Avances en la curación de las enfermedades autoinmunes


La bacteria causante de la diarrea podría ser el remedio para curar algunas enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide, la diabetes tipo 1 o la esclerosis múltiple. Al menos, así lo acaba de comunicar a la comunidad científica el inmunólogo británico Neil Willians. Una noticia que ha sido acogida con interés dado el gran número de personas que sufren estas enfermedades en todo el mundo.

Como saben los médicos y quienes padecen el problema, en las enfermedades autoinmunes el sistema inmunológico pierde el control y empieza a atacar a sus propios tejidos como si fueran extraños. Pues bien, el doctor Neil Willians -de la Universidad de Bristol-acaba de publicar un sorprendente artículo en el que demuestra que la Escherichia Coli (E. Coli) -la bacteria que provoca la diarrea- fabrica una molécula que desactiva la respuesta anómala del sistema inmunitario. En realidad, todos tenemos enormes cantidades de E. Coli en el intestino pero constituyen una minoría las personas que poseen un gen más que les permite fabricar la toxina causante de la diarrea.

Este descubrimiento es el fruto de un proyecto a largo plazo del que forman parte el mencionado Dr. Williams y el profesor Tim Hirst -del departamento de Patología y Microbiología de la Universidad de Bristol- en el que han estudiado una enteroxina de la E. Coli que se altera con el calor. La deposición líquida que causa la diarrea asegura la difusión del microorganismo que, a través del agua, se transmite a otros huéspedes. La toxina consta de dos partes, A y B. La célula causante de la diarrea es la A, que penetra en las células del intestino causando la secreción líquida. Sin embargo, la parte B no es tóxica y es precisamente en la que centran los estudios de Bristol. A través de esta parte, la bacteria hace penetrar en las células la parte A, uniéndose a las moléculas especiales que actúan como receptores en las paredes celulares.

“Las subunidades B aisladas –explica el doctor Williams- se unen a los receptores de las paredes celulares. Pero como no son tóxicas, eso es todo lo que hacen, al menos en las células del intestino. Hace ya años nos dimos cuenta de que si se unen a otras células, como las del sistema inmunitario, pueden modificar su comportamiento”. El caso es que como resultado de esta investigación los científicos observaron en el laboratorio que se podían utilizar las subunidades B para la prevención y tratamiento de enfermedades del sistema inmunitario, como la artritis reumatoide y la diabetes de tipo 1.

En las enfermedades autoinmunes la evolución ha producido un método sofisticado y eficaz de distinguir los componentes naturales del cuerpo de los invasores extraños y de actuar en consecuencia. Pero, como sucede a menudo en la naturaleza, existe un equilibrio que inevitablemente se rompe en algún momento. La vigilancia del sistema inmunitario, suficiente para destruir los virus y bacterias invasores, debe atemperarse para que el sistema no ataque cualquier parte del propio cuerpo que considere “sospechosa”.

“Una enfermedad autoinmune–explica el Dr. Williams-es un proceso en el que se ha roto ese equilibrio. El sistema inmunitario no reconoce que algunas partes del cuerpo -como las articulaciones en el caso de la artritis reumatoide- no son enemigas. Es decir, las considera extrañas y las ataca. El éxito en el tratamiento de la autoinmunidad depende pues de evitar esos procesos erróneos pero permitiendo que el sistema siga funcionando normalmente contra los auténticos invasores. Cuando empezamos a estudiar el comportamiento de las proteínas receptoras nos dimos cuenta de que los cambios que originaban en el sistema inmunitario podían llevarnos a evitar sus comportamientos erróneos, como el que da lugar a la artritis”.

Los modelos de enfermedades confirmaron este punto de vista: “Lo que tratamos de hacer con esas células, pues, no es destruirlas sino reorientar su comportamiento. Hemos empezado a trabajar con muestras de sangre humana para ver si los efectos que buscamos se producen también en las personas. Confiamos en que los datos que ya tenemos nos sirvan para comenzar las pruebas clínicas”, dice el Dr. Williams.

Para ello se va a utilizar la parte B de la proteína suministrándola a través de la nariz mediante un spray. Además, mezclándola con algunos componentes del agente infeccioso -como el virus del herpes- se va a estudiar la respuesta de la vacuna al ataque del virus.
Este descubrimiento es muy importante pues podría permitir además tratar otras enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple.

Los investigadores advierten, en cualquier caso, que aún habría que esperar varios años para tener estos medicamentos en el mercado. En cualquier caso, no deja de ser una noticia esperanzadora.

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Octubre 2000
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