El juicio sobre el caso Bio-Bac, visto para sentencia

El pasado 29 de mayo la titular del juzgado de lo Penal nº 18 de Madrid, Margarita Valcarce de Pedro, dictó el ¡visto para sentencia! en el Caso Bio-Bac poniendo así punto y seguido -el fallo es recurrible- a un esperpéntico proceso abierto hace más de 11 años y medio. Eso sí, la Fiscalía ha rebajado ya su petición de pena para Rafael Chacón-al que aun acusa de un “delito contra la salud pública” y otro “contra los consumidores” por publicitar de forma “engañosa” el producto incautado- pidiendo ya solo 3 años y tres meses en lugar de 5 años y medio. Y es que debe haberle dado vergüenza retirar las acusaciones después de tanto tiempo de instrucción a pesar de que durante el juicio se desvelaron las mentiras, contradicciones y actuaciones irregulares perpetradas por personal del Ministerio de Sanidad y Consumo, la Agencia Española del Medicamento, la propia Guardia Civil y hasta algunos de los jueces que intervinieron en el caso.

Fue a las cinco de la tarde del 29 de mayo de 2014 cuando la jueza Margarita Valcarce de Pedro -que durante ocho sesiones dirigió la vista oral con gran flexibilidad- dictó el “visto para sentencia” debiendo ahora decidir sobre las penas pedidas por la Fiscalía: 3 años y tres meses de cárcel para Rafael Chacón y cinco meses de prisión para los otros tres procesados -el farmacéutico Miguel Echenique, el biólogo Enrique Martínez y la secretaria Consuelo Serdio- a quienes se acusa de complicidad. Rebaja de pena que la propia Fiscalía propuso ante las “dilaciones indebidas” del proceso; elegante expresión para calificar algo injustificable: que el juicio se celebrara ¡4.235 días! después de las detenciones.

No se olvide además que en la Operación Brujo -ejecutada el 24 de octubre de 2002- participaron ¡más de 200 guardias civiles, policías y funcionarios! -se trató pues de un operativo superior al 99% de las operaciones antiterroristas efectuadas en España- que culminó con la detención en distintas ciudades de 23 personas y la incautación de decenas de miles de frascos de Bio-Bac (los lectores tienen abundante información sobre los antecedentes del caso agrupada en este enlace: www.dsalud.com/index.php?pagina=biobac). Veintitrés personas que fueron detenidas por agentes del orden en sus domicilios, despachos profesionales, consultas médicas y lugares públicos siendo esposadas bien delante de sus mujeres e hijos, bien de sus pacientes o clientes, bien de quienes asistían en ese momento a la conferencia que dictaban. Una actuación que el tiempo demostraría constituir una auténtica canallada porque durante el proceso se demostró que 17 de ellos eran tan absolutamente inocentes que ni siquiera terminaron siendo procesados. Personas pues que fueron víctimas de lo que algunos califican de un lamentable “error” y otros calificaríamos de manera mucho más dura porque se les detuvo, vejó y difamó públicamente sin que a fecha de hoy ninguna autoridad política, policial o judicial les haya pedido perdón por la infamia cometida. Como no lo han hecho los numerosos periodistas y medios de comunicación que les trataron como a peligrosos delincuentes y que, tras ser liberados de sus cargos, ni siquiera tuvieron la decencia de informar de ello.

Pero volvamos al juicio que acaba de celebrarse. Debemos explicar ante todo que estamos en un procedimiento penal con petición de cárcel y que para obtener veredicto de culpabilidad debe ser la Fiscalía la que demuestre de forma fehaciente y sin duda alguna razonable que tanto Rafael Chacón como los otros tres acusados son culpables de los delitos que se les imputan. En el caso de Chacón uno “contra la salud pública” por “imitar o simular medicamentos o sustancias productoras de efectos beneficiosos para la salud dándoles apariencia de verdaderos y con ello poniendo en peligro la vida o la salud de las personas” (art 362.2 del Código Penal) y otro “contra los consumidores” por hacer “alegaciones falsas sobre el producto de modo que pudieran causar un perjuicio grave y manifiesto a los consumidores” (art 282 del Código Penal).

LA AGENCIA ESPAÑOLA DEL MEDICAMENTO Y PRODUCTOS SANITARIOS

Conviene empezar reseñando que a lo largo del juicio fue necesario explicar qué es el Bio-Bac, quién y cómo lo desarrolló y cuáles fueron los avatares que sufrió para su puesta en el mercado. Recordemos pues brevemente que se trata de un producto creado por el microbiólogo, farmacéutico y veterinario español Fernando Chacón -padre de Rafael- que se utilizaría primero como autovacuna y después como fórmula magistral de forma legal; es más fue sufragado por la Seguridad Social española durante diez años. Concretamente hasta 1986, fecha en la que la nueva legislación hizo que dejara de utilizarse para adaptarse a la nueva normativa. Decididos entonces a solicitar su aprobación como fármaco los Chacón sufragaron con su propio patrimonio numerosos estudios sobre su inocuidad -primero- y sobre su eficacia -después- solicitando finalmente un ensayo clínico en humanos. No fue posible: fueron una y otra vez boicoteados desde la Agencia Española del Medicamento como se demostró a lo largo del juicio. De hecho este asunto dio lugar a algunos de los momentos más significativos, especialmente al ser llamados a declarar Fernando García Alonso -entonces Director General de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios-, Ramón PalopSubdirector General de Seguridad de la propia agenciay Francisco Salmerón -entonces Jefe de la División de Productos Biológicos. De hecho sus declaraciones fueron de tal cariz que al final del juicio el abogado de Rafael Chacón, Francisco Álvarez –del bufete Sánchez de León Abogados-, no dudaría en afirmar en sus conclusiones lo siguiente: “La bochornosa actuación de los responsables de la Agencia Española del Medicamento desde que el padre de Rafael Chacón intentó realizar los ensayos clínicos del producto -en 1990- hasta el acto del juicio oral justifica la reflexión planteada anteriormente: estamos ante una denuncia vengativa. La falacia ha sido el común denominador de las declaraciones del Sr. Palop, el Sr. García Alonso y el Sr. Salmerón. Faltaron a la verdad para no autorizar los ensayos clínicos del FR-91 (nombre científico del Bio-Bac), faltaron a la verdad en la denuncia interpuesta ante la Guardia Civil a la que utilizaron como mero instrumento de sus abyectas intenciones y han faltado a la verdad ante su señoría como este letrado ha puesto de manifiesto en cada uno de los interrogatorios”.

¿Duras palabras? Veamos lo sucedido. El primero en declarar fue Ramón Palop que fue quien en marzo de 2002 denunció ante la Guardia Civil el Bio-Bac por considerarlo un “medicamento ilegal” que además aducía “propiedades curativas”. La Operación Brujo no se pondría sin embargo en marcha hasta que Palop amplió posteriormente la denuncia afirmando en ella que el producto contenía fármacos peligrosos para la salud como la hormona del crecimiento (Humatrope) y una benzodiazepina: el lorazepam (Orfidal). Interrogado sobre cómo se enteró de que el Bio-Bac contenía tales sustancias no supo -o no quiso- explicarlo… pero luego se sabría: la Guardia Civil había encontrado esos dos productos ¡en las bolsas de basura de la casa de Chacón! que durante las investigaciones registraron varias veces para encontrar pistas.

Tampoco supo aclarar Palop por qué se permitió comercializar el Bio-Bac hasta el día 24 de octubre -¡ocho meses después de la denuncia!- si la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios creía realmente que el Bio-Bac suponía un riesgo para la salud, no sólo por la presencia de los fármacos citados sino también porque según ellos existía “un riesgo evidente de que los pacientes abandonen su tratamiento convencional por el Bio-Bac” (así se decía en la ampliación de la denuncia).

Tratando de aclarar esta cuestión esencial la defensa de Chacón quiso demostrar con su interrogatorio a Palop que la agencia sabía perfectamente que el consumo del producto no entrañaba ningún riesgo. Y para ello utilizó las propias declaraciones de los responsables de la agencia en los días posteriores a la Operación Brujo. Debe en este punto aclararse que durante los meses que transcurrieron desde la denuncia hasta la intervención de la Guardia Civil las autoridades sanitarias ¡no realizaron ningún análisis sobre la toxicidad o eficacia del producto! y, sin embargo, sólo 4 días después del operativo policial -el 28 de octubre de 2002- el propio Ramón Palop aseveraría en rueda de prensa: “Este producto es un placebo. No es nada”. Afirmando dos días más tarde -el 30 de octubre- la propia Ministra de Sanidad Ana Pastor –escoltada en la rueda de prensa por el propio Ramón Palop y Fernando García Alonso- que el Bio-Bac es “inocuo”; es decir, que su ingesta no causa daño alguno. ¡Y eso después de haber hecho un llamamiento público por radio y televisión a todos los ciudadanos para que llamasen al ministerio si consumían el producto habilitando varios teléfonos ex profeso! ¡Y no fue fulminantemente cesada!

El abogado de Chacón le preguntaría entonces a Palop por tan flagrante contradicción. ¿Si el producto era inocuo cómo se explicaba la Operación Brujo? Es más, teniendo en cuenta que desde que se ejecutó la operación y se celebraron las ruedas de prensa apenas habían transcurrido siete días, ¿cómo sabían que el producto era inocuo si en ese tiempo es imposible determinar tal cosa con nuevos análisis? Era obvio que tenían que saberlo antes de que la operación se llevara a cabo. Y en tal caso, ¿por qué se ejecutó? Fue entonces cuando, para sorpresa de todos los presentes, Palop llegó a decir ante la jueza que si la ministra dijo que el producto era inocuo fue porque es “¡lo que le pareció bien!”… pero que él no le había informado a la ministra antes de la rueda de prensa sobre su inocuidad o peligrosidad. Tal sinsentido fue lo que dijo en la sala sin explicar por qué no rectificó o matizó las palabras de Ana Pastor si no las compartía habida cuenta de que él estaba presente junto a ella en la rueda de prensa.

Peregrina explicación que Fernando García Alonso –Director General de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios en el momento de los hechos- remachó al declarar por su parte bajo juramento que si la ministra dijo sin apoyarse en informe alguno que el Bio-Bac era inocuo fue “¡por tranquilizar a la población!” Y lo más paradójico es que dijo eso dejando en evidencia a la ministra instantes después de reconocer que él sabía antes del operativo policial que el Bio-Bac no era tóxico. Algo que hizo en tono despectivo y actitud soberbia hasta el punto de que la jueza tuvo que llamarle la atención por sus respuestas o comportamientos en al menos tres ocasiones. Fue tal su grado de impertinencia que la propia fiscal -que fue quien le citó como testigo de la acusación- acabó -con manifiesta ironía- pidiéndole permiso antes de preguntarle y disculpas por molestarle con sus preguntas. Lo más llamativo fue en todo caso que García Alonso recurrió en numerosas ocasiones al “No recuerdo” como fórmula. De hecho no recordaba haber realizado unos informes contra la aprobación del FR-91 -nombre científico del Bio-Bac-… hasta que se le presentaron en sala y entonces reconoció que sí, que los había firmado pero no era su autor; añadiendo luego de mala gana que asumía sus resultados. Tampoco recordaba haber participado en junio de 1992 en una reunión en la que descartó una petición de ensayo sobre el Bio-Bac ¡a pesar de que fue él mismo quien para rechazarlo dio como argumento que no se conocía su mecanismo de acción (ni el de otros muchos hoy aprobados en todo el mundo, aclararemos nosotros). Eso sí, en cuanto se le enseñó copia del acta de la reunión “recuperó la memoria” afirmando entonces que el ensayo se había rechazado “porque estaba presentado de forma muy poco profesional”, “muy amateur”. Respuesta ante la que el abogado de Chacón le conminó a que explicara cómo entonces le habían dado el visto bueno nada menos que los comités éticos del Hospital Severo Ochoa y el Hospital Ramón y Cajal respondiendo éste: “¡Eso pregúnteselo a ellos!” Y obviamente, al igual que Palop, tampoco supo explicar por qué la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios no suspendió de inmediato la comercialización del Bio-Bac si creía que su consumo podía entrañar peligro. Se limitó a afirmar que no había sido una actuación normal de la agencia… pero no supo explicar por qué.

Lo que en cualquier caso dejó ya completamente perplejos a los presentes fue su afirmación de que el Bio-Bacno se retira por ser un producto tóxico, se retira porque no está autorizado y está reivindicando indicaciones que no ha demostrado. El problema del Bio-Bac es de falta de eficacia clínica, no de toxicidad”. ¿Y para eso hacían falta 200 agentes en una macro-operación como la montada? ¿Ha tomado García Alonso por imbéciles a los ciudadanos?

Cerramos el apartado dedicado a la comparecencia de los altos cargos de la agencia citados a declarar con lo dicho por Francisco Salmerón -entonces Jefe de la División de Productos Biológicos de la misma- que acudió a petición de la Fiscalía como perito. Lo que el abogado de Chacón aprovechó para aclarar que los fabricantes del Bio-Bac estuvieron diez años intentando infructuosamente su aprobación; desde finales de los años 90 a principios del 2000. Una declaración muy esperada porque resulta que en marzo de 1992, pocas semanas antes de que la agencia descartara el ensayo del FR-91, Salmerón había enviado a Cristina Avendaño -de la Subdirección General de Evaluación del Medicamento– un fax (aportado como prueba a la causa) en el que se decía textualmente: “Estimada compañera: he recibido tu fax sobre el asunto del producto FR-91 y me parece muy adecuado el texto. No obstante pienso que un toque de las “alturas” o, en su defecto, un “encantamiento” podrían ser muy eficaces”. Fax en el que además puede leerse una explicación a mano que dice: “Se refiere a que (laboratorios) Rovi se desentienda del tema y deje a Chacón más indefenso ante la Administración”.

Para la defensa de Chacón el fax demuestra claramente que en el seno de la agencia había desde hace años una clara animadversión contra su defendido. Interrogado sobre él Salmerón afirmó primero no recordarlo para después, cuando le fue presentado, dar una explicación realmente inaudita. Y es que intentaría justificarse diciendo que usó el termino encantamiento porque todo lo relacionado con el ensayo era tan inverosímil que parecía “cosa de magia“; peregrina explicación que nadie entendió. Luego, cuando la defensa le preguntó qué había querido decir con lo de un “toque de las alturas”, su respuesta fue aún más inesperada: se justificó diciendo que pretendía que ¡cesaran las presiones de García Alonso para que aprobara el ensayo! Obviamente la sorpresa fue monumental. ¡García Alonso presionando para que se hiciera el ensayo! ¿El mismo García Alonso que una semana antes había reconocido haber firmado los informes técnicos que desaconsejaban el ensayo? ¿El mismo García Alonso que había declarado que la propuesta de ensayo era poco profesional y propia de amateurs? ¡Pero si era evidente que el “encantamiento” y el “toque de las alturas” tenía como claro objetivo lo que se decía a mano en el propio fax: dejar a Chacón “más indefenso ante la Administración”.

El abogado de Chacón, dado lo acaecido, no dudaría en asegurar con rotundidad en sus conclusiones lo siguiente: “Esta actuación maquiavélica de los responsables de la Agencia Española del Medicamento ha determinado la actuación tanto de la Guardia Civil como de los jueces de instrucción que han conocido la causa. Y también, lógicamente, del ministerio público. Todos ellos dieron por buenas las manifestaciones y actuaciones de la Agencia Española del Medicamento. Venimos pues a suplicar a su Señoría que atienda al hecho de que los responsables de la Agencia Española del Medicamento que han intervenido y declarado son parte muy interesada en el presente proceso pues se está sometiendo a juicio también su injustificada y desmedida actuación; por eso todos ellos han negado que tuvieran algo que ver con la denegación de la solicitud de ensayos clínicos del producto del Dr. Chacón Mejías. Por tanto el valor que se le debe dar a todas las pruebas que deriven de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios, según este letrado, deberá ser muy limitado ya que su imparcialidad, atendiendo a las declaraciones y actuaciones, se ha visto enormemente comprometida”.

LA GUARDIA CIVIL

Tales fueron en suma los principales antecedentes -hubo otros- que llevaron a la familia Chacón al convencimiento de que cualquier gestión ante la Administración sería infructuosa y de ahí que decidieran distribuir el producto que le demandaban los médicos y consumidores como suplemento dietético… hasta el 24 de octubre de 2002 día en que fue retirado a raíz de la Operación Brujo, gigantesco e injustificado operativo sobre el que fueron llamados a declarar varios números de la Guardia Civil y, sobre todo, el oficial del cuerpo que dirigió directivamente el operativo, el entonces teniente “Alfonso” -hoy capitán de la UCO-, al mando del entonces comandante -hoy teniente coronel- Luis Vallés.

Se sabría así que durante la operación se encontraron en la finca más de 25.000 frascos de Bio-Bac almacenados en un edificio refrigerado -a 15º de temperatura- y cientos de frascos más sin etiquetar en otras dependencias así como algunos dispositivos; entre ellos una máquina de sellar viales que según los agentes del orden se usaba para la fabricación manual de inyectables de Bio-Bac, algo que Chacón ya había negado en su declaración previa explicando que todo aquello procedía de la farmacia que su padre tenía en Córdoba y le había sido enviado pocos días antes. Negando directamente que en la finca se fabricaran inyectables.

Interrogado el hoy “capitán Alfonso” sobre cómo se produjo la operación llamó mucho la atención su insistencia en aclarar que los agentes de la Guardia Civil fueron simplemente de la mano de la Agencia Española del Medicamento, que fue ésta la que hizo la denuncia y ellos se limitaron a estar presentes durante el registro y que fueron funcionarios de la agencia los encargados de revisar los documentos y el material allí encontrado. Recordaría así que la Guardia Civil había recibido una denuncia de la agencia en la que se les informaba de la existencia de un “medicamento ilegal” al que se atribuían propiedades terapéuticas ante lo cual se limitaron en una primera fase a “tareas de observación” de la finca y a registrar los contenedores de basura. Fue así como encontrarían algunos frascos vacíos de Bio-Bac y los envases de dos fármacos de evidente uso personal: Humatrope -una hormona de crecimiento- y Lorazepam -benzodiazepina que básicamente se prescribe para la ansiedad-. Pues bien, según declararía el “capitán Alfonso” tales muestras se llevaron a la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios y, ¡sin más!, el entonces Subdirector General de Seguridad de la misma, Ramón Palop, amplió la denuncia alertando del peligro de fabricación clandestina de un producto ¡en el que se podían estar incluyendo fármacos peligrosos para la salud! Obviamente aquello permitió conseguir de inmediato permiso judicial para efectuar seguimientos y proceder a hacer escuchas telefónicas.

Interrogado entonces -al igual que lo fueron los funcionarios de la agencia- sobre por qué permitieron que el Bio-Bac se siguiera aún comercializando durante ¡seis meses! si se sospechaba que se podía estar poniendo el peligro la salud y la vida de quienes lo consumían no supo qué responder. Luego, como quiera que los teléfonos de Rafael Chacón estuvieron intervenidos durante meses y se transcribieron todas las cintas grabadas se le preguntó si en algún momento él o alguno de sus empleados hablaron de él a los médicos y enfermos como si se tratara de un fármaco y reconoció que no, que siempre se habló de él como “el producto” o como “suplemento dietético”; nunca como fármaco o medicamento, base de la acusación de la Fiscalía. Asimismo reconocería que ni Chacón ni sus empleados sugirieron nunca a los médicos o enfermos que abandonaran los tratamientos sugeridos por sus médicos y oncólogos. Siempre se les dijo que era un producto complementario. Con lo que la acusación de que se había incitado a los enfermos a abandonar los tratamientos convencionales se demostró también falsa. No se pudo hallar ni una sola sugerencia en tal sentido en los cientos de horas grabadas.

Igualmente inexplicable resultó el asalto a la finca con decenas de guardias civiles, muchos de ellos armados con metralletas, si tenemos en cuenta que este mando de la Guardia Civil dijo en la sala textualmente: “Sabíamos quiénes eran y a qué se dedicaban a partir de las conversaciones telefónicas”. Es decir, la finca estuvo vigilada constantemente y se controlaron durante al menos tres meses todas las llamadas -tanto los teléfonos fijos como los móviles- y por tanto era obvio que se sabía perfectamente quiénes entraban y salían a diario de ella a trabajar y quiénes vivían allí: Rafael Chacón, dos adolescentes hijos de un amigo que vivían con él, la secretaria y el personal de servicio. Pero, entonces, ¿a cuento de qué un asalto simultáneo desde distintos lugares con decenas de guardias civiles armados? Porque recordemos que en la Operación Brujo intervinieron más de 200 personas en un operativo muy superior al de la inmensa mayoría de las operaciones efectuadas en España -desde hace décadas- contra el terrorismo o el narcotráfico. El silencio sigue siendo la respuesta… incluso tras la celebración de esta vista judicial.

Requerido finalmente por la defensa para que confirmara si era cierto lo que me dijo a mí cuando en su presencia entrevisté al entonces comandante Luis Vallés en la sede de la Unidad Central Operativa (UCO) el 11 de diciembre de 2002 -apenas mes y medio después del operativo- respecto a que la famosa nevera doméstica que apareció en todas las televisiones llena de alimentos junto a frascos de Bio-Bac y fue utilizada por todos los medios de comunicación como símbolo de clandestinidad -las imágenes las proporcionó la Guardia Civil- no pertenecían al domicilio de Chacón su reacción fue inesperada. Visiblemente molesto respondió que “no recordaba nada de la entrevista”, que además nuestra publicación era “pro Bio-Bac” y que, en todo caso, él “tenía derecho a mentir en ese momento (y eso que, recordémoslo, la entrevista se desarrolló mes y medio después del operativo cuando ya no había nada que “ocultar”). Añadiendo: Probablemente dije lo que se me ocurrió. EN UNA ENTREVISTA A LA PRENSA TENGO DERECHO A DECIR LO QUE ME DE LA GANA. AQUÍ NO, PERO A LA PRENSA LO QUE QUIERA”.

Excusamos decir el revuelo que aquello provocó entre los asistentes porque cualquier persona puede entender que un guardia civil -oficial o no- puede optar por no ofrecer información sobre un asunto y guardar silencio o hablar reservándose datos pero ¡afirmar que tiene derecho a mentir a la prensa! Si tal falsedad y falta de respeto a la profesión y a la opinión pública quedan sin respuesta por parte de sus superiores habrá que inferir que realmente no vivimos en un estado de derecho. Invitamos a los lectores a entrar en nuestra web –www.dsalud.com– y leer el texto con la entrevista íntegra que apareció en el nº 46; entrevista por cierto a la que no respondió el hoy capitán “Alfonso” sino su superior, el hoy teniente coronel Luis Vallés ya que él solo intervino cuatro veces de forma breve y muy puntual. Eso sí, en una de ellas para reconocer que la nevera de marras no estaba en la casa de Rafael Chacón lo que, dicho sea de paso, sorprendió a su propio superior como en su día reflejé al transcribirla.

Debe además saberse que durante muchos meses la Guardia Civil intentó que los consumidores de Bio-Bac denunciaran a Rafael Chacón y para ello se puso en contacto con cerca de 3.000 consumidores -cuya lista obtuvo en los registros- a los que “animó” a denunciarle -algo realmente indigno de ese cuerpo- diciéndoles que podrían así obtener indemnizaciones. ¡Y aún así solo lograron que menos de una veintena de personas accedieran!

Queda por agregar que la Operación Brujo se completó con registros en Laboratorios Iven -que es donde realmente se fabricaba el producto- y en diversas consultas médicas y farmacias así como con la incautación de miles de documentos. Enseguida nos ocuparemos de ello.

LOS CONSUMIDORES JAMÁS ESTUVIERON EN PELIGRO

Como quiera que la acusación de la Fiscalía se basó primordialmente en el posible peligro o riesgo que la comercialización del Bio-Bac había presuntamente provocado era obvio que el testimonio de los testigos resultaba determinante; de ahí que se presentaran dos grupos de consumidores, unos presentados por la Fiscalía, otros por la defensa. Pues bien, a excepción de una sola persona TODOS los demás -incluidos los testigos de la acusación- reconocieron que el consumo de Bio-Bac no les había provocado daño alguno, ni había agravado su enfermedad ni sufrieron efecto secundario grave por su ingesta. Es decir, una sola persona de las 3.000 a las que se llamó respaldaba lo dicho por la Fiscalía. Sin comentarios.

Por lo demás en ambos grupos se dieron circunstancias similares: unos lo consumieron por recomendación de algún amigo y otros por recomendación de su médico; hubo incluso quienes lo consultaron con sus oncólogos aunque fueron los menos. La mayoría aseguraría que lo consumió sin consultarlo al saber que era inocuo y a pesar de que en la información del producto se advertía de que debían hacerlo. Y todos los enfermos o sus familiares, se presentaran como acusación o como defensa, declararon que lo consumieron llevados por la desesperación ya que estaban en fase terminal -muchos de ellos enfermos de cáncer desahuciados- o decidieron hacerlo para paliar los horribles efectos secundarios de los tratamientos convencionales que seguían. Muchos habían pues fallecido y quienes declararon eran familiares; la diferencia estribó en que los testigos llevados por la Fiscalía mostraron su frustración y desengaño porque sus expectativas no se habían cumplido mientras los familiares de los fallecidos llevados por la defensa reconocieron que mientras sus allegados consumieron el Bio-Bac su estado y calidad de vida mejoraron claramente.

Cabe añadir que entre los testimonios de la acusación tuvo especial significación y relevancia mediática, por su singularidad, la declaración de un testigo que explicó por videoconferencia desde Barcelona que su mujer, aquejada de un cáncer avanzado y tratada con quimioterapia, consumió Bio-Bac,empeoró y murió”; afirmando que le vendieron el producto como “unas enzimas que se comían las células cancerosas”. Extraña declaración porque ningún otro consumidor declaró haber recibido tal explicación. Claro que luego añadió: “Yo sabía desde el principio que era una estafa”; siendo el único testigo que utilizó esa expresión. Del resto de su declaración destaca el hecho de que su mujer comenzó a consumir Bio-Bac sin consultárselo y, sobre todo, sorprendió que afirmara haber visto cómo en una visita a la oncóloga, cuando su mujer le enseñó el frasco del Bio-Bac, ésta lo cogió arrojándolo con furia contra la pared diciendo que era “una porquería”. Extraño comportamiento para un médico y por tanto difícilmente creíble. Claro que este mismo testigo afirmó también que los distribuidores del Bio-Bac le habían enviado conjuntamente cápsulas de vinagre de manzana cuando en el exhaustivo registro de la finca de Rafael Chacón y de Laboratorios Iven no se ha encontrado un solo producto con tales cápsulas porque jamás lo han vendido.

El resto de testigos de la Fiscalía coincidió en que el uso del Bio-Bac no cambió en nada el curso de la enfermedad de sus allegados y algunos aseguraron que sus médicos llegaron a decirles que se iban a curar de sus enfermedades terminales así como que los tratamientos convencionales no iban a ayudarles. Sin embargo todos ellos reconocieron que ni Rafael Chacón ni ninguno de sus empleados les hablaron de “medicamento” ni de “curaciones” y que fue cuando vieron la información que sobre la Operación Brujo se dio por televisión cuando decidieron denunciarlo al entender que se trataba un “engaño” ya que así lo decían las autoridades y los medios.

Por el contrario, entre los testigos de la defensa abundaron los testimonios de quienes se mostraron muy agradecidos al producto. De hecho muchos fueron los que declararon y muchos más los que se quedaron sin hacerlo por no admitirse por el juzgado más que unos cuantos testimonios. Nos limitamos pues a reflejar brevemente unos cuantos:

Fernando Lario. Relató la experiencia de su mujer quien sufría cáncer de pulmón metastásico cuando empezó a consumir Bio-Bac en 2001. “Su mejoría fue tal –declaró- que de estar postrada en una silla de ruedas pasó a caminar por la casa”. Agregaría que tras la Operación Brujo su estado empeoró y, finalmente, murió.

María Luisa Fernández. Contó el caso de su hijo a quien a los 15 años le diagnosticaron un macroadenoma hipofisiario. Sometido a tratamiento farmacológico el médico le dijo que tendría que esperar al menos cinco años para saber si tendría que ser operado. Comenzó entonces a tomar paralelamente Bio-Bac y al cabo de un mes su médico reflejó en el expediente: “Excelente respuesta al tratamiento”; solo que no sabía que el joven estaba tomando Bio-Bac. Preguntada por la Fiscalía si ese producto era un “medicamento” contestó lo mismo que todos los demás: “No. Yo sabía que era un complemento. No le iba a dar a mi hijo un medicamento sin consultar con el médico”. Y añadió: “Estoy super-agradecida al Bio-Bac”.

Pablo Bermejo. Sufrió una pancreatitis a consecuencia de la cual fue intervenido quirúrgicamente; una intervención “brutal” -diría- tras la que su médico le dijo que sus probabilidades de vida eran de 5 años como mucho. Comenzó a tomar Bio-Bac y desde entonces han pasado doce años. Hoy sigue tomándolo porque el Bio-Bac se vende en medio mundo de forma legal como Renovén. “Creo que lo que estoy tomando me ha ayudado a sobrevivir”, declaró.

Paloma Jerez. En 2001 fue operada de un cáncer de mama y recibió Radioterapia empezando de inmediato a tomar Bio-Bac. “En mi vida me he sentido mejor que tomando Bio-Bac”, declararía. Hoy está curada. Luego explicaría que su padre, con cáncer de pulmón, también se sometió a quimio y radio pero además tomó Bio-Bac. “Su estado mejoró muchísimo reduciéndose el tumor en un 80 %”, diría. Tras lo cual aseguró que los propios oncólogos de su padre le animaron a seguir consumiéndolo.

Jesús Sabio. Contó el caso de su esposa. Sufría cáncer de colon y fue sometida a cirugía, quimio y radio. Debido a su deteriorado estado de salud fue ingresada en la clínica Andersen. Sus parientes comenzaron entonces a darle Bio-Bac a escondidas. “Sabíamos que los médicos –declararía- tenían una actitud negativa hacia el Bio-Bac”. Según contaría su recuperación fue tal que los oncólogos no podían entenderlo. “Es algo milagroso”, aseguraría que le dijeron. Su mujer sin embargo terminó muriendo… pero no de cáncer. “Murió de hambre -diría- porque en una intervención le afectaron los intestinos de tal forma que no podía ingerir ningún alimento”.

Vicente García. Contó el caso de su hija. Le detectaron un tumor en la médula y le dijeron que había que operarla cuanto antes pero advirtiendo a la familia de que tras la intervención podía quedar inválida en silla de ruedas. Tomó entonces la decisión de dar a su hija el Bio-Bac y le fue tan bien que hoy está completamente recuperada.

Amalio Ángel Arroyo. Relató cómo en 2001 le comunicaron que su hijo de 10 años tenía un tumor de grado III en el bulbo raquídeo con riesgo de muerte. Le operaron pero a los 20 días el tumor se había reproducido. Volvieron pues a operarle pero antes de empezar el ciclo de quimio el niño comenzó a tomar Bio-Bac. La mejoría y evolución sorprendió tanto a los propios oncólogos que suspendieron el protocolo ante los resultados de los marcadores y otras analíticas. “Siempre pedí a los oncólogos -declararía- que pusieran en el expediente que estaba tomando Bio-Bac para que otros niños pudieran beneficiarse de él pero se negaron”. Hoy su hijo se encuentra vivo y sano.

Pedro de la Osa. Contó el caso de su padre al que con cáncer de vejiga y metástasis le dieron 2 meses de vida. Como ya conocía la autovacuna de Fernando Chacón comenzó a consumir el Bio-Bac. Vivió 18 años más.

Natividad Morgado. Habló del caso de su marido. En 1999 le diagnosticaron un adenocarcinoma renal fase IV inoperable asegurándole que no había nada que hacer; y le dieron unos meses de vida. Entonces una compañera les habló del Bio-Bac y su marido comenzó a consumirlo “como complemento -aclararía-, no como un medicamento”. En la siguiente revisión el TAC mostraría que el tumor estaba inactivo… y así permaneció ocho años y medio. “No sé –declaró Morgado- si fue un milagro o el Bio-Bac”. Al cabo de ese tiempo convencieron a su marido de que formara parte del ensayo de un nuevo medicamento cuyo coste era de 6.000 euros al mes. Al poco tiempo falleció.

Paloma Huertas. Relató su propio caso. Diagnosticada de cáncer de mama se encontraba tan mal al terminar el primer ciclo de quimio que decidió no volver a someterse a ella cuando aparecieron las metástasis. Fue entonces cuando otros enfermos del hospital le hablaron del Bio-Bac y comenzó a consumirlo. Sus oncólogos le dijeron que si no se sometía a la quimio moriría pero ella comenzó a sentirse mejor cada día y a los cuatro meses el tumor se había “secado”. “Hoy lo tengo necrosado.. y hasta ahora. Puedo decir que estoy curada gracias al Bio-Bac”.

Manuel Sánchez Harguindey. Relató la mejoría de su padre Luis Sánchez Harguindey quien fuera Jefe de Cardiología en el Hospital Clínico San carlos y Secretario de Estado de Sanidad en la época de Adolfo Suárez. Aquejado de un glioblastoma multiforme le dieron seis meses de vida. Su estado fue empeorando con los efectos secundarios del tratamiento hasta que empezó a consumir Bio-Bac. Su recuperación resultó sorprendente para los médicos y de hecho se convirtió en una de las voces más autorizadas en solicitar la liberación del producto ante las autoridades de Sanidad pues no tuvo reparo en manifestarse ante el propio ministerio en el que años antes había sido tan alto cargo. “Lo que él sabía –declaró su hijo- es que nadie podía afirmar que el Bio-Bac no fuera beneficioso”. Como consecuencia de la Operación Brujo dejó de consumir el Bio-Bac y falleció en 2003.

Rocío Gutiérrez. Desahuciaron a su hija aquejada de un tumor cerebral que fue no obstante sometida a una terapia fortísima “con el único objetivo de retrasar lo inevitable”. Entonces comenzó a darle Bio-Bac y lo primero que le llamó la atención fue que su hija dejó de sufrir los negativos efectos secundarios de la quimio. Poco tiempo después la oncóloga les diría que el tumor se estaba necrosando. “Mi hija se había quedado como un bebé: no hablaba, no andaba… pero empezó a tomar Bio-Bac y comenzó a recuperar sus funciones”. Dejó de tomarlo tras la Operación Brujo porque desapareció del mercado. Y la niña empeoró y finalmente falleció.

En suma, ni un solo testigo afirmó que el Bio-Bac se le hubiese vendido como “medicamento” ni que se le hubiera incitado a abandonar el tratamiento convencional. Las argumentaciones de la Fiscalía se vinieron abajo.

EL INFORME SALMERÓN

Ante su evidente fracaso la Fiscalía optó por dar especial relevancia al “informe” de Francisco Salmerón sobre cuya “objetividad” e “imparcialidad” ya hemos hablado antes. Informe en el que se dice que se encontraron un hongo y dos bacterias en un grupo de viales perteneciente a un extrañamente llamado Lote 18 que nadie supo determinar ni de dónde procedía, ni a qué obedecía su denominación. Contaminación que Salmerón había considerado “peligrosa” a pesar de que ni un solo consumidor de Bio-Bac ha sufrido jamás efecto secundario negativo alguno y no hay por ello ni una sola denuncia en todos los años de comercialización. De hecho el propio Salmerón confirmó en el juicio que ni en los frascos del Bio-Bac oral analizados ni en las ampollas inyectables habían detectado riesgo alguno para la salud. Lo que minimizaba la acusación de la Fiscalía que sostiene que los viales y ampollas encontrados en la finca también se suministraron a médicos y enfermos, algo que apoyó con las declaraciones de algunos testigos según los cuales sus médicos les dijeron que, en casos extremos, el Bio-Bac podía inyectarse. Acusación que Chacón rechazó asegurando que esos viales o bien eran sobrantes de ensayos realizados en el extranjero o estaban destinados a nuevos ensayos. Agregando que el Bio-Bac nunca se comercializó en ampollas inyectables. En pocas palabras, la Fiscalía ni siquiera pudo explicarle al tribunal de dónde procedían los viales contaminados ni a qué corresponde la denominación/clasificación Lote 18. El asunto es tan inaudito que en el acta de entrada y registro a la finca de Chacón no aparece el lugar de donde se supone procede el citado lote, ni tampoco en la documentación figura quién recogió las muestras y las entregó a la agencia. Sencillamente, no hay registros de nada. Luego, como denunció la defensa, ni siquiera puede constatarse que la cadena de custodia fue adecuada y no se rompió en algún momento.

Y hay más: por si tanto despropósito no fuera suficiente resulta que esos viales que fueron analizados en la agencia por Salmerón y su equipo nunca debieron haber ido allí sino directamente para su análisis al Instituto Carlos III porque así lo había ordenado de forma explícita el juzgado de instrucción de El Escorial que llevaba el caso. Orden judicial que se incumplió.

Y hay más: el propio Salmerón declaró que el Bio-Bac era sometido a un proceso de destrucción bacteriana tan extremo que incluso le resultó difícil encontrar restos de proteínas en algunas muestras, luego, ¿cómo iba a haber en ellas un hongo y dos bacterias? (de las que por cierto sólo una puede considerarse patógena y eso en determinadas circunstancias).

Cualquier experto sabe, por otra parte, que si hubiera infección en un lote lo habría en todos los viales del mismo y no solo en dos o tres. Eso solo tiene una explicación: que la contaminación no se produjo durante la fabricación sino que su origen es ambiental. Y así terminaría reconociéndolo el propio Salmerón en la sala. Luego pudo producirse en cualquier momento posterior a la fabricación. Por ejemplo en los laboratorios a donde los envió Salmerón para analizar incumpliendo la orden judicial. El propio Salmerón se vio obligado a reconocer ante la jueza que pudo haber sido así por mucho que intentara asegurar que tal posibilidad era “mínima”. En pocas palabras: ¿se contaminaron unos pocos viales, por descuido o a propósito, en la propia Agencia del Medicamento? Todo lo acaecido justifica sobradamente tal sospecha. Especialmente porque Salmerón impidió que Rafael Chacón pudiera pedir un contraanálisis de una forma sospechosa: utilizando todas las muestras de ese lote. Obviamos decir que el abogado de Chacón solicitó de inmediato que el informe de Salmerón se ignorara por ello en su totalidad.

Del resto de su declaración cabe señalar dos cosas más. La primera que a su juicio no puede hablarse de ”un” producto sino de “muchos” porque había leído en la documentación que ha habido distintas “composiciones”; sin embargo al ser interrogado sobre ello por la defensa reconoció desconocer si la documentación en la que se reflejaban esas distintas composiciones se correspondían con el Bio-Bac que se comercializa ¡o con productos usados para otros fines, como el desarrollo de nuevas fórmulas!

Su lamentable intervención se cerró reconociendo que el Bio-Bac oral -el que se comercializaba y motivó la Operación Brujo –era inocuo, que su consumo no tiene riesgo alguno para la salud. Añadiendo, para sorpresa de propios y extraños, que en su opinión el posible peligro de su consumo radicaba en realidad en el hecho de que personas enfermas pudieran abandonar sus tratamientos convencionales. Algo que a lo largo del juicio se ha demostrado falso. Aunque lo más grotesco de esa afirmación –como en esta revista hemos denunciado muchas veces- es que NO EXISTEN PROTOCOLOS OFICIALES MÉDICOS DE TRATAMIENTO PARA NINGUNA ENFERMEDAD.

OTROS PERITOS

En cuanto al delito de “publicidad engañosa” la Fiscalía argumentó que en la web del producto se hacían alegaciones sobre sus propiedades que la ley no permite hoy más que a los medicamentos. A lo que la defensa replicó que si bien la legislación actual es muy restrictiva respecto a lo que un suplemento dietético puede o no alegar no es la misma que existía en el momento de la comercialización del Bio-Bac; según explicaría por entonces no existía prácticamente regulación al respecto. Y en cuanto a las propiedades del producto que la Fiscalía negaba fueran ciertas recordó que durante la Operación Brujo se incautaron numerosos documentos que probaban fehacientemente tanto su inocuidad como su eficacia.

Lo singular es que la Fiscalía trató de desacreditarlas con el testimonio de dos funcionarias de la Agencia Española del Medicamento que examinaron la documentación y resultó que de los cerca de 55 tomos que se llevaron y obraban en su poder ¡sólo se habían leído los ensayos terminados realizados en Bélgica sobre artrosis (fases II y III) y en Georgia sobre el VIH! El resto ni la miraron. Limitándose a decir que a su juicio los resultados que se plasmaban en ellos no eran ni tan positivos ni concluyentes como los promotores de los ensayos afirmaban. No pudiendo negar sin embargo, a preguntas de la defensa, que sí había en ellos indicios positivos. En el caso de los estudios sobre artrosis por ejemplo fue un factor destacable para ellas, aunque no concluyente, la reducción del consumo de paracetamol que logró el grupo que tomaba el Bio-Bac: Y en el caso del estudio sobre pacientes con VIH reconocieron igualmente que era interesante el aumento de CD4 y CD8 que se obtiene ingiriendo el Bio-Bac… pero alegando luego que lo verdaderamente concluyente hubiera sido que el producto lograra una disminución constatable de la mortalidad… cuando eso es algo que reconocieron no ha conseguido ninguno de los fármacos antirretrovirales aprobados por la agencia. Realmente grotesco.

La defensa -a la que por cierto se le negaron diversos peritos y testigos incluyendo a quien esto escribe lo que obligó a presentar una queja formal- llamaría por su parte a declarar el doctor Avelino Gutiérrez y al doctor Ramón Cacabelos. El primero ex Presidente de la Asociación de Microbiología y Salud (AMYS), miembro de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), de la Sociedad Española de Quimioterapia (SEQ) y de la Sociedad Madrileña de Microbiología Clínica (SMMC) que fuera durante 30 años Jefe de Microbiología del Hospital La Paz y uno de los más cercanos colaboradores de Chacón a la hora de preparar los protocolos presentados para la aprobación del ensayo clínico que la Agencia Española del Medicamento rechazó manifestaría que a su juicio la decisión de denegar el ensayo había sido completamente arbitraria ya que los protocolos eran adecuados y por eso fueron aprobados primero por dos centros hospitalarios y después por distintos centros internacionales. Añadiendo que en su opinión en la agencia “nunca se valoraron los fundamentos científicos del producto”. A continuación el doctor Gutiérrez confirmaría que las indicaciones de producción fueron siempre las mismas, tanto para la autovacuna como para el FR-91 y el Bio-Bac. Y que se trataba de un producto que consigue claramente estimular el sistema inmune, la citólisis de determinadas líneas celulares tumorales y una modulación de la apoptosis o muerte celular programada. Lo que explica que pueda intervenir en procesos de proliferación como el cáncer y en otros procesos degenerativos en los que se produce destrucción de las propias células. “En la actualidad –diría- hay un gran número de investigadores que, como en su día hiciera Fernando Chacón, están trabajando con bacillos y sus productos porque demuestran ser citotóxicos selectivos y activos en la activación o inhibición de la apoptosis”. Preguntado por lo que hubiera supuesto la llegada al mercado del FR-91 contestó: “El FR-91 (nombre científico del Bio-Bac) no tiene efectos secundarios y a poco que hubiera sido tan efectivo como se esperaba hubiera supuesto un cambio radical. Habría disminuido de manera importantísima el consumo de fármacos contra el dolor crónico y la inflamación”. Y hacemos un inciso para recordar que los analgésicos y los antiinflamatorios son una de las principales fuentes de ingreso de las multinacionales farmacéuticas. El Dr. Avelino Gutiérrez finalizaría su declaración con un significativo recuerdo para el trabajo del doctor Chacón: “Hoy, incluso más que ayer, me estoy dando cuenta de que muchas de las cosas que Fernando Chacón intuía entonces tienen un gran sentido a la vista de los conocimientos científicos actuales”.

Declararía luego el Dr. Ramón Cacabelos -catedrático de Medicina Genómica y Vice-Rector de Investigación y Ciencia de la Universidad Camilo José Cela de Madrid así como presidente de la World Association of Genomic Medicine, de la Sociedad Española de Medicina Genómica, de la Asociación Española de Neurogerontología y Neurogeriatría y del Grupo EuroEspes- quien resumió los hallazgos conseguidos con el FR-91 en los trabajos realizados -tanto en laboratorio como en experimentos con animales- que Rafael Chacón le encargó hacer para continuar las investigaciones incluso durante los años en que ha estado procesado. Destacando, en resumen, que se trata efectivamente de un producto de clara actividad antioncogénica y gran especificidad en algunas líneas tumorales. Por lo que finalizaría aseverando que existen elementos indiciarios que permiten apostar seriamente por el producto.

CONCLUSIONES

En suma, la Fiscalía no pudo probar durante el juicio que Rafael Chacón hubiera cometido delito alguno contra la salud pública porque ni el Bio-Bac se vendió como “medicamento” a médicos y pacientes -ahí está la transcripción de las escuchas telefónicas y los testimonios de los propios testigos que declararon demostrándolo de forma indubitable-, ni se recomendó nunca a los pacientes que abandonaran los tratamientos convencionales que sus médicos les habían sugerido-, ni se fabricaba de forma chapucera sino en un laboratorio con todas las garantías de salubridad exigibles para la producción a terceros de productos biológicos, ni se ha encontrado un solo enfermo que declarara que el producto le había sentado mal. Algo obvio porque la propia Ministra de Sanidad dijo cinco días después de la operación que el producto era INOCUO. Y de hecho no ha habido nunca “ni efectos, ni afectados” como ya ha dictaminado dos veces la propia Audiencia Provincial de Madrid -en 2003 y 2007- sin que a lo largo de este juicio se haya aportado nada que justifique un cambio de criterio judicial.

La propia fiscal, desesperada tras el fiasco pero enrocada en una posición tan inexplicable como inadmisible, terminaría diciendo en sus conclusiones: “¿Se le decía a la gente que abandonara el tratamiento? Directamente no; hay una inducción indirecta”. Una frase que se califica por sí misma.

En cuanto a la alegación de la Fiscalía de que intentó hacerse pasar el producto como un medicamento la defensa fue clara preguntándose en su contundente alegato final -que por cierto duró más de cuatro horas- esta simple pregunta “¿Realmente alguien puede creerse que Chacón trataba de ‘simular o imitar’ un medicamento poniendo en letras bien claras ‘suplemento dietético’ en los envases?”

En realidad lo que de verdad ha quedado demostrado en este juicio es que la actuación de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios así como la de algunos fiscales y jueces debería ser policial y judicialmente investigada. Ahora solo queda por ver cuál será la “verdad judicial”.

José Antonio Campoy

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Julio 2014
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