Inventan un método para hacer llegar rápidamente fármacos al cerebro

Uno de los principales problemas de los neurólogos a la hora de tratar accidentes cerebrales -como ictus o derrames- y patologías como el alzheimer o el parkinson es hacer llegar al cerebro los fármacos adecuados a las dosis precisas atravesando la barrera hematoencefálica sin provocar graves efectos secundarios en el resto del organismo. Pues bien, el neurólogo ucraniano Eduard Lerner ha desarrollado un método inocuo basado en la Electroterapia que lo logra. Calificado por la Asociación Holandesa de Inventores como precursor de “una nueva era en la Medicina” está siendo sin embargo inexplicablemente ignorado.

Hace ya 16 años –fue en 1997- la Asociación Holandesa de Inventores premió un diseño terapéutico presentado por el neurólogo ucraniano afincado en Holanda Eduard Naumovich Lerner con el galardón Dutch Top Invention al mejor invento por su proyecto Transnasal Drug Delivery System (Sistema de entrega transnasal de medicamentos) resaltando así la importancia de su descubrimiento: “Para los miembros de esta asociación el invento del doctor E. N. Lerner es comparable a los descubrimientos de la penicilina y la estreptomicina que llevaron a obtener el Premio Nobel a sus autores -el doctor holandés W. Einthoven por la penicilina y el americano doctor S. Waksman por la estreptomicina- ya que puede suponer una nueva era en la Medicina”. Ese mismo año, en Ginebra, el diseño de Lerner ganaría en la Feria Internacional de Inventos la Medalla de Oro al mejor invento del mundo.

Bueno, pues como tantos otros inventos o diseños que en el último siglo podrían haber supuesto enormes avances en el ámbito de la salud y la investigación éste corre el riesgo de caer en el olvido. Así pasó ya de hecho con los trabajos de George Lakhovski y su dispositivo de radiofrecuencias para tratar el cáncer y otras patologías que los guardianes de la ortodoxia médica intentaron silenciar a toda costa (lea en nuestra web –www.dsalud-com- el artículo que con el título El Oscilador de Ondas Múltiples de George Lakhovsky publicamos en el nº 154). Lo mismo que antes hicieron con Royal Rife (1888-1971) quien también se interesó por el uso terapéutico de las frecuencias para destruir microbios patógenos y cuyos microscopios fueron destruidos y su laboratorio asaltado y destrozado mientras un estrecho colaborador suyo moría en un misterioso incendio (lea en nuestra web el artículo que con el título Cáncer, virus y radiofrecuencias publicamos en el nº 96). Y con Dinshah P. Ghadiali (1873-1966) a quien se obligó en Estados Unidos a entregar todos sus libros, artículos y papeles sobre el Spectro-Chrome –un singular y eficaz dispositivo de Cromoterapia- a fin de ser quemados (lo contamos en el artículo que con el título MORA Color: un paso adelante en la biorresonancia apareció en el nº 113). Y con la doctora Hulda Clark (1928-2009), investigadora canadiense que entre otros dispositivos desarrolló el Zapper, pequeño aparato capaz de destruir con frecuencias los microbios patógenos y parásitos de todo organismo infectado (lea la información en el artículo El tratamiento del cáncer según la doctora Hulda R. Clark que se publicó en el nº 55).

IONTOFORESIS

En suma, el diseño de Lerner supone un paso sin precedentes que permite hacer llegar fármacos al cerebro por vía transnasal superando así la barrera hematoencefálica. Y lo hace mediante un dispositivo de Iontoforesis -conocida técnica que permite la dispensación de fármacos con ayuda de un campo eléctrico muy pequeño (0,3-3 mA) que se aplica externamente- que va unido a un dispensador de medicamentos. El lector interesado puede saber más sobre las aplicaciones tradicionales de la Iontoforesis en el trabajo Iontoforesis, dosis y tratamientos publicado por los investigadores Jesús Guodemar, Pablo García y Eva María Rodríguez en la revista Biociencias, publicación de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid. “La Iontoforesis –explican en él los autores- es la capacidad de introducir iones fisiológicamente activos a través de la epidermis y mucosas facilitada por una corriente o carga eléctrica. Es decir, una corriente ‘continua’ provoca la transferencia iónica al colocar iones de la misma carga sobre polos de igual signo. El objetivo es el envío de concentraciones terapéuticas de una droga a una superficie limitada con exposición mínima del resto del organismo a dicha sustancia”. Recordemos que los iones son partículas cargadas eléctricamente constituidas por moléculas que no son eléctricamente neutras. Iones de sodio, potasio, calcio y muchos otros esenciales para la vida que juegan un papel básico en la biología celular.

Resumiendo, una iontoforesis se realiza colocando el medicamento en función de su polaridad bajo el electrodo del mismo signo, al que se denomina electrodo activo en contraposición con el otro que cierra el circuito y se denomina electrodo pasivo o masa. Eso sí, los medicamentos a aplicar deben estar en forma de solución electrolítica.

De hecho en la actualidad esta técnica se usa ya para hacer llegar fármacos -tanto a nivel local como general- a través de la piel, es decir, de forma transdérmica. A nivel local básicamente anestésicos (como la lidocaína), esteroides y retinoides para el tratamiento de las cicatrices provocadas por el acné, el alivio de la hiperhidrosis palmar y plantar o la administración de pilocarpina en la fibrosis quística. E igualmente se usa para administrar antiinflamatorios –como el ketoprofeno- en los tejidos subcutáneos y las articulaciones. Es más, dada la naturaleza simétrica de la Iontoforesis -donde los iones son impulsados tanto hacia el interior como hacia el exterior del organismo- se utiliza también para obtener información del cuerpo sin necesidad de tomar muestras de sangre.

Pues bien, tras varios años de investigación Lerner se planteó como utilizar la pequeña zona de 2 a 3 milímetros que hay entre la cavidad nasal superior y el cráneo donde la barrera hematoencefálica no existe y puede utilizarse para hacer llegar fármacos al cerebro. Para lo cual Lerner diseñó un sencillo dispositivo de control que regula la carga eléctrica y permite llevar los fármacos al cerebro a través de las fosas nasales. Dispositivo que bautizó como Enhanced transnasal Drogas Delivery System (Sistema Mejorado de Entrega Transnasal de Medicamentos) y que…

…no es invasivo.
…permite controlar la dosis.
…mejora la eficacia del fármaco que se suministra.
…posibilita la automedicación.
…la técnica es bien aceptada por el paciente; y
…la cantidad de reacciones adversas del fármaco administrado es menor.

Lerner afirma por ello que su dispositivo permitiría tratar más eficazmente situaciones de urgencia y patologías en las que hoy resulta difícil administrar fármacos: ictus, derrames cerebrales, encefalitis, meningitis, enfermedad de Huntington, daño cerebral traumático, lesión de la médula espinal, demencia, alzheimer, parkinson, esclerosis múltiple, determinadas infecciones, esquizofrenia, patologías de órganos sensoriales, adicciones a la nicotina, el alcohol y las drogas, dolor crónico, pacientes en estado de coma…
Podría incluso usarse para prevenir patologías cerebrales suministrando principios activos a las personas de edad y mantener así su cerebro en buenas condiciones.

UN PASADO DE ÉXITOS MÉDICOS

El diseño terapéutico del doctor Lerner no es fruto de una mera inspiración sino el resultado de una larga trayectoria médica que empezaría en diciembre de 1955 cuando tras finalizar de forma brillante sus estudios se trasladó a Moscú para trabajar en una clínica neurológica en la que precisamente empezó a desarrollar la aplicación de fármacos por vía intranasal mediante iontoforesis. A los 32 años Lerner leería la tesis doctoral y pronto se convertiría en Jefe del Servicio de Derrames Cerebrales del Departamento de Neurología del hospital en el que trabajaba publicando en los años siguientes numerosos artículos sobre sus investigaciones que daría a conocer en diversas conferencias internacionales. Posteriormente pondría en marcha un laboratorio de Electroencefalografía en Moscú -el primero de ese tipo en la ciudad- y orientó a algunos ingenieros para la construcción de una cámara hiperbárica con la que tratar a los pacientes afectados por ictus (infartos cerebrales). Años después –concretamente en mayo de 1988- Lerner se trasladaría a vivir a los Países Bajos donde continuaría sus investigaciones.

Cabe añadir que en la actualidad ha publicado ya más de 140 artículos científicos y patentado dos tratamientos considerados revolucionarios: un mejorado sistema de administración de fármacos para el cerebro bautizado como Enhanced transnasal Drogas Delivery System (ETDDS) –Sistema mejorado de entrega transnasal de medicamentos- registrado en 2012 y una herramienta de diagnóstico conocida como Electroautonomograph (Elecroautonomógrafo). La aplicación terapéutica del primero resolvería uno de los principales problemas con los que se enfrenta hoy la Medicina: la barrera hematoencefálica que protege al cerebro y al sistema nervioso central de los componentes nocivos presentes en la sangre y que, por su propia naturaleza, supone un impedimento a la hora de intentar hacer llegar los fármacos que se administran por vía oral, intramuscular o intravenosa, algunos de los cuales sí logran atravesar la barrera hematoencefálica pero a costa de afectar negativamente en su viaje hasta el cerebro a otros tejidos y órganos; de hecho la mayoría dañan los riñones y el hígado.

En suma, la eficacia terapéutica de numerosos agentes biológicamente activos es restringida, bien porque no pueden atravesar la barrera hematoencefálica, bien porque alcanzan su objetivo pero en dosis inferiores a las necesarias para ser terapéuticamente útiles. Lo que suele “obligar” a los médicos a dar cantidades excesivas que el organismo tolera mal. Es el caso por ejemplo del tratamiento con tacrina, medicamento usado en los casos de demencia en personas con alzheimer que provoca daños graves en hígado, estómago e intestinos así como en otros órganos.

Es verdad que en la última década se han publicado varios artículos que hablan de la administración de fármacos para el cerebro que se depositan simplemente en las fosas nasales pero esa vía dificulta o impide a menudo asegurarse de que lleguen en dosis terapéuticamente eficaces; su eficacia depende de las propiedades fisicoquímicas de cada fármaco. Es por ejemplo el caso de los medicamentos de moléculas grandes (como los que contienen proteínas y péptidos).

Y es que en el caso de este tipo de aplicación pasiva el agente terapéutico se deposita en la región olfativa y su transporte se basa en su difusión a través del epitelio o mucosa olfativa, área de entre 2 y 10 cm2 que en los humanos y primates se encuentra en la parte superior de la cavidad nasal; concretamente entre el tabique nasal central y la pared lateral de cada conducto, región libre de flujo de aire que se encuentra justo bajo la placa cribiforme del hueso etmoides. Sin embargo Lerner ha desarrollado un método que permite introducir en el cerebro -mediante iontoforesis- la cantidad exacta necesaria de cualquier fármaco a través de un punto determinado de la cavidad nasal y a una velocidad controlada. Con lo que los fármacos para enfermedades como el alzheimer, el parkinson y otras similares podrían administrarse a diario -incluso 2 o 3 veces- durante años.

DETALLES DE LA INVENCIÓN

Agregaremos que el dispositivo de Lerner incluye un sistema de colocación para el medicamento y un dispositivo controlador programable de la iontoforesis. Lo que se hace es introducir dos tubos estériles en las fosas nasales; uno que permite administrar el fármaco y otro que no es sino una solución de limpieza a base de cloruro sódico (sal). Obviamente el tratamiento puede requerir la administración del fármaco en una sola fosa nasal o en las dos; ejemplo del primero sería un tratamiento de la hemiplejía, patología en la que sólo la mitad del cuerpo está paralizada por lo que sólo una parte del cerebro requeriría en principio ser tratada.

Los tubos por lo que se hace llegar el medicamento son evidentemente muy finos -de entre 1 y 5 mm de diámetro- y se hacen de un material muy suave para no causar irritación aunque en su seno hay también un alambre -generalmente de plata- por donde circula la carga eléctrica necesaria para la iontoforesis.
El dispositivo incluye finalmente un electrodo pasivo revestido de caucho y algodón empapado en sal -para aumentar la eficacia de la carga- que se coloca en la parte posterior de la cabeza.

RESULTADOS DE LAS PRUEBAS ETDDS 

Debemos añadir que el método se probaría inicialmente en conejos y monos en el Laboratorio de Farmacología y Toxicología de Hamburgo (Alemania) utilizándose en las pruebas metilprednisolona, metotrexato, levodopa y clorhidrato de tacrina. En cuanto a su eficacia se puso a prueba comparando los niveles de esos medicamentos en el cerebro mediante el uso de este sistema -con y sin corriente eléctrica- e inyecciones intravenosas a altas dosis.

“Analizados todos los segmentos cerebrales –se asevera en el estudio con conejos- se observó una mayor presencia de los medicamentos en los animales que fueron sometidos a iontoforesis en comparación con los que fueron tratados a altas dosis por vía intraarterial. Y sin producir daño alguno según constató el examen histopatológico de sus mucosas nasales. La iontoforesis transnasal es pues un método de aplicación de fármacos para el cerebro no invasivo y seguro. Y permite aumentar la cantidad de un medicamento en el cerebro de forma eficaz”.

En cuanto al estudio realizado con monos –titulado Non Invasive Intracerebral Drug Delivery System Pilot Study in The Cynomolgus Monkey (Estudio piloto del sistema de entrega intracerebral en el mono cynomolgus)- las conclusiones fueron similares: “La seguridad de la iontoforesis transnasal se confirmó con un examen histopatológico de la mucosa nasal. No se observó ni irritación ni lesión alguna tras el tratamiento. Y los resultados muestran que el nivel de metilprednisolona en el cerebro fue mayor usando la iontoforesis nasal”.

Algo más complejo sería el experimento recogido en el trabajo Enhanced delivery of octreotide to the brain via transnasal iontophoretic administration (Refuerzo del envío de octreotide al cerebro mediante administración iontoforética transnasal) publicado en 2004 en Journal of Drug Targeting. En él se examinó la utilidad de un campo eléctrico para llevar un fármaco antitumoral -el octreótido– al cerebro de conejos. Para ello se colocaron en un grupo de conejos electrodos en ambas cavidades nasales -conteniendo el octreótido- y otro de retorno en la parte posterior de la cabeza y se aplicó una intensidad de corriente de 3,0 mA durante 60 minutos. A un segundo grupo se le colocaron los electrodos pero no se les aplicó la corriente eléctrica. Y a un tercero se les aplicó solo una inyección intraarterial con el octreótido. Finalizado el experimento se sacrificó a los animales y se tomaron muestras de cerebro, médula espinal, líquido cefalorraquídeo y plasma para medir los niveles de octreótido. Luego, en un segundo experimento, se extraería sangre a un grupo de conejos antes de administrarles los fármacos con el fin de averiguar la capacidad de la iontoforesis para transportar el octreótido hasta el cerebro en ausencia de sangre.
Pues bien, “en ambos experimentos –se asevera en las conclusiones- la iontoforesis transnasal dio lugar a niveles significativamente elevados de octreótido en el cerebro”. Según se explica el fármaco estaba presente en todas las muestras -desde el bulbo olfativo al cerebelo- con niveles entre 2 y 13 veces superiores a los conejos del grupo de control. De ahí que se afirme: “Los resultados demuestran que el electrotransporte transnasal es un enfoque único y mínimamente invasivo para la administración de fármacos que ayuden a mejorar el cerebro”.

Hay que recordar por último que Lerner también ha diseñado un dispositivo conocido como Electroautonomography (Electroautonomografía). Se trata de un método no invasivo basado en el registro de los potenciales de la piel y otras señales eléctricas que permite diagnosticar trastornos del sistema nervioso autónomo al proporcionar simultáneamente datos que normalmente se obtienen con electroencefalogramas, electrocardiogramas, electromiogramas, electrogastrogramas y electrooculogramas así como información del pulso, la respiración, la presión arterial y la temperatura, entre otros parámetros; dispositivo que según la propia Asociación holandesa de inventores ha sido ya testado con éxito en hospitales y centros médicos de Estados Unidos, Holanda, Alemania, Inglaterra, Bélgica e Irlanda entre otros países. “Se trata de un dispositivo único en el mundo –sostiene la asociación holandesa de inventores- pues mide múltiples parámetros que se obtienen de una sola vez”. Añadiendo:Permite hacer un diagnóstico preclínico sobre la base de desregulaciones del sistema nervioso que no se utilizan hoy en la práctica médica”. Es más, según afirman permite diagnosticar patologías hasta ahora no diagnosticables o muy difíciles de hacerlo.

Bueno, pues a pesar de todo lo explicado tanto la Electroautonomografía como el Sistema Mejorado de Entrega Transnasal de Medicamentos sigue a día de hoy sin utilizarse en casi ningún centro sanitario. Realmente esperpéntico.

Antonio F. Muro

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166
Diciembre 2013
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