Las sorprendentes propiedades del té

Pese a que muchos occidentales consumen té, la gran mayoría -incluyendo a los insaciables consumidores ingleses- ignora que este brebaje puede potenciar nuestro bienestar y equilibrio psicofísico hasta extremos insospechados. Aprender los secretos del té es abrirse a un mayor nivel de consciencia y a una mejor relación con el entorno y con nosotros mismos.

Un día, mientras Buda meditaba bajo el árbol Bodhi donde recibió la iluminación, pasó por su cabeza la imagen de la triste condición del hombre, destinado al sufrimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte. De los ojos del compasivo Shidarta brotó entonces una lágrima y en el lugar donde cayó al suelo surgió el arbusto del té, la reconfortante poción que habría de servir de consuelo físico y báculo espiritual a media humanidad.

Esta leyenda, que podemos escuchar con múltiples variantes en toda Asia, se origina de una experiencia común a muchos pueblos orientales que han visto en el arbusto del té una especie de eficaz curalotodo. No en vano, antes de asumir las características contemporáneas de un brebaje recreativo comenzó por ser usado como remedio poco menos que universal.

Y es que la tradición asegura que la bebida más vieja del mundo -cinco mil años de edad confesados- puede mantenerle joven e incluso rejuvenecerle de alma y de cuerpo de una forma mucho más efectiva de lo que cabría suponer contemplando la aparente simplicidad de esta planta que, sin embargo, tiene ¡más de doscientos componentes químicos y orgánicos! De ahí que su consumo proporcione tan alta cantidad de elementos positivos para la salud.

El té posee abundantes vitaminas, minerales y sustancias como la riboflavina, el ácido fólico, la beta-carotina, la filoquinoma… Sus alcaloides pertenecen a las purinas, que comprenden a su vez la cafeína, la teína, la teobromina, la adenina, la xantina y la 6-aminofilina; sustancias entre las que la cafeína constituye el principal alcaloide, encontrándose en diferente proporción en las distintas variedades del té. Por otra parte, todas ellas contienen abundante vitamina B. Seis tazas al día de esta infusión suponen al menos el 10 por ciento de nuestras necesidades diarias de esta vitamina.

Aunque el principal efecto farmacológico del té es la excitación: el sistema nervioso central incrementa su actividad porque la corteza cerebral ha sido estimulada. Así, se eleva la moral del individuo y se produce un mayor desarrollo del pensamiento y de la capacidad creadora. Recordatorio de ello es que en la antigüedad china, cuando los letrados hacían poemas y pinturas, no podían dejar de tomar té porque sentían que así se sumergían en un mundo de inspiraciones y que su espíritu se elevaba. El poeta Lu Tong, de la dinastía Tang, decía, en este sentido, lo siguiente: “La primera taza de té moja la garganta; la segunda elimina la soledad y la melancolía: la tercera lava los intestinos y ayuda a escribir libros de cinco mil caracteres; la cuarta produce el sudor que sale por los poros llevándose los disgustos; la quinta limpia la piel; la sexta nos hace inmortales y la séptima no se puede tomar porque sería como dejar que el viento pase por las dos axilas”.

Obviamente, no es necesario llegar a esos extremos para que la excitación producida por los alcaloides del té actúe eficazmente sobre la médula espinal incrementando también la velocidad de contracción de los músculos y eliminando el cansancio, sin producir los efectos secundarios del café.

La teína estimula los nervios centrales y también la diuresis. Controla la fosfodiesterasa, alargando así la vida -al menos, en opinión de investigadores chinos-. Asimismo, contribuye a fortalecer los estrógenos. El té también facilita la acumulación de vitamina C en el hígado, bazo, riñón, intestino, cerebro, sangre, etcétera, y disminuye el metabolismo y la eliminación de vitamina C a través de la orina.

Y no termina con ello la lista de sus innumerables virtudes. Una investigación realizada por la Universidad de Medicina de Zhejiang (China) utilizando el té de Longjing y comparando dos grupos de conejos reveló que el porcentaje de colesterol en el suero y la proporción de colesterol y fosfátidos disminuyeron considerablemente en el grupo de conejos de experimentación. La observación anatómica demostró asimismo que existía una diferencia notable en el grado de arteriosclerosis entre los dos grupos de conejos. Investigadores rusos, por su parte, comprobaron que el consumo de té puede mejorar el estado de los pacientes con arteriosclerosis.

Pero el té también se ha mostrado beneficioso en pacientes con tumores que están bajo tratamiento de radioterapia. En el hospital de Obstetricia de Tianjin y en otros ocho hospitales chinos se han hecho pruebas con un extracto del té, el denominado 7369, obteniéndose buenos resultados. Se registró un alivio de los efectos secundarios causados por la radioterapia, tales como náuseas, vómitos, inapetencia y diarreas.

En suma, el té hace disminuir el nivel de colesterol, favorece las deposiciones, mantiene la cabeza serena, desintoxica el organismo y, en algunos casos, ayuda a liberarlo de grasas. Incluso se administraba en forma de emplasto en la antigua China para atenuar el reúma.

Además de todo ello, el té es una de las más sencillas maneras que tenemos de conocernos a nosotros mismos un poco mejor. Algunos sabios de la antigüedad china recomendaban beber y saborear té para ejercitarse en la práctica del bien y cultivar los dones naturales y los nobles sentimientos, tanto como para mantener la buena salud. Liu Zhenliang, de la dinastía Tang, comentó las ventajas que a su juicio se logran al tomar y degustar té: ”Desaparece la tristeza, elimina el sueño, fortalece el vigor, cura las enfermedades, desarrolla la cortesía y el respeto, causa placer, protege la salud, conduce a vivir como el Buda y fortalece el espíritu”.

Se decía en China y Japón del hombre insensible, seco, angustiado o demasiado centrado en sus problemas que “le falta té”. Y por el contrario, “le sobra té” al lenguaraz, al superficial, al permanentemente excitado, a aquel que busca la satisfacción inmediata de sus deseos. No hay duda de que, en términos generales, al occidental le falta el sentido oriental del autoequilibrio, es decir, “le falta té”. ¿Se ha preguntado usted alguna vez si pertenece al grupo de los faltos o al de los sobrados? Sólo hay una forma de saberlo: tomar té con mesura y observar con detenimiento los efectos que le produce. Si así lo hace, esta bebida originaria de China se convertirá en su mejor aliada. Porque el té -y en esto coinciden todos sus exégetas y tratadistas- ayuda a pilotar inteligentemente la propia vida revelando al adepto el noble secreto de sonreírse a sí mismo.

El té, sin embargo, no es sólo eso. La famosa “ceremonia del té”, que se celebra en Japón desde tiempos inmemoriales convierte la degustación de la esencia de sus hojas en una especie de religión estética que podríamos denominar “teísmo” y que tiene mucho que ver con el taoísmo.

Y no es una ceremonia de simples fines estéticos sino toda una dramatización del sentido de la vida humana. En palabras del filósofo japonés Okakura Kakuzo, “es una higiene porque impone la pulcritud; es una economía porque enseña que el bienestar consiste más en la sencillez que en la complicación de los dispendios; es una geometría moral porque define los límites de nuestra capacidad en relación con el universo.”

Elevarse por encima de la vulgaridad cotidiana requiere una toma de té con cierto ceremonial. Recuérdelo cuando se enfrente a su próxima taza. Pero sepa también que cada té tiene una vibración particular y que a cada cual le está destinado un tipo específico de té. Acostúmbrese, en consecuencia, a probarlos todos hasta que encuentre aquel o aquella mezcla que mejor armonice con sus propias vibraciones. En este sentido, la búsqueda del propio té es un camino y un arte: el de aprender a estar en buena relación con este mundo y con el lugar específico que a cada uno le ha tocado vivir.

Por eso los maestros japoneses del té guardaban sus tesoros con un celo verdaderamente religioso y con frecuencia era necesario abrir una después de otra muchas cajas, encerradas las menores dentro de las mayores, para descubrir el relicario y llegar al envoltorio de seda, entre cuyos suaves pliegues reposaba el santo de los santos. No lo mostraban más que muy pocas veces y eso aun sólo a los iniciados pues era el instrumento precioso que les había ayudado a conservar la serenidad en todas las circunstancias y a no alterar la armonía del medio en el que se encontrasen.

 José León Cano


Recuadro:

 ORÍGENES LEGENDARIOS 

* El emperador Shen-Nung, hace alrededor de cinco mil años, dormía a la sombra de un arbusto mientras a su lado se hervía agua en un puchero. Algunas hojas de este arbusto, tenido hasta entonces como una planta normal y corriente, cayeron en el recipiente donde se disponía a beber el agua caliente -de acuerdo con una ancestral costumbre china-. El emperador encontró la infusión deliciosa y vigorizante.

-En la India, Bodhi-Darma, fundador del budismo Zen, inventó el té de otra manera. Un día, mientras se entregaba a la meditación, se quedó dormido como consecuencia de las largas vigilias que había soportado anteriormente. Furioso por esta debilidad inesperada, al despertar se arrancó los párpados de desesperación y los enterró. Y entonces, en ese mismo lugar, brotaron dos magníficos arbustos del té.


Recuadro:

 NORMAS FUNDAMENTALES PARA PREPARAR CORRECTAMENTE UN BUEN TÉ 

Parece muy simple pero haríamos una infusión muy mediocre si no respetásemos unas pocas -aunque fundamentales- normas. De acuerdo con el método británico, que es el que prevalece en Europa, son las siguientes:

* Si de verdad quiere disfrutar la experiencia de saborear té no utilice saquitos de papel sino té suelto: una cucharadita por persona y una más para la tetera. El té en saquitos de papel apenas si produce aroma porque la celulosa del papel, una vez en contacto con el agua caliente, lo destruye en parte. ¿Quiere hacer la prueba? Introduzca un pañuelo de papel durante cuatro minutos en agua caliente y luego beba ese agua: la encontrará simplemente infecta. Por otra parte, para plegar los sobrecitos donde se ha introducido el té las máquinas encargadas de esta operación no tienen más remedio que aplastar y romper el té que contienen, con el consiguiente perjuicio para las substancias volátiles de la planta. El resultado es que ningún té de hoja mediana o grande puede resistir un tratamiento semejante. A ello se debe el que las casas que comercializan estos tés no puedan utilizar sino aquellos de mediana categoría.

* Conviene utilizar agua caliente a no más de 85 grados porque el agua en plena ebullición destruye la vitamina C y otros valiosos componentes. No deje nunca que el agua hierva; apenas vea la primera burbuja, corte el fuego.

* El agua debe ser lo menos calcárea posible. Por ello, algunos bebedores de té no dudan en utilizar agua mineral. Aunque le parezca un esnobismo, pruebe y comprobará las excelentes razones que aconsejan tomar esta medida.

* Para hacer té puede servir cualquier tetera pero los grandes degustadores prefieren las de porcelana o terracota antes que las de metal. Algunos expertos afirman incluso que los materiales porosos convienen más a los tés indios mientras que la porcelana realza el sabor de los tés de China.

* Es fundamental no lavar nunca la tetera con detergentes. Simplemente, deje que corra el agua en su interior y que seque ella sola: una ligera capa de color marrón se formará en el fondo del recipiente. Pero al té le ocurre como al café: sabe siempre mucho mejor en las viejas teteras.

* Utilice siempre una tetera reservada para el té. No haga jamás en ella infusiones o tisanas con otras hierbas. Si le gusta beber diferentes clases de té, lo aconsejable es que utilice siempre la misma tetera para cada una.

* Cuando el agua esté suficientemente caliente -pero sin llegar a hervir- vierta una parte pequeña en el interior de la tetera con el objeto de calentarla; a continuación, vacíe la tetera devolviendo el agua al recipiente que sigue sobre el fuego. De esa manera el vapor del agua caliente envuelve las paredes interiores de la tetera: es el momento de dejar caer allí unas hojas de té, que con ese vapor se abrirán al cabo de unos cuantos segundos.

* Habrá llegado entonces el momento de verter otra vez el agua caliente en el interior de la tetera; pero no la vierta toda de una vez sino deje que caiga una pequeña cantidad, tape entonces la tetera e imprímale con ambas manos un ligero movimiento al objeto de que las hojas comiencen a difundir sus esencias en el agua. Al cabo de unos momentos vierta el resto del agua y espere cuatro segundos si se trata de té verde y siete si es negro antes de servir la bebida.


Recuadro:

 TÉ Y CAFEÍNA 

Los tés de La India contienen mucha más cafeína que los tés de China. Sin embargo, el té suele tener sólo un tercio de la cafeína contenida en el café. Lo que es tanto como decir que, en general, se puede tomar tranquilamente el té a media tarde sin que por ello se perturbe el sueño nocturno.

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Mayo 1999
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