Denuncian ante miles de médicos y científicos los peligros de las vacunas

Lo hemos advertido varias veces: el mercurio, el aluminio, el escualeno y la silicona de las vacunas pueden causar o agravar gran número de patologías. Y así acaba de denunciarse públicamente durante el IX Congreso Internacional de Autoinmunidad celebrado en Niza (Francia) ante más de 3.000 médicos y científicos de todo el mundo. Un problema ciertamente grave porque hablamos de sustancias tóxicas presentes en muchas de las vacunas que se recomiendan en el llamado “calendario vacunal” así como en las vacunas de la gripe y el virus del papiloma humano. Es más, en el congreso se presentó el llamado Síndrome Inflamatorio Autoinmune Provocado por Adyuvantes que, como su propio nombre sugiere, apunta ya cuál es la causa de la patología: los adyuvantes de muchas vacunas. ¡Y nuestras autoridades siguen sin reaccionar!

Médicos, investigadores, instituciones, asociaciones de afectados y publicaciones -como la nuestra- llevan años denunciando públicamente la evidente y constatada relación entre la inoculación de determinadas vacunas -como las del papiloma humano, la gripe y algunas de las recomendadas en el “calendario vacunal”- y la aparición de efectos secundarios graves y patologías como el autismo o el Síndrome de Guillain-Barré. Y si bien es cierto que los casos graves de reacciones adversas postvacunales denunciadas públicamente no parecen muchas para los millones que se inoculan los dramas familiares que provocan no pueden ignorarse. No solo porque los sufren personas que depositaron su confianza y su salud en las autoridades sanitarias sino porque probablemente lo ya descubierto no sea más que la punta de un iceberg de patologías mucho mayor. Y es que las advertencias y argumentos de los sectores que reclaman una revisión general del uso de sustancias químicas en las vacunas -e incluso de la propia teoría inmunológica que justifica su uso- han sido hasta ahora menospreciadas en lugar de admitirse a debate. Es más, se oculta a la sociedad que en los últimos años han aparecido estudios que apuntan a los adyuvantes -sustancias que se añaden a las vacunas para acelerar, prolongar o mejorar la respuesta inmune antígeno-específica- como posibles causantes de un amplio grupo de enfermedades autoinmunes. Sospechas que han ido creciendo pasando ya el problema de círculos restringidos al ámbito internacional. De hecho así acaba de acaecer en el IX Congreso Internacional de Autoinmunidad celebrado en Niza (Francia) donde por primera vez se ha hablado del tema y presentado el primer registro mundial de lo que se ha bautizado como Síndrome autoinmune/inflamatorio inducido por adyuvantes (ASIA por sus siglas en inglés de Autoimmune/inflammatory syndrome induced by adjuvants); congreso celebrado en el Centro de Convenciones Acrópolis con la presencia de más de 3.000 médicos y científicos de todo el mundo en el que las causas y posibles tratamientos de las enfermedades autoinmunes fueron el centro de un amplio programa científico que dedicó una de las cuatro jornadas -el 27 de marzo- al Tercer Simposium Internacional sobre Vacunas bajo la presidencia del médico canadiense Christopher Shaw. Sesión que se abrió con la ponencia Enviroment, Vaccination, Adjuvants (ASIA Syndrome) and Autoinmunity, (Medioambiente, Vacunación, Adyuvantes (Síndrome ASIA) y Autoinmunidad) en la que -por primera vez en un foro internacional lleno de científicos de talla internacional- se expuso abiertamente la necesidad de replantearse el uso como adyuvantes del escualeno, el mercurio, el aluminio y la silicona -sustancias presentes por cierto en la gran mayoría de las vacunas infantiles- dada su posible relación con la aparición de graves enfermedades autoinmunes. Algo que Discovery DSALUD lleva varios años denunciando.

ASIA

Fue en 2011 cuando uno de los investigadores más importantes a nivel mundial en el campo de la inmunidad humana, el doctor Yehuda Shoenfeld -fundador y director del Centro Zabludowicz de Enfermedades Autoinmunes en el Centro Médico Sheba afiliado a la Facultad Sackler de Medicina de la Universidad de Tel-Aviv (Israel)-, se refirió ya abiertamente a la posible relación entre esos adyuvantes y el desarrollo de enfermedades autoinmunes en un trabajo titulado ASIA/Autoimmune/inflammatory syndrome induced by adjuvants (ASIA/Síndrome autoinmune/inflamatorio inducido por adyuvantes). Un síndrome que según el investigador israelí agrupa condiciones clínicas conocidas como -entre otras- la siliconosis, el Síndrome de la Guerra del Golfo, la Miofascitis macrofágica, el Síndrome del edificio enfermo y múltiples síntomas y patologías más que muchas personas –especialmente niños- sufren tras ser vacunadas. Y es que todas ellas comparten síntomas similares como manifestaciones neurológicas patológicas, mialgia, miositis, artralgia, fiebre, sequedad de boca, alteraciones cognitivas y otras; el artículo considera asimismo muy común problemas para conciliar el sueño y la aparición de Fatiga Crónica. En definitiva, un conjunto de trastornos que podrían desencadenar las sustancias utilizadas como adyuvantes en las vacunas; obviamente no en todos los que las reciben pero sí en muchos casos imposibles de cuantificar porque cuando los médicos reciben personas –sobre todo niños- que sufren estas patologías descartan a priori de forma absurda que las haya podido provocar alguna vacuna. ¿Por qué? Pues porque les han dicho que eso no es posible y la mayoría lo ha asumido acríticamente sin más. Y sin embargo en el trabajo antes citado se considera que al menos el aluminio, el pristano y la silicona de las vacunas así como algunos aceites que los llevan y a veces se inyectan ilegalmente con fines cosméticos pueden inducir el ASIA.

Ya en 2013, ante la importancia del problema, un equipo coordinado por Yehuda Shoenfeld publicaría en Journal of Autoinmunity un artículo titulado Autoimmune/inflammatory syndrome induced by adjuvants (ASIA) 2013: Unveiling the pathogenic, clinical and diagnostic aspects (Síndrome autoinmune/inflamatorio inducido por adyuvantes (ASIA) 2013: aspectos patogénicos, clínicos y diagnósticos) en el que se analizan a fondo las características del ASIA y qué puede causarlo. Se trata de un completísimo trabajo con abundante información científica sobre las funciones y mecanismos de acción de los diferentes adyuvantes que no vamos a reproducir porque no es éste el lugar idóneo para entrar en complejidades moleculares pero quien esté interesado en leerlo lo tiene en www.2ndchance.info/onesize4all-Perricone2013.pdf. Sí podemos sin embargo decir que se trata de un trabajo que confirma las llamadas de atención que sobre las posibles consecuencias del uso de adyuvantes en las vacunas llevamos haciendo en nuestra revista desde hace años como el lector puede comprobar pinchando en estos tres enlaces: www.dsalud.com/index.php?pagina=vacunas, www.dsalud.com/index.php?pagina=virus_papiloma y www.dsalud.com/index.php?pagina=gripe_a.

No está de más en todo caso que recordemos las vacunas infantiles que los niños de menos de 2 años reciben aún hoy y pueden contener el peligroso aluminio:

-La vacuna contra la polio.
-Las vacunas contra las hepatitis A y B.
-La vacuna contra la rabia.
-La vacuna contra el ántrax.
-La vacuna tetravalente (difteria, tos convulsiva, tétano y neumonía).
-La vacuna pentavalente (difteria, tos convulsiva, tétano, neumonía y hepatitis B).
-La vacuna contra el meningococo.
-La vacuna contra el meningococo C.
-La vacuna conjugada del neumococo.
-Algunas -no todas- de las vacunas conjugadas de haemophilus influenzae tipo B.

¿Y cuáles pueden ser las consecuencias? Shoenfeld es claro en su artículo: “Se han relacionado ya con las vacunas que contienen aluminio enfermedades autoinmunes e inflamatorias así como distintas condiciones: la artritis, la diabetes mellitus tipo I, la esclerosis múltiple, el lupus eritematoso sistémico, el síndrome de fatiga crónica y el síndrome de la Guerra del Golfo. Los adyuvantes basados en aluminio pueden además estar asociados a miofascitis macrofágica, formación de granulomas y reacciones alérgicas con aumento de los niveles de IgE mediadas por la estimulación del aluminio. Una enfermedad autoinmune típica que puede ser instigada por las vacunas contra la influenza o la polio es el Síndrome de Guillain-Barré”. Más claro imposible.

En cuanto a por qué hay personas que se ven afectadas por las vacunas y otras no Shoenfeld explica: “La prevalencia de afecciones inmunes está aumentando en diferentes áreas geográficas. Cambios geoepidemiológicos que pueden deberse a un complejo conjunto de factores genéticos y ambientales. Todo indica que determinadas configuraciones genéticas predisponen a la aparición de una enfermedad autoinmune o un síndrome autoinflamatorio pero es la presencia de un factor externo o endógeno medioambiental, recientemente llamado ‘exposome’, el que activaría esa respuesta. El requisito previo para el desarrollo de tales condiciones es pues un marco genético favorable lo que explica por qué son tan poco frecuentes pero asimismo por qué los médicos deben ser conscientes de ello y tener en cuenta las posibles complicaciones que pueden sufrir alguien tras recibir una vacuna”.

Lo singular es que esta misma hipótesis la dimos a conocer en la revista hace ya dos años de la mano del doctor José Ignacio Lao, Director Médico de Genomic Genetics International y especialista del Instituto Javier de Benito en el Centro Universitario Dexeus de Barcelona quien en la entrevista que mantuvimos con él -se publicó en el nº 156 con el título La influencia de la genética en el abordaje del autismo y puede leerla en nuestra web: www.dsalud.com– nos diría: “Hay que tener en cuenta el hecho de que hay personas especialmente vulnerables a ciertas sustancias que están entre sus componentes excipientes y a las que por el estado tan precario de su sistema natural de desintoxicación les resultan especialmente tóxicas y lesivas aún estando en concentraciones mínimas. Quizás haya pues que replantearse todos los estudios hechos e incluir un paso previo: agrupar a los niños en función de su variabilidad genética para evitar cualquier sesgo. Se demostraría así que hay niños especialmente vulnerables con los que hay que tomar precauciones porque en su caso no las vacunas en sí, sino algunos de sus componentes excipientes, sí pudieran resultar especialmente tóxicos”. De ahí que recomendase a los padres que antes de vacunar a sus hijos les hagan un análisis genético que permita conocer al menos el estado de su sistema inmune y la capacidad del organismo para expulsar tóxicos. “Con el test genético –nos explicaría Lao- nos centramos en saber cómo se hallan las vías de formación de neurotransmisores, las de metilación, las vías responsables del sistema de desintoxicación y las rutas de las respuestas inflamatorias además de la farmacogenética. Una respuesta inflamatoria exagerada altera la permeabilidad intestinal y es el sustrato ideal que favorece las infecciones. Y un sistema de defensa alterado hace al individuo más vulnerable a la acción de algunos tóxicos incluso en cantidades que para la mayoría serían inapreciables o hasta inocuas”

Bueno, pues Shoenfeld también apuesta por ello y propone en su trabajo hacer test genéticos antes de poner a alguien una vacuna. Aunque a su juicio la solución más inteligente y rápida es desterrar de las vacunas los adyuvantes identificados como perjudiciales. Proponiendo como alternativa estimular el sistema inmune por complejas vías de presentación de antígenos que van desde la introducción de proteínas seleccionadas a la entrega de genes inmunógenos, partículas similares a virus, matrices estructuradas o virus atenuados.

Obviamente ha sido el prestigio internacional de Shoenfeld lo que ha posibilitado que el Síndrome autoinmune/inflamatorio inducido por adyuvantes (ASIA) ocupara un lugar preeminente en ese congreso y por primera vez la comunidad médica se plantee renunciar a los adyuvantes de las vacunas y a no inocularlas de forma masiva e indiscriminada sin antes asegurarse de que quien la va a recibir no tiene genéticamente un alto riesgo de padecer algunos de los síntomas, síndromes y patologías antes mencionadas. Así manifestaría su parecer en el congreso: “Con este reconocimiento se ha iniciado el cambio para poner un mayor esfuerzo en identificar lo bueno y lo malo o negativo de las vacunas; en particular de los adyuvantes en tanto posibles factores desencadenantes de autoinmunidad. Como hemos explicado los datos disponibles sugieren que el beneficio de la vacunación supera a los riesgos pero debe prestarse especial atención a lo dicho a fin de desarrollar vacunas más seguras. En suma, las evidencias han sacado a la luz el hecho de que algunas enfermedades autoinmunes pueden estar desencadenadas por vacunas; una circunstancia que los médicos deben ahora tener en cuenta” (la negrita es nuestra). Y Shoenfeld admite además que los efectos negativos de las vacunas pueden manifestarse meses e incluso años después de su inoculación.

En suma, una de las primeras figuras de la inmunología mundial acaba de reconocer ante cerca de 3.000 colegas que los potenciales efectos adversos de las vacunas están constatados pero es que además Shoenfeld afirma que no hay ningún estudio serio que demuestre que reduzcan las cifras de mortalidad en ninguna patología; añadiendo que la aparición de los síntomas clínicos puede ocurrir meses o años después de la vacunación, algo que se obvia en todos los estudios de evaluación de riesgos de las vacunas. En este sentido puede pues al menos decirse que el reconocimiento internacional del ASIA constituye un punto sin retorno en la historia de las vacunas.

Por nuestra parte debemos matizar algo: el equipo de Shoenfeld cree que las vacunas pueden ser beneficiosas porque no se cuestiona el paradigma instaurado tras Luis Pasteur pero la verdad es que -y lo hemos dicho muchas veces en la revista- a pesar de los miles de millones invertidos a día de hoy en su estudio no existe ni un solo ensayo clínico aleatorizado -sobre ninguna vacuna- ni trabajos observacionales que avalen su presunto efecto preventivo.

IX CONGRESO INTERNACIONAL DE AUTOINMUNIDAD

Pero volvamos de nuevo al simposio sobre las vacunas a fin de agregar que el mismo fue abierto por el canadiense Christopher Shaw -presidente del Children’s Medical Safety Research Institute e investigador de la University of British Columbia- con una ponencia titulada Toxicidad de los adyuvantes de aluminio en modelos humanos y animales en la que dijo: “Las implicaciones del uso de aluminio como adyuvante son tres. En primer lugar, está claro que puede afectar al sistema nervioso central en el momento de la administración con cambios graduales en la integridad y la función neuronal. En segundo lugar, los vínculos entre la autoinmunidad inducida por aluminio y la enfermedad neurológica parecen sugerir la aparición de múltiples problemas posteriores. Y en tercer lugar, los cambios genéticos observados parecen sugerir que el aluminio puede provocar trastornos neurológicos tiempo después de la administración”.

Shaw daría cuenta en su conferencia de una investigación con ratones a los que se inyectaron dosis de aluminio proporcionalmente similares a las que hay en las vacunas humanas y se confirmó que provoca daños neurológicos: “Por lo que respecta a este tipo de toxicidad -diría Shaw- la utilidad del aluminio como adyuvante en las vacunas necesita ser reexaminada debido a las fuertes correlaciones de su uso con una serie de trastornos neurológicos como la esclerosis lateral amiotrófica, la miofascitis macrófaga y el síndrome autista, entre otros. El uso del aluminio como adyuvante también está implicado en diversos trastornos del síndrome ASIA. La evidencia apunta a que los adyuvantes de aluminio desempeñan un papel en la serie de trastornos neurológicos y muertes después de la vacunación de Gardasil. Es más, nuestro trabajo ha demostrado que pueden inducir un fenotipo de ELA en ratones exogámicos adultos, algo que ahora se ha demostrado en ovejas. Además las inyecciones de aluminio inducen una variedad de cambios de comportamiento coherentes con el síndrome autista en ratones recién nacidos. El análisis de la expresión génica en el sistema nervioso central de estos ratones muestra una gama de alteraciones de genes ligados también a la enfermedad de alzheimer y la autoinmunidad(de nuevo las negritas son nuestras).

Algo que de nuevo adelantamos en esta revista como puede comprobarse leyendo en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo La vacuna del virus del papiloma humano provoca vasculitis cerebral que apareció en el nº 156 -correspondiente a enero de 2013- en el que explicamos que Chris Shaw y la bioquímica Lucija Tomljenovic habían constatado que la llamada “vacuna del virus del papiloma humano” puede provocar una reacción autoinmune que inflame los vasos sanguíneos del cerebro dando lugar a daños neurológicos graves. Justo lo que le pasó a varias de las jóvenes españolas que recibieron Gardasil.

De hecho Tomljenovic también dictó en el congreso otra ponencia -titulada Deaths Following human papillomavirus (HPV) vaccination: a trojan horse mechanism delivery of vaccine antigen particles to the brain? (Muertes posteriores a la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH): ¿un mecanismo de depósito de partículas antígenas en el cerebro actúa como un caballo de Troya?- explicando que tras analizar muestras de tejido cerebral de dos jóvenes, una de 19 años fallecida mientras dormía a los seis meses de la vacunación contra el VPH y otra de 14 que murió a los15 días de recibir la segunda dosis de la vacuna, se comprobó que ambas murieron tras sufrir los síntomas característicos de una vasculitis cerebral. A pesar de lo cual se decidió considerar sus muertes como “inexplicables” (es decir, sufrieron síntomas similares a los de muchas otras niñas tras ser vacunadas aunque en estos últimos casos, afortunadamente, no hubiese el mismo desenlace fatal).

En suma, Tomljenovic contó que en el tejido cerebral de ambas jóvenes había aluminio y que éste actuó como una especie de “caballo de Troya” en el cerebro siendo ello lo que provocó el fatal ataque autoinmune. “La presencia de material antigénico extraño en el sistema nervioso central puede desencadenar manifestaciones inflamatorias e inmunitarias adversas -contaría-. Lo normal es que los antígenos de una vacuna no atraviesen la barrera hematoencefálica por lo que el hallazgo de VPH-16L1 en los cerebros de esas jóvenes que sufrieron una muerte tan inesperada como repentina tras la vacunación con Gardasil es motivo de gran preocupación”.

Otra de las ponencias especialmente interesantes fue la del investigador francés Romain Gherardi titulada Nano in brain: The nanodiamond technology may help assessment of systemic biodistribution of alum adjuvant particles (Nano en el cerebro: la tecnología con nanodiamantes puede ayudar a la evaluación de la biodistribución sistémica de las partículas del adyuvante de aluminio). Y es que utilizando nanotecnología el equipo de Gherardi consiguió describir la ruta que siguen en el organismo nanopartículas de aluminio inyectadas en dosis equivalentes a las que recibiría un ser humano comprobando que cuatro días después de la inyección había partículas de aluminio en el interior de los macrófagos, el bazo, los ganglios linfáticos y el tejido cerebral. Depósitos que duraron hasta un año tras una única inyección. “La evidencia de que las partículas de aluminio pueden difundirse dentro de los fagocitos a través del cuerpo y se acumulan lentamente en el cerebro -advertiría- exige reevaluar la seguridad del aluminio a largo plazo. Las partículas de aluminio usadas en las vacunas son biopersistentes y neuromigratorias, propiedades que han sido subestimadas antes y pueden explicar distintos eventos neurobiológicos adversos”.

Por lo que respecta a la participación española cabe destacar el significativo estudio presentado por el investigador veterinario Lluis Luján en su ponencia Asia Syndrome in sheep: Molecular characterization of activation molecules in peripheral blood mononuclear cells after repeatad vaccinations (Síndrome ASIA en ovinos: caracterización de la activación molecular en células mononucleares en sangre periférica después de repetidas vacunaciones). En ella Luján destacó “las devastadoras consecuencias” que tuvo en 2008 una campaña de vacunación obligatoria contra la fiebre catarral ovina múltiple en España a consecuencia de la cual murieron miles de animales. Su estudio describe una forma del síndrome ASIA en ovejas vinculada a la vacunación con adyuvantes de aluminio que se caracteriza por una fase aguda que aparece entre 2 y 6 días después de la inoculación afectando a menos del 0,5% de los animales; fase que se caracteriza por un episodio neurológico agudo con baja respuesta a estímulos externos y una serie de problemas nerviosos que incluyen ceguera transitoria, postración, letargo y convulsiones, entre otros. Afortunadamente la mayoría de los animales que sufren esta fase acaban sobreviviendo. Mucho peor es la fase crónica ya que afectó al 50-70% de los animales -en algunos casos a todos- y se activa por estímulos externos -tal y como sostiene Shoenfeld que ocurre con el ASIA-, principalmente como consecuencia de bajas temperaturas. La reacción comienza con un comportamiento anormal, agitación y comportamientos compulsivos para aparecer después debilidad generalizada, pérdida de peso y temblores hasta que, finalmente, los animales se tumban, entran en coma y mueren. Pues bien, en las autopsias del grupo estudiado se encontró aluminio en el tejido nervioso. “La reproducción experimental del ASIA ovino en un pequeño grupo de animales vacunados en repetidas ocasiones –dice Luján en su estudio- se realizó correctamente. La detección de Al (III) en los tejidos indicó la presencia de aluminio en el tejido nervioso de animales experimentales. El presente informe constituye pues la primera descripción de un nuevo síndrome de ovejas (el síndrome ASIA ovina) vinculado a la vacunación repetitiva múltiple que puede tener consecuencias devastadoras como sucedió tras la vacunación obligatoria contra la lengua azul en 2008. El síndrome ASIA ovino se puede utilizar como modelo de otras enfermedades similares que afectan a humanos y animales”.

Cabe añadir para terminar que fue el investigador español Ignasi Rodríguez-Pinto -autoimmunólogo del Hospital Clínic de Barcelona y ex miembro del Zabludowicz Center for Autoimmune Diseases del doctor Shoenfeld- el encargado de presentar en el simposio la creación de un registro mundial de ASIA como herramienta que permita a los investigadores analizar los casos a nivel mundial. El registro incluye las características clínicas, la historia de la vacuna, la exposición a materiales extraños o implantes, los resultados de laboratorio y los tratamientos propuestos.

CONCLUSIÓN

En fin, ¿tras lo dicho hay aun alguien que piense que los padres cuyos hijos sufrieron graves patologías tras ser vacunados no están en su derecho de exigir explicaciones -y responsabilidades- a la Administración? ¿Alguien duda aun de que todo padre tiene derecho a negarse a que se vacune a sus hijos sin su expreso consentimiento? ¿Van a hacer algo las autoridades sanitarias y los médicos ante el claro peligro que supone el aluminio presente en gran parte de las vacunas infantiles? ¿Va a informar el Gobierno a los padres de lo desvelado en el congreso que acaba de celebrarse en Niza? ¿Accederán al menos las autoridades a que antes de vacunar a alguien -especialmente a niños- se le haga un test genético? ¿A alguien le parece que tiene sentido vacunarse contra patologías que muy difícil y raramente se contraen cuando ello puede poner en peligro la salud y la vida… y eso dando por hecho que las vacunas pueden prevenirlas cuando tal cosa no se ha demostrado jamás? ¿Hasta cuándo van a seguir los médicos negando que muchos de los síntomas y patologías que tratan y aparecen tras recibir alguien una vacuna pueden deberse a ésta? ¿Se permitirá en Europa que las multinacionales farmacéuticas se blinden contra cualquier efecto secundario derivado de las vacunas como ya han conseguido que se haga en Estados Unidos? En definitiva, ¿cuándo van a reevaluarse de una vez todas las vacunas?

Francisco Sanmartín

Este reportaje aparece en
173
Julio 2014
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