La felicidad ha sido siempre más difícil para las mujeres

 

Luis Rojas Marcos -el prestigioso psiquiatra español que actualmente preside la Corporación Sanitaria y Hospitalaria de la Ciudad de Nueva York- estuvo recientemente en España para presentar su última obra: Nuestra felicidad. Discovery DSALUD aprovechó la ocasión para conversar con él en exclusiva sobre la situación de la Psiquiatría en el siglo XXI y sobre las contradicciones en las que está sumergida la sociedad actual.

Luis Rojas Marcos –nacido en Sevilla en 1943- emigraría muy joven a Estados Unidos a estudiar Psiquiatría y allí ejerce desde 1967. En la actualidad no sólo es profesor de Psiquiatría en la Universidad de Nueva York sino que preside todo el sistema hospitalario y sanitario de esa ciudad. Creador del Proyecto Ayuda para socorrer enfermos mentales sin techo es autor de libros como La ciudad y sus desafíos, Antídotos de la nostalgia, La pareja rota y Semillas de violencia (éste último sobre el incremento de la violencia juvenil en las grandes ciudades) a los que hay que añadir su última obra, Nuestra felicidad, que acaba de editar Espasa Calpe.

-Usted ha roto con muchos esquemas en Psiquiatría. Y, de alguna manera, se ha distanciado del Psicoanálisis orientándose mas hacia la Psicología Transpersonal. ¿Estamos, en ese sentido, muy atrasados en España?

-No puedo comentar lo que ocurre en España. No conozco bien el panorama ni la situación. Sería muy arriesgado, pues, manifestarse en ese sentido. En cualquier caso, creo que en España hay una Psiquiatría moderna que está a alto nivel. Lo que pasa es que se trata de una ciencia que ha ido por detrás de la Medicina. Los grandes avances que han tenido lugar recientemente en Psiquiatría se han producido sólo en el área farmacológica y a la hora de comprender mejor el funcionamiento del cerebro humano. Pero la psicoterapia y el uso del lenguaje como herramienta para curar -que avanzó mucho en las décadas de los 30, los 40 y los 50- ha progresado luego con mucha menos rapidez en comparación con los avances acaecidos en Biología y Bioquímica. Además, la Psiquiatría y la Psicología se han ido distanciando y pienso que un día, probablemente no muy lejano, los psiquiatras desaparecerán. Habrá psicólogos, la mayoría mujeres, que serán las que nos ayudarán a tratar los problemas de la vida, las relaciones personales, los problemas de autoestima, los miedos y las angustias.

Asimismo, trabajarán -en su ámbito- los genetistas, los neurólogos y los especialistas en farmacología para intentar ayudarnos a superar nuestros problemas físicos y quizás prevenir, gracias al conocimiento genético, enfermedades de origen hereditario como la esquizofrenia.

-¿Por qué hoy la juventud es un valor y se menosprecia la vejez, en buena medida fuente de sabiduría? En otras culturas eso no es así…

-Esa actitud responde a un estereotipo. Se trata de un prejuicio que nace de un supuesto: que hay un grupo de seres humanos que no es como los demás, que son “diferentes”. No sólo pasa con las personas mayores sino también, por ejemplo, con las mujeres o los inmigrantes. En el ser humano existe tendencia a deshumanizar a los otros y dejarlos fuera del grupo. A las personas mayores se las separa y se las trata como a personas diferentes, lo que sirve para justificar políticas sociales mezquinas hacia ellas, que las marginan. En nuestra sociedad lo viejo se tira, no sirve. Mientras, se vive una idealización de la juventud, en parte fomentada por los valores culturales de la belleza y del aspecto exterior.

-¿Le damos demasiada importancia al aspecto externo?

-Se le da mucha importancia porque detrás de esa tendencia se esconde toda una industria de la belleza multibillonaria. La industria de la apariencia se nutre de todo ello y ahí entran la cirugía estética, las dietas, los gimnasios, etc. Todo está enfocado para mantener el cuerpo bajo una apariencia joven y, en el caso de la mujer, además de joven, también delgada. El peso constituye una ficción, sobre todo en las mujeres jóvenes. En determinados casos, como se sabe, se desarrollan a causa de ello problemas gravísimos como la anorexia y otros trastornos de la alimentación.

-Ciertamente, la mujer se ha liberado en Occidente de ciertas cadenas pero sigue prisionera de la apariencia y eso la lleva a intentar parecer siempre delgada y joven, lo que la obliga a luchar contra sí misma.

-Es exactamente así. Hace más de 50 años se descubrió la píldora anticonceptiva, el primer medicamento de “calidad de vida” dirigido a controlar la reproducción y no a curar enfermedades. Ello coincidió con el movimiento feminista de los años 60 y 70. Y ambos factores, unidos, movieron a la mujer a luchar por conseguir también la igualdad de oportunidades con el hombre. En Estados Unidos y en Europa se produjo así la liberación de la mujer pero, efectivamente, ese movimiento contrasta con el hecho de que, a medida que la mujer adquiría más posición social y mayor poder adquisitivo, se ponía más énfasis en su aspecto físico. Tener una apariencia juvenil, delgada y erótica se ha convertido hoy para la mujer en una obsesión y el hombre utiliza a la mujer de esas características como un valor. En esta sociedad, el hombre que se pasea con una mujer que responde a ese modelo es un hombre que aumenta su autoestima. Se ha convertido en una especie de moneda de cambio. Ahí está claro que existe una incongruencia.

-En nuestra sociedad, por contraste, también está de moda el voluntariado. Ahora bien, ¿responde también a una moda o se trata de algo más?

-No, no es una moda. Ser solidario es una cuestión genética. Ser solidario está en nuestros genes. La solidaridad, la bondad, es una cualidad biológica: no hay ningún grupo social animal o humano que pueda sobrevivir sin que algunos de sus miembros se sacrifiquen por los otros. La solidaridad es un ingrediente básico de nuestro instinto de conservación. Para que una sociedad pueda conservarse tiene que existir la solidaridad. Sin que las madres se sacrifiquen por sus hijos o haya unos que protejan a los otros, el grupo muere y desaparece. Lo que ocurre es que nos llama la atención esa tendencia porque se cree que el hombre es malo por naturaleza. Se repite que el hombre es un lobo para el hombre y prácticamente todas las religiones están basadas en esa falsa creencia. Porque la realidad es que la bondad es algo natural y biológico.

-Estamos llenos de contradicciones…

-Sí, pero eso también es normal. Y a pesar de ellas, la historia demuestra que seguimos avanzando. Cada vez vivimos más y mejor. Hoy vivimos el doble que antes y nuestra calidad de vida también ha aumentado en todos los sentidos. La medicina ya no sólo se ocupa de curar enfermedades sino que se dedica a ayudarnos a vivir mejor: tenemos anticonceptivos, cremas antiarrugas, cirugía plástica, Viagra, Prozac… Son ejemplos de la medicina de la calidad de vida. También gozamos de otras comodidades como Internet o el aire acondicionado. Yo, por ejemplo, soy un inmigrante. Dejé mi país con 24 años y llevo 33 fuera de España. Pero tengo la suerte de pertenecer a un grupo de inmigrantes cada día más numeroso que puede, gracias al avión y al teléfono, mantenerse en contacto con dos culturas: la de origen y aquella que le ha aceptado. Años atrás el que se iba no podía regresar o lo hacía cuando ya era muy mayor. Los avances tecnológicos nos benefician tanto a nivel moral como a nivel de calidad de vida.

-Pero, ¿no es también cierto que cada día hay más gente que acude al psicólogo?

-También nuestros dilemas son cada día más complejos. Hoy, por ejemplo, ser madre o padre es más complicado que hace cincuenta años. Hoy, la madre y el padre se hacen preguntas más complejas. Hay más opciones y todo son dilemas positivos pero que implican un conocimiento. Se quiere ir al fondo de los problemas y se busca consejo en especialistas. No hace mucho tiempo las angustias se curaban yendo con los amigos pero ahora se requiere un tratamiento más especializado. Es útil ir en busca de un profesional que entiende de esos temas y buscar consejo. No es que estemos más enfermos pero la vida es más compleja y necesitamos especialistas en estas cuestiones de amor y de educación. Antiguamente se iba al confesor, al amigo, al familiar o al vecino. Hoy tenemos más conciencia de que necesitamos un especialista.

-¿Y cómo se explica que haya actualmente un mayor índice de suicidios en las sociedades occidentales? ¿O es que no es así?

-La tasa de suicidios no ha cambiado a lo largo del tiempo en las sociedades. Cambia poco de año a año y no parece que haya habido aumento. El problema es que el suicidio es un tabú y se oculta. Los familiares intentan negarlo y por eso es difícil conocer la tasa real. Eso sí, hay muchos más accidentes de tráfico que podrían considerarse autoprovocados, hay alcoholismo, drogadicción… un tipo de suicidio lento. Pero parece que el número de “suicidios” se mantiene constante en las últimas décadas.

Por otra parte, en los países nórdicos la violencia, en lugar de expresarse hacia fuera se expresa hacia dentro. En contraste, la tasa de homicidios es muy baja en Suecia mientras en Estados Unidos es alta.

LA FELICIDAD NO ES INALCANZABLE

-Usted acaba de publicar Nuestra felicidad, una obra que postula que la felicidad es posible.

-Es posible en tanto que grado de autosatisfacción. Pero requiere trabajar sobre uno mismo a fin de alcanzar ese estado placentero que se cifra más en la paz de espíritu que en la exaltación sentimental, que es normalmente lo que se entiende por felicidad.
En la elaboración de nuestro particular sentido de la felicidad influyen experiencias de la vida que nos marcan, ilusiones y miedos que alimentamos, los recursos a nuestro alcance, nuestra salud física y mental, el estado de las relaciones con los demás, la personalidad, el equipaje genético, el temperamento, la constitución física o el grado de vitalidad que traemos al mundo.

-Pero el concepto de felicidad no es el mismo en todas las culturas…

-Cierto. Como también cambia con el tiempo. Es más, su significado puede ser distinto incluso entre las personas de una misma cultura o sociedad. Hasta es distinta en cada persona en función de su edad y circunstancias. Porque la idea de dicha no puede ser la misma a los siete años que a los catorce, a los cuarenta que a los ochenta. En definitiva, la felicidad es, esencialmente, algo subjetivo.

-Distintas encuestas indican que entre el 65% y el 85% de la gente está satisfecha con la vida que lleva.

-Una encuesta realizada recientemente por The New York Times reflejaba la tendencia de algunas personas a creer que la sociedad está en peores condiciones que ellos mismos. El 60% piensa que la mayoría de la gente está demasiado preocupada con sus problemas. Y sólo un 17% afirma estarlo por los suyos propios. El 37% opina que la mayoría se aprovecha de los demás… pero sólo un 12% asegura conocer a alguien que lo hace. El 18% considera importante el atractivo físico y el 60% opina que casi todo el mundo da demasiada importancia a la apariencia. Son evidentes las contradicciones. Por tanto, se cumple el aforismo de Nietzche de que “interpretamos el mundo según nuestros deseos”.

-Luego, la actitud con que se afronta la vida es básico…

-Sí. Es más, nuestro humor es el árbitro de nuestro grado de satisfacción ya que modula nuestra visión positiva o negativa del mundo. Por eso es tan cierto que la felicidad se evapora a menudo en el espacio entre lo que tenemos y lo que queremos -o pensamos que nos merecemos-, entre lo que poseemos y lo que poseen nuestros vecinos.

Además, hay que distinguir entre felicidad y placer porque no son sinónimos aunque se confundan. El placer tiene que ver con el cuerpo y la felicidad con la psique.

Hay que añadir que la tasa de optimismo y satisfacción en España es bastante alta. Según un informe de la Universidad Complutense dirigido por el sociólogo Amando de Miguel en los años 90, el 23% de los españoles se sentían muy satisfechos, algo más de la mitad se consideraban bastante satisfechos y sólo un 20% lo estaban poco o nada. Índice de bienestar psicológico colectivo que estaba -cuando se hizo- por debajo del nivel de los daneses y holandeses pero por encima de portugueses, italianos, griegos y franceses.

-Y, según los datos que usted maneja, ¿quiénes son más felices?, ¿los hombres o las mujeres?

-La felicidad ha sido históricamente más difícil para las mujeres porque han estado casi siempre sojuzgadas. Algo que, lamentablemente, sigue sucediendo en la mayor parte del mundo. Afortunadamente, bastantes mujeres han aprendido a compensar su situación de desventaja social buscando gratificaciones a través de sus cualidades vitalistas y humanizantes naturales como es la capacidad única que tienen para vincularse al proceso diario de sustentación de la vida, su particular habilidad para resolver conflictos sin violencia o su aptitud para situar el bienestar tangible propio y de sus seres queridos por encima de conceptos abstractos.

Recordemos que la clave de la felicidad está en pensar en positivo, mantener un buen vínculo con los demás (familia y amigos) y saber disfrutar de los placeres de la vida de forma sensata y sin excesos. Además, hay que aprender a proponerse metas alcanzables, ser optimistas, valorarse, aferrarse más al futuro que al pasado, disfrutar del entorno y actuar en conciencia.

-¿Y cuáles son los principales enemigos de la felicidad?

-Los miedos, el odio y la envidia.

-¿No influyen las creencias religiosas en todo esto?

-Verá, a pesar de las diferencias de credos entre las personas todas comparten la convicción de que la vida tiene sentido y de que la paz con uno mismo, el amor al prójimo y la bondad son realmente importantes. Y eso prima.

Silvia Diez
 

Este reportaje aparece en
31
Septiembre 2001
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