Las emociones y pensamientos también determinan la salud del organismo

Experimentos realizados a lo largo del siglo XX fueron interrelacionando ramas de la medicina que se consideraban -y se siguen considerando por la mayoría de los médicos- separadas: lo mental y lo físico, las emociones y las ideas, los estímulos estresantes y las reacciones inmunológicas… y así un largo etcétera. Se produjeron así dos procesos confluyentes: el acercamiento de la Psicología y la Psiquiatría al terreno de lo corporal y el de la Biomedicina al ámbito de lo mental y lo emocional dando lugar a una ciencia nueva que ha ido ampliando su nombre a medida que nuevos elementos se sumaban a una visión cada vez más compleja pasando de las Terapias Cuerpo-Mente a la Psiconeuroinmunología, luego a la Psiconeuroendocrinología y de ahí a la Psiconeuroendocrinoinmunología. ¿Cuánto tendrá que complicarse aún esa denominación hasta llegar a una medicina holística, la que siempre practicaron las medicinas naturales herederas de las ciencias tradicionales de salud?

Sun Sze Ma escribió hace 3.700 años que “el médico corriente cura la enfermedad, el médico bueno cura a la persona y el médico excelente cura a la sociedad”; una frase que sintetiza la visión holística de la Medicina Tradicional China que solo recientemente estamos comenzando a redescubrir e incorporar a la medicina moderna a pesar de la resistencia de algunos colectivos que se aferran con fanatismo a concepciones médicas superadas y limitadas sobre lo que es el ser humano y el papel que deben jugar en su vida las medicinas. Cambio de paradigma necesario en cuya gestación jugó un importante papel el famoso psiquiatra austríaco Wilhelm Reich con sus trascendentales descubrimientos en Biología, Ecología, Pedagogía, Sociología y un sinfín de disciplinas más además de como re-descubridor de la sabiduría tradicional y pionero de lo que hoy se denomina Psiconeuroinmunología y otros autores complementan con un enfoque social resumido bajo el término Medicina Bio-psicosocial, aproximación que integra lo biológico, lo mental y los factores sociales en la comprensión de la salud y la prevención y tratamiento de la enfermedad.

En el desarrollo de este enfoque pluridisciplinar han tenido gran influencia dos procesos concluyentes: el acercamiento de la Psicología y la Psiquiatría al terreno de lo corporal y el de la Biomedicina al ámbito de lo mental y lo emocional. Desde la perspectiva de la ciencia moderna estos procesos suponen avances hacia una visión más global de la enfermedad pero pueden igualmente considerarse como parte de la recuperación de las medicinas tradicionales y su concepción del ser humano, de la salud y del modo de actuar ante la enfermedad. Una visión de la que desgraciadamente se han apartado la universidad y los sistemas sanitarios aunque haya permanecido viva en algunas medicinas tradicionales y en corrientes médicas inspiradas en ellas como la Medicina Naturista, la Medicina Integral, la Medicina Holística, la Medicina Biológica y la Medicina Integrativa.

Y es que la Medicina Convencional se apoya básicamente en los descubrimientos de disciplinas como la Anatomía, la Fisiología, la Farmacología y, posteriormente, la Endocrinología, la Inmunología, la Biología Molecular, la Genética y la Proteómica prestando atención casi exclusivamente a aquello que se puede ver, tocar, medir, calcular o expresar de modo objetivo y cuantificable. Y lo que es más importante, siempre por separado manteniendo en compartimentos estancos los descubrimientos de una y otra disciplina así como el tratamiento de los problemas que analizan. Un paradigma que ha sido plasmado en los programas académicos, centros sanitarios, hospitales, clínicas, protocolos médicos y demás estructuras sanitarias, académicas, profesionales y científicas asegurándose de desintegrar el conocimiento global en partes que se consideran inconexas a fin de impedir una visión de conjunto. Algo que dio lugar en el ámbito médico a la súper-especialización.

Pues bien, la consolidación de este modelo médico mecanicista y su alianza con la industria farmacéutica y biotecnológica ha provocado una situación paradójica: la medicina, que debía velar por las salud y el bienestar, está provocando una crisis generalizada que se caracteriza por el aumento de enfermos y enfermedades, del gasto sanitario e, incluso, por el fracaso de los sistemas de salud. Especialmente por su incapacidad para comprender y tratar las enfermedades degenerativas, crónicas y sistémicas. De ahí la urgente necesidad de cambiar el paradigma en el ámbito de la salud… entre otros.

REDESCUBRIENDO EL HOLISMO

El enfoque bio-psicosocial tiene sus antecedentes en los conceptos de “medio interno” -propuesto en el siglo XIX por el médico francés Claude Bernard- y en el de “homeostasis” -formulado por el fisiólogo estadounidense Walter Cannon en 1932-. El primero alude a la interacción de los diversos sistemas biológicos en el interior del denominado “sistema de Pischinger” refiriéndose el segundo a los procesos que tienen lugar en ese medio interno para mantener en equilibrio la temperatura, el pH (el balance acidez/alcalinidad) y las reacciones metabólicas… o recuperarlo cuando se pierde.

Otro antecedente importante es el trabajo realizado en la década de los cuarenta del pasado siglo XX en la Universidad de Montreal (Canadá) por Hans Selye experimentando con animales a los que llevó a diferentes situaciones adversas descubriendo así que sus cuerpos se adaptaban para afrontar las amenazas. Experimentos que demostraron nítidamente la influencia de la mente sobre el cuerpo avalando la aparición en las décadas siguientes de la Psiconeuroinmunología.

En las décadas de los cincuenta y sesenta el profesor de Psiquiatría de la Universidad de California George Solomon encontró por su parte evidencia experimental de que algunos roedores reducían la producción de anticuerpos en situaciones de tensión. Solomon también demostró que las experiencias en la etapa infantil podían afectar a la vida adulta de las ratas desatando respuestas inmunológicas mediadas por anticuerpos. De hecho sería el propio Solomon -junto a Rudolf Moss– quien empleó en 1964 por primera vez el término Psicoinmunología en un artículo publicado en el nº 11 de Archives of General Psychiatry titulado Emotions, immunity and disease: a especulative theoretical integración (Emociones, inmunidad y enfermedad: una integración teórica especulativa). Cabe añadir que en investigación independiente pero al mismo tiempo dos investigadores rusos, Elena Korneva y L. M. Khai, descubrían el papel que el cerebro juega en el proceso de inmunorregulación aunque sus trabajos no se conocieron en Occidente hasta años más tarde.

En 1975 el psicólogo Robert Ader y el inmunólogo Nicholas Cohen llevarían a cabo un experimento que sirvió para ampliar el término de Solomon incluyendo una mención al sistema nervioso al demostrar que una señal negativa trasmitida mediante impulsos nerviosos condicionaba la respuesta del sistema inmune: había nacido la Psiconeuroinmunología que ya en sus inicios comenzó a recibir ataques por parte de los autonombrados guardianes de la ortodoxia médica, atrapada en los dogmas del mecanicismo y que concibe las diferentes partes y sistemas del cuerpo como elementos separados con funcionamiento autorregulado e independiente. Una soberana memez.

En cuanto a Solomon definiría su nuevo enfoque como “campo científico interdisciplinar que se dedica al estudio e investigación de los mecanismos de interacción y comunicación entre el cerebro (mente/conducta) y los sistemas responsables del mantenimiento homeostático del organismo -los sistemas nervioso (central y autónomo), inmunológico y neuroendocrino- así como sus implicaciones clínicas”.

El nuevo enfoque clínico y experimental no cesó de desarrollarse profundizando en todos los aspectos implicados precisando y aportando evidencias concretas de su funcionamiento. En 1977 los investigadores Besedovsky y Sorkin mostraron que la activación inmune provocada por los antígenos provoca una reacción que implica al eje hipotálamo-hipófisis-glándula arenal (HHA) precisando así la relación entre el cerebro y el sistema inmune. En 1981 David Felten -de la Universidad de Indiana (EEUU)- descubriría la red de nervios que conecta con los vasos sanguíneos y el sistema inmune. Y el mismo año los ya mencionados Ader, Cohen y Felten detallaban en su libro Psychoneuroimmunology las relaciones entre el cerebro y el sistema inmune.

Cuatro años más tarde sería J. E. Blalock quien precisaría la relación entre los sistemas inmune y endocrino al descubrir un circuito bidireccional en el que el primero actuaría como un sensor que se comunica con el sistema endocrino mediante señales linfocitarias a través de hormonas que pueden modificar el equilibrio interno del cuerpo. Por su parte, la neurofarmacóloga Candace Pert descubriría unos receptores específicos (neuropéptidos) que se encuentran en las membranas celulares tanto en el cerebro como en el sistema inmune y que apuntan a una relación íntima entre las emociones y el sistema inmunitario.

LOS SISTEMAS BIOLÓGICOS ESTÁN CONECTADOS

En suma, éstas y otras investigaciones han ido poniendo de manifiesto las complejas relaciones existentes entre diferentes sistemas que la anatomía, la fisiología y las diferentes especialidades médicas han mantenido durante mucho tiempo separados -como si tuvieran funcionamientos independientes- y por tanto estudiados por especialistas que abordaban sus patologías de modo aislado y desconectado. Por el contrario, ahora sabemos que los sistemas nervioso, inmunitario y endocrino están interconectados. Y es que…

…estudios sobre condicionamiento han demostrado que el sistema nervioso está implicado en la modulación de respuestas del sistema inmune, en particular a través del sistema límbico, el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA) y el sistema nervioso autónomo;

…las células del sistema nervioso contienen receptores para moléculas reguladas por el sistema nervioso central como la serotonina, la histamina, la dopamina, los andrógenos, la acetilcolina, las endocrinas y otras.

…la activación de impulsos eléctricos del sistema nervioso simpático está conectada con el sistema inmunitario influyendo directamente en las enfermedades denominadas infecciosas y en las inflamatorias.

…disponemos de una cantidad enorme de experimentos y datos clínicos que documentan la relación directa entre el sistema inmune y el neuroendocrino; especialmente en situaciones de estrés.

…el hipotálamo funciona conjuntamente con la hipófisis y por tanto con el sistema endocrino llevando a cabo funciones de balance homeostático y participando en la ingesta, reproducción, termorregulación, comportamiento emocional y funciones endocrinas cumpliendo asimismo un papel clave en la regulación del sistema inmune.

…existe un gran número de mediadores que conectan los sistemas nervioso e inmune: hormonas, neurotransmisores, quimioquinas, neuropéptidos, citoquinas, etc.

Entretanto, y como complemento de estas evidencias experimentales, el psiquiatra George Engel, inspirándose en la Teoría General de Sistemas de Ludwig von Bertalanfly, planteó en la revista Science una propuesta de “sistemas integrados” que acabaría formulándose como Modelo Bio-psicosocial de la Salud integrando tres tipos de factores: los biológicos -en los que se centra la medicina convencional-, los psicológicos -relacionados con la personalidad, el comportamiento, las motivaciones, sensaciones, necesidades y creencias- y los sociales -es decir, el contexto en el que el paciente se mueve y se relaciona-. Un planteamiento que implica una dura crítica a las biomedicinas al aseverar que las alteraciones bioquímicas no suponen en sí mismas enfermedades sino que deben ir acompañadas de otros factores individuales y sociales. Además determinadas alteraciones psicológicas pueden manifestarse como enfermedades que presentan síntomas bioquímicos. Todo lo cual implica que el hecho de detectar un trastorno biológico mediante análisis que miden cantidades o porcentajes de componentes -por ejemplo en la sangre, como hace habitualmente la medicina convencional- no nos dice nada sobre el significado de los síntomas que presenta un paciente. Son solo datos que hay que interpretar y para ello es necesario ponerlos en relación con otros factores que pueden tener un peso determinante y que la medicina moderna casi nunca tiene en cuenta.

En fin, la propuesta de Engel no va dirigida a promover avances en las técnicas de diagnóstico o tratamiento sino que supone una nueva concepción de las propias relaciones entre médico y paciente potenciando la responsabilidad de éste y ampliando la visión del primero al integrar las necesidades individuales y sociales. Y no hablamos de una ocurrencia sin fundamento: si el lector entra en PubMed -base de datos de investigación biomédica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos- verá que hay ya 22.895 artículos sobre Medicina Psicosocial y 2.375 sobre Psiconeuroinmunología.

UN ENFOQUE IGNORADO O DESPRECIADO

Bueno, pues a pesar del riguroso soporte teórico y experimental de la Psiconeuroinmunología (PNI) y de la indudable utilidad práctica que tendría si se integrara en todas las especialidades sanitarias al aportar una necesaria -por no decir imprescindible- mirada global de la salud y la enfermedad esta disciplina ya asentada a nivel científico sigue lejos de conseguir la aceptación académica y su puesta en práctica.

En la Asociación Española de Psico-Neuro-Inmunología Clínica (AEPNIc) se quejan de hecho de la falta de atención por parte de la universidad, de los colegios profesionales, de las diferentes especialidades relacionadas con la salud y de los propios médicos. De ahí que hoy la formación en Psiconeuroinmunología -que está considerada una actividad “parasanitaria”- solo pueda hacerse mediante cursos de posgrado organizados por diferentes instituciones; aunque algunas estén amparadas por universidades, como es el caso de la de Barcelona. Significativamente el 70% de los profesionales que acuden a estos cursos son fisioterapeutas. Y es que los miembros de las especialidades médicas reconocidas actúan a la defensiva y su disposición a integrar conocimientos y aportaciones de otras especialidades es casi nula. Disposición que es idéntica en Europa -y probablemente en todo el mundo- a pesar de la sólida evidencia científica que avala un enfoque global que en la AEPNIc definen de este modo: “Somos especialistas en la conexión”.

Definición que el fisioterapeuta y nutricionista Joaquín Lamora amplía diciendo que se trata de “una ciencia que nos muestra la integración de los distintos sistemas del cuerpo juntamente con el entorno y utiliza la lógica de la evolución humana para promover unos hábitos de salud que corrijan el problema”. Añadiendo que “sería injusto no nombrar también la Epigenética puesto que uno de los objetivos de la PNI es utilizar unas pautas de curación ancestrales que afectan a la expresión del gen favoreciendo así una curación mucho más completa”.

El Dr. David López Heras, por su parte, expone cinco formas claras de mejorar el funcionamiento psiconeuroinmunológico:

  1. El ejercicio físico. Mejora el estado de ánimo, reduce la tensión, mejora el metabolismo, genera emociones positivas, calma la mente, regula el funcionamiento y sube las defensas.
  2. Las técnicas de relajación o meditación, el control mental, el pensamiento positivo y la resolución de conflictos pendientes. Inciden en la regulación positiva del sistema nervioso que se trasmite por vía neuro-endocrino-inmunológica.
  3. El tipo de dieta (poca carne, muchas verduras, frutas y cereales, evitar los tóxicos y una buena hidratación) y la forma en que se come. Son vitales para el funcionamiento celular, metabólico e inmunológico.
  4. Dormir bien y suficientemente. Tener un sueño de calidad es fundamental.
  5. El apoyo social. Estar con amigos, compartir las emociones y hablar de los problemas alivia el estrés.

EL ATAQUE DE LOS FANÁTICOS

En definitiva, las rigurosas investigaciones sobre Psiconeuroinmunología aportan una base sólida para muchas de las llamadas terapias alternativas y ello explica que también esté siendo objeto de ataques por parte de los grupúsculos de fanáticos de la ciencia mecanicista que se presentan como “escépticos” y vienen desplegando una aberrante campaña de difamación y calumnias contra los profesionales que practican lo que peyorativamente denominan como “pseudociencias”. La web esceptica.org afirma por ejemplo que los defensores de la Psiconeuroinmunología “a partir de estudios serios de cómo la respuesta al estrés puede influir en la respuesta inmunológica llegan a conclusiones delirantes y utilizan terapias sin base científica ninguna”. Por su parte, el blog elpactodefausto, refiriéndose a la influencia de la mente sobre el cuerpo y su papel en una posible cura de enfermedades, dice: “Quizás cuele en una peli de ciencia ficción pero en el mundo real las cosas tiene mucho más entre bambalinas”. Y en escepticos.es -web oficial de la ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico- se quejan de que las instituciones públicas promuevan eventos como la Fira Natura celebrada en Lleida porque en ella se habla de lo que califican de prácticas esotéricas, paranormales y pseudocientíficas” –entre las que incluyen la Medicina Ayurvédica, la Biorresonancia, la Medicina Celular y la Psiconeuroinmunología- sobre las que dice: Detrás de estas palabras de oscuro significado no hay ni un gramo de ciencia. Ni uno solo de los campos citados describe ninguna categoría o subcategoría del conocimiento ni posee homologación alguna dentro de la comunidad científica”. Y en el blog Kana se añade: “La Psiconeuroinmunología tiene una base científica pero más allá de esto se convierte en una pseudociencia. Como pasa con cualquier cosa que relacione conceptos psicológicos con enfermedad se ha derivado en un montón de tonterías como que las enfermedades son desequilibrios de las emociones o que podemos curarnos con la mente”. Basten estos ejemplos para comprobar que el nivel de “argumentación científica” de los “escépticos” es inexistente. Todo lo que saben hacer es burlarse, reírse, descalificar, difamar, calumniar e injuriar. En eso son auténticos expertos. Y eso que la gran mayoría ni siquiera tiene formación universitaria. El 23 de junio de 2015 por ejemplo un tal Jordi Luque firmaba en el diario El País una diatriba contra las “dietas detox” en la que afirmaba: “Las dietas detox no funcionan, ni existen los superalimentos; y disciplinas como la Psiconeuroinmunología son pseudociencias”. Y ya nos dirá el lector qué tienen que ver las dietas “detox” con esta disciplina y a cuento de qué vino hablar de ella en su argumentación.

Sí tienen formación universitaria en cambio otros personajes que igualmente critican la Psiconeuroinmunología. En junio pasado el Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Cataluña (CODINUCAT) denunció de hecho en la Academia de Ciències Mèdiques que la Universidad de Barcelona impartiera un curso de posgrado sobre Psiconeuroinmunoendocrinología. Alegando para ello el endocrinólogo Andreu Nubiola que se trata de “un campo interdisciplinar, no una especialidad médica, que ha acabado creciendo en ese entorno de pseudociencias favorecida por una sociedad sin valores, medios informativos obsesionados por la audiencia, universidades permisivas y sociedades científicas poco comprometidas”.

Lo grotesco es que en 2016 ese mismo organismo hizo público un documento titulado Postura del CODINUCAT respecto a las terapias nutricionales relacionadas con mecanismos de acción investigados por la Psiconeuroinmunoendocrinología en el que se decía: “La Psiconeuroinmunología no es una especialización profesional sino que es un campo de investigación interdisciplinar (…) Aunque dicho campo ha sido duramente criticado desde sus inicios el CODINUCAT entiende que una gran parte de los profesionales involucrados en este campo de investigación están siguiendo el método científico para permitir su avance y reputación dentro de la comunidad científica. En segundo lugar, la Psiconeuroinmunología ha sido usada en algunas ocasiones como posible base científica que pudiera sustentar las terapias de cuerpo-mente viéndose en consecuencia asociada muchas veces y erróneamente a la medicina alternativa y complementaria”. Y tras tan contradictoria afirmación añaden: “Así pues, el posgrado universitario en Psiconeuroinmunoendocrinología certificado por la Universidad de Barcelona es un curso de terapias nutricionales alternativas de eficacia no probada que se ofrece como basado en el campo de investigación de la PNI sin mostrar conformidad con las líneas de investigación promulgadas por la PsychoNeuroImmunology Research Society (…) En consecuencia, CODINUCAT no recomienda formarse sobre terapias nutricionales ni PNI a través de dicho curso de formación ni similares y pide a la Universidad de Barcelona que deje de ser entidad certificadora del curso por tratarse de un curso con planteamientos pseudocientíficos”.

En suma, una disciplina rigurosamente avalada académica y científicamente ha acabado en el punto de mira de los defensores a ultranza de la Medicina farmacológica, esa que según el British Medical Journal –órgano oficial de la Asociación Médica Británica– utiliza para tratar a los enfermos 3.000 protocolos de los que solo el 11% está “basado en la evidencia” pudiendo quizás otro 24% ser “algo beneficiosos”.

 

Jesús García Blanca

Este reportaje aparece en
209
Noviembre 2017
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