- porque la mayoría pasa mucho tiempo en lugares mal iluminados que impiden una correcta estimulación fotobiológica. De hecho el sol no solo activa la glándula pineal para segregar serotonina sino también dopamina además de regular el sistema inmune. Y en cuanto a la melatonina no olvidemos que se trata del antioxidante endógeno más potente que se conoce siendo función principal la de coordinar y regular los ritmos biológicos. Además participa en gran variedad de procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos, potencia y estimula el sistema inmune, mejora las funciones de otras glándulas y ayuda a prevenir enfermedades graves, entre otras propiedades. Su capacidad antioxidante es de hecho 5 veces mayor que la del glutation y más efectiva en la eliminación de radicales libres que la vitamina E y el ácido ascórbico. Y encima es un excelente citoprotector natural útil en el tratamiento del cáncer -inhibe la síntesis de ADN en al menos siete tipos de células tumorales además de participar en la apoptosis de células cancerosas y ser antiinflamatoria y antiangiogénica-, ayuda a reducir la presión arterial y mejora la actividad sexual (lea al respecto en nuestra web –www.dsalud.com- el artículo que con el título Melatonina: una maravilla natural para tratar numerosas dolencias apareció en el nº 83).

No debe extrañar pues que la Fototerapia sea hoy una disciplina en auge y que mucha gente la utilice en países o lugares de poca luz para estimular el organismo. Especialmente por la mañana donde lo ideal es tomar el sol durante 15 minutos al levantarse o recibir una sesión de fototerapia de media hora con una lámpara de espectro total de 10.000 lux; por ejemplo mientras se desayuna. Y si se padece alguna patología crónica recibir otra sesión a primera hora de la tarde.

MAGNETISMO, PARPADEO Y ESTRÉS

Hablemos ahora de otro aspecto importante: muchas luminarias trabajan en bajo voltaje -como las lámparas LED y las halógenas- que requieren transformadores-rectificadores -para producir corriente continua de 12 V a partir de la corriente alterna de 220 V- y ello genera campos electromagnéticos intensos; es pues necesaria una distancia mínima de seguridad de entre 50 cm y un metro, especialmente en los dormitorios. Es más, en éstos no deberían instalarse nunca bombillas compactas de bajo consumo con rosca cerca de la cama ya que llevan la reactancia en el casquillo y producen un intenso campo magnético. Y cuidado, porque si está conectada a la red toda lámpara genera un campo eléctrico ¡aunque esté apagada! Problema que puede minimizarse si la lámpara tiene toma de tierra propia.

Además las reactancias de los transformadores y otros equipos electrónicos producen interferencias radioeléctricas que pueden alterar las telecomunicaciones afectando a los equipos de sonido y sistemas informáticos; es decir, generando una “electricidad sucia” que puede ser causa de una importante contaminación electromagnética.

Las lámparas fluorescentes corrientes tienen una frecuencia de parpadeo de 50 Hz, una variación de la intensidad luminosa inducida por la corriente alterna que, al igual que las pantallas de televisión y de los ordenadores, impacta 50 veces por segundo en la retina, pulsación que induce ondas cerebrales de estrés (ondas gamma >25 Hz) además de cansancio físico, cefaleas y fatiga visual.  Por el contrario, las modernas reactancias electrónicas de alta frecuencia, que vibran a 20.000 Hz, eliminan la fatiga visual y el estrés al evitar el parpadeo del tubo.

COMPARATIVA DE LÁMPARAS

Sabemos que todas estas explicaciones pueden resultar complejas para los lectores no versados en el tema pero son necesarias si se quieren valorar adecuadamente y con conocimiento de causa las ventajas e inconvenientes de cada opción de iluminación ya que hoy la oferta es enorme: lámparas incandescentes, de bajo consumo, halógenos, fluorescentes, LED, fullspectrum… Especialmente porque en todas ellas se exponen en letras grandes sus ventajas y en letra pequeña los inconvenientes. Así que ante la pregunta de “¿qué bombillas uso?” deberemos valorar los aspectos ecológicos, económicos, energéticos y electromagnéticos así como su ciclo de vida (materias primas, reciclado, residuos, etc.). A fin de cuentas unas derrochan energía, muchas tiene déficit cromático, otras generan contaminación electromagnética, algunas son muy caras y la mayoría genera residuos tóxicos de mayor o menor peligrosidad.

Algunas de las lámparas que actualmente se comercializan son además peligrosas para el medio ambiente; es el caso de las llamadas “lámparas compactas de bajo consumo” y de los tubos fluorescentes porque ambas contienen mercurio; de hecho en realidad las primeras son pequeños tubos fluorescentes plegados o enrollados. Se debe pues tener mucha precaución si se rompen evitando el contacto con su contenido así como inhalar el aire de la zona tras romperse. Es más, deben llevarse a contenedores especiales porque se trata de residuos muy peligrosos.

Las lámparas LED no contienen en cambio mercurio -y los fabricantes presumen de ello- pero ocultan que contienen arsénico, indio, galio y otros metales pesados tóxicos para el usuario y para todo el planeta en su ciclo de vida: minería, metalurgia, fabricación, uso, residuos…

Y por lo que se refiere a las incandescentes y a las halógenas deben tratarse también como residuos peligrosos porque su filamento es de tungsteno, metal pesado reconocido como “posible cancerígeno”.

Dicho esto invitamos al lector a ver en el recuadro adjunto los datos que le permitirán adoptar su decisión de manera informada. En el mercado encontrará diversas opciones fullspectrum de marcas como Philips, Silvania, Vita-lite y otras que fabrican lámparas de espectro completo aunque por ser fluorescentes todas tienen aún algo de mercurio. A nuestro juicio la mejor calidad de luz es la del tubo Biolux y la Compacta Dulux -ambas de Osram- que proporcionan luz de espectro completo con un rendimiento muy cercano a las mejores LED. Obviamente en un futuro próximo serán interesantes las LED fullspectrum pues se acercan al espectro solar completo -vea el gráfico adjunto- a más bajo precio y menor coste energético (aunque aun con impacto medioambiental negativo).

Carlos Martínez Requejo
Director de Domobiotik

Recuadro:


Investigación en Neurociencia

El Dr. Ott observó en los estudios de Walt Disney que las semillas de calabaza no germinaban bajo luz fluorescente y decidió crear una lámpara de luz que emitiese el espectro total del sol logrando así la germinación. A partir de ahí se constataría que la luz fullspectrum previene el llamado “trastorno afectivo estacional” (TAE) que afecta a quienes trabajan en espacios sin luz solar ya que, al igual que ésta, permite que el organismo recupere los ritmos circadianos y haya una segregación normal de melatonina.

Y de ahí que diversos terapeutas utilicen también la Fototerapia en el jet-lag, los cambios de turno laboral e, incluso, en casos de depresión no estacional como la depresión pre y post parto. Investigaciones llevadas a cabo por neurocientíficos -desde 1970- indican que son útiles sobre todo las franjas de las zonas del azul-violeta y del naranja-rojo. Es más, se sabe que la luz de espectro total y los filtros de color de esas franjas de luz mejoran la agudeza visual lejana y el control del ciclo de activación alfa con mejora del proceso cognitivo-perceptual.


Casos significativos

Domobiotik ha constatado tras cientos de trabajos efectuados en los últimos veinticuatro años que la iluminación biológica es una eficaz fototerapia que puede llegar a sustituir la luz del sol; de hecho la hemos instalado en numerosas viviendas y lugares de trabajo y estudio. Y en los países nórdicos -como Suecia- es frecuente hoy ver luminarias fullspectrum en cafeterías -como el conocido Ljuscafé (Café de la Luz) de Estocolmo- que iluminan a sus clientes con 3.000 lux mientras desayunan sabedores de que ello ayuda a prevenir el Trastorno Afectivo Estacional (TAE). Algo que apoya la corroboración de que en nuestros proyectos de Domobiótica el 90% de las personas afectadas por esa dolencia mejora con la instalación de una adecuada iluminación fullspectrum. Es más, ese simple hecho incrementa la atención, la concentración, la memoria y, por ende, la toma de decisiones en estudiantes y ejecutivos además de reducir la fatiga. Su eficacia puede llegar a ser tan notable que en una ocasión el absentismo de una conocida compañía de seguros se redujo a cero cuando llegaba ya casi al 30% mediante unas sencillas intervenciones domobióticas -como la iluminación fullspectrum- que armonizaron los factores microambientales.

Es más, puede ayudar en casos de depresión. En una ocasión se logró de hecho la recuperación espectacular de una persona con depresión crónica que llevaba más de 10 años tomando Prozac y recuperó el equilibrio en apenas tres meses mediante luz y color pudiendo dejar el tratamiento psiquiátrico. Y otro tanto ha ocurrido con niños diagnosticados de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) habiendo bastado mejorar la calidad de la luz en su entorno y eliminar de él los campos electromagnéticos y lámparas compactas que usaban).


¿QUÉ LÁMPARAS SON MEJORES?

Lámparas no recomendadas

-Incandescente (su venta es ilegal desde 2009).

Etiquetado energético de clase E-F (muy malo).

Máximo derroche energético. Rendimiento lumínico: entre 12 y 18 lm/W.

Escasa vida útil: menos de 1.000 horas.

Espectro de luz continuo. Perfil cromático pobre (faltan verde, azul y violeta). 2400 K.

-Halógena 12 V

Etiquetado energético de clase C-D (malo).

Derroche energético. Rendimiento lumínico: entre 18 y 22 lm/W.

Escasa vida útil: entre 2.000 y 4000 horas.

Espectro de luz continuo. Perfil cromático insuficiente (faltan azul y violeta).

Foco puntual (50 mm). Agresión visual (retina).

Intenso campo electromagnético por transformador-rectificador (230V-12V).

-Fluorescente convencional

Etiquetado energético de clase B (correcto).

Buen rendimiento energético. Rendimiento lumínico menor de 50 lm/W.

Buena vida útil: entre 10.000 y 12.000 horas.

Espectro de luz discontinuo. Perfil cromático insuficiente (faltan rojo, azul y violeta).

Intenso campo electromagnético. Parpadeo: 50 Hz. Efecto estroboscópico.

-Fluorescente compacta

Etiquetado energético de clase B (correcto).

Buen rendimiento energético. Rendimiento lumínico menor de 40 lm/W.

Buena vida útil: entre 6.000 y 8000 horas.

Espectro de luz discontinuo. Perfil cromático insuficiente (faltan rojo, azul y violeta).

Intenso campo electromagnético. Parpadeo: 50 Hz. Efecto estroboscópico.

-LED

Etiquetado energético de clase A (bueno).

El mejor rendimiento energético. Rendimiento lumínico: entre 80 y 100 lm/W.

Vida útil muy larga: entre 20.000 y 30.000 horas. Precio alto.

Intenso campo electromagnético por transformador-rectificador (230V-12V).

Espectro de luz discontinuo. Perfil cromático dañino (picos monocromáticos).

Foco ultra-puntual (1-3 mm). Grave agresión visual a la retina. Posibles daños neurológicos.

Lámparas recomendadas:

Compacta Dulux L. Lumilux de Luxe. Recomendable.

Etiquetado energético de clase A/B (bueno/correcto).

Buen rendimiento energético. Rendimiento lumínico: entre 70 y 100 lumen/W.

Larga vida útil: 20.000 horas.

Espectro de luz continuo. Perfil cromático correcto: 3.000-4.000-5.400 K.

Lámparas PL, bayoneta 4 pins (sin rosca).

Con reactancia electrónica separada.

Balasto electrónico Quicktronik (20 kHz).

Fluorescente Biolux L. Lumilux de Luxe. Las más recomendables.

Etiquetado energético de clase A/B (bueno/correcto).

Buen rendimiento energético. Rendimiento lumínico 55-90 lumen/W.

Larga vida útil: 20.000 horas.

Espectro de luz continuo. Mejor perfil cromático. 4.000-5.400-6.500-8.000 K.

Balasto electrónico Quicktronik (20 kHz).


Ejemplos usuales de temperatura

Luz de una hoguera…………………………………….. 1.200-1.800 K.
Luz de una cerilla…………………………………………………… 1.700 K.
Luz de una vela……………………………………………………… 1.850 K.
Bombilla incandescente doméstica…………… 2.400-2.800 K.
Luz halógena (dicroica)………………………………. 3.200-3.500 K.
Luz de tungsteno (ilum. profesional)…………………….. 3.200 K.
Lámpara de mercurio…………………………………. 4.000-4.500 K.
Luz día, flash electrónico y lámpara Biolux…………… 5.400 K.
Luz pura del sol de mediodía…………………………………5.780 K.
Luz solar en cielo diurno y lámpara Biolux…………… 6.500 K.
Luz con el cielo nublado…………………………… 6.000-10.000 K.
Monitor de televisión convencional (CRT)…………….. 9.300 K.
Luz del cielo en alta montaña…………………. 10.000-12.000 K.
Relámpago……………………………………………… 28.000-30.000 K.


LONGITUD DE ONDA DE LOS COLORES

Rojo…………………..  .700 nm.
Naranja ……………….600 nm.
Amarillo…………… …570 nm.
Verde……………….  …530 nm.
Azul………………..   ….440 nm.
Violeta……………  …..400 nm.

 

Este reportaje aparece en
169
Marzo 2014
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