El extraño e incomprensible enigma de las “enfermedades raras”

La expresión “enfermedades raras” se utiliza para hablar de las patologías de etiología o causa desconocida que afectan a muy pocas personas y no se sabe pues ni cómo prevenirlas ni cómo curarlas. Lo inaudito es que ya se han catalogado más de 7.000 que según la Federación Española de Enfermedades Raras afectan solo en Europa al 8% de la población habiendo en España más de tres millones de personas que las padecen. ¿Cómo es eso posible? ¿Y cómo puede hablarse de enfermedades raras o minoritarias cuando hay ya en nuestro país tal cantidad de enfermos? ¿Qué está sucediendo? Es más, ¿por qué la mayoría de quienes las padecen viven en países desarrollados? ¿Y por qué todo lo que se pide es dinero para investigarlas en lugar de replantearse de una vez el obsoleto modelo actual que sigue empeñado en hablar de enfermedades en lugar de enfermos?

Los médicos consideran “rara” toda enfermedad que padecen menos de 5 personas por cada 10.000 habitantes y eso es aplicable según la Organización Mundial de la Salud (OMS) a unas 7.000. Hablar pues de un problema minoritario es estúpido porque si sumamos a todos los que padecen alguna el número de afectados es enorme. De hecho según la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) en España habría 3 millones, en Europa 27 millones, en Estados Unidos una cifra similar y en Iberoamérica 42 millones. Es decir, casi 100 millones de personas solo en Europa y América; sin contar a quienes las padecen en África, Asia y Oceanía. No puede pues hablarse precisamente de un problema menor.

Integrada por 309 asociaciones agrupadas en siete delegaciones autonómicas -Andalucía, Cataluña, Madrid, Extremadura, Valencia, Murcia y País Vasco- la Federación Española de Enfermedades Raras se creó con el objetivo básico de que las personas que las padecen sean atendidas por el sistema de salud en todo el estado y, dada la dispersión de recursos existentes, “configurar un modelo socio-sanitario que garantice la movilidad del colectivo por toda la geografía española a fin de que todos los pacientes puedan acceder a los recursos y prestaciones especializadas existentes eliminando las barreras entre comunidades autónomas y facilitando el peregrinaje de las familias en su búsqueda por mejorar su calidad de vida”. Lo que pasa por una adecuada coordinación entre la Administración estatal y las autonómicas, los profesionales, los pacientes y las asociaciones. En todo caso el principal problema de quienes las padecen es que pocos médicos son capaces de diagnosticarlas porque, ¿quién es capaz sin los medios adecuados -y aun con ellos- de decirle a alguien que padece una de esas 7.000 “enfermedades raras”? Y si tal cosa se consigue, ¿qué tratamientos se les puede ofrecer cuando éstos los investiga hoy casi en exclusiva la industria farmacéutica y no se interesa en ellos alegando que no son “económicamente rentables”? De hecho la mayor parte de los fondos que hoy existen para investigarlas procede de donantes privados, universidades y fondos europeos según nos explicaría Juana María Saenz, delegada de FEDER en el País Vasco.

Uno de los problemas fundamentales para FEDER es pues el del diagnóstico; según explican el desconocimiento de estas patologías, las dificultades para acceder a la información existente sobre ellas y la dispersión de profesionales y centros especializados llevan a grandes demoras en el diagnóstico. Y es que el tiempo medio desde que aparecen los síntomas hasta que se da un diagnóstico definitivo es de ¡cinco años! Y obviamente eso hace que los posibles tratamientos empiecen muy tarde y en muchos casos el estado de los enfermos se agrave. La federación estima que eso sucede de hecho en al menos la tercera parte de los casos. A todo lo cual se suma la falta de financiación, la mala coordinación para usar los recursos existentes y la dispersión geográfica ya que no en toda España pueden los enfermos encontrar médicos y centros que sepan atender sus patologías.

FEDER agrega que más del 42% de los enfermos sigue hoy sin disponer de tratamiento -o no es el adecuado- y que los medicamentos que se les receta no suelen estar cubiertos por la seguridad social. Un problema grave porque FEDER calcula que se llevan -de media- el 20% de los ingresos de cada familia afectada. Hablamos de unos 350 euros mensuales que se emplean en medicamentos, tratamientos, ortopedia y otras ayudas a los hay que sumar los gastos de desplazamiento hasta los especialistas –en muchos casos en provincias alejadas-, la adaptación de las propias viviendas para quienes tienen ya minusvalías y el pago a personas para que se ocupen de quienes no pueden ya valerse por sí mismos.

A todo ello es preciso añadir los frecuentes casos de discriminación que se producen en el ámbito escolar –¡dos de cada tres casos aparecen antes de los 2 años y muchos en edad escolar!- y en el mundo laboral. La Administración se comprometió a adecuar las condiciones de los puestos de trabajo pero el Estatuto de los Trabajadores no recoge medidas suficientes para impulsarlo en el ámbito de la empresa privada de modo que los cálculos de FEDER apuntan a que un 41% de los enfermos ha perdido oportunidades laborales; y un porcentaje similar ha tenido que reducir la jornada laboral o perder oportunidades de formación.

En cualquier caso el principal problema con el que se enfrentan las personas afectas de enfermedades raras es que los competentes médicos universitarios de la medicina científica moderna basada en la evidencia que tiene a su disposición numerosos y avanzadísimos aparatos tanto de diagnóstico como de tratamiento no tiene ni la más remota idea de cuáles son las causas de esas 7.000 enfermedades y por tanto no saben ni cómo prevenirlas ni cómo curarlas. Así que optan por decir que probablemente sean de origen genético sin entender que eso implica reconocer que el ADN de la raza humana está degenerando a toda velocidad… y por algo será.

En suma, las autoridades sanitarias, las instituciones y los médicos no saben qué hacer y como ninguna especialidad se atreve a afrontarlas en solitario se propone crear equipos multidisciplinares. No tanto porque esa unión permita saber más o ayudar más eficazmente a los enfermos como para diluir responsabilidades ante su ignorancia. Porque es verdad que la industria farmacéutica no quiere investigar fármacos para ellas alegando que no son rentables pero es que no es menos cierto que aunque lo hiciera tampoco serviría de mucho pues, ¿no son todos los fármacos que comercializa para las enfermedades no raras meros medicamentos paliativos y no curativos?

En suma, alegar que se necesita más dinero público para investigar las enfermedades “raras” a fin de poder encontrar lo que se ha dado en llamar “medicamentos huérfanos” no tiene otro objeto que sacar dinero a fondo perdido a los estados. Fondos que insistimos, no van a permitir prevenir tales patologías ni curarlas ya que NINGÚN FÁRMACO LO HACE (vacunas incluidas).

 LAS INSTITUCIONES OFICIALES

 En España hay tres instituciones básicas relacionadas con las enfermedades raras. Son éstas:

-El Instituto de Investigación de Enfermedades Raras (IIER). Centro colaborador de la OMS desde 1996 está integrado en el Instituto de Salud Carlos III y se coordina con otros centros de investigación; como el CIAC que investiga anomalías congénitas.

-El Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER). Coordina 62 grupos de investigación, colabora con 29 instituciones y su objetivo declarado es “mejorar el conocimiento sobre la epidemiología, las causas y los mecanismos de producción de las enfermedades raras” a fin de buscar herramientas de diagnóstico y proponer terapias. Y,

-El Centro de Referencia Estatal de Atención a Personas con Enfermedades Raras y sus Familias (CREER). Su presunto objetivo es ofrecer formación, asistencia técnica, cooperación institucional, documentación e investigación así como atención directa a afectados, familiares, cuidadores y ONGs.

Cabe añadir que a nivel internacional existe la Organización Europea de Enfermedades Raras (EURODIS), la Alianza Iberoamericana de Enfermedades Raras (ALIBER), la Organización Nacional de Estados Unidos (NORD) y Orphanet, consorcio integrado por 40 países y portal de referencia en enfermedades raras y medicamentos huérfanos.

Pues bien, si uno entra en la web de CIBERER -el organismo que coordina en España las investigaciones relacionadas con las enfermedades raras- comprueba que en el momento de escribirse este artículo -abril de 2016- hay 62 grupos trabajando en diferentes líneas de investigación. Solo que la inmensa mayoría busca las causas partiendo de la base de que el origen es genético descartando apriorísticamente cualquier otra posibilidad. Una discutible medida porque es imposible encontrar lo que no se busca; como es imposible encontrar lo que se busca donde no se encuentra. Así que si la causa de las enfermedades raras no es genética los investigadores van a poder pasarse décadas -por no decir siglos- con grandes fondos, buenos equipos y buenos sueldos sin aportar absolutamente nada ni a la prevención ni a la cura de esas enfermedades; algo en lo que tienen amplia experiencia otros colectivos médicos, especialmente el de los oncólogos. ¿Y qué están investigando? Pues…

…12 grupos trabajan en genética clínica, genética molecular y biología molecular con el objetivo de “incorporar enfermedades mendelianas o complejas en las que se afecta un órgano o sistema del cuerpo humano empleando como criterio fundamental para su incorporación en el programa el factor herditario.

…otros 12 grupos trabajan en medicina metabólica hereditaria; su objetivo es “estudiar enfermedades raras cuyo aspecto fundamental es la alteración de la homeostasis causada por mutaciones en genes relacionados con el metabolismo intermediario. Concretamente se pretende definir la causa genética y la fisiopatología de estas patologías”.

…12 grupos más trabajan en medicina mitocondrial y neuromuscular; incluyendo entre las enfermedades estudiadas las encefalomiopatías heredadas y esporádicas del ADN mitocondrial.

…8 grupos trabajan en medicina pediátrica y del desarrollo estudiando defectos congénitos, trastornos genómicos, desarrollo embrionario anómalo -indistintamente de la causa- que conllevan malformaciones congénitas, fomento del desarrollo de herramientas de diagnóstico genómico e investigación en terapias innovadoras con especial énfasis en las terapias génica y fetal”.

…7 grupos trabajan en patología neurosensorial desde la genética clínica y molecularestudiandohipoacusias hereditarias y congénitas -entre otras- y desarrollando herramientas diagnósticas genómicas”.

…4 grupos trabajan en medicina endocrina aunque no se indica con precisión desde qué ángulo lo hacen y si se contemplan factores medioambientales.

…y 7 grupos estudian cánceres hereditarios así como enfermedades hematológicas y dermatológicas, entre ellas “trastornos relacionados con la inestabilidad genética” siendo su objetivo “estudiar los mecanismos fisiopatológicos y las bases genéticas del cáncer hereditario así como otros síndromes relacionados en los cuales la inestabilidad genética es un componente fundamental”.

Añadiremos que puestos en contacto con responsables del CIBERER tanto su portavoz Miquel Calvet como la adjunta a la dirección científica, Ingrid Mendes, nos confirmaron que en España no hay ningún grupo que esté investigando la posible relación de las enfermedades raras con tóxicos medioambientales, campañas de vacunación, antibióticos o procesos de inseminación artificial… y que no les consta que se esté haciendo en ningún otro país.

El Instituto de Investigación de Enfermedades Raras (IIER) –cuya ilustración en el frontispicio de su web es significativa ya que se trata de una representación idealizada del ADN- trabaja por su parte en tres líneas o áreas de investigación. Dos de ellas también basadas en la genética -el Área de Genética Humana y la Unidad de Investigación de Anomalías Congénitas– y una tercera denominada Área de Epidemiología de las Enfermedades Raras en la que se incluye una unidad de enfermedades del hueso, otra sobre trastornos del espectro autista y una tercera que denominan Unidad del Síndrome del Aceite Tóxico (que lleva décadas haciendo caso omiso de las informaciones e investigaciones que contradicen la insostenible versión oficial de que la causa fue el aceite de colza).

En definitiva, la inmensa mayoría de la investigación está orientada hacia las posibles causas genéticas de las enfermedades, algo que nos confirmaría Juana María Sáenz durante nuestra charla añadiendo que los responsables de enfocar, dirigir y coordinar las investigaciones lo han hecho así y buscan además soluciones básicamente farmacológicas. Algo que el Centro de Referencia Estatal de Atención a Personas con Enfermedades Raras y sus Familias justifica así: “La mayoría de los casos de enfermedades raras aparecen en la edad pediátrica, consecuencia directa de la alta frecuencia de enfermedades de origen genético y de la presencia de anomalías congénitas. No obstante, la prevalencia es mayor en los adultos que en los niños debido a la excesiva mortalidad de algunas enfermedades infantiles -como malformaciones o enfermedades genéticas graves- y también por la influencia de ciertas enfermedades cuya edad de aparición es más tardía; como ciertas patologías autoinmunes, la esclerosis lateral amiotrófica o enfermedades genéticas del tipo de la enfermedad de Huntington, entre otras”. Lo insólito es que, si es así, ninguno de esos centros explica por qué hay actualmente tantas anomalías genéticas en las personas.

¿ES POSIBLE OTRO ENFOQUE?

 En pocas palabras, ¿y si las causas de las llamadas “enfermedades” -raras y no raras- no son de causa genética aunque los genes de los enfermos estén alterados? ¿Y si tales anomalías genéticas tienen origen epigenético, es decir, se deben a la brutal contaminación química y electromagnética que padecemos? Porque en ese caso se está perdiendo lamentablemente el tiempo… o “ganándolo” si quienes han orientado la búsqueda en ese sentido son los responsables de lo que ocurre y lo que pretenden es desviar la atención y asegurarse de que no se investigue esa posibilidad.

A fin de cuentas todo apunta a una estrategia similar a la utilizada desde hace décadas por la medicina convencional: hablar de enfermedades en lugar de enfermos. ¿La razón? Poder comercializar fármacos para cada una de ellas… y de ahí que interese que haya miles. Cuantas más mejor. Sin embargo todo indica que las “enfermedades” no son más que las manifestaciones somáticas y sintomáticas de un proceso patológico general del organismo y la solución a todas ellas -como en esta publicación se viene manteniendo desde hace años- es la misma y toda enfermedad -sea la que sea- debe afrontarse de la misma manera: equilibrando mental, emocional, energética y químicamente el organismo lo que pasa por desintoxicarlo, oxigenarlo, nutrirlo adecuadamente y, en general, alcalinizarlo (en la mayoría de los casos un organismo alterado -enfermo- es un organismo acidificado).

Y no hablamos de nada nuevo porque es lo que han propuesto siempre todas las medicinas tradicionales y algunas de las disciplinas modernas que rechazan los -en general- ineficaces y iatrogénicos tratamientos farmacológicos. Desde la Medicina Tradicional China y el Ayurveda hasta la Medicina, Integral y Holística, el Naturismo, el Higienismo o la Homeopatía pasando por las medicinas egipcia, griega y romana. Todas ellas ponían el acento en la persona y hablaban de enfermos y no de enfermedades. Recuérdese que la idea de agrupar síntomas y hablar de síndromes -conjuntos de síntomas- a los que poder colocar “etiquetas” y poder hablar así de “enfermedades” individuales y específicas en lugar de sistémicas -que es lo que casi siempre son- es una propuesta moderna que pone en marcha la industria farmacéutica  para poder vender tantos fármacos como enfermedades se etiqueten. Siendo su ingente avaricia lo que ha llevado a la ridícula afirmación de que existen miles de “enfermedades”. Algo irracional y sin sentido que sin embargo los médicos -y por ende la sociedad- han asumido acríticamente.

No hay pues 7.000 enfermedades raras. Tal creencia es un disparate. Lo que hay son millones de personas a las que la industria no es capaz ya de ni de aliviar sus síntomas ni de detener sus procesos degenerativos. Personas que en su inmensa mayoría viven en zonas con alto grado de industrialización. ¿Por qué se oculta este dato? Pues porque indica que las probables causas son epigenéticas y no genéticas. De hecho las llamadas enfermedades raras se caracterizan por tratarse de desórdenes sistémicos, crónicos y degenerativos frecuentemente relacionados con las llamadas “enfermedades autoinmunes”, los trastornos neurológicos, el déficit motor, sensorial e intelectual y su altísima mortalidad. Según FEDER el 35% muere antes de un año, el 10% antes de cinco y un 12% entre los 5 y 15 años.

En suma, es hora de plantearse seriamente si las enfermedades raras -y las no raras- no se deben a las mismas causas. Especialmente, a las ingentes cantidades de tóxicos presentes en el aire que respiramos, el agua que bebemos, los alimentos que comemos, las ropas y utensilios que utilizamos, los productos de limpieza e higiene personal, los iatrogénicos fármacos que tomamos -vacunas incluidas- y las radiaciones electromagnéticas en las que vivimos casi todos inmersos. Porque se sabe que son múltiples los químicos -pesticidas, antisépticos, antibióticos, antivíricos, fungicidas, aditivos alimentarios, antiinflamatorios, antihistamínicos, corticoides, inmunosupresores, hormonas sintéticas, quimioterápicos y otros muchos productos farmacológicos- que pueden dañar las mitocondrias y el ADN dando lugar a múltiples trastornos de los sistemas inmune, digestivo, circulatorio, respiratorio, excretor, muscular, óseo y nervioso.

Es más, ¿son éstos y especialmente las campañas de vacunación masiva y los psicofármacos la principal causa de las enfermedades autoinmunes, crónicas, degenerativas y raras que padecen hoy de manera masiva e inexplicable tantos niños en el mundo? Debería investigarse de inmediato porque los casos de autismo, hiperactividad y enfermedades “raras” en niños alcanzan ya dimensiones epidémicas y es intolerable la dejadez de nuestras autoridades sanitarias al respecto.

Contaminantes químicos a los que hay que añadir los físicos: ruidos, radiaciones ionizantes y no ionizantes, ondas mecánicas de ultrasonido y de infrasonido, campos electromagnéticos, nanopartículas no biodegradables…

 TÓXICOS EN EL ECOSISTEMA

 El peligro para la salud de todos esos tóxicos es bien conocido; el prestigioso profesor Gilles-Éric Séralini habla de ellos en su libro ¿Nos envenenan? Transgénicos, pesticidas y otros tóxicos. Cómo afectan a nuestras vidas y cómo se ocultan sus consecuencias en el que -entre otras muchas cosas de interés- puede leerse lo siguiente: “La cohorte de contaminantes químicos presentes en el medio ambiente (aire, agua, alimentos), es decir, en los organismos, es innumerable: el conjunto de solventes y vapores (hidrocarburos aromáticos policíclicos esparcidos en la atmósfera por la combustión de las energías fósiles pero también por el alquitrán del tabaco); la horda de pesticidas (herbicidas, insecticidas, fungicidas y raticidas) con la que insistimos tanto; la familia de metales (plomo, mercurio, níquel y cadmio) y, por último, el vasto clan de contaminantes alimentarios (aditivos y conservantes en los alimentos transformados, hormonas de crecimiento residual de las carnes y pescados, trazas de abonos en las verduras, plastificantes que envuelven alimentos…)”.

La invasión es tan brutal como sutil y silenciosa y de ahí que su verdadera dimensión sea desconocida y sus efectos difíciles de cuantificar pero hablamos de infinidad de tóxicos que están presentes en nuestra vida cotidiana, desde el hogar a la oficina pasando por el supermercado. “Nuestra sociedad productivista, de una inventiva sin igual, no cesa de difundir en el medio ambiente nuevos productos cuyo reciclaje no está previsto -denuncia Séralini- y sin embargo llevan sustancias no fácilmente degradables. De hecho la mayoría se concibió para resistir la disolución y la corrosión. Por ejemplo los policlorobifenilos (PCB), plásticos para enfundar cables eléctricos, aislantes perfectos, lubricantes y componentes de tintas de imprenta; todos se transforman en desechos imputrescibles, casi eternos para nuestra escala”.

Y hablamos de productos que luego penetran en la cadena alimentaria y en los ciclos biológicos. F. Leboulenger, director del Laboratorio de Ecotoxicología de la Universidad de Le Havre (Francia), puso un ejemplo del problema al que nos enfrentamos durante el Congreso Internacional sobre Patologías Ambientales celebrado en octubre de 2009 en Ruán: ¡las plantas depuradoras no eliminan de las aguas los estrógenos y otros tóxicos! Y nuestros organismos tampoco si se acumulan lenta pero indefinidamente. “La gran mayoría de esas sustancias son hidrófobas -por eso son tan impermeables- y tienen particular afinidad con las grasas -explica-. Y como no son eliminadas se concentran en las membranas aceitosas de nuestras células y en los líquidos con alto nivel de lípidos; como el líquido amniótico, el esperma y la leche. Sobre todo en órganos como el cerebro donde pueden ser neurotóxicas; luego los fetos y los recién nacidos también están expuestos a la contaminación de estas sustancias”.

Y en relación directa con el asunto que en esta ocasión nos ocupa asevera: “Los bebés que nacen actualmente son bebés químicos, impregnados antes de nacer por transferencia placentaria con residuos esparcidos por todo el universo desde hace décadas (…) Durante su desarrollo y vida estas generaciones de humanos no cesarán de acumular nuevas dosis de tales sustancias que, al final, se contarán en gramos. Se han convertido, literalmente, en hijos del petróleo”.

Séralini denuncia que aunque la relación entre esos tóxicos y determinadas patologías se oculta desde hace mucho tiempo es clara: “Los xenobióticos actúan a nivel celular y producen efectos cancerígenos y/o enfermedades degenerativas (…) Los contaminantes que escapan al proceso de detoxificación son susceptibles de provocar alteraciones en la expresión de los genes modificando no solo su estructura sino también su revestimiento o cubierta química (…) La acción perjudicial de los contaminantes altera el epigenoma y trastorna su red de comunicación (…) Ciertos contaminantes actúan específicamente sobre el equilibrio hormonal y reciben por ello el nombre de disruptores endocrinos; no son tóxicos en el sentido habitual pero perturban el organismo de manera discreta y sus efectos se manifiestan a veces solo en los descendientes”.

Séralini añade que los hidrocarburos aromáticos policíclicos descargados en todo el planeta por la industria petroquímica están provocando desde hace unas décadas la feminización de la flora y la fauna así como la del ser humano además de adelantar la pubertad, disminuir la fertilidad masculina y contribuir al aumento de los cánceres de testículos, próstata y mama en los países industrializados.

 VACUNAS

 Y por si lo dicho fuera poco la industrialización en el terreno específico de la medicina también está teniendo graves consecuencias tanto en la salud humana como en la del planeta; una industrialización que arranca con Luis Pasteur y su idea del origen microbiano de la enfermedad ya que facilitó enormemente la fabricación en serie de productos que acabasen con los supuestos culpables: las bacterias. Pues bien, la guerra contra los microbios -que el profesor Máximo Sandín, biólogo y ecólogo, acertadamente denomina “guerra autodestructiva”- tiene en nuestros días dos máximos exponentes: las vacunas y los antibióticos.

De hecho ya en 1979 el libro Patología Básica de los doctores Stanley Robbins y Marcia Angell -publicado por Interamericana– contenía esta declaración sobre las enfermedades autoinmunes: “La inmunidad y los trastornos inmunológicos son para la medicina actual lo que la bacteriología y las enfermedades bacterianas fueron para el mundo médico a principios del siglo XX. En la literatura médica actual hay nuevas enfermedades del sistema inmunitario”. Y en el boletín nº 2 de la Sociedad de Pediatría de Andalucía Oriental de 2008 la doctora María Elvira Muñoz Vicente -del Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia- publicaba un artículo de revisión titulado Papel de las vacunas en el desarrollo de enfermedades autoinmunes en el que decía: “Existen cada vez más enfermedades de etiología autoinmune o en cuya patogenia se ven implicados fenómenos autoinmunes. Y entre ellas (Miastenia gravis, Síndrome de Guillain-Barré, Enfermedad de Crohn, artritis reumatoide, dermatomiositis, celiaquía…) algunas han sido relacionadas con la administración de vacunas”. Sus conclusiones fueron sin embargo muy comedidas haciéndose evidente el enorme peso que tiene lo que podríamos denominar sin exagerar el “dogma vacunal”  al que hemos dedicado numerosos artículos en esta revista: “Considerando el enorme beneficio que ha supuesto la introducción de las vacunas en la lucha contra la enfermedad posiblemente la balanza seguirá inclinada a favor de la vacunación”.

En un artículo publicado en 2012 en Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública el doctor Alexander Batista-Duharte -inmunólogo del Laboratorio de Inmunotoxicología de la Universidad de Cuba- escribe por su parte: “La demostrada asociación entre infección y autoinmunidad en individuos genéticamente predispuestos ha abierto el debate en la comunidad científica acerca de la posibilidad de que las vacunas también puedan inducir fenómenos autoinmunes”. Añadiendo:Son numerosos los casos sospechosos de enfermedades autoinmunes postvacunación documentados en la literatura médica. De igual modo existen bases de datos y publicaciones periódicas que registran los eventos adversos asociados a vacunas -como US Vaccine Adverse Events Reporting System (VAERS) y REACTIONS respectivamente- que permiten procesar y analizar estadísticamente la relación causal entre las vacunas y sus efectos adversos; incluyendo los eventos autoinmunes postvacunación”. Tras hacer un recorrido por varias vacunas -como las de la hepatitis B, la gripe o la fiebre amarilla- Batista describe un nuevo síndrome:Shoenfeld y Agmon-Levin propusieron recientemente un nuevo síndrome que se conoce con las siglas ASIA -por Autoimmune/inflammatory Syndrome Induced by Adjuvants- que incluye cuatro entidades denominadas: 1) siliconosis; 2) síndrome de la guerra del Golfo; 3) miofascitis macrofágica y 4) fenómeno postvacunación asociado a adyuvantes; las cuales comparten varios criterios clínicos y, además, tienen como denominador común la exposición previa a inmunoadyuvantes”.

En suma, Batista constató el potencial riesgo de autoinmunidad postvacunal.

 ANTIBIÓTICOS

 En cuanto a los antibióticos Chistoph Richter, investigador de las mitocondrias del Laboratorio de Bioquímica de la Universidad Técnica de Zurich, ya advirtió en 1997 lo siguiente: “La supervivencia de la mitocondria, y por tanto de la célula como un todo, depende crucialmente tanto de un ADN mitocondrial intacto como de la síntesis proteica. Estudios sobre enfermedades relacionadas con ADN Mitocondrial muestran que un gran número de procesos degenerativos y muerte celular son causados por defectos en la fosforilación oxidativa mitocondrial (la fuente de energía). Pues bien, los antibióticos son compuestos dirigidos contra microorganismos que causan enfermedades y operan destruyendo la estructura de la pared celular, cambiando la permeabilidad de la membrana, transformando el ADN, inhibiendo la síntesis de proteínas o alterando el metabolismo energético. Como ex-bacteria la mitocondria posee aún atributos que sólo se encuentran en los microorganismos y por esa razón es posible que los antibióticos también produzcan cambios mitocondriales (…) Es pues de extrema urgencia estudiar los efectos de los antibióticos en la estructura hereditaria y funcionalidad de la mitocondria (…) En contraste con el ADN nuclear el daño al ADN mitocondrial, de acuerdo con los conocimientos actuales, o no se repara o sólo se repara parcialmente (…) En el estudio sugerido esperamos encontrar evidencias del daño inducido por medicamentos a la mitocondria. De particular importancia es la posibilidad, que no ha sido comprobada hasta ahora, de que los antibióticos puedan provocar mutaciones congénitas del ADN mitocondrial que puedan heredarse a través de la línea germinal materna a la siguiente generación. La evidencia de daño mitocondrial inducido por antibióticos tiene obvias consecuencias políticas, sociales y económicas de gran alcance”.

Es interesante constatar que el proyecto que Richter promovía no consiguió financiación ya que la condición que puso la multinacional Glaxo Wellcome para aportar fondos suponía controlar la investigación y -lo que es más importante- la publicación posterior de los resultados. Por desgracia en los treinta años transcurridos desde entonces sus sospechas se verían confirmadas por otros estudios.

En su libro La revolución silenciosa de la medicina del cáncer y el SIDA -publicado en 2001- el Dr. Heinrich Kremer llevó a cabo una minuciosa revisión de las investigaciones sobre las mitocondrias celulares planteando conclusiones muy graves. Kremer cuenta en su obra que ya en 1973 se había demostrado que el cloranfenicol inhibe la síntesis de proteínas en la mitocondria. “La síntesis proteica fue bloqueada en mitocondrias aisladas por lincomicina y antibióticos macrólidos (eritromicina, oleandomicina, espiramicina, tilosina y carbomicina)”. Y se sabe que el posible daño mitocondrial en las células humanas depende de si los antibióticos pueden traspasar la membrana celular y afectar el ADN. Pues bien, esto es lo que dice Kremer: “El cloranfenicol causa una depresión dosis-dependiente de la función de la médula ósea durante el tratamiento, probablemente por inhibición de la síntesis proteica mitocondrial. Y puede causar también una toxicidad de efecto retardado (anemia aplásica) mucho tiempo después de que el tratamiento haya acabado (…) En ratas la inhibición de la síntesis de proteínas mitocondriales a través de un tratamiento prolongado con tetraciclina causa un sustancial decrecimiento  del contenido de los complejos de la cadena respiratoria fosforilativa del músculo intestinal y esquelético”.

Cabe añadir que según un estudio de Gysling publicado en 1995 en Pharma-Kritik los antibióticos y sulfonamidas pueden dar lugar a…

…toxicidad hematológica y, por ende, a leucopenia, neutropenia, trombocitopenia (deficiencia de plaquetas) e hipoprotrombinemia (deficiencia del factor de coagulación II).

…cambios vasculares con vasculitis y periartritis nodosa.

…disfunciones en el sistema nervioso central con ataxia (dificultad para coordinar la musculatura), temblores, convulsiones, meningitis aséptica, psicosis con alucinaciones y depresión.

…problemas metabólicos con hipercalcemia (nivel elevado de calcio), hiponatremia (nivel reducido de sodio) e hipoglucemia (nivel reducido de azúcar).

…problemas gástricos e intestinales con vómitos, inapetencia, diarrea y colitis pseudomembranosa.

…problemas en hígado y páncreas con elevación de las transaminasas (incremento de enzimas hepáticas), hepatitis, colestasis intrahepática (estasis biliar), necrosis biliar (degradación celular hepática) y pancreatitis.

…nefrotoxicidad, nefritis intersticial (infección renal), cristaluria (excreción de cristales en la orina) y urolitiasis (piedras en los riñones).

…reacciones cutáneas como exantema, dermatitis exfoliante, eritrema multiforme, Síndrome de Stevens-Johnson, necrólisis tóxica epidérmica (degradación de las células cutáneas) y urticaria.

…fenómenos alérgicos y /o tóxicos posteriores con fiebre y angioedemas.

Terminamos indicando que durante nuestra conversación con la delegada de FEDER en el País Vasco tuvimos oportunidad de preguntarle por todo lo aquí explicado y trasladarle la idea de que parecía razonable explorar lo planteado, algo con lo que Juana María Sáenz se mostró de acuerdo ya que hasta donde ella sabía no se está investigando la posible relación de las enfermedades raras con los tóxicos industriales, las vacunas, los antibióticos y otros fármacos. Y sin embargo hay motivos suficientes así como investigaciones y trabajos como para inferir que detrás del cada vez más creciente número de enfermos de nuestra sociedad se hallan los tóxicos con los que se nos está envenenando debido a la masiva utilización de químicos que sufrimos y a la incomprensible e inadmisible medicalización de la sociedad.

 Jesús García Blanca

Recuadro:


Enfermedades raras de mayor prevalencia

 1. Ausencia congénita bilateral de los conductos deferentes. Se transmite como rasgo autosómico recesivo y afecta a aproximadamente a uno de cada 1.000 varones. Supone entre el 6% y 8% de las causas de azoospermia obstructiva. Se encuentra también en el 98% de los varones afectados por fibrosis quística.

2. Lupus eritematoso cutáneo. Enfermedad autoinmune más común en mujeres que en hombres que puede presentarse a cualquier edad aunque con mayor frecuencia entre los 10 y 50 años.

3. Obesidad debida a deficiencia del receptor de melanocortina. Es la forma más común de obesidad monogénica identificada hasta ahora. La prevalencia es de una por cada 2.000 personas y se caracteriza por obesidad grave con incremento de la masa corporal magra y de la densidad mineral ósea, aumento en el crecimiento lineal durante la primera infancia, hiperfagia a partir del primer año de vida e hiperinsulinemia grave con conservación de la función reproductora.

4. Persistencia del conducto arterioso. Se trata de una anomalía cardíaca congénita definida por un ductus arterioso que sigue siendo permeable en recién nacidos y mayores de tres meses; acaece en uno de cada 2.000 recién nacidosLa prevalencia es mayor en los niños prematuros, especialmente en aquellos con bajo peso al nacer.

5. Síndrome de Noonan. Se caracteriza por estatura baja, dismorfia facial, anomalías cardiovasculares -como deformación de la caja torácica-, déficit intelectual, tendencia a la hemorragia y otros trastornos menores. La incidencia se estima en un caso por cada 1.000-2.500 nacimientos.

 Otras enfermedades raras:

 –Acondroplasia. Deterioro de la capacidad de formar hueso a partir del cartílago.

Enfermedad de Addison. Se caracteriza por una función deficitaria de las glándulas suprarrenales.

Albinismo. Debida a defectos de la síntesis y distribución de la melanina.

Artritis Psoriásica. Parecida a la artritis reumatoide se asocia a la psoriasis de la piel o de las uñas.

Ataxia telangiectasia. Descoordinación de los movimientos musculares; comienza generalmente en la infancia.

Síndrome de Bardet Bield. Se considera una enfermedad hereditaria multisistémica caracterizada por polidactilia (dedos adicionales), retardo mental, obesidad, subdesarrollo de los órganos reproductores, sordera y retinosis pigmentaria.

Enfermedad de Crohn. Patología inflamatoria del intestino que presenta diarrea, dolor abdominal, pérdida de peso y manifestaciones extradigestivas.

Dermatitis herpetiforme. Recurrencia crónica de picores, pápulas eritematosas, ronchas de urticaria y vesículas agrupadas en las superficies extensoras, glúteos y espalda.

Distrofia Muscular de Duchenne. Se trata de una neuromiopatía (degeneración de los músculos).

Síndrome de Ehlers Danlos. Fallo del metabolismo del colágeno que produce hiperextensibilidad de la piel, laxitud articular y fragilidad de la piel y otros tejidos conectivos.

Fibrosis Quística. Se caracteriza por la presencia de infecciones respiratorias crónicas, insuficiencia (fracaso funcional) pancreática y afectación de hígado y bazo.

Síndrome de Gordon. Combinación de camptodactilia (varios dedos con posición flexionada fija), pie zambo y otras deformaciones (giro anómalo de los pies hacia dentro).

Hemocromatosis. Sobrecarga de hierro debida a una hiper-absorción intestinal que da lugar a complicaciones metabólicas y viscerales severas incluyendo cirrosis, diabetes, artropatías e insuficiencia cardiaca.

Enfermedad de Huntington. Degeneración progresiva del sistema nervioso central que se caracteriza por corea (movimientos involuntarios del músculo), alteraciones del comportamiento y demencia.

Narcolepsia. Trastorno del sueño caracterizado por somnolencia diurna excesiva acompañada de ataques de sueño incontrolables y cataplexia (pérdida de tono muscular, a menudo desencadenada por emociones agradables).

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Mayo 2016
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