La Terapia Sacrocraneal

Desarrollada por el osteópata estadounidense William G. Sutherland a principios del siglo XX la Terapia Sacrocraneal es un sistema de manipulación manual que se basa en el principio de la existencia de una pulsación rítmica sutil que emerge de los tejidos y fluidos del núcleo del cuerpo -puede ser percibido como un movimiento respiratorio sutil en todas las estructuras que componen el sistema craneosacral (encéfalo, médula espinal, líquido cefalorraquídeo, meninges, huesos craneales, pelvis y sacro)- y se transmite a todos los órganos y tejidos corporales; determinando su potencia y calidad el estado de salud y vitalidad del organismo. Y es que los tejidos del cuerpo pueden contraerse debido a un golpe pero también al estrés y a la tensión emocional física, emocional y psíquica limitando su buen funcionamiento. Lo explicamos en detalle.

La Terapia Sacrocraneal fue desarrollada por el osteópata estadounidense William G. Sutherland, discípulo directo del cirujano norteamericano Andrew Taylor Still quien unas décadas antes había desarrollado la disciplina terapéutica que se conoce como Osteopatía y que se basa en el principio de que la manipulación física de los músculos y huesos del cuerpo puede ayudar a resolver muchas patologías. De hecho la Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera en sus directivas sobre medicina tradicional y complementaria un tipo más de medicina afirmando sobre ella en un reciente documento titulado Parámetros para la formación en Osteopatía publicado en 2010 lo siguiente: “La Osteopatía (también llamada Medicina Osteopática) utiliza el contacto manual tanto para el diagnóstico como para el tratamiento y respeta la relación cuerpo-mente-espíritu en la salud y la enfermedad poniendo énfasis en la integridad estructural y funcional del organismo y la tendencia intrínseca del cuerpo a la autocuración. Los osteópatas utilizan una amplia variedad de técnicas manuales terapéuticas para mejorar la función fisiológica y/o dar apoyo a la homeostasis que ha sido alterada por una disfunción somática (en el marco del cuerpo), es decir, del deterioro o alteración funcional de estructuras relacionadas con el sistema somático, estructuras esqueléticas, artrodiales y miofasciales, y estructuras relacionadas con elementos vasculares, linfáticos y neurales”.

De hecho es precisamente su filosofía y su capacidad de diagnóstico y actuación sobre los distintos órganos y funciones lo que diferencia la Osteopatía de la Fisioterapia. “La práctica de la Osteopatía -dice el documento de la OMS- es distinta de otras disciplinas que también utilizan técnicas manuales, como la Fisioterapia y la Quiropráctica, a pesar de algunas coincidencias en las técnicas e intervenciones empleadas”.

La Osteopatía es, en suma, una práctica médica que cuenta con el aval de la OMS habiendo ya países -como Estados Unidos- en los que su enseñanza está regulada oficialmente desde hace más de 40 años. De hecho los osteópatas reciben allí una preparación y prácticas en muchos aspectos similar a la de los médicos convencionales pero con una formación adicional sobre Anatomía y técnicas de manipulación manuales. Es más, existen ya 19 universidades con escuelas de Osteopatía que imparten programas de cuatro años. Habiendo ya en Estados Unidos un osteópata por cada médico convencional siendo sus trabajos a menudo complementarios y de ahí que muchos trabajen ya en clínicas y hospitales.

En cuanto a Europa la Osteopatía se considera una profesión independiente y distinta de la de médico a raíz de la Resolución Lannoye/Collins que el Parlamento Europeo aprobó el 29 de mayo de 1997. Lamentablemente su regulación varía de un país a otro. Eso cuando existe alguna normativa porque en España por ejemplo no está siquiera regulada al igual que sucede con la mayoría de las llamadas medicinas alternativas y complementarias que la OMS avala y cuya regulación lleva pidiendo décadas de forma reiterada sin que los gobiernos europeos, presionados por la industria farmacéutica y los colegios médicos que reclaman la exclusiva del diagnóstico y tratamiento de las enfermedades, hagan el menor caso (lea al respecto en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título ¡La OMS insiste en que se regulen las medicinas tradicionales y alternativas! apareció en el nº 170). Sí lo está en cambio en otros como Suiza, Portugal y Gran Bretaña; siendo en este último país donde antes se reguló merced a la aprobación de la Osteopaths Act de 1993 que la reconoció legalmente; es más, es la medicina no convencional más popular de Reino Unido donde uno puede obtener su licenciatura.

Evidentemente al no usarse fármacos se ha achacado a la Osteopatía -como a las demás formas de tratar la salud que no utilizan medicinas de síntesis patentadas- no estar “científicamente avalada”. Sin embargo quienes así lo creen se equivocan. A día de hoy existe un amplio volumen de estudios y trabajos desarrollados bajo estrictos criterios científicos que respaldan su eficacia. Destacando en ese sentido el Centro de Investigación Osteopática (ORC por sus siglas en inglés) del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad del Norte de Texas en Denton (EEUU) que cuenta con financiación privada y federal y fue creado en 2001 por iniciativa de varias organizaciones osteópatas norteamericanas. En él se han llevado a cabo -y se llevan- estudios supervisados por los Institutos Nacionales de Salud. Como el publicado en 2010 por la doctora Lisa M. Hodge -del Departamento de Biología Molecular e Inmunología- titulado Lymphatic Pump Treatment Mobilizes Leukocytes from the Gut Associated Lymphoid Tissue into Lymph (El tratamiento con la técnica de bomba linfática moviliza los leucocitos desde el tejido linfoide asociado a las mucosas intestinales a la circulación linfática) en el que se demostró que manipular la linfa actuando sobre la zona abdominal mejora el estado de personas con infecciones y patologías inflamatorias. Un estudio que concluye asegurando: “Los informes clínicos sugieren que la técnica de bombeo linfático (LPT) estimula las respuestas inmunes acelerando la eliminación de la infección. Y es que la LPT aumenta la liberación de leucocitos por el tejido linfoide asociado al intestino hasta la circulación linfática. La información obtenida en este estudio fundamenta su utilización para mejorar la inmunidad”.

LA TERAPIA SACROCRANEAL

Pues bien, la capacidad para movilizar líquidos internos mediante manipulación es también la base de la Terapia Sacrocraneal y la desarrolló en la década de 1930 el ya citado doctor William G. Sutherland al constatar que los huesos individuales del cráneo son parcialmente móviles y que a través de la manipulación craneal se puede influir en todo el organismo. Y ello debido a cinco razones:

-La motilidad o pulsión sutil -detectable- del cerebro y la médula espinal.
-La fluctuación del líquido cefalorraquídeo.
-La movilidad de las membranas intracraneales y intraespinal.
-La movilidad articular de los huesos del cráneo.
-La movilidad involuntaria entre el sacro y el ilion que está sincronizada con el movimiento craneal a través de las meninges durales espinales.

Para Sutherland esa pulsación rítmica sutil -que denominaría mecanismo respiratorio primario– procede de los tejidos y fluidos del cuerpo percibiéndose como un sutil movimiento detectable en encéfalo, médula espinal, líquido cefalorraquídeo, meninges, huesos craneales, pelvis y sacro. Determinando su potencia y calidad el estado de salud y vitalidad del organismo.

El movimiento respiratorio primario -nos diría Gabriel Díaz, responsable de la Comisión Científica de Osteopatía de la Asociación de Profesionales de las Terapias Naturales (APTN-COFENAT)parece estar asociado con el líquido cefalorraquídeo que tiene una función importante en la respiración tisular interna; es decir, en la entrada de nutrientes en la célula y en la salida de ella de los residuos metabólicos. Y no sólo en el cráneo porque se propaga a través de todo el cuerpo. Tiene por tanto gran influencia en el equilibrio bioquímico del organismo”.

De hecho investigaciones recientes han confirmado el importante papel que el movimiento del líquido cefalorraquídeo juega en la limpieza del cerebro. Un grupo de investigadores del Centro de Conversión de Neuromedicina -del Centro Médico de la Universidad de Rochester en Nueva York (EEUU)- coordinado por J. J. Iliff investigó en ratones cómo se deshace de sus desechos el cerebro al carecer de sistema linfático comprobando que lo hace a través de unos canales perivasculares que rodean los vasos sanguíneos por los que fluye el líquido cefalorraquídeo; es pues a través de los mismos como se expulsan los productos de desecho del metabolismo celular. Flujo que regula el movimiento del agua permitiendo ello deshacerse de todos los solutos intersticiales -incluyendo las proteínas beta-amiloide solubles- desde el parénquima cerebral. Un sistema de limpieza cerebral que ha bautizado como sistema glinfático. Así lo explican en el trabajo A paravascular pathway facilitates CSF flow through the brain parenchyma and the clearance of interstitial solutes, including amyloid β (Una estructura perivascular facilita el flujo de líquido cefalorraquídeo a través del parénquima cerebral y el aclarado de solutos intersticiales, incluida la proteína beta-amiloide) publicado en 2012 en Science Translational Medicine.

Y ello explica en parte la eficacia de la Terapia Sacrocraneal: la manipulación hace que el líquido cefalorraquídeo fluya mejor y sea más rápida la expulsión de las sustancias de desecho –y las toxinas- del cerebro. Abriendo claramente la puerta a tratar de esta manera la hidrocefalia y otras patologías intracraneales; como los hematomas subdurales. Luego lo propuesto por Sutherland era correcto.

Y hay más: A. Ferguson publicó en 2003 en Journal of Osteopathic Medicine un trabajo titulado A review of the physiology of cranial osteopathy (Revisión de la fisiología de la Osteopatía craneal) en el que concluye que los cambios rítmicos en la vasomoción -contracción o dilatación- arterial provocan fluctuaciones en la presión y variabilidad en el ritmo cardíaco. “Los cambios en la presión arterial debidos a la sístole cardíaca y las variaciones más lentas debidas a la actividad vasomotora –explica Ferguson en él- mueven el cerebro y hacen que el líquido cefalorraquídeo fluya en los ventrículos y alrededor del cerebro y la médula espinal. Y son perceptibles en el interior del cráneo”. Añadiendo luego que la movilidad ósea del cráneo es perceptible gracias a las suturas craneales.

“Los huesos del cráneo –nos diría al respecto Gabriel Díaz- pueden moverse porque están separados por pequeñas suturas de unas micras de amplitud y forman entre ellos más de 100 articulaciones lo que aporta un movimiento relativamente amplio comparado con el limitado movimiento de cada una de ellas. Además los huesos de la cabeza -y de todo el cuerpo- se mueven mediante expansiones y contracciones a un ritmo de entre 6 y 12 ciclos por minuto (siendo un ciclo igual a una expansión y una contracción? Movimiento que puede tener ligeras variaciones pero que en condiciones normales es simétrico”.

Otros estudios relacionan directamente ya la Terapia Sacrocraneal con el funcionamiento cerebral. Shi Xiangrong -del departamento de Fisiología Integrativa del Centro de Investigación de Osteopatía antes citado- publicó en 2011 en The Journal of teh American Osteopathic Association un trabajo titulado Effect of Cranial Osteopathic Manipulative Medicine on Cerebral Tissue Oxygenation (Efecto de la medicina de manipulación craneal osteopática en la oxigenación del tejido cerebral) en el que asevera: “Nuestros datos sugieren que la técnica provoca una reducción leve pero estadísticamente significativa del flujo sanguíneo cerebral que se correlaciona con el tiempo de tratamiento como se manifiesta en la medición del índice de flujo sanguíneo cerebral. Por tanto esta técnica se podría aplicar para aliviar las condiciones asociadas con la hipertensión intracraneal o el volumen excesivo de flujo sanguíneo cerebral”

En suma, no faltan trabajos según los cuales la manipulación sacrocraneal puede incidir en el funcionamiento cerebral. Y nadie pone hoy en duda que todo lo que ocurre en nuestro cerebro acaba afectando de una manera u otra al resto del organismo. Luego actuar sobre el ritmo o pulso osteopático no es algo mágico sino un método científicamente fundamentado.

Nuestros propioceptores (receptores sensoriales) de las manos, como los del sistema nervioso, están capacitados para captarlos por lo que la educación del tacto capacita para sentir esos movimientos sutiles; solo hay que despertar y potenciar la capacidad de percepción. Las alteraciones de esos movimientos no son difíciles de detectar y se puede influir en ellos. Basta estar entrenado y tener experiencia clínica”, nos diría Gabriel Díaz.

TERAPIA ARMONIZADORA Y SUAVE

Pues bien, de todo esto hemos hablado brevemente con Julio Alonso, osteópata y experto en la Terapia Sacrocraneal con más de 25 años de experiencia profesional que actualmente dirige el Centro de Terapias Naturales ITAKA y es miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD quien además se ha formado en Ortoposturología, Medicina Tradicional China, Homeopatía, Microinmunoterapia y otras disciplinas terapéuticas.

-Con sinceridad: ¿funciona realmente la Terapia Sacrocraneal?

-Sin duda alguna. Es una terapia armonizadora, suave y aparentemente sencilla en la que el terapeuta pone sus manos en la cabeza de los pacientes y percibe un cambio, un movimiento al que al principio los osteópatas craneales llamaron «mecanismo respiratorio primario». Se ha especulado con la posibilidad de que sea el líquido cefalorraquídeo el que genera ese pulso pero también se piensa que es producto del ritmo general del organismo transmitido a través del tejido conectivo. Se han hecho, en definitiva, muchas consideraciones acerca de su verdadero origen sin que exista acuerdo definitivo. Lo único cierto es que se trata de una sensación de fluctuación, de pulso. Pero no de un pulso arterial; no tiene nada que ver con el corazón. Se transmite a un ritmo distinto y en lugares distintos a los del pulso arterial.

-¿Y por qué lo de sacro-craneal?

Porque el cráneo está unido al sacro por una de las tres meninges: la duramadre. Como sabe las meninges son tres membranas del tejido conectivo que rodean y protegen todo el sistema nervioso central siendo la más interna la piamadre, la intermedia la aracnoide y la más externa la duramadre. Y entre la piamadre y la aracnoide se encuentra el líquido cefalorraquídeo que, entre otras funciones, tiene la de nutrir el encéfalo y eliminar los metabolitos del sistema nervioso central a través de los senos vasculares presentes en la duramadre que desembocan en el torrente sanguíneo. De ahí la importancia de actuar sobre el líquido cefalorraquídeo que se mueve por el canal raquídeo. Circula pues entre el cráneo y el sacro; y de ahí lo de sacro-craneal. Añadiré que los osteópatas tenemos la convicción de que esa fluctuación invade el cuerpo entero a través de una onda rítmica. Es como si golpeas una bola de billar: el cráneo mueve al sacro y desde él la onda expansiva se multiplica.

-¿Y cómo se utiliza?

-El osteópata pone sus manos abiertas en el cráneo del paciente e intenta percibir los movimientos sutiles del cuerpo: sus ritmos, pulsaciones y patrones de congestión y resistencia. Un golpe físico o trauma, una tensión intensa –física, emocional o psíquica-, estar sometido a radiaciones, hallarse intoxicado y acidificado, un déficit nutricional, una infección y varias cosas más distorsionan el funcionamiento del organismo y ello lleva a veces a que los tejidos del cuerpo se contraigan. Contracciones que pueden llegar a crear restricciones limitando el buen funcionamiento de tejidos y órganos. Es lo que en la terapia se llaman áreas de congestión o restricción. Pues bien, un terapeuta entrenado puede percibirlas, identificar su origen y trabajar con ellas. Ante todo liberando tensiones lo que suele dar lugar a una relajación profunda.

MÚLTIPLES INDICACIONES

-¿Y cuáles son las aplicaciones terapéuticas de la Terapia Sacrocraneal?

Las indicaciones son muy amplias. Funciona muy bien sobre todo en los bebés y en los niños. En el recién nacido la terapia es espectacular; como en el cólico del lactante y en niños con insomnio. Mejoran de forma rapidísima. Es más, pocas cosas funcionan mejor en los casos de niños hiperactivos así como en las secuelas de la parálisis infantil. Claro que en general va muy bien en todo lo que tiene que ver con la Neurología: las secuelas de los ictus, las cefaleas, las migrañas, la neuralgia del trigémino, los acúfenos, las patologías de la cara, los problemas oculares -los resultados en los ojos son muy potentes-, los problemas vinculados al vértigo, los mareos… También va bien en los dolores de espalda y en los articulares cuando se complementa con la Osteopatía vertebral. Incluso dolores rebeldes a la manipulación estructural mejoran cuando ésta se combina con la Terapia Sacrocraneal. Debemos tener en cuenta que es una terapia energético-funcional, que mueve la energía y libera la información que transcurre también por los meridianos de acupuntura. Podría decirse que es una «acupuntura manual», muy buena para los niños al no ser dolorosa ni molesta. En cambio está contraindicada en los niños con espina bífida que llevan una válvula de drenaje porque en esos casos la Terapia Sacrocraneal podría alterar el drenaje o la válvula. En definitiva, es una terapia suave, armónica, agradable para el paciente y muy relajante que mejora el estado general sin efecto secundario alguno y casi ninguna contraindicación.

-¿Y es verdad que es aconsejable en ámbito de la Odontología?

-Sí. Un dentista que trabaje con una visión integral a la hora de afrontar una ortodoncia, por ejemplo, debería controlar la Terapia Sacrocraneal o tener al lado a un terapeuta que la domine. Antes de someter a alguien a una ortodoncia habría que valorar bien todo su sistema sacrocraneal porque puede perturbarlo y provocar grandes problemas secundarios que ni se perciben inmediatamente ni tienen por qué repercutir únicamente en la mandíbula. Muchas veces a consecuencia de una ortodoncia realizada tiempo atrás que forzó mucho el sistema sacrocraneal vienen a vernos personas con dolores crónicos de cabeza o espalda, pacientes con problemas en la pisada, en los pies, las rodillas o la cadera que arrastran desde hace tiempo. Problemas que aparecieron tras una ortodoncia.

-¿Resulta también útil en los problemas emocionales?

-Sí, porque muchos problemas emocionales tienen que ver con la biología del cerebro y al actuar sobre el líquido cefalorraquídeo que nutre éste y ayudar a evacuar de él las toxinas mejoramos el estado cerebral. Por eso es útil en el estrés postraumático, el síndrome de fatiga crónica, las situaciones de estrés y en ciertas depresiones. Es más, al ser una técnica capaz de contribuir a la evacuación de tóxicos cerebrales permite paliar muchos de los efectos secundarios de las vacunas, causa de graves problemas en los niños. Unas veces el afectado es el sistema inmune y en el niño aumenta la tendencia a las infecciones, a enfermar; otras veces se produce una alteración de la flora intestinal. Y en los peores casos se producen daños derivados de los excipientes de las vacunas que afectan al sistema nervioso. La Terapia Sacrocraneal, al ser un sistema capaz de desimpregnar los tóxicos que están dañando el sistema nervioso para ser evacuados hacia la linfa, permite mejorar mucho. En el caso de reacciones vacunales es un tratamiento de eficacia solo comparable a la biorresonancia. Y si encima se combinan ambas con la Homeopatía se pueden obtener grandes resultados a la hora de paliar las secuelas de las vacunas. Siempre, claro está, junto a serios cambios en la dieta. La alimentación es fundamental.

¿Y los efectos de la Terapia Sacrocraneal son duraderos?

-En la vida no hay nada permanente pero tras varias sesiones se pueden mejorar muchos síntomas. Y si las causas que los han producido no siguen presentes en la vida del paciente entonces sí, entonces la terapia conseguirá un resultado permanente. Si en cambio se está sometido a una alta toxicidad medioambiental, se tienen malos hábitos alimentarios, se viven situaciones emocionales y psicológicas sin resolver o se viven traumas de forma repetitiva los problemas volverán a aparecer antes o después. Pero es cierto que se trata de una terapia que puede llegar a borrar muchas tensiones físicas profundas provocadas por conflictos pasados –psíquicos y emocionales- que acaban por enfermar. Si el terapeuta consigue detectar las zonas afectadas y las devuelve a la normalidad resolviendo la tensión entonces sí podemos hablar de cura.

-¿Y en el caso de las enfermedades crónico-degenerativas?

-En las patologías complejas siempre existe un “suma y sigue” difícil de resolver de forma definitiva. En las enfermedades crónico-degenerativas -el cáncer, la esclerosis y otras- es útil pero no tiene la eficacia clínica que nos gustaría. Su utilidad es más lenta que con otras terapias y eso obliga a combinarlas. Sin embargo resulta paradójico que en situaciones extremadamente difíciles, como es el caso de los enfermos terminales, sea una terapia beneficiosa. Sin duda porque es relajante.

-Una última pregunta: ¿para ser terapeuta sacrocraneal hay que ser osteópata?

-No necesariamente. La Terapia Sacrocraneal forma parte de la Osteopatía pero no todos los terapeutas sacrocraneales son osteópatas como no todos los acupuntores se han formado en Medicina Tradicional China. Muchos terapeutas sacrocraneales proceden de hecho del mundo del masaje y de la Fisioterapia. La Osteopatía va mucho más allá; no es solo Terapia Sacrocraneal. Con ella se puede hacer medicina con las manos. Un terapeuta sacrocraneal carece de las herramientas de un osteópata integral que maneja todas las técnicas: estructural, parietal, visceral, craneal… Puede pues conseguir mejores resultados porque cuando contacta con un cuerpo enfermo sabe si necesita abordar los problemas desde la estructura, desde las vértebras, desde las vísceras o desde el cráneo. Y no digo ya si además de osteópata tiene una buena formación en otras disciplinas terapéuticas…

Francisco San Martín

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Mayo 2014
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