Anorexia: 80.000 casos nuevos y 100 muertes al año

La anorexia está empezando a convertirse en uno de los problemas de salud más graves en las sociedades modernas. Al punto de que son ya decenas de miles los casos anuales que se dan en nuestro país. Hay, pues, que empezar a tomar medidas inteligentes y útiles. Ahora bien, para ello hay que saber primero qué provoca la anorexia. Y eso es algo sobre lo que aún no hay acuerdo.

El año pasado se detectaron en España ochenta mil casos de anorexia con casi quinientos ingresos hospitalarios y más de 100 muertes. Y eso si hablamos de datos oficiales porque según María del Carmen González, portavoz de la Asociación para la Defensa de la Anorexia Nerviosa (ADANER)*, esa cifra es muy superior: alrededor de medio millón.

Algo en verdad preocupante ya que hace escasamente diez años la cifra de afectados en España por esta “enfermedad” era notablemente más baja que en el resto de Europa. En los dos últimos, sin embargo, no sólo se han equiparado las cifras sino que en la actualidad nuestro país tiene el triste “privilegio” de estar a la cabeza de la Comunidad Europea en casos de anorexia y bulimia. De hecho, es la primera causa de enfermedad entre nuestra juventud femenina después del asma bronquial y la obesidad, bastante por delante del sida y de las demás enfermedades, incluyendo las infecciosas.

¿QUÉ SON LA ANOREXIA Y LA BULIMIA?

La anorexia nerviosa, al igual que la bulimia, están consideradas trastornos de la alimentación. De hecho, los médicos la definen como un desorden caracterizado por una pérdida de peso inducida y/o mantenida voluntariamente por el paciente. Lo que indica que existen factores biológicos, psicológicos y sociales en su aparición y desarrollo. Buena prueba de ello es que se trata de un problema que afecta casi en exclusiva a las sociedades industrializadas.

Y si la anorexia se caracteriza por la negativa a comer, la bulimia -que viene a ser una manifestación diferente del mismo problema- consiste en comer de forma desaforada a todas horas y después inducirse el vómito para poder seguir comiendo de manera compulsiva sin engordar.

CÓMO SE MANIFIESTA EL PROBLEMA Y QUÉ EFECTOS PRODUCE

El problema suele comenzar a manifestarse por un rechazo a las comidas fuertes, a las identificadas como hipercalóricas, siendo el segundo paso el consumo constante de laxantes, diuréticos y/o moderadores del apetito. Con lo que algún tiempo después empiezan a presentarse los síntomas de desnutrición: piel seca y pelo frágil y quebradizo que se cae con facilidad. Además, quienes sufren el problema se convierten poco a poco en personas abúlicas.

En cuanto a los efectos, la falta de elementos plásticos, energéticos y oligoelementos en la alimentación lleva al varón a la pérdida del deseo sexual y a una disminución de la potencia. Y en las mujeres, les desaparece la regla y los pechos pierden volumen a consecuencia de la alteración hormonal.

Por desgracia, en muchos casos el final es la muerte por falta de energía o disfunción orgánica. No olvidemos que la desnutrición conlleva una bajada de las defensas del organismo dejándole incapaz de luchar contra cualquier infección que se presente.

¿Y QUÉ DICEN LOS EXPERTOS SOBRE LAS CAUSAS?

La mayor parte de los expertos dicen que se debe a que los jóvenes quieren parecerse a los/las modelos, delgaditos ellos por imposición de los fabricantes y vendedores de ropa. Otros añaden que la causa está en la incorporación de la mujer al mundo laboral ya que al faltar de casa muchos adolescentes han empezado a alimentarse irregularmente. Algunos más afirman que la desaparición de costumbres tradicionales como la de sentarse a la mesa para comer o cenar en familia es uno de los motivos que están favoreciendo la expansión de los trastornos de la alimentación. Y alegan el descontrol a la hora de la merienda de los niños, que ahora abren la nevera y cogen lo que quieren cuando quieren.

En suma, demasiado experto dando palos de ciego. Porque las razones anteriormente expuestas pueden justificar una mala alimentación o el aumento de la gordura y la obesidad pero no la anorexia ni la bulimia.

LA REALIDAD

¿Y cuál es la causa entonces? Pues la causa está básicamente, sí, en la mitificación que algunas personas, especialmente en la adolescencia, hacen de los jóvenes guapos y delgados de ambos sexos que inundan los medios de comunicación y que son presentados como modelos a imitar de personas felices, queridas y respetadas. Pero la causa profunda de que lo hagan es porque suelen ser personas –fundamentalmente jóvenes- que tienen problemas personales que no saben resolver y que, en lugar de enfrentarse a ellos, deciden adelgazar como mecanismo para ser aceptados, queridos y admirados por los demás creyendo que lo conseguirán pareciéndose a esos modelos que –creen ellos- lo tienen todo. Una idea que se convierte en obsesión a medida que el tiempo pasa mientras el conflicto larvado que ocultan sigue aumentando en su interior.

¿Y qué clase de conflicto es el que intentan enterrar? Pues los hay de todo tipo. Desde problemas en el colegio o en el trabajo –según las edades- hasta conflictos con los padres –lo más corriente-, los hermanos, los amigos, los familiares o los novios. En muchos casos, las personas anoréxicas -y las bulímicas-, especialmente si son adolescentes, poseen una personalidad muy definida, caracterizándose por ser activas, responsables, inteligentes, perfeccionistas a la vez que introvertidas… de las que se espera mucho. Es decir, jóvenes –y no tan jóvenes- a quienes se somete por el entorno a una presión constante:¡Tú vales más! ¡Puedes hacerlo mucho mejor! ¡No te esfuerzas lo suficiente! Algo que suele ocurrir frecuentemente en casa, en el colegio y, en menor medida, en el trabajo (por eso empieza a haber personas con más edad que padecen este problema).

En suma, la anorexia, como la bulimia, no son sino la expresión externa de un conflicto interno que generalmente ha terminado generando una baja autoestima y que oculta un conflicto. Y es sobre ese conflicto interno sobre el que hay que actuar.

MEDIDAS ESTÚPIDAS

¿Y se está haciendo así? Pues no. De hecho, las medidas que ha tomado la comisión creada al efecto hace poco para afrontar el problema son las de prohibir que se fabrique ropa con tallas inferiores a la 40, que todos los fabricantes se amolden a las mismas medidas para cada talla y que se prohiba a modelos menores de 16 años ser contratadas para exhibir ropa o artículos de moda que no estén dedicados exclusivamente a la infancia o a gente joven. Medidas “inteligentes” cuyo único efecto va a ser el de que a muchos jóvenes se les caigan los pantalones y las faldas mientras caminan por la calle. Un equipo de expertos así sería capaz de recomendarnos que para no sufrir con las imágenes de horror de lo que está sucediendo en Kosovo… los fabricantes de televisores incorporen obligatoriamente en ellos un dispositivo mediante el que se apague automáticamente el aparato cada vez que aparezca una escena desagradable.

¿CÓMO SE TRATA HOY LA ANOREXIA?

Pues como un trastorno alimentario en lugar de como un problema psicológico. De hecho, algunos expertos llegan incluso a afirmar de forma gratuita que ese comportamiento puede deberse a una “vulnerabilidad genética”· Claro que alguna explicación tendrán que dar cuando no saben a qué atenerse. Así que, ¿a quién puede extrañarle que más de la mitad de los casos de anorexia se hagan crónicos y necesiten ingresos hospitalarios repetidos? ¿O que entre el 10 y el 15% de esos casos crónicos acaben muriendo?

Los expertos destacan que generalmente la respuesta inicial al tratamiento suele ser buena pero, desgraciadamente, efímera, por lo que las recaídas llegan a desesperar a sus familiares y médicos. Y es que no parecen entender que de lo que se trata es de ayudar al enfermo a que hable de lo que en realidad le preocupa, que exprese en voz alta qué aspecto de su vida no le gusta, a qué le tiene miedo, qué le molesta, qué le tiene desesperado. Porque cuando se sienta comprendido, escuchado y arropado, cuando alivie la tensión interna que le ha llevado a buscar la aceptación, el cariño y el respeto dejando de comer para parecerse a esos “héroes sociales” a los que todo el mundo quiere, admira y respeta, dejará de necesitar parecerse a ellos… y volverá a comer. Así de simple y así de complejo.

Lo demás es perder el tiempo.

Por otra parte, puede entenderse –y mal- que esto no lo entiendan ciertos médicos para quienes se trata sólo de un “trastorno de alimentación” (léanse los folletos que circulan por los hospitales), algunos de los cuales llegan a atar a sus pacientes en la cama y a darles de comer a la fuerza. Pero parece mentira que los psicólogos de este país, que saben –o deberían saber- que la causa de la anorexia y la bulimia está en un conflicto psicológico no centren sus esfuerzos en buscar la causa real de ese comportamiento.

Al menos para la doctora Rosa Calvo Sagardoy, psicóloga clínica del Hospital Universitario La Paz, de Madrid, eso es primordial. “El tratamiento psicológico tiene que enfocarse a conseguir unos cambios duraderos en los pensamientos y emociones relacionados con el peso corporal, la silueta y el tamaño de forma que se disminuya la importancia que la delgadez tiene para la paciente y la comida deje de ser su respuesta cuasi universal ante todos los retos y problemas que plantea la vida.”

De lo contrario, añadiremos nosotros, no se avanzará en la resolución del problema. De hecho, los datos que se manejan en la actualidad demuestran que sólo la tercera parte de los casos llegan a curarse definitivamente.

Y lo malo es que, desde el punto de vista psicológico, la anorexia se trata convencionalmente con psicoterapia, bien a través de sistemas conductistas -que pretenden cambiar lo hábitos de alimentación-, bien con terapias de apoyo para intentar mejorar la pobre imagen propia. Y no basta.
La psicología de vanguardia, sin embargo, busca directamente la causa del conflicto para hacerlo aflorar e intentar resolverlo. Y, paralelamente, concienciar a la familia para explicarles los cambios de actitud adecuados que deben realizar para mejorar gradualmente la autoestima del paciente y ayudar a resolver el conflicto, en el que muchas veces son parte responsable.

 Andrés Rodríguez Alarcón

Recuadro:


EFECTOS LA ANOREXIA NERVIOSA 

  • * Daños neurológicos: calambres y hormigueo, sobre todo en las manos.
  • * Problemas gastrointestinales: flatulencia, estreñimiento, dificultad en el vaciamiento del estómago y reducción, a la larga, del tamaño del mismo.
  • * Afectación cardiovascular: disminución del tamaño del corazón con alteraciones de la válvula mitral, derrame pericárdico, latido lento e hipotensión.
  • * Pérdida importante de masa ósea en el esqueleto.
  • * Alteraciones en la esfera sexual: pérdida de la regla (o no aparición de la misma en las chicas muy jóvenes) y alteraciones en la potencia sexual y capacidad reproductora en el varón así como disminución de su deseo sexual.

CÓMO SABER SI SU HIJO EMPIEZA A SUFRIR EL PROBLEMA 

Para ello, observe si algunas de estas cuestiones tienen lugar con regularidad:

  • -Las cantidades de alimento que ingiere son cada vez más pequeñas.
  • -Evita las comidas en familia dando excusas para no sentarse a la mesa: le duele la cabeza, el estómago o ya ha comido con los amigos.
  • -Tiene cambios frecuentes de humor alternando momentos de alegría explosiva con fases de retraimiento y mal humor.
  • -Está siempre activo, esforzándose en el estudio, el trabajo y el deporte.
  • -Se interesa por los alimentos, su valor nutritivo y su composición y es fácil que se ofrezca a cocinar para toda la familia
  • -A pesar de no comer, niega siempre que tenga problemas con la comida.
  • -El carácter le cambia, retrayéndose y aislándose cada vez más de la familia y amigos.
  • -Duerme poco y le cuesta concentrarse en los estudios o en su trabajo.
  • -Después de comer va siempre al baño.

SIEMPRE HUBO ANORÉXICAS 

La anorexia no es, ni mucho menos, una enfermedad nueva. Hasta hace menos de cuarenta años los libros de texto de Medicina hablaban de la clorosis, enfermedad que afectaba de forma casi exclusiva a las adolescentes y que se achacaba a “trastornos femeninos”. Pues bien, su descripción correspondía a lo que hoy llamamos anorexia psicógena. De hecho, la historia está llena de anoréxicas. Desde la primera mujer de Nerón pasando por Santa Catalina de Siena –que murió con apenas 25 kilos de peso tras pasar varios años de ayuno casi total- hasta los más recientes y comentados casos de princesas reales o actrices como Diana de Gales, la princesa Victoria deSuecia, Jane Fonda o Heide Gunter, por citar algunos ejemplos.


“EN ESPAÑA NO HAY APENAS MÉDICOS PREPARADOS PARA TRATAR LOS PROBLEMAS DE LA ANOREXIA Y LA BULIMIA” 

La mayor parte de los casos de anorexia y bulimia que se tratan en España terminan en fracaso ante la desesperación de familiares y médicos que ven, impotentes, cómo casi 100 personas al año mueren sin poder evitarlo mientras varias decenas de miles se consumen en reiteradas entradas y salidas  de los hospitales en los que es necesario internarlos para alimentarles contra su voluntad e impedir que fallezcan.

Rosa Calvo Sagardoy, psicóloga clínica del madrileño hospital de La Paz, fue directa y clara cuando le preguntamos sobre el asunto. “La verdad  –nos diría-es que en España no hay apenas médicos preparados para tratar los problemas de la anorexia y la bulimia. Por eso la mayor parte de los tratamientos fracasan”.

-¿Podemos saber la razón?

-Mire, en estos momentos la mayoría de los casos están siendo tratados, en tanto se considera un mero trastorno alimentario, por endocrinos. Y lo que la mayor parte hace es alimentar a las personas que les llegan como sea, si es necesario atándoles a sus camas. Obviamente, al cabo de unos días o unas semanas, el paciente engorda y es enviado de nuevo a casa. Pero como no se ha tratado a fondo la causa del problema, que es siempre psicológica, vuelven a recaer en la inmensa mayoría de las ocasiones. Con lo que muchos se pasan el tiempo entrando y saliendo de los hospitales.

-Tenemos entendido que muchos casos son tratados por psiquiatras, no por endocrinos.

-Es verdad. Con lo que en muchas ocasiones esas personas, que padecen un conflicto psicológico, son metidas en salas donde se encuentran rodeadas de paranoicos, esquizofrénicos, psicóticos, violadores… En fin, en una situación absolutamente inapropiada que lleva a empeorar a muchos de ellos y acerca a buena parte a la depresión.

-Pero, ¿es usted partidaria de su internamiento en hospitales?

-Salvo en casos extremos, no. El tratamiento debe ser ambulatorio. Tratando al paciente… y a la familia.

-¿A la familia?

-Sí. En muchas ocasiones, sobre todo en los casos de jóvenes menores de 18 años, la razón del conflicto está en la relación con sus padres, mayormente con la madre. Problemas de excesivo control y autoritarismo. Por tanto, no basta con convencer al enfermo de que su postura es irracional, hay que hacer que la causa desaparezca. Y eso pasa muchas veces por reeducar a los padres, por hacerles ver que los responsables de la actuación de su hijo/a es en buena medida su comportamiento. Si en el ambiente no desaparece el problema, éste no se resolverá.

-¿Y qué sucede en los casos de personas de más edad?

-En esos casos la razón del problema suele ser otra. Y hay que buscarla y tratarla. Además,  suelen plantear otros problemas: es el caso de las mujeres embarazadas. Primero, porque están poniendo en grave peligro la vida o, cuando menos, la salud del hijo que esperan. Suelen ser además casos difíciles de tratar porque ante la familia se escudan en los vómitos clásicos del embarazo para provocárselos. Y lo mismo ocurre con las mujeres de más edad, en especial cuando pasan de los 40, porque es igualmente difícil muchas veces que sus familiares lo noten. Aunque lo más grave es que eso incide en la alimentación de sus hijos, cuando los tienen, al no darles suficiente comida. Y cuando esos niños son demasiado pequeños y no tienen recursos para hacer algo por sí mismos, pueden llegar a pasar auténtica hambre.

-Entiendo. Y dígame, ¿cuál es a su juicio la solución?

-Primero, hacer entender a los familiares, médicos, psicólogos, psiquiatras, autoridades sanitarias y políticas que tanto la anorexia como la bulimia requieren fundamentalmente un tratamiento psicológico. Y segundo, adoptar medidas encaminadas a facilitar, ambulatoriamente siempre que sea posible, ese tratamiento. Para lo que hay dotar a la Sanidad pública y privada de los medios y el personal cualificado.

-Entonces, ¿cree usted que las medidas recientemente adoptadas por la comisión encargada del asunto no son útiles?

-A mi entender, no.

Este reportaje aparece en
Ver número